Antes de comenzar quiero agradecer el apoyo que le están dando a ésta historia, estoy muy contenta con el recibimiento que tiene. Les mando mucho love y les pido una disculpa por mi falta de actualizaciones, he estado muy enferma y no había tenido ganas ni de moverme. Espero disfruten este nuevo capítulo.
Para las que siguieron o siguen Draco Malfoy y el príncipe de Gryffindor les pido estén atentas, por que voy a subir la continuación muy pronto, pero primero va a haber una encuesta, ahí recolectaré todas las dudas que tengan sobre la primera parte. Así que por favor, estén al pendiente.
...
Zabini estaba furioso, él lo sabía, y tenía que admitir que lo entendía, estaba arriesgando demasiado al seguirle el juego a Potter. No solo estaba en juego su libertar, y su credibilidad ante la sociedad mágica, si no la de su amigo, quien había arriesgado tanto como él. Blaise había sido cómplice en cada uno de sus planes, lo había apoyado como nadie y había creído en él y sus locuras, lo había encubierto en más de una ocasión y siempre buscaba alguna manera de facilitarle el trabajo. Era verdad que Pansy y Theo también eran sus amigos, pero ninguno de los dos estaba tan involucrado como Blaise, ninguno de los dos sabía realmente en que andaban metidos, se limitaban a ayudar en pequeñas tareas nada arriesgadas, se limitaban a aceptar que no les dirían más que lo estrictamente necesario.
Por eso, cuando, llegó al apartamento de Zabini y éste comenzó a gritarle no pudo más que permanecer de pie, mirar fijamente a su amigo y poner la expresión más indiferente que tenía. Sabía que su amigo tenía aquel derecho, el derecho de reclamarle por su insensatez, por su estupidez y su falta de sentido común. Porque si bien Blaise le había dicho anteriormente que podía intentar algo con Potter al quitarle el encantamiento, no le había hecho nada de gracia saber que Harry Potter había sido capaz de resistir el encantamiento amoroso que le habían puesto, pero sobre todo, no le agradó nada que pudiera recordarlo. Aquel pequeño detalle era de suma importancia, que Potter pudiera recordar, que su fuerza mágica fuese tan poderosa como para hacerle resistir un encantamiento de tal magnitud los ponía en peligro, sobre todo, porque no podían estar seguros de que Potter fuese de fiar.
Una cosa era que el cara rajada gustara un poco de Draco, que encontrara interesante el tema de la conquista, de desear lo que se le había otorgado a muchos pero a él no, y una muy diferente, que quisiera a Draco Malfoy lo suficiente como para mantener cerrada la boca, como mínimo, si lograba descubrir algo de sus planes. Porque Potter, no solo era un mago poderoso, era un auror, uno de los mejores que tenía el ministerio y Zabini sabía que dejarlo entrar a la vida de su rubio amigo significaba un riesgo enorme, uno que no iba a correr, no cuando el juego estaba por terminar.
—Tu maldita obsesión de colegiala enamorada tiene que terminar ahora —Le había dicho a su amigo, prácticamente se lo había escupido en la cara. —Si algo sale mal no podremos librarnos de él como lo hicimos con Corner y los otros ¿Entiendes? —Pasó sus gruesas y morenas manos por su cabello. —Joder Draco, él recuerda, recuerda todo y es un jodido auror. ¿Entiendes lo que eso significa? Estamos tan cerca de devolverle a tu padre su alma, necesitamos conseguir un par de chicos más y el ritual estará completado, no puedes echar a perder todo ahora —La frustración en su voz era obvia, pero Draco no cambió su expresión indiferente. —Tu madre está muy delicada, tenemos a Lestrange detrás de nosotros, así que, por favor, por primera vez en tu maldita vida deja pasar ese estúpido capricho.
—Potter no es un capricho —Se había defendido. —Sabes que le quiero desde el colegio.
—¡¿Querer?! ¡Draco, Joder! ¿Cómo puedes decir que le quieres? No lo conoces de nada, su relación se limitaba a peleas estúpidas en los pasillos y en clases que compartíamos con ellos. Es un estúpido capricho, no sabes nada de él y él no sabe nada de ti...
—Hemos pasado más tiempo juntos, en este medio año él...
—¡No seas ingenuo, por Merlín! ¡Deja de engañarte! Harry Potter fue esa cosa que querías y que nadie te dio, pero ya no eres un mocoso, tienes veintitrés años, Draco y estás metido en algo nada agradable, magia negra, secuestro, asesinato ¿Crees que Potter va a seguir interesado en ti si se entera? ¿Crees que si te descubre va a quedarse callado solo porque le gusta tu culo? —El rostro de Malfoy comenzaba a colorarse por el enojo. —Para empezar ¿Crees que se hubiera fijado en ti si no fuese por el estúpido hechizo de amor? En los seis años de colegio el no mostró por ti otra cosa que no fuera desprecio y a veces, lástima, como cuando te salvaba la vida, después de la guerra solo apareció para dar su testimonio, uno que dio por que es un estúpido Gryffindor con sentido de la justicia, no iba a dejar que tú y tu madre se hundieran, pero hubiera hecho lo mismo por ti, por mí, merlín, lo hubiera hecho hasta por Goyle.
