Yuuri entendía, comprendía bien lo que sucedía aunque él no hubiese pasado por aquello. Era común saber de omegas abusados tras tener su celo y que no tuviesen supresores al alcance de su mano, mas aun en escuelas donde hay menores que no saben cuando llegara el primero y no están bien informados, pero todo eso lo ocultan del mundo como si no pasara. Es un secreto a voces.
El azabache levantó su mano derecha para acunar la mejilla de Yuri, este se apoyó en su palma y cerró los ojos al sentir su calor. El japonés comenzó a acariciar con el pulgar el rostro del contrario, quitando de paso aquellas lagrimas que el otro había dejado escapar— yo estoy contigo, Yuri y sin importar que, no me iré —los ojos verdes se dejaron ver cuando el omega levantó los parpados lentamente para mirar a Yuuri a los ojos, pudo ver que hablaba en serio y por fin pudo respirar tranquilo.
Yuuri no lo rechazaba, estaba ahí para él y eso era demasiado reconfortante, que la persona que amaba lo correspondiera y aceptara con todo lo que llevaba encima, incluso su pasado, se sentía bien. "No fue tu culpa" fue lo último que salió de los labios del japonés antes de atrapar al rubio en un abrazo, tirándolos a ambos sobre la cama.
Entendía porque Yuri no quería que lo tocaran mucho, porque no quería pasar su celo con él, pero más que nada, entendía lo difícil que debió ser para el rubio estar con él los tres días que duró su celo sin querer salir corriendo por todas las veces que Yuuri, fuera de sí por el celo, se atrevió a tocarlo y el ruso simplemente lo apartó con cuidado buscando otra forma para hacer las cosas, con la intención de complacer al azabache sin sentirse incómodo el mismo.
Yuri se abrazó de su novio y apoyoy su cabeza en el pecho de este, dejándose envolver por su aroma que lo estaba comenzando a tranquilizar poco a poco. Dejó que Yuuri le acariciara el cabello y que le diera pequeños besos en la frente, parpados y mejillas, sacándole una sonrisa por tener alguien que lo apoyaba. En su vida le habían tocado buenas personas a su lado las cuales opacaban a las malas, Nikolai opacaba el hecho de que sus padres no estaban, Otabek hizo desaparecer un poco su miedo a los alfas extraños y le enseño que podía salir y defenderse y Yuuri… Yuuri le estaba ayudando a superar aquel recuerdo amargo, a veces le daban ganas de sentir las manos del japonés recorriéndolo, pero sabía que aún no estaba listo del todo.
—Cuando pueda… yo mismo te lo pediré —murmuró bajito mientras levantaba un poco la cabeza para apegar su nariz al cuello de su pareja. Como le encantaría haber sido un alfa y poder marcarlo para tener la certeza que nunca se iría de su lado.
—No hay apuro, puedo esperarte toda una vida si es necesario —besó la coronilla de su amado, eran pareja y quería apoyarlo en todo, no porque fuera un deber, sino porque lo amaba y quería verlo feliz y sin miedos.
Se quedaron dormidos mientras se abrazaban, no se dieron cuenta cuando ya se hizo de noche. La madre de Yuuri subió a su cuarto para ver si su hijo se encontraba ahí ya que no contestó cuando avisó de su llegada a casa— son tan lindos —dijo sonriendo para luego sacar una manta del armario y taparlos para que no se enfermaran. No quería despertarlos así que salió en silencio de la habitación para luego llamar a Nikolai y avisarle que su rubio nieto se pasaría la noche ahí. La idea no le agradó mucho a Toshiya, pero no podía hacer nada ya que su esposa había tomado una decisión y él no la pasaría a llevar.
