Entre los pasillos oscuros de las celdas del ministerio, el más mínimo sonido era una explosión con eco que retumbaba en cada una de las paredes, como el incesante tic tac de un reloj antiguo en una enorme casa abandonada. Las fuertes pisadas de Harry sobre el suelo de piedra no eran la excepción. Eran estridentes e imponentes, cada paso que daba impregnaba la fuerza y la frustración de tres meses de buscar respuestas en dónde sólo había más misterios a los que darles solución, pero ese día, ese día si todo salía bien, encontraría la pieza faltante del caso.
Sujetando un bonche de papeles bajo el brazo y con varita en mano, bajó las escaleras que daban hacia las celdas de los sospechosos a los que debían interrogar. Pisos y paredes de piedra, únicamente alumbrados por algunas antorchas que le daban al lugar la apariencia de un calabozo medieval, huella de lo que probablemente aquellas celadas habían sido en el pasado, cuando la sociedad mágica había sido incluso, un poco más arcaica de lo que era en el presente.
Harry caminaba con la mirada al frente y con el rostro en alto, negándose a dejarle ver a cualquiera lo cansado que estaba, aunque las bolsas oscuras bajo sus ojos fueran una indicación. Postura recta, hombros bien cuadrados y hacia tras, pecho fuera y pies firmes levantando algo del polvo a cada paso. Era la viva imagen de un auror enfurecido, alguien que podía imponer verdadero respeto, no había más rastro del tranquilo y bondadoso Alfa que había sido casi toda su vida, en ese momento, era un mago poderoso que podía destrozarte si quisiera, tal cual había hecho con Voldemort. Sus ojos tan verdes e intensos como una maldición asesina.
Dobló en el recodo y finalmente divisó la celda que estaba buscando, James Potter y Sirius Black haciendo guardia frente a la puerta, manteniendo una charla en susurros demasiado bajos como para que Harry pudiera escuchar a esa distancia. Sus expresiones eran serias y profesionales, tanto que sería imposible para cualquiera reconocerlos cuando generalmente se la pasaban riendo y mostrando sonrisas enormes como los bromistas que habían sido toda su vida.
Toda la tensión acumulada a lo largo de esos días pareció aligerarse un poco de los hombros de Harry cuando se percató de que no tendría que recorrer todo ese camino completamente solo, que tendría el apoyo de su padre y su padrino. Ninguno de ellos le juzgaría si decidía jugar el papel del Auror malo para obtener toda la información posible.
Sirius y James guardaron silencio a su llegada.
—Dice que tiene información valiosa —anunció James.
—¿Dice?
—Quiere protección a cambio de información —agregó Sirius—. Insiste en que lo que tiene que decir podría ayudar a cerrar el caso.
Harry miró hacia la celda, donde el hombre de piel oscura se encontraba sentado al borde del único asiento de piedra. No parecía, por su expresión alerta, que pudiera escucharlos, así que el menor de los Potter supuso que había alrededor de la celda un encantamiento que le impedía escuchar o verlos siquiera. Harry, en cambio, podía verlo claramente, era la viva imagen de un hombre preocupado con la típica máscara de inferencia colocada para simularlo. Harry no sentía el mínimo de lástima. Sólo quería destrozarlo por haber tardado tanto tiempo en abrir la boca.
Pero tenía que ser paciente.
—¿Dijo algo más? —preguntó el moreno, analizando al hombre del otro lado de las rejas.
—Su abogado no lo permitió —respondió su padre—. Dice que sólo dirá lo que sabe si no hacemos ninguna pregunta, lo que me hace sospechar que está más involucrado de lo que pesábamos después del primer interrogatorio hace tres meses.
—No estamos seguros de aceptar su declaración —dijo Sirius—. Pide demasiadas cosas, como que no usemos ningún tipo de poción o encantamiento de la verdad. Podría simplemente mentirnos, llevarnos a una trampa.
