Esa mañana de sábado algunos de los estudiantes que se encontraban cursando los tres últimos ciclos en Hogwarts habían obtenido permiso para ir a la aldea de Hogsmeade. Por mandato de Dumbledore debían ser acompañados por un par de magos adultos que se encargarían de velar por su seguridad fuera del castillo. Desde el regreso de Lord Voldemort la vigilancia a los estudiantes era más intensa así que solamente se había expedido un número limitado de permisos.

— ¿Ginny vendrá con nosotros? — Preguntó Hermione mientras buscaba con la mirada la melena rojiza de su amiga entre el alumnado que se encontraba congregado en el recibidor del castillo.

— Por lo que sé tiene una cita con Dean en el "Madame Pudipié" — Respondió Harry intentando ocultar que ese hecho le molestaba.

Todavía no había reconocido ante nadie que empezaba a albergar sentimientos románticos por la pequeña de los Weasley.

En ese momento apareció Ron con Lavender, ambos agarrados de la mano.

— Hola chicos — Saludó la muchacha de manera pizpireta.

Hermione los miró y forzó una sonrisa a modo de saludo.

— ¿Iréis al "Tres Escobas"? — Preguntó Ronald.

— Sí, pensamos pasarnos por allí — Confirmó Harry.

— Genial, nos apuntamos — Prosiguió el pelirrojo con una gran sonrisa.

— ¿No preferís ir al "Madame Pudipié"? — Preguntó Hermione intentando disuadirle pues no quería pasar el día en compañía de la parejita enamorada.

— No, ese sitio es muy cursi y solo sirven esa agua sucia — Contestó Ron mientras ponía cara de asco.

— Debes de ser el único inglés al que no le gusta el té — Comentó su amiga.

Mientras hablaba Hermione notó como alguien tenía la vista puesta en ella, giró la cabeza y se encontró con los penetrantes ojos del profesor Snape. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al cruzarse con su mirada.

"¿Será uno de los profesores encargados de nuestra vigilancia en Hogsmeade?" — Se preguntó la joven al ver como ese hombre atravesaba la estancia en la que se encontraban. Antes de poder pensar más en ello Severus desapareció por uno de los pasillos.

— Será divertido tener una cita doble — Comentó Lavender sacando abruptamente a la chica de sus pensamientos.

— ¿Cita doble? — Preguntaron Harry y Hermione al mismo tiempo.

Ambos se miraron con expresión de perplejidad.

— No somos novios — Aclaró Potter mientras se ruborizaba ligeramente.

Por fin llegó el señor Filch para comprobar los permisos de los alumnos antes de dejarlos marchar. También se unieron al grupo los magos responsables de los jóvenes, en esta ocasión eran Hagrid y el profesor Slughorn. Ambos estarían por el pueblo hasta la hora acordada para que todos volvieran juntos al castillo. El camino hasta la aldea no era demasiado largo pero el hecho de que nevara débilmente hizo que los estudiantes maldijeran su idea de salir de Hogwarts. Al llegar al pueblo el gran grupo se dispersó para poder disfrutar del día en el lugar.

Lavender, Ron y Harry fueron al "Tres Escobas" pero Hermione logró escabullirse de ellos por un rato con el pretexto de ir a comprar material escolar en "La casa de las plumas", una tienda mágica donde vendían gran cantidad de plumas, cuadernos, pergaminos y demás utensilios para la escritura mágica.

— Buenos días señorita Granger — Saludó el dueño al ver a la joven acceder al local.

— Buenos días señor Dawn — Respondió Hermione mientras entraba en el mismo.

— Es un placer tenerla de nuevo en mi negocio, ¿busca algo en especial? — Preguntó el anciano mago.

Con paso fatigoso se acercó hasta su clienta para ayudarla con las compras.

— No se moleste, por ahora admiraré su mercancía — Contestó ella con una tímida sonrisa.

Los dos se encontraban delante del expositor donde el señor Dawn guardaba las mejores plumas que tenia. Para Hermione se había convertido en una costumbre detenerse para admirarlas cada vez que visitaba la tienda.

— Veo que siguen interesándole las plumas de faisán — Apuntó el hombre mientras se acariciaba su poblada barba, la cual guardaba gran parecido con la de Dumbledore.

