Capitulo 13: Las revelaciones continúan.

Nota: Ningún personaje me pertenece.

Nota dos: ME VI EN LA NECESIDAD DE REEDITAR EL CAPÍTULO ANTERIOR Y VOLVERLO A SUBIR, ES NECESARIO VOLVERLO A LEER ANTES DE ÉSTE. Ahora sí, a leer.

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Contar mi historia nunca a sido una tarea sencilla, tampoco es algo que me agrade hacer, sin embargo, algo en mí me obligó a decirle todo lo que necesitaba soltar a Tikki.

Recordar todo aquello aún con la corta edad de tres años, cuando las bombas explotaron, es más una maldición que una bendición, pero aún así me obligaba a mi misma a sonreír cada día y es que en algún momento Ladybug tendría quien la detuviese, ¿no?

Así que ésta soy yo, Bridgette Sin Apellido, no conocer a mi familia, mi origen, quien soy es una pesadilla cada día, y ahora tendida en la pequeña cama de los dormitorios pertenecientes al centro Europeo, no puedo evitar reflexionar sobre ello.

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? eso es lo que me pregunto cada día antes de dormir, lo que atormenta mis sueños más que la posibilidad de morir tan jóven.

-Toc, toc- escuché a modo de toque en la puerta, muy suave pero de alguna manera ruidoso, sonreí inevitablemente al reconocer ese sonido.

-¡Pase!- anuncié tratando de ocultar mis ansias, fallando lamentablemente.

Una melena rubia acompañada de unos ojos azul grisáceo se dejaron ver ante mi. Félix se hizo paso en el pequeño dormitorio y se acercó lo suficiente como para sentarse a mi lado en la cama, en todo momento lo observé sin cesar.

Es un hombre realmente hermoso, pensamiento que me lleva a sentir de nuevo esa corriente eléctrica que tengo cada que él está cerca... algo entre nosotros más que una amistad es imposible puesto que, técnicamente, yo debería de jugar muñecas en lugar de pensar o sentir amor.

Debería, de ser un mundo normal.

-¿Cómo te sientes hoy?- preguntó en un tono neutro, sonreí aún más notando destellos de preocupación cruzar su mirada.

-Me duele un poco- me quejé, sabiendo que así él tocaría mi hombro a modo de consolación.

Y así fue, sus dedos rozaron la piel expuesta de mi brazo hasta llegar a poco antes de mi cuello, mi cuerpo se escalofrió notablemente ante el tacto.

Cerré mis ojos para disfrutar de los suaves círculos que hacía sobre mí y también para dejar de observar esa mirada de cariño que expresaba tanto. Me siento culpable, entregar el Efeish que Félix me dio a guardar para utilizar en caso de emergencia a la Rebeldía fue una decisión correcta, no sé qué es lo que oculta allí pero sea lo que sea es importante, eso es seguro. Sin embargo, lo que me atormenta es pensar que he defraudado la confianza de Félix.

Abrí mis ojos de nuevo al sentir como el contacto con sus dedos desaparecían y lo ví de pie frente a mi. Se marcharía, lo sé.

-Debo irme- anunció lo que para mí era obvio. Asentí a sus palabras mientras volvía a sonreír para tranquilizar le, pues sabía muy bien su preocupación oculta.

-Estaré bien- le aseguré, a lo que él respondió inclinándose sobre mí para depositar un beso en mi frente.

Me impulsé sólo un poco hacia adelante, mis labios por un segundo rozaron los suyos y supe que fue un error al sentir el brusco rechazo.

Me miró con ojos desorbitados y, para mi sorpresa, simplemente se marchó de la habitación.

¡Tonta! Eso soy... estamos en medio de una guerra de poderes, millones de personas mueren a diario y yo solamente puedo pensar en el estúpido cosquilleo que me provocaron sus labios.

Sus dulces labios.

¡Tonta!

Llevé mis manos hasta cubrirme el rostro y bufar a lo alto de la frustración. Sé que Félix jamás me aceptará, su opinión sobre mí es tan parecida a la que tiene un hermano sobre su hermanita pequeña que debe proteger, que me enferma. Además, el rubio había aceptado frente a mi un par de veces que su atención la tiene capturada la Reina.

La Reina. Esa mujer que parecía no tener piedad de alguna forma había logrado obtener el corazón de ese hombre tan frío por fuera y cálido por dentro. Pensar en ello hace que un escalofrío remueva mi cuerpo.

