XII

Draco parpadeó confuso ante la revelación de Granger. Hija de Bellatrix. ¿Cómo podía ser eso posible? Su tía y su tío Rodolphus apenas se hablaban. De hecho estaba muy segura de que Bella odiaba un poco a su marido. ¿Tendría ese odio algo que ver la hija que... dieron en adopción? ¿Abandonaron? ¿Fue raptada?

"¿Que tu qué?" Fue lo más inteligente que salió de su boca.

Vió como Granger puso los ojos en blanco y perdió el equilibrio, cayendo hacia un costado. Intentó llegar a tiempo para detenerla pero la chica acabó dándose un buen golpe contra el suelo. ¿Es que desmayarse era su hobbie? Le levantó la cabeza y revisó que no tuviera ningún golpe muy importante. Sacó su varita y murmuró "Ennervate".

El hechizo actuó de inmediato. La muchacha abrió los ojos y parpadeó rápidamente por unos segundos.

"¿Puedes oírme?" Preguntó él. Ella balbuceó algo ininteligible. "¿Granger?".

"Sí" Contestó ella. Intentó ponerse de pie, él la ayudó a sentarse.

"Así está bien, solo descansa un poco" Le dijo. Ella asintió de nuevo.

Se quedaron en silencio por unos minutos. ¿Qué podían decirse? Bueno, había mucho de lo que hablar pero al parecer ambos estaban demasiado shockeados. Pero, es que había sido de esperarse ¿No? Ella era la copia de su tía Bella, los mismos ojos, el pelo, la piel pálida de los Black, era de Slytherin «como su madre». ¿Qué esperaba que fuera? Ser hija de la hermana mayor de las Black habría sido una buena opción. ¿Cuál era su nombre? ¿Andromaca? ¿Andronida? Como fuera, ella podía haber sido su madre. O tal vez ser hija del primo Regulus, o incluso del traidor de Sirius, aquel convicto que había asesinado Bellatrix.

Se fijó en la chica. Con el rostro de porcelana y los ojos brillantes y oscuros parecía un ángel, se veía tan pura y candida. Con todos esos rasgos finos e inocentes se veía exactamente como una Black debería verse. Podía ver el parecido con Bellatrix, solo que su tía estaba tan abrumada por la vida que al parecer se había llenado de una gruesa capa de rencor. ¿Haber perdido a una hija era lo que le había cambiado la vida? ¿Querría Bella a su hija? ¿Y si solo la quería conocer para acabar con ella? Tragó grueso. Él no podría permitir nada de eso.

"Duele" Musitó la chica.

Él la miró. "Te diste un buen golpe".

Ella negó. "Aquí" Susurró, se tocó el pecho.

Draco la observó sin decir nada. Sí, de seguro dolía. Tantos cambios tan repentinos, de repente su familia no era su familia, sus amigos no eran sus amigos, su casa de Hogwarts no era su casa. ¿Quién era ella realmente? Estiró la mano y le tocó las yemas de los dedos con las suyas. De inmediato sintió la magia fluir entre ellos, sintió el dolor de su lado, colándose por sus venas, era duro, se sentía como si volviera a sexto año, toda la angustia, todo el miedo. Intentó reconfortarla, no sabía bien cómo hacerlo, jamás lo había hecho anteriormente, de hecho haberla tocado en clase de Pociones había sido más por instinto que por saber qué ocurriría.

"Me gusta cuando haces eso" Murmuró ella, juntando sus manos.

Él no contestó, a él también le gustaba. A él le gustaba ella. ¿Cómo podía ser posible? Sabía desde antes de admitirlo que estaba mal, ella no podía ser nada suyo porque había algo más grande detrás de todo, no solo era amiga de Potter y miembro de la Orden del Fénix, ahora era algo más importante, más imposible. Su prima-hermana, línea de sangre en primer grado. No podía mirarla con ojos de hombre, no podía siquiera mirarla, ella era sagrada, intocable. Era sabido que los sangrepura se comprometían dentro de la familia y todos estaban un poco emparentados, pero los compromisos eran entre cuarto y quinto grado de parentesco. Ella era tan Black como él, sería como que le gustara su propia madre.

