Los personajes no me pertenecen, los tomo prestados de la gran Rumiko
*A corazón abierto*
Capítulo 12
Shinnosuke sacó su teléfono móvil con manos temblorosas y marcó un número, el número de la única persona que podría tranquilizar a Ranma. Porque ese no era el cirujano que llegó a conocer, era un hombre desquiciado, un hombre enamorado a punto de perder al amor de su vida… igual que él… no le importaba que ella estuviera con otro, quería que viviera.
―¿Shinnosuke? ―contestaron inmediatamente al otro lado de la línea.
―¡Ono, necesito tu ayuda! ¡No sé exactamente qué ha pasado pero Akane está siendo intervenida en una operación a corazón abierto! ¡Acaba de sufrir una parada y Ranma es su cirujano! ¡Está en shock! ¡Tienes que guiarle, por favor!
―¡¿Qué estás diciendo!? ¿¡Qué ha pasado!? ¡Ponme ahora mismo en altavoz! ―el enfermero obedeció y se acercó a Ranma, que parecía no haberse percatado de su presencia. Gritaba como un loco sin dejar de hacer la reanimación a Akane, que cada vez estaba más pálida― ¡Ranma! ¡Al habla Ono Tofu!
―¡Doctor Tofu, se me va! ¡Mi vida se va! ―gritaba histérico mientras continuaba con la reanimación.
―¡Preséntame a tu paciente! ¡Olvida que es Akane! ―se oía muy serio.
Ranma respiró profundo ―Mujer, 26 años, llegó con herida por arma punzocortante que desgarró el ventrículo izquierdo. Intenté repararlo pero se desangra y estoy en maniobras ―dijo torpemente intentando conservar la calma y aguantando estoicamente las lágrimas que amenazaban con volver a brotar de sus brillantes ojos azules.
―Ranma, necesitas tiempo para poder reparar la lesión, ¿cuál sería el método para ganar tiempo? En una lesión de este tipo podrías usar la cirugía de bypass coronario con bomba.
―¡Claro! ¡El bypass!
―¡Preparen el quirófano! ¡Tienen menos de treinta minutos para Akane! ¡Por favor, cierren la galería! ¡No quisiera que nadie viera a mi cuñada ahí tendida, indefensa! ―se cortó el teléfono y Shinnosuke lo guardó, ayudando como uno más en la preparación de lo que el Doctor Tofu había ordenado.
―¡Ya habéis oído! ¡Rápido! ¡No tenemos tiempo que perder! ¡Cerrad la galería! "¿¡Cómo no se me ocurrió, maldita sea!? ―pensó a continuación el ofuscado muchacho. Al dar la orden, recuperó un poco el aliento.
Cuando oyó la máquina de bypass funcionar y miró el reloj, tenía como 26 minutos antes de que tuviera que reperfundir el corazón de Akane. La llamada del Doctor Tofu lo hizo calmarse, él ponía siempre toda su astucia, conocimiento y habilidades para otra gente. Si no se hubiera tratado de Akane, enseguida habría resuelto cómo ganar tiempo, debía centrarse en que era una persona más, porque si lo hacía con otros pacientes, no dudaría al tratarse de la mujer de su vida.
La anestesista se acercó ―Doctor Saotome, le quedan seis minutos y tengo que reperfundir o la chica se quedará en la mesa de quirófano.
―Ya estoy por terminar, por favor. Deme solo unos minutos… ―lo dijo como si se tratara de su misma vida. La anestesista se conmovió, nunca lo había oído pedir las cosas por favor, así que asintió y se retiró para dejarlo trabajar.
Shinnosuke lo observaba totalmente concentrado en el pecho de Akane, tenía el corazón encogido.
―¡Doctor Saotome, voy a reperfundir! ¡Estamos a dos minutos! Lo siento…
Ranma asintió ―Hágalo, por favor ―pidió el desfibrilador― ¡Carguen a 200 julios! ―todos miraron el monitor, que seguía intacto― ¡VAMOS AKANE, MI AMOR! ¡POR FAVOR, NO ME DEJES! ¡Carguen! ¡Vamos, vamos! ¡DESPEJEN! ¡260 JULIOS! ―nada… Shinnosuke se pasaba las manos por la cara y resoplaba fuertemente― ¡DESPEJEN! ―para el tercer intento, todo el quirófano esperaba que el Doctor Saotome viera que no había mejoría, pero él no parecía dispuesto a darse por vencido― ¡300 JULIOS, CARGUEN!
Y antes de dar la orden, Ranma alcanzó a ver un pequeño latido, enseguida observó el monitor cobrar vida y un posterior suspiro de toda la sala. En ese instante entró Ono Tofu, el más respetado cardiotorácico de todo Japón, mentor y concuñado de Ranma. Agradeció con la mirada a Shinnosuke. Azusa lo vistió y Tofu se acercó a Ranma.
―Muy bien hecho, Doctor Saotome. Le has salvado la vida… yo me encargo de terminar, sal y espera a tu chica fuera ―con la mirada infundió seguridad a Ranma. No quería dejar a Akane sola pero necesitaba un minuto para él. Así que salió al cuartito donde se preparaban para entrar a cirugía.
Se quitó los guantes, la mascarilla, la bata y el gorro, abrió el grifo para lavarse las manos, las cuales no paraban de temblar. Se echó algo de agua en la cara y se sentó con la cabeza agachada, pasándose las manos por el pelo frenéticamente.
―¿Estás bien? ―el joven cirujano notó una mano posarse en su hombro. Levantó la vista y vio a Shinnosuke, éste jamás había visto a Ranma en ese estado, su semblante era de total tristeza y angustia.
―Todo lo bien que se puede estar después de casi perder a tu novia por no pensar con claridad. Gracias por saber qué hacer, has salvado a Akane de mi incompetencia... ―sonrió amargamente.
―Escúchame, Akane está viva gracias a ti, no mucha gente en tu situación habría podido superar el shock y hacer lo que has hecho.
―¿Qué ha pasado, Ryugen? ¿Quién le ha hecho esto? ¿Por qué? ¿Cómo llegó al hospital? ¡Joder! ¡La dejé sola! ―se levantó y salió a la sala de espera. Ryoga estaba allí y se irguió nada más verlo. La mirada de Ranma fue directa a la ropa manchada de sangre del chico del colmillo prominente. Shinnosuke salió justo detrás de él y le hizo una seña levantando el pulgar hacia arriba a Ryoga, acto seguido, el pediatra soltó un bufido de alivio. Ranma miró a Shinnosuke con el ceño fruncido― ¿¡Qué coño está pasando aquí!? ―bramó el guerrero que llevaba en su interior.
Shinnosuke intervino cortando a Ryoga ―Ranma… Ryoga fue el que trajo a Akane al hospital.
El azabache miró fúrico al pediatra a lo que este respondió: ―Cuando llegué a su apartamento me la encontré así… estaba atada y con la daga clavada… tienes que creerme…
Ranma se acercó veloz y lo sujetó por las solapas de la camisa ―¿¡Qué hacías en el apartamento de Akane!? ¿¡Qué querías de ella!? ¡Te dije que no te volvieras a acercar! ―Ryoga bajó la vista y Shinnosuke intentó separar a Ranma del ojimiel.
