- Estás jugando de la mierda, Jonathan- ese era mi compañero del equipo de besibol, Daniel, quien por cierto, es bueno lanzando la pelota pero de la misma manera lanza las palabras-, concéntrate, carajo, es la segunda vez que dejas ir la pelota-.
Suspiré largamente, definitivamente el partido de hoy estaba del asco.
- Lo sé, lo siento, no me siento muy bien para jugar hoy, chicos- hablé para justificar, sin embargo no era del todo cierto, hacía días que no me sentía para nada contento con la escuela, mi vida, y para qué negarlo, mi actitud-.
- Entonces el partido queda cancelado-, el entrenador se acercó a nosotros y puso una mano en mi hombro. Joder, ahora si esperaba un buen regaño- Joven Jonathan, al parecer está usted... Indispuesto. Así que le sugiero que se relaje y continuemos practicando mañana-.
Casi lo abrazo, lo juro. Pero ya me sentía lo suficientemente gay por haber toqueteado a Sherwin y encima abrazar a mi profesor de deportes.
No, Jonathan, suficiente de todo.
- Gracias entrenador, le aseguro que mañana será mejor el partido-.
Me dirigí a los vestidores con calma, de verdad que estar distraído es horrible. Ya había sido regañado por un extrañado director el lunes en la mañana por haberme quedado en el pasillo pensando en plena hora de clases.
El martes había sido víctima de mi profesor de Ciencias, por que me preguntó algo estúpido en su clase, y yo le contesté de una manera un tanto agresiva.
- Yo qué voy a saber, profesor, es usted quien debe estudiar más, no yo-.
Fueron mis palabras, y mi pase a la oficina del -extrañado-, director... otra vez.
Y hoy, había arruinado el partido de béisbol por quinta vez consecutiva, despertando un mal humor terrible en mí.
Joder, ¡si! Quería tocar a Sherwin, quería besarlo un poco más, quería, no sé, ¡solo tenerlo un momento para mí!
Si, tuve una erección.
Si, quizás también pude haberle provocado una a él.
Pero ¡joder! Él tiene la culpa por ser tan lindo, y aparte.. Yo...
Y-yo...
No, Jonathan, esto no tiene justificación. Fuiste un cabronazo. Un desgraciado que buscaba aprovecharse de la situación para - no acostarse-, pero si estar con Sherwin un buen rato.
Desde que salió de mi casa supe que algo se había quebrado dentro de él, y yo era el causante.
Y por tercera vez en la semana, me senté en el piso frío de la escuela, para quitarme la camisa blanca llena de polvo y suspirar.
Suspirar por Sherwin.
Si tan solo supiera que yo no sería capaz de hacerle daño... Si tan solo pudiera dejar que le explique...
- Soy una mierda...-
Y así me sentía. No tuve mucho tiempo para seguir pensándolo, pues mis clases de piano comenzaba dentro de una hora. Me vestí y me dirigí a mi casa esperando estar solo, tan siquiera unos momentos antes de que llegara mi profesor.
Aunque la parte irracional que comenzaba a conocer de mi pedía a gritos que corriera a la casa de Sherwin a pedirle disculpas. Que no me diera miedo su reacción, solo quería llegar a hablar con él, verlo, y decirle que quizás..
Que quizás me estoy enamorando de él.
No cualquier persona despierta en mí ganas de tocarlo, de besarlo, o abrazarlo. Y no sólo eso, amaba platicar largamente con él, me encantaba que nuestras ideas fueran parecidas, pero no iguales, por que podíamos decir de todo y nos entendíamos. Su calidez, su sonrisa, la inocencia que posee a pesar de que la mayoría en mi salón son ya unos adolescentes que se están comiendo al mundo. Su gran bondad, su preciosa manera de decirme que está enamorado de mi. Sherwin es impresionante, cualquier persona que tenga la dicha de ser su objetivo, su interés, su amor, es afortunado. Y yo era esa persona hasta que decidí tocarlo.
- Joven Jonathan, buenas tardes- Mi maestro de música iba entrando a mi casa con su violín en la mano derecha y un maletín en la otra -, ¿le sucede algo? Lo noto distraído.
- ¡Lo siento, estoy ocupado! ¡Lo veré luego! - Emprendí una carrera hacia la puerta que marcaba mi decisión, si corría a la calle sabía que ya no había vuelta atrás, y así fué.
- ¡Joven Jonathan! ¡E-espere!-.
La sonrisa más grande que he tenido en tres días, o más, se me estaba presentando hoy. Me sentí tan libre de correr, aunque iba todo desarreglado pues mi cabello caía sobre mi frente y mi camisa estaba fuera de lugar, nada me importó más que el viento que pegaba deliciosamente contra mi cara.
Sabía la dirección a la casa de Sherwin en mi memoria, incluso sentía como el corazón quería salírseme del pecho.