— Son muy bellas — Comentó la joven sin apartar la vista de la magnífica colección.

— Adivino que su preferida sigue en el expositor — Dijo el señor Dawn poniendo de nuevo la atención en su mercancía.

— Sí, ahí sigue — Comentó la joven mientras reía de manera comedida por verse descubierta.

— Parece que la está esperando a usted, ¿verdad? — Aseguró el tendero.

— Podría ser — Respondió la joven con una mirada cómplice. Solo el caro valor del objeto la detenía a la hora de llevárselo consigo.

— Si no es indiscreción, ¿podría decirme cual es la que más le agrada? — Preguntó con curiosidad el mago.

Hermione se puso de puntillas para señalar la que se encontraba en el más alto de los estantes.

— Una pluma de faisán dorado, larga como una espiga de trigo maduro y con un patrón moteado de gran belleza. Tiene buen gusto señorita Granger, es sin lugar a dudas una de las más hermosas de mi colección — Informó el hombre.

— La verdad es que son todas muy bonitas — Contestó la muchacha con modestia.

— Si necesita algo más de mí avíseme, siempre es un placer conversar con tan agradable compañía — Dijo el hombre antes de perderse por los pasillos de su tienda.

Hermione siguió allí durante un poco más de tiempo, examinando los materiales que ofrecía "La casa de las plumas", los cuales hacían las delicias de los magos a los que les gustaba plasmar sus ideas y hechizos en diarios o pergaminos. La joven se encontraba mucho más cómoda entre esos objetos que en compañía de Ron y su novia así que remoloneó todo lo que pudo en el negocio, posponiendo el inevitable momento de volver con sus amigos.

Finalmente decidió comprar una liberta nueva para sus ensayos mágicos.

— Me llevaré esto señor Dawn — Dijo la joven dejando el humilde cuaderno en la zona de cobro.

El hombre, que acababa de llegar al lugar después de pasar por el almacén, examinó el diario que la joven había decidido comprar.

— ¿Para qué lo utilizará? — Preguntó él mientras lo tomaba entre sus manos.

— Bueno... quiero anotar los nuevos hechizos no verbales que estoy aprendiendo — Comentó Hermione tratando de ser sincera.

El hombre miró las cubiertas de la liberta y la calidad del papel mientras torcía el gesto. Ese producto era el más económico en la gama de cuadernos.

— Pues... está de suerte señorita — Comenzó a decir el señor Dawn — Con la compra de este artículo tiene otro de regalo.

El mago sacó de uno de sus cajones un diario de una calidad muy superior al que Hermione había escogido. Su cubierta era de cuero con pequeños grabados en la piel y cruzaban su lomo unas cuerdas trenzadas con apliques metálicos para su cierre.

— Pero... — La chica lo miró confundida.

De inmediato sacó las monedas que tenía en los bolsillos, las cuales solo le alcanzaban para la compra de la libreta que había escogido. Con rapidez las dejó en la mesa ante el comerciante.

— Sólo tengo esto señor Dawn, no... no puedo llevarme un artículo de tanto valor — Dijo avergonzada.

Hermione se daba cuenta de que ese diario debía de cuadruplicar el precio del suyo. No podía aceptar llevarse algo de tal calidad.

— Ya le he dicho que es una promoción especial señorita Granger — Apuntó el hombre con calma — Además estoy seguro de que pronto vendrá a por esa pluma, creo que será la pareja perfecta para este diario.

Antes de que la joven pudiese replicar algo el hombre comenzó a envolver en papel ambos cuadernos.

— Gracias — Dijo por fin profundamente agradecida por ese detalle.

— A usted señorita Granger — Contestó el hombre tendiéndole los dos paquetes envueltos con mimo.

Hermione se marchó de allí feliz por el regalo. Mientras caminaba por las calles de Hogsmeade abrazada a sus recientemente adquiridos cuadernos pensó en para que utilizaría ese hermoso diario, debía escoger algo digno de ser plasmado en esas páginas.

Cuando llegó al "Tres Escobas" vio que el local estaba a rebosar, con dificultad entró en él buscando con la mirada el cabello rojizo de Ronald. Al cabo de unos segundos lo divisó sentado en una de las mesas en compañía de Harry y Lavender, así que armándose de valor se dirigió hasta ellos.

