Nada más que la verdad

Amelia

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En cuanto entro a la camioneta retiro la bufanda de su rostro. Se colocó el cinturón de seguridad y aguardo a que Yuri subiera al vehículo. Al no haberse presentado Víctor y con Mila ocupada junto a Yakov, el único que le quedaba que podía llevarle hasta la testigo era ese chico rubio que subía de mala gana al auto.

—Será una pérdida de tiempo, eso te lo puedo asegurar —comentó mientras encendía el auto, este rugió mientras su motor se calentaba.

—Bueno, no lo sabremos hasta ir hasta allá —dijo mirando por la ventana, notando la despedida de Jackson con media sonrisa.

Esa mirada sugestiva que le dió le hizo fruncir el ceño. Bien él pudo haber venido, pero prefirió dejarlo a su suerte, eso era obvio. Más tarde se las pagaría por su impertinencia. A veces no entendía como a su edad podía ser tan jovial.

El auto comenzó a moverse entre la nieve lentamente hasta tomar fuerza y salir del estacionamiento donde estaba. Entro en la carretera y el recorrido se volvió más sencillo.

—Yuuri —llamó Yura sin despegar la vista del frente—, hay algo que tengo que decirte.

Yuuri al escuchar su tono de voz preocupado, le volteo a ver, dejando de lado las notas que había sacado tras ponerse el auto en movimiento.

—Antes de que tu vinieras, nosotros habíamos hecho una lista de posibles víctimas, esto lo hicimos con un censo rápido alrededor de las áreas donde las chicas habían desaparecido —explicó golpeando el volante con los dedos—, sin embargo, el día anterior a tu llegada, esa lista cambio, por no decir que desapareció en su totalidad.

—¿A qué te refieres con desapareció? —preguntó enarcando la ceja derecha.

Yuri suspiro tras escucharle.

—Alguien dentro de la estación cambió la lista.

Yuuri parpadeo confundido, no tenía sentido alguno lo que le estaba diciendo.

—¿Estás seguro? —volvió a preguntar.

—Fue Georgie —soltó frenando frente al semáforo.

A la cabeza de Yuuri vino vagamente el recuerdo de Georgie cuando se lo presentaron a él y Jackson tras llegar a la estación, su rostro sereno y mirada evasiva, pero más que nada la falsa sonrisa.

—No quiero sonar repetitivo pero-

—¡Con un carajo! Estoy seguro que fue él —dijo mirándolo con el ceño fruncido. Bufo por lo bajo antes de volver su vista al frente y comenzar a avanzar junto con el tráfico—, por ese lado de la investigación, nadie además de Mila y él tenían acceso a esa información. La lista fue cambiada por una mierda de nombres al azar sin ninguna conexión con el caso. Fue un acto totalmente intencional.

Yuuri se quedó callado mientras le escuchaba. Ciertamente era una acusación muy grave, podría hacer que el chico perdiera el trabajo o inclusive que fuera arrestado por entorpecer la investigación. Sin embargo, no dejaba de ser sospechoso lo que había pasado

—Pero no tiene sentido, ¿por qué haría algo como eso?

—Eso, es lo que quiero averiguar —murmuró doblando hacia la derecha. Yuuri noto como los edificios y museos poco a poco iban quedando atrás para entrar a un área donde las casas de madera y muy modestas iban tomando posesión del terreno—, sabes, Georgie jamás me ha caido bien.

Yuuri rió por lo bajo.

—Eso no es inusual viniendo de ti, rara vez te cae bien alguien al principio—comentó recordando sus inicios.

—Bueno, tienes un punto, sin embargo, con él es diferente, es reservado, muy meticuloso, evita a toda costa soltar cualquier tipo de información sobre su vida privada—dijo deteniéndose delante de una pequeña casa color crema—, si tuviera que evaluarlo psicológicamente hablando, él entraría en el perfil de un-

—Psicópata —completo Yuuri—, pero Yuri, ¿no te parece extraño? —dijo quitándose el cinturón de seguridad—, ¿por qué actuar así?

Yura miró hacia la casa y lanzó un suspiro largo.

—Creo que la investigación está comprometida —volteo a ver a Yuuri y le sostuvo la mirada—, esto que te diré son sólo ideas mías, pero creo que tal vez Georgie fue contactado por El Lobo de Siberia o puede de que inclusive este trabajando para él.