Harry le dirigió una mirada penetrante a su padrino. Cierto era que su relación se había resquebrajado un poco, desde que Draco había aparecido en sus vidas, pero al igual que él y todos los aurores en el caso, Sirius había sido dedicado y profesional y había sido el hombre que más pistas había recolectado en esos tres meses. Tal vez una manera silenciosa de disculparse con Harry. No parecía que sus palabras fueran de mala fe, Harry mismo no estaba convencido de querer tomar una declaración en esas condiciones pero ¿qué más podía hacer? A situaciones desesperadas, soluciones desesperadas.
—Yo lo interrogaré —anunció y ninguno de los dos hombres mayores protestó—. Si lo que dice es verdad, entonces lo que tenga que decir coincidirá con algunas de nuestras pistas. ¿Podrían llevarlo a la sala de interrogatorios? Iré allí en unos minutos.
—¿A dónde vas? —preguntó su padrino—. Creí que querrías interrogarlo de inmediato.
Harry sonrió amargamente.
—A buscar a Hermione.
Harry volvió sobre sus pasos sin esperar una respuesta. Sabía que lo que estaba por hacer estaba completamente prohibido y que, probablemente, Hermione se negaría a ayudarlo, como cada que se trataba de hacer algo fuera de la ley o de las reglas. Harry no olvidaba como había sido durante su estancia en el colegio, cuando él había querido escabullirse a un duelo de media noche contra Malfoy y ella se había quedado hasta tarde en la sala común de Gryffindor, sólo esperando a que apareciera para darle un sermón sobre que estaba prohibido estar fuera de la torre después del toque de queda y que el uso de magia sin supervisión estaba tan penado como escaparse de la cama a esas horas. Con el tiempo Hermione se había vuelto más rebelde y comprensiva, con dos amigos como él y Ron cualquiera hubiera terminado contagiándose, pero ese asunto era especial, ambos podían incluso perder sus trabajos.
Pero Harry tenía que convencerla. La declaración de Blaise Zabini, o lo que fuese que tuviera por decir, podría ser la llave que lo llevaría hasta Draco y a atrapar al bastardo que egoístamente se lo había llevado, a confirmar las sospechas de Harry sobre quién era el culpable, a tener las pruebas necesarias para atraparlo y a acabar con él con sus propias manos. Sólo faltaba un testigo, sólo uno y finalmente podría ir contra él sin ser acusado de dejarse llevar por sus sentimientos egoístas y sus instintos Alfa, como sus familiares y amigos lo habían acusado.
Cuando el elevador abrió sus puertas él simplemente se adentró y presionó el botón que lo llevaría al Departamento de Misterios, donde trabajaban los inefables.
Si mal no recordaba, Hermione debía estar en su oficina a esa hora, trabajando en un caso desconocido, como siempre. Harry sabía que no se le permitiría la entrada al departamento en sí, pero podía simplemente pedir que la buscaran y hablar con ella en uno de los pasillos más alejados, incluso tal vez tendría que jugar la carta de la lástima y de los mejores amigos y si eso no funcionaba, tal vez entonces tendría que hablar con cualquier otro inefable que fuese fácil de sobornar. Invertiría hasta el último centavo si eso significaba tener a su Omega de regreso.
La puerta se abrió una vez más y sin ceremonias, Harry bajó del elevador.
Caminó a lo largo del pasillo completamente desierto, todos los inefables debían estar dentro del departamento porque no había señales de vida por los pasillos. O al menos al principio. Conforme más avanzaba, Harry se percató de un extraño sonido al fondo del corredor, más allá de la puerta que daba al departamento de misterios.
—¿Lo sabes no es así? —preguntó una voz que Harry conocía pero que no le era tan familiar.
—No sé de lo que me estás hablando.
Harry, quien había detenido sus pasos, identificó rápidamente la voz de Hermione. Se escuchaba agitada y algo perdida. No como si la estuvieran atacado, más bien como si estuviera tan confundida que no supiese cómo reaccionar.
