El viaje en ciervocamino a Hornet se le había hecho eterno, a pesar de que siempre había considerado ese medio de transporte muy cómodo y veloz, la preocupación por su descendencia la tenía histérica. Era bien sabido por todos que no era buena idea mover o manosear demasiado los huevos, y ahora tener que hacer un viaje tan largo con ellos podía ser perjudicial, lamentablemente los efectos de todo este proceso no lo sabrían hasta que llegaran el momento de la eclosión.
Cuando finalmente Hornet y Quirrel llegaron a la estación de la reina, para su sorpresa encontraron una comitiva para recibirlos, la cual estaba encabezada nada menos que por la mismísima reina Clara.
La araña suspiró agobiada, no quería tener tanta atención sobre ella, solo quería llegar a los archivos rápido y acomodar a sus niños, pero lamentablemente no podía hacerle un desprecio a la pequeña raíz, al menos debía ser educada y saludar. Si hubiera sido por ella hubiera mantenido el asunto del traslado de los huevos en completo secreto, pero ya que el lugar elegido para ocultarlos estaba en los territorios de Clara, se vio obligada a pedir autorización. Nadie puso ningún problema, incluso la raíz ofreció proteger el lugar dentro de sus limitadas posibilidades, así que Hornet tenía la certeza de que sus retoños sería bien recibidos, pero le preocupaba el exceso de entusiasmo de todos.
—¡Hornet! —Clara corrió a abrazar a la mestiza efusivamente y Hornet le devolvió el abrazo de forma algo tímida.
Aunque al inicio la reina era una persona apática y poco expresiva, con el tiempo había aprendido a manifestar sus emociones y ser más cariñosa, sin embargo, con ciertas personas tenía algunos problemas para mostrar cercanía, Clara era una de ellas. No podía evitar que la niña le recordara mucho a la difunta dama Blanca, eran prácticamente iguales salvo porque Clara tenía los ojos violetas en lugar de azules, y porque la ramas de su cabeza en lugar de estar marchitas estaban llenas de brotes y una que otra flor. La dama Blanca había sido como una madre para Hornet y tener a esta madre ahora convertida en una pequeña a la que había que cuidar se le hacía incómodo.
La otra razón que le complicaba manifestar cariño hacia la damita era Dimityr, una de sus hermanas más complicadas.
Como siempre esta contenedor se encontraba junto a su reina, como una sombra implacable. Era una muchacha muy alta, al punto que Hornet la envidiaba, parecía que de todos los hermanos ella era la única que había heredado la altura del rey Pálido, incluso Clara ya casi era tan alta como ella, aunque claro, como raíz cuando fuera adulta tendría un tamaño impresionante.
La araña clavó sus ojos en Dimityr que la vigilaba con cautela, como siempre, sus elegantes cuernos de ciervo se alzaban imponentes sumándole algo de altura extra, quien no la conociera podría pensar que era una princesa de aquel reino verde, pues la muchacha se había mimetizado tan bien con el ambiente y la gente del lugar que incluso había adquirido su costumbre de vestir con musgo, claro que como a ella no le crecía de forma natural como a los musgosos, había optado por tejer una capa con seda, musgo y flores. Sí, ella sentía una gran afinidad por todo lo vegetal, Tierras Verdes y los musgosos eran su mundo y Clara su adoración, hasta el punto de rayar en lo obsesivo.
Y ese era el problema con Dimityr, su manía de estar junto a Clara y de alejar a todos de ella la hacía molesta e intratable, era un poco más permisiva con sus hermanos pero aún así parecía estresada cada vez que ellos se acercaban a una distancia "excesiva" a la pequeña raíz, en parte esta era una de las razones por las que las dos solían pelearse.
—¿Donde están? —La pequeña raíz la miró con sus ojos violetas rebosando de emoción— ¡Quiero verlos! ¡Ah! Los tiene Quirrel.
Olvidándose por completo de la reina araña, corrió hacia la cochinilla y dio un buen vistazo a la canasta con los huevos, inmediatamente Hornet se puso tensa. Entonces la pequeña dirigiéndole su mejor mirada tierna preguntó.
