Los días siguientes a esa reunión transcurrieron con relativa calma, pues el trabajo en la construcción apenas comenzaba. Levi pasaba largas jornadas supervisando la obra, no quería desperfectos; organizaba su tiempo de tal manera que aun así, poco o casi nada quedaba para él, pero ya estaba acostumbrado.
De momentos miraba su celular, esperando encontrar algún mensaje de Hange, y al no ver nada, le escribía un breve texto saludándola. Lo positivo era que ella le respondía, si bien no de inmediato, pero respondía y eso era un pequeño gran avance.
¿Estaría siendo muy apresurado si la invitaba a salir? No sería una cita como tal, solo quería pasar algo de tiempo con ella, aunque también se encontraba con demasiadas ocupaciones.
O quizá debía esperar. Además, quería visitar a Petra y a su bebé, que nació a mediados de enero. Se decidió y llamó a su compañera diciéndole que la visitaría por la noche, una vez hubiera terminado el horario de trabajo.
Después de la pesada jornada, Levi se apresuró en llegar a su casa, tomó una ducha rápida, se vistió, tomó sus cosas y salió hacia el departamento de la nueva mamá. Una vez ahí, tocó el timbre y un cansado Erd abrió la puerta.
—Te ves como la mierda —le dijo en cuanto lo vio.
—No es nada fácil esto del bebé —respondió Erd, en tono cansino—. Vamos, pasa.
—¿Me lo recomiendas? —el hombre de cabellos negros preguntó burlón, mientras tomaba asiento en el sofá.
—Yo… es muy cansado, no puedes dormir como antes pero a pesar de eso, sí, todo el cansancio desaparece en cuanto ves que tu hijo duerme tranquilo. Es lo mejor que hay, te lo recomiendo.
—Vaya, eso no me lo esperaba —Levi alzó las cejas ante lo dicho por su compañero, sonaba tan ilusorio.
—Ya vuelvo, voy por Petra y el bebé —Erd desapareció y unos minutos después regresaba junto a su esposa y el recién nacido.
—Mira quién vino a visitarte, bebé. El tío Levi, dile: ¡Hola, tío Levi! —Dijo Petra con voz chillona.
—Carajo, Petra. No hables así frente a tu hijo —Ackerman gruñó ante la melosidad de su amiga.
—¡Levi! Te recuerdo que mi hijo escucha todo perfectamente, deja de decir esas cosas —ella acurrucó al bebé en su pecho.
—Cariño, voy al super por la compra de la semana, no tardo —Erd se acercó, le dio un beso en la frente al bebé y a su esposa.
—Ve con cuidado por favor, te esperamos.
—Levi, ¿te quedas a cenar con nosotros? —preguntó Erd a su invitado.
—No, tengo que regresar a preparar el trabajo de mañana, gracias de todos modos.
—Bien, entonces nos vemos mañana —Erd se despidió y salió del departamento.
—¿Quieres cargar a Hugo? —Petra interrumpió el silencio, se acercó y se sentó junto a Levi.
—No creo que sea buena idea —dijo él, mientras ladeaba el rostro.
—¿Por qué no? Vamos, ¡inténtalo! —Lo animó— Desde que nació no lo has cargado en brazos... y eso que eres su tío —susurró ella, desconsolada.
—Pero... —una mueca extraña se dibujó en el rostro de Levi. Tenía miedo de hacerle daño a ese pequeño y frágil ser humano.
—Nunca has cargado un bebé, ¿verdad? —Atinó a decir Petra—. Bueno, no te preocupes, yo te ayudaré. Sirve que practicas para cuando tengas tus bebés con Hange —ella le lanzó una mirada traviesa.
—Oe, no digas esas cosas frente a tu hijo —Levi trató de controlarse para no enrojecer frente a su amiga.
—Vamos, no pasa nada, tampoco dije algo malo. Erd también tenía miedo de cargarlo en brazos, ahora no quiere soltarlo.
—Bien, pero no digas que no te lo advertí —respondió, no muy convencido.
Petra le indicó cómo colocar los brazos para sostener al bebé y no estar incómodo, pero pese a eso, Levi seguía tenso, unos segundos después, la joven le puso al bebé en sus brazos. Ackerman, al sentir el pequeño peso en sus brazos soltó sin querer una pequeña sonrisa. El olor de la loción del bebé era tan suave y delicado, olía muy bien.