- ¡Sherwin! - grité a su ventana, pero quizás fuí demasiado idiota, puede ser que estuviera comiendo. Miré a ambos lados, buscando que no hubiera miradas curiosas, y sin nadie de testigo comencé a trepar uno de los árboles que me ayudarían a llegar a su habitación.
La cama y su ropero estaban en completo desorden, toda su ropa estaba revuelta y Shirley dormía sobre ella.
Sonreí de lado y terminé por entrar, haciendo que con el ligero ruido, el pequeño corazón despertara.
Sonreí y saludé con una sonrisa de lado, causando que el corazoncito volara rápidamente hacia mí y me abrazara largamente..
- Oh, Shirley... Tienes que ayudarme... Yo, joder... Hice una estupidez...- El corazón me miró con pena, asintiendo levemente. No hacía falta preguntar, él estaba totalmente de acuerdo. Dejé de abrazarlo para disculparme con él como era debido, pero unas voces se escucharon en la planta baja.
- ¡No es mi culpa que sólo haya querido cogerte! -
- ¡Ya cállate, por eso nunca te cuento nada! - Era Sherwin, joder, ¡estaba discutiendo con su hermana!
- ¿Por qué no en vez de andar abriendo las piernas, le abres la puerta a mi novio cuando venga? Ya te dije que-
- ¡Ya sé lo que dijiste! ¡Y yo te dije que tu novio no te quiere! ¡Cuando no estás mirando, intenta cosas conmigo! -
- Oh, claro que intenta cosas contigo, así como te le insinúas a Jonathan, te le insinúas a mi novio. ¿Un solo pene no te basta?! -
- ¡E-eres una asquerosa!
- ¡Y tú, una zorra! No quiero que vuelvas a hacerle una grosería a Will!
- ¡Entiende, hermana, William no te quiere! - A este punto no sabía si intervenir en la conversación, Sherwin se escuchaba muy alterado, no dudaba que estuviera llorando, pero yo estaba comenzando a enojarme con rapidez por las palabras de la chica, y creo que meterme en la conversación estando enojado solo empeoraría las cosas. La señora Winter debía estar fuera de casa por que sino, hubiera intervenido.
- No, claro que me quiere. William me repite cada día que me ama, ¡Es Jonathan quien no te ama a ti! - Nuevamemte mi nombre salía a relucir en la plática, y entre gritos-, ¡Sólo quería acostarse contigo! ¿No lo vez? ¡Por eso no te ha buscado en tres días!-
- ¡Cállate, n-no es cierto!-
Me comencé a preocupar. Mierda, mierda...
- ¿No se te hace raro que te llevara a su casa donde solo estarían ustedes dos, y que te besara ahí?-
- No debí contarte nada nunca... - Se escucharon pasos subiendo las escaleras. Tomé a Shirley y lo abracé mientras me escondía detrás de la cama. Unos momentos más y todo este mal entendido terminaría. Claro que quiero a Sherwin, debía dejárselo en claro.
- ¿O ya se te olvidó que antes ni te volteaba a ver? ¿Que es muy popular y puede tener a cualquier chica? ¿Que una vez que salgan de la secundaria, quizás no le intereses más? O mejor aún - Ambas voces se oían cerca, Shirley comenzaba a inquietarse entre mis brazos-, ¿Que quizás solo juega contigo? ¿O solo quiere sexo? ¡Jonathan no te quiere! ¡No le gustas! ¡No te ama! -
- ¡Basta! - Shirley me abrazaba más fuerte, comenzando a sentir un miedo de perderlos a ambos por culpa de ella. Por no haber notado tantos errores.
- ¡Ni él, ni nadie te voltea a ver! ¡Ni siquiera mi novio! No le gustas, Sherwin, a nadie le gustas-.
El sonido de algo rompiéndose resonó levemente en la habitación donde yo estaba escuchando todo. Hasta ese momento me dí cuenta que tenía los ojos inundados de lágrimas por que escurrieron por mis mejillas al bajar la mirada y ver a Shirley de un triste color rojo pálido, y una gran fisura, amenazando con abrirse más.
- ¡Yá déjame en paz! - El sonido se la puerta abriéndose y cerrándose me hizo ver a Sherwin llorando sin consuelo. Su mirada de caramelo bajó hasta Shirley, a quien sostenía en mis brazos y se llevó las manos a la boca asustado.
- Sherwin... Yo...-
- ¿Qué le hiciste? - Preguntó en voz baja.
Miré nuevamente al corazón en mis manos. El leve recuerdo de no hace más unos cuantos meses llegó a mí, cuando rompí el corazón de Sherwin por primera vez. Las personas a mi alrededor veían como Sherwin me entregaba sus sentimientos de una forma única, aunque para la mayoría resultara asqueroso. Cuando me dí cuenta de lo que había pasado y de analizar bien la situación, fuí tras él para darle esperanzas a su corazón.
