Fandoms: Death Note y Bleach.

Música: Para este capítulo suena Contrapositive del buen Mike Patton.

Disclaimer: Mello, Matt y Beyond, así como cualquier otro personaje referente al universo de Death Note no me pertenecen, ellos son creación y por ende propiedad de Takeshi Obata, Tsugumi Ōhba y Nisio isin, así como Grimmjow o cualquier otro personaje de Bleach no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo. Sobra también mencionar que cualquier canción o letra utilizados en el fic pertenecen a sus respectivos autores, dígase Mike Patton o cualquier otro involucrado.


"¿Crees que de no ser por tu creatividad, te hubieras convertido en un psicópata?"
"Creo que justamente es mi creatividad la que me permite ser un psicópata":
Mike Patton.


ZR

Capítulo 13: Beligerante Benevolencia

El bullicio de trasfondo no sólo fungía como gasolina al motor de sus distracciones, sino que comenzaba a perder mucho más rápido de lo acostumbrado el enfoque de sus alrededores, incluso a tal grado en que no comprendió cuándo fue que el bar comenzó a llenarse a tal desmedida; grupos en dúos o cuartetos bajaban por las escaleras de la entrada ya con un par de copas encima de su actitud o un ambiente entre ellos demasiado escandaloso o enérgico como para pasar desapercibido. Usualmente eran los que hacían prácticamente tronar los tarros de vidrio grueso contra la mesa, esparciendo espuma de la levadura de su bebida por toda la extensión de esta, de tal modo que al final dejaba el barnizado de la misma con una contextura más bien pegajosa y difícil de tolerar para cualquier persona en sus cinco sentidos que se animara a recargar el antebrazo ahí. Pero no los presentes en el local, ellos estaban ya demasiado sedados por los efectos del alcohol o cualquier otra cosa que tuvieran en su organismo como para importarles o preocuparse de qué sostenía sus almas o que era apenas unas cuantas horas antes del atardecer.

No comprendió en qué momento comenzó a perder el funcionamiento básico de sus habilidades auditivas, o peor aún, esa facilidad que usualmente tenía de hilar ideas y deshilvanar canciones hasta la raíz de cada nota de guitarra o ritmo del bombo. Se frustró en un silencio cautivo mientras el par de hermanos franceses frente a él parecían envolverse en otras de sus discusiones fraternales.

Desvió la mirada hacia el jukebox de antaño que reposaba en una de las esquina del estrecho bar, y como a una evocación ineludible de su cerebro y cuerpo que demandaban algo más que sólo alcohol en su organismo para sobrevivir o mantenerlo funcionando aunque sea a la mitad de su capacidad, recordó que el día de ayer se había absuelto tanto en el trabajo del álbum que no había probado bocado de prácticamente nada, ni el día anterior a eso. "Mierda", chistó para sus adentros, entendiendo ahora con una claridad obvia la razón del presuroso efecto etílico en su sangre y el adormecimiento de sus sentidos. Por supuesto, en ese momento no podía hacer mucho para rescatarse a sí mismo de tan fatídico estado, no sólo porque no tenía una buena fuente de alimentos cerca en ese instante, sino que saliendo de ahí, al anochecer necesitaba llegar, así fuera medio muerto o no, al estudio a continuar la grabación. No sólo eso, sino retomar el diseño y concepto del álbum con Mello. En pocas palabras, parecía estar corriendo a propósito a su propia tumba siempre y cuando pudiera exprimir a sí mismo hasta la última gota de imaginación y productividad posible. Aunque bien, no lo negaría... prefería una vida corta pero efectiva a una larga y desperdiciada.

Se dio cuenta entonces que en la peor de las situaciones, si decidía quedarse demasiado tiempo, bebiendo con el estómago más vacío que un pozo en sequía, terminaría completamente muerto en alguna esquina para antes del anochecer apenas con la mínima consciencia para no olvidarse de respirar, y estaba claro que tal escenario no estaba dentro de sus planes. Este pensamientos de hecho se reforzó y acentúo cuando vio un cuarto tarro de cerveza hacer aparición frente a él, reposando al lado de su actual bebida a medio terminar. Alzó una ceja de su ya medio adormecido rostro y clavó la mirada en el par de hermanos frente a él que de un modo u otro había decidido acompañar al bar. Los vio insultarse y propiciarse golpes juguetones el uno al otro antes de volver a darle tragos hondos a su cerveza como si todo ellos no fuera más que una competencia o una apuesta entre los dos. Beyond no podía asegurarse si era distracción la de ellos al no percibir el hecho de que comenzaban a ponerse peligrosamente ebrios, o quizá simplemente eran un poco idiotas y no se habían puesto a pensar en ello.

Claramente no pensaba quedarse a indagar eso último.

Aprovechó el momento en el que el otro hombre sentado al otro extremo de la mesa le dijo algo que sinceramente ni siquiera se molestó en entender, y bufar por, precisamente, su falta de reacción, para levantarse con intenciones de ir al baño, aclarar un poco sus pensamientos y pasar a largarse de ahí porque sentía muy frustrante aquello de no controlar su propio equilibrio o tener total control de su pensar, o al menos seguirse el hilo de los mismos. Por eso no era amigo de la bebida; él sí quería estar consciente en todo momento, necesitaba estarlo para poder atrapar sus ideas con el bolígrafo, para plasmar al ritmo de sus pensamientos. Para no incendiarse de frustración consigo mismo como en ese momento, en donde ni siquiera podía diferencia un acorde tan básico como sol de do.

En cuanto se levantó y buscó cabalmente, o como pudo al menos, el pasillo que conectaba directamente con las puertas del baño, se aventuró hacia su nuevo destino, esquivando, o más bien chocando constantemente con varias espaldas, teniendo que apartar incluso a un par de sujetos que estaban vilmente tapando el paso por un estrecho pasillo entre un par de bancas viejas. Además, lo estrecho del lugar solo fungía a ese punto como impedimento par que el humo de los cigarrillos quemándose y consumiéndose en ese momento inundara su sentido del olfato; arrugó la nariz al sentir que lo único que respiraba a ese punto era humo y aroma a hombre. Le dio asco.

California fuera de esas cuatro paredes desarrollaba una tarde común entre semana. La mayoría de las personas estaban dentro de oficinas trabajando como les era exigido, otros tantos lo hacían desde casa, y en el más inocente de los casos, el resto de las personas estaban en la escuela o descansando, sumando a la sensación de una ciudad metrópolis en crecimiento algo sedada, dormida, al menos hasta que se llegaba a esos lares. La música en esa parte de la ciudad era lo único que hacía correr el flujo constante de personas ahí; músicos, borrachos, productores, compositores, guitarristas, bajistas, pianistas, lo que fuera que uno buscaba, todos se concurrían en los mismos lugares siempre, y aunque hacía fácil el trabajo de los cazatalentos y más difícil el destacar para los amateur, el británico se preguntaba por qué carajos siempre iban a los mismo lugares.

Por qué, de entre el buen centenar de bares de esa colonia, iban todos a meterse al mismo cuadrito de 20x20 de madera como si fuera un vil establo de caballos y todos los animales, brutos de paso, buscaran caber, sea como fuere, dentro de esos espacios. Por supuesto, había que añadir a la fórmula el estado semi ebrio del vocalista que estaba pensando en esto con cierto descontento, por lo que bien podría estar exagerando la situación a causa de su propia distorsión de la realidad, tanto en cantidad de personas como en el verdadero tamaño de ese lugar. Sintió por unos segundos burlarse de sí mismo porque ahora mismo venía recordando la segunda razón por la cual nunca se sentía especialmente atraído a la idea de inyectarse en la sangre varios grados de alcohol; porque ni siquiera con ese efecto adormecedor dejaba de pensar. Su cabeza desistía de callar y lo único con lo que quedaba era con una migraña y un malhumor que le hacía de fiel compañera por las siguientes veinticuatro horas, opacando así en su totalidad la voz obsesiva de su inspiración.

La verdad, incluso para sí mismo, tener una mente así de hiperactiva era peligroso. Entendía que en su escenario, muchas personas terminaban por tirar la toalla del sentido común y optar por la locura, que resultaba un mejor conductor para sobrellevar la carga de un cerebro descompuesto, pero no él. Beyond decidió ir contracorriente de su diagnóstico y usar para algo más productivo la naturaleza de su singularidad, o al menos desgastar ese motor artístico todo lo que le fuera posible antes de destrozar las bandas que hacían circular su compulsiva imaginación, descomponiéndolo por siempre y entonces sí, sucumbir a su propia locura. Un sello intangible en sus canciones y en lo versátil de su voz.

Pero hasta entonces...

"Do, sol, después iba re. No… ¿era La?"

Cuando logró apartarse un poco del bullicio del lugar, agradeciendo mentalmente que el sonido de la música fuera amortiguado por la gruesa pared del pasillo a su espalda, aprovechó para atajar la canción que seguía latente en su obsesiva necesidad de escribir para buscarla después con más precisión, pero al menos por ahora, sabía que era clave tratar de descifrar tanto de los acordes y la letra como podía mientras era pensamiento fresco. Sacó del bolsillo su pantalón un trozo de hoja desgastada y un pequeño lápiz acabado prácticamente en su totalidad y comenzó a desparramar en esta los acordes regados que iban de aquí y allá por toda la breve extensión del papel. Escribía y tachaba, escribía y tachaba. Repitió esta acción lo suficiente como para romper un par de veces la pobre hoja, víctima del trastorno compulsivo del vocalista, y cuando sintió que finalmente había logrado armar el estribillo de aquella condenada canción que amenazaba con no irse esa noche de su cerebro, cual canción molesta que escuchas una vez y se queda contigo por días, recibió un ligero golpe en su hombro diestro. Alguien había chocado con él: giró el rostro con cierto hastío en sus facciones, pero al percatarse de la melena verde y esos enormes ojos del mismo color, relajó un poco la posición de su cansadísimo y adormilado cuerpo para pasar a cuestionar lo primero que sospechó cuando la notó mirarle con esa confusión.

—… ¿Me seguiste hasta aquí? — La notó tener un poco de dificultad para articular, por lo que calculó que a esas alturas, las cuatro enorme bebidas ya comenzaban a apoderarse de sus sentidos.

—No, quería ir al baño — Le respondió, aunque la verdad no le terminó de creer aquello último.—...más bien tú qué haces en medio del pasillo. Los baños están desocupados.

—No venía al baño —Aclaró sin saber por qué se debía excusar con ella o a qué se debía el cuestionamiento realmente. Si ella quería ir al baño, las dos puertas estaban desocupadas, así que….

— … — Silencio, y entonces, advirtió — ¿¡Estás apuntando las tablaturas de las canciones de hace rato!? — El vocalista se tensó un poco al sentirse así de observado por una chica que, se suponía, estaba más borracha que sobria. Observó un poco la hoja en la que momentos atrás desató la locura de su obsesión lírica y la hizo bola entre sus manos para guardarla en el bolsillo de su pantalón. Le daría continuidad después. — Beyond, mi hermano tiene hábitos raros, lo admito, pero creo que tú te llevas el premio mayor.

Le regaló un gesto escéptico con ese último comentario, sin estar seguro de qué tipo de reacción se supone que esperaba de él, simplemente porque no le importaba lo que hiciera Grimmjow, ni mucho menos estaba seguro de qué era lo que quería Nelliel ahí.

Aunque de hecho… no. Sí lo sabía, o tenía una idea. Después de todo no era tonto, todo lo contrario, el vocalista había tenido la suficiente perspicacia en ese tiempo para atrapar a Nelliel viéndolo cuando componía o grababa dentro del estudio, y sabía que ella había notado que él la atrapaba en medio del acto, así que… ¿para qué ignorar la situación? Estaba ebria y claramente lo había invitado ahí para tener oportunidad de poder hablar más, y él, sabiendo que ir en ese momento al estudio a grabar no traería ningún tipo de productividad debido a su exceso de cansancio y el escándalo que tenía la otra banda en el otro cuarto de estudio, optó por buscar un poco de calma mental en una cerveza que de repente, se habían convertido en tres cervezas y dos hermanos ebrios en peor estado que él. Aunque ciertamente, aún habiendo detectado todos estos detalles de la hermana del guitarrista de su banda, el vocalista sólo pudo depender de sus reflejos y el milisegundo de sorpresa que alertó sus sentidos en cuanto sintió que se acercaba a él y cerraba los ojos con su rostro algo sonrosado, titubeante en su equilibrio.

De hecho, mientras los ojos de Nelliel se cerraban con lentitud, en una ebria esperanza de encerrar en su cuerpo el valor para hacer lo que estaba haciendo, los de Beyond se abrieron más de la cuenta, pero sus labios nunca se encontraron. Nel, al darse cuenta que no eran los labios de Beyond lo que ahora mismo sentía, abrió entonces con lentitud sus párpados, y sus ojos aceitunados se toparon con los bermellón de él, narices rozado y la mano del británico en medio de sus bocas, fungiendo de muralla para mantener distancia. De ahí, cuando sintió la respiración del contrario hacerle un poco de cosquillas en su medio adormecido rostro, fue alejándose hasta poder encararlo de nuevo a una distancia decente. Intentó comprender lo que hizo, o por qué lo hizo, y finalmente, cuando entendió que había rechazado su beso, se soltó a reír desde donde estaba porque… era inevitable.

Ese fue el movimiento más "Beyond" que se le podía ocurrir, y si bien quizá en otras circunstancias se habría sentido bastante ofendida por su actitud, en ese instante, varias cervezas encima y un estómago vacío, la francesa sólo pudo encontrarle lo cómico a su situación. Por supuesto, él parecía no entender bien de qué iba todo eso o qué estaba siquiera pasado, pero mientras Nelliel parecía tener una especie de ataque de histeria a sus ojos, escuchó un par de voces acercándose al otro lado del pasillo... y conocía una de esas voces.

"...Mierda", pensó para sí, sabiendo que si no hacía algo en ese instante, todo se iría al carajo. Fue por eso que ni siquiera le dio tiempo a la chica de reponerse de su breve episodio cómico de confusión, ni siquiera de pensar en alguna otra alternativa menos brusca o darle oportunidad de hablar para preguntarle qué sucedía; simplemente la tomó de la muñeca con una mano y con la contraria abrió la puerta del baño tras de ella. La metió ahí, sin siquiera molestarse en prender la luz y al instante usó su propio cuerpo de escudo contra la puerta del baño, esperando que Nelliel comprendiera dentro de toda esa bola caótica de sucesos tan inesperados, que en ese momento debía callarse, y a juzgar por el silencio repentino de la chica, dio la impresión por un breve momento de que pudo leerle la mente al británico; pasó de la risa al ligero susto en menos de una fracción de segundo y observó a los lados frenéticamente en esperanza de poder ver algo mientras sus ojos se ajustaban a la carencia de luz. Bajó entonces la mirada hacia la pequeña ranura de la puerta entre el borde y el piso, y notó que el halo de luz que se colaba, fue irrumpida por la sombra de alguien pasando por ahí, seguido de unas voces en eco al otro lado de la puerta y unos tacones sobre la madera.

El foco se le prendió a Nel en un extraño momento de epifanía, comprendiendo que se trataba de su hermano y aquella mujer pasando al baño.

El guitarrista francés, ahora mismo más centrado en llevar a cabo su cometido que ninguna otra cosa, sólo le dio una breve mirada al anormal de Beyond, quien lo observaba también desafiante, protegiendo la puerta del baño tras de él con su espalda como si escondiera algo… aunque para él no sería sorpresa que más bien escondiera ahí el cuerpo de un repentino asesinato que se le hubiera ocurrido hacer en otro de esos ataques subnormales por buscar inspiración para su música. Su problema era ahora que le estaba estorbando la entrada al baño en el cual pensaba entrar… pero bien, no quería perder tiempo con él en ese momento y que le arruinara el ánimo, así que el francés simplemente —y para sorpresa del vocalista, quien esperaba más batalla de su parte— cambió su plan hacia el otro baño.

—Tsk. —Espetó el mayor con ojos entronados y un gesto poco amigable hacia el escuálido británico antes de proseguir su camino a la puerta al final del pasillo y encerrarse ahí con la mujer que lo acompañaba.

Beyond finalmente se permitió respirar hondo y relajar su cuerpo, eso estuvo… cerca, demasiado cerca para su gusto. Se giró un poco sobre su lugar para abrir la puerta del baño en el que había metido a Nelliel tan bruscamente, y se la encontró ahí en la oscuridad, con las mejillas rojas y una mano sobre su boca para aguantarse una buena carcajada. La veía con sus ojitos verdes acuosos algo entrecerrados y su cabello todo por ningun lado. Si a Grimmjow se le hubiera ocurrido quitarlo de ahí para abrir la puerta y ver así a su hermana, hubiera pensado lo peor, y él estaría muerto ahora mismo.

Vamos, que tampoco subestimaba la fuerza del contrario; él era más ágil, pero Grimmjow más fuerte.

Sin desear perder más tiempo, volvió a agarrarla de la muñeca, esta vez con un poco más de gentileza y la sacó de ahí a paso apretado mientras ella seguía con una risilla sofocada bajo los efectos del alcohol y el pequeño rush de adrenalina, aunque él seguía reprendiéndose mentalmente por haber olvidado, o más bien, haber desestimado de esa manera lo traicionera que podía ser la cerveza artesanal con un estómago vacío y pocas horas de sueño encima. No quería ser niñera de nadie, y menos de una menor de edad para tomar borracha.

— Grimmy no pierde el tiempo ¿Eh? ¿Qué hay de ti, Beyond? — Medio confesó, medio retó al británico justo cuando una ráfaga de viento mecía su cabello en el momento en que ambos pusieron pie fuera del bar. Justo ahí ya en la entrada, el mencionado le dirigió una mirada escéptica ante su último comentario, y finalmente la soltó. Ella se mostró divertida ante su reacción, aunque a ese punto quizá todo sería divertido para Nelliel. —No te enojes, sólo estoy jugando. Pero creo que sí necesitas divertirte un poco más, a veces te veo un poco estresado. — Añadió por último antes de proceder a sentarse en el borde de una barda de concreto a baja altura a un lado del local de donde habían salido. El contrario optó por recargar su espalda contra la pared de esta, un poco —demasiado— paranoico todavía como para sentirse lo suficientemente cómodo como para sentarse. Aunque si lo pensaba bien, era mejor encontrarse con Grimmjow en esa situación, como si estuvieran esperando por él. Dudaba que a esas alturas quedara algo de sentido común en él después de pasarse esos tarros enormes de cerveza cuál agua con hielos en día de verano.

— Lo que me estresa es, precisamente, no estar trabajando en música y perder mi tiempo en otras cosas. La manera de divertirse de cada quien difiere. Lo que para mí puede ser entretenido, quizá para ti o alguien más, es estresante.

—Uh, bueno, eso tiene sentido. — Le dio de extrañeza pensar en que Beyond tomaba en cuenta la diversidad de las personas, pero más bien le dio la sensación de que él mismo se sabía fuera de la regla, así que quizá simplemente entendía que lo que el resto del mundo consideraba normal y divertido, para él no lo era.

O quizá estaba pensando demasiado las cosas.

Aunque si lo consideraba mejor, y lo que Beyond decía era cierto, podía comprender un poco más su frustración; lo de ir a probar las cervezas se les salió rápidamente de las manos a ella y a Grimmjow por andar en jugarretas implícitas para ver quién tenía más aguante, o demostrarse el uno al otro que podían aguantar esa cantidad de cerveza en tiempo record sin verse afectados… lo cual claramente ambos fallaron en demostrar, pero al menos se divirtió en el proceso, a costa de la comodidad social de B.

Ahora mismo estaban en una situación en donde debían esperar a que a Grimmjow se le bajara el efecto del alcohol y pudiera al menos tener las concentración suficiente como para estar en el estudio, y aún más, componer... y eso sin mencionar que seguía sin escuchar de Mello y Matt, ¿dónde estaban metidos esos dos? Conociendo a Mello, probablemente dándose vueltas por toda la ciudad buscando trabajo en más locales, con el pobre de Matt atrapado en la situación de chofer personal del rubio por obligación moral, sin opción alguna de escape.

—Hmm—Vociferó sin darse cuenta su pequeña gesticulación, casi mohín que se le escapó de los labios, producto de sus pensamientos mientras movía un poco sus pies al aire sentada ahí. Cuando guiaba sus pensamientos hacia la empatía por otros y trataba de ponerse en sus zapatos, solía entender mejor la frustración, felicidad o la angustia de otros, y en este caso, sintió que comenzó a digerir mejor lo que podía estar sintiendo el británico en ese momento al verse inmovilizado hasta cierto punto de hacer lo que quería: trabajar en el estudio. Los otros tres integrantes de la banda estaban regados por la ciudad y para colmo, todos con pocas horas de sueño encima.

Se recargó sobre la pared tras de ella y retrató a Beyond de reojo a su lado. Pensó que si ninguno de los cuatro integrantes de la banda, cosas como estas no pasarían. Parecería que no entendían el concepto básico de buena comunicación…

"Hombres".

Pensó, un poco divertida. Cerró los ojos entonces para tratar de calmarse, o al menos no dejarse llevar tan rápido por los efectos del alcohol en su sangre. La verdad era que estaba un poco sorprendida, pero parece que se había dejado llevar demasiado. Esas bebidas eran traicioneras, mucho más fuertes de lo que recordaba, o quizá era la falta de alimento posterior a beber lo que les había tomado por curva a los tres. Quizá descansar ahí un poco le haría bien, al menos para reponerse ligeramente.

Mientras seguía pensando en que la buena comunicación y sincronización entre la banda, fuera de la música, era un caso perdido casi en su totalidad, la francesa se dejó mecer por sus pensamientos, perdiendo poco a poco el sentido de su realidad…

Sin darse cuenta, se comenzó a quedar dormida ahí mismo.

-.-

Había abierto los ojos hacía cinco minutos, y cuando se encontró en esa situación, a espaldas del vocalista y con el atardecer dejando caer una sábana de tenues colores que rozaban un ocre azafranado, rasgando a cinceladas el cielo sobre ellos, la francesa, para poder respirar mejor la calma que ploriferaba en el lugar, se vio en la necesidad de entrecerrar los ojos mientras apaciguaba su respiración y percibía el aroma varonil del cabello del vocalista, de su cuello, incluso. Extrañamente le recordó a la seguridad que le hicieron sentir los primeros brazos masculinos a los cuales se entregó cuando estuvo lista para tener intimidad con alguien por primera vez después de que le arrebataran el derecho a elegir, y convertir, en el proceso, ese momento en algo horrible para ella. Algo que, si debía ser sincera, no pensó que podría permitirse vivir o sentir correctamente nunca en su vida.