—¿Puedo cargarlos?
Inmediatamente Quirrel sintió el hielo y el fuego atravesarlo. Por un lado su esposa tenía una expresión seria y casi mortal que claramente decía que no podía permitir que los tomara, pero por otro lado Dimityr tenía una mirada amenazantecon el mensaje implícito de que si ponía a Clara triste lo pagaría caro. Afortunadamente un musgoso llegó para ayudarlo.
—Su majestad, los huevos no deben ser removidos ni manoseados en exceso, eso podría matar a las criaturas de su interior, de hecho lo ideal habría sido no sacarlos del nido, lo mejor para ellos es que los lleven a su nuevo hogar y los acomoden lo más pronto posible. Además, los huevos no son muy distintos de una aburrida roca, cuando nazcan las crías será más interesante y podrá jugar con ellas.
—Ah... Bueno... Está bien, entonces esperaré a que nazcan.
Quirrel suspiró aliviado, notó que Hornet ahora parecía más tranquila y por su parte Dimityr... Tenía la cara roja y parecía agitada. La idea de imaginar a su querida Clara jugando con las adorables crías de Hornet le enternecía y la emocionaba a partes iguales. Al menos la contenedor no tenía demasiados problemas en que su reina se acercara a crías inofensivas.
La cochinilla inició la marcha hacia los archivos, su lugar de trabajo y hogar durante los próximos días. Ambos habían decidido que ya no podían dejar los huevos solos o a cargo de personas que no tuvieran la fuerza para protegerlos, no querían que otra araña leal como Ania terminara herida. Por eso los ocultarían en los archivos, nadie pensaría en buscarlos en un lugar como ese, además, Quirrel estaría ahí para protegerlos y él, aunque fuera una cochinilla, sabía muy bien como blandir un aguijón y defenderse, y si era por sus hijos se volvería un adversario implacable.
Pero justamente para su protección, debería permanecer día y noche en el lugar. Esto no le agradaba mucho, pero al menos tenía trabajo con qué entretenerse y el lugar era lo suficientemente amplio como para no sentirse encerrado. Hornet lo visitaría cada noche, pues por sus deberes de reina no podía estar todo el día con él, pero seguro sus amigos y colegas de trabajo le harían compañía durante el día. Era curioso lo sensible que se había vuelto, durante mucho tiempo fue un viajero errante que vagaba por tierras salvajes en absoluta soledad, pero ahora sus instintos de cochinilla parecían haberse exacerbado y anhelaba la compañía y el calor de una familia, quizás se había acostumbrado a una vida tranquila y en sociedad, o era la edad que comenzaba a pesarle.
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Gotas interminables caían sobre la cabeza de Orquídea, la mantis estaba maravillada sintiendo el agua resbalar sobre su caparazón, aunque si lo consideraba bien, con el tiempo quizás tanta agua se volvería algo molesto, pero los insectos de la ciudad no parecían preocupados por esto, ignoraban la lluvia y se ocupaban de sus asuntos.
La mantis le había preguntado a Hollow de donde venía toda esa agua, había escuchado historias de que en la superficie a veces caían gotas del cielo, gotas tan grandes que podían ahogar a un insecto y matarlo, pero el agua de aquí era suave y fina. El caballero con su mejor letra le había explicado que encima de la ciudad había un enorme lago subterráneo, cuya agua se filtraba a través de la roca y luego caía sobre la ciudad. Esta información activó su curiosidad innata y de inmediato manifestó su deseo de visitar aquel lugar. El bicho gustoso se ofreció a llevarla, pero Orquídea no sabía como reaccionar ante este ofrecimiento.