Ladybug es mi jefa directa y realmente no puedo saber más allá de lo que Félix a musitado en raras ocasiones, habla acerca de lo determinada y directa que es como si fuese algo bueno. ¡Já! Algo bueno claro... cómo si hubiese algo bueno en esa mujer.

Pensar en Félix, en mi imprudencia y en sus labios me hace desviar mi mente a La Reina inevitablemente, ella es la causante de que yo tan si quiera esté sintiendo algo que no sea deseos de jugar a las muñecas.

Siento dolor fisico porque los años aumentan en mi cada día de forma demasiado apresurada, tener veinte años físicos portando sólo siete no es agradable, y Ladybug es la única culpable.

La única culpable.

Reposo mi rostro contra la almohada y dejo que las lágrimas fluyan con libertad, como casi todas las noches, y evoco recuerdos que deberían ser enterrados ya.

Allí estaba, con tres años de edad corriendo por todo el jardín, no estoy demasiado segura pero sé que era un orfanato o quizá una casilla para niños abandonados, Miguel, el científico encargado de mi cuidado, había mencionado algo una vez de un tal seguro del gobierno para niños cuyas madres no pueden tener. Y yo odio poder recordar eso, poder recordar a otros niños allí hablando y jugando cuando, sin previo aviso, se escuchó un estruendo.

'Quédate allí' me habían ordenado, recuerdo el disturbio, los gritos, el llanto.

Y luego todo se hace borroso, ni siquiera yo soy consciente de cómo llegué a brazos de Miguel, él sólo repetía mi inminente muerte, sobre lo joven que yo era, había una mujer que soy capaz de evocar muy bien en mi memoria, era alta, con un hermoso y largo cabello rubio, expresivos ojos verdes al igual que los de su hijo, quien se encontraba con ella.

Esa mujer cargaba una inyección que colocó en mi después de que Miguel haya examinado el líquido dentro. Todo se hizo borroso después de eso.

Cuando desperté Miguel me miraba con sorpresa y la bonita mujer se había marchado, escuchaba los gritos fuera de la habitación, cualquiera que fuere, en la que me encontraba, el llanto, el horror de lo que afuera se susetaba.

Alguna veces, cuando no puedo dormir y los recuerdos me atormentan, prefiero estar muerta, después de todo, la medicina no me permite olvidar y es algo que a larga me matará, entonces ¿por qué seguir viviendo?

¿Quien soy? es lo que me pregunto... Miguel se quedó conmigo después de "sanarme" y fue lo único que tuve en tres largos años, en los que mi crecimiento en lugar de detenerse avanzó alarmantemente.

Luego Miguel falleció, lo que me reveló el hecho de que él era un paciente más de las curas alternativas a las nefastas explosiones. Siento las lágrimas aumentar conforme la imagen de Miguel van y vienen por toda mi mente sin cesar. Otra razón por la que entregué el Efeish a Rebeldía.

El siguiente año fue cuando salí de la habitación donde Miguel me había resguardado y Félix me encontró, llevándome de inmediato con él por una razón que aún es desconocida para mí. Ladybug aquel día en el que él me presentó ante las tropas, ni siquiera volteó a verme.

Fue mejor así.

Pasé el dorso de mi mano por mi rostro para detener el llanto y suspiré con intención de calmarme, cerré los ojos una vez más y traté de evocar un recuerdo diferente.

Mi madre.

Es demasiado distante para definir sus rasgos, pero, si me esfuerzo, aún puedo recordar sus brillantes ojos azules mirarme con amor. Sólo con amor.

Miguel había mencionado un día distante que ese recuerdo se debía a las consecuencias de la medicina aún en mi sistema, que agudiza mis sentidos.

Ese pequeño recuerdo de mi madre es lo único que me mantiene en pie. Sus hermosos ojos que un día voy a volver a ver.

Una alerta me hizo regresar al hoy. Toda la habitación en rojo y una alarma en la sala me hizo suspirar con cansancio. Ésto sólo nos daba aviso a una junta en la Sala Mayor con Ladybug, a través de una pantalla, claro.

Aquí voy...

Los murmullos se oían en todo el gran cuarto, soldados del Ejército LB imponentes en la puerta, miembros de la Base Europea con sus uniformes de un azul un poco más claro que el de los soldados y Félix, quien se mantenía a la cabeza muy cerca de la gran pantalla con la que nos comunicaríamos con La Reina y yo a su lado.