―¡Ranma, escúchame! ¡Sé cómo te sientes pero gracias a que la trajo a tiempo está viva! ¡Por favor, déjalo estar! ¡Míralo! ¡Ha aprendido la lección!
Ryoga miró a Ranma con decisión ―Solo quería hablar con ella, cuando llegué alguien vestido totalmente de negro y con un pasamontañas se tropezó conmigo. Es la verdad y es lo que le diré a la policía cuando me interrogue ―Ranma emitió un gruñido y lo soltó.
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Tofu quería asegurarse de que Ranma no hubiese omitido nada y aumentar las probabilidades de supervivencia de la chica. Después de cerrar y dar las últimas indicaciones, Akane salió del quirófano en dirección a la UCI. Ranma la vio y corrió a su lado, hablaría con el jefe de residentes en cuanto pudiera. Que le quitara todas las vacaciones o lo que pudiera, pero él no se iba a mover del lado de Akane. Ella estaría en la UCI hasta que se recuperase por completo de la cirugía a corazón abierto. No podría hacer grandes esfuerzos de por vida.
Tofu se acercó a Shinnosuke, que se quedó en la puerta del quirófano, y le dijo: ―Fue muy noble de tu parte. Tu también la salvaste ―le dio una palmada en la espalda. Acto seguido fue a buscar a Ranma.
Estaba apoyado en la puerta de la habitación de Akane cerciorándose de que la preparaban correctamente cuando oyó a Tofu llamarlo por su nombre, se giró y lo vio venir hacia él ―Estuviste fabuloso ahí dentro, no esperaba menos. Es una de las mejores reconstrucciones ventriculares de las que he sido testigo. Muy bien, Doctor Saotome.
―Nunca en mi vida he sentido tanto miedo… si no llega a ser por ti…
―Yo solo hice que te centraras, el resto ha sido cosa tuya. Por cierto, he dejado y he firmado las indicaciones, así que despreocúpate de eso. Cuida de ella, yo voy a ver cómo le digo a mi mujer que mi visita a Tokio ha acabado en el hospital terminando una cirugía de su hermana pequeña.
Ambos sonrieron y Tofu se alejó. Una vez las enfermeras y auxiliares salieron de la habitación, Ranma se sentó al lado de Akane y le tomó la mano ―No vuelvas a asustarme así nunca más en lo que te queda de vida… ―besó con devoción la pequeña mano de la chica― averiguaré quién te ha hecho esto y lo mataré con mis propias manos.
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Pasaron dos horas y una enfermera se acercó a la habitación de Akane, que seguía inconsciente ―Doctor Saotome disculpe ―Ranma ni siquiera la miró, no podía apartar la vista de su adorado tormento―, hay un inspector de policía que pregunta por usted ―el azabache resopló. No pensaba ni por asomo dejar sola a Akane.
―No pienso moverme de aquí, digáselo así.
―¿Tan mal me he portado contigo para que no quieras saber nada de mí?
Ranma reconoció al instante la voz de su amigo Mousse. Se alegró al verlo, ¿él era el inspector que iba a llevar el caso? Se levantó y le dio la mano ―Me has pillado ―contestó sin sonreír.
―¿Es esta chica la víctima? ¿Akane Tendo? La has atendido tú, ¿cierto? Es tu paciente.
―Es más que mi paciente, Mousse… ella es mi novia.
A Mousse le cambió la expresión del rostro ―¿La chica de la que me hablaste? ¿A la que atacaron? ―Ranma asintió, volvió a sentarse y tomar a Akane de la mano― Vaya… lo siento mucho… como te escribí después de nuestra llamada, no encontré nada con lo que fundamentar su ataque. su agresor no saldrá impune, tienes mi palabra.
―No saldrá impune, no… de eso puedes estar seguro ―dijo entre dientes el cirujano.
―Vengo de interrogar a Ryoga, fue él quien la trajo aquí. No obstante, sigue siendo sospechoso hasta que se demuestre lo contrario. Con los datos que me ha dado no creo que pueda hacer mucho. Investigaré su círculo de amistades y conocidos, y el tuyo también.
Ranma lo miró extrañado ―¿Mi círculo de amistades y conocidos? No sé cómo puede ayudarte a averiguar quién le hizo esto a Akane
―Tú y ella estáis juntos, puede que alguien quisiera dañarla directamente o… dañarte a ti a través de ella…
El azabache palideció ―¿Me-me estás diciendo que igual al que verdaderamente querían hacer daño era a mí y la han usado? ―volvió a incorporarse y a acercarse a Mousse.
―No pienso descartar nada. Que la hayan asaltado en su propia casa, con dos ataques previos, no es cosa de azar. Hay un motivo, averiguaré cuál. Por algo tengo que empezar mientras esperamos a que despierte y que ella misma nos diga quién lo hizo.
Ranma se pasó las manos por el cabello repetidas veces, ¿y si estaba al borde de la muerte por su culpa? Jamás se lo perdonaría. Mousse le puso la mano en el brazo para intentar calmarlo.
―Sé lo que pasa por tu mente, ya nos conocemos y no, no te eches la culpa de las locuras de la gente.
―¿¡Locuras!? ¡Asesinar a alguien es más que una locura! ―bramó el joven Doctor.
―Y no quedará sin su castigo, pondré vigilancia permanente en la habitación, lo arreglaré todo y esta madrugada la trasladaremos de incógnito a un ala del Toranomon hospital, donde ya tengo todo organizado. Mi instinto me dice que debe ser alguien cercano a la víctima… perdón… a Akane, es la costumbre.
―Tu instinto nunca te ha fallado, está bien… sabes que voy a colaborar en todo lo que me pidas.
―No esperaba menos de ti; estos son los agentes Mikado Sanzenin y Sentaro Daimonji, ellos custodiarán a Akane en primera instancia. Son dignos de mi confianza y de los mejores de mi unidad. Porque lo quieras o no, en algún momento tendrás que separarte de ella. Aunque sea para ir al baño.
―Ya veremos… ―sonrió con tristeza.
―Te mantendré informado, no te preocupes, todo saldrá bien y esto no habrá sido más que una horrible pesadilla.
―De la que ya quiero despertar… Llámame al busca y te devolveré la llamada, me ha desaparecido el móvil ―Mousse se mantuvo pensativo durante unos instantes.
―Voy ahora a casa de tu novia, los de científica ya están allí. A ver lo que podemos averiguar ―se estrecharon la mano―. Y descansa, estás horrible… ―Ranma vio cómo Mousse daba unas indicaciones a sus hombres y se marchó.
―Doctor Saotome… ―interrumpió la misma enfermera de antes― la familia de Akane Tendo está en la sala de espera.
Ranma exhaló aire fuertemente, no le quedaba más remedio que dejar a Akane en manos de esos agentes durante unos minutos. Se acercó a la chica y la besó levemente en los labios ―Enseguida regreso, mi amor.
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Ukyo se vistió de prisa una vez que acabó el turno, las imágenes de Akane tendida en la mesa de quirófano se le venían a la mente una y otra vez, ¿habría sido él? ¿tan lejos había llegado? Corrió por los pasillos buscando desesperada la salida para tomar aire, pero su carrera fue interrumpida al ser sujetada fuertemente por un hombre. Se giró con el rostro desencajado y encontró a Ryoga mirándola extrañado.