La verdad no había ninguna razón lógica para rechazar la propuesta de Hollow, pero el desastre en el que se había convertido la mente de la Lord le impedía aceptar de buenas a primeras. Estar cerca de él encendía su deseo y cada vez disfrutaba más estar estar a su lado, en general su trato amable y atento estaba comenzando a ablandarla y eso era algo que ella no quería permitir. Pero por otro lado la idea de ver un enorme lago subterráneo le atraía, ya había quedado impresionada con la belleza de esa ciudad, ahora quería ver más, deseaba explorar y descubrir todos los misterios que el mundo fuera de Páramos Fúngicos tenía para ofrecer.
Pero Hollow era ajeno a todos los debates internos de la mantis, y al verla tan seria con la mirada perdida en las calles, pensó que no había aceptado el ofrecimiento y decidió ignorarlo. La situación comenzaba a cansarlo, él estaba poniendo todo de su parte en ser amable, pero parecía ser inútil. Golpeó el lápiz contra su pizarra mágica y le indicó a su acompañante que lo siguiera.
Para sorpresa de ambos Sharpy no estaba en la casa editorial donde trabajaba, hasta ese momento ninguno de los dos lo sabía pero las leyes laborales de Hallownest le permitían a las hembras faltar al trabajo durante sus períodos de celo. En realidad era una ley que todos apoyaban, pues tener a machos trabajando junto a una hembra en celo podía terminar siendo algo peligroso. Sin embargo, siempre que se pudiera, las chicas debían llevar trabajo para realizar desde sus casas, nuevamente algo con lo que nadie tenía problemas, pues era bien sabido que mantenerse ocupada haciendo algo era lo mejor para sobrellevar ese estado.
Normalmente la mantis hacía labores más ejecutivas y de gestión, pero dado su estado, había optado por llevar una pila de manuscritos para revisar y editar en casa, así que luego de conseguir su dirección, Hollow y Orquídea se dirigieron su departamento.
Orquídea miraba con bastante curiosidad los pasillos del edificio habitacional donde estaban, distaba mucho de la magnificencia del palacio blanco, pero seguía siendo mucho más impresionante que las chozas donde vivían las mantis ¿Y estas eran las casa típicas de los plebeyos en Hallownest? Tampoco es que las envidiara del todo, los departamentos le causaban una sensación de encierro, en ese sentido prefería los amplios espacios del palacio, o su humilde choza.
—Mantener limpio este sitio debe ser una verdadera proeza —Comentó la insecto. Hollow por supuesto contestó a su comentario, aunque tuvo que esperar a que escribiera la respuesta en su pizarra.
"Hay insectos especializados en limpieza que se encargan de mantener todo en orden. El interior de cada hogar es responsabilidad de sus ocupantes"
—¿Pero estos bichos no se revelan y se niegan a hacer la misma tarea siempre?
"Es su trabajo, ellos lo eligieron y se les paga por ello. Cada bicho puede elegir la ocupación que más les acomoda o les gusta, así todos cooperan y trabajan juntos para sacar el reino adelante"
La lord meditó las palabras de Hollow, las cosas aquí eran muy distintas que en casa y quizás en ciertos aspectos funcionaran mejor. Como Lord, una de sus tareas habituales era solucionar pleitos y riñas domésticas, cosa bastante común en la tribu, si bien a menudo estas se resolvían rápido, a veces la pelea escalaba hasta llegar a niveles peligrosos, y como nadie quería alguien acabara muerto por una razón estúpida, los Lords intervenían. Tristemente un motivo común de estas "discusiones", era a quien le tocaba hacer las tareas domésticas ese día. Quizás debía admitir que en Hallownest no todo funcionaba mal y que podrían hacer algunas mejoras en la tribu, cuando regresara a casa lo conversaría con sus hermanas.
Ambos bichos llegaron a la puerta del departamento de Sharpy, entonces Hollow tocó... Y se desató el desastre.
Sharpy era una mantis pacífica, se llevaba bien con sus vecinos, tenía muchos amigos, amaba su trabajo y jamás atacaba a nadie a menos que fuera un combate concertado, pero si se veía en peligro no dudaría en defenderse con toda su fuerza, y aunque este no era el caso, ella pensó que estaba en una situación mortal.
