Symphogear y sus personajes no me pertenecen.
La leyenda del dios del sol.
09: de una guerra, Inicio (segunda parte)
-¿Qué dice?- Maria regresó la grabación. En la escena aparecía una persona que jamás había visto. Era un joven parecido a Hibiki y narraba un acontecimiento de miles de años atrás.
"Había dicho que no pertenecía a este mundo, estuvo buscando la manera de regresar al suyo y en el proceso terminó por sentir de este lugar su hogar. Al final decidió que ya no necesitaba regresar a su mundo".
El dios Ver estaba con él y con la diosa de la música.
"¿Finé, habías escuchado esto antes?"
"Nunca, tampoco hay cantos que narren algo así"
"Jajaja, esa es una historia que mi abuelo solía contarme cuando era pequeño, ah, pero sonó genial, ¿no creen?"
"Como sea, gracias por contarnos esto"
"¡¿Eh?! N-No, al contrario, gracias por sentarse y platicar conmigo, jajaja, solo soy el guerrero temporal del dios Izak y ustedes dos son… Ufff, son dos de los dioses del consejo. Esto es mucho más de lo que merezco como mortal"
"Como mortal dices"
La diosa Finé dio una palmada en el hombro del joven guerrero, el dios Ver se levantó de su lugar ofreciendo su mano a la diosa para hacer lo mismo. A lo lejos, el sol se ocultaba seguido por la noche y una hermosa luna.
-Diosa Maria - un guardia habló al otro lado de la puerta -el dios del fuego ha venido a visitarla.
-Gracias, llévalo a la sala de reuniones, en seguida lo encontraré ahí.
-A… Mi diosa… El dios Adam insiste en que la esperará en la entrada del templo.
-De acuerdo, en seguida voy- Maria detuvo la grabación para salir al encuentro del otro dios. En la escena borrosa se veía una niña brillar dentro de un gran pilar de obsidiana negra, junto a esa niña y ese pilar había una pequeña luna que contenía la esencia de la futura diosa.
Al llegar a las afueras del templo encontró a Adam apreciando el paisaje.
-Dios Adam, bienvenido al templo de la luna – Maria le saludó haciendo una reverencia - ¿Hoy tampoco piensa entrar?
-Ajaja, me temo que hoy tampoco, como siempre tengo esa sensación de no ser bienvenido – el hombre miró la estructura frente a ellos. Hubo un pequeño rato de silencio interrumpido por un pesado suspiro por parte del dios del fuego – Sabes a qué he venido, ¿o me equivoco? – sonrió confiado.
-Sabe mi respuesta – le dedicó esa mirada desafiante.
-A pesar de que fui el mejor amigo de tu padre – movió la cabeza negativamente sin borrar esa sonrisa victoriosa – te aseguro que hoy será diferente. Dime, ¿cómo está tu pequeña hermana? ¿Sabías que uno de mis cargamentos fue saqueado otra vez?
Por dentro Maria se hizo una nota mental de regañar a su hermana -Eso es lamentable-
-Y vaya que lo es, esta vez robaron un cargamento con documentos importantes, de… una dimensión ajena a esta – miró de reojo la reacción de Maria.
María se vio interesada en ese tema -¿Eso es posible?- preguntó sin pensarlo.
-Claro que lo es, tu padre y yo investigábamos eso, gracias a sus investigaciones pudimos descubrir que es posible viajar entre dimensiones, jajaja, al menos en teoría. Planeábamos rescatar a Izak de aquella tragedia, pero antes de que nuestra teoría pudiera ser probada, tu padre… ya sabes lo que ocurrió.
Se hizo otro momento de silencio.
-Maria, hay algo que debes saber… - Adan sacó el bastón de Solomon de un pequeño portal, dejando a Maria estupefacta. En seguida de un movimiento, frente a ellos se abrió otro portal que conectaba al río del templo del agua. La invitó a ingresar al portal y ella, dejándose llevar por su deseo de probar un portal dimensional, aceptó la invitación.
Maria no pasó desapercibido el hecho de que ese bastón era el que su padre tenía en sus grabaciones, pero no era el momento de tocar ese tema.
-Como dije, hay algo que debes saber. Tú no eres de esta dimensión.
…
Kirika estaba a la defensiva dentro del cuarto donde descansaba Shirabe. La portadora de Igalima sujetaba fuertemente su hoz lista para atacar cualquier cosa que se moviera dentro de ese lugar.