— Hola — Saludó mientras dejaba los paquetes en la mesa y comenzaba a quitarse el abrigo.

— ¡Por fin! — Exclamó Harry — Ya empezaba a preocuparme.

— Me entretuve más de lo esperado en la tienda — Explicó Hermione.

— ¿Qué has comprado? — Preguntó Lavender con curiosidad.

— Bueno, uno es un regalo — Comentó Hermione a la vez que tomaba asiento.

En la mesa ya había tres cervezas de mantequilla que sus amigos habían pedido en su ausencia. Al girarse para buscar a Rosmerta y pedir la suya vio como ella ya se encaminaba hacia ellos.

— Una cerveza de mantequilla con jengibre, por favor — Pidió la joven con rapidez.

La mesera se marchó con la misma celeridad con la que llegó mientras los ojos de Ronald también se iban tras su curvilínea figura, algo que pasó inadvertido para Lavender pero no para Hermione.

— Ronald cierra la boca — Murmuró Granger mientras lo miraba de reojo.

— ¿Qué? — Preguntó el pelirrojo al verse forzado a salir de sus fantasías con la camarera.

— Nada — Respondió su amiga mientras negaba con la cabeza.

Mientras esperaban la consumición la conversación insustancial de Lavender se impuso en la mesa. Harry, Ron y Hermione asentían de vez en cuando tratando de ocultar que se encontraban perdidos en sus propios pensamientos más que atentos a la palabrería de la rubia.

— Aquí tienes — Dijo Rosmerta al dejar la jarra que había pedido Hermione.

Tras agradecer el servicio la mujer volvió a marcharse dedicándoles al conjunto de jóvenes una radiante sonrisa.

— No sé si lo sabéis pero en Navidad Rosmerta y el profesor Snape se besaron — Comentó Lavender con malicia.

Esa información sorprendió al grupo de amigos por igual.

— No puede ser — Dijo Potter incapaz de imaginar a Severus besándose con una mujer.

— Sí, un grupo de alumnos de último curso vino al "Tres Escobas" tras finalizar la cena de Navidad en Hogwarts y lo vieron con sus propios ojos — Siguió comentando la joven feliz de que por fin los tres amigos estuviesen prestándole su completa atención.

— No — Se lamentó Ron — Con el murciélago de las mazmorras no... — Parecía que estaba a punto de hacer un puchero.

Ese comentario molestó a Hermione, ¿era tan imposible que una mujer se interesara por Severus? Ahora que había vislumbrado un poco de su compleja personalidad no le extrañaba que pudiese encontrar el amor en brazos de una fémina.

— ¿Y por qué no? — Preguntó intentando guardar la calma ante el infantil comportamiento de su amigo.

— ¿No lo preguntaras en serio? — Preguntó Harry sorprendido.

— No creo que sea tan imposible — Aclaró Granger alzando ambas cejas para enfatizar lo que decía.

— Pero con una diosa como ella no — Contestó Ron de manera automática sin pensar en que a su lado tenia sentada a su novia.

Ésta llevada por los celos le dio un codazo mostrando su enfado por el comentario. Con tan mala suerte que el pelirrojo dejó caer su jarra de cerveza de mantequilla al suelo.

— Mira que eres torpe — Farfulló Hermione mientras sacaba la varita de su abrigo.

— ¡Pero si ha sido ella! — Respondió el joven ignorando la furibunda mirada de su pareja.

— Eres un bocazas Ron — Le reprochó su amigo mientras se giraba para ver como los ojos de Rosmerta estaban puestos en ellos.

Parecía que el estallar de la jarra había llamado la atención de la mujer, la cual los miraba con mala cara.

— ¡Lo arreglaremos! — Gritó Harry mientras pedía disculpas con la mirada.

Fregoteo — El hechizo salió de la varita de Hermione haciendo que el suelo quedase completamente inmaculado.

Reparo — Conjuró el joven Potter ya con la varita en la mano para reconstruir la jarra.

— Y yo me he quedado sin mi cerveza — Se lamentó Ron con tristeza.

— Agradece que no te has quedado sin novia — Respondió Lavender cruzándose de brazos visiblemente enfadada.

El grupo de amigos continuó en el local hasta terminarse las consumiciones, aunque el ambiente alegre había desaparecido y un silencio incomodo se había instalado entre ellos.