Cuenta regresiva
Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.
Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.
Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Señales
La primera señal tuvo lugar en una de estas tardes a finales de noviembre, en que intentaba tomar un pasillo diferente al de Ginny, que llevaba siguiéndolo desde que se encontraron de frente en el Gran Comedor. Esa niña sí que podía ser insistente.
Leonis iba unos pasos por delante de él. Draco se preguntaba a dónde se habría metido Hermione ese día, cuando lo escuchó.
Matar.
Matar.
Quiero matar.
Sangre.
Saaaangre.
Matar. Matar. Matar.
—Leonis —El can se detuvo en seco, al igual que él momentos atrás—, ¿oyes eso?
Matar.
Matar.
Quiero matar.
Sangre.
Quiero sangre.
Era una voz profunda, silbante. Tenía una manera extraña de pronunciar las sílabas, una especie de "s" intercalada al final.
Uno a uno, sus músculos se tensaron, mientras daba un vistazo al pasillo vacío.
Matar.
Quiero matar.
Sangre.
Saaaaangre.
Volvió a fijarse en Leonis, que sacudía la cabeza.
—¿De verdad no lo oyes? —Otra negativa.
Draco titubeó al acercarse a una de las paredes de piedra del castillo. Rozó la superficie dura y fría con las puntas de los dedos. Podría jurar que venía de adentro.
¿Cómo era posible?
Matar.
Quiero matar.
Matar.
Sangre.
Cuando una idea cruzó su mente, ahogó un grito y echó a correr en la dirección opuesta a la que había tomado antes. Leonis se apresuró a seguirlo. Trastabilló al bajar las escaleras hacia las mazmorras, se deslizó en medio de un grupo de Sly, estuvo a punto de chocar con un estudiante mayor que le hizo un reclamo al que no prestó atención.
Empezó a golpear la puerta del dormitorio del profesor Snape nada más detenerse frente a esta. Nadie respondió.
Emitió un sonido frustrado y regresó sobre sus pasos, hacia el laboratorio. Volvió a golpear la puerta. Leonis, detrás de él, ladró.
Su padrino tenía cara de que consideraba maldecirlos cuando abrió. Luego su mirada se tornó aún más sería al darse cuenta de que jadeaba.
—Hay algo aquí, que no es humano —Musitó, tirando de su túnica para exigir la atención del huraño profesor, gesto que tenía por mal hábito desde la niñez—. Severus, la Cámara de-
Sabía que los profesores no se tomaron en serio el mensaje, buscaban un culpable en el cuerpo estudiantil o los empleados. Pero si resultaba ser lo que creía, se avecinaban problemas. Graves problemas.
Snape le chisteó para que se callara. Draco se quedó con la boca abierta, las palabras para formular su teoría en la punta de la lengua, cuando se percató de que el profesor jalaba de algo. Alguien.
Harry Potter se quejó por la brusquedad del tirón y la fuerza del agarre con que lo sacó de su laboratorio. Se sacudió para zafarse, quedando en medio de ambos, y le dirigió a Draco tal mirada de desagrado, que este volvió a preguntarse qué había hecho ahora.
—Si lo vuelvo a encontrar robando mi almacén...
El niño resopló.
—No tiene pruebas —Se giró para encararlo. A pesar de la diferencia de estatura, lo veía directo a los ojos al mantener la barbilla en alto—. Mejor haga su trabajo y deje de intimidar a sus estudiantes, señor.
Harry empujó su hombro cuando le pasó por un lado, esquivando el agarre de Snape, que intentó sostenerle el brazo y retenerlo.
Draco permaneció inmóvil, en el mismo punto exacto, unos segundos después de que sus pasos se hubiesen alejado.
Aunque el tono fue duro y la respuesta grosera, él sólo podía repetir dentro de su cabeza la manera en que pronunció la última palabra. La "s" alargada, el sonido silbante. Casi imperceptible. Pocas personas hablaban así y ninguna otra en Hogwarts lo hacía.
Era el mismo que acababa de escuchar.
Era el mismo de una serpiente.