―¿Qué te pasa? ¿Por qué corres de esa manera? Estás muy pálida, Ukyo ―ella por reacción se abrazó a él con las lágrimas saltadas y comenzó a sollozar sobre su pecho. Ryoga la separó levemente y buscó el contacto visual― Hey, ¿se puede saber por qué lloras? el que está siendo investigado como el posible agresor soy yo.
―Ryoga, tengo miedo… está loco… yo… no quería que esto pasara…
―¿Quién está loco? ¿De qué demonios estás hablando?
―No lo sé seguro… pero no puedo decirte nada o seguramente acabe como Akane…
Ryoga la cogió de los hombros y la zarandeó ―¿¡Sabes quién ha atacado a Akane!? ¡Contéstame! ¡Vamos a hablar ahora mismo con la policía!
―¡No! ―la enfermera se soltó del agarre― no-no creo que haya sido capaz, sólo quiere que Ranma pague… no Akane…
―Ukyo, ¿qué has hecho? ―la miró con el ceño fruncido, sabía que algo más ocultaba. La chica comenzó a llorar de nuevo.
―Por favor, por favor… déjame ir a tu apartamento hoy… me da miedo estar sola… ―volvió a abrazarse al pediatra― yo no quería que el señor Oshiro muriera… pero me obligó…
―¿A qué te obligó? tienes que confiar en mí, siempre lo has hecho.
―Me-me obligó a cambiar su tratamiento… tiene un vídeo mío muy comprometedor… que podría destrozarme la vida para siempre… no sé cómo ha llegado a sus manos…
―¡Ukyo, dime de quién estás hablando… así podré ayudarte! ―suplicó Ryoga, estaba convencido de que la persona de la que hablaba, era la misma que estaban buscando. Ella no abrió la boca, solo lloraba abrazada al chico del colmillo. Se dio por vencido de momento, cuando se calmara intentaría retomar la conversación―. Está bien, vámonos. Ya nada podemos hacer aquí. La sujetó del hombro y la obligó a caminar hacia la salida.
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Mousse entró al apartamento de Akane e hizo un reconocimiento visual del mismo, varios agentes de la policía científica estaban buscando pistas y recogiendo muestras. La daga ya estaba siendo analizada en el laboratorio. No había tiempo que perder, siempre, las primeras 48h eran cruciales en un caso.
―¿Alguna novedad? ―preguntó a uno de sus subordinados.
―De momento nada, inspector Tzu. Hay tres tipos diferentes de huellas, suponemos que son de ella, el chico que la llevó al hospital y la señora de enfrente dice que la señorita Tendo tenía novio. Hay que averiguar quién es, el último mensaje que recibió la víctima fue de un tal Ranma, suponemos que es su pareja, diciéndole que la esperaba en el apartamento. Marcamos ese número pero sale apagado y no hay manera de rastrearlo.
―No te molestes… su pareja es mi amigo, Ranma Saotome, él ha sido quien ha asistido quirúrgicamente a la chica, le ha desaparecido el teléfono. Es cirujano y estaba de guardia, no quiero ni imaginar lo que tuvo que pasar al ver entrar a su novia con esa daga atravesándole el pecho…
―Luego dicen que estas cosas solo pasan en las películas, si la gente supiera…no obstante… también hay que investigarlo, inspector Tzu. La amiga de la señorita Tendo, una tal Sayuri Matsouka, dice que se habían peleado esa mañana.
―Me hago cargo, ¿han interrogado a los vecinos?
―Sí, nadie oyó ni vio nada extraño, para variar. La vecina de Akane Tendo no estaba en casa, parece que es la cotilla del edificio. Para una vez que necesitamos a alguien así, no se encontraba en su vivienda.
―Muy bien, seguid buscando. No dejéis ningún rincón del apartamento sin explorar e id mandando las muestras al laboratorio. No habrá descanso para nadie. Cualquier cosa, infórmame inmediatamente ―habló con autoridad.
―Descuide, inspector.
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La familia de Akane fue pasando una a una para verla, no estaban permitidas las visitas en esa unidad a esas horas, pero Ranma a estas alturas no se andaba con protocolos. Tuvieron que darle un ansiolítico al padre de Akane, que no paraba de llorar. Su hermana Nabiki parecía ausente, muy callada, como analizando las cosas, Kasumi aún no podía creer que le hubieran hecho algo así a su hermana, que siempre se portaba de forma cariñosa con todo el mundo, se abrazaba permanentemente a su marido, el Doctor Ono Tofu. Sayuri y Shinnosuke también estaban en la sala de espera. Ranma llamó a casa de sus padres desde el teléfono de la UCI y enseguida se presentaron allí; el encuentro de Soun Tendo y Genma Saotome fue muy emotivo. Ambos se entristecían de que hubiera sido de aquella manera y no con una buena comilona en casa de alguno de ellos. El señor Saotome les ofreció cobijo en su casa para que no tuvieran que volver a Nerima, llovía muchísimo y apenas se veía nada en la carretera, fue el motivo de la tardanza en llegar al hospital, aparte de las enormes retenciones que había. Soun aceptó con humildad, ya que Ranma les dijo que él se quedaría con Akane y que les mantendría informados, de todas formas no iban a hacer nada quedándose en la sala de espera.
―Hijo, ¿quieres que nos quedemos alguno de nosotros y te vas a descansar? tienes muy mala cara ―preguntó preocupada Nodoka Saotome a su vástago, aunque ya sabía cuál iba a ser la respuesta de él.
―No pienso separarme de ella, estoy bien, id a descansar. Os mantendré informados ―su tono de voz denotaba un cansancio extremo, el blanquecino de sus ojos estaba volviéndose rojo, debido al estrés ocasionado y a las malas noches pasadas. Omitió lo del traslado, que no supieran nada sería lo mejor para todos. Ya les llamaría para comunicárselo, aunque en ningún momento pensaba decirles dónde estaban.
Nodoka suspiró, sabía que nada de lo que dijera podría convencerlo de lo contrario ―Está bien, te hemos traído el móvil antiguo de tu padre, así nos localizaremos antes. En esta bolsa tienes ropa limpia y te he preparado algo para que comas ―Ranma tomó el aparato y la bolsa que le había llevado su madre, se agachó para darle un beso en la mejilla.
Por fin se habían marchado todos, solo quería estar a solas con Akane. Se sentó de nuevo a su lado y la volvió a tomar de la mano. Miraba constantemente que su latido fuera bueno, no dejaba ni que las enfermeras de UCI le pusieran la medicación. Todo debía pasar por sus manos y prefería hacerlo él mismo.
A las 3 de la madrugada, tal como Mousse le había dicho, Akane fue trasladada en el mayor de los secretos a una sala especial del Toranomon hospital. Ranma en ningún instante la dejó sola. El enfermero que ayudó en su traslado fue Shinnosuke, el azabache sólo confiaba en él. En el trayecto, llamaron a Mousse.
―Inspector Tzu al habla… ajá… sí… ¡eso es estupendo! iré enseguida ―colgó el teléfono y miró a Ranma sonriendo―. Han conseguido aislar una huella en la daga, hay también sangre que no pertenece a Akane.
―¿Que no pertenece a Akane? ―preguntó Ranma sin comprender muy bien.