La diosa pelinegra estaba dentro de un cristal drenando su energía como solía hacerlo ocasionalmente, se removía inquieta.
En cuanto Kirika sintió que la presencia del dios del fuego desaparecía, esta deshizo su transformación y corrió al lado de su diosa para agarrar su mano. El pálido y frio cuerpo de su amada Shirabe se movía en ligeros espasmos.
-¡Aaah!- Shirabe despertó súbitamente y al instante se abrazó a su guerrera que no entendía qué pasaba.
-¿Shirabe?- Kirika abrazó con fuerza a su diosa al sentir que esta se aferraba con más fuerza a ella.
Después de aquella escena, Shirabe se encerró en su cuarto y sacó un pequeño dispositivo que conectó en su cabeza, frente a ella se empezaron a formar letras y formas borrosas. Kirika agarró la mano de la otra mientras la veía cerrar los ojos agobiada. Miró en silencio todo lo que se formaba en esa pantalla.
… "envenenando la verdad"… "luces del amanecer naciendo de la era manchada"… "la serpiente que contaminó el agua se autoproclamó dueña del mundo"… "la luz brillante helaba los corazones y los seducía en la noche eterna"… "el fuego ardiente y la luz cegadora en el pacto eterno"… "y aquellos que no debieron existir, existieron todos en el mismo lugar, en el mismo tiempo"… "cruzaron los mundos dañando todo a su paso"… "el portador del pecado, ahí donde el tiempo se detuvo", "la pequeña luz que no pudo existir", "la llama de la verdad", "el falso sol", "el sol muerto", "el sol asesino".
Desde el inicio de sus recuerdos, la heredera de la luna siempre había tenido sueños extraños, de su conocimiento e investigación ella sabía que no existía registro de que alguno de sus predecesores hubiera contado con algo como "eso", la extraña habilidad de tener premoniciones. No entendía por qué ahora pero poco a poco aquellos sueños que tenía de alguna manera eran representaciones de acontecimientos en el actual mundo mortal y de alguna manera iban mostrando escenarios más y más catastróficos.
La única que lo sabía además de ella era su guerrera, ni siquiera Maria.
-¿Qué significa?
-Una guerra… Kiri-chan, esta vez entre los dioses- Shirabe se aferraba más a su guerrera. Tenía una vaga idea de lo que una de esas líneas podía significar y eso le aterraba mucho más que cualquier otra cosa.
Shirabe recordaba que tiempo atrás había tenido un sueño donde veía una especie de instrumento y muchas criaturas postradas frente a ella, todas obedientes. Bajo sus pies, estaba el cuerpo malherido de su amada rubia. Y ante ella estaba la silueta del sol devorando aquella única luz que siempre la acompañó.
…
…
Con el pasar de los días, las semanas y los meses muchas cosas empezaron a cambiar entre los mortales, se hablaba de la guerra que se avecinaba. Se hablaba de la disputa de poderes entre el dios del fuego y aquel dios traidor del cual seguían sin tener una figura a la que relacionar.
En todas partes se invitaba a los ciudadanos a formar parte de la legión del dios del fuego y el dios del agua, se les ofrecía gloria y grandeza a cambio de entregar sus vidas por la causa. La causa: deshacerse de aquel dios traidor y mantener la paz actual.
Esa paz no era falsa. Resultaba que Adam realmente había cumplido con su papel de protector de los débiles mortales. Ellos jamás lo entenderían, la divinidad y la bondad de aquel dios mártir. Siempre enfrentando de manera estoica las amenazas de criaturas ajenas a su mundo… Eso no necesitaba ser noticia, solo se necesitaba la falsa pantalla de la paz, de la calma, de algún distractor ante la silenciosa e inminente destrucción de ese mundo. Y esto era algo que solo él podía saber.
Muchos mortales se unieron a las filas de Adam y Genguro. Esto provocó el descontento de los seguidores de la luna y la euforia de los seguidores de la música.
