Alya sentía que los días habían perdido su emoción, que habían perdido la chispa que los caracterizaba. Desde que Trixx se había ido, todo era vacío, aburrido y tonto. Era como estar viviendo sin tener un sentido. Se sentía raro, como... haber perdido algo. Algo realmente importante.
Ahora era cuando la chica se daba cuenta de que quizás, ser una Prodigia no era simplemente cumplir el deseo que tenían los Kwamis de batallar, de volverlos más fuertes y que obtengan más poder. Porque ahora más que nunca, se daba cuenta de que estar sin Trixx no era algo bonito, se sentía un gran vacío y resultaba aburrido, muy aburrido. Se había encariñado mucho con ella, no podía evitarlo.
Había llegado a pensar que compartía un lazo con Trixx, un lazo que las unía de alguna forma, que por eso la extrañaba tanto. No sabía si era realmente un lazo, o simplemente era un cariño real. Todo era muy confuso.
—¿No sabes nada de Trixx? —Marinette se acercó a Alya.
Alya estaba tan enojada, que lo último que quería era hablar con esa chica, le caía mal.
—Deberías meterte en tus asuntos —la empujó y continuó con su camino.
Marinette suspiró. Alya era increíble. Parecía ser una chica muy ruda y testaruda.
—Marinette, no deberías preocuparte tanto —Adrien se acercó a su amiga —. Tarde o temprano van a hablar y arreglarán sus problemas. Después de todo, tienen una relación —le recordó Adrien.
—Pero Trixx está sola, no es justo para ella —suspiró la azabache. Su rostro demostraba preocupación, tristeza.
Adrien comprendía aquello, él tampoco se imaginaba a Plagg solo por el mundo, era una criatura tan tierna que... seguramente no le iría del todo bien. Aunque se sabía defender. Confiaba en él. Trixx también sabía como pelear, seguramente estaba bien.
—Los Kwamis no dependemos exclusivamente de nuestro Prodigio —Plagg se metió en la conversación. Marinette lo miró con sorpresa —. Somos seres vivos, también sabemos cuidarnos solos.
—Pero yo no me imagino una vida sin Marinette —dijo Tikki también metiéndose en la conversación.
Estaban en el parque, el parque que quedaba cerca de su colegio y donde Tikki se ocultaba debido a su gran tamaño. De todas formas, no podían confiarse, porque más personas pasaban por ahí. No debían extender la conversación.
—Ni yo sin ti —Marinette abrazó a su Kwami. De verdad apreciaba mucho a Tikki, era como un bebé, una hija, una amiga y más. Era una sensación muy bonita, tener que cuidar de alguien y aprender juntas, crecer juntas. Era una responsabilidad. Algo difícil de explicar.
—Aunque no lo imaginen, es posible. Un Kwami puede ser independiente, solo que algunos tenemos Prodigios porque... bueno, sinceramente no tengo una respuesta para eso —continuó Plagg.
—¿Tenemos algo especial? —preguntó Adrien.
—Tenemos el Prodigio —Marinette mostró su Prodigio, lo que parecía ser un celular redondo —. Esto es lo que nos hace merecedores de un Kwami, eso creo —la chica tampoco entendía muy bien todo eso.
—Y tenemos los Miraculous —Adrien mostró su anillo negro con huella gatuna, muy parecido a Plagg. Marinette mostró sus aretes, rojos con puntos negros, similares a Tikki.
—Lo que está claro es que ustedes son especiales, por eso nos tienen —dijo Plagg, sin saber qué más decir.
—Algo nos hace ser merecedores de Kwamis... —repitió Marinette.
Ella había creado a su Kwami. Entonces... ¿se había auto dado el derecho de poseer un Kwami, o a pesar de ello, alguien había autorizado su derecho? Eso era un completo enigma. Algo muy interesante.
Trixx a pesar de no estar al lado de Alya, continuaba peleando contra distintos Kwamis que aparecían en el mundo humano. Quería obtener más poder, quería ser la Kwami más poderosa, quería ser merecedora de Alya.
El único problema que debía enfrentar, era que se cansaba bastante. ¡Eso no tenía sentido!, era una Kwami, una criatura que había sido creada mediante una computadora, mediante un programa. ¿Cómo era posible que se pudiera cansar?, ¿cómo podía sentir?, ¿cómo es que existía?
Trixx no entendía nada. Y no le gustaba estar sola, quería ver a Alya, quería saber si estaba bien. Por eso la iba a ver al colegio, pero al ser tan grande, debía esconderse bien. La única que pudo verla (una sola vez y quizás porque era demasiado distraída) había sido Marinette. La azabache había intentado hablar con ella, pero Trixx fue mucho más rápida y escapó.