―El agresor debió cortarse y ha dejado restos, eso es muy buena noticia Ranma, ¡vamos a cogerlo!
El semblante de Ranma se ensombreció ―En cuanto sepas algo dímelo…
Mousse sonrió de medio lado ―Te lo diré cuando lo atrape y esté custodiado, no me fío de ti… lo hago por tu bien ―Ranma lo miró serio pero no dijo nada más. Ese hijo de puta se las iba a pagar todas juntas, le daba igual lo que le pasara después. Lo que le había hecho a Akane no quedaría impune.
Una vez instalaron a Akane en su nueva habitación, Mousse se despidió de Ranma y de Shinnosuke. Los agentes Sanzenin y Daimonji siguieron haciendo guardia.
―Vete ya a casa, seguro que Akari está preocupada ―dijo a Shinnosuke.
―Me voy a descansar un rato y enseguida regreso. Tú deberías hacer lo mismo, yo puedo relevarte. Sabes que no dejaría que nadie le hiciera daño.
―Lo sé… igual cuando vuelvas me pego una ducha en los vestuarios. Pero ahora mismo necesito estar con ella, comprobar que su corazón sigue latiendo, que no va a dejarme…
Shinnosuke sonrió melancólico, lo entendía perfectamente ―De acuerdo, no tardaré mucho. Han puesto una cama para ti junto a ella, intenta dormir un rato.
―No creo que pueda pero lo intentaré, gracias por todo. Eres un buen tipo, a pesar de que sigas enamorado de mi chica ―se dieron la mano y sonrieron.
―Seguro que me entiendes ―respondió el enfermero de mirada aguamarina―, apunta mi número de nuevo. Lo que necesites, a la hora que sea, dame un toque ―Ranma asintió, Shinnosuke se acercó a Akane y le dio un beso en la frente―. Hasta dentro de un rato ―se despidió.
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Mousse llegó a la unidad central de análisis científicos alrededor de las 4:30 de la madrugada ―Saffron ya estoy aquí, dime qué hay de nuevo.
―Estamos cotejando la huella en nuestra base de datos, seguimos esperando resultados. El ADN tardará un poco más y no sabemos si obtendremos algo… ya sabes cómo va la cosa.
―Sí, lo sé, por lo demás hay que darse prisa, el tiempo es oro.
―Y tú sabes que todo tiene un proceso ―recalcó molesto el CSI―, no obstante, le estamos dando prioridad a este caso.
―Lo sé, gracias. Voy a por un café, ¿queréis uno? ―preguntó al personal del laboratorio.
―Yo sí, uno bien cargado ―respondió Saffron mientras se recostaba en su silla y estiraba sus extremidades.
Mousse salió a la máquina del pasillo y regresó con dos cafés, le dio uno a su compañero y se sentó a su lado. A la hora el ordenador se paró y comenzó a emitir un sonido estridente, ambos miraron y vieron la imagen de una huella dactilar brillando en verde. A su lado, la foto de un hombre delgado con marcadas ojeras.
―No me lo puedo creer… ¿hemos dado con él? ―dijo Mousse sonriendo― Hikaru Gosunkugi, 27 años, natural de Nerima (Tokio), detenido en enero del año pasado por escándalo público, con dos heridos leves a su cargo, e ingresado un mes en la clínica psiquiátrica Tokyo Mental Health. Además tiene una denuncia por acoso de una tal Kogane Musashi. Quiero más datos de ese Gosunkugi. Dónde trabaja, dónde vive, qué come, hablad con la tal Kogane… voy a pedir una orden de registro de su vivienda.
―Como llames a la jueza a estas horas, te va a matar ―rio Saffron con ganas.
―Yo sé cómo calmarla… ―Mousse guiñó un ojo a su compañero.
Al cabo de media hora Saffron llamó la atención de Mousse, que estaba hablando con la jueza, Satsuki Miyakoji ―Ya tengo más datos de este tipo, al parecer está haciendo la residencia de traumatología en el Tokio Jikei Hospital, ¿no es ese el hospital al que llevaron a la chica?
―Sí… es ese… creo que voy a decirle a Satsuki que me emita una orden también para ver su historial clínico.
―¿Satsuki, eh? Vaya confianzas te das con la jueza Miyakoji… ―se burló su compañero.
―Cállate anda ―sonrió el susodicho―, solo somos amigos… pero eso no es de tu incumbencia. Ya tengo la adrenalina a tope, cada vez estamos más cerca, ¡vamos a seguir trabajando!
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Había sido una noche muy larga en la UCI del Tokio Jikei, por imposición de la policía, los que habían tenido turno, debían callar lo del traslado de la paciente Akane Tendo. Se despidieron de los compañeros que llegaron a darle el relevo y marcharon a casa exhaustos. Esa misma noche habían tenido un éxitus en la unidad. Sonó el teléfono a las 8:01 de esa mañana.
―Unidad de Cuidados Intensivos, dígame ―contestó uno de los enfermeros.
―Buenos días… soy el Doctor Hikaru Gosunkugi, me he enterado de que una amiga está ingresada ahí, su apellido es Tendo. ¿Me puede decir qué tal está?
―Un segundo Doctor Gosunkugi ―al otro lado de la línea, el traumatólogo estaba aferrado al teléfono conteniendo la respiración, oía cómo la persona rebuscaba entre los historiales de la unidad, al cabo de un dos minutos le contestaron―. Lo lamento mucho… no sé si yo deba darle la noticia, pero su amiga falleció de madrugada.
Gosunkugi exhaló fuertemente ―Gracias ―colgó inmediatamente.
El enfermero se quedó un rato mirando el teléfono y luego colgó ―¿Quién era? ―preguntó una compañera que acababa de llegar de administrar un calmante a uno de los pacientes ingresados.
―El Doctor Gosunkugi, un amigo de la señora Suzume Tendo. He tenido que darle la noticia de su fallecimiento, aunque no sé cómo le ha afectado, ha colgado muy rápido.
―Sí, me lo dijo Ayame esta mañana, pobre señora… no tenía a nadie en el mundo. Me alegra saber que alguien irá a su funeral.
―En fin… continuemos, hay mucho que hacer.
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―¡Lo logré! ¡Lo logré! ¡Sufre Saotome! ¡Sufre como yo al perder al amor de tu vida! ―Gosunkugi comenzó a reír como un loco, su risa era casi demoníaca, al segundo, su expresión cambió, se acurrucó en un rincón y comenzó a llorar ―Oh Dios mío… ¿qué he hecho?... Akane… mi amor… ya no veré más tu dulce sonrisa y esos preciosos ojos avellana... ―decía mientras se mecía y se tiraba del cabello― Aún no he acabado... ¡AÚN NO HE ACABADO! ―se levantó de un salto, tomó su bote de pastillas y se tragó tres de golpe― Ya mismo… ya mismo estaré contigo… mi amor… ―salió de su vivienda cerrando de un portazo. Aún tenía que solucionar algo antes de dar por finalizada su venganza.
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Ukyo amaneció abrazada a Ryoga, ninguno de los dos había podido pegar ojo en toda la noche. El chico intentó de nuevo que le contara quién era la persona que la tenía coaccionada, intentó convencerla de que lo mejor era ir a la policía pero ella no abría la boca y, o cambiaba de tema al instante o permanecía en silencio. Así que el joven pediatra desistió por ese día. Quizá la policía encontraría pronto una pista que les llevaría al culpable, que estaba 99% seguro de que se trataba de la misma persona que agredió a Akane.
