Ante las imprudentes palabras de Hikari, los dioses invocaron desde el pentagrama varios ataques luminosos que actuaban parecidamente a las bombas dejando varias cosas destruidas. Yato, Kofuku y Hikari los esquivaron hábilmente, incluso la ojiazul se asombró de los reflejos que poseía y su ahora capacidad de saltar muy alto. Pero, aunque ellos sí pudieron evitar los ataques, se olvidaron de…
—¡Hiyori! —gritó Yato y fue en su búsqueda.
—¡Mamá! —exclamó Hikari viendo como el dios salía con Hiyori estando inconsciente de entre el polvo levantado por los ataques.
—Kofuku, lleva a Hiyori a su casa por favor —le pidió Yato a la diosa mientras le extendía a Hiyori —No quiero que salga lastimada…
—Sí, Hiyori estará bien, no te preocupes —respondió Kofuku, guardó a Kokki y tomó a Hiyori entre sus brazos, su fuerza era impresionante para la forma de muchacha que ella poseía. Después, se alejó saltando de tejado en tejado para llevar a Hiyori hasta su hogar.
—¡Tú, el dios de la calamidad Yaboku-…!
—Yato —interrumpió el nombrado mientras corregía su nombre por segunda vez.
El dios que había hablado gruñó y no terminó su frase, en cambio, mandó a que lanzaran otro tipo de ataques. Lanzaron varias esferas de energía dañina hechas de una radiante luz morada, Yato junto con Hikari las volvieron a esquivar.
—Hikari, o como te llames —llamó el dios captando la atención de la ojiazul.
—¿Eh? —hizo ella volteando a verlo por primera vez desde tan cerca.
—Eres mi hija ¿no es así? —dijo Yato y Hikari se sonrojó por lo intimidante que era él en ese momento con sus ojos brillantes junto a su expresión seria.
—Pues… yo digo que sí —respondió evadiendo un ataque.
—Bien. —dijo saltando evadiendo otro ataque —Entonces, si la profecía es cierta, ganarás la pelea y serás la más reconocida de todos.
—No seré la más reconocida… —aclaró Hikari y saltó hasta llegar al pentagrama en el cielo —…pero sí ganaré esta pelea. —sonrió victoriosa mientras colocaba la katana en el cuello de uno de los dioses que estaban alrededor del pentagrama en forma de amenaza.
Todos la miraron sorprendidos, nadie había atacado de una forma tan directa y descarada a un dios de tan alto rango.
—¡Aquí se acaba todo! —gruñó Hikari y estuvo a punto de cortarle la garganta.
—¡E-espera! —exclamó asustado un dios, deteniendo a Hikari de su acto.
—No tienes que ser tan escandaloso —habló el que Hikari tenía amenazado —Solo hay que enviarla al más allá, problema resuelto.
—¡¿Qué?! —gritaron Yato y Hikari al mismo tiempo. Un enorme portal se abrió justo abajo de ellos y los arrastró dentro, no fueron lo suficientemente rápidos para escapar.
Ambos sufrieron heridas al caer, cortes y golpes hechos por el rocoso suelo. De pronto, todo se tornó muy silencioso, todos ellos, ambos dioses y ambas regalías se encontraban en una clase de calabozo, algo oscuro de no ser por una tenue iluminación de tonos rojizos. Estaban dentro de una celda bastante amplia que estaba vigilada por dos guardias que parecían ser muy experimentados, todo parecía haber sido planeado, ahora Hikari temía de si la profecía era tan exacta, si algo pudiese suceder a largo o corto plazo para que ella terminara siendo ''la más reconocida''.
—Ugh, estamos encerrados —comentó Yato mirando con repudio a los guardias que estaban de espaldas y no parecían inmutarse por el sonido.
Hikari asintió frustrada, maldijo por lo bajo y soltó un suspiro cansado y molesto.
—No nos dejarán aquí, probablemente después nos sacarán y me ejecutarán o yo que sé —dijo Hikari ya restándole importancia a los serios hechos que podrían venir.
—Sí, pero para evitar eso tenemos que pensar el cómo salir de aquí —murmuró para que no los escucharan tan claro —Vuelve, Yukine.
—¡Hmp! Vuelve, Ameni —dijo la ojiazul para que su shinki volviera a su forma humana igualmente.
—Veo que tienes un shinki —habló el dios mirando a la niña.
—Naah ¿en serio? —respondió sarcástica —Vaya, no me había dado cuenta.
—Tsk, deja de andar con idioteces —replicó Yato.
—¡No me hables así!, además, mi madre me dijo que me matarías.
—¡¿Eh?! —exclamó Yukine —¿Q-quién le dijo eso a Hiyori?
—Uh… Kofuku-san nos lo dijo —respondió tímidamente Ameni y se escondió detrás de Hikari —O al menos a Hiyori-san y a Hikari.
—O-oh, ya veo —contestó Yukine y se sonrojó mientras discretamente se relamía el labio inferior.
—¡Agh! —Yato se quejó en voz baja sobándose la nuca —¡Yukine, ¿en qué demonios estás pensando?!
—¡¿Ehhhhhh?! —hizo el rubio en forma de queja igualmente sin hacer tanto escándalo —¡No estoy pensando en nada!
—No me digas que te interesaste en mi hija, pervertido —dijo Yato algo enojado.
—¡Claro que no! —declaró Yukine —Bueno, no es por ofender —se dirigió a Hikari.
—No hay problema —le dijo la ojiazul.
—Ohhh, ya sé —Yato tomó la ventaja sobre lo que había dicho su regalía —¿Entonces te gusta su shinki, Yukine? —preguntó y el nombrado solo gruñó. —Acaso es-...
—No. —dijo fríamente Yukine.
—Nenas, nenas, ambas son lindas, pero hay que pensar en cómo salir de aquí. —los interrumpió Hikari.
—Bien, bien —respondió Yato.
Ameni no se había percatado del tema del que hablaban, ella sólo se limitó en pensar una salida mientras Yato y Yukine discutían.
—¡Ya lo sé! —gritó la peliblanca, rompiendo el mínimo ambiente de paz y los demás la callaron.
—¿¡Qué pasa!? —preguntó en un susurro Hikari con un brillo de esperanza en sus ojos.
—Hay guardias en frente, usemos señuelos —respondió la shinki.
—¿Cómo que señuelos? —preguntaba Yukine.
—¡Sí!, ellos quieren a Hikari ¿no? —cuestionó y todos asintieron —Muy simple, saben que yo soy shinki de Hikari, si estoy cerca de ellos junto con... ¿Yukine?
—S-sí, soy Yukine.
—Bien, si yo distraigo a los guardias junto con Yukine, ustedes saldrán y cuando y estén lo suficientemente lejos nos llaman para que nos transformemos.
—Lo tendré en cuenta, muy buen plan —declaró Yato y la peliblanca sonrió.
—Pero si solo son dos guardias deben ser habilidosos, aparte de que puede haber más afuera, o peor, pueden estar los dioses —comentó Hikari, algo paranoica por lo de las profecías.
—O solo hay dos para asustarnos y que pensemos eso —dijo Ameni.
—¡Olovorgo! —expresó la ojiazul.
—Una paradoja… —susurró Yukine.
—Pero... ¿y si es verdad lo que dije? —preguntó Hikari.
—Ni siquiera yo lo sé, pero no lo sabremos si no intentamos, si yo tengo razón saldremos de aquí, pero si tú tienes razón, valimos Peppa… —respondió Ameni.
—Bueno, hay que intentarlo —declaró Yato.
—Sí. —afirmó Yukine.
Hikari no tuvo otra opción.
—Pues... ya que.