Kirika y Shirabe poco a poco dejaron de salir a las calles y eventualmente la rubia empezó a entrenar al ejército de la luna a petición de Maria, Shirabe aprobó esa petición y así la guerrera formó un gran ejército movido por su fe en la diosa pelirrosa. Maria también ayudaba en instruir a su propio ejército. Muchos quedaron maravillados ante el hecho de que su diosa pudiera pelear. Era sabido que los dioses, con sus simples poderes divinos eran ya de temer, pero que su dulce y hermosa diosa también pudiera pelear, y no solo eso, podía pelear a la par con una guerrera sagrada sin siquiera usar su poder divino, eso era digno de alabar.
Kanade se escabullía en las calles a escuchar lo que los mortales hablaban. Otras veces invitaba a Tsubasa a escapar de todo eso. Ante todos los abruptos cambios sociales, la guerrera se sentía abrumada, ese desconcierto en los mortales y ese deseo desesperado por creer en algo en medio del caos provocado en sus pensamientos y su fe, era entendible por qué los adeptos a la diosa de la música se vieron en aumento y por qué muchos otros que alcanzaron un estado peor que la locura fueron expulsados de la cuidad de los dioses. La pelirroja solo quería proteger su tesoro más preciado: Tsubasa, y era tan difícil. Se escabullía en el templo del agua y visitaba a su amada semi-diosa, la cual siempre se encontraba arrodillada y recargada en la cama de su madre, recluyéndose en aquel pequeño cuarto, en un silencio siempre inundado en dolor. A Kanade esa escena le partía el corazón. Al principio intentaba platicar con ella de lo que fuera, pero poco a poco, la peliazul dejó incluso de responder, era como un cuerpo vacío. Llegando a ese estado, Kanade no sabía qué más hacer, un día encontró a Tsubasa intentando quitarse la vida, gracias a la habilidad de regeneración de Kanade apenas pudo salvar a su novia. Pero Tsubasa seguía intentando atentar contra su vida a cada rato y Kanade no sabía por qué por más que le preguntaba.
Maria a veces se encerraba en su recinto de meditación, miraba una y otra vez las grabaciones de su padre. Una en especial. El día en que la diosa de la luna tomó su forma física. Ese día algo salió mal y aquella diosa que debió existir desapareció ante las miradas atónitas de Ver y Serena. De aquellos orbes, que se perdían en las imágenes de la grabación, empezaron a rodar un par de lágrimas. Adam pudo haber dicho una mentira, pero igual dolía. Insinuar que ella no era en realidad quien creía ser, al menos no estaba donde debía estar. ¿Toda su vida habría sido una mentira? Era obvio que él solo quería usar sus sentimientos, pero igual dolía. Tendría sentido, eso podía explicar el trato que siempre recibió de su padre. Al menos esa era su conclusión ante esas evidencias.
…
…
-Oye, idiota-
-No te cuesta nada llamarme por mi nombre- Hibiki hizo un puchero mientras ayudaba a Chris a preparar la comida del día. Resultaba que Chris había decidido preparar la comida favorita de su novia mientras esta meditaba.
-Como sea, tengo que pedirte un favor- Chris estaba con la cara completamente roja mientras miraba hacia el lado opuesto de donde se encontraba Hibiki.
En seguida una sonrisa pícara se mostró en la cara de la guerrera -¿Eeeeeh? Chris-"chan", no me digas que quieres calentarte con mi solecito… Ah, no, espera, eso se escuchó perturbador- la guerrera posó su mano en la barbilla meditando – Hm… ¿Mi rayo de sol?, no, de alguna manera sigue escuchándose como si se fuera a meter conmigo.
En medio de su meditación Hibiki recibió un fuerte golpe que la arrojó contra el techo y la elevó al cielo para después caer en picada sobre el césped del jardín –Auch, ¿ahora qué hice? – preguntó desde afuera.
-¡I-I-I-IDIOTA!- Chris escondió su sonrojo con uno de sus brazos – ¡Co-co-como sea, más te vale que mañana no estés estorbándome!- señaló a Hibiki y después se fue azotando sus pasos dejando detrás de ella marcas humeantes en el piso del pasillo – ¡Voy por Miku, tú prepara la mesa!
-Wehehe… No negó eso de querer calentarse con mi diosa– la pelinaranja se sonrió satisfecha. Se recostó en el césped disfrutando de la vista que aquel cielo le daba – mi sol, mi radiante sol – se sonrió ahora con nostalgia – aunque ahora es más como un pequeño sol brillante – suspiró – pero ya entendí que está bien, todo está bien, mi señor.