Entonces las olió, eran feromonas Alfa.
El Alfa en su interior entró en conflicto, aquellas feromonas no estaban diseñadas para atraerle a él, sino para ahuyentarlo, pero sin duda, estaban buscando seducir a alguien más, y si el olfato no le fallaba, se trataba de otro Alfa. Harry se debatió entre acercarse y develar el misterio sin más, deseando, por el bien de Ron, que Hermione no estuviera reaccionando a aquellas feromonas. Por supuesto, esperarlo era engañarse a sí mismo, Harry podía oler el ambiente que era agitado, ardiente y salvaje y pensar que en cualquier momento todo explotaría le hacía sentir avergonzado, después de todo, como siempre lo había dicho, Hermione era como de su familia.
Una parte de él, seguramente la que el sombrero había visto y por la que casi lo ponen en Slytherin, por poco lo obliga a desatenderse del asunto y a salir de allí como si no hubiera escuchado u olido nada, principalmente para no sentir culpa por no contarle a Ron lo que no había presenciado. Pero otra parte, la que generalmente dominaba todas sus acciones, le dijo que interviniera y detuviera cualquier cosa que hiciera que Hermione se arrepintiera después. No que Hermione no fuera la persona más sensata del universo, pero Harry sabía lo que era ser víctima de alguien que quería engatusarte con feromonas y apenas poder resistirte.
—¡Deja de mentirme! —exigió la voz conocida pero aún sin rostro—. ¡Sé que puedes sentirlo también!
—Baja la voz —exigió Granger con un susurro peligroso—. Estamos en el maldito trabajo, Pansy.
Pansy. Harry parpadeó algo desconcertado. Pansy Parkinson.
—Por favor, Hermione, estoy muriéndome sin ti, ya no lo soporto más. —Y por la forma en que lo dijo, Harry supo que hablaba en serio.
—Sabes que estoy comprometida. Y-yo amo a Ron.
Un breve y profundo silencio se instaló en el pasillo y Harry no pudo evitar agachar la mirada. Aquella había sido la única vez que había escuchado a su mejor amiga decir que amaba a Ron sin sonar convencida del todo, pero no entendía qué la había hecho dudar de esa manera, después de tantos años junto a Ron. Entonces Harry se percató de algo: las feromonas de Parkinson eran exactamente las mismas feromonas que en ocasiones había olido en su amiga y de las que Ron mismo se había percatado.
Antes de que Harry pudiera sacar sus propias conclusiones, Hermione habló:
—Lo lamento, Pansy, de verdad lo lamento. —Y lo hacía, sonaba tan genuina su disculpa que el mismo Harry sintió su corazón partirse.
Un silencio más y Harry decidió que era hora de marcharse, la situación era mucho más complicada de lo que había pensado en un principio y no estaba seguro de querer preguntarle a Hermione sobre algo que ella no le había contado por iniciativa propia, tendría sus razones, siempre las tenía.
Dio media vuelta, intentando retirarse lo más sigilosamente posible y fingir que no había presenciado nada. Sabía que ver a Ron a la cara y no contarle le iba a costar la mitad de la vida, pero en realidad no habían pistas de que Hermione le hubiera sido infiel y de todas formas estaba entre la espada y la pared; ambos eran sus mejores amigos, a ambos los amaba por igual y no se sentía capaz de traicionar ninguno. Ellos tendrían que arreglar sus problemas por su cuenta, pero si la conversación que acababa de escuchar era una pista, Hermione no le había dado a Parkinson la oportunidad de ir más allá y el problema no se haría más grande. O eso era lo que Harry esperaba, no quería tener que tomar ningún bando.
—¿Harry? —preguntó la voz de Hermione a sus espaldas, mientras Harry esperaba el elevador—. Tú... ¿qué haces aquí?
—Vine a verte pero los inefables, como siempre, me negaron la entrada y no me dieron razón de ti —mintió, esperando que ella no hubiera visto a través de su mentira tan fácilmente, como siempre lo hacía.