Él ni siquiera me había volteado a ver y no fue necesario un verdadero rechazo por su parte porqué en cuánto la pantalla proyectó la imagen de Ladybug, sus ojos brillaron con intensidad mal disimulada.

-Consejo- asintió a modo de saludo la azabache, ser la segunda al mando en éste lugar me deja en una posición cerca y lejos a la vez de la dictadora más grande que el mundo haya conocido.

Apreté mis labios para evitar decir al algo cuando escuché al rubio contestar el saludo con un 'My Lady', él de verdad no se esfuerza nada en ocultar su extraña obsesión con la Reina, ella, por el contrario, pareciera que se esforzara en ocultar sus aventuras, si me lo preguntan ella es una tonta.

Su voz borró mis pensamientos -La Rebeldía cayó- fueron sus palabras.

El corazón lo sentí pesado y mi labio inferior tembló, observé de soslayo a Félix y él se mantenía inexpresivo, el resto de la sala en silencio... yo por otro lado no sé que sentir y trato de no demostrarlo físicamente.

"La Rebeldía cayó" era todo lo que mi mente repetía una y otra vez, como si la voz de La Reina me torturase con un mantra.

-¿Cómo es que...?- giré ligeramente mi rostro ante la alta voz entre el tumulto.

Era Mía. Ella es una castaña y linda mujer que me odia y odia cada decisión que tomo, pero debo admitir que es determinada, valiente, tal como lo ha demostrado ahora.

-Les he atrapado a las afueras de París, con el Maestro Fu- se apresuró Ladybug a anunciar con voz firme e inexpresiva. Supe entonces que no sólo estaría pasando comunicado con nosotros sino también con el resto de las bases distribuidas por el mundo, ésto explica que su cabello luzca suelto y lleve sobre su piel ropa distinta al uniforme, un vestido para ser específica, aunque esa máscara a medio rostro continuaba allí, como siempre era.

No podía saber porqué pero mirar sus ojos azules brillantes me hacía evocar la reminencia de mi madre o, al menos, lo que podía recordar de ella.

Un escalofrío escaló mi espina dorsal al pensar en ello. Debo dejar de divagar tanto, me hace daño.

-Tengo la última joya- anunció finalmente, la frialdad filtrándose en su voz, sutil pero letal, tal como la describían.

Tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para no derramar lágrimas ante lo dicho. La Rebeldía cayó, el Maestro fue encarcelado y ella tiene la última joya.

¿Es que el bien no triunfará sobre éste gran mal, nunca?

Aparentemente alguien de la llamada compartida hizo una acotación, porque Ladybug asintió mirando fijamente hacia su izquierda.

-Así es- afirmó la aparente pregunta -Tendré que ausentarme un par de días ahora que tengo la joya.

Oh, oh.

Ella iría a buscar a Chat Noir. Al pasado, con la rebeldía en prisión y sin que nadie pudiese alarmar al líder.

-Felix Franco quedará a cargo desde las Bases Europeas- ante el llamado el rubio a mi lado asintió con complacencia.

Sólo espero que alguien pueda avisarle a tiempo a Chat Noir. Es la última esperanza.

-La mereces- porque aún queda mucho que contarle.

Ella asintió en concuerdo.

-Dijiste que estoy lista, ¿por qué?- preguntó de inmediato, sus azules ojos impregnados de curiosidad contenida.

-De donde vengo.

-¿Dónde?- su interrogante me hizo rectificar.

-De cuando vengo- aclaré -Porque en mi tiempo alternativo yo tenía diecisiete años cuando en las noticias apareció una figura anónima, tomando terreno por terreno con un poder inimaginable- comencé -Era una Resshar decían todos, alguien más que había roto con los códigos de la Orden de los Kwamis, una corrupta-

Repasar esas imágenes y recuerdos en mi cabeza era doloroso, pero necesario, sé que Marinette se está haciendo las suficientes preguntas como para no interrumpir mi historia y no puedo postergar lo inevitable.

-Pero ella tenía algo que otro Resshar jamás soñó, una gema del destino- señalé dicha joya en sus manos -Y el libro del conocimiento, que solo pueden leer y descifrar los guardianes.

-Pero yo...- interrumpió mi pequeña, mirando en mi dirección llena de atormentada confusión. La callé con una negación, permitiéndome así continuar.

