Draco llegó prácticamente corriendo a San Mungo, había tenido que salirse del trabajo y aunque no tenían tantos clientes aquella noche, por el terrible clima que no parecía ceder, su jefe no había estado muy contento con la idea hasta que Draco había tenido que decir la verdad, habían atacado a su novio y estaba internado en el hospital.
Gracias a su plan de hacerse famoso en el mundo mágico como el nuevo novio de Harry Potter, ya no temía ir por allí recibiendo miradas de sospecha, ahora todo el mundo conocía su rostro, todos sabían quién era y lo respetaban. Por ello, cuando llegó al hospital, la recepcionista ni si quiera se molestó en preguntarle si necesitaba algo, inmediatamente le dio instrucciones de como llegar a la habitación donde se había trasladado al héroe y después de dedicarle una sonrisa que intentaba calmarlo, agregó que enviaría de inmediato al medimago encargado para que le confirmara lo que ella ya le había dicho, Potter estaba bien, a salvo y que no tenía nada de que preocuparse.
Malfoy se plantó frente a la sala de espera de la cuarta planta, en la que ya se encontraban Granger y la comadreja junto con toda la pandilla de Weasleys y Sirius Black, todos parecían tranquilos, al parecer la mujer de la recepción no le había mentido y Harry estaba perfectamente bien.
Se sentó junto a Fred (o George, no sabía cual era cual) quien se encontraba bastante ocupado hablando con la comadreja menor y se quedó en silencio, mirando fijamente hacia el pasillo que llevaba a la habitación de su novio, la 418.
Apenas había comenzado su turno cuando una lechuza había aparecido por la puerta principal causando un alboroto. Por supuesto que Draco reaccionó rápido, la atrapó usando de pretexto que de pequeño su familia tenía un criadero y desapareció tras la puerta de empleados. El ave, por supuesto, llevaba una carta para él; Harry había sufrido un accidente, su escuadrón se encontraba tratando de controlar a un troll que hacía de las suyas muy cerca del rio, la concentración de magia había sido demasiada y había causado una explosión accidental. El troll había sido reducido y todos los aurores habían salido lastimados, pero Potter, como siempre, pensó Draco, se había llevado la peor parte; su magia era más fuerte que la de cualquiera y había sido la detonante del accidente, aunque todos sabían que se debía al descontrol mágico que últimamente estaba teniendo lugar en Inglaterra.
Harry había sufrido de una fractura en la pierna derecha y quemaduras en todo ese lado del cuerpo, también su ojo del mismo lado había sido ligeramente dañado y aunque se estaba recuperando, su visión había disminuido notablemente y tal vez Draco hubiera hecho un chiste sobre su ceguera antes del accidente peor estaba demasiado ocupado preocupándose por el auror. Se sentía como cuando estaba en el colegio y le tocaba sentarse a esperar a que Potter saliera bien librado de alguna de sus aventuras a las que no estaba invitado por lo general y era horrible.
Se encontró pensado en que dejaría su trabajo, al menos por un tiempo, pediría permiso para cuidar de Harry, a quién le habían otorgado algunos días de incapacidad para que se recuperara por completo. Pensó en que, pese a lo desafortunado del incidente podían sacarle provecho, pensó que podrían pasar juntos los días y recuperar el tiempo que habían perdido ocupados en sus propios asuntos, pensó que, por fin era el momento.
No faltaba mucho para la fiesta de los Malfoy en la mansión, tres semanas exactamente y su plan para acercarse a los anfitriones estaba completamente armado, con planes extras de la "a" a la "z" por si algo salía mal y ahora Draco solo debía concentrarse en él y aunque le hubiera gustado invertir ese tiempo en Harry no podía, el trabajo lo estaba consumiendo, ser auror en esas fechas no era fácil y Malfoy lo comprendía, o al menos lo intentaba. Sabía por Granger que Pansy estaba tan o más ocupada que el héroe con todo el caos mágico que estaba teniendo lugar y Draco pronto se encontró pasando tiempo con la sabelotodo; Blaise estaba demasiado ocupado dándole celos a Ronald con Nott, Harry y Pansy trabajaban, y además, aparte de Granger, nadie lo recordaba. No era del todo malo, de hecho, Draco pensaba que hasta era un poco entretenido; Hermione era sumamente inteligente y culta, no era sangre pura, eso era verdad, pero aquello era fácil de olvidar con las grandes habilidades de la chica para casi todo, todo excepto la cocina, la pobre parecía tan perdida como él.