Luego de su destierro, la mantis asumió que jamás volvería a ver a otro de sus congéneres, por eso centró todos sus esfuerzos en adaptarse a la ciudad y enterró en el fondo de su mente todo lo referente a su vida en la tribu. Sin embargo, aún cuando ya habían pasado años de aquello, de vez en cuando todavía la asaltaban algunos de sus viejos miedos, más de una vez había despertado en medio de la noche gritando porque en sus sueños veía a las tres Lords con sus lanzas apuntando contra ella, listas para matarla.
Y ahora, tenía su peor miedo frente a ella. A diferencia de Hornet, Sharpy fue capaz de reconocer a la Lord aún sin su manto real ni su corona. Finalmente habían venido a matarla, la eliminarían por ser una mantis débil e indigna.
Hollow podía haber aclarado el asunto, pero no tenía voz, ni tiempo para escribir, por lo que la batalla que siguió fue inevitable, la editora sacó sus garras y atacó a Orquídea dispuesta a defender su vida a cualquier costo.
Una serie de golpes y el sonido de objetos rompiéndose despertó el pánico en los vecinos, quienes en ese momento corrieron a esconderse en sus casas, mientras que afuera en los pasillos se podía ver a un par de feroces mantis luchando con todas sus fuerzas, mientras que detrás de ellas iba corriendo un caballero con un cartel que decía "¡Detenganse! ."
Para variar, el poco sentido común de Hollow no le hacía suponer que ninguna de ellas se iba a dar el tiempo de leer su cartel.
Sin embargo, en medio de aquella acalorada batalla no todo era caos y violencia. Sharpy estaba preocupada de que algún insecto saliera lastimado, por eso, de forma sutil y estratégica iba avanzando a través de los pasillos, guiando a su adversaria cada vez más arriba, hasta que finalmente llegaron a la azotea del edificio.
Casi nadie iba a ese lugar, solo había metal y el constante repicar de las gotas de agua, allí podrían desatar todo su poder sin obstáculos ni interrupciones. Hollow tardó un rato en alcanzarlas, él era fuerte, pero no era alguien demasiado veloz, Orquídea, su hermana e incluso Izuri eran más rápidos que él en una carrera.
Ahora Hollow tenía a las dos hembras luchando a muerte, aquella batalla era vertiginosa, un ir y venir de golpes, cada uno más feroz que el anterior, donde las mantis se movían con tal velocidad que parecían esfumarse entre las gotas de lluvia, como dos fantasmas participando de una danza mortal, donde la elegancia y la violencia marcaban el ritmo del encuentro.
Hollow no encontraba la forma de intervenir y pararlas, así como iban las cosas su única opción sería atacarlas a las dos, pero quizás cuanta fuerza sería necesaria para eso, temía dejarlas más heridas de lo necesario, al parecer, a pesar de su elegancia, con las mantis todo se trataba de brutalidad, por eso se puso a brincar con su cartel en alto tratando de que lo vieran.
Mientras tanto, la batalla de las mantis continuó. Orquídea atacaba con velocidad y precisión, demostrando con creces el porqué se había ganado su puesto como Lord, su fuerza era tremenda, además de su habilidad, pero para su sorpresa derrotar a su adversaria estaba resultando ser una tarea más complicada de lo esperado ¿Qué estaba pasando aquí? ¿Acaso esta chica era más fuerte que ella? No, eso no podía ser, seguramente tanto tiempo en reposo cautiva en el castillo le había quitado la práctica y por eso se había vuelto débil.
Débil...
Ese era el mayor miedo de una mantis, y la perspectiva de entrar en ese estado aterraba a Orquídea de una forma impensable. Comenzó a atacar con más ferocidad y cierta desesperación. Sharpy pareció darse cuenta de ello, por lo que aprovechó la situación a su favor, tras cada ataque lanzado descuidadamente, la editora aprovechaba las aberturas dejadas para soltar un certero contraataque que dejaba una herida sangrante, y una punzada de dolor, pero con la adrenalina de la batalla, no parecía ser notada.