-Supongo que al no ser una elegida por el bien ella no pudo descifrar jamás el libro, aún así eso no la detuvo- tuve la necesidad de dejarme caer en el suelo, junto a mi princesa antes de continuar -Poco a poco fue adquiriendo más poder y, cuando quisimos reaccionar Europa era de ella.

-¿Nadie intentó detenerla?- Marinette se esfuerza en comprender lo que le digo, eso puedo identificarlo en su voz.

-Vaya que si se intentó princesa- sonreí ligeramente más por costumbre con ella que por alegría -Pero Ladybug, cómo se hacía llamar, era apoyada por grandes tropas, cada quien con la ambición del poder de su parte, reclutó en contra de su voluntad a muchos jóvenes fuertes para tomarlos de soldados y con ellos, sumado a las bombas frías, logró detener las protestas y guerras en su contra.

Hice una pausa para respirar profundo antes de continuar, la azabache parecía perturbada e interesada en igual partes -Surgieron enfermedades y otras tantas consecuencias, ¿Sabes? mi madre estuvo allí, batallando para hallar las curas alternativas y evitar que las pandemias se extendieran- conté con melancolía.

El último recuerdo que conservaba de mi madre fue en esas salas médicas, trabajando arduo por personas que ni siquiera Marinette tomó mi mano entre sus delicados dedos y apretó en consuelo. Besé su dorso como ya es costumbre y me dispuse a continuar.

-Luego ella falleció y yo al poco tiempo me uní secretamente a la Rebeldía, un pequeño grupo de personas dispuestas a afrontar a Ladybug, pero ella se hacia fuerte y nosotros éramos pocos, ahí fue donde Adrien Agreste se convirtió en Chat Noir.

El rostro de mi princesa se distorsionó en reconocimiento ante la mención de mi propio nombre.

-Él ángel de Paris- la escuché murmurar con sorpresa. Sonreí por el apodo que hace mucho tiempo había adoptado gracias al modelaje, cuando el mundo era inocente y hermoso.

-Sí, pero no te sientas mal, no lo habrías adivinado nunca aunque fuese la cosa más obvia del mundo- intenté bromear, sonriendo un poco más suelto.

-¿Por qué?

-Magia- respondí simple -Plagg, el Resshar de la destrucción, me cedió su poder antes de afrontar a Ladybug sabiendo el peligro que enfrentaría y yo me convertí en su líder- ella continuaba con sus ojos fijos en los míos -Y entonces al ver a Plagg capturado junto a mi mejor amigo tomé mi desición, debía hacer algo para recuperar las vidas perdidas- inspiré aire antes de continuar -Y decidí viajar al pasado con la ayuda del Maestro Fu, a... a asesinar a Ladybug.

Marinette llevó ambas manos a su boca, en una expresión de sorpresa. Me puse en pie de inmediato y, en un acto de frustración, agité mi cabello mientras camiba.

-Y-yo la odiaba, ella me arrebató todo, y creí que era la única forma de detenerla, yo...- divagué murmurando. No quería que ella me viese como un mounstro -Y-y luego me enamoré aquí de la versión más dulce de ella, de su verdadera identidad y...

-¡¿De qué hablas?!- gritó histérica Marinette al no comprender, supongo yo, mi parloteo sin parar.

-Ladybug eres tú- dije al fin, sin poder contenerme ya.

Ella quedó sin expresión y no tengo puta idea de qué pasa por su mente.

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-Ladybug eres tú- prácticamente gritó en mi rostro, sus ojos mostrando temor.

Debo admitir que me costó más de un minuto procesar todo en mi cerebro.

-¿Y-yo?- fue lo único que pude articular. Él asintió con lentitud.

Sentí la gran necesidad de llevar mi mano hasta tocar mi frente y limpiar el sudor frío que la perlaba. Aquella era una noticia muy, DEMASIADO fuerte para procesar.

¿Yo? ¿Asesina? ¿Dictadora? ¿Odiada?

-¿Cómo es que...?- intenté indagar, de verdad trataba de comprender pero esto es loco y extrañamente familiar al mismo tiempo.

Una parte de mi quería creerle parecía sincero, y más que su sinceridad había un sentimiento de pena instalado en mí, como si lo dicho me trajese emociones de algo que no siquiera he podido vivir.

Otra parte quería gritarle, salir huyendo y olvidar todo ésto. Porque en serio el hombre parece un maníaco.