Por eso no se sorprendió cuando Granger se sentó a su lado y Ronald lo miró con cara de pocos amigos, no porque Ron lo odiara a él, era más bien que odiaba que fuese amigo de Blaise "el traidor". Draco recibió a la castaña con una pequeña sonrisa de disculpa por no haber llegado directamente a saludar, pero todos parecían tan ocupados que él se había limitado a sentarse y mezclarse con ellos como si siempre hubiera estado ahí.
Hermione pronto comenzó con la explicación que ya le habían dado en la recepción e inmediatamente la charla cambió en torno a Pansy quién se encontraba haciendo algo misterioso como una inefable ejemplar pero que había prometido llegar lo antes posible. Se entretuvieron en cosas banales y hasta bromearon un poco hasta que llegó Blaise acompañado de Theo, ambos enfundados en túnicas lujosas que indicaban que acababan de salir de alguna reunión de negocios. Draco supuso que Ronald había hecho mala cara o algo, por que Granger se excusó y se fue con él a la esquina más apartada de la sala mientras Malfoy se iba con Blaise a un lugar más apartado.
—Te pedí que vinieras solo —Le dijo el rubio a su mejor amigo y luego miró a Nott. —Sin ofender Theodore, tú no eres el problema, pero sabes que... —El castaño agitó la mano restándole importancia.
—Draco, tú eres mi mejor amigo, Potter es tu novio y Theo el mío, no me importa lo que piense Weasley.
—Solo no quiero un escándalo aquí, es un hospital y Harry está allá dentro, descansando de un feo accidente —Señaló la habitación con la cabeza.
—Lo sé mamá gallina, nos portaremos bien —Draco asintió con resignación. — Greg me mandó una lechuza, no ha podido zafarse del trabajo.
—Me imaginé aquello, Hermione me ha dicho que Pansy probablemente llegue más tarde —Le confirmó.
—¿Qué te han dicho del cara rajada?
—Está bien, pero no lo llames así Blaise, por favor —El moreno sonrió con diversión y Nott negó divertido. —Solo están terminando de checar su estado y pronto nos dejarán pasar a verlo. Granger me ha dicho que me han puesto primero en la lista —Lo dijo un poco avergonzado —Al parecer Black a rezongado un poco, pero al final a cedido —Los tres Slytherin miraron al padrino de Potter que se removía inquieto sobre su asiento, como si fuese un niño de cinco años bastante aburrido.
No mucho tiempo después el medimago encargado apareció por el pasillo y le indicó a los presentes que pasarían a ver al paciente conforme a la lista de visitas que habían elaborado y Malfoy no tardó en ponerse de pie del asiento y caminar hasta la habitación de Harry, no sin antes agradecer a todos con la mirada por haberlo dejado ir primero, suponía que lo habían hecho más por Harry que por él, pero aquello no le importaba demasiado, él tenía suficiente con saberse importante en la vida del moreno y que todos lo supieran.
Abrió la puerta con delicadeza pese a que el doctor le había dicho que Harry estaba completamente despierto. Del otro lado, dentro de la pequeña habitación que se encontraba prácticamente a oscuras, Harry descansaba sobre la cama, mantenía la mirada fija en sus manos las cuales estaban vendadas y parecía estar pensando en algo realmente importante, algo serio. No sabía si interrumpir su momento de reflexión, Harry por lo general detestaba ser interrumpido cuando estaba en esa faceta, pues le costaba mucho volver a concentrarse.