—Alya... —repetía cada vez que se encontraba sola. La extrañaba mucho. Pero no volvería. No volvería si Alya no lo deseaba. Ella era quien mandaba. Si no la quería cerca, Trixx debía obedecer las órdenes de su Prodigia... eso es lo que sucedía.
—No entiendo porque sigues esperando a esa humana.
Nooroo se había acercado a Trixx, desde la noche en la cual hablaron, no se habían vuelto a ver. Hasta ahora...
—Alya y yo sentimos cariño la una por la otra, solo pasamos por un mal momento —respondió sin querer dar más explicaciones.
—¿Un mal momento? ¿cariño? Es una humana, es tu jefa —respondió Nooroo cruzando sus brazos y mirándola de modo retador.
Trixx rodó los ojos. Nooroo no podría entenderla, él solo era un Kwami que había llegado al mundo humano sin una razón, sin ningún motivo. Jamás entendería lo que es compartir un vínculo especial con un humano.
—Es mi amiga —aseguró.
Nooroo volvió a rodar los ojos. "Amiga", los humanos jamás podrían ser amigos de los Kwamis.
—Los humanos no son nuestros amigos, ellos nos ven como mascotas.
Trixx abrió sus ojos como platos. ¿Mascotas?
Ella había visto a muchas mascotas y definitivamente, no estaba de acuerdo con Nooroo. Las mascotas eran tratadas de modo distinto, partiendo porque para salir las llevaban amarradas por el cuello. Alya jamás le hizo aquello. Mucho menos la hacia hacer sus necesidades en la calle para luego recogerlas.
Ella nunca fue una mascota.
Su relación fue bonita, porque fueron compañeras, fueron aliadas. Alya consiguió ayudarla a evolucionar, a crecer. Porque su lazo había crecido, había sido fortalecido.
Alya era su amiga. Trixx no era ninguna mascota. De eso estaba más que segura.
—Eso no es así, ellos nos quieren —aseguró Trixx.
—¡Tú no sabes nada! ¡y eso me enoja! —Nooroo frunció el ceño, realmente parecía estar enojado.
—¿Te enoja? —preguntó Trixx confundida. ¿Por qué se enojaba por lo que ella decía?
—¡Sí!, ¡tú me haces enojar! —confirmó Nooroo.
—Y tú me haces tener muchas dudas.
Dudaba sobre esa criatura. Una de sus mayores dudas era: ¿por qué él no quería pelear?
Parecía ser un pequeñín que buscaba pelear contra todo el mundo, pero jamás parecía dispuesto a batallar. Simplemente, le gustaba insultar, enojar a los demás. Pero no quería pelear. Y ella misma no sentía deseos de luchar contra él. A pesar de su personalidad molesta, le gustaba tener un Kwami a su lado.
Nooroo estaba solo. Solo en el mundo humano, y aún así sobrevivía de lo más bien. Algo muy similar a lo que ocurría con Copito. La diferencia era que Copito era la ternura misma personificada en un Kwami demasiado inocente. Y Nooroo no, él representaba la rabia misma.
—¿Dudas sobre qué?
—¿Por qué estás aquí?, ¿en algún momento tuviste algún Prodigio?
—¡No seas tonta! Yo soy un alma libre —respondió Nooroo con rabia —. Los humanos y yo no...
Nooroo tuvo que tragarse sus palabras, porque en ese preciso momento pasó quien había sido su humano. Desde el techo en el cual se encontraban lo vio, vio a aquel que ahora era un hombre y se veía mucho más viejo que cuando lo conoció. Su corazón se detuvo, era él, en vivo y en directo.
Sintió gran angustia y fuertes deseos de correr.
No quería ser visto. ¿Y si él lo recordaba aún?, ¿qué pasaría?, ¿intentaría acercarse?
No estaba dispuesto a descubrirlo.
—¿No vas a seguir? —la voz de la Kwami lo hizo regresar a la realidad.
Seguía ahí. ¡Idiota! ¡tenía que esconderse ya mismo!
—¡Adiós! —corrió. No soportó ver a aquel que fue su primer Prodigio, fue una sensación angustiante, algo muy feo y muy fuerte para él. Su corazón seguía latiendo del modo más acelerado posible, como si fuese a salir de su pecho. ¡¿Qué diablos le pasaba?!
Trixx solo vio como Nooroo iba saltando de techo en techo.