…
-Miku, ya está la comida, jeje preparé tu alimento favorito- se sonrió orgullosa - ¿Miku?- se acercó a su novia que estaba rodeada en esa esfera brillante – de acuerdo, esperaré aquí pacientemente hasta que decidas salir de tu trance – se sentó al lado de su novia y recargó su codo en su pierna para recargar su barbilla – Hm… ¿Sabes? Esta pequeña esfera se parece mucho a esa que está bajo el templo del fuego, incluso puedo sentir que emite una energía muy parecida a la tuya… A veces me pregunto si esa energía mi padre se la arrebató al tuyo por la fuerza, si fuera así… Tch, no lo perdonaré por lo que te hizo ni por lo que haya hecho con tu padre. No puedo creer que existan… dioses así. M… - miró de reojo a su novia que seguía en trance –la comida se va a enfriar, ¿recuerdas? Siempre dices que debemos comer los alimentos cuando están recién hechos porque saben mejor – agarró la mano de su novia – de acuerdo, de acuerdo, seguiré esperando – siguió agarrando la mano de Miku, cerró los ojos y empezó a entonar aquel canto. Se sentía tranquila al poder percibir la esencia de su novia en todo el lugar, era como estar rodeada por ella, era como estar sumergida en ella. Chris se sonreía disfrutando de aquella melodía y de la calidez que la rodeaba.
…
-Hmmmmmm… ¿entro o no entro? Hm… pero ya pasó más de una hora y no llegan, la comida ya hasta se enfrió- afuera del recinto de meditación Hibiki caminaba de un lado al otro frente a la puerta – ¡Hng! ¿Pero qué tal si están calentándose? – se le veían muchas gotas de sudor – ¡No quiero saber qué me hará Chris si entro y le arruino el momento! – se detuvo y se revolvió el cabello. De un momento a otro su comportamiento cambió a la defensiva y entró derribando la puerta -¡MIKU!- una energía que jamás había sentido apareció de repente dentro del recinto. Al entrar no pudo entender lo que veía.
Miku y Chris estaban dentro de una gran esfera ardiente y brillante, casi cegadora.
…
-… ¿Qué…? - un fuerte escalofrío recorrió todo el cuerpo del dios del fuego y la fuerte sensación de muerte le invadió, como si él fuera la presa y su depredador hubiera despertado. -¡MALDITA MOCOSA! - respiraba agitado y empezó a sudar frío, -No puede ser, no puede ser, ¡no puede ser! -bajó corriendo al pasadizo que llevaba a la esfera de luz y se sonrió casi aliviado al verla intacta - ¡Ja…! ¡Jaja!- Adam miraba el comportamiento de aquella esfera bajo su templo – pero no importa, porque ahora ya sé dónde estás, falso sol – acercó su mano a la esfera lumínica y ésta en seguida lo rechazó, quemándole la piel.
-Saint-Germain, ¿tienes lo que te pedí?- detrás de él un hombre de cabello blanco vistiendo ropas de tonos claros y una pistola en la cintura se acercó a él para entregarle un maletín.
Al abrirlo, Adam vio una pequeña roca de forma ovalada y colores negros y rojos. La sacó y la depositó en la esfera lumínica. En seguida una onda de energía sacudió el cuarto – Y ahora a esperar que la pequeña criatura despierte.
La roca ovalada empezó a latir.
Subieron al templo, en la entrada les esperaban otras dos personas. Dos generales.
…
…
Pasaron ocho generaciones para cuando la guerra inició. Esas ocho generaciones para los dioses fueron poco tiempo, para las guerreras apenas fue suficiente, para los mortales fue un cambio radical de pensamiento.
El ejército de Adam dirigido por sus tres generales era de temer. Le secundaba el ejército de la luna el cual era dirigido por la guerrera de la luna. Le seguía el ejército del agua, dirigido por un único General, el guardia personal del dios. Finalmente, estaba un ejército independiente que se formó para proteger a la diosa del sol y era dirigido y entrenado por la diosa del fuego y la guerrera del sol.
En esas tres generaciones surgió una nueva nación. Mortales que buscaban paz, mortales que fueron desechados por el fuego, mortales cuyo pensamiento no encajaba. Todos los mortales que buscaron refugio y en su momento de mayor frustración fueron salvados por la bondadosa diosa del sol.