—¿Ves como no es tan difícil? —Petra sonrió al tiempo que tomaba una fotografía sin que Levi se diera cuenta, a la vez que el bebé balbuceaba y se removía ligeramente en sus brazos. Le gustaba captar esos pequeños momentos felices.
—Es... tan pequeño —murmuró él mientras Petra se levantaba, a la vez que se ponía más nervioso, era raro verlo en ese estado, pero estando frente a su amiga, poco le importaba actuar así— Oye tú, no te vayas, no me dejes solo con tu hijo, se me puede caer.
—Por favor, Levi, no seas tan dramático, solo voy por un poco de agua, y no se te va a caer, tranquilo, si sigues así lo vas a despertar.
Petra se retiró algunos minutos dejando a Levi solo con el bebé. Este lo miraba entre fascinado y temeroso, era verdad que nunca había cargado a un bebé y por eso mismo estaba un poco nervioso. Miró fijamente a la criatura y con uno de sus dedos, acarició la suave mejilla del niño, el bebé había heredado el cabello rubio de su padre. El pequeño Hugo levantó un poco su manita, Levi la interceptó pero pronto el bebé se aferró a su dedo índice. Nunca había pensado en tener un bebé, y menos ahora con tal cantidad de trabajo que tenía. ¿Sería un buen padre?
En eso estaba pensando cuando fue interrumpido por la risa de Petra, volteó para mirarla y la encontró con el celular en la mano, aparentemente lo había fotografiado. Se distrajo lo suficiente como para no notar que esa ya era la segunda fotografía que la joven había captado de él.
—Suficiente, deja de hacer eso, ven acá y carga a tu hijo —aunque su tono de voz parecía molesto, no era así, solo que no soportaba el estrés de tener algo tan frágil en sus brazos y prefirió que alejaran al bebé de tan delicada situación.
—Ay, no seas amargado, ven acá, bebé —con voz melosa, Petra le habló al pequeño y lo sostuvo de nuevo entre sus brazos, el bebé no despertó y Petra se sentó junto a Levi—. Y dime, ¿cómo ha ido todo en el Colegio?
—Ningún problema, no tienes que preocuparte por nada, más que de cuidar de tu hijo.
—Me alegra saber que todo está bien por allá. ¿Y cómo va la construcción del Cinvesgen?
—También todo bien.
—Perfecto, ¿y cómo vas con Hange?
Levi guardó silencio, no tenía nada que decir respecto a ese tema, así que prefería evitarlo. Hasta ahora no había avanzado como quería, pues el trabajo en esos momentos era muy importante.
—Nada, solo nos comunicamos por sms, no quiero molestarla ni tentar mi suerte.
—Yo creo que no la molestas, si así fuera, ya te hubiese dicho que no lo hicieras más, ¿no lo crees?
—Podría ser.
—Entonces, ¡arriésgate! —Petra sonrió ampliamente.
—Lo intentaré.
—Ya sé, ¿por qué no la invitas al cine o a tomar algo? No como una cita, solo una salida de amigos, ya sabes.
—¿Y si me dice que no?
—Bueno, más vale morir en el intento —ella se encogió de hombros.
—Y si…
—Levi, ¡ya basta! —el bebé se removió algo incómodo en los brazos de su madre al sentir la molestia de ella.
—Ya ves, ya lo despertaste —la reprendió Levi.
—¡Tú tienes la culpa! Levi, ¿qué te pasa? Tú no eres así, actúas como un… ¡como un tonto!
Levi frunció el ceño ante lo dicho por Petra, iba a reclamarle pero sabía que era verdad lo que le decía la joven. Estaba actuando peor que un adolescente.
—Lo sé.
—Entonces actúa como un hombre e invítala a salir —ordenó ella mientras arrullaba al bebé para tranquilizarlo.
—Tienes razón, lo haré. Petra, tengo que irme, ¿estarás bien si te quedas sola?
—Despreocúpate, seguro Erd no tarda en llegar.
—Cuídate, y cuida a tu mocoso —Levi se levantó, se acercó al bebé y le acarició la mejilla.
—¡Se llama Hugo!, no mocoso. Cuídate, Levi, espero nos visites más seguido —sonrió ella a su amigo.
—Trataré.
—Y no olvides avanzar con Hange —ella levantó la voz para que él la escuchara.