El mismo que ahora yacía roto entre mis manos.
No era coincidencia. Yo mismo había tenido mis manos encima de Shirley cuando se rompió la primera vez, y pasaba lo mismo ahora. Bajé la mirada, Sherwin no merecía todo esto. No ahora.
No era justo, no era nada justo con él.
- Lo rompí...- Contesté. Lo rompí intentando conocer el amor contigo, rompí tu corazón queriendo saber que era enamorarse. Rompí todo cuando te besé la primera vez y salí corriendo. Rompí tus ilusiones cuando intentaste decirme que yo te gustaba. Casi se rompe tu inocencia por mi imparable curiosidad. Y Shirley terminó por partirse en dos al escuchar mi respuesta.
Ambos nos quedamos en silencio haciendo que la agitada respiración del pelirrojo fuera lo único que opacara el sonido del eco que Shirley había dejado al romperse.
- Quiero que te vayas...- Susurró Sherwin, sin mirarme.
- Lo siento tanto... L-lo que dice tu hermana no es...-
- ¿Escuchaste todo?-.
- No... Yo...-
- Y-ya vete, Jonathan... Por favor...-
La mirada dolida del niño frente a mí detuvo todo intento de analizar la situación. Dejé a Shirley en su cama y me dirigí a la ventana por donde había entrado.
- Lo siento...- Murmuré, y salí de allí.
Llegar a casa cuando estaba todo a oscuras no fue el mejor escenario para mis sentimientos. Prácticamente subí a mi habitación sin fijarme en nada más, tenía hambre pero no ganas de comer. Tenía lágrimas guardadas pero no quería llorar. Tenía... Tanta soledad.
Apenas toqué mi almohada me puse a llorar lo más fuerte que pude, grité y pateé todo a mi alcance. La vida se empeñaba en dejarme lo más solo posible y yo no tenía el valor para sujetar todo e impedir que se alejara. Por que en el fondo tenía tanto miedo.
Mi papá me dejó, ni siquiera sé como es él. Mi madre me evita yéndose a trabajar desde que cumplí seis. Mi primer amor sólo fué proclamado el primero en mi vida para ser lastimado, y eventualmente, alejarse. Ni siquiera la primera persona en apoyar mis gustos extraños estaba, mi profesor de investigación no había ido a la escuela y quien sabe porqué.
Ya no quería nada... Estaba dándome por vencido, entonces mi puerta se abrió y supe que era mi madre. No quería saber nada, ni siquiera intenté esconder que lloraba.
Ella debió ser un ángel, por que me abrazó y me pidió perdón por todo.
— M-mami... Te necesito...— Lloriqueé en algún momento de la noche, y ella pidiéndome perdón, se quedó dormida a mi lado.
Sentía que no merecía todo esto. Pero lo necesitaba, la necesitaba a ella más que nunca por que yo también sentía algo roto dentro de mí, aunque no pudiera verlo o tocarlo. Si yo también tenía a un Shirley vivo, estaba seguro que lloraba, y se iba rompiendo poco a poco.
— Jonathan... bebé, se te hará tarde para la escuela— la dulce voz de mi mamá me hizo sonreír entre sueños, causando que ella me diera un beso—, Bebé, anda, levántate. No iré a trabajar hoy, así que te haré desayuno—.
Abrí mis ojos pensando que todo era un sueño, pero no, mi mamá estaba al pie de mi cama mirándome con tanto amor que sentí ganas de llorar otra vez.
— No quiero ir mamá...— Susurré lastimeramente. La misma mueca de tristeza a la que ya me estaba acostumbrando apareció nuevamente, y mamá se sentó a mi lado acariciando mi cabello.
— Eres un niño perfecto, Jonathan, ¿lo sabes, no? — Intentó animar ella. Sonreí levemente y negué.
— No lo soy... Anoche hice algo que nadie perfecto haría—.
Intenté buscar decepción en los ojos de mi madre, pero me sorprendí al encontrar preocupación.
— ¿Me dirás que hiciste? Quizás pueda ayudar—. Mi mamá sonriendo de una forma tierna tenía que ser la cosa más rara del mundo. Aún así no hice comentario al respecto, seguía siendo un caballero.
— Promete que no te enojarás...
— Jonathan, anoche te pedí que me perdonaras por muchas cosas, y lo que más lamento es no haber podido estar en tus momentos más importantes... No me enojaré, mi niño. Lamento que te haya hecho tantas cosas...—
— No te disculpes más, mamá... Yo... Te perdono...— Repetí, esperando que ahora si lo entendiera. Nos quedamos un rato en silencio, creo que ambos ya dábamos por sentado que hoy no habría escuela. — Le rompí el corazón a alguien... Y ese alguien, me gustaba mucho...— Expliqué sin detalles, quizás ella podría sacar sus propias conclusiones.