El dios traidor por fin tenía rostro. Para los mortales que vivían en la ciudad de los dioses, aquella joven de mirada bondadosa no era más que una falsa, la veían como la maldad personificada, y esa sonrisa suya era una máscara de temer.
El templo del sol ahora era un lugar rodeado por los habitantes de esa nueva nación. El templo del sol era el único lugar que seguía sin cambiar. Seguía en ruinas a pesar de que las plantas habían vuelto a crecer. Seguía como si el tiempo siguiera detenido. Ni la diosa del sol, ni la diosa del fuego ni la guerrera cambiaron.
Al principio Chris se había negado a recibir a los mortales, pasaron años para que Miku pudiera lograr convencerla. Por otra parte Hibiki solía salir a ayudar a los mortales en sus campamentos. Finalmente Miku se acercó a ellos. Tan lejos de Adam, ellos no debían temer, eso deseaba creer.
¿Por qué Adam no les había atacado? Era un misterio para Miku, solo para ella. En esos años varios ejércitos fueron enviados a destruir el templo del sol y en todas esas ocasiones eran tanto la guerrera del sol como la diosa del fuego quieres se encargaban de ensuciarse las manos, no importaba cuántas vidas hubieran tomado por eso, mientras su rayo de sol pudiera seguir en paz.
Hubo una ocasión que alguien portando una armadura desconocida les atacó, era un mortal y les dio pelea. Era un hombre que se hacía llamar Saint-Germain, hasta la octava generación volvieron a ver a alguien portando aquella armadura, esta vez era una mujer y esta vez no estaba sola. Había dos más con armaduras que no correspondían con ninguna armadura divina que hubiera existido.
…
También había ocurrido sin aviso alguno, un día, cinco generaciones atrás, la guerrera del agua desapareció, como si jamás hubiera existido. Aquel día Kanade fue a visitarla como siempre, su sorpresa fue como la muerte misma al encontrar el templo del agua vacío y destruido. Era imposible que de un día a otro hubiera quedado así pero eso era, no había rastro alguno del dios del agua ni de su hija.
Kanade recordaba la última vez que sus ojos y los de Tsubasa se reflejaron… Su amada semi-diosa había perdido el brillo en su mirada.
Y ese día que fue a su encuentro, Kanade había pedido permiso a Serena de desaparecer con Tsubasa, de llevarla lejos de todas las cadenas que la lastimaban. Serena se lo permitió, consciente de lo que eso significaba. Solo los guerreros sagrados pueden destruir a otros, y aun sabiendo que Kanade seguiría encerrada en esa eternidad, la pelirroja estaba dispuesta a liberar a Tsubasa de su dolor, fuese lo que fuese este.
…
La joven guerrera de la luna y su diosa habían descubierto un templo oculto en la luna, solo los dioses lunares podían entrar a ese lugar, y solo los dioses lunares podían transportarse ahí. Maria, por algún motivo, desconocía de la existencia de ese lugar. Shirabe recordaba que en visiones ese templo había aparecido en sus sueños, y haciendo preguntas sutiles, supo que Maria jamás había sentido algo así, incluso siendo su propia luna. Eso era un misterio que Shirabe llevaba ya tres generaciones investigando, pues en aquel templo había una reliquia, al parecer una especie de cuerno en forma de caracol que solo el actual dios de la luna podía activar.
…
Alguna vez, antes de los eventos que estaban por ocurrir, Maria fue en secreto al templo del dios del fuego. Quería saber por qué el dios decía esas cosas de los viajes entre dimensiones y eso de rescatar al olvidado dios del sol.
A la mente del dios llegó una escena de su pasado. El dios Izak le sonreía apacible y decía unas palabras. Esas palabras que siempre se repetían en la cabeza de Adam.
"Es mi…" Izak sonreía con gentileza mientras acariciaba la cabeza de un pequeño niño Adam.
-Es mi venganza- fue la respuesta, dicha con una sonrisa de satisfacción – Y si tú me ayudas, te prometo que podré cumplir tu deseo de recuperar la vida que te corresponde.
No fue la única vez que lo visitó. A partir de ese día ella se sintió seducida por esa propuesta. Deseaba saber más, deseaba recuperar la verdad que ni ella ni su hermana menor conocían, deseaba saber por qué el dios del fuego estaba tan determinado en destruir a la diosa del sol.
