Disclaimer: Los Simpson no me pertenece, es propiedad de Matt Groening.
Summary: Una secuencia de eventos desafortunados hacen que Moe pierda la tarjeta que hizo para Smithers, ¿la recuperará?
N/A: Como aclaración, este fic en concreto será un two-shot, es decir, tendrá continuación en el capítulo siguiente.
Afortunado
Moe terminó de escribir los últimos parrafos en esa tarjeta. No decía mucho, pero era más que un simple "Feliz Navidad". Era más bien un gracias por todo y los sinceros deseos de que todo saliera a favor del destinatario. Es cierto que Moe no sabía muchas cosas del señor Smithers más allá de sus preferencias, su puesto de trabajo, su gran amor, sus pasatiempos, su cumpleaños... bueno, había que aceptar que sí conocía más que su propio jefe con el que ha trabajado una buena fracción de su vida.
En realidad no tenía mucho mérito conocer a Waylon, parecía reservado, y lo era en muchos casos, pero no tenía problemas en hablar de sus asuntos siempre que se le preguntaba. Solo había que darle el lugar y Moe era bueno escuchando los problemas de sus clientes, siempre que compraran al menos una cerveza.
Aunque Smithers podía ser la excepción a esa regla. Al cantinero le interesaba él más que el dinero. Claro, nunca lo diría, no era tan idiota –o tan valiente–, mejor les dejaba creer a todos que aún amaba a la esposa de Homero.
Fuera como fuera, Smithers era importante para Moe y no podía no hacerle una tarjeta navideña. Por los buenos tiempos, de cuando fueron socios. Sí, esa sería su excusa que había repasado incesante en su mente.
Cuando comprobó la hora, pensó que sería un buen momento para ir a entregársela. Conocía su dirección, la mencionó una vez que lo acompañó a tomar un taxi, después de haber bebido de más en la taberna.
Así que condució hasta allí sin mucha dificultad, además no era muy lejos. Se sorprendió al ver que el edificio era deplorable, siendo solo un poco más decente que el propio. No entendía como Smithers podía aspirar a un salario que solo le permitiera vivir en ese lugar considerando lo mucho que trabajaba. Decidió no darle más vueltas y entrar.
Un conserje de avanzada edad lo recibió. Moe le preguntó por Waylon y él solo le contestó que hizo sus maletas y se marchó. También agregó que no tenía pinta de regresar, antes de volver con tranquilidad al crucigrama que estaba haciendo.
Moe sintió un escozor en el pecho al escuchar esto. Se culpaba por no confesarle antes que desde aquel beso no podía sacarlo de su mente, aunque pretendiera que era indiferente al hecho. Ahora era, como muchas veces, muy tarde.
Cuando salió del edificio se sintió el hombre más desdichado del mundo y pensó que nada podía hacerlo peor. Pero ahí estaba el destino, siendo, para variar, su peor enemigo. La tarjeta que tenía en la manos le fue arrebatada por una ventisca que lo dejó helado.
Observó como escapaba hasta un árbol cercano y se enganchaba en una de las ramas más altas. Moe suspiró, sabía que no tenía caso, pero aún guardaba la esperanza de poder entregarle esa tarjeta algún día, así que zarandeó el tronco esperando lograr su aterrizaje. Solo provocó que una ardilla asustadiza saliera, escalando rauda hasta el lugar más alto, donde estaba la tarjeta. Quiso golpearse la cara cuando vio que el papel prendió a la cola del animal. Lo iba a maldecir cuando, sin aviso previo, llegó volando un halcón a la escena. Por su puesto, tomó a la ardilla entre sus afiladas garras sin parar su vuelo.
Tal vez fuera gracias a la ofuscación que le produjo la decepción de enterarse de lo de Smithers, pero sintió que debía recuperar esa tarjeta como sea. Se subió al auto y asomó su cabeza por la ventana para no perderla de vista mientras aceleraba. Su carrera no duró mucho porque la ardilla había logrado zafarse hasta caer en el techo de una casa. Vio como el animal se limpiaba con las patas, retirándose el papel, que terminó descendiendo hasta la entrada, donde dos hombres conversaban. Se trataban de ese director de segunda y el superintendente que lo seguía a todas partes.
En la calva del segundo aterrizó la tarjeta, ya húmeda. Lo escuchó gritar "Skinner" y luego decirle que era un bonito gesto aunque con una presentación desastroza, esperable del director, pero que aún así lo apreciaba y tenía su admiración. Skinner sonrió como nunca antes, parecía disfrutar el momento.
No duró mucho porque Moe se bajó y malhumorado reclamó su pertenencia. Seguramente la situación sería muy incómoda cuando se fuera, pero no le incumbía. Se subió al auto, dejó la tarjeta en la silla del copiloto, para tomar rumbo a casa. Por desgracia, en el camino se topó con un sujeto que casi choca su auto, hoy no era su día.
Bajó el vidrio para decirle unas cuantas verdades y la tarjeta salió despedida gracias al viento, una vez más. Afortunadamente, la humedad consiguió que volara menos. Terminó estrellándose en la cara de un pobre diablo. A Moe dejó de importarle el asunto del auto y terminó dejándolo abandonado en la calle para el disgusto de muchos, quienes empezaron a tocar sus bocinas furiosamente.
Fue una sorpresa bajar y ver que la persona que se había retirado la tarjeta, era Waylon Smithers. Moe curveó sus labios en una sonrisa emocionada. Poco pudo hacer para suprimir sus deseos de abrazarlo.
N/A: Como expliqué arriba, tiene continuación así que nos leemos en el próximo capítulo. Gracias por leer~
