DREAMLAND

CAPÍTULO 13. INCERTIDUMBRE

Despertó de nueva cuenta, agitado y con el cuerpo sudoroso, alarmado, llevando una mano a su abdomen, donde tres profundas cicatrices adornaban su piel. Desde su regreso, no había noche en la que no tuviera pesadillas, todas y cada una de ellas siendo recuerdos demasiado vividos de lo que había sucedido en aquel lugar donde nadie podría imaginar encontrarse, y de lo que no ni siquiera podía hablar con cualquiera...

Varona se había dado cuenta. Tom también. A pesar de que le habían preguntado en varias ocasiones el motivo de sus heridas – a ese día ya no tan aparatosas a pesar de la gravedad de estas – y por su actitud taciturna y lejana, no era algo que pudiera contarles, aunque seguro que le creerían, a pesar de lo extraño que sonara... Pero simplemente no quería hacerlo, consideraba lo sucedido en casa de Shinra, como un secreto que debía mantener oculto de todos, así fuera para siempre, y aunque en el fondo se convencía de que lo mejor era olvidar y continuar con su vida, no quería hacerlo. Aunque tampoco podría... Porque cada vez que cerraba los ojos, lo veía; cada escenario, cada persona, palabra, monstruo... y a Izaya.

Suspirando con aire derrotado, se levantó de la cama haciendo una mueca por la sensación húmeda en su ropa, producto del sudor que aquella pesadilla había provocado en él.

Habían pasado siente días... Siete largos días. Tampoco se imaginaba siendo capaz de olvidar tan pronto. Se había tratado de un viaje con tantas revelaciones y momentos especiales, que era imposible borrarlo de su memoria en tan poco tiempo, al menos lo que de verdad quería olvidar. Sus gritos...sus ojos; cada expresión sumergida en miedo o ansiedad... No le gustaba ver su rostro de esa manera, se tratará de aquella imagen infantil, o de su yo actual...

Entrando al baño, tomó una ducha rápida con agua caliente, esperando poder relajar al menos un poco sus agarrotados músculos, aunque era tarea difícil. Estando de vuelta en la realidad, no se sentía de humor para tener una rabieta, ni mucho menos. Estaba cansado... de no poder dormir adecuadamente, y de no parar de pensar en Izaya. Siete días...

Siete días y su preocupación no había hecho más que aumentar a cada minuto que pasaba.

Quedándose quieto bajo el chorro de agua, cerró los ojos con un gruñido contenido en su garganta, y la ultima imagen del rostro del informante en su cabeza. Justo cuando creía conocer la desesperación... Apenas se daba cuenta de lo que esta significaba... añorar tanto la seguridad de alguien más, sin poder saber nada sobre su estado...

Saliendo de la regadera, secó su cuerpo de manera vaga, una vez más escuchando su voz en su cabeza, con aquellos rubíes que tenía por ojos, cristalinos, pidiéndole que se marchara, que lo abandonara...

"Confía en mí", le había pedido, y él como un idiota lo hizo, se marchó. Lo dejo atrás... Rompió su promesa.

—Bastardo tramposo... –susurró saliendo del baño vistiendo solo un pantalón, yendo a la cocina con ojos somnolientos, agotados, pero indispuestos a conciliar el sueño mientras buscaba una botella de leche en el refrigerador, tomando esta en varios tragos apenas la consiguió.

Dejando la botella en la mesa, recargó una mano en esta con el ceño fruncido, intentando mantener su rostro impasible a pesar de la mueca que poco a poco lograba que sus labios temblaran, delatando la creciente necesidad de romper la mesa o arrojar el refrigerador al otro lado de la habitación. No sabía qué hacer...

Desde aquel día, aunque había querido obedecer la petición de Izaya, tras no poder dormir aún estando tan cansado, no había parado de esperar noticias de este, preguntando a Tom, Simon, Namie, incluso Shiki...todos quienes se cruzaran por su camino, si sabían algo del menor... pero nadie le daba noticia alguna. Fue entonces que Kadota le buscó, justo el tercer día...

"Los chicos están seguros de haberlo visto en Shinjuku, caminando por la zona comercial"

Aquella noticia significo todo un bálsamo para su corazón, y aunque de nada servía, no pudo evitar ir al lugar, buscar su figura, su aroma, sin éxito alguno.