Pero la reprimenda no paró ahí y cada palabra que Zabini soltaba era un golpe para Malfoy, quien sabía que su amigo estaba en lo correcto. Si bien Potter se había librado del hechizo en algún punto, eso no quería decir que no fuese él el responsable de que aquella relación hubiera empezado, de no haber sido por el encantamiento, Harry Potter jamás se hubiera fijado en él, jamás se hubiese dado tiempo para conocerlo ni un poco, no lo había hecho en Hogwarts y no lo hubiera hecho tantos años después. Sabía que estaba cometiendo una locura, pero cuando se encontraba cerca de Potter simplemente le era imposible controlarse, cuando estaba cerca de él se sentía como un joven completamente normal, no era un Malfoy, no era un ex mortífago, era solo Draco, y solo Draco quería a Harry Potter como jamás había querido nada en la vida. Un capricho, le llamaba Blaise y él no tenía forma de negarlo, o al menos así había sido al principio.
Debía admitir que cuando se había enterado de que Potter era el auror encargado de vigilarlo bajo la sospecha de estar practicando magia negra se había sentido contento, había obtenido la oportunidad de desquitar tantos años de odio y rechazo, porque le resultaba sumamente frustrante que el salvador del mundo mágico pareciese dispuesto a fijarse en toda la comunidad mágica menos en él y le daba gran satisfacción el pensar que Potter estaba por ahí, revolcándose en el deseo de poseerlo, de tenerlo, aunque fuese por los efectos de un encantamiento.
Aquello cambió en cuanto comenzó a frecuentarlo como guardaespaldas, por ese entonces Potter ya se estaba librando del encantamiento, poco a poco, su magia había drenado aquella magia negra de su sistema y aunque parecía ligeramente obsesivo con él, la verdad es que la mayoría del tiempo era sumamente normal. Potter era toda una caja de sorpresas, una que probó y le encantó, una de la que no quería deshacerse. El plan de utilizar su magia para terminar el ritual que le devolvería el alma a su padre se desmoronaba, día a día, semana a semana, mes con mes se fue enamorando de Potter y aquello que había nacido como una obsesión nada sana, como un capricho infantil se había convertido en algo real, en algo que podía sentir y tocar.
Había intentado resistirse, por supuesto, por eso era que a veces, en medio de una "cita" con Potter se marchaba con Blaise y tenía sexo con él, por eso salía con diferentes chicos a bares y fiestas de alta sociedad. Quería convencerse de que el que estaba bajo un encantamiento era Potter y no él, que él no podía estarse enamorando de Harry Potter, porque era estúpido y peligroso. Pero aquella barrera había caído en cuanto Harry le había dicho que se había enamorado de él y no había podido hacer más que salir corriendo y negarse que eso había ocurrido de verdad.
Por supuesto que la salida fácil a aquella situación era romper el hechizo de amor, dejar que Potter olvidara sus sentimientos y seguir con su vida. Pero por muy fácil que aquello le pareciera había sido cobarde, sabía que el romper el hechizo significaba perder aquello que siempre había deseado, dejarlo machar voluntariamente y no se sentía listo para eso. Por esa razón había postergado el asunto hasta que Potter apareció de nuevo, cuando él iba a una cita de negocios con un hombre muggle y cuando el moreno le había dicho que quería hablar sobre un "nosotros" que no existía, un "nosotros" ficticio fue que se vio obligado a romper el hechizo de amor.
Pero como siempre, Harry Potter volvió a sorprenderlo cuando se apareció frente a él en aquella cafetería reafirmándole sus sentimientos; le quería por los meses que habían pasado juntos, no por el tonto hechizo y aquello solo hizo que el Slytherin flaqueara. Esa tarde se reuniría con Zabini para hablar sobre el tema, pero el que Potter apareciese y recordarse todo había complicado las cosas.
—Un obliviate —Dijo Zabini aquella noche, cuando ya se había tranquilizado lo suficiente. —Tienes que borrar su memoria, que te recuerde como un buen ex compañero de escuela al que tuvo que proteger por trabajo, pero eso es todo.