Había pasado un tiempo de eso y la livianez que le trajo saberse dueña completa de su cuerpo y sus decisiones de ahí en adelante, era en gran parte la razón de la fortaleza y seguridad de su propia persona. Pasó de ser rea y esclava de sus miedos y traumas a salir del capullo. Era libre y amaba volar. También era uno de los combustibles principales de su confianza y cómplice principal de la mayoría de sus travesuras, muchas veces aún a costa de poner en riesgo su propia seguridad con tal de tener la memoria de una buena aventura. Poderse decir que estaba viviendo su juventud al máximo. Sin embargo, a pesar del contraste de situaciones; de estar el mes pasado viajando con una banda de motociclistas por el desierto de los Estados Unidos, a estar en una tarde tranquila con su hermano y el vocalista de la banda hablando de todo y de nada, o en este caso, exclusivamente con el vocalista, intentando descifrar el misterio de su persona, le parecía un cambio de papeles digno de memorizar.

— Entonces, Beyond — Comenzó a hablar de nuevo en otro intento de poder obtener una conversación más fluida, — ¿Qué hacías antes de integrarte en la banda? — Intentaba hablar lo más preciso y conciso posible dentro de su ebria realidad; el efecto de la cerveza seguía presente en su sistema, adueñándose de las funciones motrices básicas de su lengua, y aunque ella misma se escuchaba segura casi canturreando en una perfecta dicción, estaba consciente de que muy probablemente, ante los demás, se escuchaba como la típica chica ebria que trataba de verse normal, fallando vergonzosamente en el intento.

Ese era el caso.

— La manera más concisa de explicarlo, sería decir que tengo un tiempo viviendo de cantar. — Beyond parecía ser esa clase de personas que no tenían demasiados talentos, es decir, carecían de sentido común social, incluso descuidaban ciertas funciones básicas como tener sentido de una imagen decente propia, o normal siquiera, pero que resultaban ser absurdamente buenas en una sola cosa en específico; para él, era la música. A costa de ser un inadaptado para el mundo, el británico parecía haber optado, a consciencia o no, por ir en contra de la normalidad, por el encaje social y abrazar la obsesión hacia una sola cosa, algo que le daba propósito...y tratar de ser el mejor en eso. Mejor que nadie más.

"¿Único?"

No, Beyond no parecía querer ser único, más bien parecía querer escapar con la música. Se había topado un par de veces con personas como él, aunque usualmente eran escritores obsesivos o científicos sin vida. Pero todos tenían eso en común; vivir les pesaba, les dolía, casi como si apresuraran la vida, que pasara rápido la interacción social, el comer, "adelantar" esas cosas que parecía que ese tipo de personas sentían como algo inútil y pasar directamente a su campo de especialización.

La gran incógnita para Nelliel era personal, o cuestionarse el qué hacía que una persona se volviera así; en qué punto de su vida optaban por refugiarse en una sola cosa, basar todo su propósito y existencia en eso.

Qué había hecho que Beyond Birthday se obsesionara así con la música, con ese estilo de vida, ¿Qué esperaba alcanzar?

—Hm, pero no quiero la parte resumida, cuentamásanda —Enredó sin darse cuenta las palabras al final al sentir que su lengua rodaba casi fuera de su boca, y en el proceso, terminó mordiéndosela. El contrario parecía estar consciente de su estado actual porque estaba casi segura que en ese breve silencio, Beyond tenía la ceja alzada.

Uh, necesitaba luchar contra su propia curda. El aire fresco parecía estarle afectando y multiplicando los efectos del alcohol por dos, o tres veces al efecto que usualmente tendrían en ella.

— Contar más es inútil. No hay nada más; tengo tiempo viviendo de música, de los eventos, de prestar mi voz, y eso es todo.

—Puag — Nelliel rodó los ojos e hizo un gesto que, de haberlo podido ver, el vocalista estaba seguro de que catalogaría como infantil. —Qué aburido. Lo más interesante siempere está en merio. Lo bueno del sándwich no es el pan, sino el conteniro, ¿es de jamón, de pavo, tiene guacamole, tomate, queso?

—¿Tienes hambre?

—¡Un montón!

—No hay nada de comer por aquí...tendrás que esperar al estudio. — De hecho a ese punto creía ya un requerimiento u obligación que ella comiera. Ni siquiera podía hablar bien y parecía perder fuerza en la lengua para pronunciar ciertas vocales. Iba de mal en peor y de algún modo él había terminado siendo niñero de ella, ¿qué no era ese el trabajo de su hermano?, sí, lo era.

Se le escapó un suspiro de su burbuja de pensamientos.

—Ugh, no, ¿qué hay ahí aremás de café de calcetín y….y pizza roída por ratones?

—Creo que queda una de las hamburguesas que trajeron ayer lo inútiles de la banda, es más, creo que es la de Grimmjow. Cómete esa. — Nelliel pareció sopesarlo, ahí sobre la espalda del vocalista, sintiendo la funcionalidad de su cuerpo deplorarse rápidamente.

"¿Qué carajos le pusieron a esa cerveza?" , ¿Quizá sí debió comer algo antes de ponerse a beber como si no hubiera un mañana antes del atardecer?

Ahora que lo pensaba, le gustaba mucho esa época específica del año. Amanecía temprano, muy temprano, poco antes de las cinco de la mañana y comenzaba el crepúsculo antes de las cuatro y medio de la tarde. A las cinco ya estaba oscuro, y cuando el sol se ponía, la inspiración de la banda flameaba.

— Tomando en cuenta la calidad de los ingeredientes de esas comidas de un cuarto de dólar, seguro esa carne ya tiene ojos y pies, y ha mutaro en un ser hamburguesero. No garacias. — Mencionó aquello último sin pensarlo demasiado, pero de todo corazón. Trataba de no comer algo que los medio alegaban probablemente ni siquiera era carne real, pero su verdadera sorpresa fue cuando escuchó al contrario soltar una sonrisa baja, casi imperceptible. Eso era nuevo. — Hay un lugar...—Prosiguió, sintiendo su cara enrojecer. Seguro era por el alcohol...sí. Eso era. — más aderante del estudio, a unas cuadras, tienen los mejores guisos mexicanos de la zona. En serio, son de otoro nivel.

—¿Comida mexicana? — Ponderó el Birthday.

— ¡Sí! En unos de mis viajes acá por California, curucé a México y me hice amiga de unos latinos, son lo mejor. Están locos, y comen muy rico. Ese local me lo recomendaron ellos antes de regeresar. La ventaja es que tienen varios regaros por la ciudad, y cerca del estudio hay uno, bueno... más o menos cerca.— Rememoró con una sonrisa al tiempo que se removía un poco para acomodarse mejor sobre la espalda de su compañero de conversación,más por obligación que nada. — ¡Hey, sí! tienes que probar su comida también, ¿alguna vez has porobado la comira mexicana?

— No, no realmente. — Y ahora que lo pensaba, comer algo decente por una vez en esa semana quizá no le haría mal, sobre todo si quería estar lo suficientemente sobrio más noche en el estudio para trabaja de manera decente.

— Entonces tenemos que ir. Ya sabes, nachos, tacos, buritos, y tienen algo llamado agua de arroz, horchata, que suena asqueroso pero es la cosa más durce y rica del mundo, y le ponen canela.

Sentía que Nelliel comenzaba a delirar un poco. Hablaba tan rápido y con tanto entusiasmo —más de lo usual—que era difícil seguirle el ritmo, y fuera de la música, el vocalista solía tener un aura muy baja y tranquila, como a un globo que se inflaba y explotaba apenas ponía pie en escenario, pero la situación era que ahora mismo, eran fuerzas opuestas.

"De todos modos debo hacer tiempo hasta que se les ocurra a los tres tarados de la banda ir al estudio para seguir trabajando".

No era que Beyond estaba aceptando a su petición, fue sólo una alineación de su necesidad con el deseo de ella.

— Está bien, pero no me des a probar mierdas raras, quiero comida real.

— No hay nara más real que la comida de los latinos.

— Hm — Concordó sin más, quizá sólo para crear un momento de silencio. Una forma abstracta de poner a la chica en sintonía con su propia calma, porque si iban a caminar aún más lejos en busca de bocado para llenar el estómago, esperaba hacerlo sin tenerla a ella balbuceando quién sabe cuánta cosa a su espalda.

Si los llegaba a ver Grimmjow ahora mismo, seguro moriría.

La francesa por su lado, pareció captar de algún modo el mensaje implícito de Beyond de requerir silencios, o quizá más bien era que a ese punto tenía la boca ya demasiado adormecida como para decir algo; sentía que le habían inyectado anestesia en antelación a una cirugía. Aunque, ahí en el breve silencio, con los movimientos de los pasos del vocalista, recargó mejor su mejilla sobre su espalda, a la altura de su hombro, cerca de su cuello. Observó las líneas verticales de la banqueta aparecer y desaparecer de su vista conforme avanzan y se mecía levemente con la sensación lisa del suéter de Beyond contra su piel; parecía tener un efecto tranquilizador en ella, y el ambiente se le antojaba perenne. Detalló entonces que los rayos del sol comenzaban a pintarse, apenas muy perceptiblemente, de azafrán vivo. Se dio cuenta, dentro de su capacidad limitada de estar consciente de su alrededor, que no faltaría mucho para el atardecer.

Aquello la hizo cuestionarse, ¿cuántas horas llevaban ya fuera del estudio? Sabe que en algún punto mientras estaba afuera en el bar con Beyond —después de escapar de su hermano—, se quedó dormida unos momentos pero no supo cuánto. Perdió la noción del tiempo, y cuando había abierto los ojos, se encontraba a espaldas del vocalista. Ciertamente no pensó que el deseo de ir a tomar una o dos cervezas con ese dúo explosivo se le fuera a salir de las manos, pero lo cierto es que se divirtió. Aunque había olvidado por completo que una vez iniciada la ronda de bebidas, para su hermano era casi imposible parar, y menos si de competición se trataba.

Un poco más y debería meter al pitufo ese a un grupo de alcohólicos anónimos… o mejor no, seguro los hacía caer a todos en ese grupo a la bebida de nuevo.

Rió levemente. Sus párpados se sentían débiles, aunque sentía mucha energía en ese momento. Era curioso porque el silencio de Beyond tenía un efecto muy extraño en la atmósfera, incluso la hacía sentir un poco… ¿quizá la palabra era..."nostálgica"?, no lo sabía, el Birthday tenía el extraño don de inyectar a todos con adrenalina masiva en un escenario pero calmar a una ebria con el efecto contrario sin mayor dificultad. Grimmjow era todo lo opuesto, usualmente sentía que su hermano creaba el efecto contrario al que quería en las personas; no que uno fuera mejor que el otro, pero entendía que ese contraste era lo que sentaba a la banda en una fluctuación de energías muy distintas entre sí.

Qué extraño, ¿por qué pensaba en esas cosas ahora? la cerveza debía estar jugando con los cajones de sus pensamientos. Sentía que mezclaba felicidad y saudade al mismo tiempo.

— Qué sirencio. —Se atrevió a vociferar finalmente; sintió a Beyond virar un poco su cuello para alcanzar a ver su cabello verde que caía en cascada sobre su propio hombro, pero después regresó la vista al frente. Nelliel pensó en que ese momento ameritaba la guitarra de Matt...una buena sesión de acústica, ¿no sería genial que los chicos hicieran un álbum solo en acústico?

Es justo en esa clase de material en donde el don del pelirrojo se luciría. Su hermano era explosión y avivamiento puro con la guitarra eléctrica, pero Matt… Matt era serenidad y ataraxia, con tintes de dicha. Si fueran colores, Grimmjow sería un azul fuerte, inyectado de carga eléctrica, profundo, pesado, el color de una energía segura, que daba vida. Mello sería un negro abrumador, imponente, y profundo, energía base, que guía, que permite mezclar. Matt sería un verde opaco, que invita al otoño, que inspira a respirar profundo, el tipo de energía que crea balance entre colores fuertes, chillones u opacos. Beyond seguro que era un rojo intenso y muy oscuro, casi sangre, un color que daba desconfianza pero se mezclaba bien con casi todo en medidas moderadas por la naturaleza de su intensidad, energía inicua, esotérico.

— Beyond, ¿te gusta el color rojo? — Lo sintió hacer un leve alzamiento de hombros, en señal de que parecía darle un poco igual. Ahora que lo pensaba la pregunta quizá era un poco ofensiva, dada la naturaleza peculiar del color de los ojos del británico. No esperó una respuesta verbal, mejor, añadió: —… ¿naciste con los ojos de ese color?

Al instante Nell se tensó, justo al medio segundo de haber hecho esa pregunta cuando se dio cuenta que eso sobrepasaba los límites de confianza que Beyond solía poner con las personas, y demasiado invasiva. Al menos siempre le daba la sensación de que con él —y el resto de la banda, quizá menos Matt—, no podía hacer preguntas demasiado personales.

Cerró los ojos, esperando alguna respuesta ácida, a la defensiva, pero… nada llegó, salvo silencio. Volvió a abrir sus párpados con lentitud y notó que su pregunta simplemente se evaporó al aire a decisión del contrario. Vaya, estaba demasiado acostumbrada a las respuestas agresivas o enérgicas de Grimmjow, sin pelos en la lengua, pero parece que la táctica del vocalista era más bien solo ignorar vilmente si no le nacía responder.

Por un lado agradeció no recibir una respuesta áspera, pero sentía que ser ignorada era igual de doloroso. No le molestaba el silencio pero el silencio de Beyond era demasiado pesado para tolerarse… ahora entendía un poco más porque su hermano explotaba tan fácil a su lado. No era un silencio incómodo pero tampoco tranquilo, simplemente era… abrumador, inquietante, de esos raros donde te sientes en peligro, observado, y quieres salir corriendo de ahí.

— Cuando estoy boracha digo cosas extrañas. — Añadió, no sólo con propósito de justificar de algún modo sus preguntas fuera de lugar, pero buscando que el extraño de Beyond dejara de ignorarla. Si respondía con silencio también a ese comentario, sería la tercera vez y ahí sí que se sentiría mal.

— Todos lo hacemos. — La respuesta con entonación lánguida de su parte provocó que ella parpadeara un par de veces en confusión.

Aún dentro de la torpeza que provocaba en sus engranes de deducción aquél líquido etílico, milagrosamente logró darse cuenta de un par de cosas con su respuesta. La epifanía la iluminó de tal manera, que agradecía en silencio que no pudiera ver su cara en ese momento, porque tampoco tenía demasiado control de los gestos que estaba haciendo.

Entendió, pues, que el silencio abrumador de Beyond, no se debía tanto a que no tuviera realmente algo qué decir —que usualmente era el caso—, ni que la ignorara en su totalidad por ser un pesado —que, de nuevo, usualmente era el caso—. El meollo del asunto era que Beyond estaba ebrio también. Lo detectó en su voz. Esa forma tan particular de patinar las sílabas finales de las palabras, aquello que sucedía cuando se tenía la boca entumecida por los efectos de la bebida, fue justo lo que le había delatado el estado del contrario. No se podría aguantar su usual sonrisita cargada de sentido de travesura. Se mordió los labios e intentó retraerlos todo lo que pudo hacia adentro pero se seguía enmarcando el gesto en la comisura de los labios, arrugaditas por el esfuerzo de retenerse.

Estaba evitando sus preguntas porque eran demasiado personales, y él estaba demasiado expuesto en este momento, su guardia estaba baja y se sabía consciente de eso. "Qué fastidioso tan más diligente", pensó. No suponía que fuera normal que una persona embriagada defendiera su información así, cuando precisamente era el sentido de posesiones personales y secretos de las primeras cosas que se perdían en ese estado.

"Todos los hacemos".

Claro que sí, y él estaba demasiado consciente de eso.

"Este tipo es demasiado listo" Canturreó para sí. Estaba demasiado acostumbrada a hombres cargados de efusividad, de energía y risotadas masculinas haciendo vibrar el aire. De hecho, ahora que lo pensaba, le resultaba interesante porque si se ponía a recapitular un poco con respecto a sus amistades a lo largo de su hiperactiva vida desde que escapó de Francia —y hasta los hombres con los que se había involucrado hasta ahora—, ella solía ser atraída hacia hombres de carácter, de cierto genio pero con sus mezclas de empatía, comprensión. Un dicho por ahí mencionaba que las mujeres solían buscar en los hombres rasgos de aquellos que tuvieron un gran impacto en su infancia. Para ella era Grimmjow, y su hermano era, precisamente, un hombre con esas características.

Quizá inconscientemente era una forma de buscar algo familiar, algún tipo de seguridad, sobre todo por el hecho de que se había animado desde muy pequeña a buscar su independencia, a viajar e irse hasta del continente. Si tuviera que relatar el centenar de aventuras que había vivido, aún antes de sus 18 años, Nelliel podría relatar una novela.

"Aventuras de una adulta prematura e ilegal", o algo así.

Sin embargo, este hilo de pensamientos era lo que la llevaban a entender algo muy particular sobre su situación actual con el vocalista; Beyond era absolutamente todo lo contrario a estos filtros que ella usualmente —y de manera inconsciente—, solía colocar en las personas para saber si elegiría acercarse a ellas o no. Lo había hecho con Matt, quien era la persona de la banda, fuera de su hermano, con quien mejor se llevaba, y si bien el pelirrojo solía ser más tranquilo, tenía un humor y forma de relacionarse bastante cautivadoras. Además incluso con la banda de motoristas con los cuales había cruzado parte del desierto de California para llegar a esa ciudad había aplicado esos filtros para saber si valdría la pena viajar con ellos o no, si serían divertido, pero con el británico… o bien se le había olvidado aplicar la misma fórmula debido a lo enganchada que quedó con su voz al oírlo cantar con esa dedicación en el estudio, o bien, era precisamente el hecho de que, al ser tan diferente a lo que ella estaba acostumbrada, a lo que conocía, lo que la llevó a querer tratar de entenderlo.

Sentía en cierta medida que las personas tenían dos formas de reaccionar ante situaciones o personas demasiado desconocidas para ellas; o se alejaban, no queriendo lidiar con lo diferente, o bien iban de lleno a tratar de descifrarlo. Ella era, claramente, del segundo grupo de personas.

¿Quizá realmente ahí es donde residía su cierta fascinación por la persona que conformaba Beyond Birthday?

— ¿Es el local de ahí?

Fue en esta ocasión del músico lo que la regresó a su realidad, detallando sólo hasta ese momento que el ocaso comenzaba a hacer presencia. "Qué día tan corto", pero de nuevo, en esa época particular del año los días se escurrían como agua. Buena noticia para los búhos nocturnos que tomaban inspiración de la noche.

— ¡Oh, sí! — Agradeció al menos conservar su cordura de sobria en la mayor medida de lo posible mientras veía la fachada sencilla y pintoresca del lugar. El concepto era acercarse lo más posible a un verdadero lugar de comida mexicana, así que la entrada por sí sola sobresalía bastante de todo el resto de típicos locales y edificios estadounidense colindando con el restaurante.

Esperó a que Beyond los llevara hasta el lugar y entraran. Dadas las circunstancias de Nelliel, quien a ese punto no se creía capaz de bajarse del vocalista para intentar caminar como una persona normal sin parecer cabra recién nacida aprendiendo a andar en sus cuatro patas, optó por mantenerse arriba de su espalda. Al contrario parecía no molestarle, lo cual agradeció dado que al parecer, aún con los efectos de la bebida en él, todavía tenía la capacidad suficiente como para seguir llevándola en su espalda y caminar recto o sin tambalear. Además, para fortunas de ambos, el lugar estaba vacío por ser horario fuera de comidas regulares.

Casi al instante una señora de muy baja estatura y cabello casi tan negro como el del vocalista británico se asomó y mostró una ancha sonrisa con dientes y ojos vivarachos.

— ¡Ay, mi niña, cuánto tiempo!

— ¡Hora Alicia! ¿¡Cómo estás!?

— Pues bien, ya ves, esperando la hora de la cena para los regulares. Pero ¿a ti qué te pasó? ¿No puedes caminar? — Cuestionó con prontitud la mujer mexicana. Al Birthday le pareció interesante el acento tan marcado de la señora y la familiaridad con la que le hablaba a la francesa… sin mencionar la facilidad con la que lo ignoraba, como si no existiera. En ese momento al parecer solo era un vil medio de transporte para todos ahí.

— Estoy bien realmente, es soro que me pase un poco con la bebira hahaha, pero para eso vine aquí, ¿con qué me pueden resacatar?

— ¿Tan temprano? Nell, te dije que la vida en esta ciudad te volvería alcohólica. — Una tercera (¿o cuarta?) persona entró en escena. Era un chico, claramente adolescente, saliendo de la puerta que conectaba la cocina con la barra de la caja registradora. Por su enorme parecido físico con Alicia, se podía deducir muy fácilmente que era su hijo. Negocio familiar.

— Si tuviera la capacidad para hablar bien y ponerme de pie permaneciendo derecha, te diría que estás equivocaro. — Medio negó, medio concordó la acusada justo para después soltar una risa algo infantil. El chico rodó los ojos, sin dejar de sonreír para después inclinarse un poco y recargar los codos sobre la barra frente a él.

— ¿Entonces, ma', qué será bueno para que se le baje la peda?

— Déjamelo a mí, tú y tu amigo se sentirán como nuevos después de una buena comida casera.

Oh, la existencia de Beyond era finalmente notada.

— Muchas gracias Alicia, tu sazón nunca me falla. — Terminado Nelliel de decir aquello, la señora se apresuró a entrar a cocina como si repentinamente le hubiesen inyectado un rush de adrenalina. La francesa pensó que el instinto de madre que sobrealimentar a todo el mundo cuando no se sentían bien de Alicia era demasiado tierno como para atreverse a decirle que no a cualquier platillo que se le ocurriera prepararlo, pues ni siquiera le había dado oportunidad de escoger su propia comida. Pero estaba bien, lo dejaría en sus manos.

-.-

—No puero creer lo delicioso que huele esto. — Cuando la Jaegerjaquez vociferó con entusiasmo sus pensamientos acerca del aroma que expedía la comida que Alicia les había preparado, procedió a enterrar la nariz dentro de la bolsa de comida y aspirar con fuerza. La bolsa se estrelló contra la mejilla izquierda del contrario, con lo que la apartó como pudo con su diestra.

— Deja de drogarte con el olor de la comida. Cuando lleguemos al estudio haces lo que quieras con ella.

— Sí, sí, ro siento, es que todo me da vueltas y es divertiro oler la comida así. — Aunque no tuvo demasiado sentido la respuesta de Nell, el vocalista entendió su punto. y también agradecía mentalmente que estuvieran por llegar al lugar. Por obvias razones, habían pedido todo para llevar. Además así el susodicho esperaba que la hermana de Grimmjow no hiciera una escena fatídica si le llegaba a caer mal comer algo en ese estado y terminara por regresarlo todo. Al menos en el baño del estudio no harían el ridículo.