Yuuri tras escucharle se recargo en el asiento del copiloto.

—¡Wou! Jamás pensé que te convertirías en lo que juraste destruir —sonrió al decirlo recordando como hace años él mismo había dicho que odiaba a los investigadores que se dejaban guiar por sus instintos.

—¡Katsudon! ¡Te lo digo en serio, demonios! —gruño bajándose del auto, cerrando de un portazo.

Yuuri rió un poco por el apodo, hacia años que no lo escuchaba.

—Esta bien, esta bien —dijo bajando de igual forma—, supongamos que las cosas son como tu dices, que de una u otra manera Georgie, entro en contacto con nuestro asesino y que esté, de alguna forma, lo convenció de participar en este macabro acto.

Yuri frunció el ceño pues sentía como si se estuviera riendo de él.

—¿Qué gana con eso? ¿Cuál sería su detonante? —cuestiono rodeando el auto para ponerse a un lado de Yuri, de pronto la idea no le parecía tan descabellada.—, Yuri, si es el caso, si de verdad es el caso, tenemos que decirle a Yakov —anunció viendolo detenidamente, estaban frente a un tema muy delicado.

—Lo sé, pero primero quería consultar contigo, confío en ti para este tipo de cosas —ambos vieron hacia la casa—, dime una cosa, ¿que te dicen tus instintos respecto a esto?

—Que podríamos estar en el lugar correcto —dijo con una sonrisa de medio lado, una vez más se acomodó la bufanda mientras comenzaba a caminar hacia la residencia—, eso y que tal vez, podemos estar equivocados. Podríamos decir, que estamos en medio de una ruleta rusa. Pero si realmente ese hombre está involucrado, no podemos dejarle escapar bajo ningún motivo.

Yuri rió por lo bajo llegando al pórtico de la casa.

—Al menos es de esa manera. Georgie es mi compañero de trabajo, pero nunca he confiado en él. Y ahora, con lo que hizo, mis sospechas se incrementan—comentó mientras tocaba a la puerta —, nada perdemos con investigar.

—Nada perdemos con investigar —repitió Yuuri mientras su mente iba a mil, tratando de entender cómo es que su plática se movió hacia un camino escabroso. A estas alturas, no podían seguir perdiendo él tiempo y si resultaba cierto el hecho de que Georgie estaba comprometido, sacarlo cuanto antes de la investigación era crucial. Y si por algún motivo, tenía que ver con el asesino, capturarlo cuanto antes.

Tras tocar la puerta esperaron un par de minutos antes de que esta se entreabriera.

—¿Diga? —una mujer asomó la cabeza entre la puerta, observando al par de hombres delante de ella. Se le miraba cansada y muy demacrada.

—Somos del ministerio de defensa, unidad de crímenes violentos —anuncio Yura mostrando su placa con identificación—, oficial Plisetsky y Katsuki —habló presentando a Yuuri quien al ser menciono hizo un leve asentimiento con la cabeza.

La mujer hizo una mueca de desaprobación al ver a ambos delante de su puerta.

—Ya se los he dicho un millón de veces —dijo la mujer frunciendo el ceño, apretó la puerta con la intención de cerrarla—, mi hija no participará de su investigación, ha tenido severos problemas debido a eso.

—Señora, ¿Está consciente de que la ayuda de su hija, nos ayudará a atrapar a la persona responsable de seis muertes? —hablo Yuuri en cuanto vio que cerraba la puerta.

—Mi hija a tenido pesadillas por meses desde ese maldito día —dijo molesta—, no va a la escuela y todo por culpa de ese hombre. Tiene miedo de salir de casa.

Yuuri frunció el ceño.

¿Él asesino le hizo algo?

—Todo esto puede terminar, podemos dejar de venir y dejar que su hija olvidé—dijo Yura sosteniendo la puerta—, solo necesitamos cinco minutos, es todo lo que pedimos. Y todo esto parará.

La mujer frunció los labios, miró a ambos hombres y sus ojos se detuvieron en el chico pelinegro. Por un largo rato ninguno dijo nada y Yuuri se vió tentado a desviar la vista pero no sabía si sería contraproducente.