No tuvo que interrumpir, Harry notó su presencia un par de segundos después y cuando lo miró le sonrió cálidamente, haciendo que aquella seriedad se desvaneciera casi de inmediato. Draco le sonrió de vuelta y se adentró al cuarto, cerrando la puerta tras él y tomando asiento junto a Harry a quién le tomó la mano de inmediato, teniendo cuidado de no lastimarlo.
—Estaba preocupado —Le confesó, mirándolo como si fuese a regañarlo, pero Harry sabía que en realidad no estaba enojado con él. —Mira que herirte con tu propia magia...
—Sabes que no fue mi culpa —Contestó el moreno, divertido.
—¿Dolió mucho? —Harry asintió, él no era de los que se hacían los valientes.
—Soy más fuerte de lo que creí —Draco sonrió ampliamente.
—Presumido...
Después de un momento en silencio Harry dijo:
—Cuando todo pasó tuve una visión —Draco, quien hasta el momento había estado ocupado jugando con las vendas en las manos de Harry y disfrutando del silencio, alzó su mirada hasta su novio. —Me vi causando un montón de caos por todas partes, comandando gente para hacer daño, fue horrible, era como si me hubiera convertido en Voldemort... —Draco lo miró serio, sabía lo que Harry había visto, él también lo había hecho y se preguntó si podría confesarle lo que aquella visión significaba, pero antes de poder decir algo Harry continuó. —Me sentía vacío, como si no pudiera sentir nada más aparte de odio y frustración y eso estaba causando estragos en mí y en todo lo que me rodeaba, fue una sensación bastante fea y luego... Alguien... o algo, no lo sé, me dijo que tú me habías... que tú, bueno, que tú me habías salvado de aquello —Sonrió cálidamente y Draco pensó en que seguramente había sido Amor. —También me dijo que teníamos que seguir trabajando, que casi lo logramos, que casi llegamos y luego... —De repente se puso serio, igual que cuando Draco había entrado a la habitación —Alguien más me dijo que era tu culpa... lo del clima, la magia descontrolada haciendo volar las cosas, los accidentes, las creaturas como los dementores siendo atraídas por esa magia... y... me dijo que la única manera de que todo se detuviera era que regresaras —Había miedo en su voz. Draco se puso de pie, se habían atrevido a usar a Harry y su buena voluntad para que se rindiera, eso era jugar sucio... Destino estaba jugando sucio.
—¿Vas a entregarme? —Le preguntó sintiéndose inseguro, presa del pánico.
—Por supuesto que no, idiota —Harry se alteró tanto como Malfoy. —Pero tenemos que buscar una manera de que esto termine, tú vas a quedarte aquí para siempre y no sé si...
—¿Si qué? ¿Si podrás vivir a mi lado sabiendo que tenías en tu mano la oportunidad de salvar al mundo de nuevo? —Draco sabía que aquello no era verdad pero temía que Harry decidiera por el bien común y no por ellos dos, que le pidiera marcharse para que aquel caos terminara.
—Draco, por favor, no es el momento, entiendo que te sientas abrumado, pero en realidad yo... bueno, estuve pensando en otra cosa... —El rubio se quedó de pie junto a la cama, pensando, Harry se estiró con una mueca de dolor y tomó su mano. —No estoy seguro de que funcione y aún tengo que pensármelo pero ten por seguro que perderte no es una opción.
Malfoy se sentó nuevamente, con el alma en un hilo y la mano de Harry como única ancla a la tranquilidad, sabia, claro que lo sabía, lo mucho que Harry lo amaba, pero también sabía que el héroe siempre había sido un Gryffindor ejemplar, uno que había sacrificado su propia vida por todos y no quería que esta vez sacrificara lo que tenían con tal de mantener la seguridad de la mayoría. En los últimos meses en que todo había empeorado, había muerto mucha gente a causa de las catástrofes mágicas, tanto muggles como magos y sabía que Harry no se quedaría sentado, no si tenía una solución.