—Si tiene alas, debería volar. No lo entiendo —susurró. Y ella también se fue. No tenía un rumbo en mente, simplemente... tenía que buscar algo que hacer.
Marinette estaba cansada de que todos se rieran de ella, por eso ayer le mostró su Kwami a Kim y Nino, les mostró que los Kwamis realmente existían. Lo que jamás imaginó fue que tuvieran esa reacción de salir corriendo, de asustarse tanto. Ella no sintió tanto miedo la primera vez que vio a Tikki.
O tal vez sí... solo que ellos no tenían cómo saberlo.
Quizás enseñar a su Kwami no fue la idea más inteligente de todas, pero... ellos eran sus amigos. Bueno... técnicamente eran los amigos de Marion, así que... ¿también eran sus amigos?
Ya no sabía ni qué decía... estaba demasiado alterada por todas las burlas y las risas de todos.
Ni siquiera Adrien la había seguido. ¿Acaso Adrien sabía que estaba haciendo una locura? ¿o simplemente esos chicos le caían mal? Algún día lo sabría.
—Eso tenía que ser un perro disfrazado, seguramente —dijo Kim.
Kim y Nino se encontraban jugando a las cartas en el parque. Estaban solos, por alguna razón Marion no había aparecido desde hace algunos días. Ni siquiera lo habían visto rondando por el parque, era como si la tierra se lo hubiera tragado de la noche a la mañana. Muy raro...
—¿De verdad? Porque en serio parecía un dragón —respondió Nino recordando a la criatura. Jamás olvidaría a esa cosa. Era roja, tenía puntos negros y grandes ojos de color celeste. No era linda. Era grande, muy grande. Además... ¡hablaba!
Fue algo horrible.
¿De dónde Marinette sacaría una criatura tan extraña? No tenía ningún sentido.
—¿Y de dónde Marinette iba a sacar un dragón? —preguntó Kim.
—Kim, tú y yo sabemos que vimos algo extraño.
—¿Dónde? —Nathaniel quiso saber.
Ambos saltaron. No vieron a Nathaniel llegar. ¡Demonios! Nathaniel podía ser tan oportuno cuando lo quería.
—¿De qué hablas? —preguntó Kim haciéndose el desentendido. Nino asintió, dándole a entender que era una buena jugada hacerse el tonto.
Nathaniel se armó de valor y se cruzó de brazos.
Había escuchado que hablaban de Marinette y por eso se acercó. A pesar de no tener la personalidad suficiente como para defenderla de ellos o de los demás, sí se atrevería a ayudarla si estaba en peligro. Solo que... parecía ser que les había jugado una broma y ellos cayeron redonditos.
—Del dragón, los escuché. Marinette y un dragón —respondió con seguridad y alzando un poco su tono. Nunca hablaba fuerte, pero por una vez no había problema. Con tal de descubrir qué pasaba.
Kim y Nino maldijeron en voz baja. Por una vez que Nathaniel escuchaba algo y se atrevía a hablar...
—Nathaniel, no es buena idea que te metas —dijo Nino con voz suave.
Los ojos de Nino demostraban algo extraño, era como curiosidad y miedo al mismo tiempo.
¿Qué fue lo que les mostró Marinette?, debió ser algo increíble como para dejarlos así.
—Pero quiero saber —exigió.
—Es algo feo —dijo Kim.
Hasta Kim, uno de los chicos más rudos del colegio parecía estar preocupado y no animarse a hablar del tema. Definitivamente, valía la pena ver lo que ellos habían visto.
—Con más razón, debo verlo —estaba seguro de que era algo increíble. Podía tratarse de la mejor broma de todos los tiempos, o de algo real. ¿Qué podría ser...?
Ellos nunca antes vieron a Nathaniel tan decidido. Incluso sus ojos estaban brillando. Parecía estar muy decidido.
—Escucha, si quiere ir que lo haga. De todas formas, seguramente se hará encima... —susurró Kim en el oído de Nino.
—¿Y si se lo come? —susurró también Nino.
—Lo veremos en las noticias —respondió Kim. Ganándose un empujón por parte de Nino. No fue una buena respuesta. Pero bueno... ya estaba decidido.
Le dieron la dirección, él fue caminando. No era tan lejos como pensaba.
No estaba asustado, simplemente se sentía ansioso. Solo quería ver a la criatura, pensaba que todo era una broma, así que estaba preparado para reír y felicitar a la azabache.
En cuanto llegó, vio a Marinette ahí, en la dirección exacta que le dieron. Estaba parada frente a una puerta. Era raro encontrar una puerta secreta en un parque. Algo debió haber sido antes, solo que ahora estaba abandonado.