―¿Ya te vas? ―preguntó Ryoga aún acostado en la cama― Sabes que no tienes por qué, yo sigo sancionado y tú entras de tarde. ¿A dónde vas tan temprano?
Ukyo salió del baño ya vestida ―Tengo que llegarme a mi apartamento, no tengo ni ropa interior aquí. Si quieres… luego regreso…
―Por mí no hay problema, puedes quedarte el tiempo que necesites. ¿Quieres que te acompañe?
―No te preocupes, no creo que tarde mucho. Te aviso cuando regrese.
―Llámame mejor, igual voy...voy...
―A ver a Akane, ¿me equivoco? ―completó la frase― Te gusta mucho el riesgo estando Ranma allí, además, quizá la policía no deje que te acerques a ella. Sigues siendo sospechoso.
―Puede ser, pero no pierdo nada por intentarlo, ¡y al diablo con Ranma! ¡Yo también la salvé! ¡No le adjudiques todo el mérito a él!
La castaña sonrió, Ryoga seguía siendo un crío caprichoso sediento de atención, se acercó y lo besó en los labios ―Tú también eres un héroe. Nos vemos luego.
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Ukyo entró a su apartamento, dejó su bolso y su chaqueta colgados en la percha y caminó hasta su dormitorio. Su compañera de piso se había ido unos días de vacaciones a visitar a su familia. La casa estaba muy silenciosa, tanto que le dieron escalofríos, preparó rápidamente una pequeña maleta para pasar unos días en casa de Ryoga y se desnudó para darse una ducha. Oyó la puerta abrirse y cerrase de golpe, ¿habría regresado su compañera antes de tiempo?
―Suki, ¿eres tú? ―preguntó desde el aseo. Al no recibir respuesta se puso un camisón y abrió la puerta del baño para cerciorarse de que era ella. Nada más salir, se topó de frente con un hombre vestido de negro apuntándola con un revólver. Gritó e intentó volver a entrar en el baño para cerrar la puerta con el cerrojo, pero el hombre fue más rápido. La sujetó por detrás y le puso el arma en la sien― ¡Hikaru, por favor, por favor! ¡No he hablado con nadie! ¡Créeme! ¡Ni siquiera sé seguro si fuiste tú! ¡Por favor, no me hagas daño! ―lloraba desconsolada la joven enfermera.
―Chssst... lo sé Ukyo… si no ya sabes las consecuencias… pero necesito de ti otra cosa… ―la soltó y la obligó a sentarse en una silla.
―¿Qué-qué quieres de-de mí? Hi-hice lo que me-me pediste… cambié el tra-tratamiento para ensuciar la imagen de Ran-Ranma, le cogí el móvil… ―decía hipando mientras seguía llorando inconsolable.
―Y fuiste muy buena chica… pero no era eso lo que quería de ti, toma ―le dio un trozo de papel y un bolígrafo, la chica lo miró extrañada, después colocó el móvil de Ranma encima de la mesa― Quiero que escribas exactamente lo que yo te redacte, ¿¡entendido!? ―no tuvo más remedio que asentir, tomó el bolígrafo temblorosa y esperó a que le dictara― "Esta es una carta dirigida a la persona que me encuentre… fui yo, yo maté a Akane Tendo…
Ukyo lo miró con pavor ―¿Qué-qué es esto…? Yo no hice nada… ―la voz apenas le salía de la garganta, enseguida supo cuál iba a ser su destino― por favor, te lo ruego… pero, pero… Akane está viva… ella hablará cuando se despierte… esto no servirá de nada… déjame marchar, por favor… por favor… ―se puso de rodillas mirando hacia el suelo.
Gosunkugi se acercó y le levantó la barbilla con el cañón del arma, Ukyo era un mar de lágrimas ―Te equivocas, mi amada Akane murió esta madrugada. Me lo han confirmado esta mañana, no tengo testigos. ¡Así que siéntate de una puta vez y termina de escribir! ―gritó mientras le metía la pistola en la boca― ¡Deja de llorar que me desesperas!
Ukyo fue levantada a la fuerza y obligada a volver a sentarse de nuevo en la silla ―¡Hikaru, no-no diré nada, por favor, por favor…!
―"¡Lo hice por envidia!" ¡NO TE VEO ESCRIBIR! ―quitó el seguro y apuntó a la frente. Ukyo volvió a coger el bolígrafo mientras se sorbía la nariz y continuó escribiendo― "Ella me robó a Ranma Saotome. Era una puta y se lo merecía. Pero su fantasma me acosa, no descansará hasta que pague por mi pecado, así que es lo que voy a hacer. Me despido de este mundo cruel que no me permitió ser feliz junto al hombre que amaba. Pero al menos me voy sabiendo que ellos dos nunca estarán juntos. Ukyo"
Cuando la enfermera terminó de escribir, dejó el bolígrafo junto a la carta de suicidio, no era capaz de mirarlo a la cara. ¿Por qué le dijo a Ryoga que no la acompañara? Gosunkugi se colocó al lado derecho de la chica, continuaba apuntándola con el arma ―Gracias por tus servicios Ukyo ―se acercó casi rozando la sien y disparó.
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Ranma fue vencido por el sueño cerca de las 7 de la mañana, le administró a Akane su medicación correspondiente, se sentó a su lado y volvió a tomarla de la mano. Se quedó dormido con la cabeza apoyada en la cama. Pasadas dos horas, el azabache se despertó al sentir cómo le apretaban la mano ligeramente, se incorporó de un salto y vio a Akane intentar abrir los párpados ―Akane… mi amor estoy aquí… despierta ―le acarició la mejilla con la mano que le quedaba libre. La chica abría los ojos hasta la mitad y volvía a cerrarlos, emitió un leve quejido al intentar moverse. El monitor Holter, que monitoreaba la frecuencia y el ritmo cardiaco del corazón de Akane, comenzó a emitir de manera más acelerada, la peliazul abrió los ojos de golpe y comenzó a respirar de manera agitada mirando a su alrededor. Ranma le tomó el rostro con las dos manos ―Tranquila cariño, estás a salvo. Mírame… soy yo, Ranma. Ya estoy contigo.
Cuando Akane hizo contacto visual con los azules ojos del chico de la trenza derramó una lágrima ―Ran...ma… ―dijo en un susurro apenas audible mientras hacía un esfuerzo por tocar el rostro de su amado. Tenía que comprobar que no era un sueño y que Ranma estaba allí con ella― No puedo… moverme...
―Chssst… no hagas esfuerzos, ya pasó todo ―se acercó y le dio un tierno beso en los labios―. Creí que te perdía… ―dijo con voz temblorosa.
La chica hizo un esfuerzo por sonreír ―No te librarás de mí tan fácilmente, Saotome ―suspiró para tomar aire, se quejó levemente, le dolía hasta respirar― ¿Dónde estoy?
―Estamos en una habitación aislada del Toranomon, la policía decidió trasladarte aquí por tu seguridad.
―Fui al apartamento porque recibí… un mensaje tuyo… pero no estabas… ―el rostro de Ranma se desencajó por completo.