—No te levantes, yo cierro la puerta.
Levi salió y cerró la puerta tras de si, para después regresar a su casa. Una vez que llegó, lo primero que hizo fue volver a ducharse para enseguida tomar un poco de té antes de dormir. Dejó todo limpio y procedió a acostarse. Encendió la luz de la cómoda para leer un libro durante algunos minutos, pero se notaba inquieto. Tomó su celular y comenzó a escribir un sms, aunque enseguida se arrepintió y mejor realizó una llamada, quería escuchar la voz de Hange.
—Hey, Levi, ¿cómo va todo? —Respondió ella, su voz sonaba más alegre que en ocasiones anteriores.
—Todo bien, qué tal tú.
—Todo bien también, aunque mucho más trabajo que de costumbre.
—Sí, parece que ambos estamos muy ocupados.
—Así parece. Oye, Levi…
—Dime….
—Estaba pensando… veámonos —dijo ella sin más.
—¿Qué? —Eso no se lo esperaba, él había pensado en decirle lo mismo durante mucho tiempo, y ella se lo dijo de manera rápida y natural.
—Sí, ¿o tienes demasiado trabajo como para negarte?
—No, por supuesto que no, sólo que me sorprende que me pidas que nos veamos.
—Bueno, no es como si no fuera algo de este mundo.
—Yo pensé que no querrías que nos viéramos a menos que fuera por trabajo.
—Ay enano, no todo es trabajo en esta vida. Aunque no te voy a negar que al principio no quería tener más contacto contigo.
—¿Por qué?
—¿Quieres que nos veamos o no? —preguntó ella, un poco molesta.
—Bien, veámonos —respondió él de inmediato. No iba a desaprovechar la oportunidad que esa hermosa mujer le estaba brindando. Aunque eso le demostraba que no había dejado ser el muchacho cobarde de antaño.
—Escoge el lugar.
—No, escoge tú, yo escojo la próxima vez.
—Así que quieres que haya una próxima vez, ¡que pillo eres! —ella sonrió socarrona.
—Oe, cuatro ojos, solo di donde.
—Uuuy, alguien ya se enojó, sigues igual de amargado como siempre.
—Y tú tan fastidiosa como siempre —Hange río de manera escandalosa que Levi sintió que esa carcajada rompería su tímpano bajo el auricular.
—Bien, aún no decido. Lo pensaré un poco y te mando la respuesta por sms, ¿está bien?
—Sí.
—¿Y te parece que nos veamos el próximo fin de semana después de la supervisión? O quizá quieras al día siguiente, que es un sábado.
—Sábado está bien.
—Entonces nos veremos el finde, adiós, Levi. Descansa, y si piensas en mí, no te toques —Colgó enseguida, no sin antes volver a soltar una estruendosa carcajada, dejando a Levi con los ojos tan abiertos. Le sorprendía que Hange dijera esas cosas con tal soltura, como si nada hubiera pasado entre ellos, ¿él también debería actuar del mismo modo?
.
El fin de semana llegó en un abrir y cerrar de ojos, trabajaron arduamente durante toda la jornada laboral, deteniéndose solamente para comer y algunas necesidades básicas. No comieron juntos porque Mike estaba con Hange, y Levi todavía no se sentía cómodo estando al lado de ese hombre.
Por lo tanto, no pudo platicar abiertamente con la joven, ya que su amigo no la dejaba sola en ningún momento. ¿Por qué ese hombre se tomaba tales libertades? Hange ya le había dicho que solo eran amigos, así que no entendía por qué actuaba de manera tan sobreprotectora.
¿Sería que ese hombre estaba al tanto de la situación? Aunque no se sentía con derecho de preguntar eso a Hange, no quería alejarla con preguntas tontas.
—Tierra llamando a Levi, ¡hola! —Hange le habló fuerte a Levi y agitó su mano frente al rostro del varón, tratando de atraer su atención —¿Qué te pasa, en qué piensas?
—Hange —tanto se distrajo que no escuchó la estridente voz de la mujer llamándolo—, ¿qué decías?
—Te decía que ya nos vamos, siento no haberte mandado la respuesta, ¿te parece si vamos al cine?
—¿Al cine?
—Sí, ¿o quieres ir a otro lugar?
—El cine está bien, pasaré por ti a tu departamento. ¿A las cuatro está bien?