— ¿Tan siquiera sabes qué es lo que nos dieron? — Se animó a preguntar tras notar silenciosamente que su estómago se quejaba por lo bajo, demandando alimento tras detectar su cerebro que parecía haber una fuente comida fiable cerca, detectado, obviamente, por su sentido del olfato. Imposible no notarlo con la chica prácticamente aplastándole la bolsa de comida en la cara cada treinta segundos.

— No tengo ni irea, pero creo que veo la forma de un burito por ahí, y está enorme, creo que hasta podríamos partirlo a la mitad y comer lo dos, pero tendríamos que buscar platos en la cocina del esturio… ¡Oh, oh!

— ¿Hm? — Oh no… conocía ese sonido. Era el sonido de alguien que acababa de tener una mala idea, o cuando menos, rara. Y vean que él sabía de eso.

— ¿No te ha escrito la banda para decirte si ya están esperándote en el esturio?

— No, nada aún. No me sorprendería que vayan todos a perder el tiempo hasta la madrugada, parece que es la única hora en la que saben funcionar o ser músicos decentes. — De igual manera cuando comentó aquello, sacó como le fue posible el celular del bolsillo de su suéter con la zurda y bajó levemente la mirada para observar el aparato al tiempo que la prendía presionando una tecla del mismo. La pantalla se prendió, revelando la hora y cero mensajes nuevos. De estar en otro escenario, seguro hubiese bufado audiblemente a frustración de la poca, pésima, nula o cero organización que tenían todos ellos como banda. Pensó brevemente que ese debería ser trabajo de Robert. Fungir papel de manager, ponerse los pantalones de coordinador y citarlos a todos al estudio para obligarlos a trabajar, pero no. Al desgraciado se le ocurría parir un hijo real a medio proceso de parto del primer álbum de la banda.

— En ese caso — La voz de Nelliel lo retomó al hilo de su conversación — ¿te parece bien si comemos en la azotea del erificio? La cabeza me está dando vueltas y no sé si puera soportar el soniro de las otras bandas tocando en los cuartos de a lado.

¿La azotea? tenía tiempo que no subía a la azotea. Era un espacio al que el Birthday acudía en las noches donde la musa de la inspiración estaba renuente a visitarlo. Al estar expuesto al sonido opaco de la ciudad de fondo, aire fresco y un par de calles que se extendían a lo lejano simetrizado por luces artificiales, resultaba ser una buena fórmula para activar su cerebro y disminuir el estrés.

— De acuerdo. — Porque la verdad tampoco estaba con el humor para soportar ruido o voces ajenas de momento — Sirve que veremos cuando la bola de inútiles esos lleguen.

Vaya, parecían finalmente estar de acuerdo en algo. La chica se limitó a asentir, prefiriendo no decir nada que pudiese hacer cambiar al contrario de opinión porque, de todo corazón, sí quería acomodarse en la azotea un buen rato y esperar tranquila hasta regresar a la normalidad. Que se le bajara la ebriedad porque aquello de sentir que todo a su alrededor se movía constantemente no era divertido, a menos no entre semana y antes del anochecer fuera de un ambiente de fiesta y bebida.

Dejó caer los brazos a los costados de Beyond, sin soltar la bolsa con la comida, y volvió a entrecerrar los ojos en lo que notaban que entraban a la recepción — siempre vacía, por falta de recepcionista — del edificio del estudio. Los pasos del varón los llevó hacia el elevador; presionó el botón 6, número que accedía a la azotea, y las puertas se cerraron. Por primera vez se hallaron sin ruido de ningún tipo; no autos de fondo, no risas, no pláticas, ni siquiera el sonido de la ciudad de trasfondo. Tampoco la clásica musiquita del elevador a falta de bocinas en aquel compartimiento elevadizo; todos estos pequeños faltantes se debían a causa del poco presupuesto con el que contaba el anfitrión que los acogía. Era una empresa bastante pequeña, nueva y sin mucha suerte hasta el momento por hallar su gran hit. Su pájaro de oro. Aunque si le preguntaban a Neliel, el sello discográfico ya estaba empollando el huevo de oro.

— Beyond…

— ¿Hm?

—Gracias.

— … ¿Por? — Indagó algo confuso al tiempo que las puertas del elevador se abrían paso a un pasillo bastante descuidado y algo oscuro. Salieron de ahí para encaminarse hacia el final del mismo en donde un portón, roído por el tiempo y el uso, colaba halos de luz por sus orillas.

— Por cargarme todo el camino y traerme hasta aquí. Puriste haberme dejaro allá en el bar, boracha y dormira mientras esperaba al pitufo de mi hermano. No suero terminar así tan rápido por unas cuantas cervezas, pero gracias.

El vocalista abrió el portón; la repentina y agresiva ola de luz bermellón con azafranado les obligó a cerrar los ojos un par de segundos y al británico a proseguir sus pisadas con cautela antes de, poco a poco, irse adaptando a los cambios de iluminación y poder detallar con mayor la claridad el lugar ya bien conocido por sus ojos; la azotea resultaba estar algo descuidada y dejaba a qué desear, pero cumplía las funciones básicas de ser ese pequeño spot oculto con lugares suficientes para sentarse y disfrutar de la vista de la ciudad. Los edificios de la zona dorada allá más al centro de la ciudad se imponían desde esa distancia con sus acabados más modernos y enormes ventanales polarizadas donde seguramente se encontraban los ejecutivos de empresas importantes refugiados en sus cubículos modernos. Mucha discrepancia al dúo ahí mismo que procedía a sentarse sobre uno de los enormes escapes de ventilación que se mostraban firmes y resistentes.

Pero, aún así, ella prefería estar ahí mismo, en ese lugar.

— No hay problema. — Respondió finalmente y tras un breve silencio el vocalista. Al parecer algo indeciso sobre a cómo debía responder al comentario de la francesa.

Él concordaba en que todos, los tres, se habían confiado demasiado con respecto al nivel de grados alcohólicos de las bebidas de ese bar, y más aún con la rapidez con que se las pasaron. No podía burlarse de Grimmjow o hacer sus usuales comentarios ásperos al respecto porque él había terminado casi igual que ellos, víctima de bebidas traicioneras que se adueñaron de sus sentidos y su control de percepción de la realidad.

— Muy bien, entonces — La chica cruzó las piernas y se acomodó mejor ahí en donde estaban, dando un largo respiro de aire fresco, inflando su pecho y después soltando la bocanada como si por fin, después de un largo rato, se sintiera relajada. — Veamos qué hay aquí. — Procedió entonces con ir sacando la comida envuelta que, incluso así, desprendía un aroma bárbaro. Invitaba a darle una gran mordida a la brevedad. Sobre el enorme burrito, había tenido razón, fácilmente podían compartirlo y comer ambos porciones muy generosas de eso, así que lo hizo; le dio a su compañero de merienda la mitad. Sacó también unos vasos de foam que contenían caldo, un par de pancitos que parecían estar rellenos de guiso de res y finalmente un rollo de canela envuelto en una porción lo bastante generosa como para compartir también. Neliel sonrió enormemente. Sabía que podía confiar en Alicia cuando de comer delicioso se trataba.

En silencio, como a un acuerdo mutuo de que antes de decir nada más debían primero escuchar a su cuerpo y meterse algo decente y comestible en el organismo, comenzaron a comer. La francesa sentía su papilas gustativas derretirse en placer con cada mordisco, ingenua y asombrada en cómo es que se obtenía esa mezcla de sabores entre la salsa, la carne, el aguacate y cada ingrediente presente, además, el queso gratinado solo sumaba al éxtasis alcanzado. A ella no le cabía duda; la buena comida era el mejor placer existente en la vida.

No fue muy consciente de cuándo fue que se había devorado ya casi toda la comida y ahora procedía a desenvolver el rollo de canela que desprendía un aroma dulzón a canela y glaseado, a pan recién horneado. La sensación esponjosa que le generó entre sus manos cuando lo partió a la mitad, le hizo pensar a la chica que aquello era la definición exacta de porno de comida. Dejó la otra mitad al costado de Beyond y ella decidió acostarse en su lugar, completamente satisfecha y a punto de reventar tras devorar en cuestión de minutos tan increíble comida, pero encontrando calma y paz en el cielo extenso ante sus ojos que ahora mismo pintaba un cuadro hermoso, a su parecer, con el nacimiento del declive del sol en un atardecer acogedor.

— Tendré que ir a felicitar Alicia después por la comida. Hasta horneó el postre ahí mismo. — Al tiempo que dijo eso, le dio una mordida al rollo de canela, sintiendo el glaseado derretirse en su boca.

— No te voy a mentir, quedé sorprendido. — Beyond sostenía aún el vasito con el caldo entre sus manos, probablemente usándolo como fuente de calor además de tomarse el tiempo de disfrutarlo, bebiendo de él ocasionalmente. — Retiro lo dicho sobre mierdas raras de la comida mexicana.

— ¡Le diré que sorprendió hasta a un británico, la pondrá muy feliz! — Anunció con una sonrisa juguetona antes de cerrar los ojos y estirarse ahí en donde estaba; los larguísimos mechones verdes de su cabello caían a su espalda y costados, con lo que le creaba un efecto acolchado contra la fría superficie bajo ella, aunque debería bañarse después de eso. Pero bien, se preocuparía de eso después, en ese momento sólo quería disfrutar aquello; la sensación de ebriedad disminuyendo poco a poco, el viento siendo gentil con su cabello y su ropa, los rayos cálidos del sol contra su piel y la sensación increíblemente satisfactoria de saciedad absoluta, en todo sentido. Estaba tranquila, cómoda y encontraba mucha armonía en ese momento; ahí, con los ojos cerrados mientras terminaba su postre, la melatonina comenzaba a liberarse en su cuerpo naturalmente, trayendo un estado de sueño ligero en ella. Beyond pareció no pasar desapercibido aquello al verla por el rabillo del ojo.

— ¿Quieres entrar?

— No, no...aquí está perfecto. Cuando lleguen los demás, nos levantamos para entrar. — Agradecía mucho poder articular ya bien cada palabra que salía de su boca, pero era ahora un efecto somnoliento lo que se acunaba en el centro de su voz. Se le escuchaba como si en cualquier momento se quedaría dormida. De hecho, su respiración pacífica invitaba a cualquier a someterse a un estado de tranquilidad tal, que era muy sugestiva la idea de acostarse a un lado de ella a descansar un poco también.

Ahora que lo pensaba, había dormido tan poco en esos últimos días que le sorprendía mucho no haber colapsado ya en un rincón cualquiera.

— Mejor...— Continuó ella, con voz quedita — explícame cómo es que nunca habías probado este tipo de comida, creo que todos deberían hacerlo al menos una vez en la vida.

— No es tan común encontrar comida extranjera de donde soy. — Explicó — Al menos no más allá de la comida rápida americana. Tú deberías saberlo, somos del mismo continente.

— Sí… en Francia tampoco hay mucha variedad de ese tipo, pero creo que tengo más tiempo que tú aquí en América, y he podido probar de todo un poco porque amo la comida — Eso era cierto, a donde iba, procuraba probar al menos algo típico de la zona, a diferencia del vocalista que parecía no hallar mucho placer en comer. O casi cualquier otra cosa en la vida si se pensaba bien. — ¿Hace cuánto llegaste aquí?

— ¿Estados Unidos? — Viró su rostro para verla pero fue algo inútil, Nelliel continuaba con los ojos cerrados, y más aún, daba la sensación de que ya ni lo escuchaba entre su estado de sueño. Era difícil decir si seguía despierta con esa tranquilidad en el rostro. Al notar esto, optó por comenzar a hablar más bajo, apenas en susurro — Dos años, quizá… trato no contar el tiempo.

— Yo llegué aquí hace… hmn...— Se vio obligada a pausar su habla cuando un bostezo se apoderó de ella. Se acurrucó aún más en su lugar. — Dos años también, creo, dos y medio…. ¿de qué parte de Inglaterra eres?

— Hm, Norfolk. — Pareció titubear un momento, sopesar la idea de si quería o no responder preguntas personales, pero al verla así de adormilada, escuchar la ciudad de fondo y la sensación cálida del vaso tibio entre sus manos como fuente de calor, parecía haber bajado un poco las defensas del susodicho. Sin darse cuenta, ahora era él quien era guiado por la calma de Nel.

— Nunca fui a Inglaterra, pero su acento siempre lo encontré fascinante, ¿no extrañas tu país?

— No realmente — Musitó — este lugar me parece más interesante.

— Te entiendo… también crecí en un lugar pequeño. Esta ciudad es una jungla, pero aún así… debo admitirte que sentía nostalgia por mi pueblo, no porque extrañara Francia como tal, ni siquiera mi escuela o mis amigos. Esto va a sonar muy cursi, pero extrañaba a mi hermano, — arrastró esas últimas palabras. Sentía que perdería la consciencia a media explicación — no se lo digas pero muchas de las cosas que hice, de querer ser independiente y superarme, lo hice con el deseo interno de querer ponerlo orgulloso… como si él pudiera verme y me sonriera cada vez que hacía algo para crecer, para avanzar… quizá pienses que esto es algo ridículo, pero mi hermano me permitió crecer.

Hubo un breve silencio en el que por un momento Nelliel sintió entrar y salir de un breve sueño, pero no estuvo segura. Fue uno de esos instantes en los que sientes que ya estás dormido pero aún consciente en cierta medida de tu alrededor. De hecho fue por esto que muy apenas escuchó y comprendió la respuesta del vocalista cuando finalmente dijo algo después de callar por lo que bien pudieron haber sido segundos, o minutos. Nelliel había perdido sentido del tiempo.

— Lo sé… sé a lo que te refieres.

— ¿Hm… sobre qué cosa?

Con los párpados abajo, la menor no podía ver la expresión que tenía el contrario en ese momento. No podía detallar sus ojos afilados hacia el horizonte y su gesto sumido en alguna clase de pensamiento que parecía ser nostálgico, quizá incluso hasta...doloroso.

Nelliel, sin saberlo, había desenterrado alguna clase de pensamiento en Beyond que cambió por completo toda su aura, sin embargo ella era incapaz de percibirlo.

— Ujum, hm ¿sobre lo de mi hermano?

— Sí… — Desvió sus ojos carmín hacia el contenido de su vaso que desprendía aún vapor, y entonces, susurró — hermano.

Vaya… tenía tantos años sin usar esa palabra con esa connotación, que sintió la boca de su estómago volcarse sobre sí misma. Se tensó, traicionado por la palpitación de su propio corazón.

Bump bump.

Cerró los ojos, deseando disipar aquellos pensamientos, pero, ah… aquél viento acogedor de Los Ángeles comenzó a sentirse como al helado y agresivo de Norfolk. Rememoró algo muy empolvado dentro de sí, memorias de antaño, empolvadas; los inviernos de Inglaterra, el rechinar de la madera bajo sus pies de aquella antigua casa, el aroma de la comida que provenía de aquella cocina, los sonidos de los trastes siendo lavados...lo había olvidado.

Bump bump

No podía creer que había olvidado su voz, su tono de voz tan específico y tan diferente al suyo. El vació ahora subió a su pecho y se extendió por el resto de su cuerpo. Había divagado hasta una parte muy específica de su cerebro, un cofre que evitaba a toda costa abrir, y de ahí, justo de ese escondite, al acercarse como ahora, lo podía escuchar, tan, tan claro… tan nítido. Sentir en su piel las emociones que desembocó en él aquella noche.

El día que su vida cambió por completo.

Beyond, Beyond, ¿me escuchas?

Bump bump.

Esa voz.

Bump bump.

El tiempo dejó de existir.

-.-

— Beyond, Beyond, ¿me escuchas?

— ¿Qué? — Giró el rostro, hastiado. Suponía que las personas podían entender fácilmente cuando alguien los ignoraba a propósito, pero parece que pecaba de ingenuo porque claramente este no era el caso. Claramente, algunas personas carecían de sentido común.

— Ya te lo dije, ya está lista la comida, ¿no me escuchabas?

— No, no… estaba escribiendo, ¿por qué me sigues hablando cuando estoy escribiendo? sabes que no me gusta.

— ¿Y qué sí te gusta? me da igual siempre porque de todos modos terminas volteando, si te hablo las suficientes veces, me escucharás eventualmente.

Chistó la lengua observando como lo recriminaba con esa cara de indiferencia. Apretó el lápiz entre sus dedos cuando chocó su mirada con esos ojos de un absoluto negro infinito.

— E-

— ¡Hey! ¿¡Qué están haciendo allá arriba!? — su queja fue irrumpida por una tercera voz que se lograba escuchar desde el piso de abajo, cerca de las escaleras — ¡La cena está servida, a comer!

Los dos escucharon los pasos alejarse y entonces regresaron la vista entre sí.

— Ya escuchaste, — Afirmó — la mesa está lista, ¿u otra vez te saltarás la cena? — Aunque lo último que dijo fue una pregunta, no esperó a la respuesta de Beyond. Se giró y dirigió sus pasos a la salida.

— Lawliet. — Lo llamó. El contrario se detuvo en el marco de la puerta, sin girarse a verlo — No me vengas a interrumpir cuando estoy escribiendo solo para eso. — Volvió a repetir, sabiendo aún así que esa escena sucedería de nuevo, y volvería a enojarse por la respuesta de su hermano, justo como ahora mismo que se limitó a encogerse de hombros y retomar su camino escaleras abajo, hacia la cocina.

Más fuerza aplicada en su mano, y el lápiz se rompió.

— ¿Al fin te dignas a hacer aparición? ¿Qué te tomó tanto tiempo? Cuántas veces te tengo que decir que dejes eso de escribir cuando sabes que se acerca la hora de la cena — Los pasos perezosos del Birthday lo dirigieron, después de un par de minutos desde aquél llamado, al comedor donde su padre, Elena y L estaban ya sentados, comiendo.

Ante el comentario de Elena, él no dijo nada, sino que procedió a sentarse su usual lugar; esquina derecha a un lado de su hermano.

Observó el plato frente de sí y, de no ser porque aún conservaba en ese punto de su vida algo de discreción, hubiera soltado una sonrisa muy, muy cínica. Shepherd's pie para comer.

Beyond odiaba el Shepherd's pie. También, era el favorito de Lawliet.

-.-

Al momento en que volvió a cortar otro tronco de leña a la mitad, aquél aroma tan particular a otoño y naturaleza volvió a inundar su nariz, y ante la sensación de cansancio que lo atrapó tras estar desde hacía ya un buen rato con aquella actividad, Beyond dejó el hacha clavado en la base del tronco viejo sobre el cual trabajaba, cuestionándose fugazmente que al talar un árbol, si su muerte desprendiera un olor, probablemente sería ese…. a viejo, a otoño, a un algo directamente ligado con la naturaleza o a los bosques.

— ¿Terminaste ya con todos?

— Casi — Se giró levemente para observar a L llegar. La nieve bajo sus gruesas botas parecía rechinar con cada paso. — Hay suficiente ya para toda la semana, además no sé cuál es tu prisa, ni siquiera estaremos aquí para pasado mañana.

— Nuestra madre quiere que haya suficiente para no tener que hacerlo en las épocas de ventisca en los próximos días. Sabes muy bien que es imposible incluso salir de la casa con lo agresivas que son las tormentas de nieve aquí — Mientras explicaba aquello, el de ojos oscuros agarró la mayor cantidad de leñas partidas que pudo entre sus brazos y retomó su camino hacia la pequeña bóveda contigua a la casa.

Beyond lo observó alejarse a pasos completamente despreocupados. Todo lo que L hacía era así, daba la impresión de que tenía todo el tiempo del mundo, siempre con pasos pausados, graduales. A él más bien cada acción suya le parecía famélica. Veía en él todo lo que no quería llegar a ser en algún punto de su vida, y también, todo lo que estaba condenado a ser hasta cierto nivel. Quizá estaba incorrecto, y realmente esperaba estarlo… pero era un poco difícil ver otro diagnóstico para su vida cuando se tenía a un gemelo en espejo, y más aún, cuando estaba obligado a compartir tanto tiempo y espacio con él.

Desvió su mirada hacia los árboles revestidos de gruesas capas de abrigos blancos que se extendían a lo largo del camino desolado que conformaba la entrada de su casa. Si bien vivir en un lugar de poca población y amplios radios de espacios con árboles frondosos entre casa y casa resultaba ser una fórmula ideal para dejar entrar al numen de la inspiración, podía ser, en la misma medida, una trampa de aislamiento y frustración. A Beyond usualmente su situación se le antojaba más bien desgraciada y tragicómica. Más frustrante aún era saber que, si bien dentro de unos días estaría lejos de ese lugar por casi seis meses — para retomar los estudios en el colegio privado en el que se internaban —, aún así debería compartir íntimo espacio con L. Era como una sombra que lo seguía a todos lados, una sombra que le recordaba a diario todo lo que no era, ni para los demás, ni para su familia. También, era un recuerdo de todo lo que no quería ser.

— Puedes dejarme el resto, — Escuchó la voz del mayor cuando regresó de almacenar los troncos — deberías mejor ir a preparar tu maleta para el viernes. Empacar seis meses de viaje no es precisamente trabajo de una sola noche.

— En realidad, sí. Sabes que me gusta viajar ligero.

— Hm. — Asintió, B emprendió de regreso a la casa. A mitad de su camino, añadió — Algo extraño me dice que en esta ocasión necesitarás más ropa de la usual. — El acusado paró en seco sus pasos y miró a L; ya le había dado la espalda y procedía ahora a retomar la actividad de cortar la leña en trozos más pequeños, compactos e ideales para la chimenea.

Optó por el silencio, por no responder a aquél comentario que sinceramente encontró muy fuera de lugar, y en vez de eso entró a la casa, chocando sus botas con el tapete de la entrada en donde floreaban las letras "Welcome Home"; el exceso de nieve que cayó de las suelas de las mismas taparon las mismas letras del letrero. Ahora, rezaba "Come Home".

Apreciaba el silencio que destilaba en esa ocasión el ambiente de la sala después de cerrar la puerta tras de sí; lo recibió la tenue luz de un par de lámparas que reposaban sobre dos mesitas a los costados de un sofá, y los libros de bioquímica descansando en un librero que se extendía por casi todo el ancho de la pared, terminando justo en donde iniciaba la entrada hacia la cocina, y donde la loseta cambiaba por mosaicos de antaño.