Poco a poco, Orquídea comenzó a debilitarse, su desesperación y la considerable habilidad de Sharpy hicieron mella en su cuerpo, hasta que llegó el momento en el que tras una mala maniobra, sus extremidades no fueron capaces de responderle y cayó al piso. Entonces sintió un agudo dolor en su pecho, donde la vencedora la golpeó con su rodilla y la presionó usando el peso de su cuerpo, pero para asegurar por completo su victoria, llevó sus garras hacia el cuello de su adversaria dejándola en una postura donde un movimiento en falso significaría el final de su vida.
Una ola de alivio recorrió a la mantis al saberse vencedora, podría vivir un día más. Pero esta sensación solo duró hasta que sintió el toque del frío metal en su espalda. De reojo logró vislumbrar a Hollow que tenía su arma apuntándola directamente con una mirada tan fiera que un escalofrío le recorrió el cuerpo. Aquella situación se le hacía muy extraña, era muy raro ver al hermano de su amiga en tal estado de agresividad, para ella solo era ese insecto atolondrado y simpático que aún con su edad le seguía pidiendo dulces cuando iba a visitarla.
—Hey... No... No es que pretenda matarla ¡En serio! —La mantis estaba claramente nerviosa—. ¿O acaso los dos están aquí para acabar con mi vida? —Esto último lo dijo con angustia en su voz.
—No... Estaba en nuestro planes matar a nadie... Al menos no hoy —dijo Orquídea con algo de dificultad.
—¿Eh? ¿No venían a matarme? Entonces... ¡Ay cuánto lo siento!
Inmediatamente Sharpy salió de encima de la Lord y la ayudó a reincorporarse, luego se deshizo en disculpas y reverencias mostrando su vergüenza por lo que había pasado. Orquídea la miraba estupefacta, ella había sido la vencedora, no debería tener una actitud tan servil hacia los vencidos, el ganador podía ejercer su voluntad. En cambio esta hembra luego de aclarado el malentendido los invitó a su casa, les sirvió té, algunos dulces y los atendió con la mayor de las cortesías ¿¡Por qué rayos actuaba así!? Aquello no tenía sentido y además la hacía sentir muy irritada, era como si tuviera lástima de ella.
En realidad esto último no era cierto, no estaba enojada porque la atendieran bien, era la excusa que se inventaba para no reconocer sus celos por la cercanía que mostraba Sharpy con Hollow, directamente estaba coqueteando con él. No podía ignorar la forma en que contoneaba seductoramente su cola cada vez que pasaba frente a él, el como lo rozaba "accidentalmente" cada tanto o aprovechaba cada excusa para tocarlo ¡Ella también quería!
Hollow por su parte se sentía sumamente incómodo, conocía a Sharpy, sabía que era cariñosa y muy aficionada a los abrazos, pero nunca había actuado de esa manera con él. No le costó mucho relacionar esta conducta con su celo, de acuerdo a Hornet las hembras buscaban desesperadamente la atención de un macho y él... Bueno, no tenía género definido, pero actuaba como un macho y los demás lo veían así, por lo tanto, aunque esta mantis no estuviera románticamente interesada en él, sus instintos la llevaban a buscar su atención.
Y esto solo hacía que se sintiera cada vez más decepcionado de la actitud de Orquídea ¿Por qué ella no lo buscaba? ¿Acaso lo odiaba tanto como para ignorar sus instintos y rechazarlo de forma tan drástica? ¿Por qué no podía abrazarlo y hablarle de forma cariñosa como Sharpy? ¿Y por qué quería que hiciera eso? Un sonrojo recorrió el rostro del caballero al pensar en esto último.
—Muy bien chicos ¿Qué los trae por aquí? —Dijo la anfitriona tomando asiento en un sillón junto a Hollow, Orquídea sentada desde la silla de al frente la miró con rabia.
—Quería conocer a la patética mantis desterrada que hizo su vida en la ciudad viviendo junto a al resto de la escoria.