Sabía que Snape le preguntaba qué quería y lo instaba a entrar, Leonis había pasado al interior del laboratorio. Él continuaba parado afuera.
Tenía que resolver esa duda que comenzaba a formarse en su cabeza.
Necesitaba resolverla.
Merlín, no. Balbuceó una respuesta vaga a su padrino y se alejó deprisa, tropezó de nuevo en los escalones al subir, y casi chocó con una de las bancas al doblar en la esquina.
Se lo encontró de frente en el pasillo desierto.
Harry tenía los brazos cruzados, los ojos entrecerrados. Draco tomó una profunda bocanada de aire, en un intento de recuperar el aliento.
Ni siquiera tuvo tiempo de abrir la boca para decirle algo, cuando sintió la presión de ambas manos en el pecho y el empujón que lo hizo trastabillar hacia atrás.
—Deja-de-molestar —Insistió, entre dientes. Harry daba un paso hacia él, Draco retrocedía la misma distancia—. No quiero idiotas Gryffindor rondando cerca de mí cuan-
—¿Tú lo hiciste?
Se detuvo cuando su espalda chocó contra la pared opuesta del pasillo. Potter todavía frente a él.
—¿Lo hiciste? —Repitió, el peso helado instalándose en su estómago le daba la misma respuesta que se reflejaba en los ojos verdes que le parecían tan bonitos desde la primera vez que los vio. Y no le gustaba lo que era—. ¡Te defendí frente a mis amigos! No creo que tú-
—¿Cuándo te pedí que me defendieses? ¿Cuándo dije que necesitaba algo de ti? Porque hiciste algo bien y hasta el viejo director besa el suelo que pisas, ¡no quiere decir que yo necesite lo que sea de ti! ¡Deja tu complejo de héroe!
—¡Sé que no lo necesitas, idiota! —Fue entonces Draco quien le dio un empujón. Harry trastabilló, y por un instante, lució en verdad aturdido— ¡te defendí porque quería, porque no sabía que ibas a actuar como- como lo estás haciendo!
—¡Pues deja de hacerlo!
—¡Dejaré de hacerlo!
Se sacudió para zafarse del agarre de sus manos, que fueron a parar a las solapas de la túnica del Slytherin sin que lo notase. Con un bufido, se dio la vuelta y empezó a alejarse por el pasillo.
Pero Draco todavía no tenía la respuesta a la única duda que en verdad le importaba.
—Serpensortia —Rápidamente, trazó la floritura de la varita, justo como Regulus le había enseñado que debía ser. El cuerpo largo y delgado de la serpiente brotó de la punta, despedida a través del corredor hacia el otro niño.
Harry se giró, la expresión inmutable. Levantó una mano, sin varita, y la colocó frente a él.
—Detente.
La serpiente reaccionó deslizándose hacia un lado y enroscándose en el suelo. Se alzó, osciló la cabeza y siseó por lo bajo.
—Ataca —El sonido era el mismo también. Draco lo observaba con ojos enormes, boquiabierto—. Ataca —Repitió, señalándolo.
Draco volvió a golpear la pared detrás de él en su prisa por apartarse del camino de la criatura.
—¡No me ataques! —Pidió con un jadeo, apretando los párpados, a la espera de una mordida que jamás llegaría.
Cuando parpadeó, la serpiente estaba erguida delante de él, probando el aire con la lengua y siseando. Harry Potter ya no se encontraba en el corredor.
Y él, para su mala suerte, tendría la única respuesta que podía explicar lo sucedido a su padrino, cuando lo alcanzó en el pasillo, le agarró el brazo y exigió saber por qué invocó a una serpiente de dos metros en medio del colegio y a horas en que cualquier estudiante podía estar presente.
—Él habla pársel.
—0—
—¿Cuándo supiste que hablabas pársel, dragón?
El niño desvió la mirada hacia su padrino, en busca de auxilio. Snape llevaba rato sentado detrás del escritorio, con una expresión seria. La profesora A estaba sobre una de las orillas de la mesa, Draco en la silla frente a ambos.