―Alguien me sustrajo el teléfono, me tuve que quedar a hacer otra guardia y no pude avisarte… no pude avisarte, maldita sea… ―dijo apretando los puños con fuerza.
Akane cayó en la cuenta de que si Ryoga la llevó al hospital, sería al Tokio Jikei, eso quería decir que fue Ranma el que tuvo que intervenirla ―Entonces… tú… ¿me salvaste?
―Nos alertaron de que venía una paciente que había que intervenir de urgencia; Akane… cuando te vi entrar en el quirófano mi mundo se vino abajo, me quedé en shock… creía que estaba en otra de mis pesadillas pero no me despertabas como siempre hacías…
―Se portó como un héroe ―interrumpió Shinnosuke que acababa de llegar en ese instante―, es cierto lo que cuentan de él, va a ser una fuerte competencia de tu cuñado.
Ranma se giró y le indicó con la mano que podía entrar. Akane le sonrió, pero inmediatamente buscó el rostro del azabache con la mirada mientras apretaba lo que podía la mano del chico ―Gracias… te debo la vida…
Ranma negó con la cabeza ―Shinnosuke tuvo que llamar a Tofu para que me tranquilizara. Parecía un flan.
―Pero no fue Tofu el que hizo la cirugía, no te quites mérito ―replicó el chico de mirada aguamarina.
Ranma de pronto se puso muy serio ―¿Quién ha sido, Akane? ¿Quién te ha hecho esto?
Las lágrimas brotaron por el angelical rostro de la peliazul, sabía que en cuanto dijera su nombre perdería a Ranma ―Gosunkugi… ―Ranma y Shinnosuke se quedaron estupefactos, nunca se les hubiera pasado por la mente que la obsesión de ese chico por Akane lo hiciera llegar a dañarla― Me-me dijo que… quería que sufrieras como él sufrió cuando Kogane murió, ella es la chica de tus pesadillas. Kogane era la novia de Gosunkugi.
Ranma se incorporó y comenzó a respirar entrecortadamente, se pasó las manos por el cabello en un gesto que Akane conocía muy bien. Lo hacía cuando una situación se escapaba de su control.
―Ranma… tú no tienes la culpa… está enfermo…
―¿¡Cómo no voy a tener la culpa, Akane!? ¡Te ha hecho daño para vengarse de mí! ¡El muy cobarde! ―el monitor Holter volvió a sonar más rápido y fuerte, Ranma se asustó y comprendió que no podía alterar a Akane― Vale, tranquila… lo siento, no pretendía alterarte pero es que…
―Prométeme que no harás ninguna locura… no podría soportar vivir sin ti… ―Shinnosuke decidió darles intimidad y salió de la habitación, no se alejó mucho porque ya iba conociendo a Ranma y sabía lo que se le estaba pasando por la mente, al igual que lo sabía Akane.
―No llores, no quiero que vuelvas a llorar más por mi culpa —comenzó a darle suaves besos por todo el rostro mientras ella seguía llorando. Cuando llegó a sus labios, Akane pareció relajarse. Se besaron tímidamente pero ella quiso sentirlo aún más y profundizó el beso. Tras unos segundos Ranma decidió con pesar separarse de ella, debía descansar. Juntaron sus frentes y se quedaron unos instantes en silencio, sobraban las palabras—. Te amo… no lo olvides nunca.
—Yo también a ti… —Ranma sonrió y le dio un rápido beso, se incorporó para salir de la habitación— ¿A dónde vas? —preguntó temblorosa.
—Aprovechando que Shinnosuke está aquí, voy al Jikei a recoger mi moto y a hablar con el jefe de residentes —mientras le hablaba evitaba mirarla directamente a los ojos, Akane sabía que le estaba mintiendo.
—Ranma, por favor… no te vayas… —su voluntad estuvo a punto de quebrarse al verla tan indefensa rogándole que se quedara junto a ella, pero le quemaba saber que ese malnacido estuviera fuera tan tranquilo después de hacerle eso a Akane.
—No tardaré, te lo prometo —se agachó y la besó de forma pausada, ella no pudo evitar romper a llorar de nuevo—. Hasta dentro de un rato —y salió de la habitación dejando a una desconsolada Akane.
Shinnosuke estaba apoyado en la pared de brazos cruzados cuando Ranma se acercó hasta él —Tengo que salir, cuídala… llama a Tofu y dile dónde estamos, no quiero que ningún otro cardiólogo la atienda.
—¿A dónde vas, Ranma? —le dijo muy serio.
—Voy al hospital a recoger mi…
—A dónde vas de verdad —interrumpió—. Vas a buscar a Gosunkugi, ¿cierto? ―le dijo bajando la voz para que los policías que estaban custodiando a Akane no lo oyeran.
―Tú solo ocúpate de ella, ¿de acuerdo? del resto me encargo yo.
―De eso nada, si te pasa algo o te encierran ella se muere y no lo pienso consentir.
Ranma lo tomó del brazo y lo alejó de la puerta ―¿Y qué pretendes que haga? Si logra escapar querrá finalizar lo que ha empezado. No puedo estar con ella las 24h del día, nos separamos unas horas y mira lo que pasó. No pienso dejar que Akane esté en peligro, y menos por mi culpa. Ese tipo está loco, no ha dudado en hacerle daño y sabes tan bien como yo que estaba obsesionado con ella, hasta ese punto llega su sed de venganza.
―Habla con el inspector Tzu, él es amigo tuyo y sabrá qué hacer. No te tomes la justicia por tu mano o los dos saldréis perjudicados.
―Así tienes vía libre. Llama a Tofu, eso es todo ―ya no dio lugar a réplica, se alejó veloz de Shinnosuke.
En cuanto lo vio salir, Shinnosuke se acercó a los dos policías ―Necesito que me pongan en contacto con el inspector Tzu, por favor. Es muy urgente.
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Ranma llegó al apartamento de Gosunkugi, respiró nervioso antes de entrar. La rabia y la ira le corrían por las venas. Vio que la puerta estaba entornada, la abrió sin miramientos y entró como un torbellino. Todo estaba a oscuras, exclusivamente iluminado por velas, un fuerte olor a incienso inundaba toda la vivienda. Entró al salón y vio a Gosunkugi, vestido con una yukata color blanco impoluto a juego con una cinta puesta en su cabeza.
―Te estaba esperando, Saotome ―dijo muy tranquilo.
―¿Sí? me alegro que no te pille de sorpresa, maldito cobarde hijo de puta.
Gosunkugi sonrió ―Entiendo que estés así, a mí también me duele haberle hecho eso a Akane, pero ella tiene la culpa. No me hizo caso cuando le dije que se alejara de ti. Prefirió quedarse a tu lado y ha pagado las consecuencias.
―¿¡Pagar las consecuencias!? ―se acercó hasta él, lo cogió del cuello y lo lanzó contra la pared, Gosunkugi tosió para recuperar el aliento e intentó incorporarse, pero antes de que pudiera, Ranma volvió a sujetarlo por el cuello y lo elevó unos centímetros, parecía papel al lado de la fuerza del azabache― ¡Eres un maldito enfermo! ¡Akane es la chica más gentil y buena que haya conocido jamás! ¡Pienso matarte!... ¡Ve rezando lo que sepas porque vas a ir directo al infierno! ―Gosunkugi sonreía al ver la cara de psicópata que tenía en ese momento su rival. Sus ojos azules estaban inyectados en sangre, resoplaba agitadamente debido al subidón de adrenalina que tenía, las venas de los brazos palpitaban pidiendo venganza. Cuanto más sonreía Gosunkugi más se enfurecía Ranma, y como consecuencia, más apretaba su frágil cuello. ¿Qué le hacía tanta gracia? ¿La muerte le divertía?