La rabia que sentía la Lord hizo que sus palabras sonaran más descorteces de lo que hubiera querido, pudo notar que incluso Hollow mostró una expresión de disgusto ante ellas, pero estaba usando todo su autocontrol para no saltar encima de la otra mantis y alejarlo de "su" macho.
—Oh vaya, pues yo me pregunto quien de nosotras es la más patética ¿Quieres que te recuerde quien ganó el combate?
—¡No estaba en mi mejor forma! —Gritó la mantis—. Llevo dos semanas sin entrenar y encerrada en el palacio Blanco, he perdido práctica y mis músculos se han entumecido.
—Pero son dos semanas, no dos años ni dos meses. Por favor, se supone que eres una Lord, una de las mantis más fuerte de toda la tribu y yo una mantis a la que exiliaron por débil.
—Bueno, quizás hubo un error en tu sentencia y tenías más capacidad de la esperada —Orquidea estaba tensa y enfadada—. Si deseas regresar puedes...
—No quiero regresar.
—¿¡Que!? ¿Por qué no querrías regresar a ti tribu?
—¿Para qué? Aquí tengo todas las cosas que me gustan. Amo mi trabajo, tengo muchos amigos, hay restaurantes, teatro, tiendas, quizás a veces moleste un poco esta agua que nunca para de caer, pero entonces voy de paseo a Cruces Olvidados o a Bocasucia y me tomo un descanso. No tengo grandes lujos pero mi vida es buena ¿Por qué querría regresar a esa tribu habitada por salvajes?
—¡Por el orgullo de las mantis! —Gritó poniéndose de pie.
—¿Orgullo? Pfff... Sabes... Con el tiempo, tras vivir en este lugar y aprender algunas cosas he llegado a algunas conclusiones. Las mantis no somos fuertes por orgullo o estatus, la razón para ser fuertes es para sobrevivir a la adversidad. Por eso el exiliar a una mantis por haber fallado en una cacería como fue mi caso, me parece excesivo e injusto, si una mantis puede asegurar su propia supervivencia sin perjudicar al resto ¿Por qué expulsarla?
—Por que es...
—¿Débil? El fallar una cacería y salir viva ya demuestra fortaleza, algunas presas son bastante peligrosas. Y eso me recuerda, el otro punto con el que no estoy de acuerdo es que catalogan de débil a cualquier bicho que no sea cazador o luchador. No todas las especies nacieron para pelear, no tienen las aptitudes para eso y no es justo compararnos. Pero eso no las hace débiles, son fuertes a su manera, el ser capaz de escapar de un cazador y salir vivos es prueba de su fortaleza. Por algo la especie ha prosperado.
—...
Orquídea no tenía como responder a los argumentos, pues eran bastante lógicos. Durante su vida nunca se le había ocurrido cuestionar el funcionamiento del sistema, para ella las cosas siempre habían sido de esa manera y le parecía lo correcto, los bichos "débiles" debían ser despreciados y apartados del resto de los seres dignos. Pero ahora se sentía confundida con las ideas nuevas que le presentaba esta mantis, todo era demasiado para ser asumido de forma rápida, básicamente aceptar lo que le decían era destrozar todas sus creencias, su realidad y básicamente su mundo.
Comenzó a ponerse nervioso ante la incertidumbre que sentía, por lo que decidió comer un poco para tratar de calmarse. Se inclinó hacia adelante y tomó un plato con un trozo de pastel de los que estaban puestos en la mesita que tenía al frente y con toda educación comenzó a comer usando un tenedor. Mientras tanto, en el sillón que estaba del otro lado de la mesa, Hollow parecía estar comunicándose con Sharpy de alguna forma, pues escribía con bastante entusiasmo en su pizarra.
Orquídea no supo que fue lo que dijo, pero al parecer fue algo bueno, pues Sharpy mostró una sonrisa radiante e inmediatamente le dio otro de sus innecesarios abrazos a Hollow. En ese momento ambos tuvieron que separarse y echarse hacia atrás, pues sus instintos les advirtieron de un peligro, el cual se manifestó en la forma de un tenedor que pasó volando justo a través del espacio que dejaron.