—Tendría, no sé, cinco años —Su padrino negó y le restó importancia con un gesto vago—. Regulus fue- Regulus subió a mitad de la noche y él estaba solo en el cuarto, tuvo otra pesadilla. Fue escaleras arriba y lloriqueó por las mazmorras, y abrió una entrada escondida a las oficinas. Cuando le preguntamos cómo lo hizo, Draco le habló a las antorchas de serpientes frente a nosotros. Pero no les hablaba en inglés. Ahí lo supimos.
—Hay montones de entradas y túneles dejados por Salazar Slytherin para aquellos que hablasen pársel, sus descendientes, supuso —Fue lo único que contestó ella, sin apartar los ojos del niño-que-vivió.
—Yo no soy descendiente de Slytherin —Recordó Draco, en un susurro. Pretendía estar más concentrado en rascar tras las orejas de Leonis, que en la conversación; sólo era su manera de procesar las ideas que tenía, sin sentir que la cabeza le estallaría—, los Malfoy venimos de Francia. Y los Black también.
—¿Pero crees que los Potter lo son?
Él negó.
Les había dicho enseguida sobre Harry hablando pársel. Cuando preguntaron a Leonis acerca de la voz de las paredes, el can sacudió la cabeza, así que Draco tuvo que proceder a explicar que estaba casi seguro de que también fue pársel y que venía de las tuberías, porque era imposible que fuese de la piedra del castillo.
La Cámara de los Secretos ha sido abierta, enemigos del heredero, temed, fue el mensaje. La Cámara era una construcción, ficticia según los registros, hecha por Salazar Slytherin, que hablaba pársel. Se necesitaba hablarlo para entrar y no era un don común.
Si había dos estudiantes en Hogwarts, en ese preciso instante, capaces de hablarlo, y Draco sabía que él no fue quien la abrió, ¿qué opción les quedaba?
—Él no deja que los otros Slytherin usen la palabra "sangresucia" —Murmuró, alternando la mirada entre uno y el otro, como si alguno pudiese responderle que aquello era la solución a su dilema—. Él no-
Calló.
No podía entender por qué lo haría. No le parecía posible, lógico.
Por otro lado, tampoco tenía pruebas para afirmar que él no lo haría.
—Dumbie encontró la entrada a la Cámara, o lo que creemos que es la Cámara —De pronto, la profesora A aparecía en su campo de visión, de cuclillas en el suelo frente a él. Con un tacto cuidadoso, le colocó un mechón rebelde detrás de la oreja—. Voy a bajar hoy, revisaremos las tuberías, justo como dices. Si el señor Potter está haciendo esto, lo habremos detenido incluso antes de que Sprout consiga sus mandrágoras para despetrificar al niño afectado y al Barón.
Leonis se agitó con un ladrido, y se metió entre ambos. Ella le sonrió y acarició la cabeza.
—Sí, tú puedes venir conmigo, tranquilo.
Draco quiso pedirle que no fuesen. No lo hizo.
—0—
Encontrarse a Pansy Parkinson deambulando por los alrededores de la Torre de Gryffindor, estrujándose los bordes de la túnica, tirando de sus coletas y más pálida de lo normal, fue casi tan extraño como Potter hablando pársel para detener a su serpiente. Que la niña no lo evitase cuando vio que se acercaba con sus amigos, sino que se interpusiese en su camino y le agarrase la muñeca, aún más.
—Parkinson, suéltalo —Ron saltó enseguida a defenderlo de lo que fuese que pensase que ella estaba por hacer. La Slytherin, en cambio, lo ignoró y mantuvo los ojos puestos en los grises del niño-que-vivió.
—Él no es —Susurró. Draco notó que temblaba de forma apenas perceptible, y por un segundo, admiró el autocontrol que tenía para que sólo él se percatase—, sé lo que piensan, sé lo que todos piensan. He visto cómo lo miran cuando anda por ahí, lo están evitando. Le temen. Pero él no es. Harry no puede ser el heredero de Slytherin.
—¿Qué pruebas tienes de que él no es? —Hermione se adelantó al comentario venenoso de Ron y la estupefacción de Draco, que no sabía qué responderle.
Pansy le dirigió una mirada desagradable, quizás por meterse en su conversación, pero su expresión se relajó de inmediato.