Abrió el refrigerador buscando algo con lo cual calmar aquél deje de ansiedad tan poco común en él que insistía con invadir sus pensamientos desde hacía semanas; lo hallaba extraño y poco común en él porque autocontrol propio era probablemente uno de los sinónimos más predominantes que podían definirlo. Encima de eso, ya tenía por sí mismo la carga de la frustración del lugar en donde estaba, de esa casa, de ese pueblo. Sólo lo recibía hastío y sensación de encierro últimamente cuando veía el infinito bosque que rodeaba todo el perímetro de su hogar. La vastedad del cielo nocturno sobre ellos y la inmensidad del mundo que le gritaba allá afuera. Su corazón sangraba de inquietud. Era un pájaro enervado que se encontraba encarcelado entre las ramas de un roble famélico.

Atisbó al fondo del frigorífico una pequeña cajita con algunas de las fresas que habían ido a cosechar sus padres la semana pasada en la granja del vecino. Vecino que por cierto estaba a poco menos de 400 metros de donde ellos se encontraban, y era el más próximo. Las colocó sobre la mesa y tomó lugar en el asiento que apuntaba hacia la ventana principal que daba hacia el porche de la entrada. Respiró, exhaló y finalmente parte de aquel peso que solía cargar sobre sus hombros, se disipó. No tardó casi nada en sacar una hoja de su suéter —era en los bolsillos de su ropa en donde se encontraba siempre su última creación lírica, aquella que no podía sacarse de la cabeza—, y su usual lápiz desgastado no más largo que su pulgar para continuar la escritura de su creación. Entre los renglones de la misma se delataban las letras apenas legibles que parecían de a momentos proliferar de todos lados en forma de tachones y borrones, notas y notas sobre las notas, de letras encimadas y de repente, palabras que ni siquiera parecían estar escritas en alfabeto romanizado, pero aún con todos esos garabatos y rayones, Beyond parecía moverse entre los versos de la letra con una facilidad innata, como su estuviese trabajando sobre el mayor de los órdenes. Era dueño de ese desastre mental plasmado en letras, y como tal, en su desorden hallaba orden.

Conforme se iba sumergiendo en aquellas letras bucólicas producto de su hiperactividad musical, iba retumbando dentro de su cabeza el bombo de una batería, fuerte, pesada, profunda; y justo ahí atrapó el sonar de una guitarra eléctrica, una nota sostenida, alargada… ah, dulce sumergimiento lírico ad líbitum.

"I'm breathing stone, crying alone… in these days" acomodaba, borroneaba, rectificaba. El proceso se repetía en un profundo sumergimiento inspiracional para Beyond. Visto desde una perspectiva ajena, parecía estar absolutamente enajenado a ese momento, desconectado en su totalidad de la realidad y sumido profundamente en un abismo filarmónico. "I'll win this race… Arrive alone", proseguía, ajeno ya en su totalidad del tiempo y el lugar en donde se encontraba "F for…"

F for…¿F for…?

Llevó la punta opuesta del lápiz entre sus labios y entrecerró los ojos, sopesando las opciones que bombardeaban su cabeza para proseguir la letra, la cual increíblemente llevaba editando a mano ya un par de semanas; esto era impresionante porque rara vez solía estancarse tanto con una sola creación suya. Rara vez terminaba una canción. Más bien lo que a él le funcionaba era crear estribillos y coros aislados y arrumbar esas hojas en el olvido hasta que, en un momento de epifanía, pensaba en el verso o inclusive a veces hasta notas para tocar en guitarra o acústica, tipo a capella. Claramente en esta ocasión era un poco diferente, no sólo porque era capaz de reproducir en su cabeza casi todos los instrumentos, como si la canción misma tuviera completa voluntad propia, sino porque, irónicamente, al mismo tiempo llevaba días estancados en ciertas partes. Además, borraba y tachaba para sobreescribir, pero terminaba al final reescribiendo justamente todo lo que hacía tachado. Un poco más y la hoja por sí sola sería completamente ilegible, quizá era hora de pasar a limpio al menos lo seguro.

Se llevó un par de fresas a la boca, y al sentir el dulzón agrio de aquella fruta inundar sus papilas gustativas, comenzó a tamborilear ligeramente los dedos de su diestra sobre la esquina de la mesa en un intento por dejar fluir mejor la inspiración. Con algo de suerte, podría terminar la canción completa ese mismo día, o mañana, quizá.

Perdió la noción de los minutos, quizá incluso hasta horas que estuvo ahí sentado frente a la mesa dando vida a las tablaturas de los instrumentos que acompañaban su nueva creación —y dado que se encontraba además algo estancado con la letra —, hasta que escuchó la puerta principal abrirse. Alzó la mirada para ver quién entraba, y sintió al instante casi todo su arrebatamiento musical irse por los suelos cuando detalló quiénes eran.

— Beyond, — Lo llamó su padre — necesito que vayan al centro por una cosecha de verduras que acaba de llegar al mercado. Ya se lo hice saber a tu hermano antes de entrar, te está esperando afuera. — Explicó aquello mientras se quitaba el pesado abrigo y lo colocaba en el perchero justo a lado de la puerta. Su esposa entró también, dirigiéndose a las escaleras para subir al segundo piso.

"Claro, hola, ¿qué tal?"

— Bien — Se levantó de su lugar, caminando hacia la la puerta de la casa para volver a salir y antes de poner un pie afuera en el porche de la entrada, observó por el rabillo del ojo al contrario dirigirse hacia la cocina. No se había dignado a regalarle una sola mirada, ni siquiera al hacerle esa petición, así que él tampoco lo hizo.

Cuando salió y bajó las escaleras de caoba del porche, alcanzó a Lawliet en la entrada del estrecho sendero que conectaba con el camino principal rumbo hacia el centro. No había manera de perderse realmente porque era una sola vía que desembocaba bien hacia la izquierda, donde habían más casas con una distancia poco común entre cada una, o a la derecha, el corazón del pueblo.

El primer tramo del camino lo atravesaron en silencio, solo siendo irrumpidos en aquella sumisión de palabras por el sonido de un par de automóviles que pasaban a lado de ellos, por la carretera. L comenzó entonces a patear una piedra con un descomunal interés, claramente sin intenciones de romper el silencio, y si bien, usualmente Beyond tampoco tendría problema con aquello — y era como se desarrollaba la mayor parte de su estrecha relación sanguínea —, algo acaecía sus pensamientos, incurriendo en su tranquilidad.

— ¿Por qué la llamaste así? — Soltó finalmente.

— ¿Hm? ¿De qué hablas? — Mentía,en cierta parte… sabía que sería cuestión de tiempo antes de que él tocara el tema, o le recriminara como mínimo, pero era su especialidad parecer muchísimo más despistado de lo que realmente era. De hecho, Lawliet era probablemente todo menos despistado. Nunca decía nada sin saber por qué lo decía, o conocer el contexto de la conversación. El gemelo de ojos carmesí tenía una hiperactividad creativa digna de un genio, pero Lawliet tenía el poder analítico de un detective de renombre mundial. Eran dos gotas de agua y aceite; cercanas, pero incompatibles. Dos materiales completamente diferentes que sólo compartían similitud en físico, pero el interior de aquellos recipientes que tenían por cerebro funcionaban en polos opuestos.

— Vamos, sabes de lo que hablo… no la llames así, "madre" — enfatizó —, esa mujer no es nuestra madre.

— Elena me comentó que le gustaría que la llamara madre. No veo inconveniente con su petición. — Volvió a patear la piedra que rodó a unos pies delante de ellos.

— Ajá. Bien. Pues a mí no me ha pedido nada. Me cuesta creer que aceptas lamerle los pies a estas personas sólo porque te lo dicen.

— En primera, Beyond, — Finalmente, ahí, justo en ese momento, L se dignó a girar su rostro para ver a su hermano menor. — No le estoy lamiendo las botas a nadie. Como te dije ya, no me crea conflicto ni inconveniente en acceder a la petición de Elena. Ha cuidado de nosotros desde nuestra primera semana de nacidos. Es un título que me parece lógico que pida, creo que se lo ha ganado.

Esta vez fue Beyond el que se adelantó un poco para patear la piedra, pero lejos, al otro lado del camino. El contrario lo observó con una ceja alzada, pero prosiguió su andar con normalidad.

— Habla por ti...Contigo. Se lo ha ganado solo contigo.

El mayor sólo observó de reojo a B, detallando su perfil endurecido, y optando finalmente por proseguir el resto del camino en silencio. Entendía su situación, la diferencias en crianza entre ambos, pero aunque lo entendía… no podía empatizar. Ambos, claramente, carecían de características y normas sociales, casi hasta humanos. Ambos estaban rotos pero en diferentes formas, y para él, esa sección poco desarrollada era la empatía, además… era muy fácil querer buscar a un culpable después de todo lo que pasó, y el único al que se podía señalar a ese punto era a Beyond. Al menos sabía que con ese filtro lo veían su padre y Elena.

Pero… no estaba en sus posibilidades o intenciones hacer mucho más que ofrecer algún tipo de compañía. Él mismo estaba demasiado enfocado en sus propios objetivos. Beyond no era el único deseando salir corriendo de ese lugar, pero él reservaba más sus ideas.

Sobre todo porque su hermano no estaba incluido, así como él no lo estaba en los planes de B, lo sabía.

Nadie lo conocía mejor que él.

Cuando finalmente (finalmente enfatizado por ambos gemelos) arribaron al centro de la ciudad donde rebosaban las construcciones pintorescas, aun rememorando con recelos ciertos tintes de la época victoriana y casas aledañas con cascada de doseles de ramas colgando a la orilla de los ventanales desde el primer piso hasta el quinto, la mayoría pintadas de blancas con marcos cafés alrededor de las puertas y ventanas; la mayoría de los techos presumían ángulos con inclinaciones de 90 grados. También se lograba vislumbrar algunos tragaluces adornando aquellos tejados de antaño.

La vida rebosaba en esas calles apretujadas que carecían de cemento. Más bien sumaban al estilo europeo con su particular contextura de camino de piedras anchas y lisas perfectamente embonadas entre sí, mayormente de un crema despintado, que de momento — junto a la mayoría de los edificios— se encontraban adornados naturalmente por capas delgadas de blanca nieve, principalmente acumulada a las esquinas de las aceras y las claraboyas.

Se adentraron a uno de los mercados que justo a la acera alardeaba una pizarra sencilla y pequeña con las letras a molde; "Local Market". El pueblo —rozando ya casi el término de ciudad chica—, no contaba aún con población en exceso, por lo que los regulares de cada mercado, tienda o locales estaban bien identificados por sus dueños o personas tras la caja registradora. Este caso no era la excepción, sobre todo tratándose de tan peculiar dúo.

— Qué tal chicos, ¿vienen por la orden a nombre de su padre? me comentó que vendrían por el pedido. Ya está cubierto.

— Buen día Alfred. Sí, ¿está listo? — Lawliet se apresuró a ser el que tuviera la palabra ahí, por razones mudas que el contrario también captaba pero prefería ignorar a consciencia.

— Claro, dame un segundo, son dos cajas grandes así que es bueno que en esta ocasión vengan los dos. Están pesadas. — El hombre mayor de ancha complexión se agachó para colocar sobre la barra de madera ambas cajas rebosando de verduras y otros alimentos de origen animal, como queso, huevos y leche, y procedió a preguntar — ¿Otra vez no estarán aquí para su cumpleaños?

— No, — Explicó el mayor — estaremos en el internado del colegio para esas fechas y regresaremos hasta enero.

Alfred asintió, pasándole una de las cajas a Lawliet para que pudiera sostenerla bien. Hizo lo mismo con Beyond. Sin contacto visual.

— Es una lástima, — Antes de que el par saliera del lugar, añadió — dieciséis es una edad importante. En mis tiempos a esa edad un joven se hacía un hombre adulto, y en la mayoría de los casos debíamos ya tomar a una esposa. Matrimonio arreglado en el mayor de los casos. Así es como conocí a mi esposa.

— Los tiempos cambian, al parecer — Continuó L, dando gracias mentales por ya no estar en esos tiempos, sino más bien a nada entrar a los noventas.

— Mucho. También es así como se conocieron tus… — De súbito paró sus palabras, dándose cuenta de lo mal que encajaba ese comentario ahí.

— Padres. Lo sé. — Aún así, el de ojos negros finalizó el comentario, y tras ambos asentir levemente, salieron del lugar.

El silencio coronó su regreso a casa por las ambiguas calles del pueblo, hasta que cruzaron la esquina de un pequeño restaurante cuyo modesto balcón cubría parte de la acera para peatones; varias personas mayores se encontraban ahí desayunando una comida de estilo europeo con bien un espresso o un café americano negro. Al rodear las mesas para no perturbar las pláticas ni la paz de los clientes, el Birthday notó por el rabillo del ojo que varios de ellos lo observaron pasar a su lado. Más específicamente, sus ojos. Las miradas no eran curiosas ni amigables. Ahí fue cuando su gemelo rompió el silencio.

— No deberías dejar que esa clase de comentarios te perturben así cada vez que los hacen.Tú sabes cómo son estas personas. — Opinó. A las personas de los pueblos había que seguirles su juego, su forma de ser. Con el tiempo Lawliet había aprendido a camuflar su verdadera fachada para ellos.

— No me alteró...necesariamente. Sólo lo encuentro sumamente molesto, y completamente fuera de lugar — Acomodó un poco mejor la caja con verduras mientras decía aquello.

— No siempre lo dicen con esa intención…

— ¿¡Entonces con cuál!? — Se viró a verlo, alzando ligeramente la voz. Las personas pasando cerca de ellos se giraron un poco a verlos. L torció la boca. — Si todos en este jodido pueblo piensan lo mismo. Se mueren por tratar de recriminarle la muerte de mi madre cada vez que pueden cuando me ven. Parece que no se lo pueden tragar en una sola ocasión. Piensan que yo soy el anormal, pero quién es el verdadero enfermo la cabeza si tratan de culparme de algo que ni siquiera yo decidí. — Escupió finalmente. Ambos se habían detenido de caminar, al igual que un puñado pequeño de personas alrededor. El mayor los despidió con la mirada y él retomó su camino, con lo que B lo siguió. Gesto endurecido.

Había confirmado su teoría, al menos. Beyond si se alteró por el comentario de Alfred, y aunque en esa ocasión logró disimular y contenerse mejor, bastó con un pequeño pinchazo a su globo de frustración para hacerlo reventar. Por supuesto, y de nuevo, L no hacía nada ni decía nada al azar. Por otro lado, a pesar de su ya antes casi inexistente empatía por las personas, podría entender en su totalidad el escarmiento del menor. Crecer con esos comentarios, unos más explícitos que otros, unos más malintencionados que otros, harían enloquecer, o cuando menos, enfurecer a cualquiera con esos pueblerinos, y si bien entendía de dónde venía su miedo y rencor hacia su gemelo, no lo compartía, simplemente porque era un rencor ilógico.

Buscar culpar a un bebé de la muerte de su propia madre era, ciertamente, estúpido. Entendía que la situación con ellos dos había sido muy, muy particular y poco común, sin embargo nadie había tenido control real sobre esa situación.

Mientras analizaba estos pensamientos, Lawliet subió la vista de los quesos envueltos en un papel grueso marrón y una delgada soga para sellarlos bien, hacia su gemelo menor de minutos.

Por supuesto, sí, eran gemelos, pero ambos habían desarrollado diferencias demasiado marcadas como para ignorarlas. Mucho más allá de las diferencias en su estilo de cabello o ropa, se veía en las miradas, en el tono de voz y la dureza que empleaba en ella y hasta la forma en la que habían desarrollado sus facciones. Lo encontraba un factor curioso en demasía, pero teniendo un gemelo y analizándolo como tal, había aprendido que los factores de la vida, las experiencias y vivencias sí influenciaba en el desarrollo físico de una persona. La prueba de ello eran los gemelos que, aunque idénticos, podrían crecer como la ramas de un árbol en direcciones opuestas.

Cuando intentó comprender este factor hace unos meses, no tardó en entender los motivos reales de este fenómeno; aunque crecían dentro de la misma casa con los mismos padres, compartiendo obligaciones y colegio hasta cierto nivel, la raíz del asunto residía en la diferencia de trato que recibían en casa, en el pueblo y la manera que eran juzgados. Sin mencionar la culpa añadida que su hermano recibía, y era quizá el peor tipo de culpa; la que nadie decía con palabras realmente, sino que aventaban la piedra y escondían la mano. Aquella que soltaban con comentarios capciosos, miradas acusatorias o, en todo caso, diferencia de atención paternal.

Él estaba consciente de su trato preferencial, y si bien se daba el lujo de aprovecharlo en varias ocasiones, debía admitir que tampoco entendía del todo el abismo de diferencia de trato hacia los dos, ni siquiera cuando su padre, aquella noche unos años atrás, le explicó la situación con Beyond cuando él mismo le cuestionó aquello después de notarlo por bastante tiempo. Por supuesto, la sorpresa lo invadió, pero eso le permitió darle explicación a varios detalles que había notado… y sinceramente, era una lástima, porque en todo ese lugar, a su punto de vista, B era el único que igualaba su inteligencia. Sus conversaciones más intelectualmente estimulantes las había tenido con su gemelo; era el único que podía racionalizar y complementar su pensamiento tan lógico, tan detallado, y para qué negarlo, tan inteligente.

Pensaba que era un desperdicio que su hermano estuviese condenado a vivir con dos grandes culpas de las cuales había tenido cero control, y ciertamente no sabía cuál era peor… o quizá sí. Su mismo padre lo enfatizó tantas veces en aquella conversación. Ambos, su padre y su madre, añoraban un hijo. Se le había diagnosticado infertilidad a su madre pero aún así por casi más de ocho años ambos no perdieron la esperanza de poder tener a un varón en la familia; casi seis abortos involuntarios después, cada uno más avanzado que el otro — y por ende resultando en experiencias más traumáticas cada vez—, tuvieron un embarazo que estaba resultando ir de maravilla. Ambos tenían tanta fe en ello, y en que sería un niño, que decidieron confiar ciegamente en esa esperanza y que no se les revelara el sexo hasta el día del parto. Cada mes que corría acrecentaba su felicidad. Todo pintaba a que finalmente tendrían el varón de la familia después de casi seis generaciones de puras niñas tanto de parte de su madre como de su padre, siendo precisamente él, el único varón de seis hijas consecutivas. Un pequeño que heredara los terrenos y campos familiares, la casa, alguien que se convertiría en un gran hombre. No pedían nada más, solo un niño. Era todo lo que necesitaban.

Su amarga sorpresa la recibieron el día del parto; Lawliet nació, un bebé completamente sano. Buen peso, buena estatura… pero la incontenible felicidad de sus padres duró apenas minutos. Su madre volvió a entrar a proceso de parto con más contracciones y es cuando todos, incluido el médico y las parteras, descubrieron que el embarazo había resultado en gemelos; nadie lo esperaba. Los seguimientos médicos regulares de su madre no revelaron a un segundo bebé en vientre, como si el segundo se hubiese mantenido oculto todo ese tiempo, ¿había sido error médico, se les pasó completamente por alto? nadie sabía qué había sucedido pero la realidad estaba ahí; venía un segundo varón en camino, y las cosas se complicaron. Beyond no fue un parto normal, ni fácil. Comenzó a haber desangramiento, él no salía, el corazón de la mujer comenzó a presentar irregularidades ante el desangrado y el estrés, el shock, y pronto la vida de la esposa de su padre se puso sobre la línea roja. Lo tuvieron que sacar a él del cuarto para iniciar una cesárea de emergencia.

Beyond nació. Su madre murió.

Sin embargo las complicaciones no terminaron ahí. El gemelo menor parecía presentar algunos problemas muy peculiares. En el embarazo su desarrollo había sido anormal, por ponerlo de una forma. Al parecer, L recibía un mayor flujo de nutrientes para su correcto desarrollo y en cierta medida robaba también los de su gemelo. Esto había afectado mayormente la formación de sus pulmones, por eso al nacer Beyond no lloró, tampoco parecía respirar. Tuvo que ser incubado por varias semanas y monitoreado de cerca. También presentaba menor peso que él y un poco menos de estatura, sin embargo, lo que más sorprendió al personal del hospital fue la anomalía que presentaba el color de ojos su gemelo, o la falta dé; un carmín profundo, intenso. Total falta de pigmentación en el iris. Al parecer, esto estaba ligado directamente con la depravación de nutrientes que sufrió casi todo el embarazo. Su pequeño cuerpo le dio total prioridad, como pudo, al desarrollo de los órganos más importantes y su crecimiento dentro del vientre, y en su caso tan… extraño, nunca se definió un color de ojos. Era como si su cuerpo hubiera mandado al carajo ese detalle, "no importa el color de ojos, hay que centrarse en el resto", y aún así no fue suficiente pues presentó el problema respiratorio.

El diagnóstico fue bastante gris por un tiempo. Se le comentó a su padre que el gemelo menor tendría problemas respiratorios por siempre y no podría realizar actividades físicas pesadas por esto, también que sería propenso a infecciones respiratorias. El problema fue que lo único que tenía tan afectado al padre de los gemelos fue la muerte de su esposa. El amor de su vida. A su vista, en su comprensión, todo era claro…

Habían tenido a su varón deseado, añorado, perfecto en salud, pero su vida había sido arrebatada por un segundo inquilino que nadie nunca solicitó ni deseó. Si no hubiera sido por ese otro segundo gemelo, ella estaría viva. Encima sólo estaba dando problemas, como si quitarle la vida a su amada no fuese suficiente, resulta que ni siquiera había tenido un desarrollo propio… no sería un hombre útil. Era débil, y tendría un defecto físico ocular de por vida.. ¿qué pensarían los del pueblo? ¿Esa gente tan supersticiosa?

"El gemelo maldito, hasta sus ojos lo demuestran".

Estas emociones amargas y esa profunda tristeza se sembró en el corazón de su padre y sólo comenzaría a crecer con los años. Beyond, para su padre, era la imagen viva del culpable de la muerte de su único amor. Lawliet, por otro lado, era la promesa cumplida.

A pesar de todo este diagnóstico, el menor comenzó a crecer saludablemente; completó su desarrollo pulmonar después de estar internado por bastante tiempo y finalmente al ir a casa con la familia en donde estaban la abuela y las tías para ayudar con la crianza de los dos bebés, dada ahora la repentina ausencia de la madre, Beyond alcanzó a su gemelo mayor en desarrollo — peso y estatura— y le dio un gran "pudranse" a su diagnóstico médico de por vida. No sólo no presentó nunca más problemas respiratorios, sino que el desgraciado comenzó a presentar dotes de canto desde muy pequeño; alcance de notas imposibles para cualquier persona que se supone que no tenía un sistema respiratorio muy desarrollado y no lo tendría nunca, y encima de eso, una inteligencia que se igualaba a la suya. Pronto se determinó que los dos gemelos eran genios, pero uno por siempre estaría en el trono de la preferencia, y el otro en la silla del rechazo comunitario.

