Los Yuris planearon pasar juntos su primer san Valentín, decidieron que rentarían una casa en la playa por esa fecha que justamente caía en el día que tenían libre, se irían la noche anterior para aprovechar el tiempo. Decidieron que ninguno le regalaría nada material al otro, solo se preocuparían de pasarlo bien y darse todo el amor que pudieran. Bueno, decidieron no, más bien Yuuri decidió y el rubio aceptó a regañadientes aunque en el fondo si quería hacer eso.

Llegaron tarde en la noche y algo cansado, pero eso no impidió que Yuri tomara la iniciativa como lo había estado planeando, tal vez no tendrían sexo en sí, pero podrían hacer algo mas, como recorrer la piel de su novio por completo para irse acostumbrando despacio hasta que algún día sintiera la necesidad de ser tocado también.

Dejaron todo en la habitación donde dormirían y se fueron juntos a la cocina para preparar algo de comer, prepararían pizza. Se divirtieron jugando con la comida, manchando sus rostros mientras reían hasta que en un descuido Yuuri paso su mano con salsa de tomate por su cuello. Eso no paso desapercibido para el otro omega quien tuvo un impulso que quiso reprimir, pero al pensarlo mejor prefirió seguirlo. Se acercó a su novio, lo tomó de la cintura y lamió su cuello para limpiar la mancha, el azabache se quedó muy quieto mientras su respiración se aceleraba al igual que sus pulsaciones. Prefirió no moverse para no asustar a Yuri, como si fuese un gatito que a cualquier movimiento brusco pudiese escapar.

La salsa desapareció, pero aún quedaban restos en el rostro y manos del japonés, eso no podía quedar de ese modo así que tomó la mano de Yuuri y comenzó a lamer y chupar sus dedos causando que las piernas del otro temblaran. Yuuri miró a los ojos de su omega y solo pudo ver deseo en ellos, se atrevió a acariciar solamente la mejilla del rubio y este se dejó ya que era una caricia que habían compartido antes. Sin soltar la mano del azabache, Yuri se acercó y lamió la comisura de los labios del contrario para después besarlo lento y suave mientras poco a poco se atrevía a meter su lengua en la boca del japonés quien la aceptaba gustoso.

El ambiente olía dulce, ambos estaban muy excitados aunque el rubio no sabía hasta donde llegaría ahora que no era el otro quien le pedía más, al no estar en celo. En este instante no sentía la imperiosa necesidad de complacerlo, solo ganas de tocarlo y acercarse más simplemente porque quería.

Siguieron besándose y Yuri guió la mano de su novio a su propia cintura, se estremeció al sentir como Yuuri apretaba levemente esa zona, pero se convenció de que estaba bien, que era su pareja y que no quería hacerle daño. Por su parte el azabache solo presionó un poco, al sentir temblar a su pareja quiso quitar su mano, pero se abstuvo, no dejaría que el esfuerzo de Yuri fuera en vano. No movería su mano, pero la dejaría ahí, presionando de vez en cuando mientras se besaban.

Yuri de a poco comenzó a pasar sus brazos por alrededor del cuello del japonés, intentando dar otro paso el cual hizo que todo se fuera en picada. Yuuri poco a poco comenzó a perder el control con cada beso y cada caricia de su pareja, él también era un hombre por lo cual de repente tenía sus arrebatos debido a la excitación. Tomó al rubio de las caderas y lo arrinconó contra uno de los muebles de cocina, en ese momento Yuri cortó el beso un poco agitado, apoyando su frente en el hombro de su pareja y pidiéndole que se detuvieran ahí.

Lo siento —dijo el otro apenado, no había sido un movimiento muy brusco, pero el hecho de bajar sus manos hasta las caderas y apretarlas para atraparlo contra el mueble, hacía que los malos recuerdos vinieran al ruso. Yuuri lo abrazó esta vez a la altura de la espalda media para ayudarlo a calmarse.

Yuri acarició el cabello de su omega— no pasa nada —habló intentando regularizar su respiración, la acción del otro en cierto modo lo asustó, pero también le gustó, era una mezcla extraña que tal vez iría cambiando con el tiempo. Sabía que Yuuri nunca lo dañaría y por eso no lo alejó de golpe y solo le pidió que se detuvieran mientras se abrazaban.

Esa noche comieron y se acostaron juntos hablando de lo sucedido, prometieron esforzarse juntos para superar aquel trauma de Yuri, el japonés lo apoyaría y no lo apuraría ya que entendía que era un proceso largo y lento. Durmieron abrazados en distintas posiciones donde el rubio era quien mantenía el control de la situación para sentirse seguro, ellos superarían este obstáculo porque eran una pareja y sabían desde el principio que no sería fácil, pero habían aceptado el reto porque se amaban.

Feliz san Valentín —escuchó muy cerca de su oído lo cual lo hizo despertar.

Yuuri se había acercado a hablarle en la oreja, cuando abrió los ojos pudo ver una bandeja con el desayuno en el velador junto a la cama— feliz día —respondió incorporándose y provechando de dar un beso en los labios al azabache. Se sentía afortunado de tener a alguien que lo comprendiera aunque no se lo diría directamente, sabía que para estas alturas el japonés lo entendía aunque no dijera nada.

Ambos Yuris querían poder despertar siempre así, juntos.