—Me parece bien. Espérame en el lobby. ¡Hasta mañana! —Hange corrió hasta encontrarse con su alto compañero, se aferró de su brazo y comenzó a caminar junto a él. Levi los miraba a la distancia con cierta molestia.
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Al día siguiente, algunos minutos antes de las cuatro de la tarde, Levi ya se encontraba esperando a Hange en el lobby de la Torre Sina. Y pensar que ese edificio se construyó gracias a la empresa del padre de "su amiga" Jolyne, aquella que hirió a Hange con sus horribles palabras. Tenía que decírselo a la joven un día de estos, esperaba no acobardarse en el momento de hacerlo.
Negar lo nervioso que estaba era poco. Después de tanto tiempo, conviviría con Hange. Era su oportunidad para reconquistarla, debía actuar preciso y con cuidado, si lo echaba a perder, sería para siempre.
Esperaba haberse vestido bien para la ocasión, pantalones casuales en color verde oliva, playera blanca y sobre esta un saco informal negro, los zapatos cómodos en color negro y de su cuello pendía un colgante, regalo de su madre en su adolescencia.
Trataba de no mirar la hora, pues estaba seguro que comenzaría a desesperarse, aparentemente Hange seguía con su mal hábito de llegar tarde en algunas ocasiones. Para hacer más llevadera la espera, pidió un té negro. Mientras bebía, revisaba su correo en la pantalla de su celular. Contestó algunos y se sumergió en la revisión.
Los minutos pasaron volando y Levi no se dio cuenta de ello, hasta que Hange lo llamó, para ese entonces ya había terminado su té y posó sus ojos sobre la mujer frente a él, sus pupilas se dilataron al mirar lo hermosa que estaba en ese atuendo de blusa gris con un ligero vuelo de la tela en mangas y caderas, sus esbeltas piernas estaban enfundadas en leggins color negro y gracias a unos botines rojos, se miraba más alta de lo que ya era, quedando Levi mucho más bajo que ella, al levantarse él para recibirla.
—¿Es que ahora estás distraído todo el tiempo? —preguntó ella, observándolo con curiosidad.
—No estoy distraído, solo pienso en algunas cosas —mientras hablaba, recorría con la mirada la hermosa figura de la mujer.
—Uy sí, así vamos a llamarlo ahora, enano —Hange enfatizó la última palabra, mirando a Levi hacia abajo, pues le llevaba casi veinte centímetros de estatura, ignorando la mirada de él.
—Déjate de tonterías, ¿nos vamos? —Levi sacó su billetera y dejó algunos billetes como propina.
—Claro, vamos.
Levi se atrevió a posar su mano derecha en la espalda de Hange para guiarla hacia donde se encontraba su auto, un mini cooper en color azul con detalles plateados. Quitó la alarma al vehículo, abrió la puerta del copiloto y ayudó a Hange a ingresar al auto, ella no sonrió ni agradeció el gesto. El varón solo atinó a chasquear la lengua, quizá ese acto le había parecido exagerado a la fémina.
Ya dentro del auto comenzó a reproducirse la música.
—Vaya, ¿así que todavía escuchas a Savage Garden? ¡Me encanta esa canción! ¡Y mas cuando le hacen close up a Josuke*! —Hange comenzó a cantar I Want You de la banda antes mencionada, Levi hacía lo mismo pero solo moviendo los labios.
Sintió cómo vibraba su pecho al ver a Hange como antes, tan sonriente y cantando tan fuerte como loca, extrañaba tanto mirarla así, no podía creer que la vida le estaba brindando una segunda oportunidad, estaba conciente que no debía desaprovecharla.
—La buena música no se olvida.
—¡Tienes razón!
El trayecto al cine fue rápido y ameno, pues ambos estaban cantando, a su manera, las canciones de la playlist de Levi. Una que otra canción no era del agrado de Hange, y es cuando Levi aprovechaba para cantarlas y así hacer enfadar a la joven.
Cuando menos se dieron cuenta, llegaron a la plaza. Levi entró al estacionamiento, después se dirigieron al ascensor y finalmente llegaron a su destino.
—Bien, ¿qué película veremos? —preguntó ella, ansiosa.
—Escoje la que quieras.
—No —ella chasqueó la lengua repetidas veces—, me perdonas pero no, yo escogí el sitio, te toca a ti escoger entonces la pelicula.