Así, pues, los dos grandes señalamientos que recibía B era ser el culpable de la muerte de su madre, y ser diferente, tener ojos que parecían delatar un aura maligna.

Poco tiempo después de todo lo sucedido, su padre contrajo matrimonio de nuevo, pero claro, como la situación con su familia eran tan pero tan tradicionalista y tan campesina, se atrevía a pensar, no contrajo matrimonio con cualquier otra mujer del pueblo. Lo hizo con la segunda hermana mayor de la familia de su difunta esposa, porque esas eran las reglas. En caso de viudo, el hombre debía tomar a la segunda hija de la familia, y en caso de no haberla, debía ser alguna otra hija de la familia; fuese bien la hija de otro hermano, es decir, una prima, o alguna otra de las mujeres disponibles. En su caso, su madre había sido la mayor de cinco hijas, así que las opciones sobraban.

Todo este escenario lo habían discutido él y Beyond y los dos hermanos concordaban en que todo era un poco enfermo, un poco raro, pero la ironía del asunto fue que ni así el menor se salvó del rechazo familiar: por supuesto que Elena resentía en la misma medida que el padre la muerte de su hermana mayor. La maldición para él continuó, y sólo se enfatizó más con los años.

De este modo es que entendía que Beyond encontraba su único refugio lejos de eso en el colegio hasta la afueras de Londres, a más de cuatro horas de viaje, en el que eran internados durante seis meses del año; una escuela de alto prestigio, "Watari's Private School for the gifted" dentro del cual ambos habían sido becados en su totalidad sin mayor problema por sus resultados sobresalientes, aún para ese contexto, en el examen de ingreso. Lawliet lo encontraba estimulante porque tenía la mira sobre una especialidad para cuando iniciaran el grado de preparatoria ahí mismo. También, por supuesto, era un lugar donde el talento del gemelo menor no era rechazado.

Nadie en ese pueblo podía negar sin mentir que Beyond tenía un don musical excepcional, y si no fuera por todo su trasfondo, lo tendrían dirigiendo los musicales en las obras de teatro o algo de un calibre similar, aún a su edad, lo sabía, pero en cambio recibía rechazo absoluto: y aunque lo intentara nadie lo recibía para presentar sus canciones. Le cerraban todas las puertas, alegando que lo que él tenía era todo menos talento, y espantaría a los clientes o maldeciría el lugar, igual que como lo hizo con su madre. En cambio el efecto que tenía Lawliet era el efecto contrario; reconocían su inteligencia, y los únicos comentarios que recibía su padre con respecto a L cuando los acompañaba a las compras al pueblo, era de lo lejos que llegaría su hijo mayor, el genio que era. No lo bajaban de etiquetas como "futuro científico, matemático, físico o lo que él quiera ser. No se había visto alguien con semejante inteligencia en este pueblo antes".

Entendiendo todo esto es que se podía comprender por completo la amargura constante con la que Beyond vivía, y su desprecio no sólo por esa gente, sino por su propia familia.

Él lo entendía, pero eso no quiere decir que lo compartía. De nuevo, ambos habían crecido con contextos distintos y Lawliet necesitaba seguir con lo suyo para proseguir con su carrera y poder salir de ahí, pues a pesar de todo estaba igual de frustrado que su hermano con respecto a sentirse estancado. Ambos lo sabían, no les esperaba demasiado futuro en ese lugar más que hacerse cargo de lo terrenos familiares y tener una vida demasiado sencilla. Ambos añoraban huir de eso. Sus ambiciones eran titánicas a comparación de lo que anhelaba la gente de ese lugar.

Después de mantener un paso tranquilo hasta salir del centro y estar a corta distancia de casa, el gemelo menor suspiró con mucha pesadez. Lawliet supuso que después del tremendo silencio que guardó cuando soltó su queja, se había resignado a tomar esa carencia de respuesta como una forma de darle la razón, y si bien eso usualmente era gratificante para cualquier persona, para B, no traía nada de alivio, sino más bien sumaba al costal.

L pensó que era mejor así, que pensara eso. Si lo consolaba de alguna forma, podrían desarrollar un lazo fuerte y no quería eso. Tenían planes y futuros diferentes, y si era totalmente honesto dentro de su egoísmo e ideas propias…

No quería cargar con nadie a sus espaldas, justo como Beyond tampoco quería.

Los gemelos entendían eso uno del otro en silencio.

-.-

Tamborileaba con ligereza el índice y el dedo medio contra su regazo mientras observaba desde la ventana del autobús a Lawliet entregando su equipaje al chofer para colocarlo en el compartimiento interno del transporte que fungía como almacén para todas las maletas de los jóvenes que iban a ser trasladados hacia el colegio. Un viaje de varias horas.

Finalmente el contrario subió también al vehículo y fue pasando las filas de asientos —todas ya ocupadas—hasta el único lugar vacío que quedaba. A lado de su hermano gemelo. Ambos se miraron sin decir palabra alguna para volver a lo suyo; el de ojos carmín a escuchar música con sus auriculares desde su reproductor de casetes, y el contrario de ojos oscuros, a su lectura del libro de investigación que era fácilmente más grueso que su brazo.

Cuando el autobús arrancó una vez el chofer terminó de cerrar las puertas de la cajuela y tomó su lugar de conductor, los padres de ambos los observaron partir hasta que se perdieron de vista en el estrecho camino nevado, justo para salir a carretera. Siempre, en cada temporada de internado, ello eran los últimos en ser recogidos por el transporte privado de la escuela debido a que se encontraban a las afueras de la ciudad, y el recorrido para pasar por los alumnos comenzaba siempre en el corazón del pueblo, pasando por los vecindarios contiguos y ya al final el de ellos. Esto significaba que siempre les tocaba ir juntos, dado que poco o nada hablaban con el resto del alumnado en ese viaje. Tenían una o dos personas con las que frecuentaban hablar entre clases o el comedor, pero no ahí. De igual manera no era inconveniente para ellos. Amaban los viajes en silencio, sumidos totalmente en lo suyo.

Para Beyond este viaje siempre resultaba en el mayor de sus alivios y mejores respiros en todo el año, pues era estar lejos de aquél lugar que lo engendró por seis gloriosos meses en donde podía, en sus tiempos libres, sumirse en la biblioteca del colegio a leer sobre los métodos de canto, historia de la música, tipos de instrumentos, prosas, lo que fuera relacionado al ámbito musical, o en todo caso seguir escribiendo, seguir haciendo lo que le apasionaba.

Además, ese año sería su último del nivel secundario y finalmente entrarían a los últimos tres años de estudio para encaminarse e ingresar después a una universidad, aunque para el Birthday esa época no era precisamente algo que le entusiasmara, puesto que ni siquiera le atraía la idea de continuar con más estudios. Sentía que era una pérdida de tiempo, él quería iniciar de lleno con la música, pero dada su situación su único escape seguro de ese pueblo era ingresar a una universidad también, probablemente en Londres, y tratar de irse desligando de los estudios e involucrarse cada vez más al canto y a la creación de letras allá, dado que el auge del rock y las bandas sobresalientes estaba por llegar a su punto de ebullición más importante. Lo sabía dado el énfasis que se le daba últimamente a los nuevos géneros en la radio y el nacimiento cada vez más prolifero de músicos desde Londres.

No era su plan perfecto, pero sí un escape seguro.

Este pensamiento lo mantenía en un buen estado de humor durante el viaje, además de ser una sesión de sus canciones preferidas por más de tres horas; pocas veces tenía ese deleite en casa — en donde los deberes eran abundantes y los descansos tan breves como el cantar matutino de un ave— así que aprovechaba. Aprovechaba cada minuto dejando que los instrumentos lo guiaran y que sus ojos escudriñaran cada escenario que vislumbraba por la ventana, siempre con lápiz y hoja en su regazo por si lo bombardeaba alguna idea propia, que usualmente era el caso entradas las primeras dos horas del viaje.

Beyond no podía expresar con seguridad que su vida estaba llena de momentos de buena suerte, de hecho, si lo pensaba bien probablemente serían unas cuantas en su vida en donde se sintió tener suerte o estar teniendo un buen día en su totalidad, pero era precisamente por la falta de estos, que era más susceptible a detectar los pequeños detalles, por más nimios que fueran, que sumaban a su momento actual para traerle gratos recuerdos; y ese momento fue uno de ellos. Ventisca. Fúnebre y gloriosa ventisca, sinónimo de musa de inspiración para el Birthday a pesar de no ser tan buenas noticias para el chofer. Pero no importaba; a las dos horas y medio de haber emprendido el viaje, la nieve comenzó a caer con tal agresividad y espesor que él sólo podía sentirse sumergido completamente en una esfera de estro.

Este momento era oro porque, con el sol casi totalmente oculto y los apenas visibles árboles del camino en aquella desolada carretera, eran la suma perfecta de factores muy específicos para que él pudiera adentrarse en el ambiente correcto para algo muy particular en lo que muy esporádicamente trabajaba. Una composición a piano. No letra, no instrumentos añadidos, solo eso. Piano.

El año pasado en uno de sus encierros en la biblioteca se había sumergido tanto en el estudio de este mítico instrumento que no tardó en comenzar a practicar obsesivamente en el piano del colegio que se encontraba en el segundo piso, en una de las salas de estudio donde residían enormes libreros y una acogedora chimenea a lado de un ventanal que se extendía desde el techo hasta el piso.

Casi cinco meses de práctica diaria habían dado sus frutos para alguien como Beyond, que por sí mismo tenía esta facilidad. Es por ello que ese año había estado, muy furtivamente, creando algunas piezas que pensaba tocar por primera vez apenas llegara a la escuela, su única fuente de acceso a un piano.

Así pues, sumergido ahora en el estado de ánimo ideal para proseguir unas tablaturas muy específicas, el futuro músico pausó la canción que escuchaba —sin retirarse los audífonos—, agarró la mochila negra y desgastada que había llevado consigo para el viaje y sacó de ella un cuaderno pequeño, en mejor estado que el resto de sus cosas al ser más nuevo, y se apresuró a buscar y encontrar entre sus páginas las tablaturas que quería.

Respiró hondo, aferrando su lápiz entre sus dedos y con más lentitud de lo usual, comenzó a repasar todo lo que ya había desarrollado; usaba muy sutilmente su mano zurda para mover sus dedos ante un teclado imaginario, e iba posicionando los dedos en cada tecla correspondiente según iba leyendo las tablaturas. Poco a poco el sonido lúgubre de su canción se iba reproduciendo lentamente en su cabeza. Repetía lo que tenía hasta ahora una y otra vez hasta que lograba vislumbrar en su cabeza el siguiente cambio, la siguiente nota sostenida, y la escribía. Entonces repetía todo de nuevo.

Su centro de atención estaba tan sumido en ese nuevo momento de inspiración, que volvió a hacerse ajeno totalmente alrededor; lo acompañaba solamente el sonido de la nieve golpeando violentamente las ventanas del autobús y el mítico sonido del piano en su cabeza conforme iba repitiendo la lectura musical de su cuaderno. Se enajeno incluso de los murmullos y quejas del resto del alumnado ante semejante clima que se había desatado a medio camino de llegar al colegio.

— Se esperaba tormenta hoy pero pensé que llegaríamos a la escuela antes de eso. — Opinó Lawliet mientras veía por la ventana la belicosidad de la misma. No esperó una respuesta por parte del contrario pues conocía su proceso de sumisión absoluta ante la inspiración, pero para su sorpresa, respondió. Probablemente una respuesta más en automático que nada.

— No pasa de que debamos ir más lento y se retrase nuestra llegada.

— Es probable. De hecho ya estamos yendo más lento de lo usual. — Recargó su pulgar sobre la orilla de sus labios en un ademán pensativo, detallando la nieve que se iba acumulando a los marcos exteriores de las ventanas.

El Birthday se quitó los audífonos finalmente y alzó la vista para ver a su hermano. Había extraído cada gota de inspiración para su creación, no había más. Podía volver a conectarse a la realidad, por ahora.

— Sí, tienes razón. Además probablemente debamos ir aún más lento porque ya estamos entrando a la zona alta de la carretera, después de todo, aquí los carriles son angostos — Se fijó al exterior notando que estaban cada vez más elevados del bosque a su lado. Más adelante entrarían en zona de barranco y era su parte preferida del camino pues las rocas solían ser un paisaje interesante en combinación con un mar de frondosos pinos y abetos varias decenas de metros abajo. Aunque era una lástima porque no los podría apreciar bien con esa ventisca.

El contrario se aplastó más en su lugar y soltó un leve suspiro. Hubiera querido llegar a tiempo para detallar con más calma la nueva carga curricular del grado antes de seguir la lectura. Además el clima actual significaba no tener acceso a la biblioteca principal del colegio pues los dormitorios estaban en otro edificio desconectado del principal de estudios. Había una en el edificio de cuartos de los hombres pero no se asemejaba ni de cerca en tamaño ni contenido que a la principal.

Beyond también bufó al recordar que el piano estaba igualmente en el edificio central.

— Esto parece el escenario de una película de terror — Comentó a voz alta uno de los chicos sentado a la fila de sillas contigua del pasillo a ellos. — Aquí es cuando el ambiente se pone tenso y los espectadores saben que va a pasar algo malo.

— No digas esas cosas, me pones nerviosa — Le recriminó su compañera. Al instante otro chico que estaba justamente sentado tras de ella, dio un salto y la asustó a tal grado que su grito retumbó en todo el autobús. Pronto los compañeros rieron. — ¡Basta, qué malos, me van a dar un infarto si siguen así! — Los reprendió, medio en broma, medio enojada.

Beyond alzó una ceja mientras guardaba de nuevo su cuaderno y reproductor de música en la mochila. Los cuchicheos comenzaban a aumentar por lo que le podía decir adiós al ambiente perfecto para germinar letras.

– Qué ruidosos, espero que no estén en nuestro salón este año…

— Ídem, — Concordó B — con algo de suerte tomarán otras clases. Es una suerte que estemos en etapa terminal. — Lo enfatizaba porque etapa terminal de secundaria significaba poder llenar sus horarios de más materias optativas y personalizadas que las obligatorias.

— Sí, ¿agarrarás alguna materia relacionada a la investigación?

— No lo creo, ¿por qué?

— Yo sí. Solo confirmaba.

— No te preocupes por eso. No pienso tomar las optativas que tú tomes. En primera porque no me gustan y en segunda porque no quiero compartir tantas clases contigo además de las obligatorias.

A pesar de esas palabras, lo que hizo Lawliet ante aquel comentario, fue sonreír. Al parecer ambos pensaban lo mismo.

— Estamos llegando a esa etapa. — La etapa en donde no era necesario que estuvieran por todos lados cerca el uno del otro como si una soga los atara. Compartirían pocas clases, tendrían diferentes cuartos y el próximo año podrían tomar especialidades totalmente diferentes. Era el inicio del fin de una eterna obligada convivencia entre los dos.

— Finalmente.

— Me pregunto qué harás sin mí por tanto tiempo.

— Pf. Ni tú te lo crees. — Rodó los ojos. L esbozó una sonrisa extraña, como si aquél gesto fuera poco común en él, tan poco común que no le saliera natural pesar de serlo desde su perspectiva.

Cuando L estuvo por abrir la boca para responder a ello, un sonido ajeno, extraño y un poco alarmante tronó en el ambiente. Cada uno de los chicos en el autobús clavaron de inmediato su vista hacia el frente, de donde había provenido aquello. Pronto una estela violenta de un denso humo gris comenzó a obstruir casi en su totalidad los ventanales del chófer, impidiéndole ver nada. Logró orillar el compacto transporte hacia la esquina de la carretera, cerca de los barandales protectores y apagó el vehículo. Al instante un silencio atronador reinó en el lugar. Claramente la preocupación entre todos ahí era compartida.

El chófer se levantó de su lugar, torciendo los labios y pasándose una mano por el cabello mientras usaba la contraria para halar de la palanca que abría la puerta.

— Probablemente es un problema de motor. — Les anunció a los jóvenes para tranquilizarlos — Bajaré a revisarlo. Por favor manténganse en calma y dentro del autobús, no tardo nada.

Cuando desapareció por la salida, los murmullos se volvieron a adueñar del lugar.

— Hablando de retrasos.

— Lo sé. A este paso llegaremos en la noche, — Pensó L en voz alta para que su gemelo escuchara por igual — quizá ni siquiera alcancemos la cena. Ah, qué lástima, los jueves tienen pastel de fresas de postre...es mi favorito.

— Las tragedias en tu vida son horribles. — Y eso claramente era sarcasmo.

— Te sorprenderías. — Musitó, pero antes de que el menor pudiera preguntar algo, añadió — La ventisca se ha calmado.

— ¿Hm? — Giró la vista al exterior, hacia donde el contrario veía, y notó que, en efecto, había comenzado a disminuir la agresividad de la nieve cayendo. — Oh, sí. Ya se puede ver a más de diez metros al menos. Ahora solo falta que arreglen esta cosa.

— Una serie de eventos desafortunados.

— Protagonizado por los gemelos malditos.

El mayor, por primera vez en mucho tiempo, se río de un chiste. Curioso que hubiese sido un chiste de Beyond lo que le causara una de sus escasas risas. Usualmente tenían un humor muy diferente.

— No lo digas en voz alta, puede ser que nos descubran. — Prosiguió.

— A ti en realidad, a mí ya me descubrieron hace muchos años.

Volvieron a reírse los dos; una de esas risas en donde uno no sabía si reían por la desgracia del otro porque las palabras eran, en efecto, verdad, o porque era posible que a fin de cuentas ambos estuvieran igual de desgraciados en su suerte, sólo que uno aún no había sido descubierto por los demás. Cuando ambos cesaron, y antes de que pudiera decir alguna otra cosa, sintió a B darle unas pequeñas palmaditas en el hombro en un gesto a petición para que se moviera un poco. En cuanto lo hizo, salió hacia el pasillo, notando que Lawliet lo observaba confuso.

— Voy al baño, hermanito, ¿quieres venir conmigo? — En cuanto el mencionado rodó los ojos y giró la cabeza al otro lado, Beyond prosiguió su camino con una sonrisita burlona.

Dirigió sus pasos hacia el final del pasillo, detallando a los demás alumnos que ocasionalmente le dirigían una fugaz mirada para volver entonces a lo suyo. Si debía ser sincero, él prefería eso; una especie de intimidación por su persona para que lo dejaran en paz, en vez de hacerlo con desprecio o rechazo, como tanto solía suceder en su pueblo. Al menos ahí nadie sabía nada de él.

— Pf — Bufó en cuanto llegó a la puerta del baño ubicado al final del autobús y esta mostraba un pequeño cartel colgado en la parte superior; "fuera de servicio". Qué va, sabía que había sido mala idea tomarse aquella enorme bebida energética con tal de mantenerse alerta en todo el viaje tras una noche de no dormir nada, para variar.

Bien, a ese punto sólo quedaba una sola opción; viró sobre su eje y esta vez caminó hacia la dirección contraria, directo a la salida. La puerta estaba abierta y el conductor aún se encontraba revisando el motor. En cuanto Beyond salió y pisó la nieve, le dirigió la palabra al confundido chofer tras ver que uno de los chicos había ignorado su petición de permanecer dentro.

— Emergencia de vientre. Baño fuera de servicio; iré tras los arbustos de enfrente. — Explicó, breve y conciso. Esperó a que el hombre mirara hacia arriba y hacia los lados, evaluando las condiciones de clima ahora bastante más tranquilas, aunque aún nevando, y regresó sus ojos hacia él.

— Bien, — Asintió — pero no tardes por favor, ni te alejes. Ya llamé a la escuela. Van a mandar otro transporte para llevarlos seguros.

— Hm. — Él también asintió, aunque en un gesto muchísimo más sutil y procedió a cruzar la ancha y vacía carretera totalmente cubierta de nieve. Al otro lado había una serie de arbustos y rocas de poco más del metro de altura, así que se dirigió allí.

Trató de apresurarse, pues el frío calaba intenso penetrando hasta debajo de la tela de su ropa, de la cual ya de por sí no vestía con el abrigo lo suficientemente grueso como para tolerar el helado viento que corría desde el acantilado al otro lado, así que en cuanto terminó y estaba listo para regresar al calor del interior del vehículo, se estiró cual gato a sus anchas que se preparaba para regresar a dormir. Su espalda tronó y dio un par de pasos para irse, pero... algo tronó en la calma del lugar. Después, un claxon grueso y desesperado que parecía provenir a unos cuantos metros de ahí; el sonido aumentaba hasta volverse ensordecedor, y fue en ese instante cuando el corazón de Beyond dio un vuelco, un vacío en su pecho se extendió cuando observó hacia la izquierda y lo vio. Un camión de carga a una velocidad nada normal yendo en zigzag directo hacia la dirección de ellos, pitando en completo desespero.

Lo comprendió…

Su obsesivo cerebro entendió todo mientras veía todo suceder a una velocidad anormal, pero su cuerpo fue lo que no comprendía nada. Sólo sus ojos respondían, la única parte de sí movible en ese momento que todo su ser congelado parecía no haber apagado por completo: su mirada escarlata se dirigió rápido a la única fuente de importancia que hubiera podido pensar para él en ese momento; la ventana donde estaba sentado Lawliet. Él también lo veía, él también parecía comprender todo, y mucho mejor que Beyond, porque al encontrar su ojos, sintió que por siempre se le quedaría grabado su intensidad en él, tan abiertos y pasmados… justo antes de la colisión.

Sintió que el impacto, estruendoso, violento, recorrió cada parte de sí, pero aún mucho peor fue verlo todo frente a sus ojos. El camión chocó con tanta fuerza contra el autobús que el barandal, única fuente de protección entre ellos y el precipicio, pareció revenetarse como a un delicado hilo. Ambos vehículos cayeron. Directo al vacío, y prosiguió un sismo de sonidos horribles explicitando audiblemente como ambos vehículos, mientras iban cayendo, eran destrozados por las rocas antes de estrellarse contra varios de los gruesos troncos de varios de los árboles a lo más hondo, llevándose de paso varios otros directo al suelo, arrancándolos desde la raíz, sumando al daño.

No supo identificar cuánto tiempo de silencio absoluto incurrió antes de que su cerebro volviera a conectar las funciones motrices de su cuerpo y finalmente despegara los pies de donde estaba y corriera hacia donde momentos atrás se encontraba el vehículo que llevaba dentro de sí la vida de todos aquellos jóvenes...incluido Lawliet.

Trató de ignorar por el rabillo del ojo el rastro de nieve ensangrentada que pertenecía al conductor, probablemente muerto al instante que su mismo medio de transporte lo aplastó por completo ante el impacto y llevó consigo su cadáver al despeñadero.