Ella no respondió y Harry tampoco estaba seguro de que hubiera escuchado una palabra de lo que había dicho, lucía distraída, pensativa, pero sobre todo, realmente triste. Con sus ojos avellana miraba intensamente el metal de la puerta cerrada del ascensor, como si tratara de dar solución dentro de su cabeza al problema más grande al que se hubiera enfrentado nunca y Hermione había resuelto muchos de los problemas y misterios más grandes del mundo desde los doce años, cuando ayudó con el asunto de la Cámara de los Secretos.
—¿Necesitabas algo? —le preguntó saliendo de sus pensamientos, justo cuando Harry creyó que no respondería.
—De hecho necesito un favor.
Esta vez Hermione le miró y si Harry no la hubiera conocido de toda una vida, no hubiera podido notar el sufrimiento que reflejaban sus ojos y pensar en cuánto detestaba verla así.
—Sabes que si puedo ayudar, lo haré. ¿Es sobre Malfoy?
—Sí, en parte —respondió el auror tratando de ignorar el hecho de que mejor amiga parecía al borde del colapso emocional, al menos ante sus ojos—. Blaise Zabini ha venido hoy asegurando que tiene información sobre Draco pero dice que sólo hablará bajo términos que nos impiden saber si dice la verdad o no y yo pensé que...
—Que yo podría usar algunos de mis trucos de inefable para saber si lo que dice es cierto sin que él se dé cuenta —Harry asintió sin mostrar una pizca de vergüenza. Su prioridad, encontrar a Draco a cualquier precio—. Sabes que no puedo hacerlo, Harry.
—Por favor Hermione. Te lo ruego. Esta podría ser la pista que hace falta para atrapar a Krum.
—¿De nuevo con eso? —Hermione suspiró—. No tienes pruebas Harry y sinceramente, creo que te estás dejando llevar por el Alfa; estás celoso, aterrado de que cuando Draco vuelva lo elija a él y no a ti, pero esa no es razón para buscar pudrirlo en Azkaban y lo sabes.
—Tengo algunas pruebas... —dijo en un murmullo, pero la verdad era que no tenía casi nada.
—No, Harry no las tienes y tienes que sacarte eso de la cabeza. Si planeas pelear con Krum, debe ser un juego limpio.
Harry agachó la mirada, el elevador llegó y la puerta se quedó abierta pero ninguno de los dos subió. El Alfa se sentía avergonzado, probablemente se estaba dejando llevar demasiado por su rivalidad con Viktor quién en todo el tiempo que llevaba en la vida de Draco, no sólo había convencido al Omega para que siguieran saliendo a citas, cuando el Omega ya había rechazado a muchos otros Alfa, sino que además, se había ganado la confianza y el cariño de su familia, invirtiendo todo lo que tenía para encontrar a Draco, apoyando a los Malfoy moralmente e incluso haciéndose cargo de algunos asuntos de la desaparición cuando parecía que los padres de Draco estaban demasiado desgastados para hacerlo.
Harry sabía que iba muy atrás en la carrera para obtener a ese Omega y parte de él sólo buscaba deshacerse de Krum de manera fácil. Pero Harry siempre se había jactado de tener un instinto impecable y cada que veía a Viktor no podía evitar sentir que algo malo ocurría con él. Aunque probablemente también era parte su paranoia.
—¿Vas a ayudarme o no? —le preguntó desviando el tema. Hermione frunció la boca, como si de verdad quisiera hacerlo pero su sentido de la moral no la dejara—. Sé que tienes métodos para saber si está diciendo la verdad, no me importa que no me digas que hiciste, sólo necesito que corrobores la información, podríamos ayudar a Draco sin tan sólo tú...
—Yo lo haré —interrumpió una tercera voz.
Pansy Parkinson estaba de pie en el recodo del pasillo, sus ojos algo rojos, como si hubiera estado llorando, pero su expresión era tan decidida que realmente lucía como una imponente Alfa sangrepura. Harry jamás la había respetado demasiado, pero solamente por arriesgar su trabajo por Draco ya valía un millón de veces más.