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Yuri despertó dándose cuenta que ya no estaban en la misma posición, en algún momento Yuuri se volteo y él lo abrazo por la espalda casi cubriéndolo por completo, lo cual no era raro ya que era más alto que el japonés. Observó a su alrededor dándose cuenta que estaba amaneciendo, se asustó al pensar en lo preocupado que se encontraría su abuelo así que lo llamó, Nikolai contestó al instante encontrándose con su nieto pidiéndole disculpas por no avisarle— tranquilo, Yuratchka. La señora Hiroko fue muy amable al llamarme para decirme —el rubio se sintió aliviado por ello, anotó mentalmente el agradecerle a la señora Katsuki por tan lindo gesto.
Observó a Yuuri y este seguía durmiendo tranquilamente, así que Yuri decidió volver a abrazarlo desde la espalda mientras olía su cuello. De verdad era agradable el aroma del azabache, lo tranquilizaba bastante, además después de contarle todo sentía que lo necesitaba más cerca, sentirlo un poco más. Se decidió a meter una mano por debajo de la camiseta de su novio, sacándole un suspiro entre sueños.
Acarició su abdomen y después se dirigió a sus caderas— Yura —salió de los labios del bello durmiente mientras su olor comenzaba a cambiar a uno parecido al del celo, se estaba excitando aún dormido. Yuri lamió el cuello de su omega mientras seguía con las caricias y poco a poco su propio miembro empezó a agarrar firmeza, rozando el trasero del azabache.
Iba a meter la mano dentro del pantalón cuando la puerta se abrió de golpe— ya durmieron mucho y deben bajar a desayunar —se escucho la voz del padre de Yuuri. El rubio quería morir ahí mismo, ni siquiera podía contestar al tener su mano a punto de entrar en el pantalón del otro.
—Ya vamos —dijo Yuuri sorprendiendo al de ojos verdes quien pensaba que el azabache aún dormía. Toshiya se fue y cerró la puerta, entonces Yuuri giró su cabeza para besar los labios del rubio— ¿Todo bien? —preguntó aún cerca del rostro del otro.
—Sí, pero creo que debo utilizar tu baño un momento —el azabache rio y asintió con la cabeza. No era mucho ya que antes ya lo había acariciado de esa manera, pero para el japonés era importante, el hecho de que el rubio lo hiciera por iniciativa propia sin ninguna obligación le hacía sentir que ahora le tenía más confianza, aunque fuera mientras dormía.
El japonés bajó primero mientras el rubio se dirigía al baño a arreglar su "problema", le hubiese encantado ayudarlo, pero no podían ir tan rápido; en este momento Yuri podía tocarlo a él, pero no al revés. Lo entendía y lo aceptaba, así que prefirió dejarle su espacio no haciendo ningún comentario al respecto dirigiéndose al comedor de inmediato luego de que Yuri saliera de la habitación.
—Buenos días Yuu-chan ¿Descansaste bien? —preguntó sonriente su madre, Yuuri solo asintió feliz lo cual se notaba en sus feromonas y su rostro— ten —dijo mientras le entregaba una bandeja con dos tazas con café, un plato con tostadas, un pote de mantequilla y otro de mermelada.
— ¿Y esto?
—Creo que necesitan compartir la mañana solos, desayunen en tu habitación —Hiroko era muy perceptiva, cuando fue a tapar a los chicos pudo darse cuenta de las lagrimas secas en el rostro del rubio y el cómo se aferraba al cuerpo de su hijo. Algo había pasado, pero por el buen humor de Yuuri sabía que lo estaban arreglando. La madre de Yuuri no se imagino que le tendría tanto cariño al omega de ojos verdes, pero lo quería porque hacía feliz a su hijo y porque se notaba que lo amaba y eso era lo único que importaba.
Toshiya desayunó a solas con su esposa, conversando sobre el futuro incierto que tenía su hijo con el otro omega, estaban un poco preocupados porque ambos terminaran con el corazón roto, pero eso era algo que tendrían que vivir si llegaba a darse, después de todo eran adultos y habían tomado la decisión de continuar juntos. Sería un camino difícil y tal vez no tendría un final feliz, pero ellos estarían ahí para Yuuri ya fuera para los buenos o malos momentos.