El tiempo pasó hasta que el aula quedó a oscuras por la falta de luz solar que entraba por las ventanas. Solo pasaron las horas en silencio tomados de la mano explorando la magia del otro sin nada que decir. La conexión que tenían era fuerte, podía sentir que en ningún momento su magia la rechazaba o le parecía difícil navegar entre la suya, se acoplaban perfectamente. ¿Había alguna posibilidad de que Granger fuera su... hermana? Nunca había sabido si su padre le era fiel realmente a su madre, no era un tema que nunca fuera tocado en su familia, pero sabía que los demás magos amigos de su padre eran unos rufianes, engañaban a sus mujeres en burdeles mágicos y muggles, sin hacer diferencia de sangre. Su padre siempre se había mostrado en contra de estas prácticas y llamaba a sus amigos por lo bajo «traidores a la sangre», pero su tía Bella era sangre pura, posiblemente había sido muy bonita en su juventud, era menor que su madre y una seguidora fiel a las artes oscuras, cualidad que su padre no compartía con su madre.

Granger carraspeó en medio de la oscuridad. Hacía algo de frío y ellos llevaban mucho tiempo sentados en el suelo, sintió como ella se acercaba más a él.

"¿Qué opinas?" Le preguntó ella.

Él la miró, visualizó su silueta en la oscuridad, sus ojos brillando un poco con la luz de la luna que iluminaba apenas la habitación. ¿Qué opinaba?

"Estoy sorprendido, tal vez un poco desilusionado" Reconoció.

"¿No creías que una sangresucia podría ser parte de tu magnífica familia elitista?" Escupió ella.

Él le apretó la mano. "¿Qué? No" Se apresuró a contestar. "Ni siquiera se me pasó por la mente, además no eres una sangresucia".

"Lo soy" Le dijo ella con la voz un poco más alta. "Fui criada entre muggles, la única vida que conozco es la de los muggles, la magia era una fantasía para mí hasta que cumplí 11 años. Todas mis costumbres son muggles, toda mi vida es muggle, mis padres son muggles".

"Aún así no eres una sangresucia" Murmuró él. "Solo creciste en el lugar incorrecto".

"¿Lugar incorrecto? Creo que el lugar correcto fue y siempre será con mis padres muggles si la otra alternativa es crecer con una asesina seguidora de Voldemort".

El nombre del Señor Tenebroso envió una corriente de magia a través de las venas de Draco que a su vez envió descargas a la magia de ella. La chica jadeó y apartó la mano.

"¿Por qué hiciste eso?" Exclamó.

"No hice nada" Le dijo él tranquilamente. "Es el hechizo que está unido a la marca tenebrosa. ¿Sabes por qué lo llaman El-que-no-debe-ser-nombrado?".

Le pareció que ella fruncía el ceño mientras pensaba la respuesta. Finalmente luego de un minuto entero negó con la cabeza. "Creo que tengo una idea pero... No, realmente no lo sé".

Él sonrió.

"La marca tenebrosa no es solo para honrar a los seguidores del Señor Oscuro, es una firma mágica, es una especie de conexión entre él y sus mortífagos, parte de su magia fluye con la mía a través de la marca, sirve para localizarnos, para saber cómo usamos nuestra magia, para controlar y también para oír. En la primera guerra, si alguien hablaba de él, allí acudían los demás a acabar con quien lo había nombrado. De allí viene el temor de decir su nombre, él puede saber cuando alguien lo está diciendo y entonces..."

"Por eso nadie dice su nombre" Continuó ella por él. "Nadie sabía quién podía ser un mortífago, podría ser cualquiera".

Draco asintió. "Cada vez que alguien dice su nombre y algún portador de la marca está cerca, él puede oírlo. Si es una sola vez no pasa nada, pero cuando son varias veces envía a mortífagos a saber qué está pasando".

"Así encontraron a Harry y Ron el otro día en el bosque, fue tu marca".

Él asintió nuevamente. Le confortaba que ella lo dijera como si hubiera descubierto un gran misterio en vez de decirlo con reproche o asco.

Volvieron a quedarse en silencio hasta que ella habló de nuevo. "¿Por qué estás desilusionado?".

