Notas de la autora:

Hola a todos, nuevamente creí que esta actualización no alcanzaría a publicarse, mi tiempo libre se ha vuelto escaso estos días y las responsabilidades han crecido exponencialmente. Aun así, lo logré, ojalá les guste este capítulo. Les mando saludos y nos leemos el próximo domingo.


Había pensado en ese instante durante meses, y ahora que Bulma parecía haberlo olvidado, ya no lo postergaría más, el momento de actuar era ahora. Lentamente Diecisiete extrajo una cápsula de su estuche, apretó el botón de la misma y la lanzo a unos metros de distancia, menos de un segundo después apareció la imponente máquina del tiempo frente a él. Sin demora subió al aparato, se sentó y luego miró el tablero, sus dedos temblaron ligeramente al modificar la fecha y su pulso se aceleró al presionar el botón de encendido.

Era tanta su apuración que al llegar a su destino, voló a toda velocidad hacia el lugar donde se despidió de ella por última vez. La esperanza que llevaba a cuestas se desvaneció tras examinar a fondo la Corporación y no encontrar rastros de la mujer, ni de su presencia en el edificio. La habitación que ella solía usar no tenía ni una sola pertenencia suya, el único vestigio de su existencia eran las fotos familiares que reposaban en la sala de la casa, la cual para su fortuna estaba vacía en esos instantes.

Con nostalgia miró una fotografía donde una sonriente Azul posaba junto a la máquina del tiempo casi terminada, retrato que decidió llevarse consigo antes de abandonar el edificio, luego se dirigió al sitio del que la mujer le había hablado alguna vez cuando la atacaba la melancolía por sus seres queridos. Encontrar el mausoleo de los Briefs no fue tan difícil, ver el nombre de la científica grabado en el mármol si.

— De verdad esperaba que con mi intervención el futuro hubiese cambiado, y que te encontraría con vida —comenzó a decir mientras colocaba su mano en la fría piedra— Pero todo sigue igual, lo siento Azul —admitió mientras algunas lágrimas rodaban por su mejilla.

El dolor que había mantenido controlado durante casi un año, brotó de su ser con la misma fuerza de antes, por varias horas Diecisiete permaneció en la edificación experimentando la más profunda soledad, rememorando cada detalle de cada encuentro que tuvieron, deseando con desesperación que las cosas hubiesen sido diferentes.

— Te extraño —admitió sintiéndose extraño por confesar algo semejante en voz alta— Tanto que por eso viajé al pasado, e hice todo por conseguir que me amaras, y cuando finalmente lo logré, tuve que dejarte... no voy a contarte toda la historia, lo único que necesitas saber es que descubrí que existen pocos momentos en el tiempo donde lo nuestro puede ser posible, al parecer las circunstancias no juegan a mi favor, así que haré un último intento por lograr que todo funcione —Diecisiete hizo una pausa, decirle lo siguiente era bastante difícil— Te amo Azul, y siempre lo haré aun cuando no podamos estar juntos.

Dijo al tiempo que acariciaba el nombre de la mujer escrito en el mármol a manera de despedida. Después abandonó el lugar listo para llevar a cabo su siguiente movimiento. En esa ocasión ingresar en el tablero la fecha exacta fue un problema, apenas si recordaba el momento en que todo sucedió, por lo que tras un rato de hacer memoria por fin pudo digitar los números y la hora que más le resultaban convenientes.

Llegó a aquella época con suficiente anticipación, la necesitaba para asegurarse de que su plan funcionaría pues de no ser cauteloso y preciso, arruinaría su oportunidad, además todavía le hacía falta reponerse de su visita anterior, recuperar su serenidad y su mente fría para que todo se desarrollara sin sobresaltos, así que paso el tiempo que le sobraba repasando a detalle cada paso de su futura actuación. Finalmente cuando el tiempo llego, el androide se dirigió a la Capital del Oeste.