—¿En serio? —preguntó el Auror, esperanzado.
—Draco es mi mejor amigo, como mi hermano. Debiste preguntarme a mí en primer lugar —respondió la pelinegra, acercándose.
—Yo... no sabía que eras un inefable. Zabini está esperando en la sala de interrogatorios.
Pansy asintió secamente y subió al elevador, Harry detrás de ella.
—Pan-Parkinson, sabes que hacer eso está...
—Prohibido, lo sé. ¿Qué vas a hacer Granger? ¿Denunciarme con nuestros superiores?
—Sabes que no pero-
—¿Pero qué? Sólo estoy tratando de ayudar a mi mejor amigo, a mi hermano. Parece que Potter sí haría cualquier cosa por su predestinado, al contrario de otras personas y yo realmente valoro eso.
Con furia, Pansy se estiró y apretó el botón que los dejaría en el Departamento de Aurores, causando que la puerta del elevador se cerrara de golpe, dejando a Hermione del otro lado, con expresión desconsolada, como si hubiera querido decir algo y no hubiera tenido el valor de hacerlo. Harry ahora lo entendía mejor, ellas eran predestinadas pero Hermione quería a Ron lo suficiente como para no traicionarlo de esa manera, aunque estuviera dejando ir al amor de su vida en el proceso.
—Yo creo que tienes razón, Potter —dijo Pansy recargada sobre una de las paredes metálicas, como si realmente estuviese muy cansada. Harry parpadeó confundido—. Si bien no puedo decir que Krum sea el culpable de la desaparición de Draco, sé que está mintiendo. Yo no creo que Draco sea su predestinado, él me lo hubiera dicho y jamás escuché algo similar salir de su boca. Si bien me dijo que se sentía a gusto con él y que su Omega no lo rechazaba, no significa que ellos... bueno, lo entiendes.
Harry asintió, un alivio que no sabía que necesitaba sobre todo su cuerpo.
—¿Se lo has dicho a los Malfoy?
Pansy asintió.
—O bueno, lo intenté. De alguna manera Viktor se las arregló para envenenarlos en mi contra y convencerlos de que yo era culpable de su desaparición por haber permitido que saliera contigo a escondidas, por haber dejado que se expusiera. Lucius ni siquiera me deja saber cómo va progresando el caso y Narcissa está tan deprimida por su cachorro que es imposible hablar con ella.
—Sé de lo que hablas, la última vez que los Malfoy vinieron Narcissa parecía al borde del colapso y Lucius no había más que gritado histéricamente.
—Es comprensible, para ellos Draco lo es todo y si no llegaran encontrarlo nunca... probablemente se volverían locos.
—Lo encontraremos. Lo encontraré.
Pansy le miró y le dirigió a Harry una sonrisa cansada.
—Lo sé —respondió y la puerta del elevador se abrió.
Ambos bajaron a paso lento.
—Escucha, Harry. Blaise no es precisamente el sujeto más santo de todos, pero es mi amigo y amigo de Draco y si algo puedo decir es que Blaise de verdad lo ama, jamás hubiera querido hacerle daño. Así que, por favor, no seas tan duro con él aun si está enredado en algo que no debería. ¿Puedes hacerme ese favor? ¿Puedes hacerlo por Draco?
Harry no estaba seguro de las apalabras de Pansy, pero ella estaba ayudando y no le quedó de otra más que asentir. Sin embargo, si se enteraba por alguna razón de que él en realidad le había hecho algo a su Omega, no podría mantener su promesa y esperaba que Pansy lo entendiera.
—Ponte esto —le dijo tendiéndole la capa de invisibilidad que descansaba dentro del bolsillo interno de su túnica.