El rubio suspiró. No tenía que decirle, pero a su vez, posiblemente fuera su única oportunidad. ¿Pero por qué querría humillarse de esa forma? Muy posiblemente ella no sintiera nada por él, no es que él sintiera algo por ella pero tal vez...

"Somos familia" Murmuró él. "Y siempre seremos solo familia".

No miró hacia la chica para ver su reacción, solo se mantuvo viendo al suelo, a sus zapatos que brillaban un poco.

"Podemos ser amigos" Le respondió ella en voz baja.

Draco quiso decir que no le interesaba ser amigo suyo, pero lo repensó. En realidad el poco tiempo que había compartido con ella le había enseñado que ella era bastante agradable, además del gran detalle de que era sangrepura y muy inteligente. ¿Le gustaría ser su amigo?

"Podemos intentarlo" Murmuró él. "Pero yo..."

"¿Muchos prejuicios?".

"No" Contestó con el ceño fruncido. Ella siempre pensaba lo peor de él. "No sé si quiero ser solo tu amigo".

Merlín, lo había dicho. Se animó a verla, esperando encontrar alguna mueca de burla en su rostro pero ella solo estaba mirándolo con los ojos muy abiertos. ¿Por qué rayos tuvo que decirlo?

Granger bajó la vista pero él realmente no podía entender sus gestos en la oscuridad. ¿Estaría intentando contener la risa? ¿O tal vez estaba un poco sonrojada?

La chica se removió a su lado. Se acercó un poco más hasta que sus piernas quedaron pegadas. Buscó su mano en la oscuridad y se la apretó con fuerza. Él devolvió el gesto. Entonces ella dejó fluir sus emociones y él pudo sentirlo, a su ansiedad se sumó la de ella, como un deseo intenso de arrojarse a sus brazos. La miró. ¿Ella estaba haciendo eso? ¿O era él mismo?

El susurro de ella fue casi inaudible. "Yo tampoco quiero que seamos solo amigos".

Sus ojos brillaban aún más ahora y parecía todavía más hermosa iluminada tenuemente. Él estiró la mano y la puso en su mejilla, ella inclinó un poco la cabeza hacia su mano. Su piel era suave y caliente, lo que indicaba que probablemente sí estaba sonrojada. La morena se mordió el labio. Dulce Salazar, que lo protegiera de cometer una idiotez.

Fue ella quien se acercó. De repente podía sentir su aliento sobre su piel, el aroma de su pelo alrededor suyo, vainilla y aquella extraña mezcla de flores que nunca podía comprender. Sintió el corazón acelerarse aún más y su estómago revolviendose de anticipación. Ella se humedeció los labios con la lengua y él no pudo resistirlo más. Solo era un simple mortal con hambre y una fruta exquisita frente a él.

Cerró más la distancia y le rozó los labios con la boca. Ella movió la cabeza para acariciarlo con los labios y ambos ahogaron un jadeo, era como si el oxígeno se hubiera cortado.

Él le susurró sin separarse. "Esto es un error".

"Pero se siente tan bien" Contestó ella en otro susurro.

Se acercó los milímetros que impedía que se besaran y juntó completamente sus labios. Él abrió los suyos y ella no dudó en aprovechar el movimiento, lo besó como si estuviera bebiendo de él. Draco le mordió el labio inferior y ella lo recompensó con un gemido entrecortado que envió descargas eléctricas al sur de su cuerpo, lo que tuvo que haber sucedido con ella también porque aún estaban tomados de la mano. La chica se inclinó completamente contra él y el beso se volvió más demandante.

Algo en su mente le dijo que esto estaba mal, muy mal. Ella era prácticamente su hermana, podía considerarse incesto. Granger compartía su sangre, ella era su familia, él no podía aprovecharse así. Pero Merlín, su boca en la suya, el calor de su lengua...

No. Debía pararlo.

A duras penas se apartó de ella haciendo que la bruja cayera un poco hacia delante cuando él se retiró. Ella abrió los ojos y lo miró sorprendida. Ambos respiraban agitados.

"Familia" Argumentó él. Una sola palabra que era razón suficiente para que nada pudiera suceder entre ellos.