―¡Suéltalo, Ranma! ―una voz conocida por él habló a sus espaldas. Oyó el click de quitarle el seguro a un arma y sintió la boca del cañón en su espalda. En un movimiento imperceptible para el ojo no adiestrado, Ranma soltó a Gosunkugi y le quitó el arma a Mousse, apuntando con ella al enjuto chico. En ese instante, otros dos policías que acompañaban a Mousse apuntaron a Ranma y le gritaron que la soltara― ¡Bajad las armas! ―ordenó el inspector― Ranma… escúchame… no merece la pena que te manches las manos con este malnacido… yo me encargaré de que no salga del psiquiátrico en lo que le queda de vida. Tú eres médico, salvas vidas, no las quitas.
―¡Voy a mandarlo al infierno, Mousse..! ¡No merece vivir! ―acercó el cañón hasta rozar la sien de Gosunkugi, quien no parecía asustado, es más, parecía hasta divertido. Ranma temblaba de rabia al verlo así― ¡¿QUÉ COÑO TE HACE TANTA GRACIA!?
―Hazlo… ―Gosunkugi comenzó a reír como un demente― ¡Hazlo! ¡Me reuniré con Akane y tú jamás podrás encontrarnos! ¡Por fin podré ser feliz junto a ella! ¡Y tú te pudrirás en la cárcel! ¡Tu carrera se irá por el desagüe! ¡HAZLO! ¡MÁTAME! ―Gosunkugi se puso de pie, sujetó el arma con las dos manos y se la puso apuntando a su frente.
―¡No entres en su juego! ¡Eso es lo que quiere! ¡Es lo que ha planeado desde el principio! ¡Ranma, no seas estúpido! ―Mousse intentó acercarse al desquiciado muchacho, Ranma temblaba y apretaba los dientes con fuerza mientras gotas de sudor le caían rozando su cuello y perdiéndose por su pecho― Te lo pido como amigo… dame el arma… te prometo que este cabrón pagará por lo que ha hecho…
―Si no me matas te arrepentirás el resto de tu vida ―le dijo Gosunkugi acercándose aún más a Ranma mientras seguía sujetando la pistola.
El chico lo miró con verdadera furia, tras unos tensos minutos gritó con fuerza, golpeó a Gosunkugi con el reverso de la mano y extendió el brazo para entregarle el arma a Mousse, que suspiró de alivio.
El chico de mirada ojerosa frunció el ceño mientras se tocaba el labio ensangrentado, rápidamente metió la mano dentro de su yukata y sacó un arma que llevaba oculta. Apuntó a Ranma con ella, éste lo miró desafiante, y tanto Mousse, como los otros dos policías, apuntaron a Gosunkugi.
―¡¿Quién es el cobarde!? ¡Hablas mucho pero luego no has sido capaz de matar al hombre que asesinó a sangre fría al amor de tu vida! ―Ranma lo miró extrañado, ¿acaso pensaba que Akane estaba muerta? Gosunkugi no se percató de la cara de asombro del azabache― ¡¿ESO ERA LO QUE LA QUERÍAS!? ¡EN ESE CASO AKANE ESTÁ MEJOR MUERTA! ―Ranma iba a acercarse de nuevo pero Gosunkugi se puso la pistola debajo del mentón― Espérame Akane, amor mío… ya voy contigo.
―¡Alto! ―gritó Mousse, pero todo fue inútil, se disparó y cayó al suelo― ¡Maldita sea! ¡Llamad a una ambulancia! ¡Ranma asístelo! ¡Es tu deber o te verás en un problema!
Ranma se acercó despacio a él y puso dos dedos "tapando" el agujero por el que había entrado la bala. Gosunkugi seguía sonriendo pero su expresión cambió cuando vio a Ranma sonreír también, éste se acercó y le susurró: ―No conseguiste matar a Akane… yo la salvé… ―Los ojos de Gosunkugi se abrieron con temor de par en par, no podía articular palabra porque se estaba ahogando con su sangre, Ranma continuó hablando― espero que te pudras en el infierno mientras Akane y yo somos felices en este mundo. Pensé que te gustaría morir sabiendo eso… ―Gosunkugi frunció el ceño y derramó una lágrima de rabia, convulsionó un par de veces y murió al lado del hombre del que había jurado vengarse.
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Ya había pasado un año desde el intento de asesinato de Akane, encontraron el cuerpo de Ukyo esa misma tarde. Un abatido Ryoga le contó a la policía que Ukyo había sido coaccionada por Hikaru Gosunkugi, pero que nunca le dijo directamente que se trataba de él. Se culpó por no haberla acompañado esa mañana a su apartamento, pero ya nada podía hacer. Lo que había pasado le había hecho recapacitar, así que habló con la dirección del hospital para limpiar el nombre de Ranma, y contar lo que Ukyo le confesó del cambio del tratamiento que había provocado la muerte del señor Oshiro.
Ranma arregló papeles para poder terminar la residencia en el Toranomon, no quería volver a pisar el Tokio Jikei en su vida. El jefe de residentes se lamentó de su pérdida pero lo entendió perfectamente, así que lo ayudó a trasladar el expediente, acompañándolo con una magnífica carta de recomendación.
A los seis meses, Ranma terminó su residencia y decidió abrir su propia clínica junto con Akane, que aunque seguía bastante delicada se recuperaba muy rápido. Era una chica fuerte y Ranma se sentía muy orgulloso de ella.
Hoy era el día de la inauguración de la clínica Saotome. Akane estaba en uno de los baños mirándose su cicatriz frente al espejo cuando llamaron a la puerta.
―Akane, ¿estás bien? Dentro de poco llegarán los locos de nuestros familiares, y en una hora el resto de invitados.
―Puedes pasar ―le contestó la chica. Ranma abrió preocupado, la vio mirándose y tocándose la cicatriz de su pecho. Apretó los puños y se acercó a ella abrazándola por detrás y dándole un beso en la coronilla―. Hoy justo hace un año… ¿te lo puedes creer? ―habló ensimismada.
―Hace un año morí al pensar que ya no estarías conmigo y resucité cuando tu pequeño y luchador corazón volvió a latir.
―Te escuché llamarme, no podía dejarte… te lo prometí… ―se giró para quedar frente a frente.
―Sabes que si quieres puedes borrar la cicatriz, es un mal recuerdo para ambos.
―¿No me ves bonita con ella? ―Akane hizo un mohín y Ranma sonrió.
―Jamás podría verte fea, es solo que, me recuerda al día en el que por mi culpa casi te pierdo ―su rostro se ensombreció, Akane le acarició la mejilla con la palma de la mano.
―Y a mí me recuerda el día en el que me salvaste la vida ―Ranma resopló, Akane se puso de puntillas y lo besó. Primero suave y después apasionadamente, metiendo con furia su lengua en la boca del chico, que respondió sin pensar.