Ambos desviaron la vista hacia la Lord, ella estaba con el rostro rojo mirándolos con enfado y vergüenza. No tardó en desviar la vusta hacia un lado. Ante esto Hollow simplemente suspiró de forma cansada, en serio ya se estaba aburriendo de la agresividad de Orquídea. Sin embargo, Sharpy fue capaz de ver más allá de ese simple acto, había algo que necesitaba comprobar, pero para eso necesitaba deshacerse de Hollow un momento.
—Hollow cariño ¿Te importaría hacerme un favor e ir a comprar mermelada a la tienda de al frente? —Comenzó a sacar un poco de dinero de un monedero que tenía a mano— Puedes comprar dulces con el cambio si quieres.
Hollow aceptó encantado, el ambiente dentro del departamento estaba algo denso y ahora no quería estar ahí, además la idea de los dulces le era muy atractiva, en ese sentido seguía siendo un niño.
Una vez el contenedor se hubo ido sharpy fue directo al grano.
—¿Te gusta Hollow?
—¿Mmm? ¿De qué hablas? —La actitud de la mantis se mantuvo serena, pero un ligero temblor en su voz la delataba.
—Él te atrae, mucho más de lo que debería —Una siniestra sonrisa apareció en el rostro de Sharpy—. Una Lord enamorada de un insecto que no es una mantis, qué divertido.
—¡No te atrevas a decir semejante blasfemia! —Gritó Orquídea golpeando la mesa con furia—. ¡Yo jamás osaría cometer semejante herejía!
—Jamás digas jamás. Esa es una de las primeras cosas que aprendí al llegar aquí, todo es posible. Además, yo no la voy a juzgar por interesarse en alguien que no es una mantis y Hollow en todos los sentidos es un buen partido. Además ¿Sabía que los niños de padres de distintas especies no siempre son mestizos? Solo en el 50% de los casos.
—¡A mí no me interesa eso! Tener hijos con un bicho de otra especie es asqueroso.
—Eso no ha impedido que se enamore de él.
—¡Yo no estoy enamorada!
—Hollow te atrae... Soy experta en romance, pero te fuerzas a ti misma a rechazarlo.
—Él no... Bueno... Puede que me atraiga pero es solo por el celo. ¡Sí, eso es! No es que yo tenga esa tonta enfermedad conocida como enamoramiento ¡Por supuesto que no! Simplemente Hollow es un macho muy atractivo, y fuerte y además es agradable y lindo y...
Terminó guardando silencio al darse cuenta de lo que estaba diciendo. Sharpy solo pudo soltar una carcajada.
—Oh vaya, pero adorable. No te avergüences de lo que sientes querida, no tiene nada de malo amar a alguien.
—¡El amor te hace débil y estúpido!
—Eso no es verdad, no le eches la culpa al amor, son solo excusas, si no tienes voluntad y cometes idioteces es tu culpa. El mayor ejemplo que te pondría sería Hornet ¿La conoces? Ella está muy enamorada de su esposo, pero no deja que sus sentimientos interfieran con su trabajo o sus decisiones, ella sí es una persona fuerte.
—Lo dudo —dijo recordando el enfrentamiento que había tenido con la reina araña.
—Ella es muy fuerte, siempre entrenamos juntas y de los montones de enfrentamientos que hemos tenido, la he derrotado a penas unas cuatro veces, y una de esas fue porque estaba enferma del estómago.
—¿Ella es así de fuerte?
Orquídea estaba confundida, cuando peleó con Hornet no le pareció la gran cosa, era lenta, con poca resistencia ¿En serio le ganaba a Sharpy? Quizás... Durante su encuentro estaba enferma, cosa que comenzaba a hacerle sentido, pues recordando algunos detalles, todos parecían muy preocupados por ella..
—De todos modos —Sharpy la sacó de sus pensamientos—. Si pretendes quedarte a vivir aquí en Hallownest te recomendaría cambiar tu forma de pensar , no puedes ir por la vida mirando a todos como escoria
—Yo no me quedaré a vivir aquí. En cuanto cace la presa que he venido a matar y demuestre mi fuerza volveré a la tribu a retomar mi puesto como Lord.