Ella parpadeó un par de veces y se puso de pie. No le contestó. Se sacudió el uniforme y se dirigió a la puerta. Él quiso llamarla pero tampoco fue capaz de decir nada más. Ella se demoró unos segundos en abrir la puerta y marcharse, él sabía que quería que dijera algo más. ¿Que se retractara? No podía hacer eso. Cuando se dió cuenta que él no abriría la boca salió y cerró suavemente la puerta tras sí.

Draco se tapó la cara con las manos. ¿En qué lío estaba metido? Cerró los ojos con fuerza. Le gustaba su prima, la hija de Bellatrix y Rodolphus. Su madre pondría el grito al cielo si se enteraba. De repente quiso reír por lo surreal de la situación. ¡Granger era su prima! La sangresucia había resultado ser una sangrepura! Y a él le gustaba.

Se llevó los dedos a los labios y se acarició suavemente. Deseaba recordar ese beso por siempre.

Cuando regresaba a su sala común temió ser encontrado por Filch o algún profesor en los pasillos, al menos si ella hubiera ido con él tendría menos problemas si era descubierto fuera de la hora establecida. Afortunadamente no encontró a nadie y pudo llegar sin problemas a su sala y posteriormente a su habitación. Tenía deseos de lanzarse a la cama y descansar luego del día tan largo y lleno de emociones que había tenido, pero aún debía darse una ducha y escribirle a Bellatrix.

Mientras el agua lo mojaba y se llevaba el cansancio del día con ella, Draco pensaba en qué le diría a su tía. Era sabido que a la bruja no le gustaba recibir un no como respuesta y que tal vez se pondría un poco -más- loca ante la negativa de Granger.

Una vez que estuvo limpio y relajado, se sentó al escritorio a pensar qué decirle a la mujer. Luego de unos minutos pensando, finalmente escribió algo que creyó que podría hacerle ganar un poco de tiempo.

«Fue criada por muggles, tiene miedo de verte. Recién podremos salir el sábado».

Corto y conciso. No necesitaba mucho más. Llamó a Amadeus para que enviara la carta, la alimentó con un par de galletas y un poco de agua antes que emprendiera su camino. Dejó la ventana abierta por si volvía por la noche y se acomodó en su cama para dormir, pero por más que lo intentó el sueño no llegó a él. El fantasma del beso de Granger lo perseguía y apenas cerraba los ojos podía ver sus ojos negros brillantes acercándose a él y la sensación suave de sus labios contra los suyos. Necesitaba sentirla de nuevo, necesitaba conocer mejor su sabor y la textura de su boca en compás con la suya.

Se llevó las manos a la cara y ahogó un gemido de frustración. Tenía que sacársela de la cabeza. ¿Qué maldita mosca le había picado para besarla? Teóricamente ella lo había besado a él pero él continuó con ganas el beso así que ambos tenían la culpa, él la tenía por no detenerla, maldición.

El sonido del revoloteo de Amadeus lo despertó de un leve letargo cuando por fin estaba quedándose dormido un par de horas más tarde. El ave se posó sobre un arco que tenía en su habitación para él. No tenía ninguna carta en la pata, ningún paquete, ninguna respuesta. Suspiró antes de volver a quedarse dormido, lo único que rogaba era que a su tía no se le ocurriera enviar otra misiva a la hora del desayuno y le trajera más problemas con McGonagall, tal vez debería ponerla sobre aviso, tal vez debía decirle que Granger... Pero sus pensamientos no acabaron porque fue sumergido en las suaves olas del sueño, olvidando cualquier problema que podría surgir en las siguientes horas.

Cuando fue a desayunar a la mañana siguiente, ella no estaba en su mesa habitual. Sus amigos estaban allí pero no había rastro de Granger por ningún lado. En la mesa de profesores, McGonagall alternaba la mirada entre él y la entrada del Comedor. ¿También buscaba a Granger? ¿Creía que él le había hecho algo por eso no le quitaba los ojos de encima? Cuando el correo llegó, a él solamente le entregaron la edición de El Profeta, ninguna lechuza más había volado hasta él. ¿Su tía Bellatrix no había dicho nada? ¿Tan ofendida estaba? Al menos no le había enviado un vociferador.