Entonces su ansiedad se hizo más fuerte al grado de recurrir a los Dollars cuando Mikado se lo sugirió, aunque fue este mismo el encargado de usar su teléfono para pedir información del pelinegro, dado que él apenas sabía como mantener su enfado a raya al no entender como usar aquel aparato. Las respuestas que consiguieron rompieron toda la calma que había logrado preservar aquellos días...

"Oí que sus clientes lo han estado buscando, ¿desapareció?"

"Yo lo vi cerca de las bodegas de la costa"

"Me pareció verlo en la estación de Shibuya"

"El parque Yoyogi, casi a la media noche de ayer; ¿qué estaría haciendo ahí?

"Creo que choque con él hace dos días, no lucía muy bien, parecía distraído...Puede que este enfermo"

"Puede ser, mi padre dice que lo vio en el techo de un edifico del centro; ¿acaso querría saltar?

Dando un golpe sobre la mesa, escuchó la madera traquetear al quebrar esta. No podía seguir así... ¿Cuánto tiempo más pensaba castigarlo? ¿Acaso no se daba cuenta de cuanto le preocupaba? Se lo había dicho... Que le enfrentara... Aunque le dijera una vez más que lo odiaba, aunque Izaya intentara matarlo, necesitaba verlo, saber que estaba bien y no había cometido alguna locura...

Aquella imagen grabada en su cabeza, ambos brazos llenos de heridas mortales, nada que pareciera un juego... Shinra se lo había dicho, apenas unos días después, cuando aceptó ir a su departamento para hablar con él. Todas aquellas ocasiones en las que Izaya casi había logrado su cometido. Todas aquellas veces en las que él ni siquiera estuvo enterado de que el menor pudo haberse ido para siempre, y de saberlo, él habría estado tan feliz de ello... antes seguro lo había visto como un milagro, el fin de sus problemas, cuando no sabía nada...

Ahora, pensar en la posibilidad de que alguien le dijera que Izaya estaba muerto...era inaceptable...

Regresando con pasos pesados a su habitación, tomó el celular en la mesita de noche, tratando de no romperlo al comprobar que este no tenía notificación alguna, solo para poder volver a marcar uno de los tantos números del menor que había conseguido gracias a las gemelas, Mahiru y Kururi, esperando en la línea hasta que esta dijo las mismas palabras de siempre, que el teléfono estaba apagado... tal como todos los demás...

¿Cómo era posible que nadie supiera nada sobre él...? Ni siquiera aquellas niñas que apenas se mostraban algo preocupadas por su único hermano...

Aunque podía imaginarlo... a pesar de ser su familia, ellas tampoco lo sabían. Nadie sabía... nadie conocía la verdadera cara de Izaya. Nadie podría imaginarse lo que el menor había cargado consigo por tanto tiempo, su verdadero yo, el peso de sus recuerdos... sus pesadillas...

Dejando el celular en su lugar de nueva cuenta, miró un momento hacía su ventana. Era una noche algo fría, aunque él no podía sentirlo, o más bien no le importaba, de modo que, pensando que al menos debería intentar dormir un poco antes del amanecer, se recostó en la cama, mirando el techo, exhausto de todo... solo entonces obligándose a cerrar los ojos, hasta quedarse dormido, esperando que al menos por esa ocasión pudiera tener un buen sueño...

La ventana se abrió silenciosamente, apenas haciendo algo de ruido ante el deslizar de las cortinas y el viento que chocaba contra el cristal cuando sus manos empujaron suavemente el marco, cerrando para que el aire frio de esa madrugada no perturbara el sueño del hombre sobre la cama.

Su cuerpo se movió con la cautela que le caracterizaba, aunque pocos podían conocer esa parte de él. La mayoría de las personas siempre asociaban su presencia con problemas, ruido, peleas, pocos eran testigos de la gracia con la que aquella figura vestida casi totalmente de negro, era capaz de moverse, de manera tan suave que era casi imposible que alguien le escuchara o pudiera verle, justamente porque se deslizaba de tal modo que las sombras le ocultaran, apenas haciendo notar el roce de su ropa contra las paredes o los muebles a su alrededor. Solo alguien muy hábil podría notar la ligera cogerá de una de sus piernas, que desentonaba muy apenas la coordinación de sus pies contra los obstáculos que evadía en medio de la oscuridad.