-¿Cómo es que me llegaré a convertir en... eso?- finalmente pude formular.

Chat pareció inundado por la tristeza -Hasta la persona más dulce puede cambiar su escencia si le rompen tantas veces el corazón- dijo.

Se encaminó lentamente hacia mi, escuché sus pasos y ví su rostro cerca. Retrocedí por instinto.

-No te asustes- susurró -Por favor cree en mi, no te lastimaré- aseguró.

Sus verdes y hermosos ojos gritándome en súplica lo que sus palabras me indicaban. Sentí su mano enguantada tocar mi rostro sutilmente, como si temiese asustarme. Entre abrí mis labios y dejé escapar un jadeo, cosa que llamó su atención de inmediato, concentrándose en mi boca.

-Estoy asustada- musité una verdad.

-No te lastimaré- repitió, como una mantra dulce y segura.

-Tengo miedo por mi- aclaré -Temo de lo que seré capaz.

Su mirada mostró la sorpresa que evitó expresar en palabras, luego de unos segundos, habló.

-No puedo decirte para qué estás lista, ese no es mi deber- dejó escapar en un susurro, sentía su aliento amentolado chocar con el mío -Pero, no importa si pude o no ser tu guardián, no importa si no pude protegerte, aunque eso me desgarraría- pausó -Lo único que importa es tu decisión y estoy seguro de que tomarás la correcta.

-¿Cómo puedes confiar en mí?- pregunté y sólo entonces noté las lágrimas rodar por mis mejillas con suavidad.

Rastro que él se encargó de limpiar casi de inmediato.

-Confío en que conocerás tú verdadero destino- fue lo único dicho -Confío en haberme enamorado de la verdadera versión de ti-

-¿Tu qué...?- pero sus labios interrumpieron mis palabras.

De un segundo a otro había acortado la distancia y estaba besándome. Era dulce y tierno, contrario a su imagen sensual y ruda.

Correspondí inevitablemente a sí atención. Su exquisita atención.

Y por un momento olvidé todo.

Enredé mis manos entre sus cabellos rubios y halé delicadamente mientras él pasaba su lengua inquieta por el borde de mi labio inferior, solicitando un permiso que sin dudar accedí. Saqueó mi boca en cuanto tuvo oportunidad y aferró sus masculinas y fuertes manos a mi cintura.

Su cuerpo se ciñó al mío a la perfección, como si así debiese suceder.

Sus labios se movían con maestría, y me encantó. Su lengua saqueando, probando, degustando todo a su paso en un baile dulce y apasionado al mismo tiempo. Un jadeo brotó del fondo de mi garganta y abandoné su boca por un segundo para tomar aire sintiéndome abrumada.

-Gatito- gemí, sorprendiéndome incluso a mi misma mientras él depositaba suaves besos en mi cuello, marcando un camino al que accedí haciendo hasta atrás mi cabeza. Luego volvió a mi boca, justo en dónde lo quería.

¡Oh! el segundo beso fue aún mejor que el primero.

¿Es posible morir de placer? Porque siento que éste hombre va a matarme.

Su lengua, dientes y succiones en mi boca me hacen desfallecer y casi puedo asegurar que estoy en el cielo solo por ese cosquilleo que se extiende desde mis mejillas hasta mi vientre y sigue bajando, hasta instalarse mucho más íntimamente. Suspiro entre el beso por el éxtasis que siento.

Y, luego de lo que me pareció muy poco, se separó de mi, descorcentándome.

-Y-yo- intentó decir, negué repetidas veces sin dejarlo continuar.

-Después continúas con tu misión, después- aseguré sólo para un segundo más tarde volver a unir mis labios a los suyos.

Debía aprovechar, ¿no?

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Nota: Al fin regresé. Pido disculpas por la tardanza pero, para los que no lo saben, inicié y tengo en proceso otra historia: El mejor amigo de mi crush, (al que no lo haya leído le invito a pasar a mi perfil a leer, no se arrepentirán). Escribir dos historias al mismo tiempo es algo que nunca planeé hacer, peeero me ganó la emoción xD.

Por favor tengánme paciencia. Tardarán un poco los capítulos (por la fiebre de mi otro fic) pero llegarán, eso seguro.

Ya sólo faltan dos capítulos para terminar y el próximo será más largo.

¿Comentarios? Los espero...

Los quiere FanNeurtex.