Cuando estaba hojeando la sección de deportes, su magia sintió un tirón conocido y todos sus sentidos se pusieron en alerta. Días atrás habría asociado la sensación con su madre o incluso su tía Bella, pero ahora sabía de quién se trataba, la conexión era más fuerte, más poderosa, más sensitiva. Levantó la vista y la vió entrando al Comedor luciendo totalmente adorable, con el pelo completamente despeinado, los botones de la camisa del uniforme mal abrochados, un calcetín más bajo que el otro, la túnica doblada sobre su brazo izquierdo pero lo más llamativo era el brillante collar de los Black resplandeciendo en su cuello.

Maldición.

Ella miró hacia donde él estaba y sus ojos se abrieron de par en par cuando se cruzaron con los suyos también abiertos en sorpresa. Se arregló la falda y caminó más rápido hacia su mesa, cuando se sentó posiblemente sus amigos la llenaron de preguntas. Ella no apartaba la vista de él. Oh, Granger, ¿No puedes ser más obvia?

Se sostuvieron la mirada como si todo el Gran Comedor hubiera desaparecido de su alrededor. Él quería acercarse hasta ella y por Merlín que necesitaba volver a probar su boca. Las mejillas de ella estaban coloreadas y no estaba haciendo otra cosa más que observarlo, podía sentir su magia buscándolo, llamándolo. ¿Cómo podían compartir tanta afinidad? Aquello no parecía muy normal. Pero lo que realmente no era normal eran los murmullos que empezaban a formarse en el Comedor, incluso en la mesa de Slytherin.

Draco se llevó la mano a la garganta y se la tocó para indicarle a ella que tenía a la vista el collar. La chica tardó un par de minutos en entender el mensaje. Abrió aún más los ojos y finalmente centró su atención en sus amigos, quienes estaban haciendo sonar sus dedos frente a su rostro. La vió balbucear un par de palabras y llenarse la boca de cereal probablemente como una táctica de escape para no contestar.

Draco bajó la vista y sonrió para sí. Pese a que ella ya no fuera su enemiga, todavía le divertía verla en apuros, años anteriores disfrutaba verla no saber una respuesta en clases o ser regañada por algún profesor a causa de sus amigos. Sabía que el tema era más delicado esta vez, ya que estaba en juego su secreto, pero aún así el hecho de verla hacer malabares para sacarse de encima a sus -ex- amigos hacía por costumbre que se regocijara un poco.

Las puertas del Gran Comedor nuevamente fueron abiertas y como era costumbre, la mayoría de los ojos se giraron hacia allí para ver quién hacía una entrada triunfal fuera de hora. Draco entre todos ellos, aparte de hacerlo por curiosidad, sintió cómo su piel vibraba suavemente con la presencia de algún conocido, al instante lo diferenció de la sensación que le hacía sentir Granger. Se trasladó a la noche en la que McGonagall lo encerró en el laboratorio de pociones y él creyó sentir la magia de algún miembro de su familia cuando en realidad había sido Granger. Tampoco nada cuadraba esta vez. La mujer y el hombre que ingresaban por la puerta tenían toda la pinta de ser empleados del Ministerio. La mujer que parecía rondar los 60 años caminó muy decidida hasta la mesa de profesores y habló brevemente con Filch quien con una desagradable sonrisa subió hasta el podio donde la directora McGonagall estaba. La anciana hizo contacto visual con Draco y sonrió friamente. El chico frunció el ceño. ¿Qué?

La bruja bajó hasta donde los recién llegados esperaban y compartieron un par de palabras. La directora se encaminó hacia su mesa y él no tuvo buen presentimiento acerca de eso. ¿Le había ocurrido algo a su madre que alguien del Ministerio venía a informarle? Sintió una molestia en el estómago y el tintinear de su magia por la familiaridad absurda que sentía desde que la pareja había ingresado.

"Señor Malfoy" Dijo la directora apenas llegó a su encuentro. "Acompáñeme al pasillo, por favor".

El chico asintió sin discusiones. No podía pedir explicaciones y negarse a acompañarla. La mujer y su acompañante los siguieron hasta el pasillo donde la directora volvió a entrar por unos segundos y salió seguida de Granger. La mujer del Ministerio estaba de espaldas a la puerta del comedor por lo que no se percató de la presencia de la chica, solo tenía ojos para Draco y a él lo incomodaba profundamente.