―Espera… espera… ―dijo Ranma con la respiración agitada.
―No quiero esperar… ya estoy bien, sé que tengo que controlarme para no hacer demasiados esfuerzos pero mi médico ya me dijo que podía… ya sabes… ―sonrió pícara con un adorable rubor en las mejillas.
―Sé lo que te ha dicho tu médico porque soy yo ―sonrió autosuficiente― y nada ansío más que hacerte el amor, pero me da miedo lastimarte…
―Ranma… te echo de menos… te necesito… no vas a lastimarme, estoy bien, te tengo conmigo. Nada malo puede pasarme… ―le desabrochó el botón y le bajó la cremallera.
El azabache resopló, claro que tenía ganas de estar de nuevo dentro de ella, era como estar en casa, sentía verdadera paz cuando sus cuerpos se fundían en uno. Un gemido salió de lo más profundo de su garganta cuando la chica le bajó los bóxer y comenzó a acariciar su miembro erecto ―Akane… ―se acercó a besarla sin miramientos, había pasado demasiado tiempo, él también la necesitaba. Le subió el vestido y le bajó la ropa interior. Acto seguido la sentó en un mueblecito con cajones que había al lado del lavabo y la penetró lentamente― Oh, Dios… ―la chica gimió al sentirse invadida. Ranma comenzó a moverse despacio pero de forma acompasada.
―Ran...ma… ―suspiraba la chica.
―¿Estás bien? ―la miró con preocupación— Estás ardiendo.
―Estoy bien… no pares…
―¿Quién es la mandona ahora? ―Ranma empujó con fuerza y Akane emitió un fuerte gemido― Akane… lo siento, pero no creo que aguante mucho…
―Yo tampoco… más rápido ―el chico aceleró el ritmo mientras devoraba su boca y succionaba su lengua. Akane se sujetó fuerte a él y comenzó a jadear con frenesí hasta que cayó rendida entre sus brazos. Ranma la atrajo más hacia él y en un par de embestidas, culminó. Ambos respiraban agitados aún unidos y abrazados. Akane lo miró juguetona―. ¿Podemos repetir? ¿O tengo que hablarlo con mi médico?
―Aunque tu prometido estaría repitiendo todo el día, tu médico te dice que ahora mismo no… eres muy traviesa…―se acercó y la besó con ternura. En ese instante se abrió la puerta de golpe.
―Hijo, ¿estás aquí? Me ha parecido oírte…
―¡Mamá! ¡Sal de aquí! ―gritó el azabache mientras salía de Akane y se subía los pantalones. La chica se puso corriendo la ropa interior y se bajó el vestido.
―¡Dios mío, qué vergüenza! ―se abrazó a Ranma escondiendo la cabeza entre su pecho.
Nodoka salió y cerró la puerta ―¡Qué varonil eres cariño! Seguid, seguid, yo distraigo a la familia. Espero que cuando os caséis dentro de tres meses penséis ya en darme nietos.
―¡Mamá!
―Vale hijo, ya me voy. Tienes el carácter de tu padre.
Se miraron y no pudieron evitar soltar una carcajada por la situación ―Salgamos o te secuestraré y te llevaré lejos de aquí ―dijo Ranma dándole un beso en la nariz.
―No quiero ni imaginar cómo se portarán en la boda… ―rio Akane tapándose los ojos.
―Por eso te voy a secuestrar, para alejarte de los locos de nuestros familiares. Te llevaré a una pequeña ermita y allí nos casaremos sin que nadie nos moleste.
―Suena tentador… me da igual donde sea… solo quiero estar contigo.
Se abrazaron en una promesa eterna, respiraron y salieron. Hoy iba a ser un día agotador que esperaban que acabara pronto para continuar lo que habían dejado a medias.
FIN
Hola a todos! De nuevo toca despedida; primero de todo mil disculpas por tardar en actualizar pero me han surgido un par de viajes y ya sabéis… esta época es de salgo a mirar regalos, quedadas con los amigos… y más excusas que me quitaron tiempo para escribir. Bueno… ¿qué os ha parecido? ¿os asusté mucho con lo de Akane? Por un momento mi mente perversa pensó en que muriera pero… mi corazón galletita me dijo… ni te atrevas y upsss, se acerca la Navidad y no quería dejaros con un mal sabor de boca. Quizá os preguntaréis qué había en ese vídeo para que Gosunkugi pudiera manipular así a Ukyo. Pues eso os lo dejo a la imaginación de cada uno muahahahahaha. Espero que en general os haya gustado el fic, aunque a veces os haya llegado a desesperar la actuación de sus personajes pero chicos… es que hay que darle vidilla, si no sería muyyyyy aburrido.
La vez anterior os dije que esta historia iba dedicada a mi gatito, Orión, que cruzó el arcoiris el 18 de noviembre :( sé que me cuida desde donde esté y mi beta reader me pidió que escribiera una nota de ella respecto a él. Aquí os la dejo:
Sailordancer7: nota de la b reader… quiero dedicar este fic a Orión, que no alcancé a conocer pero que sin quererlo desarrollé un sentimiento especial hacia él. No sé si porque Sakura siempre hablaba de él o porque de verdad tenía algo especial, pero su energía llegaba hasta mí desde donde estuviera. Orión, amigo mío, seguirás siendo grande en la eternidad. Por si no fuera poco. quiero dedicar el fic a todos los animales sin hogar del mundo, por favor los que leen esto, hagamos un mundo de amor para ellos también. Adopten, ayuden, alimenten, acaricien…
Muchas gracias a mi bellísima beta reader por estar siempre ahí, por nuestras risas, por sus grandes conocimientos para este fic, por querer a Orión sin conocerlo en persona. Te quiero baby.
A mis locas por el Dios Griego, qué deciros también, que no sois mis amigas, sois mi familia. Os quiero mil chicas!
Muchísimas gracias a todos los que habéis seguido mi fic, que sabéis que lo hago con mucho cariño para distraernos y hacer que nos evadamos un poco de la vida cotidiana, espero haberlo conseguido. Haberos sacado una sonrisa, una lágrima, un… pero qué narices hace? todo me gusta. No voy a contestar reviews porque quiero publicar ya pero gracias a los que me escribieron y se tomaron la molestia Yeka 453, StaAkane, SusyChantilly, Andy-Saotome Tendo, Maryconchita, graceurglsq, Juany Rdz, Ibetzia, paulayjoaqui, Nao Saotome Malfoy, livamesauribe, Lu chan87, Lucitachan, 1Andrea11, Alicia Sanchez, hinatacris, azzulaprincess, Mina Ain0, Mayra Saotome, Sailordancer7, felicius, Ranma x Akane, Daniela Valezka Avila Gallardo, Invitado, Dayanna, Nidia, Caro Larrosah, Invitado, LumLumLove, nancyricoleon, Moly Diaz, Tear Hidden, Faby, SARITANIMELOVE, Vernica, Hana Note, Kijba, yamila Rojas, Cynthiagurud. Espero no haberme dejado a nadie! De verdad, no nos cansamos de repetirlo, vuestros entusiasmo en las historias es lo que nos hace seguir escribiendo.
Ahora sí me despido hasta la próxima, mil besos a todos y como siempre… Nos leemos!
Sakura Saotome :)