—Hay una razón por la que el símbolo de Slytherin es una serpiente —Les recordó, su atención centrada en él—, Salazar Slytherin hablaba pársel, la lengua de las serpientes. Harry no-
—Él lo habla —Musitó, haciendo ademán de apartarse, pero Pansy lo retuvo con una fuerza inusual para una niña de doce años. Sus ojos llameaban al menear la cabeza.
—Imposible-
—Yo lo escuché hacerlo.
—¡No pudiste haberlo escuchado, porque no lo habla! —Estalló ella, frenética—. Malfoy, por Merlín, lo habría notado- los Sly lo habríamos notado. Los hablantes de pársel empiezan a hablarlo en cuanto ven a una serpiente, ¿sabes qué tan seguido las vemos nosotros? En las insignias, en las mazmorras, en los tapices de la Sala Común, en el dormitorio- Harry habría hablado pársel desde el primer día en que fuimos sorteados en Slytherin, lo habríamos oído. Te lo juro por Merlín, por mi magia, por mi legado familiar, yo nunca, ni una vez, lo oí hablar pársel el año pasado.
Escuchó el débil bufido de Ron a su lado.
—Eso es ridículo, no sabemos si funciona así, podrías estarnos min-
—No.
Su amigo se silenció. Pansy lo observó, esperanzada.
...Draco le habló a las antorchas de serpientes frente a nosotros...
Había una tercera opción. Potter no podía hablar pársel. No por sí solo, al menos.
—Ella dice la verdad —Ron quedó boquiabierto al oírlo, pero por la mirada que le dio, apretó los labios y le contestó con un asentimiento—. Pero- si yo lo escuché, aunque él no lo hable...
Los papeles se invirtieron. Era Draco quien sostenía la muñeca de Pansy y tiraba de ella al darse la vuelta, sus dos amigos y la Slytherin lo seguían de vuelta por el pasillo.
—¿A dónde vas? —Inquirió Hermione, apretando el paso para alcanzarlo.
—Con Dumbledore.
—¡El viejo no querrá oírme! —Chilló Pansy, adelantándose para meterse en su camino y frenarlo. Jadeaba.
—Él va a-
—A él no le importamos —Lo interrumpió, en voz baja—, nos mandó a las mazmorras cuando había un trol allí, nunca nos oye, regala puntos a cualquiera para que nos supere. Te lo quise decir a ti porque sabía que él no oiría.
—Dumbledore ha estado preocupado por esto —Le aclaró, incrédulo. No tenía idea de que pensase de ese modo. ¿Todos los Sly se sentían así?—. Habló con Sprout para crear un antídoto para el niño petrificado y el Barón, estaba buscando la Cámara, ha estado tan ocupado estos días que casi no lo hemos visto. Él no va a permitir que ningún otro estudiante pase por eso. Te escuchará —Pansy empezó a negar, así que le dio un ligero apretón en la muñeca—, te prometo que lo hará.
Tras una leve vacilación, ella respiró profundo y asintió. Los cuatro reemprendieron su camino.
—Bien, pensemos. Hay algo que lo afectó —Comenzó a decir en el trayecto, sin mirar a ninguno—, hay algo que lo hace hablar pársel. Hermione, ¿un don así se puede, ya sabes, pasar a alguien?
—En teoría, sí —Mencionó su amiga, titubeante—, pero no es tan simple como decir unas palabras, mover la varita, y ya está. Necesitas tener una conexión muy fuerte con alguien para que sea posible.
—¿Y si el heredero de Slytherin no fuese Potter, sino alguien más, alguien con quien tiene esa conexión?
—Todos han estado revisando sus antecedentes familiares —Indicó Pansy, que jadeaba al moverse tan rápido para ir detrás de ellos—, no creo que el heredero de Slytherin estudie en Hogwarts en este momento, si es que hubo alguno.
—¿Y si no es un estudiante? —Ofreció Ron, en un murmullo— ¿y si fuese un profesor? Ya tenemos una mala experiencia con Quirrell.
—Pero no hay profesores nuevos este año —Contestó Hermione, dubitativa.