Era extraño verse a sí mismo, y darse cuenta lo diferente que se había vuelto desde ese momento. Si se acercara y le dijera a ese Diecisiete, que la sed de sangre y destrucción podría ser reemplazada por otras emociones, aquel se habría reído en su cara antes de intentar eliminarlo por decir semejantes estupideces.

También era incómodo observar a Dieciocho pues el odio que sentía por ella no había disminuido un ápice, a pesar del tiempo jamás le perdonaría haber asesinado a Azul. El deseo de acabar nuevamente con su gemela se instaló en su mente y por unos segundos se deleitó con la idea de hacerlo, podía esperar a que su otro yo se marchara, recordaba bien que en ese momento estaban algo hastiados de la compañía del otro y solían apartarse por unas horas, así que bien podía aprovechar ese espacio para destruirla.

Pensar en ello resultaba demasiado tentador, sin embargo, se obligó a serenarse y desechar la idea. Asesinar a Dieciocho atraería la atención sobre él, pues estaba seguro que su contraparte no descansaría hasta encontrar al responsable y hacerlo pagar, siendo honesto, lo menos que necesitaba ahora era perseguirse a sí mismo, para lo que pretendía hacía falta mantener un perfil bajo.

Desde lejos observó cómo los androides iniciaban el ataque. Menos de un minuto después, gran parte de la ciudad estaba en llamas, fue entonces cuando los dos saiyayin aparecieron y sin dudar comenzaron a pelear con los gemelos. Recordaba bien esa pelea, Dieciocho y él, habían jugado con los guerreros por un rato, al aburrirse simplemente los atacaron sin piedad hasta dejarlos al borde de la muerte. Pero eso no era lo importante, lo único en lo que debía centrarse era en hacer memoria del sitio en que había encontrado a Azul, lo cual no era nada sencillo, apenas recordaba algo de sus acciones de ese día, fuera de las ganas que tenía de divertirse con ella para luego asesinarla.

La duración de la batalla no le dio a su memoria el tiempo suficiente para conseguir su objetivo de encontrar a la mujer, por lo que tuvo que esconderse cuando los androides descendieron y comenzaron a caminar entre los escombros para asesinar a los sobrevivientes. Después de unos instantes, cada uno de los gemelos tomó caminos distintos, Diecisiete comenzó a seguir a su contraparte con cautela, de ser necesario se enfrentaría a él mismo, aunque en el fondo esperaba que eso no sucediera, Dieciocho estaba demasiado cerca, y pelear con ambos al mismo tiempo, no resultaría sencillo, podría terminar muerto al enfrentarse a la vez a dos entidades con energía ilimitada.

Sus pensamientos se detuvieron en el instante en que se vio a sí mismo mirando con malicia una pila de escombros. "Maldición", murmuró al tiempo que sus puños se apretaban con anticipación a una posible pelea. Sin embargo, el androide no le dio la oportunidad, todo se desarrollaba de la misma forma que antes. Sabiendo que un paso en falso terminaría con la vida de ambos, Diecisiete tuvo que hacer acopio de paciencia para permitir que su otro yo y su gemela, se llevaran a Azul.

Todo lo que podía salir mal estaba sucediendo, por lo que mientras los seguía el ojiazul se obligó a concentrarse, necesitaba mantener la sangre fría y hacer caso omiso de esa vocecita interior que auguraba que todo terminaría en desastre. Estando a una distancia prudente de la casa donde se encontraba la científica resguardada por los dos androides, un inquieto Diecisiete se alistaba a actuar, sabía que solo tendría un instante para apoderarse de la mujer sin que estos lo advirtieran y debía actuar rápido.

Aprovechando la falta de habilidad para detectar el ki, se aproximó lo más posible a la vivienda, luego dirigiendo su mirada hacia donde se encontraba la ciudad más próxima, lanzó un rayo de energía que al impactarse unos segundos después causó una gran explosión, que como esperaba atrajo la atención de los androides, que sin dudarlo se dirigieron de inmediato hacia allá.