Pansy se la colocó sin hacer preguntas y juntos caminaron por el casi desierto piso del Departamento de Aurores hasta la sala de interrogatorios. Casi era la hora de salida de los asalariados y muchos a esa hora ya se habían fugado a sus casas para evitar los encargos de último momento. Cuando llegaron, sólo Sirius y James se encontraban fuera de la sala. Pansy permaneció pegada a Harry para no levantar sospechas.
—Después del interrogatorio lleva la información a mi oficina. Sirius y yo trabajaremos en ella y si encontramos algo de utilidad te mandaremos un patronus —dijo su padre—. Cuando termines puedes irte a casa.
—Ya tratamos con el abogado así que sólo tienes que entrar y esperar a que te diga lo que tiene que decirte —informó Black
Harry no estaba muy contento con esa resolución, él quería trabajar en todo el proceso de investigación y análisis, pero comprendía las razones de su padre. No quería que se involucrara tanto y que recayera en la depresión como en el primer mes de la desaparición de Draco, cuando no comía, dormía o bebía, ahora lo tenían mucho más vigilado, todo el tiempo. Así que asintió y se adentró en la sala de interrogatorios, seguro de que Pansy había entrado con él.
Al verlo entrar, Blaise pareció sumamente aliviado, como si pensara que tratar con Harry sería más fácil que con el jefe de aurores.
—Bien, Zabini, soy todo oídos —le dijo indiferentemente, tomando asiento en la silla frente a la mesa.
Blaise asintió.
—Creo saber dónde tienen a Draco. —Harry evitó lanzarse al frente y exigirle que fuera más claro—. No puedes preguntarme cómo lo sé, sólo debes saber que lo sé y que voy a darte la información, ¿de acuerdo?
—Si estás metido en esta mierda, Zabini, tarde o temprano lo sabremos y las consecuencias serán peores.
—No me intimidas en absoluto, Potter —respondió con un irritante tono aristocrático—. ¿Quieres saber lo que sé o no?
Harry asintió de mala gana, la vuela pluma de la mesa escribiendo a toda velocidad sobre el pergamino lo que era dicho y hecho por el auror y el otro hombre.
—Hay una propiedad al oeste de Yorkshire, en los bosques, como a quinientos kilómetros de los poblados muggles. Una casa a nombre de los Lestrange que debería estar abandonada pero que es seguro que no lo esté. —Zabini metió la mano en el bolsillo interior de la túnica pero Harry sabía que no tenía su varita consigo, así que no hizo el más mínimo movimiento. Blaise dejó sobre la mesa un trozo de pergamino doblado en bastantes partes—. Oficialmente la propiedad fue destruida antes de la caída de Voldemort, pero al parecer podría ser mentira. Ese es un mapa de cómo llegar y sus alrededores. No sé si está protegida ni por cuanta gente lo está, pero es casi seguro que Draco... que ellos lo tengan allí.
Harry miró el pergamino sobre la mesa, sabiendo que, de abrirlo, no resistiría la tentación de ir a buscar el lugar por su cuenta inmediatamente.
—¿Por qué hasta ahora? —preguntó Harry. Su voz fría y peligrosa.
Blaise clavó sus ojos negros en la mesa.
—Porque estaba aterrado.
—Draco podría estar muerto.
—No lo está.
Harry guardó silencio por un momento, luego tomó la vuela pluma y la detuvo. Con un movimiento de varita, envió la información a su padre y a su padrino en un avión mágico de papel que salió disparado fuera de la sala.
—Dime la verdad Zabini, todo lo que sabes, no se lo diré a nadie. Esto no sólo podría salvar a Draco, sino a muchos Omegas más. Sabes que el tráfico ha incrementado mucho en los últimos años y debemos detenerlo. —Zabini abrió la boca como para replicar que no tenía garantía de salir intacto de todo eso, pero Harry lo interrumpió—. Se lo debes, Draco confiaba en ti. Era tu amigo.