—¿Cómo sabemos que no es la profesora A?
—Yo te puedo asegurar que no es ella —Intervino Draco, de nuevo. Su amigo emitió un quejido, seguido de un sonido vago y afirmativo.
—Si tú dices que no lo es...
—No lo es. Debe ser otra persona, ¿tal vez alguien fuera del colegio, alguien que le haya hecho algo? —Los cuatro se detuvieron frente a la estatua que daba acceso al pasaje hacia la oficina. Draco recitó una contraseña y esta le avisó que fue cambiada, lo intentó dos veces más, y a la segunda, aparecieron las escaleras. Jaló a Pansy para que subiese con ellos— ¿y si conoció al heredero en vacaciones, en el verano?
—Harry no salió de su casa y la de su padrino en el verano —Replicó Pansy, negando—; los chicos y yo fuimos hasta allá a verlo. No creo que haya conocido a nadie ahí.
—¿Y en el Callejón Diagón? —Siguió Hermione, arrugando el entrecejo.
—Estuve con él todo el día —Juró la Slytherin—, nos encontramos con los chicos para comer helado, estuvimos con nuestros padres toda la...no —Al llegar arriba, se detuvieron en el estrecho pasillo que separaba las escaleras de la oficina. Pansy volvió a ser quien le sostuviese el brazo y tiró de él para recapturar su atención—. No estuvimos con nuestros padres en la librería. Nuestras madres estaban haciendo la fila para ver a Lockhart.
—Pero estuvieron conmigo —Recordó Draco, frunciendo el ceño—, y no ocurrió nada raro.
—Conocimos a alguien ahí —Tenía la mano sobre el pomo de la puerta cuando ella le contestó. Frenó, giró la cabeza para verla. Pansy tenía los ojos entrecerrados y parecía que luchaba por recordar algo—. Era una señora vieja, fea, sabes cuál, la del sombrero —Gesticuló sobre su propia cabeza, para que se hiciese una idea de a qué se refería—, tenía una pluma y una enorme cartera, oh, ¡vamos! ¡Llamaba la atención de aquí hasta Irlanda! Ella metió un libro en el caldero de Harry, él me dijo-
—La señora Longbottom le regresó el libro que él le dio a Neville —Draco meneó la cabeza, pero cuando hizo ademán de abrir, Pansy volvió a jalarlo.
—Se supone que tú sí me escucharías —Habló con suavidad, quizás demasiada—. Hazlo ahora. Su encuentro con esa mujer fue lo más extraño del verano, ella metió un libro a su caldero, Malfoy. Y Harry- Harry se quejaba de haber perdido uno- ya que lo pienso bien, le hacía falta el libro de Transformaciones.
—Pero el que la señora Longbottom le dio era de Transformaciones...
¿La memoria le fallaba? ¿Había visto mal?
—Y andaba- —Pansy lo soltó para seguir gesticulando con ambas manos. Parecía luchar por encontrar las palabras—, andaba con ese- ese diario negro estos días-
Justo en ese momento, la puerta de la oficina se abrió. Los cuatro niños dieron un brinco cuando el director apareció del otro lado.
Dumbledore los miró uno a uno, por encima de los lentes de media luna, fijándose más tiempo del necesario en la niña Slytherin que los acompañaba.
—Señor Malfoy —El aludido parpadeó, aturdido—, necesito que venga conmigo. A las mazmorras. Ya.
—Dum- profesor —Se corrigió a sí mismo. No era la mejor ocasión para tratarlo con la familiaridad usual. Draco colocó las manos frente a él, para detenerlo—. Creo que tenemos algo, profesor-
Aquellas palabras hicieron que el director se detuviese. Volvió a examinarlos, despacio, y se inclinó lo suficiente para quedar a la altura del niño-que-vivió.
—Draco, tienes que ver esto cuanto antes —Indicó, en un susurro—. Luego escucharé lo que tengas que decirme, ¿de acuerdo?
Estaba a punto de asentir, cuando recordó cierto detalle, y agarró el brazo de Pansy, para tirar de ella y posicionarla a su lado. La apuntó.