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Llegó a la habitación con la bandeja en las manos viendo como Yuri descubría la familiar chaqueta que el azabache escondía debajo de la almohada— puedo darte otra si quieres —Yuuri negó con la cabeza, esa chaqueta además del aroma que ya no estaba, tenía recuerdos grabados en ella y por eso era su tesoro.
—Quiero esa —caminó hasta la cama y dejó la bandeja ahí mientras le explicaba a su novio que tenían autorización de la jefa para desayunar en la habitación— ¿Qué le pongo a tu tostada? —preguntó sentándose a los pies del colchón.
Yuri se sentó en la cabecera— puedo hacerlo yo —tomó una tostada y el japonés se la quitó de las manos.
—No, lo haré yo ¿Con que la quieres?
Hacía mucho que alguien no hacía algo tan simple como prepararle una tostada, desde que fue lo suficientemente grande como para servirse solo las cosas. Suspiró ya que sabía que esa batalla la tendría perdida, además que se sentía bien que el otro quisiera hacer algo por él aunque fuese pequeño— mermelada.
Yuuri sonrió satisfecho, hizo lo que le pidieron e intentó darle el desayuno en la boca a su novio, pero este al intentar negarse terminó con la cara pegajosa. Enojado tomó mermelada con los dedos y mancho la frente de Yuuri quien no paraba de reír por la situación. Así comenzaron una pequeña guerrilla que término con los dos pegajosos por todas partes, pero riendo como idiotas, ya se lavarían más tarde.
Terminaron de comer y Yuri tuvo que volver a su casa, el azabache lo encaminó unos cuantos metros, tiempo que aprovecharon para tomar sus manos mientras avanzaban. Yuri realmente se sentía más liviano después de decir su más grande secreto, nunca antes había tenido que contar lo que le había sucedido, ya que su abuelo y Otabek lo sabían porque habían estado junto a él en ese momento.
Se despidió de Yuuri con un beso en los labios y un "nos vemos" para luego seguir su camino. Al llegar a casa Nikolai ya estaba preparando el almuerzo, lo saludó al entrar y se dio cuenta que había algo diferente en su nieto aunque no podía decir bien que era, solo sabía que parecía odiar menos el mundo que antes.
—Te ves contento, Yuratchka ¿Ocurrió algo? —preguntó desde la cocina.
Yuri se acercó y besó su mejilla a modo de saludo— nada importante, abuelo —la respuesta no dejó tranquilo a Nikolai, pero sabía que si el rubio quería contarle algo, lo haría a su propio ritmo. Por su parte Yuri no quería hablar del tema con nadie por ahora, había sido una conversación bastante privada con su pareja y deseaba dejarla así por el momento ya que era algo solo de ellos dos.
Almorzaron con tranquilidad para que después el omega lavara los trastes mientras el alfa iba a descansar al sofá viendo un poco de televisión, aunque no la veía realmente. Nikolai a pesar de apoyar la relación de su nieto, también tenía un poco de miedo de que su pequeño omega saliera herido de alguna manera, sabía que Yuuri no le haría daño, de hecho ese mismo día se comprobaba que el omega azabache le hacía muy bien a su nieto, pero había cosas que pasaban y que no podías controlar ¿Qué tal si alguno de los dos encontrara a su destinado? ¿O si un alfa marcara a alguno de ellos a la fuerza? Ese tipo de cosas eran las que pensaba Nikolai todos los días, pero sabía que nada podía hacer respecto a eso.
Yuri mientras lavaba pensaba en que tendría que ir esforzándose poco a poco para ir teniendo más cercanía con su omega, cercanía física, ya que aunque todos dijeran que no era lo más importante en una relación, si importaba, sobre todo porque él sentía la necesidad de tocar a su novio. Esa mañana de verdad sentía ganas de poder hacer más con Yuuri, pero fueron interrumpidos y todo terminó en nada, tal vez en otra ocasión podría tomar la iniciativa aunque no fuera el celo de alguno de ellos.