Apenas las dos figuras desaparecieron de su vista, ingreso a la casa y se dirigió a la habitación donde debía encontrarse Azul. Su corazón latió más aprisa de lo usual mientras sostenía a la mujer en sus brazos, sin perder tiempo salió volando a toda velocidad en dirección contraria adonde se encontraban los gemelos, no se detuvo hasta que considero que había puesto distancia suficiente entre ambos.

Una vez más relajado, revisó los signos de la científica, ella parecía estar bien a pesar de su estado de inconsciencia. Sabiendo que no había tiempo que perder, puso en marcha la segunda parte de su plan, rápidamente desencapsulo la máquina del tiempo y se adentró en ella con Bulma.

La idea de vivir de nuevo en un mundo donde su identidad correspondía a la de un despiadado asesino, aunado al problema de tener que lidiar con Gohan y Trunks, lo hicieron concluir que quedarse en esa época no era una opción. Más temprano que tarde, Gohan buscaría a Bulma y la apartaría de su lado, y no estaba dispuesto a permitir que eso sucediera de nuevo, necesitaba todo el tiempo posible solo con ella. Además, llevándola a otro tiempo diferente, Azul tendría la oportunidad de vivir en paz, ambos podrían estar juntos sin preocupaciones de ningún tipo, y solo el tiempo sería capaz de determinar lo que sucedería con ellos después.

Apenas el viaje concluyó, Diecisiete extrajo de su estuche metálico otra cápsula cuyo contenido era un brazalete color plateado, el cual coloco en la muñeca derecha de la mujer. Ya que los amigos de la científica poseían la habilidad para detectar el ki se había preparado y durante sus entrevistas con el Doctor Briefs le solicitó que creara un dispositivo que lograra que la energía humana fuera indetectable, así que mientras Bulma usara el brazalete ninguno de sus conocidos de ese tiempo podría encontrarla.

Después bajo del aparato con la mujer en brazos, guardo la máquina y echo un vistazo rápido por los alrededores. Había modificado las coordenadas originales por otras en las afueras de la Capital del Noroeste, pues según recordaba en esa zona había pequeñas poblaciones poco concurridas. Su vuelo le confirmó que su memoria era verdadera, tras encontrar un sitio deshabitado a mitad de dos asentamientos que lucían aceptables para conseguir víveres cuando fuera necesario, descendió y saco de su estuche metálico una nueva cápsula, la cual contenía una casa.

Después de instalarse en el terreno entró tranquilamente en la vivienda, dirigiéndose de inmediato hacia el dormitorio principal. Tras acomodar un poco la cama, recostó a la mujer en ella, luego sostuvo la femenina mano entre las suyas y miró fijamente aquel rostro que por tantos años añoro. Preso de un impulso la beso fugazmente apartándose casi de inmediato, necesitaba poner en orden algunas cosas antes que Azul despertara.

Una hora más tarde, los ojos de la científica se abrieron lentamente, tras acostumbrarse a la luz hicieron un recorrido por la habitación y luego se posaron en Diecisiete, la expresión de la mujer era de temor, y él se estremeció creyendo que lo había reconocido.

— ¿Dónde estoy? —preguntó sin imaginar el alivio de su interlocutor al escucharla.

— En casa —respondió con una sonrisa mientras se acercaba a ella.

— No reconozco nada —soltó tras mirar nuevamente a su alrededor— ¿Quién eres tú? —volvió a cuestionar y él fue capaz de percibir la angustia en su voz.

— Recibiste un golpe muy fuerte —explicó el ojiazul tratando de tranquilizarla.

— ¿Quién eres? —insistió ella tratando de incorporarse sin conseguirlo.

Una fracción de segundo bastó para que Diecisiete tomará una decisión sobre cómo debía responder a aquella pregunta.

— Mi nombre es Lapis, y el tuyo Azul —la mujer lo miró, la duda asomaba claramente por sus ojos celestes— Hubo una explosión en el edificio donde nos encontrábamos, cuando este colapso quedaste atrapada y resultaste herida. Estuviste unos días en el hospital hasta que finalmente los médicos me permitieron traerte aquí.