Y pese a todo Draco había aceptado aquello, porque Harry podía ser guapo, sexy, tierno y cariñoso, pero no podía jugarse la oportunidad de tener a su familia de nuevo, de tener a sus padres juntos y felices, de recuperar lo que la guerra y Voldemort le habían arrebatado. El plan era encontrarse con Potter en su apartamento, hacerle bajar la guardia y borrarle la memoria mientras Zabini buscaba un nuevo espécimen para el ritual en Bulgaria.
Y tal vez Draco se hubiese apegado al plan si no hubiese sido de nuevo por su debilidad por cierto moreno de bellísimos ojos verdes, labios carnosos y cuerpo de infarto que día a día, después de su encuentro en la cafetería, se encargaba de enviarle flores, chocolates, anillos carísimos, prendas de diseñador, lociones, libros y notas que rayaban en lo cursi. Y no eran aquellas cosas lo que lo hacían sentir como un mocoso de quince años completamente enamorado, si no las intenciones de Potter. Cada regalo que recibía venía impregnada de su esencia mágica, esencia que le gritaba desesperadamente que le quería.
Por supuesto que tampoco tenía intenciones de traicionar la confianza de su mejor amigo el cual se encontraba en el extranjero buscando al candidato ideal para sus planes y que no regresaría en bastante tiempo. Por eso, tras tres meses de cortejo de parte de Potter él no respondió por ninguno de los regalos, ni a las notas en las que le pedía una cita al teatro o a un restaurante lujoso, se limitaba a aceptar los detalles y a sonreírle al moreno de manera coqueta cada que se encontraban por el callejón Diagon. Agradecía que en todas aquellas ocasiones Potter hubiese estado de servicio y que le fuese imposible seguirlo, pues sabía que, de ser así, él no se habría resistido.
Aquella mañana, al final del tercer mes de aquel juego tan extraño que habían iniciado, Draco había recibido una carta de parte de Zabini, había encontrado a tres chicos con el perfil mágico que necesitaban, demoraría solo un par de semanas más en volver, en lo que buscaba una manera de trasladar a los tres chicos de manera discreta y nada legal.
Draco sabía que debía sentir un poco de pena por los pobres incautos que servirían de sacrificio para sus fines egoístas, pero la verdad es que lo único que sentía era alivio y felicidad al saber que pronto tendría a su padre de vuelta y que su madre estaría tan encantada con la noticia que volvería a ser la misma mujer feliz, segura y fuerte que había sido siempre. Había trabajado años para lograr aquello, había hecho muchas cosas de las que no se sentía orgulloso, pero la recompensa era una vida feliz y tranquila, una que siempre había merecido y de la cual había sido privado.
Con cierto dejo de tranquilidad tomó una ducha y se colocó una de sus túnicas formales, aquella tarde tenía una reunión en Gringotts y no podía llegar tarde, los duendes no solían ser muy pacientes. Decidió almorzar algo ligero y aparecerse desde la mansión hasta el callejón Diagon, por el que caminó de manera despreocupada; desde hacía unos meses que los aurores habían dejado de vigilarlo, seguramente no habían encontrado nada sobre él y se habían rendido.
La reunión fue larga y exhaustiva, los duendes rara vez querían tratar con magos y les hacía enojar muchísimo que uno les dijera como hacer su trabajo. Finalmente y tras varios arreglos y acuerdos diferentes, el rubio pudo salir de ahí, debía ir a ver a su padre a aquel horrible departamento en el Londes muggle y, con la certeza de que ya nadie del ministerio lo seguía simplemente se apareció hacia su destino.
Después de la sensación de jalones y vueltas, finalmente el horrible lugar comenzó a dibujarse frente a él. Un cuartucho de mala muerte de cuatro por cuatro, sucio y descuidado en el que únicamente había una cama sobre la que descansaba su padre, un tocadiscos viejo y una silla donde él se sentaba para observarlo y brindarle de su energía mágica mezclada junto con el de sus víctimas, la cual él absorbía y lo volvían más poderoso de lo que ya era.
—Hola, papá —Le dijo en voz muy baja mientras volvía a colocar la música, sabía que su padre no podía escucharla pero lo hacía de todas maneras. —Blaise escribió hoy, todo estará listo en un par de semanas, ¿no estás feliz? —Tomó asiento frente a él. —Mamá ha estado preguntando por ti, he tenido que borrarle la memoria para que no recordara esto, intentó lanzarse desde el tercer piso de la mansión y justo ahora esta durmiendo, no despertará hasta que yo quiera, y cuando lo haga, lo primero que verá será a ti —Sonrió y un extraño sonido se hizo presente, sonido que fue opacado rápidamente por la música. —He logrado recuperar una de nuestras propiedades en Alemania, nos iremos a vivir ahí nada más regreses, sé que amas Malfoy Manor, pero quedarnos en Londres será muy arriesgado. Allá podrás salir a las calles sin problemas junto a mamá, podremos salir de compras e ir al teatro o a la ópera...