Beyond estaba totalmente inconsciente el horror que reflejaban sus propios ojos en cuanto pudo ver lo que quedaba de ambos vehículos al fondo del barranco, si es que a eso que quedaba se les podía seguir llamando vehículos. Las ventanas del que pudo reconocer era el autobús, se encontraban completamente reventadas y los trozos que colgaban de las esquinas estaban también empapadas de aquél fluido rojo, plasma vital de vida en el ser humano. Algunos cadáveres, apenas reconocibles, habían salido volando ante la fuerza de gravedad e impacto y aventados a varios metros de la violenta escena. No se atrevió a detallar para ver si alguno de ellos era el de su gemelo. Apartó la vista.

Bump bump.

Su corazón violentaba su pecho. Las palmas de manos estaban sudando y su respiración pesada e irregular parecía no ser suficiente para llenar sus pulmones.

Bump bump.

El silencio seguía reinando, tortuoso, horrible. El peor silencio que había experimentado en su vida

Bump bump.

El shock no lo dejaba carburar bien. Tardó mucho más de lo usual en pensar algo; ¿Qué hago, qué hago, qué hago? hasta que recordó el aparato móvil de llamadas que siempre llevaba consigo en el bolsillo de su pantalón, pero que nunca utilizaba.

Su mano, temblorosa aún, falló dos o tres ocasiones en dar con su bolsillo para poder sacar el celular de antaño y abrir su tapadera; los números en el teclado físico se veían borrosos, como si no entendiera nada o no pudiera leerlo. Nada tenía sentido. Digitó unos números, borró, volvió a presionar botones y volvió a borrar al menos unas cinco veces hasta que logró recordar la serie de tres números sencillos que lo conectaban con la ayuda correcta. Observó la pantalla conectar la llamada y aplastó el aparato contra su oreja cuando escuchó que respondieron.

Estaba usando todo lo que le quedaba de claridad mental, hasta la última gota, para no sentir que enloquecería, al menos no antes de pedir ayuda.

La verdad es que su cerebro sólo parecía querer articular y generar gritos en su boca, opacando cualquiera otra función básica en él.

911, ¿cuál es su emergencia?

—Th...h...— "Tranquilo. Piensa, piensa tus palabras". —Accidente. Hubo un accidente… un choque. — Su voz salió mucho más alterada de lo que había esperado.

—Tranquilo por favor, ¿estuvo involucrado en el choque? ¿hay alguien herido?

—Sí...no… nadie sobrevivió. Necesitan venir. Cayeron al barranco.

—¿Dónde se encuentra?¿Me puede explicar qué sucedió?

—No sé dónde estamos...— Espera, sí, sí sabía. Había hecho ese recorrido por más de cinco años, había visto el mapa antes, tenía toda la zona estudiada, necesitaba recordar, pero ¿dónde, dónde estaba esa memoria suya tan afilada? necesitaba apartar las escenas recién vistas para poder acceder a tan vital información. Se escuchaba su respiración alterada mientras veía a los lados entre la interminable y confusa capa de nieve. Reconoció entonces a lo lejos uno de los paisajes y un par de letreros ilegibles a un lado del camino. Sabía la altura a la que estaban. — Carretera, kilómetro 63, creo… cerca, más adelante hay una estación pequeña abandonada con cabinas telefónicos y una gasolinera.

—La ayuda va en camino —Anunció, efectiva en su trabajo —¿cuál es tu nombre?

—Beyond, uh, Birthday….Beyond Birthday.

—Muy bien, Beyond, ¿me puedes decir qué pasó? me quedaré contigo en la línea mientras llega la ayuda.

— Sí… —Retrocedió varios pasos. No debía exponerse más a ver esa escena. Se giró para no ver pero halló sólo el rastro de sangre de nuevo. Se giró al otro lado. Su corazón parecía querer estallar dentro suyo — Soy, veníamos...—No podía acomodar bien sus palabras, ideas, frases. — Íbamos en un autobús privado, escuela privada Watari's. El motor tuvo problemas y nos detuvimos, yo me bajé unos momentos, y entonces un camión los chocó. Parecía no tener frenos, iba muy a prisa… cayeron al acantilado. Era el único que estaba lo suficientemente lejos como para no quedar en medio del accidente.

—¿Viste la escena?

—Sí…todo quedó destruido, no vi...no vi muy bien, pero hay cuerpos a metros de donde cayeron, sangre. No escucho nada, estoy seguro que nadie quedó con vida…

Nadie. Nadie estaba con vida.

¿Lawliet estaba muerto?

No, no era pregunta…

Lawliet estaba muerto.

—La policía y la ambulancia no tardan en llegar. Necesito que mantengas la calma Beyond, ¿cuántas personas iban en el autobús?

—Quizá unas quince sin contarme a mí… casi todos de noveno grado.

¿Qué pasaría ahora? ¿Era tan siquiera real lo que había sucedido?

Cuando sentía que estaba soñando volvía a dirigir su vista hacia la carretera, esperando ver ahí el transporte, a Lawliet viéndolo por la ventana en seña de que se apurara. Pero no había nada más que el barandal destruido, las marcas de las llantas desiguales, por ningún lado, y la sangre...giraba entonces la vista al lado contrario, comenzando a sentir el gélido viento afectando la temperatura en su cuerpo. No se había percatado que estaba demasiado expuesto a la ventisca, que aunque más tranquila, aún así eran varios grados centígrados menos ahí fuera, en la soledad. En el silencio.

Intentaba comprender todo; justo hacía nada estaba hablando con su hermano, se encontraba de camino al colegio para el internado de seis meses, entonces, ¿cómo es que ahora estaba frente a semejante escena, en medio de la nada, temblando no sabía si de frío o shock, o ambas cosas?

¿Dónde estaba la lógica ahí? Todo pasó en segundos, nadie pudo hacer nada. Nadie pudo reaccionar a tiempo, nadie logró salir con vida. Excepto él, por una estupidez.

Por un baño fuera de servicio, por una bebida energética.
Dónde carajos estaba la lógica en eso.

¿No debería él también estar muerto?

No supo cuánto tiempo se quedó navegando en esos pensamientos, dándole vueltas una y otra vez, respondiendo las preguntas de la operadora probablemente en un modo automático completo hasta que unas luces comenzaron a invadir el periférico de su visión; rojas y azules, y el llanto de unas sirenas yendo hacia su dirección. No se volteó a ver cómo llegaban, sino que se mantuvo ahí, con los pies pegados a ese lugar y el teléfono a su oído, observando a una nada absoluta mientras la misma pregunta se repetía una y otra vez en su cabeza.

¿No debería estar muerto yo también?

-.-

La luz de aquella pequeña lámpara lastimaba sus ojos mientras proseguían con la rutina usual de revisar signos de shock en él (por tercera vez desde que lo habían subido a la ambulancia hasta ese momento, que se encontraba en la sala de emergencias. Policías y enfermeras a un lado suyo).

Perdió la noción de las veces que le habían hecho un sinfín de preguntas sobre lo sucedido y trataban de evaluar su estado mental al ser el único testigo de todo lo sucedido. Sus padres también habían sido avisados y recordaba vagamente escuchar que iban en camino. La escuela también había sido informada, y sobre lo sucedido… cuando preguntó al respecto, le confirmaron lo que ya sabía pero era difícil comprender. No había sobrevivido nadie a semejante suceso.

Eso era obvio, y lógico. Nadie podría jamás sobrevivir a esa clase de accidente, pero aún así por alguna razón tenía dificultad tratando de entender todo. Al parecer la conmoción de todo aún lo tenía en un estado catatónico. Tampoco sabía qué se supone que iba a suceder a partir de ahí. Por primera vez en su vida no tenía idea de nada, ni siquiera de qué debía hacer aparte de ser una plasta de incomprensión humana a la orilla de esa cama.

Los sonidos de su alrededor se reproducían mofos y opacos en su cabeza, ajenos a él. Tampoco lograba carburar muy bien las respuestas a preguntas demasiado elaborados. Más bien sentía a su cerebro trabajando a su máxima capacidad, y aún más —al borde de la locura—, para poner en orden todo dentro de él. Abriendo y cerrando cajones de memorias, tratando de colocar todo de manera caóticamente lógica en los compartimientos de su pensar. Si su cerebro fuese una biblioteca repleta de memorias y conocimiento, estaría en llamas. Todo en él parecía estarlo. Ni siquiera estaba seguro de en qué parte de la ciudad estaba, o si estaba siquiera en Londres.

De hecho tampoco recordaba cómo fue que llegó ahí, no del todo.

En ese momento —y con ese estado mental—, lo único que pudo haberlo sacado de su completo ensimismamiento, sucedió. Su padre y Elena entraron prácticamente corriendo por las puertas principales de emergencia a costa de un par de enfermeras corriendo tras de ellos desde recepción. Se quedaron estáticos a pocos metros de su cama; las cortinas estaban corridas así que pudieron ver a Beyond al instante. Hubo absoluto silencio por, quizá, unos veinte segundos donde mantenía su mirada clavada sobre él, sobre sus ojos, y él sobre ellos, estático, esperando una reacción, unas palabras, lo que fuera… y entonces sucedió.

Elena se derrumbó al suelo, completamente quebrada en un repentino llanto tan estruendoso que el par de policías ahí presentes tuvieron que ir a apoyarla. Su padre cayó de rodillas mientras lo veía ingenuo; pudo detallar sus ojos encharcados completamente en agua, y supo de inmediato que no lloraban por él… estaba viendo el mundo de sus padres derrumbarse completamente, destruirse, caerse a pedazos...porque L estaba muerto.

Y él estaba vivo.

El eco de su llanto tronó como a una tormenta en su cabeza, y mientras Beyond en ese instante de su vida perdía una capa de brillo de vida de sus ojos, esa última chispa que quedaba en él, la misma pregunta se repetía en su cerebro.

¿No debería estar muerto yo también?

-.-

—¿Vas a querer que te ayude a bajar las maletas del auto?

—No, no hace falta.

—Bien.

La conversación murió después de eso. No volvieron a dirigirse palabras alguna después de aquello en todo el recorrido. Tampoco se dirigieron la mirada.

Había acaecido ya casi dos meses desde la tragedia. Para Beyond esos dos meses estaban siendo bloqueados hasta cierto nivel, y prefería no ahondar en los detalles aunque aún estuviera todo muy fresco. La investigación de la policía confirmó el fallo de freno del camión que se había estrellado contra el autobús, por lo que no había más que aclarar. Fue un accidente, un accidente espantoso que se cobró más de quince vidas, la mayoría jóvenes. Pocos cuerpos quedaron reconocibles, el de Lawliet no fue uno de ellos; el funeral fue a ataúd cerrado.

Para él, único sobreviviente de todo, le aconteció una serie de sesiones con psicólogos y hasta psiquiatras para hacer una evaluación profunda de su estado mental. No fue a mayores más que un estado de shock y varias sesiones en grupo, algo así como sesiones de superación que le parecieron la cosa más inútil e innecesaria. Por supuesto, eso fue lo que estaba en papeles, simple, vil y llano "estado de shock". Para su fortuna, nadie podía abrir su cabeza y ver realmente lo que estaba en su mente.

Por varias noches se cuestionó si debía llorar. En un par incluso lo intentó, pero algo dentro suyo estaba apagado, o roto, no lo sabía, pero cuando pasaba por la habitación vacía, intacta, de Lawliet, sólo había...vacío, una nada, un hoyo infinito igual a aquél por donde lo vio caer antes de que su existencia desapareciera. No sabía qué había hecho su cerebro, no entendía aún muy bien cómo lo había cambiado, pero sabía que algo no estaba igual. No era duda, ni pregunta. Simplemente algo en él no estaba igual.

Los engranes de su interior se habían torcido para darle acomode a lo sucedido, pero como costo, ya no habían podido enderezarse de nuevo. Si es que alguna vez lo estuvieron.

Todo el semestre de estudios en el colegio había sido cancelado deliberadamente ante el fallecimiento de toda una generación, y el caos había inundado su futuro cuando no estuvo seguro si podría alguna vez regresar ahí. Fue una espera pesada, áspera y larga de dos meses de contacto constante con el colegio y demostrarles la —falsa— estabilidad de su estado mental para poder acordar el internado ahí. Ser reacomodado en otro nivel incluso si era necesario. Cualquier cosa que lo sacara de ese pueblo, de esa casa, donde de nuevo pero ahora en una medida mucho peor, era el único a quien se podía culpar de algo horrible. La tensión entre él, Elena y su padre era insoportable. Respirar en esa casa le cortaba los pulmones, necesitaba salir de ahí, necesitaba irse de ahí. No sabía cómo pero algo iba a cambiar. Todo era tan pesado que ni siquiera había podido escribir de nuevo, crear nada. La mayor parte de su trabajo había quedado inservible puesto que el cuaderno que llevaba en su mochila individual, aquella debajo de su asiento, había quedado tan ahogada en sangre —y otras cosas que era mejor que no supiera, comentó la policía—, que simplemente se dio por perdido. Sólo su equipaje en la cajuela había sobrevivido, y es el que llevaba ahora ahí mismo en el auto de sus padres que lo estaban llevando hacia el colegio.

No necesitó decir mucho, y es fácil saber la razón por la cual ellos accedieron a llevarlo sin mayor problema cuando les comentó que de otra forma no podría irse. Quizá por eso se mantenía el silencio.

Las horas pasaron y el Birthday se encontró con la mirada pegada en la ventana, viendo el paisaje. Habían tomado otro camino diferente para llegar hasta las afueras de Londres, bastante más largo y tedioso, pero era lo mejor. Era mejor no volver a pasar por el mismo camino en donde le fue quitada la vida de súbito al único que medio fungía como lazo intermedio de unión entre Beyond y sus padres. Ese lazo ya no estaba, así que no quedaba nada más. Sólo tres desconocidos.

Cuando arribaron a la entrada principal de la escuela, entrando por la parte de la glorieta principal para rodear la enorme fuente de al menos tres metros de largo, hubo una breve cápsula de circunspección antes de que Beyond abriera la puerta para bajarse. Abrió la cajuela y sacó de ahí las únicas dos mochilas que contenían prácticamente todo lo que era suyo, y la cerró.

Caminó hasta quedar a un lado de la ventana a medio bajar del copiloto, donde iba Elena; ella apenas giró su rostro para ver un punto muerto entre sus ojos y su nariz, y asintió. Su padre repitió la acción.

—Adiós.—Se despidió, y los observó irse.

Ese adiós, tanto él como ellos, sabían que era definitivo. No había vueltas atrás.
Él no iba a regresar.

Se acomodó mejor una de las maletas al hombro, la otra en mano, pensando en lo irónico de aquellas palabras que le había dicho Lawliet, poco antes del accidente… "Algo extraño me dice que en esta ocasión necesitarás más ropa de la usual". Le había hecho caso esa vez, por una vez en la vida. Traía un poco más de equipaje de lo usual. Con este pensamiento en mente, se dio media vuelta para subir los escalones principales de la enorme entrada del nada humilde colegio. El único estudiante dejado con vida de toda una generación.

Apenas entrar y caminar por el ancho pasillo de caoba, adornado por una infinita alfombra de un rojo opaco y pinturas de antaño colgadas en las paredes, sin contar los candelabros colgando del techo, el Birthday pudo respirar por primera vez en más de dos meses tranquilidad absoluta. No había presión, tampoco rechazo, solo… calma. Unos cuantos estudiantes salían de una de las puertas a su lado y seguían su camino derecho, sin prestarle mayor atención, y nunca encontró mayor alivio en ser ignorado.

Subió finalmente hacia el segundo de cuatro pisos, justo hasta el fondo, pasando por la sala principal que contenía el piano, aún más allá de la segunda biblioteca de estudio y el comedor. Se detuvo frente a una puerta imponente con detalles grabados en ella. Tocó dos veces.

—Adelante.—Se escuchó desde el otro lado la voz de un hombre mayor.

Abrió la puerta para entrar y la cerró tras de sí; a un lado dejó sus dos mochilas y finalmente alzó la vista para ver hacia el frente. Watari se encontraba observando hacia el exterior parado a un lado del ventanal. La vista daba directo al enorme patio trasero del colegio. Su colegio.

—Beyond, me alegra que llegaras con bien.

—Sí. Gracias.

—¿Cómo estás? — Volteó para encararlo entonces. Su rostro, ya enmarcado por los años y vivencias, lo observó con clemencia.

—Estoy bien. Estoy...mejor.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? Sabes que puedes tomarte el tiempo que desees para procesar todo lo sucedido.

—No. No hace falta… es mejor si estoy aquí.

—Entiendo.—Asintió para después acercarse hacia su escritorio y tomar de ahí un folder color manila. Se acomodó los lentes un poco y entonces caminó hacia él, ofreciéndole dicho folder. — Aún así vas a iniciar una reintroducción al semestre un poco distinta. Si bien es necesario que te pongas al tanto de los trabajos de las última semanas, — Fue cuidadoso de no mencionar el tiempo exacto desde la muerte de su hermano; uno de sus alumnos estrellas también, y muy en lo personal, un joven que desde el día uno apreció en su totalidad. El corazón de Watari también estaba estrujado. — espero comprendas que necesitamos hacerte evaluaciones psicológicas. Tendrás carga académica, pero mucho más ligera, poco a poco iremos añadiendo más asignaturas, sobre todo las de tu elección. Tendrás tiempo para relajarte y hacer lo que te plazca, quizá...escribir.

—Sí. —Encaró sus ojos, algo sorprendido por su última sugerencia. No pensó que el director de tan receloso colegio estuviera al tanto de su mayor pasión. — Lo haré.—Y agarró finalmente el folder. Contenía su horario de estudios, las sesiones con la psicóloga y grupos de estudio personalizado en fines de semana, específicamente en las mañanas. También contenía su número nuevo de habitación.

—Quiero que sepas que debatí mucho si darte el cuarto que solicitaste. No estaba seguro si sería buena idea que estuvieras solo, pero te daré la oportunidad de que veas cómo te sientes. Si ves que necesitas compañía, puedes pedirme el cambio a una habitación compartida cuando gustes. — Le entregó también la llave. Después le dirigió una sonrisa cálida, ojos levemente vidriosos, y caminó de regreso hacia el ventanal, dándole la espalda. Quizá… quizá no quería que lo viera así. Ver a Beyond… de momento era un recuerdo doloroso. De haber sabido que el semestre pasado sería el último que vería a Lawliet, quizá…

No. El hubiera no existe.

—Lo haré, Watari. Gracias...me retiro. — Volvió a agarrar sus dos mochilas, horario en mano, y cuando abrió la puerta para salir, volvió a escuchar la voz del anciano.

—Oh, y Beyond…

—¿Hm?

—Lamento mucho...muchísimo, la muerte de Lawliet.

—Sí…

Ninguno de los dos se vio, pero el dolor en Watari era palpable en su voz.

Beyond salió de ahí y cerró la puerta.

-.-

Rozó con su dedo índice la textura suave y fría del teclado de aquel piano antes de tomar asiento, quedando a la altura y comodidad perfecta para que ambas manos pudieran ahora descansar sobre el teclado. Afiló su mirada carmesí y presionó al azar un par de notas graves; permitió que el eco se disipara en el aire y regresara la calma. Repitió este proceso un par de veces antes de cerrar los ojos para rememorar.

Una semana había pasado ya desde su llegada al colegio y todo se había ido desarrollando con el nivel de tranquilidad exacta que necesitaba. No había presión, tampoco carga académica pesada ni terapias repetitivas. La mayor parte de su tiempo lo podía disfrutar sumido en sus pensamientos, navegando por la infinidad de pasillos del lugar —y hasta había descubierto una biblioteca subterránea y una sala de estudio escondida en el edificio de los dormitorios de varones—, pero nada de eso le resultaba particularmente excitante o estimulante. A pesar de este beneficio y finalmente tiempo de tranquilidad que estaba viviendo, Beyond se encontraba algo frustrado porque todavía era totalmente incapaz de escribir letras.

Lo había intentado infinidad de veces en distintos tiempos del día. Mañana, tarde, noche, madrugada. Nada. Algo dentro de él estaba totalmente bloqueado y evitando el paso a la inspiración, a las ideas...a su talento, y sinceramente eso comenzaba a alarmarle enormemente. Escribir líricas era su mayor pasión, algo en lo que era bueno, probablemente su segundo mayor talento además de la entonación y manejo versátil en su voz para cantar —a pesar de tener este talento menos desarrollado que el de las letras debido a que no tenía tanta oportunidad de cantar como de escribir, de momento —.

Después de estar días así, había llegado a la conclusión de que quizá sería mejor volver a romper el hielo con el proceso de escritura muy lentamente. Empezar con algo que ya tenía bien plasmado en su cabeza y tratar de provocar un desemboque de inspiración en esa presa mental suya que estaba casi al tope, a punto de desbordar, pero con todas las compuertas y salidas selladas. Había subestimado por completo cómo lo dejó mentalmente el estado de shock que le había provocado ser testigo de lo que vio…

Curiosamente la última canción en la que trabajó no fue una con versos ni coros, sino tablaturas al desnudo. Una canción de piano que ya por sí sola —antes de lo sucedido—tenía mucho peso para él, pero ahora también se le sumaban otros factores más fuertes. Tenía el presentimiento de que atreverse a rememorar y tocar aquella pieza le ayudaría a activar aunque sea una chispa de su interior para encender motores líricos de nuevo.

Justo cuando estaba logrando recordar con exactitud las primeras notas de su canción, y tocar las primeras seis, unos pasos ajenos entrando le provocaron abrir los ojos y girarse sobre su lugar.

—Hey…

Oh.

—Hey. —Saludó de vuelta. Reconoció a la persona entrando a la habitación. Él y Lawliet la habían conocido el semestre pasado y habían convivido algunas veces; estudiante que se había adelantado un año entero por calificaciones y proyectos sobresalientes, pero aún así un grado menor que él, por lo que no se cruzaban nunca en clases, y dado lo enorme del colegio, toparse sería raro siendo que además los grados estaban divididos en distintas secciones de los edificios, pero… fue una sorpresa grata. La recordaba bien. — Misora, cuánto tiempo.

—Ya te dije desde la última vez que nos vimos que me puedes decir Naomi, Beyond. — Caminó hacia él, observando con curiosidad lo que hacía — Es bueno saber que pudiste llegar.

—Tarde, pero lo hice. —Supuso que ella sabía también lo que había sucedido. Toda la escuela lo sabía en realidad, después de todo no era algo de todos los días que una generación entera fuera asesinada brutalmente por un camión sin frenos en medio de la carretera de camino, precisamente, a esa escuela. Además Lawliet había sido prácticamente el alumno más sobresaliente de ahí. El genio por sobre todos esos genios. —¿Vienes de clases?