—Que desesperante… bien, voy a comprar las entradas.
—Perfecto, aquí te espero.
Levi fue directo a la taquilla, demoró unos minutos en regresar porque había una gran cantidad de gente comprando también, hasta que regresó con Hange, que estaba mirando muy entretenida la marquesina con la sinopsis de las películas proyectadas.
—¿Quérras palomitas?
—Esa pregunta no se pregunta, ¡por supuesto que sí!
—Entonces vayamos a la dulcería.
El local estaba abarrotado de gente, vieron a lo lejos los productos que estaban a la venta. Levi hizo su elección en silencio, hasta que le preguntó a Hange qué era lo que le apetecía
—Palomitas cheddar con palomitas de caramelo, y soda de manzana.
—Pero qué…
—Vamos, vamos, que hay mucha gente —ella le daba pequeños empujoncitos, obligándolo a avanzar.
—Tu quédate aquí a esperarme.
—No señor, te ayudaré con las cosas, así que voy contigo —una vez que llegaron a la fila y se formaron, Hange siguió hablando— ¿Qué película veremos? —preguntó, entusiasmada.
—Star Wars —respondió Levi, no pudiendo contener una pequeña sonrisa pero percibida por Hange.
—Diablos, enano, ¿no pudiste escoger otra película? ¡Me voy a dormir allá adentro! —Hange se quejó e hizo un puchero.
—Dijiste que yo escogiera, eso hice —respondió, en seco.
—Pero…
—A mi me gusta.
—Pues a mi no, ¡y lo sabes! Yo quería ver una de terror —ella agachó la cara, resignada.
—No te quejes.
—Ya me vengaré, ya lo verás… ¡Ah! Y de una vez te advierto, si me duermo allá adentro, no es mi culpa —amenazó.
—No te dormirás, te lo aseguro.
—Si sigues con tu mala actitud como hace algunos años de no querer responder mis preguntas cuando te las hago, entonces no te quejes si me duermo.
—Te responderé, ya te lo dije.
—¿Ah sí? Ya quiero ver eso, si no soportas que te molesten mientras estás concentrado en algo, ¿me soportarás después de tanto tiempo? —ella sonrió, con gesto malvado.
—Nunca has sido una molestia para mí.
Hange iba a responder, pero se quedó con la boca abierta, pues fueron los siguientes en la fila. Levi pidió las golosinas, pagó el importe y se fueron sentar para esperar el ingreso a la sala correspondiente.
—Levi...
—Qué...
—No... Nada, olvídalo.
—Sabes que eso sí me molesta, di lo que querías decir.
—¡No! Bueno, no es eso, se me olvidó lo que iba a decirte.
Levi no le creyó y la miró directo a los ojos sin parpadear, estudiando su reacción. Ella frunció los labios en una delgada línea al sentirse observada por el hombre y también lo miró a los ojos. Estuvieron con ese duelo de miradas durante algunos segundos hasta que Hange comenzó pestañear repetidamente, se le habían aguado los ojos.
—¡Eso no se vale! ¡No me dijiste que era un duelo!
—Siempre tienes que estar preparada para ello.
—Eres un tramposo —ella estampó su mano en la espalda del varón.
—Oye, deja de hacer eso.
—Ya te lo dije, hay cosas que no se olvidan.
—Creo que no quedó clara nuestra situación —sacó a colación nuevamente el tema de su pasado, él quería, necesitaba saber cómo seguirían de ahora en adelante.
—Aun no lo sé, Levi. Aunque creo que no tiene nada de malo que seamos amigos de nuevo.
—¿Solo amigos?
—Oye, oye, no quieras correr antes de siquiera aprender a caminar. Además, nunca he considerado ser algo más contigo, más que solo amigos —respondió, muy seria.
¿Era en serio? Hange le estaba cortando de tajo las ilusiones que él se había hecho respecto a ella, ¿es que acaso no lo había perdonado? Eso lo inquietó. ¿Y si no lo decía en verdad? Quizá solo lo estaba poniendo a prueba. Debía permanecer firme.
—Solo quiero estar cerca de ti, recuperar el tiempo perdido.
—Siendo así, te recomiendo que no te ilusiones —fue el turno de ella para mirarlo a los ojos.