—¿Solo cinco minutos? —preguntó cansada.

—No más ni menos —le aseguró al escucharla—, es todo lo que le pedimos.

Aquella mujer lanzó un suspiro de derrota y abrió la puerta. Ambos hombres se vieron de reojo para entrar en aquella acogedora casa.

—¿Cuál a sido el comportamiento de su hija desde aquel día? —preguntó Yuuri mientras seguían de cerca a la mujer.

Esta ladeo un poco la cabeza.

—Los primeros días no dijo ni una palabra, comía bien e iba a la escuela, creí que debido al susto, no quería hablar, eso mismo dijeron los médicos —comentó deteniéndose delante de una puerta—, pero conforme los días pasaban, dejo de comer adecuadamente, por las noches la levantaban las pesadillas, yo... no se que le hizo ese hombre, pero mi hija no esta bien —ella entreabrió la puerta y miró a ambos oficiales—, atrapen a ese bastardo que lastimó a tantas mujeres.

Dicho eso se marchó.

—¡Wou! —musito Yura con media sonrisa—, toda una dama rusa.

Yuuri rió por lo bajo y toco levemente a la puerta.

—¿Amelia? Somos de la policía —anunció empujando la puerta.

Una niña de seis años les volteo a ver, ambos al verla, vieron el perfil del asesino, en una víctima más joven.

—Hola —musitó abrazando a su osito mientras les sostenía la mirada. Se encontraba en una pequeña mesita en el centro de la habitación, rodeada de otros tantos peluches.

Yuuri entró siendo seguido por Yura, quien veía alrededor de la habitación. A sus ojos, el actuar de la niña estaba justificado siempre y cuando el asesino le hiciera algún daño, a menos que le haya dicho algo.

—¿Sabes porqué estamos aquí? —pregunto Yurio sin verla directamente, odiaba tratar con niños, odiaba que los involucraran en ese tipo de situaciones.

—Mamá no quiere policías —dijo bajito moviendo una tacita que se encontraba sobre la mesita—, ¿hice algo malo?

Yuuri sonrió un poco, se agacho a su altura y le acarició la cabeza.

—No has hecho nada malo, pero necesitamos de tu ayuda —Yuuri miró entonces, como los ojos de Amelia comenzaban a cristalizarse—, ¿Amelia? —la niña dio un respingón un poco al escucharle.

—Él... me toco igual —apretó su peluche cuando las lágrimas comenzaban a bajar por su rostro otra vez—, él le hizo daño a muchas niñas... mi ma... mama, dijo que él me quería hacer daño también... que me haría lo que a esas niñas... —Yuuri volteo a ver a Yura, quien ya se había parado a un lado de ambos.

—Amelia —llamo Yura acuclillandose a un lado de ellos—, ese sujeto, ¿recuerdas cómo era?

La pequeña le miró y asintió levemente con la cabeza.

—¿Podrías decirnos cómo lucía?

—Alto —dijo levantando la mano por sobre su cabeza—, tenía el caballo laaaaaargo —hablo jugando con su cabello—, rojo, como las manzanas —ella se secó levemente las lágrimas de la cara.

—¿Cabello rojo? —musitó por lo bajo Yura al escucharla, eso distaba mucho del perfil que se había hecho en su mente. Sacó un bloc de notas y comenzó a escribir lo que la niña decía.

—Tenía grandes ojos azules como el cielo —posó ambas manos sobre sus ojos tapandolos por unos instantes—. Y su sonrisa era muy rara, era bonito —concluyó la pequeña mirando a ambos hombres.

—Bonito —musito Yuuri tratando de hacer una imagen mental.

La pequeña tomó la tetera de plástico y fingió servir un poco de té al peluche que se encontraba a su derecha.

—¿Te dijo algo? —quiso saber Yura al dejar de escribir y ver que comenzaba a ignorarlos a ambos.

La pequeña niña asintió con la cabeza y abrazó fuertemente al oso de felpa tras soltar la tetera.

—Él dijo... Si tuvieras una década más —murmuró—, luego me sonrió y acarició la cabeza. Después... Él se fue en su auto negro, tenía un coche muy bonito.