Zabini cerró la boca. Después de un largo silencio dijo:
—Yo... sabes que soy empresario. Me dedico a la venta de ingredientes y a la fabricación de pociones. —Hizo una pequeña pausa—. Hay una persona, un cliente al que no conozco personalmente pero que paga muy bien y además, es uno de mis mejores clientes. Sus pedidos no son nada del otro mundo, son una clínica pequeña o algo así y a veces necesitan ingredientes muy especiales. Yo... mi padrastro hizo trato con ellos desde antes de que me dejara el negocio, se supone que para expedir esos ingredientes «especiales» necesitamos que el cliente nos entregue un certificado del ministerio pero ellos no lo tenían.
—Estás vendiendo ingredientes peligrosos a alguien que no puede certificar que es una clínica, por eso no querías hablar. —Blaise bufó con fastidio, aunque no lo negó—. Pero aún no entiendo que tiene que ver el asunto de Draco con todo esto.
La mirada de Blaise se suavizó. Con culpa.
—Yo sospechaba que probablemente era mentira el asunto de la clínica pero no podía comprobarlo, habían cosas sospechosas, claro, como el hecho de que siempre enviaban a alguien diferente a recoger los pedidos cada vez y que nunca me han proporcionado una dirección específica. Por supuesto, el dinero es dinero y...
—Mientras a ti no te afectara más, bien te importaba poco.
—Soy un Slytherin, Potter, supéralo.
Harry frunció la boca, recordando que le había prometido no delatarlo, aunque probablemente, después de arreglar el asunto de Draco, se encargaría de que Zabini no volviera a venderle ingredientes a nadie por fuera de la ley.
»Como sea, la última vez una chica fue a recoger la mercancía. Generalmente los hombres que envían no hablan de nada, se limitan a firmar las formas, a revisar el producto y a marcharse, pero esta Beta no lo hizo, en su lugar firmó todo, recogió las cosas y me dijo: «Tenemos un paciente especial, un Omega sangrepura muy bonito de ojos grises y cabello rubio, necesita atención especial». Parecía seria, como si tratara de decirme algo, me miraba como... —soltó un quejido de frustración—. Intenté convencerme de que me estaba haciendo ideas tontas con la desaparición de Draco pero en cuanto más lo pensaba y entre más revisaba la lista de ingredientes que generalmente me pedían, todo se volvía más extraño.
—Dijiste que no tenías una ubicación. ¿Cómo conseguiste el mapa?
—La Beta lo dejó caer, lo encontré en mi oficina esta mañana. ¿Crees que sabía que yo conocía a Draco? ¿o tal vez sólo estaba buscando ayuda de manera aleatoria?
La puerta se abrió de golpe, arrebatando a Harry la posibilidad de responder. Harry y Blaise dirigieron sus miradas hacia la puerta donde James, con aspecto acelerado se asomaba.
—Sirius encontró algo con el mapa que acabas de enviar —dirigió un mirada a Zabini cuya expresión no demostró el más mínimo de culpa o nerviosismo—. Será mejor que lo alcances de inmediato. Ya envié a varios de nuestros hombres. Informaré al ministro.
James se fue y Harry se puso de pie de inmediato, interrumpiendo su salida por Pansy quién se había quitado la capa sin importarle nada. Harry le lanzó una mirada a Zabini para ver su reacción pero parecía haber caído repentinamente dormido. Pansy sangraba de la nariz.
—¿Creíste que se echaría la soga al cuello así como así? —dijo la chica dando a entender que ella lo había hecho hablar con algún tipo de encantamiento desconocido—. No va a recordar nada de lo que dijo después de darte el mapa y probablemente no despertará en algunos días. Yo lo llevaré a su casa, trae a Draco de vuelta, sano y salvo... por favor.
Ahora que la esperanza se había encendido, no había manera de que Harry pudiera desacelerar. Sirius le había mandado un patronus con la dirección y él se había aparecido en el que era aparentemente un punto seguro. Según el breve mensaje de su padrino, él y otros tres aurores se habían acercado a la residencia de inmediato, tomando el riesgo de no tener un plan. En la casa no había más que betas por todas partes pero uno de los aurores había podido reconocer a un Omega que había desaparecido medio año atrás, una mujer de mediana edad que desapareció el mismo día de su boda.