El duelo de miradas, que esta vez no era un juego, fue interrumpido por la voz del joven que llamaba para ingresar a la sala que les correspondía. Levi sacó las entradas, tomó la charola con las golosinas y se levantó junto con Hange para entrar a la sala.
Ya dentro buscaron sus asientos correspondientes y procedieron a sentarse. Permanecieron en silencio un momento, escuchando la música ambiental de la sala.
—Creo que no debimos sacar el tema ahora, lo siento —habló primero ella—.
—No te preocupes, lo que digas está bien.
—Bien, entonces veamos la película —Hange sonrió mientras se apoderaba de las palomitas y comía alegremente.
—Sí —Levi cerró los ojos con pesar, quizá Hange tenía razón, no debía ilusionarse.
La película dio comienzo, por un momento Levi olvidó lo dicho por la joven y se dedicó a poner atención al filme, casi al iniciar, fue bombardeado por preguntas de la fémina.
—¿Ese quién es? ¿No era su hijo? ¿Qué no ella ya había muerto? ¿Y ella de dónde salió?
A pesar de ser muchas preguntas, Levi se dio a la tarea de responderlas todas, y aun así, la joven decía no entender la trama. Una hora después de haber comenzado la película, se vino la acción, Levi estaba entusiasmado, miró de reojo a Hange que estaba bostezando, él frunció el ceño, tal parecía que a ella le estaba pareciendo aburrida la película.
—Tengo sueño —Hange apoyó su cabeza en el hombro de Levi.
—Si quieres duerme —dijo él para no distraerse más.
—¿En verdad? Bueno, si tú dices —Hange se acurrucó entre los brazos de Levi, buscando algo de calor ya que el clima en la sala estaba muy frío, el hombre la rodeó con sus brazos y ella se durmió. Soltó una tenue risa al escuchar los ligeros ronquidos de ella. La película transcurrió entonces con relativa calma. Hange despertó minutos antes de que terminara.
Cuando el filme terminó, salieron de la sala. Caminaron a la salida, tiraron la basura y se dirigieron a un pequeño salón. Ocuparon un par de asientos y comenzaron a platicar.
—No pensé que lo dijeras en serio, cuatro ojos. Te dormiste de verdad —dijo él, sentándose y elevando una pierna sobre la otra, apoyándola en la rodilla.
—Te lo dije. No me culpes, además estaba un poco cansada, no he dormido bien estos últimos días —respondió ella, frotándose los ojos.
—Por qué.
—El trabajo, son demasiadas cosas que poner en orden. Levi, desde hace tiempo he querido preguntarte algo, ¿cómo está Kuchel?
—Ella está bien, la llamo a menudo, solo que no solemos conversar mucho, pero está bien.
—¿Tampoco la visitas?
—Últimamente no lo he podido hacer, pero quizá en un par de meses vaya a verla.
—Levi, ¿ella sabe lo que pasó entre nosotros?
Ackerman dudó en responder, pues su madre intuyó con facilidad lo que había ocurrido y no tuvo opción, más que contarle lo sucedido. Recordó que su madre, al principio, casi lo obligó para que le contara, pero él no cedió. Estaba seguro que le esperaba una severa reprimenda de parte de su madre, pero después de darse cuenta que Hange no volvería, tuvo que contarle que fue por culpa de él, el que ella se hubiera ido.
—Tuve que decirle, ella lo sospechó ese día que te fuiste, estaba muy enfadada conmigo, me culpó de que te fueras.
—Y tan dulce que se veía tu madre.
—Lo es, pero estaba en lo cierto.
—¿Sabes si le platicó a mis papás de ello?
—Creo que no.
—Ahora que lo pienso... no lo creo, sino ya tendría a mis padres exigiendo explicaciones —Hange sonrió—. Pero bueno, dale mis saludos a Kuchel cuando hables con ella.
—Se alegrará de saber que nos volvimos a ver.
—¡Extraño su sopa de verduras!, ella fue la única que logró hacer que comiera vegetales.
—Si te portas bien, le diré que te prepare un poco.
—Así que si me porto bien, ¿eh? ¿Qué insinúas? —ella guiñó un ojo y con su dedo índice, dio un leve toque a la nariz del hombre.
—No insinúo nada —él le dio un pequeño manotazo para que dejara de molestarlo.
—Tengo hambre, vamos, enano, te invito a cenar, y esta vez pago yo —dijo ella, poniéndose de pie.