Harry pudo ver el miedo en sus ojos, o eso pensó, pues no encontró otra razón para que el auror jalara de él y lo besara tranquilamente, muy lento, tratando de infundirle tranquilidad, paz y amor. Draco se alteraba bastante rápido, pero Harry sabía cómo tratarlo, como hacerlo calmar, como detener la tormenta y Malfoy sabía que no había mejor lugar para él que entre los brazos de la persona que más amaba.
—Lo siento —Susurró cuando Harry se apartó de él y recargó su frente contra la del rubio. —Es solo que estoy algo... ansioso... en tres semanas todo se decidirá y yo... tengo miedo Harry... —Potter abrió mucho los ojos, aquella era la primera vez que Draco le decía en voz alta lo que sentía, siempre se había mostrado seguro y fuerte, y en ese momento, al verlo tan frágil sintió que de pronto era más fuerte.
—Es normal tenerlo, yo lo tendría... —Dijo besando su mejilla y Draco soltó una risita amarga.
—Tú eres Harry Potter, el héroe del mundo mágico, vuelas sobre dragones, los enfrentas, rescatas magos ineptos, detienes magos oscuros, peleas contra basiliscos vuelas en hipogrifos e irrumpes en dependencias del ministerio altamente protegidas como si se tratara de tomar el desayuno...
—Y tú eres Draco Malfoy, quién aceptó ser amigo del chico con más problemas en el mundo, quién creó su primer patronus sin entrenamiento previo, quién aceptó ser un agente infiltrado, ignorando el riesgo que aquello implicaba, aceptaste la misión de matar a Dumbledore, protegiste a tu familia como nadie que yo haya conocido, peleaste a mi lado, también montaste en un dragón e irrumpiste con nosotros en Gringotts, y juntos derrotamos a Voldemort, cambiaste tu existencia por mi vida y un mundo libre de Riddle, soportaste los maltratos y humillaciones cuando estuviste cautivo en la mansión y no te quejaste ni una sola vez, joder Draco has hecho cosas maravillosas, eres la persona más valiente que he conocido.
Draco lo miró, jamás lo había visto de aquella manera, para él, Harry siempre había sido el héroe, el que se llevaba toda la gloria porque se lo merecía, y hasta cierto punto, se desacreditaba a sí mismo. No que sintiera celos por la gloria de Harry, al contrario, siempre se había sentido orgulloso, él era un Slytherin, siempre actuaba por su conveniencia y Harry no, él actuaba por amor a la humanidad. Y si bien sus acciones no habían sido desinteresadas, pues casi siempre había calculado todo minuciosamente (excepto tal vez, lo del patronus), jamás se había detenido a mirar sus propios logros y que Harry se lo mencionara con tal emoción le hacían sentirse orgulloso de sí mismo y un poco más fuerte.
Sonrió discretamente mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, odiaba ser sentimental pero Harry siempre había logrado tocar algo dentro de él que le hacían sentirse ridículamente enamorado y emocionado y entonces decidió que podía con todo lo que viniera después, que lo haría por Harry y el futuro que les prometían.
—Voy a renunciar al trabajo —Dijo finalmente. —He decidió que cuidaré de ti mientras estés en este estado, Lupin y Black tienen trabajo que atender y yo he juntado suficiente para mantenerme con vida al menos un mes.
—Sé que te encanta tu trabajo...
—Tú eres más importante... además, en poco menos de tres semanas será la fiesta y quiero pasar la mayor parte del tiempo contigo... todo lo que pueda...
—Espero que no sea porque piensas que no lo lograremos. —Draco sonrió altivamente, recordándole a Harry al chico del colegio que había sido uno de sus mejores amigos.
—Claro que no, Potter, después de esa noche tendré que ponerme al corriente con mis estudios y comenzar a hacerme cargo de algunas de las acciones de mi familia y probablemente no tendré el mismo tiempo —Harry sonrió satisfecho y Draco lo besó. —Ahora debo salir, los demás deben estar ansiosos por verte.