—Sí. Historia de la literatura inglesa, ¿tú?

Él negó dos veces.

—Oh…¿no estás teniendo clases? — Finalmente se posicionó a su lado. El contrario detalló el largo cabello de Naomi que caía por sus hombros. Un negro intenso como el suyo también. Después se volvió a girar para quedar frente al teclado de nuevo.

— Hoy no al menos, pero mañana sí. — Tocó otro par de notas después de decir aquello. Su llegada lo distrajo y volvió a perder el hilo de lo que iba a tocar.

— Hmh. Por cierto, no sabía que tocabas el piano, ¿dónde aprendiste?

— Aquí precisamente, el año pasado, poco antes de conocernos si mal no recuerdo.— Pero como se habían encontrado tan pocas veces el semestre pasado, no se encontraron en uno de esos arranques obsesivos de Beyond de practicar por horas y horas. Se habían tratado poco, pero Naomi había resultado ser una de las pocas personas que toleraba. Sus conversaciones usualmente eran interesantes.

— ¿Me puedes mostrar algo de lo que sabes? — Se recargó en el atril del instrumento, inclinada levemente hacia él para ver sus dedos sobre el teclado. Beyond sintió incomodidad por sus ojos clavados encima suyo.

Carraspeó.

— Claro, estaba por tocar algo pero ya olvidé cómo empezar. Era una canción que escribía desde hace semanas, pero...perdí las tablaturas antes de llegar.

— Oh. — Pareció captar el mensaje — Sí, entiendo. Supongo que es difícil rememorar ese tipo de cosas de pura memoria.

— No realmente, es solo que… — "Es solo que estoy bloqueado, no puedo escribir, componer, cantar. Nada". — hm, poca inspiración, supongo. Ya vendrá la idea de nuevo. — Comentó con voz pastosa y algo cansada mientras volvía a tocar una serie de notas al azar que sonaban bien.

La chica asintió y reposó las palabras del contrario unos momentos en su cabeza. Aunque Lawliet y Beyond eran gemelos, su forma de expresarse era bastante diferente, a pesar de parecer tan cerrados y esquivos, pero es algo que se había percatado el año pasado después de convivir con ellos por varias horas. Por un lado, L era en cierta manera indiferente, poco empático, pero cuando quería evitar decir algo, solía ser muy bueno para cambiar de tema o tornar las preguntas hacia la otra persona, haciendo que olvidara el tema anterior. Beyond era más bien esquivo, ignoraba la pregunta o mostraba mucha más indiferencia que su hermano.

Por supuesto que no tocaría el tema de su difunto gemelo.

— Entiendo un poco de lo que hablas. — Con esas palabras, llamó su atención; el chico alzó la vista para verla, alzando una ceja. — Yo también toco el piano… desde los seis años. Es un pasatiempo que mis padres me hicieron aprender y después simplemente le tomé gusto. No compongo como tú, pero a veces me gusta jugar un poco con las notas.

— ¿Improvisas?

— Sólo un poco. Sin embargo a veces hay tiempos en los que realmente quisiera improvisar, no sólo reproducir una canción ya existente, pero cuando me siento en el taburete frente a mi piano, nada sale… sólo silencio. Es frustrante.

— Precisamente. Algo así. — Concordó, algo sorprendido por verla empatizar con él.

Sin embargo lo que más le sorprendió fue que casi acto seguido, Naomi le indicó con un ligero movimiento de cabeza que se hiciera un poco a un lado. El asiento era más bien del tipo alargado, fácilmente dos personas podrían sentarse ahí, aunque algo apretadas; se recorrió hacia la izquierda y ella procedió a tomar asiento. Quedaron hombro a hombro.

— Si mal no recuerdo, — Alzó su diestra y reposo sus manos, mucho más delicadas y pequeñas que las de Beyond, sobre las teclas — empezaste tocando algo como esto ¿no?

Para sorpresa de Beyond, Naomi pudo reproducir de puro oído las primeras cuatro notas que él tocó antes de que se diera cuenta de su presencia, y lo hizo justamente con la lentitud correcta, los tiempos intencionados para la introducción. Viró muy levemente el rostro para verla de perfil, un poco pasmado, y notando que el aroma de su champú de cabello era mucho más perceptible estando tan cerca. Él repitió entonces esas primeras cuatro notas también cuando ella apartó la mano, sintiendo que una calma volvía a invadirlo.

— Este sonido… — Ante su pauta, él la miró por el rabillo del ojo. — me hace sentir un poco melancólica.

B no respondió, sino que más bien repitió el inicio una vez más, con esa paciencia, esa lentitud, y al dejar sostenida el cuarto soniquete, retumbó en el piano la continuación de la canción al poder finalmente vislumbrar con claridad en su cabeza todas las tablaturas. Había desbloqueado su propia creación.

Elevó el otro brazo para usar las dos manos y prosiguió con la música, con aquél sonido que se le antojaba fúnebre como a un estado constante de ignavia. Cerró los ojos para sumirse más en aquello, y Misora sólo pudo inclinar ligeramente su cabeza y observar los dedos alargados del contrario moverse con seguridad entre cada teclado que reproducía aquél sonido que no escatimaba en tristeza plasmada.

Naomi tuvo el pensamiento de que no era normal que alguien de la edad de Beyond tuviera la capacidad de crear algo así de gris y artístico a la vez.

Ciertamente era fascinante.

Se permitió sumirse también en la historia que parecía relatar su canción; se permitió sentir el dolor, el saudade. Las notas principales más bajas y profundas contrarrestaban bien con las secundarias para dar ese efecto tan particular, casi como a música taciturna. Fue cuando se acercaba el final de la misma que procedió a abrir los ojos y mirar por el enorme ventanal a un par de metros de ahí, justo a un lado de la chimenea. El clima nublado y la fina capa de nieve parecía querer sumarse y acompañar el ambiente; era interesante, pero se había creado una especie de burbuja muy difícil de describir en ese momento. Todo se sumaba. El tiempo, el clima, lo solitario de la sala, la música y la ausencia de palabras…

Finalmente Beyond dejó resonar profundamente la última nota que se sostuvo unos segundo antes de perderse con sigilo. La chica lo observó con cierta discreción, y le sonrió, asintiendo una vez, él entendió el gesto.

"Muy bueno".

No necesitó decir más.

Algo en él se sintió cálido.

-.-

— También recuerdo haber leído hace unos meses que los poetas solían relatar sus prosas en las plazas principales. Era casi un acto religioso, y todo el pueblo asistía. Las historias que relataban eran de héroes de la época y sus heroicos actos en guerra. Relataban cosas muy interesantes.

— Sí. Encima de eso debían hacerlo para varias cientos de personas a veces sin nada más que su voz como única herramienta. Antes de toda la basura actual de máquinas y sintetizadores que alterna la voz, los poetas y los músicos eran muy conscientes del uso correcto de sus resonadores naturales para que su voz fuera escuchada con claridad para tantos espectadores en espacios abiertos.

— ¿Tú crees que con la tecnología que está surgiendo para modificar las voces y la música, talento se pierda?

— Por supuesto. Recuerda mis palabras cuando lo escuches por ti misma; habrá un tiempo en donde músicos serán todo menos músicos. Lo que escuches de ellos será todo sintetizado. También en vivo.

— Eso suena horrible. Lo que más disfruto de la música es que sea precisamente real. Genuina. Similar a tu canción de piano.

— Es una catástrofe porque ya está comenzando a suceder.

La conversación estaba ardiendo en la mesa de Beyond y Naomi. Tenían como mínimo dos horas discutiendo sobre los orígenes de la prosa, la música y el estilo antiguo de presentar poesía. Ella no componía ni cantaba, pero el Birthday había sido sorprendido con la fascinación que Misora poseía por la música. Más precisamente el arte de crearla, por sus orígenes.

Se habían topado solo unas cuantas veces más aquel mes después de su primer encuentro, pero donde más solían coincidir era en el comedor a la hora del almuerzo. El varón tampoco tardó mucho en darse cuenta que Naomi era una solitaria como lo era él, o como lo fue Lawliet. Casi nunca la veía acompañada y al cuestionarle sobre aquello, le sinceró que prefería estar sola si no hallaba pláticas interesantes. La estimulación de Naomi también provenía de lo intelectual.

Por supuesto, en ese colegio ser listo era requisito, pero había una diferencia enorme entre ser inteligente y ser interesante. Ella era ambas cosas.

— Sí, lo he visto incluso desde el otro lado del mundo. — Concordó. Naomi tenía descendencia asiática, más específicamente Japonesa; ella había nacido en Estados Unidos pero sus padres eran originarios del país del sol naciente, y como resultado, ella solía pasar uno dos meses en aquella potencia mundial y el resto de meses en América; esta dinámica había cambiado desde el año pasado debido a su internado de seis meses en el colegio Watari. Ya no hacía su estancia Estados Unidos-Japón, sino que ahora era Inglaterra-Japón. Ella prefería esa combinación. Europa le resultaba más gratificante, y sus padres apoyaban su decisión de estar tanto tiempo lejos de casa con tal de desarrollarse académicamente de manera sobresaliente.

A su corta edad, resultaba ser una chica muy madura e independiente.

Ambos guardaron silencio por algunos momentos mientras disfrutaban su respecto té después de finalizar sus alimentos; él aprovechó también ese tiempo para sopesar los detalles que estaba notando en ella esas últimas semanas a comparación del año pasado.

El grado anterior su convivencia había sido bastante limitada, y ella más bien se había encontrado más veces con Lawliet que con él, pero las pocas veces que la trató, detectó de inmediato que se trataba de una chica muy reservada consigo misma y con el resto de las personas. Muy analítica también. Sin embargo en temas de su interés, una vez cruzada las fronteras de las formalidades y presentación, mostraba interés en la interacción social; era algo similar a L. Había que ganarse su interés, pero ganárselo naturalmente, sin forzar nada.

Apenas en esos días habían descubierto el tema en común de su interés por la música y todo el arte de que lo rodeaba, así que finalmente ella comenzaba a mostrarse en más confianza con él, y quizá, él con ella.

—Por cierto, Beyond. —Su tacita de porcelana resonó cuando la colocó en el plato base del mismo material.

— ¿Hm?

— ¿Has logrado componer algo?

— Líricamente, no… terminé las tablaturas del piano, pero ha sido todo. — Le respondió con un deje de interés al verla. Le llamaba la atención su pregunta — ¿Por qué la pregunta, Naomi?

— Nunca te he escuchado cantar. Me parece interesante la idea de escuchar algo de ti que tú mismo hayas escrito.

— Oh. — Dejó también su taza de té sobre la mesa y asintió ligeramente — Ciertamente ha pasado ya bastante tiempo desde la última vez que interpreté algo.

— ¿Cuánto tiempo?

— Alrededor de ocho meses, o más. En casa realmente no tengo oportunidad de cantar, hay demasiados deberes — Había, más bien.

— Ya veo. De igual manera, espero un día lograr escucharte. — Lawliet era una persona demasiado sobresaliente en su área de especialidad. El análisis y la investigación parecía ser simplemente algo para lo que había nacido, y Beyond presentaba esas mismas características en el ámbito musical. Por supuesto que querría ver a un prolijo en su área de especialidad, mucho más si era con aprendizaje y práctica de manera autónoma. — Sé que no necesitas que te den realmente consejos sobre lo que te gusta hacer, no dudo que se te dé natural, — comenzó entonces a explicar, tratando de buscar las palabras adecuadas para no atacar directamente a su eco o sonar sabionda — pero dada tu situación con la inspiración últimamente…— y bien ella sabía a qué se debía el bloqueo musical — quizá deberías cambiar un poco tu estrategia de escritura, al menos en lo que logras retomar tus andadas usual de creación.

Naomi tragó duro en silencio. Si algo sabía de las personas como él, es que querer entrometerse en algo que por sí solos habían aprendido, sin ayuda de nadie, es que era difícil no tratar de hacer sugerencias y herir su ego. Por eso empleó un tono mucho más suave y apacible de lo usual.

— Lo he intentado, pero si tienes alguna sugerencia, puedes decirla. — No es que estuviera desesperado…

No demasiado.

— ¿Usualmente escribes las líricas antes de cantarlas?

— La mitad del tiempo. Si la inspiración viene también acompañado de los instrumentos o el ritmo que quiero para la letra, sí. De otro modo es primordialmente relatar los sucesos de la canción, más similar al proceso de escribir poesía; no incluye música y tampoco un ritmo preciso de entonación, es más bien el deseo de plasmar la idea, los pensamientos.

— Entiendo. — Recargó suavemente su dedo índice y pulgar sobre su barbilla en un gesto pensativo. Ojos entrecerrados. El proceso creativo de cada persona era tan diferente, que tratar de poner reglas resultaba inútil. Aunque, quizá… — ¿No has intentado ir creando primero la entonación o el ritmo de la canción para crearla? sé que es un poco complicado sin una guitarra o un acompañamiento como tal, pero quizá...quizá por esta temporada sea mejor para ti crear primero el ritmo antes que la canción y no viceversa. Tu composición de piano creo que es una muestra clara de que podría funcionar.

Antes de que el contrario pudiera decir nada, Naomi se levantó de su lugar, tomando su bandeja y le dirigió una última mirada antes de irse.

— Debo ir a clases. Espero puedas seguir avanzando en tus canciones. Sé que debe ser frustrante haber perdido casi todas tus letras.

Se levantó y partió hacia la salida del enorme comedor; él la observó con la semilla de esa pensamiento sembrado súbitamente sobre su cerebro. Si bien había usado todo su arsenal de métodos de inspiración y escritura para tratar de retomar una de sus pasión de toda la vida, debía admitir que tenía separado en compartimientos totalmente distintos el proceso de crear líricas y el proceso de darles vida después con canto. Si bien muchas personas — dígase músicos y personas bien involucradas en ese ámbito — solían llevar de la mano estos dos desarrollos, Beyond, con el tiempo, había descubierto que se sentía menos limitado si trataba de encasillar sus letras a un ritmo específicos. Primero les daba rienda suelta, perfeccionaba hasta decir basta y entonces, tiempo después, surgía la entonación, los instrumentos…

Tratar de llevar ambas cosas de la mano como método de emergencia era algo que no había ponderado todavía. Quizá…

Colocó su par de platos y taza de té sobre la bandeja y se levantó finalmente de su lugar para ir a colocarla sobre la charola de trastes sucios al final de la barra de autoservicio, y observó a una de las ayudantes de cafeteria llevárselo tras las puertas de cocina antes de retirarse de ahí, aventurandose en el pasillo.

Conforme bajaba las escaleras hacia el primer piso, tuvo el presentimiento de que quizá en ese punto de su vida, dado la forma en que se habían dado todos los sucesos de su vida aquellos últimos dos veces, quizá sería su escasa sanidad mental trabajaría mejor de momento solo con ritmos, o primordialmente con ritmos antes que con letras, y tenía sentido; eran dos etapas numen las que definían su proceso artístico cuando se trabaja de crear desde cero una canción. La primera etapa consistía en una historia o pensamientos aislados. Un algo por contar, por expresar. La segunda etapa estaba más inclinado hacia las sensaciones, las emociones, que eventualmente se traducía en el sonido, el ritmo. En pocas palabras, primero contaba la historia, después elegía el estado de ánimo de esta; experimenta, rock, alternativo, lo que sea que su ser se sintiera con antojo de explayar.

Dado entonces su reciente estabilidad en todos los sentidos de su vida, era lógicos que no pudiera encender los motores de su escritura si estos no tenían nada que decir del momento al estar, mentalmente, tan centrado en no tratar de querer darse un tiro o bien darle un tiro a la ía dentro suyo frustración, enojo y resentimiento. Esa triada de emociones podían ser un arma de doble filo, y en su caso habían trabajado para un mal mayor; bloqueo absoluto musical líricamente hablando.

Quizá era hora de darle otro enfoque a las cosas, saltarse el paso uno y brincar directo al paso dos. Iniciar por las sensaciones, añadir después la historia.

Se dirigió hacia el patio trasero del colegio que de momento ya no se encontraba tan inundado de nieve como había permanecido los últimos días, consecuencias de un invierno empedernido, y buscó una de las bancas justo a un lado del camino apenas visible de piedras que daban recorrido general por la zona; pasando varios de los árboles blanquecinos, cerca de un claro, halló un lugar perfecto y solitario en donde sentía que podría realizar su experimento sin intrusión o interrupción, así que eligió una banca al final, cerca de un terraplén. Cruzó las piernas por encima de esta para sentarse. Por alguna razón tendía no mantener los pies sobre la tierra cuando se sentaba, al menos cuando la situación lo permitía. Reposó sus dos manos sobre sus rodillas y alzó la vista hacia el escenario frente a él. Aislado, receloso y en quietud plena.

Esa quietud era precisamente lo que buscaba.

Cerró los ojos con lentitud, permitiendo que un estado permeable de introspección y ataraxia lo invadiera. Su respiración se fue volviendo calma y los dedos de sus manos se fueron relajando, dejándose adentrar por completo en el ambiente a borbotones. Lo fue sintiendo, el helado viento, el susurro de las hojas meciéndose sutilmente con el viento y pequeñas porciones de nieve cayendo hacia el suelo, víctimas de su corto tiempo de vida en estado sólido.

El murmullo del clima comenzaba a juguetear con sus oídos, y una serie de chispas en su interior empezaron a brincotear. Inclinó un poco más la cabeza, aún sin abrir los ojos con el afán de sumergirse más en ello, en aquel estado casi idílico en el cual tanto encontraba alivio y refugio. Calma en la tormenta. Lo halló entonces; el sumergimiento de melopeya. Estaba ahí, en las pisadas sobre la nieve de otros alumnos a lo lejos, en el movimiento casi melódico de las hojas secas contra el a su alrededor eran ingredientes que procedía a verter en un plato hondo donde podía mezclarlos todo y producir un sonido, un ritmo. Las marcas de tiempo de un bombo, las notas de una guitarra acústica, o en el mejor de los casos, sonidos abstractos, algo que llamara su atención. Todo podía ser fuente de inspiración para Beyond cuando se trataba de sonidos. Absolutamente todo.

Comenzó a tamborilear sus dedos, más centrado, más sumergido, tentando a ese punto los bordes de un sonido nuevo, algo que sus oídos lograban captar por lo bajo y cuya frecuencia a sus sentidos se iba acrecentando. Se inclinó un poco más, como si aquello le ayudara a atrapar o a percibir mejor el sonido con su sentido auditivo.

Ah… lo escuchaba. Elixir musical, ahí estaba.

Tarareo el sonido que ahora revoloteaba en su cabeza, lo entonó como murmullo, lo atrapó entre sus inquietos dedos, y entonces... una llama al fondo.

Un verso.

— Hmm, hmm, someday somebody, hmm, hmm — Rítmicamente movía su cuerpo; sus dedos, la cabeza, sus ojos cerrados, todo sumaba. Lo escuchaba, escuchaba la canción incitándole al canto. Era como a una fragancia irresistible. Hierbas aromáticas seduciendo sus sentidos. — My lips are moving… hmm, no sound, hmm...my lips are moving but… hmmm, no sound…

Ahí estaba, justo ahí. Una canción nueva.

Fue en ese instante que se permitió abrir los ojos, necesitando unos momentos para que su iris — sensible a cambios radicales de iluminación debido a su falta de pigmentación — se adaptara al reflejo del sol contra la blanca nieve, y de inmediato sacó una hoja de papel, en esta ocasión aún en blanco, y su fiel lápiz acabado del bolsillo de su pantalón. A pesar de haber sido incapaz de producir cualquier cosa últimamente, siempre llevaba estas dos cosas consigo, siempre expectante de una gota de inspiración, lo que fuera, y finalmente lo tenía. Comenzó a escribir la lírica que recién tarareaba, y aunque había huecos y partes muy incompletas aún, no le importó, era algo… era algo nuevo después de un tiempo que se le antojó interminable y tortuoso. Arriba de cada verso escribía las notas del bajo y tiempos de bombo que lo inspiraron, asegurándose de dejar espacio suficiente para los futuros rayones y tachones que sabía aparecerían más adelante en otro bombardeo lírico.

Finalmente y después de algunos minutos, guardó dentro del bolsillo de su suéter sus dos herramientas musicales se permitió relajarse totalmente sobre la banca, saliendo de aquel ensimismamiento que llevaba mucho más tiempo del deseado sin sentir. Alzó la mirada al cielo y afiló sus ojos, impresionado, por decir lo menos. No podía creerlo pero… Naomi había tenido razón. Su bloqueo necesitó de otro enfoque, otro tipo de abordamiento para sobrepasar esa enorme pared de concreto que se había levantado justo a la entrada del espacio preferido de su cerebro; la música.

¿Quién lo diría? Justo cuando pensó que entendía cómo funcionaban los engranajes de su don nato, descubría un nuevo método, una nueva forma de activar su cerebro, y todo gracias a una chica que ni siquiera escribía letras ella misma. Sonrió ante la ironía del asunto y metió ambas manos al bolsillo de su suéter negro, resguardando entre sus palmas la hoja que contenía el resultado de su primer arranque inspiraciones en meses.

Obviamente no le diría a ella que fue específicamente su método lo que había funcionado...su ego estorbaba demasiado para eso.

De igual manera, Beyond pasó esas siguiente semanas y meses repitiendo la fórmula ya que parecía ser la única que de momento le funcionaba. Parecía ser más bien un proceso sanador; distraer su cabeza de lo que había visto y vivido y enfocar todo eso en otras cosas. No sucedía todavía al ritmo al que estuvo acostumbrado la mayor parte de su vida, pero notaba mejorías.

Con el pasar de las semanas, fue necesitando poco a poco menos de los ritmos solamente, como irse destetando de una costumbre, para poder volver a escribir versos o coros aislados aquí y allá. Le tuvo paciencia a su propia rehabilitación, porque su don era realmente lo único bueno que le quedaba en esa vida. Su única fuente de escape segura. Además, estando tan lejos del nido que le creaba tanta tensión a casi cada aspecto de su vida, sabía que necesitaba exprimir cada gota de tiempo que tenía ahí.

Después de todo, no volvería a ese lugar, y...probablemente tampoco a ese colegio.

La decisión de irse definitivamente se fue haciendo cada vez más clara. Era realmente el siguiente paso lógico. Sabía que seguir los estudios no era algo que lo llenara. Ese había sido Lawliet, también había sido el sueño de sus padres para con L, pero él… no. Sus pies iban en una dirección completamente diferente, y la ansiedad sólo parecía aumentar mes con mes conforme estaba en su internado escolar. ¿Por qué seguir con algo que sólo lo alejaría de su propósito?