— Eso es ridículo amor, si te gustaba, le hubieras dicho y no creo que a alguien le haga mal saberse correspondido— La mano de mi mamá sostuvo la mía. Era tan inteligente como yo, pues aunque intentaba aligerar el ambiente, sabía que venía lo peor.
— Es un chico mamá, el niño con el que estaba ese día, Sherwin me gusta...—
Mi mamá bajó la mirada, y sonrió nostálgicamente. Sus ojos verde olivo me miraron y asintió.
— Lo supuse, por que es imposible no enamorarse de una persona pelirroja y con pecas tan adorables—.
Por su mirada supe que no hablaba de mi Sherwin, sino de alguien más.
— Cuando tenía más o menos tu edad, me enamoré de Annelise. Era la chica más bonita de la escuela y jamás tuve miedo de decírselo, incluso una vez la besé y mis padres iban llegando a casa— Ambos reímos ante eso—.
— ¿Y... Nunca hubo alguien que... se interpusiera? —.
— Claro que si..— Mi mamá se sentó mejor en la cama y tomó mi mano con más confianza—, estaban mis padres, cuando se enteraron sufrí mucho, pero muchas veces les grité en la cara que amaba a Annie. También se nos presentaron muchos problemas con maestros, amigos, compañeros, y desconocidos. Pero yo la amaba, Jonathan, y ella a mí—.
Asentí sonriendo. La historia de amor de mi mamá sonaba tan linda como triste.
— ¿Por qué se separaron, mamá?— Ella bajó la mirada, y se quedó en silencio —, p-perdona, no quise preguntar algo así..
— No amor, está bien— suspiró—, nos separamos por miedo. Miedo a mis padres, a una mala persona, miedo al qué dirán. Cuando nos dimos cuenta, ya no éramos unas niñas, sino adultas con responsabilidades. Pero sino fuera por todo eso, tú no estarías aquí—.
— ¿Sufriste mucho por mi causa, mamá..? — La inseguridad picante en mi interior apretaba mi pecho con gozo. No podía evitarlo.
— No mi amor...— Acarició mi cabello—, yo pasaría todo de nuevo con tal de tenerte como mi hijo—.
Mis ojos se llenaron de lágrimas de nuevo, y sintiendo la confianza necesaria como si un botecito en mi corazón rebosara de ella, le conté a mi mamá lo que había estado sintiendo por Sherwin estos últimos días. De no saber qué hacer, o como actuar en algunas ocasiones. Abrazado a ella reímos juntos, lloramos y bromeamos pues ya no habían secretos que pudiéramos esconder, no le dije obviamente que asusté a Sherwin intentando tocarlo, pero ambos reconocíamos con orgullo que ese par de pelirrojos nos tenían donde querían.
— En la tarde iremos a su casa y podrás arreglar lo que rompiste, por ahora necesito que comas y me expliques eso de que le contestaste a un profesor, Jonathan, eso no se hace—.
— Y eso que el maestro de música no te ha dicho que ayer escapé descaradamente de su clase—. Reí levemente.
— Oh, bebé, ¿Qué haré contigo?—.
La mañana pasaba lenta, yo moría por que llegaran las 4 de la tarde. Podría ir a ver a Sherwin y explicarle todo, pues mi mamá me había ayudado a entender que no debía huír cuando algo que yo provoqué se puso feo, que debía abrazar a las personas, decirle a los que quería, que los quería. Y sobre todo, confiar.
Confiar ciegamente en Sherwin, por que él era tan delicado como una flor, y tan frágil como la porcelana. Y lo único que pasa cuando tomas una flor de porcelana sin confiar en que puedes cuidarla, lo más seguro es que se te caiga de las manos y termine rota en el suelo, con tu confianza y amor ahí abajo.
KASNSKDNDJE NO SABEN EL INTENSO INFARTO QUE SUFRÍ CUANDO ESTABA BIEN AGUSTÍN ESCRIBIENDO Y ACCIDENTALMENTE LE DÍ "PUBLICAR" A LA HISTORIA. Y esta cosa iba a la mitad AJJAJSJSJS
Botoncito pitero ese, debería preguntar o algo XD
En fin, lamento mucho si tardé pero el capítulo iba a ser diferente ;w; no me había gustado mucho y volví a escribir todo, y este me súper encantó
Siono Sherwin es tan akdbsjsjejejr pobrecito mi bebé, se rompeeee! 3
Espero que les haya gustado tanto como a mí ;u; hay muchos lectores nuevos y estoy tan contenta de que me acompañen en esta historia ;u;
A todos muchísimas gracias por leer quq nos vemos en la próxima