«Mierda, está más hermosa que antes», pensó Levi mientras la miraba de arriba abajo nuevamente, sin poder evitarlo. Ella estiraba sus músculos y alzaba sus brazos para relajar el cuerpo. Lo que daría por tenerla entre sus brazos. Sintió como su corazón se aceleraba y una descarga excitante se instaló en su cuerpo, anhelando un contacto más cercano con la joven, aunque no debía soñar, ella se lo advirtió.
—Tu ganas —él levantó las manos en señal de rendición. Levi condujo hasta un sitio concurrido, Hange le indicó que se detuviera para que estacionara el vehículo, ya que el resto del camino lo harían a pie. Caminaron durante algunos minutos hasta que llegaron a una zona que conforme avanzaban, la gente disminuía. El lugar elegido por Hange, un área de food trucks—. No me digas que comeremos aquí —dijo él, con cierto desagrado al observar el lugar al aire libre.
—Sí, aquí, ¿alguna queja?
—Ninguna.
—Entonces, ¡sígueme!
Hange caminó de prisa, dejando atrás a Levi quien tenía una vista panorámica de la retaguardia de la mujer, gustándole lo que miraba. Pero enseguida se le borró el gesto al ver que ella saludaba alegremente al dueño de uno de esos camiones. Caminó hasta encontrar un lugar donde no hubiera tanta gente, la mujer demoró algunos minutos en los cuales, Levi pensó en cómo estaban sucediendo las cosas entre ellos.
Estaba confundido, ¿a dónde quería llegar ella? Porque él lo tenía claro, él quería reconquistarla, enamorarla de nuevo, pero ella estaba empecinada en entorpecerle la lucha. ¿Estaba dispuesto él a recibir esos desplantes? ¿Hasta dónde debía aguantar?
—Ordené algo para los dos, espero te guste, es de mis comidas favoritas —ella se sentó frente a Levi, sonriente.
—Gracias —a esas alturas, el día alegre que él esperaba, se fue tornando gris, se sentía estancado respecto a Hange, se sentía abatido, ella estaba tan cerca pero a la vez tan lejos. Desesperado, esa era la palabra que lo definía, pero también estaba un poco molesto, y por lo mismo, decidió no abrir la boca, más que para responder lo conveniente que la mujer le preguntara.
—Te noto muy serio, ¿te molestó que me durmiera durante la película?
—No, solo que también me siento cansado —mintió.
—Oh, debiste decírmelo antes de venir acá, si quieres pido la comida para llevar, incluso puedo irme por mi cuenta si necesitas llegar a tu casa.
—No, está bien que sea para llevar, pero te llevaré a tu departamento.
—No es necesario, yo puedo ir y...
—Dije que te llevaré, cuatro ojos —respondió, con molestia.
—Vaya, cuánta amabilidad —ella torció los labios—. Voy por la comida, regreso y nos vamos —Hange se alejó un poco ofuscada por el tenso ambiente entre los dos.
Tras varios minutos, ella se alejó del vehículo, se encontró con Levi y regresaron por el mismo camino, en silencio. Un pesado silencio.
Ya en el auto, aunque la música sonara, ninguno dijo ni cantó nada, la magia se había esfumado, dando paso a un incómodo silencio. Levi aceleró para llegar cuanto antes a su destino. El tráfico era un poco pesado a esa hora, ya eran las ocho de la noche y muchos autos circulaban por las calles, hasta que al fin llegaron a la Torre Sina.
Levi estacionó el vehículo unos metros antes de la entrada del condominio, posó sus manos sobre el volante y miró a Hange.
—Tendré paciencia —dijo sin más, la joven pareció no entender y solo le sonrió.
—Gracias, Levi. Fue lindo convivir contigo después de tanto tiempo. Nos vemos en la siguiente reunión.
El hombre descendió del auto para abrir la puerta del copiloto y ayudó a Hange a salir— Cuídate.
—Tú también, ¡nos vemos! —ella cargó con una mano su paquete de comida y alzó la otra mano para despedirse del varón.
Él esperó hasta que la perdió de vista, entró de nuevo a su auto, aceleró y llegó a su casa. Tal como le había dicho a Hange, tendría paciencia.
*Josuke, protagonista de la parte cuatro de JoJo's Bizarre Adventure.
PD. Yo me dormí en Star Wars y no me arrepiento.