Para cuando la guerra inició, Maria ya creía en los ideales de aquel dios, o al menos, eso parecía.
…
…
-Vaya – se escuchó la voz burlona y altiva de la diosa de la música – así que este es su pequeño ejército – en el asiento destruido del sol, la diosa Finé miraba a la joven guerrera del sol instruyendo a los soldados.
-Finé… - cubriendo protectora a su pelinegra, Chris miraba desafiante a la recién llegada intrusa.
-¿Hmmm~? Me gusta tu mirada ardiente – le sonrió nuevamente con ese aire de superioridad – la primera vez que te vi, y la segunda… Dime, ¿por fin aceptarás mi propuesta para destruir a tu padre?
Era la primera vez que Miku veía a la diosa de la música, el nombre Finé era conocido por todos como un nombre maldito.
Aquella hermosa mujer, podía verse odio en sus ojos.
…
…
Era una mañana calurosa, las esferas de fuego en el cielo ardían con furia.
Afuera de la pequeña ciudad del sol estaban los ejércitos del sol y del fuego. La noche anterior un mensaje llegó en forma de pergamino dorado a manos de la joven diosa del sol.
Miku había recibido una declaración de guerra firmada por el dios del sol y aceptada por todos los miembros del consejo, según lo que leyó Chris.
Por todos, no entendía.
-Dios Adam, por favor, podemos solucionar esto si logramos entendernos- Miku estaba de pie, frente a ella Chris y Hibiki estaban a la defensiva. En la plataforma más alta de la entrada al templo del sol, las dos guerreras, portando sus armaduras, daban indicaciones a sus tropas.
-Kh… - cubrió su cara - csss… ajajajaja~- Adam quitó la mano de su cara - ¿Es que tú tampoco lo recuerdas? –, miró con falsa lástima a la diosa del sol – Es mi venganza – Adam hizo un movimiento afirmativo con la cabeza y en seguida sus generales dieron la señal para que sus tropas iniciaran el ataque.
La gran esfera solar oculta bajo el templo del fuego empezó a resonar, era como un latido, en su centro algo se empezó a mover, al igual que la pequeña roca de color negro.
…
…
En una dimensión llena de oscuridad alguien llora cubriéndose la cara, el latido de un corazón es el único ruido en ese lugar, ese latido es su único consuelo, es lo único que la separa de la desesperación y la locura, es lo que por miles de años la ha mantenido durmiendo… Y ahora mismo ese latido la hace despertar.
-Tú debes ser Hibiki, ¿verdad?- unos brazos cálidos como el sol la rodean y esa voz le provoca llorar, no la puede ver pero su suave voz la relaja para hacerla dormir una vez más.
…
…
-¡MIKUUUUUU!- la guerrera mira a su diosa desaparecer siendo devorada por el ardiente fuego - ¡MIIIKUUUUUUUUUUU! – la joven de cabello naranja despierta agitada, bañada en sudor, cubierta en llamas en medio de una ciudad incendiada.
-Ah, creí que nunca volverías a despertar – una joven de largo cabello azul le sonreía aliviada de verla abrir los ojos. Esta joven está herida en muchas partes del cuerpo, su boca sangra y su traje de combate está demasiado destruido.
-¡Dije que no necesitaba tu ayuda!- se levanta y empuja a la peliazul.
-Tachibana, mira alrededor, ya no hay nada que salvar aquí – dichas estas palabras, la peliazul se pone de pie y empieza a desintegrarse.
-¡AAAH!- la joven pelinaranja abrió los ojos aterrada, su cuerpo tiritaba, estaba bañada en sudor y su reliquia en el cuello estaba rota. Se abrazó cerrando los ojos con fuerza – Miku… - dijo en un hilo de voz mientras el llanto la invadía.
…
…
-Está bien, todo está bien, ¿ves? solo fue un rasguño- jajaja, Hi~bi~ki, tú eres mi sol- un hombre de cabello naranja abrazaba amorosamente a la pequeña bebé – mi pequeño rayo de sol- y la colocaba en un altar – te amo.
Continuará…
x-x-x-x-x-x-x-x-x-x
~(-w-)~ Yey
Dodger el perro: Y dolerá más ;-;
Próximo capítulo:
¿Podrán Woody y tiro al blanco cruzar el gran cañón a tiempo? :v
¬w¬/ Saludos!
Autor del mal.