—También tiene que escucharla a ella, ¿de acuerdo? —Repitió su pregunta, en el mismo tono suave.
El director la observó un momento. Luego asintió.
—Lo haré. ¿Puede volver dentro de veinte minutos al pasillo de abajo, señorita? —Tras recibir el asentimiento de Pansy, guio a los niños de regreso a las escaleras. Draco se apresuró a ponerse a su lado.
—¿Qué pasó, Dumbledore? —Como única respuesta, recibió una sacudida de cabeza y un gesto con que le pedía que esperase.
A pesar de la curiosidad, no le quedó más opción que aguardar.
—0—
Entendió por qué optó por no decirle hasta que se hubiesen quedado a solas. No podría haber asegurado que no reaccionaría como lo hizo al verlo.
—Draco, espe- ¡Draco!
El niño se sacudió para zafarse del agarre de su padrino y se abalanzó contra la cama del piso oculto del castillo. Tanteó las extremidades rígidas, frías, le sujetó el rostro, le echó un mechón rebelde del cabello hacia atrás.
—Regulus- Reg- Re- ¿Regi? ¿Leonis? —La voz se le quebró. Snape intentaba tirar de él para que no se subiese al colchón, pero sentía que no despertaría si no lo zarandeaba— ¿por qué no abres los ojos, Regulus? ¿Por qué no abre los ojos, padrino? Padrino- ¡Sev! ¡¿Por qué no estás haciendo algo?!
Draco se obligó a tomar una profunda bocanada de aire cuando el nudo en la garganta le impidió respirar con normalidad. La vista se le nubló por un instante, tuvo que apretar los párpados y forzarse a enfocarse después. Temblaba apenas.
La profesora A le rodeó los hombros con un brazo y lo bajó de la cama con suavidad. Era una suerte que lo hubiese sostenido bien, porque no estaba seguro de haber permanecido en pie por su cuenta.
Sólo está inconsciente, se decía. Sólo está inconsciente.
—¿Qué pasó? —Musitó con un hilo de voz. La bruja no lo dejó ir hasta que se dio cuenta de que tanteaba el aire, a ciegas, para dar con la túnica de su padrino.
Prácticamente se colgó de un costado de Snape en cuanto lo alcanzó. Presionó la mejilla contra su ropa oscura, sin importarle lo tenso que los abrazos ponían a su padrino; tras un momento, él mismo se relajó bajo el agarre de la mano que le dio un ligero apretón en el hombro.
—Tenía razón —Le dijo ella al director, a la vez que tomaba asiento en un borde de la cama. También le acomodó el cabello a Regulus; sin embargo, parecía que ninguno de los dos era capaz de devolverlo a esa forma particular en que sólo él sabía peinarlo—, la Cámara de los Secretos ha sido abierta, de nuevo. Hay un- Merlín, hay un jodido Basilisco allá abajo.
Snape le siseó acerca del lenguaje y ella le mostró el dedo medio y chasqueó la lengua. Hubo un instante en que su padrino le cubrió los ojos y mantuvieron una breve discusión en susurros contenidos; él se habría reído, si no supiese que el sonido le saldría tembloroso como un sollozo. Aun con los párpados abajo, no podía sacarse de la cabeza la imagen de Regulus petrificado.
—Bien, el punto es que- —Cuando le destaparon los ojos, parpadeó para enfocarse. Podía ver a la profesora pensativa, haciendo una breve pausa—. Estábamos allá abajo, y sí, hay alguien que la abre y alguien que habla pársel; estoy segura de que era pársel, el Basilisco reaccionaba a esa voz. Reg- Reg y yo estábamos revisando, nos tomó por sorpresa, por detrás, creo- no, estoy segura de que vio su reflejo en uno de los charcos. La mirada del Basilisco no puede ser mortal si no es directo de los ojos, pero este es el resultado —Y señaló al mago inconsciente—. Sólo pude pensar en traerlo de vuelta cuando lo vi caer petrificado.
—¿Que hiciste qué? —Espetó Snape, apartando al fin la mirada de Regulus— ¿sólo...regresaste?