Se acomodó en su asiento y tomó aire, sacó de la túnica su varita y apuntó con ella a su progenitor, el cual se encontraba inmóvil, con los ojos vacíos y la boca entreabierta. Draco susurró un encantamiento que en sus labios sonaba como una canción celestial, calmada y llena de aflicción. Una luz dorada empezó a rodearlo a él y a su padre y lentamente sintió como la magia comenzaba a abandonar su cuerpo y se alojaba en Lucius Malfoy. La luz pronto comenzó a tornarse violeta y luego negra, la magia oscura comenzó a invadirlos, y llenó a Draco de miles de sentimientos negativos, furia, coraje, resentimiento, dolor, tristeza, culpa y miseria. Cuando el ritual terminó, una hora después él solo pudo recostarse en la silla, había comenzado a llorar sangre a la mitad del proceso, pero estaba tan acostumbrado que ni si quiera se limpió el rostro.
—Conocí a alguien... —Dijo cuando el aire regresó a sus pulmones. —Alguien a quién quiero y creo que él me quiere un poquito, sé que lo nuestro es imposible, él me odiaría si supiera lo que estoy haciendo, si supiera que estoy usando magia negra para traer de vuelta tu alma, padre. Me odiaría si se enterara que le lancé un hechizo de magia negra para robarme su magia... —Suspiró. —Aún recuerdo lo que me dijo cuando se dio cuenta de lo que pretendía, me dijo que... me dijo que había vuelto a elegir mal y que él no iba a salvarme del fuego esta vez... Estoy seguro que aquel recuerdo es el único que no ha podido recuperar, pero tenía razón, yo... me estoy quemando y le dije que no me importaba pero ahora... —Tomó aire y abrió los ojos lentamente. —Ahora no me importaría que me salvara...
Una de las manos de Lucius se movió, y Draco se quedó estático, iba a conseguirlo, su padre volvería y él estaría condenado. Se puso de pie y, usando un scourgify, limpió de su rostro todo rastro de sangre y se apareció en su apartamento en el Londres mágico. Se recostó sobre el sillón, exhausto, no tenía ganas de moverse, ni de hacer nada, solo dejar que el tiempo pasara.
El sonido de algo entrando por su ventana le hizo abrir los ojos, un avioncito de papel se había detenido frente a él. Tomó el papel y con algo de pereza lo desdobló, era una nota sencilla escrita con letra desastrosa.
"Baja". Era lo único que ponía.
Draco sabía que aquella nota pertenecía a Potter y, aunque al principio dudó no tardó más de diez minutos en tomar su capa para el frio y bajar las escaleras.
Harry Potter se encontraba recargado en el edifico de enfrente, vestía una túnica bastante elegante y su cabello negro y desordenado bailaba con el viento invernal. Sus ojos verdes esmeralda brillaban bajo la luz de la luna y lo escrutaban tras los cristales de los anteojos. Draco se quedó de pie frente a su edificio, esperando a que Potter se acercara. El moreno comprendió el mensaje y caminó hasta él con su porte de auror, regalándole al rubio una sonrisa pequeña pero significativa. En las manos, cargaba un ramo de flores bellamente acomodadas, ramo que entregó al Slytherin sin una pizca de vergüenza.
—Quería verte... —Le dijo Draco con voz susurrante mientras aceptaba el ramo y miles de mariposas empezaron a revolotear en su estómago. —Necesitaba verte, Harry...
—Aquí estoy... —Le contestó el Gryffindor mientras lo envolvía en un abrazo, como si comprendiera la situación.
—Necesitas dejar de enviarme todos esos regalos... —Dijo Draco suavemente, apretando su cuerpo contra el del auror. —Necesitas dejar de buscarme...
El silencio se hizo presente por unos segundos, pero Harry no dejó de acariciar su rubia cabellera. Ninguno de los dos estuvo consiente del tiempo que estuvieron ahí abrazados a mitad de la acera, con el frio viento invernal chocando contra sus cuerpos. Draco disfrutaba del calor que Harry le brindaba y no podía pensar en nada más.
—Sé lo que estás haciendo... —Dijo Harry finalmente, con voz suave, como quién explica algo a un niño. Draco se tensó ligeramente. —Sé lo de tu padre, lo de los secuestros, lo sé todo. —Malfoy se apartó con brusquedad, buscando su varita entre la túnica, no estaba... Harry la sostenía entre sus manos, lo miraba de manera tranquila, pero no por ello dejó de lucir intimidante.
—No sabes nada —aseguró Draco, valorando su mejor manera de escapar.
Harry apuntó su varita hacia el rubio, decididamente.
—No intentes huir, Malfoy, tenemos muchas cosas que hablar.