Definitivamente, París guardaba muchos secretos, incluso en los parques.
—Marinette, quiero ver al dragón —dijo apenas llegó.
Esperaba que su amiga riera. Pero su reacción fue todo lo contrario.
Ella no lo sintió llegar, por lo que dio un salto y con ese salto se dio la vuelta. Por poco se caía, gracias a su legendaria torpeza. Pero no fue así. En vez de eso, sus ojos se abrieron de modo exagerado.
¿Por qué tenía esa reacción tan extraña...?
Nathaniel comenzó a dudar de que fuera una simple broma.
—¿Dragón?, ¿qué dragón? Los dragones no existen —respondió ella intentando sonar segura, pero su voz temblaba.
Más razones para pensar que no se trataba de una broma.
—Marinette, quiero verlo —dijo con tono firme, porque no estaba bromeando. Ahora tenía más intriga que nunca.
Marinette iba a responder, pero una voz aguda se le adelantó:
—¿Eres amigo de Marinette? ¡tienes el cabello de mí color! —exclamó esa aguda voz.
La primera reacción de Nathaniel fue gritar, no podía creer lo que estaba viendo, era algo muy raro. Pero después de que Marinette lo alejara tomándolo del brazo, se relajó y se calló. Dejó de gritar y parpadeó en repetidas ocasiones, solo para ver a...
¡Un dragón rojo con puntos negros y con grandes ojos de color celeste!, un dragón que lo miraba fijamente, con ojos tiernos. Pero... ¡era realmente grande!
Marinette lo miro, esperando a que dijera algo. Él parecía estar en trance, porque solo parpadeaba y respiraba.
¡Problemas!
—Nathaniel, ella es Tikki, es...
—¡Una Kwami real! ¡por eso decías que existen! —exclamó Nathaniel después de haber analizado bien la situación.
Marinette afirmaba que los Kwamis eran reales, ¡porque ella tenía uno! ¡esa era la razón!
Marinette era sorprendente. ¡Era la dueña de uno!
¡Los kwamis no son solo cartas! ¡por Kwamis!
—Lo es —respondió ella sin saber qué más decir. Parpadeó confundida. Nathaniel parecía estar tan maravillado, le gustaba lo que veía —, ¿No tienes miedo?
—¿Miedo? —preguntó él, confundido. Ahora sí la estaba mirando fijamente.
—Claro... ya sabes, deseos de salir corriendo, de maldecir o... no sé qué...
Más o menos lo que habían hecho Kim y Nino...
—¿Muerde? ¿come personas? —fue lo que preguntó el pelirrojo.
—En absoluto —respondió ella riendo.
—¡Para nada! ¡es lo más bello que he visto! —exclamó Nathaniel.
Nathaniel perdió todo el miedo que tuvo durante los primeros segundos que vio a la extraña criatura. Resultaba llamarse Tikki. Era muy linda.
Su piel no era suave, tenía algunas escamas, lo más suave parecían ser sus puntos. Era una criatura muy llamativa y muy tierna, dejaba que la acariciaran como si se tratara de un gato o un perro. Realmente era tierna, estar con ella era algo lindo, aparte de mágico.
—¡Vamos a jugar! —exclamó Tikki alejándose de Nathaniel.
—¿Ella juega? —le preguntó a Marinette.
Marinette asintió y se acercó a ambos. Le gustó la reacción de Nathaniel. Era esperanzador ver como algunos humanos sí se llevaban bien con los Kwamis. Solo era cosa de que dejaran de lado la primera impresión. Porque pueden dar miedo, pero... son criaturas agradables, dóciles, tiernas.
—¡Le encanta jugar! —afirmó Marinette.
—¡Entonces, juguemos! —exclamó Nathaniel.
A Nathaniel le gustó ver como Tikki comenzaba a saltar debido a la emoción. Ella realmente quería jugar. ¡Era tan adorable!
Compartió una mirada con Marinette y no pudo evitar sonrojarse. Marinette tenía los ojos brillantes, se veía realmente feliz y tenía una sonrisa marcada en el rostro. Nunca antes vio a esa azabache tan segura de sí misma, era algo hermoso. No pudo evitar sonreír también.
Alya había recibido la alarma de una batalla, su Prodigio brillaba de una manera extraña y eso hizo que tuviera un mal presentimiento, por eso pensó en Trixx y apretó entre sus manos su Miraculous, su collar del zorro. Mágicamente apareció en el lugar de la batalla, donde estaban atacando a Trixx, la tenían casi indefensa, estaba acorralada.