"La señora Hamilton es del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica y ha venido a corroborar que todo se encuentre bien con usted, señor Malfoy".

La mujer sonrió abiertamente y Draco pudo haber contado hasta sus últimas muelas si ella hubiera mantenido la sonrisa por un segundo más.

"Me gustaría revisar su habitación, señor Malfoy" Dijo con una voz dulce y empalagosa. "Solo para ver que todo esté en orden, no queremos ningún problema con el Ministerio, ¿No es así?".

El chico asintió sin contestar. La directora asintió a su vez. "El señor Malfoy ha estado siendo vigilado por la señorita Granger, quien es Premio Anual -al igual que el señor Malfoy-, es de las brujas más brillantes de su generación y..."

"Sí, muy bien" Dijo la mujer sin mirar a la gryffindor que aún estaba detrás de McGonagall. "Tendré unas palabras con ella también luego. Creo que lo mejor será empezar ahora con la revisión para no perder tiempo".

La directora asintió complacida.

"¿Podrá mostrarle a mi compañero el señor Haden las medidas de seguridad que tiene en el colegio para prevenir la entrada de nuevos...?"

La anciana asintió nuevamente. "Por supuesto, será un placer. La dejo trabajar. Señor Haden si es tan amable de seguirme".

El hombre realizó una reverencia y ambos se alejaron por el pasillo en dirección a las puertas principales. Draco, la mujer y Granger se quedaron en silencio viéndolos marchar. Una vez que estuvieron fuera de la vista, la mujer se dirigió a él nuevamente, esta vez con un brillo acerado en los ojos y todas las alertas del rubio se encendieron.

"Muy bien, querido Draco" Hizo énfasis en «querido» y se pasó la lengua por los labios de una forma muy familiar. "Creo que no necesitaré de ayuda. Puede retirarse señorita..."

Giró para mirar a Granger cuando su frase se cortó y jadeó levemente, dió un par de pasos hacia atrás y se atajó del hombro de Draco para no caer.

"Hermione" Susurró, muy despacio.

La chica la miró con sorpresa y confusión. "Sí, señora". Contestó la bruja quien extendió la mano para que la mujer se la estrechase pero esta no articuló palabra.

La mujer se llevó una mano al pecho y respiró agitadamente. Se acercó más a Draco y él pudo sentir el suave aroma a vainilla y jazmín que solo pertenecían a dos mujeres que él conocía muy bien, su madre y su tía.

Puso una mano sobre el brazo de la mujer que aún estaba en shock y la estiró hasta un aula vacía donde Granger los siguió aún sin entender nada. El rubio cerró la puerta con varios hechizos ante la atenta mirada de la morena.

"¿Qué haces?" Preguntó Granger.

"Hermione" Susurró de nuevo la bruja del Ministerio.

La chica frunció el ceño y los miró de hito en hito a ambos. "¿Qué está pasando?".

Draco suspiró. ¿Es que su tía había enloquecido oficialmente? ¿Aún más?

"Creo que deberías quitarte el hechizo para que ella entienda" Comenzó Draco dirigiéndose a la mujer a quien había reconocido al momento de sentir su aroma. Ahora tenía sentido que su magia reaccionara ante su presencia. "Estás realmente loca para arriesgarte a venir así".

La bruja no dió señales de haber escuchado porque aún miraba fijamente a Granger quien parecía bastante intimidada pero sobretodo alerta. El rubio podía ver sus dedos en tensión a su costado listos para invocar su varita al primer movimiento sospechoso.

"¿De qué estás hablando Malfoy?" Preguntó ella con la voz un poco más elevada de lo normal.

"Deja que me presente, querida" Murmuró la mujer del Ministerio despertando al fin del trance y sacando su varita. Se tocó suavemente la cabeza con la punta de la misma y el hechizo que tenía encima fue desvaneciéndose hasta dejar ver a quien realmente estaba bajo el disfraz de empleada del Ministerio. "Soy Bellatrix Black, y soy tu madre".