No. Él quería incendiarse musicalmente en un escenario, explayar, cantar, gritar, vivir la verdadera experiencia de la vida sobre una plataforma. Crear vida lírica, musical, todo lo que tuviera que ver con ello era lo que verdaderamente le llenaba. Fue por eso que el panorama se fue esclareciendo para el Birthday. Debía irse, así le costara la vida, pasara hambruna, así no tuviera techo… necesitaba intentarlo. No quería vivir su vida escondido en miedos mediocres, no más. No tenía idea de cómo lo haría, pero era incluso probable que debería irse de Inglaterra, aunque necesitaría buscar la forma de ganarse como menor, al menos para juntar lo suficiente para lagarse.

Tenía el presentimiento de que apenas había vivido el comienzo de su historia… lo razonó tiempo después, cuando su partida estaba cerca. Le esperaba caos, podía presentirlo, pero estaba listo. Se había inamovible, ya nada podía sacarlo de su centro.

Fue por eso mismo, el estar germinando esta enorme ola de pensamientos que una vez que entró el siguiente año y el ambiente del colegio se sentía impaciente y animado por los graduados y el fin de otro año escolar, él mantuvo un perfil bajo.

El último día la mayor parte de todos los estudiantes se encontraban en la fiesta de despedida del año; el cuerpo directivo del colegio preparaba un evento para todos en donde reinaba el buen ambiente con comida, baile, actividades y reconocimientos. Rara vez él y Lawliet asistían — a pesar de que su hermano usualmente recibía después por paquetería sus diplomas. Esta ocasión no sería la excepción.

Para su fortuna (¡fortuna en su vida, finalmente!) se habían alineado una serie de sucesos necesarios para que Beyond pudiera salir de ahí. La noche del evento era un viernes — el internado terminaba al día siguiente, y al lunes siguiente recibían a los estudiantes de grados más avanzados para su propio internado de otros seis meses —, era el mismo día que la escuela recibía la mayoría de los suministros alimenticios que los abastecería por el mes. Ese transporte era lo que necesitaba para salir de ahí, de otro modo se le complicaría mucho más. Todo estaba ya planeado para él. Esa noche se iba.

No era necesariamente la persona más paciente, por lo que se mantuvo algo ansioso en lo que esperaba la hora, lo más lejos de la vista de todos como le era posible. Había hecho un gran esfuerzo por no tener contacto con casi nadie desde hacía semanas, incluida Naomi. No podía exponerse a que alguien sospechara lo que iba a hacer y fuera delatado.

Fue por eso que una vez llegada la hora, B salió por unas de las ventanas del primer piso al opuesto completo del salón de eventos donde estaba sucediendo la fiesta. Consigo solo llevaba las dos mismas mochilas viejas con las que llegó, y el equivalente a cincuenta dólares en el bolsillo.

Con sigilo se escabulló por las orillas de los muros del colegio de la entrada principal, escuchando incluso desde ahí la música opaca, y frente a él, un par de camiones estacionados y apagados; el vehículo era más del estilo van, blanca y sin ningún tipo de logo. Las puertas traseras que daban al pequeño pero eficiente almacén del vehículo estaban cerradas. El chofer se encontraban aún dentro con el personal de cafetería dejando la caja de los alimentos, así que era tiempo crucial que no debía desaprovechar.

Se hincó y forzó las puertas traseras con una vara delgada y ligeramente doblada que insertó por la entrada regular de las llaves del carro y realizó una serie de movimientos meticulosos y precisos para lograr abrirla, y se felicitó a sí mismo por poseer esa clase de conocimientos que podrían parecer medio inútiles, pero ser un salvavidas a tiempos. Él siempre estuvo que saber abrir las puertas de una casa, carro o cualquier otra cosa sin llaves era algo que todos deberían saber.

Cuando finalmente un "click" resonó y las puertas se abrieron, cantó victoria para sus adentros. Guardó la pequeña vara de metal en su mochila por si necesitara usarla más adelante, y se adentró en el transporte. Sin embargo, justo antes de cerrar las puertas, una voz lo detuvo.

— ¿Te vas sin decir adiós?

Guardó su expresión de sorpresa lo mejor que pudo, y entreabrió un poco la puerta para notar a Misora ahí, observándolo con algo de incredulidad. Llevaba un vestido, con el cabello arreglado y una flor de lirio descansando sobre su oreja como adorno natural para su cabello. Estaba claro que ella sí había decidido ir al baile.

— Es lo mejor. No nos volveremos a ver.

— Vaya, pensé que las pláticas de las últimas semanas habían cambiado algo… aunque esto explica por qué fue imposible encontrarte este último mes.

— ¿Cómo supiste que estaría aquí? — Cuestionó, dándose cuenta que era extraño que lo hubieran encontrado.

— Tenía mis sospechas… algo me decía que no regresarías a tu casa. Deduje que te irías de otra forma que no fuera el transporte de la escuela, y no eres el único que notó que surten una vez al mes a cocina en este tipo de vehículos, ideales para esconderse y escapar, si conocer los horarios y la forma de entrar a ellos…

— Sorprendente como siempre, Naomi, no me decepcionas. — Una vez más, demostrando porque había adelantado año escolar y seguía sobresaliendo.

— …¿A dónde irás?

— No puedo responder eso. Ciertamente, nada es seguro.

— ¿No volverás?

— No tiene sentido.

Ambos guardaron silencio, entendiendo que era un adiós definitivo. En cierta manera le parecía una lástima porque fuera de Lawliet, había hallado las conversaciones con ella sumamente interesantes y estimulantes, sin mencionar que lo sacó de su bloqueo mental cuando él ya había agotado sus opciones. Si la hubiera conocido un poco antes, seguro habían disfrutado más pláticas sin él rehuyendo tanto al final.

Observó sus ojos que lo veían algo incriminatorios, y quizá algo indecisa de qué decir a continuación.

Quizá… sólo quizá…

Beyond desvió un poco sus ojos bermellón antes devolver a posarlos en ella, e inclinarse un poco, solo un poco, muy lentamente…

Un sonido lo detuvo y los asustó a ambos. La puerta del conductor se había abierta y cerrado, y el vehículo había sido encendido. Era hora. Debía partir. Agradecía que fuera noche y estuviera oscuro ahí, de otro modo quizá hubieran notado a Naomi a pesar de tratar de mantenerse escondida o fuera de vista.

— Es hora de que regreses, Naomi.

— Sí… Raye se preocupara si no regreso al baile. — Comentó tratando de obviar el asunto. Tenía a alguien esperándolo en el baile.

— Bien. — Asintió, torciendo un poco las cejas. Raye Penber compartía algunas clases con él. — Adiós.

— Adiós...— Se despidió también al tiempo que el contrario cerraba la puerta con sigilo y el vehículo entonces avanzaba, alejándolo del lugar. Misora retrocedió hacia la entrada del colegio mientras carraspeaba un poco y se daba la vuelta finalmente.

Odiaba las despedidas amargas.

-.-

— Beyond…¿Beyond?

— ¿Hm? — El susodicho giró la cabeza, sintiendo el calor del pequeño vaso entre sus manos ir perdiendo calor apresudaramente.

— ¿A dónde fuiste? tengo como un minuto llamándote. — Expresó Nelliel con una ligera sonrisa — Te estaba tratando de decir que ya llegaron. Mi hermano y los demás. — Alzó su propio celular que contenía un mensaje de su hermano preguntándole en dónde carajos se había metido y que la veía en el estudio con el resto de la banda.

— Claro. Baja primero. Terminaré de comer esto antes de ir también, no quiero que esos insoportables me arruinen otra comida, usualmente me ponen de mal humor. — Se excusó. Era cierto que cuando se trataba de trabajar en el álbum, el estrés le bloqueaba por completo el apetito, pero también quería estar solo unos momentos.

Tenía años sin desbloquear y acceder a esas memorias, y no fue grato. Probablemente necesitaría cortar de raíz la ingesta de alcohol hasta que encerrará de nuevo todo aquello muy en lo profundo de su cabeza. No era sano, nada sano para él, pensar en eso. Podía estropear su ritmo de trabajo y de inspiración.

— Claro, no te preocupes. Entiendo lo que dices. — Concordó. Ella misma había visto que casi ninguno de los cuatro en la banda podía pensar en comida cuando trabajaban de la manera tan obsesiva como usualmente lo hacían. Prefería darle espacio al vocalista para comer en paz aunque sea una vez. Se bajó de su lugar y pasó las manos por su pantalón para quitar cualquier polvo o suciedad y entonces se irguió a verlo. — Nos vemos en un rato, no tardes demasiado, ya sabes cómo se pone Mello. — Bromeó un poco, finalmente yéndose de ahí.

El Birthday esperó a que ella cerrara la puerta de la entrada a la azotea antes de dejar soltar un suspiro pesado y notar que había anochecido ya por completo. Ni siquiera sabía cuánto tiempo se quedó totalmente sumergido en sus pensamientos, pero parece que más de lo deseado.

— Tsk…— Vaya manera de arruinarse el ánimo.

Nelliel por su parte bajó de a brincos las escaleras hacia el piso donde estaban su hermano y los demás, y se aseguró de abrir la puerta con sigilo, sin que nadie la notara para escabullirse.

Mello y Matt se encontraban al fondo de la habitación de la sala de estar discutiendo algo sobre los ritmos de unas de las canciones del álbum en las que iban a trabajar esa noche, mientras que su hermano se hallaba sentado en el sofá de una pieza, guitarra en mano y tocando algunos acordes al azar, justo a espaldas de ella. Fue entonces que se abalanzó sobre él y rodeó su cuello con una risotada, claramente feliz de ver que había salido vivo también de todo el suceso del bar.

— ¡Pitufo!

— ¡Gah, carajo Nelliel! No me grites en el jodido oído así, me vas a dejar sordo, lechuga apestosa. — Le gruñó, haciéndole una seña con la mano de que se le quitara de encima. "Chú, chú".

Volvió a reír y se alejó para tomar asiento en el sillón a un lado de Grimmjow.

— ¿Y Beyond? — Indagó esta vez el rubio.

— Está arriba en la azotea comiendo. Dice que no tarda, está por terminar.

— Tsk, cumpleañero inútil. Tanto que nos jode la bola de trabajar en el estudio y no sé qué mierda y ahora que estamos aquí es cuando se le ocurre tragar. — Espetó el guitarrista francés.

— Oye Grimmy ¿tú tan siquiera has comido algo? — A Nelliel le sorprendió un poco verlo tan poco o nada afectado por las bebidas de hacía rato.

— Ajá. Me tragué lo que quedaba de la comida de ayer. Sabía a mierda pero hizo su trabajo.

— Oh, así que tú te comiste mi hamburguesa de ayer — Matt alzó una ceja en recriminación. Esa iba a ser su comida.

— Bah — Bufó el acusado, continuando con los acordes de su guitarra.

— Bien, bien, como sea. Hay que dejar de perder el tiempo. Fue un día ocupado, pero es hora de trabajar — Habló el batero para poner orden. Ciertamente estaba algo cansado; pasó prácticamente toda mañana y tarde con Matt buscando más lugares para presentarse, conectarse con las personas correctas y agendar fechas. Después de todo, si bien era cierto que estaban finalmente grabando el primer trabajo serio de su corta vida como banda, de momento eso no les estaba dando de comer y si querían sobrevivir y no tener que comer ratas de alcantarilla, necesitaban darse a conocer, presentarse, por más poco que ganaran.

Mello estaba seguro de que era temporal. Tenía esa determinación.

La francesa cruzó las piernas sobre su lugar, mucho más entusiasmada de lo que parecía por ver la banda en acción de nuevo. Tenía sed de su música, de escuchar más. ¿Qué iban a crear esa noche, qué sonidos saldrían del cuarto de grabación?

La sola idea la hacía mover sus pies algo inquietos.

Aunque antes de comenzar a hacer nada, parece que la banda tendría una interrupción más, ya que la puerta sonó un par de veces y se abrió. Todos se giraron a ver quién era.

— Oh, qué bueno que están aquí, bueno...casi todos.

— Hey, Robert. Viejo, te ves...— Matt se detuvo de hablar cuando lo observó bien.

El pobre hombre tenía unas ojeras bajo sus ojos tales, que un poco más y parecería que alguien lo golpeó y lo moreteó. Sostenía en su diestra un café y en la otra un folder grueso, repleto de hojas. Ambas manos suyas temblaban levemente.

— No tienes que decirlo, lo sé bien… no he dormido absolutamente nada desde que mi esposa dio a luz ayer en la tarde.

— Oh, cierto, ¿salió todo bien? — La única que tuvo la decencia de preguntar sobre su esposa y su hijo fue la única chica presente.

— Sí, gracias. Fue más trabajo del esperado para ella...el parto duró casi diez horas. — Explicó. Matt torció la cara en dolor. — Pero finalmente está todo bien.

— Nunca nos dijiste que estabas casado, o siquiera que ibas a tener un hijo… — Comentó el rubio mientras veía lo demacrado que se veía el pobre hombre, pero optimista aún. La sonrisa parece que nadie se la quitaría.

— Trabajo es trabajo, trato de mantenerlo separado. Aunque ahora será más difícil eso.

— Pf. Bueno, sí, felicidades por tu engendro y todo eso, sé que fue jodido todo, pero necesito hacer la pregunta porque parece que nadie más se animara a hacerla, pero sé que todos la están pensando. — Habló el francés — ¿Esto afectará tu participación como manager de la banda y la grabación del disco? tú eres el que se encarga del arreglo de los sonidos finales y la calidad con la que todo se graba, sin mencionar de armar la canción como queremos exactamente que suene.

— Hm.. sí, entiendo su preocupación. — Respondió el castaño, detallando en el ojo de los tres integrantes de la banda presente que parecían pensar lo mismo. Prosiguió: — Justamente por eso vine. Saben que deberé tomar un tiempo breve de paternidad, sobre todo porque mi esposa es primeriza y su madre llegará hasta la próxima semana para ayudarla.

— ¿Qué? ¿Te vas, a media grabación del álbum? — Mello trató de no sonar alterado, pero claramente las noticias no le cayeron bien. Grimmjow tenía razón, Robert era el encargado de sonido.

— Sólo temporalmente, al menos esa es la idea… ya sabía que esto pasaría tarde o temprano. Así que ya tenía un plan para cuando esto pasara.

— ¿Hm? ¿Cuál es?— Matt cuestionó, interesado.

— Traje a mi suplente.

— ¿Otro manager? — Mello no sonó muy convencido realmente. Con Robert se entendían, él sabía exactamente lo que querían y cómo querían que sonara, fundía bien todos los sonidos, era nocturno como ellos. Habían sido renuentes con él al inicio pero cuando vieron que el trabajo se daba hasta natural, que ahora anunciara irse por un periodo, aunque fuese corto, les caía pesado. Ya suficiente estrés tenían como para conocer a otro manager de cero y explicarles todo sobre su sonido.

— No se preocupen por eso. Ya pasé todo su contexto como banda, al menos musicalmente hablando. Sabe qué sonido hacen y ha escuchado unas pistas y por eso ha concordado en trabajar con ustedes, le gustó lo que hacen, y agradecería que no fueran renuentes con el cambio, no pondría a alguien más si no estuviera seguro que puede hacer el mismo trabajo o que se entenderán, y tampoco puedo dejar pasar ni un solo día sin que alguien los supervise como mínimo… me preocupa que uno de esos arranques de locura me destruyan algo del equipo. No es barato, nada barato ¿saben? — Dio un trago largo a su bebida cafeínica, sintiendo que el sueño volvía a apoderarse de él.

— Tsk, vaya mierda..

— Hmm. — Mello se cruzó de brazos y procedió a masajearse el puente de la nariz con la diestra, arrugando el entrecejo. No le parecía realmente. Esto podía o salir demasiado bien o salir demasiado mal, y no estaba seguro que como banda pudieran permitirse ese lujo, no a ese punto de las cosas, pero… ¿qué se supone que debían hacer? ¿Tenían tan siquiera otra opción?

Ugh, ¿Por qué al inútil de Robert se le ocurría tener un hijo justo ahora mismo?

— ¿Qué dicen?

— ¿Nos queda de otra? — El batero soltó un poco ácido, pero finalmente relajó los brazos y se encogió de hombros — Mira, haz lo que debas hacer, Robert. Entiendo que las mierdas esas familiares son complicadas y van primero, creo. Sólo espero que realmente sepas lo que haces, porque no hay margen para error. Sabes que tenemos fechas tentativas para completar toda la grabación y cualquier retraso nos pondría en problemas. Sobre todo con los patrocinadores para las presentaciones que has estado contactando, ellos no esperan.

— Sí. Tomo esto tan en serio como ustedes, créanme que sí. Por eso les traje a alguien con esa misma seriedad y entrega.

— Bien, bien. — Suspiró. Removió de su rostro un mechón rubio y fijó sus ojos azules sobre Robert — Entonces, ¿quién es?

El manager asintió y entonces retrocedió unos pasos hacia la puerta, asomándose por el marco de la puerta hacia afuera. Dijo un par de palabras, algo como "puedes pasar ya", según logró escuchar Matt antes de ver como Robert se reponía en su lugar y se hacia un lado.

— Les presento a su nuevo manager temporal. — Anunció con una sonrisa mucho más grande de lo usual. Sus ojeras se remarcaron más con ese gesto.

Los tres integrantes de la banda clavaron su vista hacia la puerta, al igual que Nelliel. Grimmjow alzó una ceja mucho más de lo que pensó que reflejaba su rostro, y el gesto lo repitió Mello.

— Qué tal. — Saludó con tranquilidad, después se inclinó ligeramente, como a una especie de saludo japonés. — Soy Naomi Misora, su nueva manager.

— Hey. — Saludó el pelirrojo con una sonrisa y entusiasmado. Estaba muy aliviado. Le preocupaba mucho que hubiese sido un sujeto igual de duro que Grimmjow u obsesivo como Mello, o peor aún, Beyond...pero era una mujer, educada al parecer, y con gesto suave; "al fin" pensó, hacía falta alguien así. Además de Robert, por supuesto.

— Hola, Naomi. Yo soy Mello, el baterista. — Comenzó a presentar el líder de la banda. No le gustaban los rodeos, y era mejor romper el hielo lo antes posible si es que iban a trabajar con ella. — Él es Matt, el guitarrista, también funge como bajista en algunas canciones — Confirme iba presentando, Naomi hacía una ligera inclinación de cabeza en son de saludarlos. — Y él es Grimmjow, guitarrista también.

— Mello, Matt, Grimmjow. Un gusto. — Al final su comentario, pareció notar algo, por lo que añadió: — ¿Solo ustedes tres?

— Sí. Bueno, ella es Nelliel, hermana de Grimmjow.

— ¡Hola! De mí no te preocupes mucho, no estoy en la banda, soy más bien la que les da porras, haha — Comentó risueño, Naomi le sonrió también, sintiendo muy buena energía de ella.

— Un gusto. —Repitió el gesto de saludo con ella, y prosiguió— Tres integrantes entonces además de Nelliel...—Esto último lo pareció susurrar más para sí que nada más, pero alzó la vista para ver al rubio— ¿No tienen vocalista? — Las muestras que le había mostrado Robert días antes no incluían voz porque no tenía a la mano una canción completa, pero estaba segura que lo había escuchado mencionar algo de que eran cuatro integrantes, cantante incluido.

— El imbécil de nuestro vocalista está arriba comiendo o algo así. — Habló Grimmjow, dejando su guitarra de lado — Alguien debería ir por el anoréxico, esto es importante. Seguro se arranca el cabello del estrés también, jah.

— Iré por él. — Mello dio un par de pasos en lo que le dirigía una mirada a Naomi. — El vocalista se llama Beyond, es un anormal, no te pierdes de mucho, ya lo conocerás. No tardo. — Y salió de la habitación para ir por él.

Naomi se heló en su lugar. Matt no entendió el motivo por el cual los ojos de ella se abrieron mucho más de la cuenta, al parecer, falta de palabras…

Pero ella sólo podía hacerse una pregunta que retumbaba con fuerza atronadora al haber escuchado las palabras del baterista. Por primera vez en muchos años, escuchó un nombre que era casi imposible que alguien más tuviera. Ese nombre tan particular...

La pregunta dio vueltas en su cabeza.

¿Beyond?


N/A: ¡Que suenen las trompetas, que se hizo realidad! ¡Actualicé el fic dos veces este año! Es un record nuevo, algo que no se había visto desde hace años (?).

Pero ya, en serio, ¿qué tal están? espero hayan disfrutado la lectura. Sinceramente ha sido toda una aventura llegar hasta aquí. Creo que desde que inicié el fic, tenía ya en la mente específicamente el capítulo trece. Sabía que sería importante por los aspectos que probablemente ya leyeron de la historia, pero también porque algo me decía que sería retador. Beyond es un personaje que considero bastante complejo y darle más forma, un desarrollo decente para la historia, sabía que no sería fácil.

De igual manera estoy contenta de poder añadir contenido a la historia antes de la llegada del 2020, y más aún, en esta fecha específicamente porque, como algunos saben, 13 de diciembre es el cumpleaños de Mello, sí... pero también es el noveno aniversario de Zero Revenge.

¡Nueve años ya!

No puedo creerlo, casi una década desde que inicie esta aventura con ustedes los lectores que quedan (?), y con este cuartero explosivo. La historia ha crecido y mucho ha pasado tras bambalinas, pero en lo personal siempre encuentro refugio en abrir un documento de Word y sumergirme en el mundo de esta banda, y sigan expectantes, que aún viene más, mucho más...

Para ya no quitarles mucho tiempo, quisiera comentarles que sus reseñas y mensajes sobre el capítulo llenan de dicha mi ser. De verdad, lo digo con toda la sinceridad que tengo en mi corazoncito, una de las cosas que más disfruto aparte de escribir ZR es leerlos a ustedes, saber lo que piensan, lo que sintieron... ¿qué hay dentro de esa cabecita suya, qué piensan del capítulo 13 de Zero Revenge?

Si se toman el tiempo de decírmelo en un review o un mensaje, lo atesoraré como no tienen idea, ¡gracias, gracias por adelantado! y mil gracias por permanecer conmigo aquí hasta estas alturas. Sigo comprometida con la historia, sigo aquí. Zero Revenge sigue aquí.

Como último, por si les interesa, Twitter es la red social donde actualizo y mantengo al tanto de los avances del siguiente capítulo de ZR. Twitteemos e interactuemos por ahí si les nace, me gusta mucho conocerlos y fangirlear de tanto en tanto. El enlace está en mi perfil de FanFiction.

Nos leemos hasta la próxima, mis estimados.

Cambio y fuera.
EstephanyW.