Ambos hombres se vieron. La pequeña niña se paró y se dirigió hacia una pequeña mesita de dónde tomó un dibujo, ella vió el dibujo durante un instante antes de caminar hasta los oficiales.

—Es él —dijo dándoselo a Yurio.

En él un hombre mal dibujado alto, con cabello largo rojo y sonrisa torcida aparecían. Este cargaba una bolsa negra y detrás de él, varios juegos y arbustos chuecos.

Yuuri le quitó el dibujo a Yura para verlo de cerca. La sonrisa de aquel sujeto parecía un corazón, un corazón deforme y alargado, pero uno al fin y al cabo. Una vez, alguien había hecho un dibujo similar de una persona que él conocía y admiraba a la perfección.

Pero él no es pelirrojo

—No quiero sonar insistente, pero ya pasaron cinco minutos —dijo de pronto la mujer irrumpiendo en la habitación.

—Ya nos íbamos —contesto Yura quitándole el dibujo a Yuuri quien seguía hundido en sus pensamientos, lo dobló y lo metió entre los pliegues de su gabardina beige.

—Gracias por cumplir con su palabra —comentó la mujer al verlos salir del cuarto de la niña.

Amelia solo les vio salir y volvió su vista hasta su oso, para luego darles la espalda. Yura le vio una última vez antes de abandonar la habitación. La niña definitivamente era muy retraída y esperaba que en un futuro próximo, eso desapareciera.

Ambos hombres hicieron el recorrido de regreso a la salida, cuando escucharon que el televisor estaba encendido, inmediatamente reconocieron la voz de Chris. Se detuvieron para ver cómo esté les decía una vez más sobre el perfil del asesino, las precauciones que debían tomar y otros tantos puntos. De entre el público mucha preguntas saltaron respecto a si ya tenían a un posible acusado. A un lado de Chris estaban Víctor, quien estaba cruzado de brazos, mirandose visiblemente frustrado.

Yuuri observó a Víctor, quien tenía una leve sonrisa en el rostro mientras los fotografiaban, se quedó mirándole tratando de entender porque su mente no paraba de pensar en él.

—Es él —la voz de Amelia los sacó de su ensoñación, volteando a verla. Su expresión era de miedo total—, es él —repitió señalando a Víctor en el televisor, de sus manos cayó el oso de felpa mientras su pequeño cuerpo comenzaba a temblar.

La madre se acercó inmediatamente a su hija, cargándola en brazos, sacándola de la salita.

—No me jodas —dijo Yurio girando bruscamente hacia el televisor.

Yuuri retrocedió un paso y todas las piezas encajaron en su mente.

Oh por dios

—Ese bastardo —gruñó Yura sacando su celular, rápidamente marcó el número de Mila, pero esta no atendía.

—Es una retransmisión Yuri —informo el chico pelinegro quien a un no cabía en su sorpresa—, él ahora está en la esta- —sus palabras se detuvieron cuando recordó algo. Saco su celular y un único mensaje le confirmó sus sospechas.

"El lobo está aquí. Jackson"

—¡Tenemos que ir a la estación de inmediato! —anunció Yuuri caminando hacia la puerta, pero al ver que Yura no lo seguía se detuvo—, ¿Yura?

Este permaneció inmóvil delante del televisor.

—La estación —su voz salió temblorosa—, está en llamas —Yuuri volvió sobre sus pasos, casi empujo a Yurio cuando se posiciono frente al televisor, sintiendo como su alma se iba al suelo. En el noticiero, una alerta roja informaba de un atentado contra la estación y múltiples víctimas

No, no, no, no, no, no, no

—¡Jackson!


Here we go again!

Vale versh, la pequeña Amelia ya delató a nuestro calvo hermoso uwu

Según mis cálculos, a esta historia podrían quedarle alrededor de cinco, como mucho seis capítulos, ya contando el epílogo y me estoy arriesgando al decir que saldrán tantos jaja.

PD: para mi pequeña piroshky -se que no se escribe así jaja-, trate de darle una actitud de cautela debido al evento que tuvo con Víctor, recordemos que de ese capítulo ya han pasado meses, realmente no me gusta trabajar con niños en las historias, por muy obvios motivos, pero era inevitable volver a tomar al único persona que me permitiría delatar a Víctor sin que se viera taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan forzado jaja.

PD2: JACKSON.