El moreno asintió y Draco salió de la habitación. Los amigos de Harry pasaron uno a uno, a veces de dos en dos, esa noche Harry tenía que quedarse en observación, pero al día siguiente podría ser llevado a casa, así que mientras la fila interminable de Wasleys terminaba de pasar, Draco aprovechó para volver al trabajo y presentar su renuncia, iba a extrañar aquel lugar, llevaba varios meses trabajando ahí y le había cogido cariño a la gente y al lugar, a la música y al ambiente. Por supuesto su jefe le había casi rogado que no se marchara, él solía atraer bastantes clientes y hasta le había ofrecido un aumento, pero la respuesta fue rotunda, Draco se negó y explicó las razones. Su jefe finalmente se rindió y prometió enviarle su liquidación al día siguiente, pese a no haberlo despedido y Draco prometió enviar el uniforme lo más pronto posible, pues aún lo traía encima.
El rubio salió del local por la puerta de empleados, no había podido despedirse de nadie, estaban en horario laboral y no podía interrumpir, pero se prometió que lo haría al día siguiente, cuando fuera a entregar el uniforme antes de que abrieran. Estuvo a punto de aparecerse cerca de San Mungo cuando una fría mano le detuvo y le llevó a otra parte.
La sensación de aparición por lo general le gustaba, pero aquella le había tomado por sorpresa, haciéndolo trastabillar un poco cuando sus pies finalmente tocaron suelo firme. No sabía donde estaba, no conocía aquella casa de nada y comenzó a sentirse ligeramente asustado, sensación que se disipó cuando divisó a Liam a su lado, aún lo sujetaba de la muñeca, con bastante fuerza y le miraba con los ojos entrecerrados como si buscara enfocarlo de alguna manera. Estaba borracho.
Draco suspiró, tenía semanas de no ver al auror, desde que se había marchado con Harry al London Eye. Liam cada vez aparecía con menos frecuencia en su trabajo y cuando la noticia de su romance salió en todos los periódicos mágicos dejó de visitarlo definitivamente y Draco sabía, lo había lastimado, aunque realmente no era que le importara, él le había dicho al chico desde el principio que no tenía intenciones de nada y éste lo había aceptado, ofreciéndole su amistad, supuestamente.
—Prometiste que dejarías de beber —Le reprendió. —Sabes que con tu trabajo no es buena idea que lo hagas.
El chico de ojos avellana pareció no escucharlo, por que comenzó a acercarse a él de manera peligrosa y Draco no sabía si estaba cayendo inconsciente sobre él a causa del alcohol o si quería besarlo. Cuando se dio cuenta que era lo segundo giró la cabeza y se sintió fastidiado, debía estar con Harry en el hospital cuidando de él, no siendo retenido por un borracho.
Buscó su varita entre su ropa pero no la encontró, así que miró las manos de su acompañante y la divisó con facilidad, el jodido auror había usado sus técnicas para arrebatársela sin que se diera cuenta, aún borracho parecía bastante hábil. Bufó, sabía que podía intentar salir por la puerta y llegar al modo muggle hasta San Mungo o podía golpear a Liam en el rostro por haberse atrevido a raptarlo de aquella manera y encima haber intentado algo con él cuando sabía que estaba con Harry.
—Me voy Liam —Dijo zafándose de manera brusca de su agarre y caminando hasta la puerta, la cual soltó un chasquido nada más puso la mano en el pomo, la había sellado.
Miró al pelinegro con expresión furiosa que no se molestó en fingir por que realmente se sentía enojado, Liam se tensó ligeramente, pero no retrocedió ni dio señales de rendirse. Draco caminó erguido hasta él y extendió la mano, indicándole que quería su varita y que la quería en aquel momento. Claro que sabía hacer magia sin varita, pero hacerlo en las condiciones en que la magia se encontraba era peligroso, incluso podía terminar junto a Harry en San Mungo. Draco bajó la mano, el auror no le devolvería su varita al parecer.
—Déjate de tonterías, devuélvemela —Protestó.