Notificaron inmediatamente al jefe de auores y él se había encargado de enviar a más agentes a su ubicación para rescatar de inmediato a todos los Omegas que se encontraban en el lugar. Todo había parecido sencillo al principio, pero luego, Sirius y su equipo se encontraron con que había más seguridad que la que creían y una batalla comenzó.
Algunos Alfa y Betas más aparecieron impidiendo el avance de los aurores que, aparecían y desaparecían sacando a todos los Omegas que se encontraban en el camino, llegando incluso a ocupar a aurores del turno de la mañana que ya no se encontraban en servicio. Tal vez lo mejor hubiera sido trazar un plan, pero no podían darse el lujo de que alguien diera el aviso y entonces volvieran a perder el rastro de todos esos Omegas.
Todo fue demasiado rápido.
Cuando Harry llegó, las maldiciones volaban por todas partes. Él mismo atacaba a todos aquellos que no vestían las túnicas de aurores, aturdiéndolos de manera efectiva y de un sólo golpe, abriéndose paso entre el mar de caos, hechizos y Omegas confundidos, incluso había algunos Betas que más que traficantes parecían estar allí como servicio de limpieza en contra de su voluntad.
Harry sabía que debía ayudar a cuanto Omega le fuese posible, como el resto de sus compañeros, pero la esperanza de encontrar a Draco en aquel lugar encendió sus instintos Alfa y no podía pensar en nada más. Se dejó guiar por dichos instintos entre pasillos, puertas y escaleras pues la casa era enorme. Abría puerta tras puerta, su piel erizándose a cada que avanzaba, ahora estaba seguro Draco estaba allí, estaba cerca, podía sentirlo.
Abrió la última puerta del pasillo.
Una habitación bien iluminada y con vista al lago se mostró ante sus ojos. Una enorme cama, limpia y mullida, jarrones caros y cortinas de seda. Una chimenea que mantenía caliente la habitación del crudo invierno, una estantería con muchos libros y un precioso sillón frente a la chimenea para leer tranquilamente. El sol bajaba lentamente, iluminado todo de colores rojos y naranjas, aunque Harry estaba seguro que la habitación era completamente blanca.
Draco estaba allí.
Sentado en el alfeizar de la venta, admirando el atardecer, con el sol golpeando su pálida piel y su precioso cabello, transformando todo su ser en algo fuera de este mundo. No parecía lastimado, para alivio del auror e incluso vestía lujosas túnicas como las que usaba regularmente, se veía limpio y bien alimentado y Harry creyó que lloraría de alivio.
—Draco... —dijo sin temor a estarlo confundiendo con alguien más.
El rubio aún dándole la espalda giró un poco la cabeza, reconociendo el sonido de su voz.
Al ver su rostro, los ojos se Harry se llenaron de lágrimas, dio un paso al frente para tomar a su Omega entre sus brazos y decirle que todo estaría bien pero éste se giró completamente hacia él y dio un paso hacia atrás, como si estuviese aterrado, como si no le reconociera, tan diferente al Draco de siempre, altivo y retador, sus manos cubriendo su vientre. Harry notó con horror que un pequeño bulto se cernía sobre el estómago de Draco quién aún intentaba protegerlo, como si Harry fuese a hacerle daño.
El último rayo del sol cayó dejando a la tierra en penumbras.
Draco estaba embarazado.
—
¿Alguien dijo angs?
Lamento la demora, espero que el capítulo les haya gustado. Sé que ahora todo parece tristeza y oscuridad, pero les aseguro que en el futuro, veremos cosas muy fluff y felices.
Gracias en serio por todos sus comentarios, me ayudan mucho a inspirarme y sus teorías siempre son interesantes jajaja
Nos leemos en el siguiente capítulo *corazones*