—¿Eh? ¿Entonces no fuiste desterrada?
—¡Por supuesto que no! Yo misma dejé mi tribu, se había puesto en duda mi poder y capacidad para ser una Lord y eso era algo que no podía permitir, por eso abandoné Páramos Fúngicos, para buscar a la bestia más poderosa e impresionante que habite el reino y darle caza, entonces regresaré como una triunfadora junto a mis hermanas.
—Vaya, pues buena suerte entonces —Era notoria la decepción en la voz de Sharpy—. Aunque te voy a hacer una sugerencia, no desaproveches tu tiempo aquí.
—¿Qué quieres decir?
—Por tradición, las mantis permanecen recluidas en su territorio, jamás lo abandonan, cuando vuelvas a casa, probablemente nunca volverás a salir otra vez, así que... ¿Por qué no aprovechar que estás aquí para conocer todo lo que puedas? Hallownest y los reinos adyacentes tienen muchas maravillas que ofrecer, esta misma ciudad tiene muchos lujos que jamás encontrarás en la tribu.
—Yo... —La mantis se sonrojó un poco—. No me quiero consentir demasiado ni debilitar mi voluntad sometiéndome a tantas comodidades.
—Ay mi Lord, eso no tiene porqué afectar su fuerza, yo misma me permito bastantes placeres y mi fuerza sigue siendo la misma porque siempre entreno, es cosa de ser organizado y tener voluntad, hay tiempo para todo. —En ese momento un golpe en la puerta indicó que Hollow había regresado—. Parece que su amado está de vuelta.
—¡No es mi amado! ¡Jamás lo será!
—Jujujuju, Jamás jamás jamás, es casi como un cántico mágico que terminará sellando tu destino. —Se puso de pie y se dirigió a la puerta—. Espero mi Lord que esta conversación le haya resultado útil o al menos le permita considerar las cosas desde otro punto de vista. Mientras tanto, disfrute su estancia en el corazón de Hallownest, no hay mejor lugar para vivir un romance.
Orquídea ya fastidiada se dirigió la puerta y la abrió con rabia, prácticamente ni le dirigió la palabra a Hollow y caminó hasta el final pasillo donde se cruzó de brazos mientras les daba la espalda esperando a que el caballero la siguiera.
El contenedor miró a Sharpy con una expresión de pregunta que ella contestó con una risa. Entonces una vez más colocó sus brazos alrededor de los hombros del caballero, acercó su rostro a su oído y susurró.
—Tenle paciencia por favor... Esto... Es difícil para ella, mucho más de lo que imaginas. —Estrechó el abrazo apegándose más a Hollow—. En su tiempo, para mi también lo fue y mis circunstancias eran distintas... Por favor ayúdala —Hollow comenzó a sentirse sumamente incómodo, Sharpy comenzaba a frotarse ligeramente contra él—. Pero... Ten cuidado... Entre ustedes puede salir algo hermoso... Pero si no es planeado pueden terminar lamentándose, no la toques hasta que acabe le mes.
De pronto Sharpy soltó a Hollow y arrojó contra la pared donde cayó estrepitosamente. Entonces confundido miró a la mantis que lucía muy avergonzada mientras se encerraba en su departamento.
—¡Lo siento! ¡De verdad lo siento! Esto es difícil yo... Te lo compensaré, pero no ahora, por favor no me busques, hasta que acabe el mes.
Hollow se quedó allí mirando hacia la puerta cerrada, en absoluta confusión, aunque lentamente iba comprendiendo las complicaciones del celo y lo que significaba para las hembras, en verdad era algo problemático y a veces hasta vergonzoso.
Del otro lado de la puerta Sharpy jadeaba tratando de apagar el calor que envolvía su cuerpo mientras presionaba su cola.
—Pero qué situación más bochornosa. Como odio estar en celo.