—Un beso —Dijo arrastrando las palabras, recordándole a Draco que estaba ebrio. —Solo un beso, Draco y luego podrás marcharte.
—Sabes que no le haría eso a Harry, así que lo siento, no hay trato —Liam frunció el ceño, se notaba que le costaba un poco pensar.
—Harry te lo hizo a ti —Le dijo y el rubio se tensó ligeramente recordando aquello. —Si me besas estarán a mano.
—Eso es ridículo, no somos niños y yo le amo —El joven entrecerró los ojos, claramente enojado por sus palabras.
—Si me besas, te aseguro que dejarás de hacerlo.
—Si no vas a devolverme mi varita abre la maldita puerta, o voy a olvidar que fuimos amigos y te partiré la cara al estilo muggle —Liam soltó una carcajada.
—Soy auror, Draco, no te equivoques, podría someterte si quisiera.
—Y yo he pasado la mitad de mi vida junto a Harry Potter, sé cómo defenderme.
Aquellas fueron las palabras que Liam esperaba, soltó las varitas y se abalanzó sobre él con todo su peso, Draco, que no era para nada un debilucho, forcejeó con él. Intentaba besarlo y sus labios olían extrañamente bien, Draco sabía que probablemente era efecto de alguna poción, si lo besaba seguramente quedaría bajo los efectos de alguna poción de amor. Podía oler el polvo de roca lunar y la esencia de rosas, no estaba equivocado, incluso podía oler algo de menta.
Empujó al chico con todas sus fuerzas proporcionándole un golpe en el rostro y aquello le dio el tiempo suficiente para buscar su varita en la oscuridad de la sala. Sin embargo, cuando se acercó a ella Liam lo tacleó en el suelo, a solo unos centímetros de su objetivo. Lo sometió con bastante dificultad, Draco había dado batalla, pero al final se había encontrado casi inmóvil debajo del cuerpo del auror quién parecía genuinamente decidido.
Liam se inclinó sobre él, mientras Draco estiraba la mano todo lo que podía para alcanzar su varita, había intentado un encantamiento convocador, pero la casa parecía tener protecciones para ello, así que cuando el otro estuvo a punto de besarlo no pudo más que cerrar los ojos y murmurar:
—Repellio...
Liam si se apartó, salió volando hasta el techo de manera agresiva, pero el encantamiento se había salido de control, haciendo explotar todo alrededor, destrozando la sala y causando en la piel de Draco quemaduras, golpes y cortes que le causaba la madera que volaba de un lado a otro.
Joder. Pensó mientras un encantamiento protector le salvaba de seguir sufriendo daño. Se puso de pie con algo de dificultad y buscó su varita, sin éxito, seguramente había salido disparada cuando todo había explotado. Decidió usar de nuevo un encantamiento convocador, ahora que la mitad de la casa prácticamente se había caído funcionó y Draco obtuvo su varita. Buscó a Liam entre los escombros, se veía fatal y por un momento Draco temió haberlo asesinado accidentalmente, pero no, el bastardo aún respiraba y aquello solo hizo que el rubio deseara que se recuperara pronto solo para después molerlo a golpes él mismo; no podía creer que Liam se hubiese atrevido a hacer algo como aquello.
Los apareció en la zona de emergencias de San Mungo, donde fue atendido de inmediato, él no estaba grave, pese a haber estado en el centro de la explosión, así que, mientras dictaba su testimonio a los aurores dejó que lo curaran y lo atendieran. Sabía que estaría en el profeta al día siguiente pero lo que más le importaba en ese momento era ir con Harry.
No tuvo que esperar mucho para verlo, el moreno apareció por la puerta de su habitación una hora más tarde, con una enorme sonrisa en el rostro y Draco supo que ya sabía lo que había pasado.
—Ese es mi chico —Le dijo mientras besaba su coronilla, aún lucía cansado y ligeramente herido. —Que nadie te toque, dragón, yo y solo yo.
Draco asintió divertido mientras una enfermera iba a regañarlos por estar fuera de sus camas.