Había aparecido ahí gracias a su collar, a su Prodigio. Bastó con apretarlo en su pecho para que se iluminará y una luz de color naranja la transportará al lugar. Ella no se dio cuenta de lo que ocurrió, simplemente se dio cuenta de que ya no estaba en su habitación.
Alya no pensó en nada, solo tomó la rama que tenía cerca y golpeó al Kwami. Estaba usando fuerza bruta, algo así como lo que Nora hace cada vez que pelea. Era su instinto.
Tenía el mismo instinto protector de Nora: defender a aquellos que apreciaba. A Trixx la apreciaba mucho, era su compañera y un lazo las unía. ¡No permitiría que nadie le hiciera daño nunca!, menos si ella estaba ahí para defenderla.
Alya quedó a la vista del Kwami. Trixx ahora estaba bien, así que simplemente derrotó al Kwami. Fue una pelea sencilla, lo primero que hizo fue tomar a su portadora entre sus brazos y alejarla del lugar de la batalla. Alya utilizó sus cartas para darle mayor velocidad a Trixx y utilizaron una ilusión, lo que causó que el oponente atacará a la falsa Trixx. De ese modo, la verdadera la atacó por sorpresa y de ese modo, ganó la batalla.
Después de ganar, absorbió todos los datos del Kwami. Nuevos poderes, más fuerza.
Alya corrió hacia su Kwami. ¡Al fin se encontraban después de tanto tiempo! Fueron muchos días, casi una semana entera separadas. Aunque Alya fuese orgullosa, estaba dispuesta a dar su brazo a torcer, porque la extrañaba mucho.
Por eso, hizo lo que tanto había deseado.
—¡Trixx! —Alya le dio un abrazo.
—¿Alya? —Trixx se confundió al ver la reacción de su portadora. Ella no se caracterizaba por ser una persona cariñosa.
Alya mantuvo el abrazo, no quería separarse de Trixx de nuevo. No. No ahora que comprendía lo mucho que la quería, cuánto la necesitaba y lo mucho que detestaba no saber de ella, si se encontraba bien o no.
—Trixx, quiero que vuelvas a casa. ¡Por favor! —le pidió a su Kwami.
Trixx abrió los ojos con sorpresa y antes de responder a aquello, recordó lo sucedido hace algunos minutos atrás y dijo:
—Alya, me salvaste. Te pusiste en peligro por mí —la separó de su cuerpo, era un tema serio.
De hecho... era la primera vez que Alya la protegía de ese modo. Fue lindo.
—Claro que te salvé, ¿cómo no lo haría? Eres mi amiga.
Amiga, no mascota. Sonrió. Sabía que tenía razón con sus argumentos. Ella jamás había sido la mascota de Alya y jamás lo sería.
—Pensé que solo querías que sea poderosa.
Alya negó con la cabeza ante aquella afirmación.
Quizás eso sucedía al principio, pero ahora no era así. Ahora solo quería poder protegerla y fortalecer poco a poco su amistad. Algo como lo que tenían los demás con sus kwamis, como esos chicos tan increíblemente molestos.
—Fue un error, lo único que quiero es que no te hagas daño.
—Soy Kwami, es parte de mí naturaleza.
—Pero quiero estar ahí, quiero poder ayudarte de ser necesario —aseguró Alya —. Darte una mano con las cartas y también, defenderte. Si puedo evitar que te hagas daño, lo haré.
Trixx se estaba emocionando.
¡Alya la quería! Y quería permanecer a su lado, quería defenderla y estar con ella.
No la trataba como a una mascota. Tampoco estaba siendo fría. Simplemente... actuaba como una persona cariñosa, alguien que se preocupaba.
Alya había cambiado, algo la había hecho reflexionar. ¿Había sido la separación? Tal vez... fue algo necesario para la adolescente.
—¿Volvemos a casa? —le preguntó Alya ante su silencio.
—Volvamos —confirmó Trixx —. No puedes ir caminando sola por la noche, algo te puede pasar.
—Soy una chica fuerte, sé defenderme —aseguró Alya.
—Y yo tengo el deber de protegerte, no permitiré que te hagan daño —aseguró Trixx. Y antes de que Alya pudiera decir algo, la tomó entre sus brazos y utilizó su habilidad de saltar entre los tejados para ir hacia su hogar. Alya solo se aseguró de afirmarse fuertemente para no caer. Se acunó en el pecho de su Kwami. Finalmente... todo sería felicidad. Aprenderían a conocerse bien y a convivir.
La fase uno estaba lista. Ahora solo faltaba la segunda fase. La cual era difícil.