Ella no dijo nada, parecía estar procesando la información que acababa de proporcionarle. La tensión muscular que el hombre sentía se acrecentaba a cada segundo de silencio.

— Mi mente está muy confundida, no recuerdo nada de eso —pronunció al fin.

—Ya lo harás, ahora descansa —sugirió él mientras acariciaba el largo cabello celeste con una ternura impropia de su personalidad.

— No te vayas —pidió ella cuando la caricia se detuvo, y sin dejar de mirarlo tomó la mano del androide.

— No iré a ningún lado —la seguridad en su voz terminó por tranquilizarla— Ahora duerme.

La científica obedeció y cerró los ojos, pronto el sueño la venció, su mano soltó la de Diecisiete y este aprovechó para salir de la habitación. Por segunda ocasión en ese día revisó las alacenas para asegurarse que la comida con la que las había surtido antes de su viaje no se hubiese estropeado, luego se dirigió de nuevo a la habitación donde la mujer dormía profundamente, sin hacer ruido abrió el clóset y contempló la ropa de Bulma que robó horas antes de la Corporación mientras sus ocupantes se dirigían a la ciudad, sonrió ligeramente al ver aquellas prendas, pues ninguna de ellas era un overol.

Imaginarse a Azul vistiendo esa ropa solo para él le provocó un estremecimiento. "Paciencia", se dijo al darse cuenta del calor que comenzaba a experimentar, antes de intentar cualquier cosa debía despertar de nuevo la atracción entre ellos, lo cual no dudaba sería sencillo, aun así tenía que ser cauteloso o todo se arruinaría.

Bulma despertó hasta la mañana siguiente, esta vez cuando sus ojos se abrieron en aquella habitación desconocida, no experimentó el mismo temor que la primera ocasión. En el marco de la puerta estaba el mismo joven de antes mirándola con atención, "su nombre es Lapis", recordó mientras este se acercaba.

— ¿Te sientes mejor Azul? —preguntó apartando un mechón celeste de la frente de la mujer, quien asintió levemente, intimidada por la forma en que él la estaba viendo— ¿Tienes hambre?

— Bastante —dijo sin comprender porque aquellos ojos color zafiro parecían tener un efecto casi hipnótico en ella.

— Entonces te llevaré a la cocina —respondió él, y en menos de un segundo la alzó en brazos.

— Gracias —musitó la científica cuando Lapis la coloco en una silla.

— No te levantes —le advirtió aquel cuando trato de incorporarse— Te prepararé algo.

Bulma observó al apuesto joven concentrado en la tarea, no recordaba absolutamente nada, pero él la hacía sentir segura y a salvo. Tras unos minutos el alimento prometido fue entregado, la mujer dio las gracias y comenzó a comerlo en silencio.

— Nunca paras de hablar —observó él— Dime, ¿en qué piensas?

La pregunta la sobresalto, justo en ese instante le había parecido que el camisón y la bata que usaba eran demasiado cortos, y que atraían demasiado la mirada de su interlocutor. También estaba dándole vueltas en su cabeza a la verdadera razón del porque él se comportaba tan atento con ella.

— Hasta ahora solo me has dicho tu nombre, y el mío, pero todavía no se... ¿Qué clase de relación es la que hay entre nosotros? —dijo sintiendo como sus mejillas se encendían ante su formulación tan directa.

Diecisiete se había propuesto tener paciencia, pero al verla mirándolo de esa forma intuyó que ese era el momento idóneo para apresurar un poco las cosas.

— ¿No te lo imaginas? —cuestionó él y su voz sonó por demás sugerente.

La mente de la mujer estaba confundida, pero no lo suficiente como para no comprender lo que el ojiazul le estaba dando a entender.

— Entonces, tú y yo...

— Estamos juntos —le confirmó él.