—Sí- no —La profesora A frunció el ceño—. La sellé por dentro y por fuera, hice una barrera enorme, cerré las tuberías, como Draco nos dijo, y dejé la puerta principal también cerrada. Fue lo mejor y más rápido que se me ocurrió, el maldito Basilisco estaba demasiado cerca y no iba a dejar a Reg-
—Hiciste bien —La tranquilizó el director, cuando se veía como si estuviese dispuesta a lanzarse contra Snape sólo por la insinuación de que no hizo nada, o peor, de que estuvo por dejar a su viejo amigo allí abajo—, por favor, cálmate, Ariadna. Nadie te está culpando aquí.
—Pareciera que él sí.
—No te culpo a ti —Objetó, dirigiéndole una mirada mordaz a Dumbledore—, pero usted tendría que haber estado ahí, Albus. Un solo mago, que no sea hablante de pársel, difícilmente podría hacer algo contra un Basilisco, y usted debía saber bien qué era lo que se encontrarían si bajaban.
Draco se puso tan rígido al comprender el significado de esas palabras, que requirió de un esfuerzo sobrehumano que se apartase lo suficiente de su padrino para observar al director.
—¿Usted sabía que esto podía pasar?
Dumbledore miró a Regulus, luego se fijó en él. Aún no contestaba a lo que mencionó el profesor.
—¿Usted sabía? —Insistió, suplicando mentalmente que dijese que no, que se explicase. Que se excusase, al menos.
Pero el director asintió.
—Temía que fuese una posible consecuencia —Admitió, frente al incrédulo niño de doce años, que no podía entender cómo los dejó bajar si pensaba eso—. Pero también sabía que Ariadna era capaz de solucionarlo, y por eso, lo permití. Y ahora la Cámara está cerrada, temporalmente, y podemos buscar una solución más acertada en estos días que quedan antes de las vacaciones de invierno.
—¿Como cuál? —Replicó Draco, sin pensar, soltando por completo a su padrino— ¿mandar a Severus la siguiente vez? O mejor todavía, ¿mandarme a mí? ¿Dejar que le haga esto —Apuntó a la cama donde Regulus reposaba— a alguien más? ¿Quedarse en su oficina mie...?
Boqueó al darse cuenta de que sus labios seguían moviéndose, soltando lo que tenía en la cabeza, pero sin emitir sonido alguno. Estrechó los ojos en dirección al director, pero este alzó las manos, en señal de rendición.
Luego sintió el apretón más severo en el hombro y se percató de que no fue él quien consideró aplicarle un silencio. Fue Snape.
—Estás diciendo demasiado —Le siseó, entre dientes—, creí haberte enseñado a usar más tu cabeza —Y tras darle un manotazo sin fuerza en la parte posterior del cuello, le retiró el encantamiento.
Draco carraspeó y sintió que el rostro le ardía bajo el par de miradas fijas en él.
—Yo no-
—Es comprensible que estés enojado —Parpadeó, aturdido por la reacción tranquila del director—. Yo habría reaccionado igual o peor en tu lugar, Draco.
Él tragó en seco.
—Igual no debí decirle esas cosas —Balbuceó. El director meneó la cabeza, restándole importancia.
—¿Qué haremos con la Cámara, Dumbie? —Preguntó la profesora A, poniéndose de pie. Sólo entonces el niño se percató de que tenía el borde inferior del vestido destrozado y las botas empapadas.
—Draco fue a mi oficina para hablar sobre...—El director gesticuló, para instarle a completarlo por él.
El niño dio un brinco y boqueó un momento, las ideas arremolinándose y formando un caos dentro de su cabeza.
—Harry Potter habla pársel, pero no lo habla —Explicó, ante tres adultos intrigados por la manera en que lo expresó. Tuvo la vaga idea de que no lo hizo bien, pero lo dejó pasar, porque era más importante hacerles comprender lo que ocurría—. Y- y tiene un diario- y hay una conexión con todo y-
Se calló.
La realización fue tan repentina que se mareó, apenas pudo ahogar un grito.
—Y creo que sé a dónde fue a parar el Horrocrux de Riddle.
Notengotiempoparanotasperdoooooon.