Llegó a la cama del hombre más fuerte de Ikebukuro, solo entonces mostrándose dudoso al verlo ahí, dormido. Incluso de ese modo, seguía manteniendo el ceño ligeramente fruncido; recordaba que, desde que le conocía, siempre era de ese modo... Seguro con unos años más, podría ver una pequeña arruga justo en esa zona, si es que seguía haciendo esa clase de gestos...

De manera lenta, acabó por sentarse en el borde, con su cuerpo mirando hacía el mayor, de modo que pudiera estirar su mano tras pensarlo un poco, tocando sutilmente aquella línea entre sus cejas, haciendo que esta se relajara, tal como hizo su cuerpo, como si el contacto de su piel contra la de Shizuo pudiera lograr traerle al fin un poco de paz... Aunque no dudaba que así era...

En algún momento se había dado cuenta de lo relajado que podía sentirse estando al lado de ese hombre, y es que, ¿Quién podría lastimarlo estando ahí...? ¿Quién se atrevería a meterse con ellos? A desafiar al primer y segundo hombre más fuerte de Ikebukuro...

Lo había pensado todos esos días... cada una de las posibilidades. Su debilidad, su fuerza... En ese mundo, o en el que fuera, los únicos capaces de destruirse mutuamente eran ellos.

Si alguien podía lastimarlo, solo podía ser el chico que dormía en esa cama...

¿Pero entonces por qué simplemente no evitarlo? ¿Por qué no intentar destruir cualquier riesgo? ¿Qué ganaban estando juntos? ¿Y qué ganaban al estar lejos? Si él se iba... a donde jamás volvieran a encontrarse, si dejaba todo atrás y hacía su vida, separados, todo seguiría su curso, sería lo mejor para Shizuo...

¿Pero qué había de él? ¿De verdad podría seguir adelante?

Diez años... Lo había amado por diez años, los mismos años en los que le había hecho la vida imposible. Una vida podía no ser suficiente para poder olvidar todo ese tiempo... pero no podía imaginar tal cosa. ¿Entonces qué le quedaba? ¿Y si estaba equivocado...? Puede que Shizuo sí quisiera olvidar todo lo sucedido en aquel lugar; a pesar de saber qué todos esos días lo había estado buscando, nada le aseguraba que lo vivido hubiera significado algo para el rubio más allá de la emoción del momento, pero sí así era, si en verdad ese hombre podía corresponderle, tal como cuando le besó... ¿qué haría si no funcionaba? ¿Si Shizuo terminaba siendo como él...?

Sí Shizuo era como Atsushi... no podría soportarlo...

Aunque ya no fuera aquel niño indefenso, ultrajado por su propio padre, aunque fuera mayor para poder defenderse, aunque estuviera seguro de que, de necesitarlo, él mismo podría acabar con el rubio... Aunque así fuera, jamás podría hacerlo; porque no pudo en esos largos diez años, y mucho menos en esos instantes, o en el futuro.

Por ello le daba tanto miedo equivocarse, porque de hacerlo, estaría atrapado por siempre. Shizuo era la única persona que podía destruirle, hacer un desastre con él. Quedarse a su lado sería como darle todo el poder sobre su persona... Sí él lo sabía, ¿cuál sería su reacción? Tener a un Monstruo completamente rendido ante él... ante una Bestia. Nada bueno podía resultar de aquello...

Apartando su mano del rostro del rubio al darse cuenta de que había apoyado esta sobre su mejilla, quiso retirarse, huir de sus miedos, pero contrarió a las ordenes en su cabeza, su cuerpo acabó por inclinarse de a poco sobre el mayor, como si de aquella manera, casi apoyando su frente contra la de Shizuo, sintiendo su respiración y su calor, pudiera conseguir una respuesta a todas sus dudas.

Pero, aunque todo en él le pedía quedarse, despertar a aquel hombre y pedirle que volviera a abrazarlo como todas aquellas veces en las que lo necesitó cuando sus recuerdos le dejaban vulnerable y perdido, aunque no se atrevió a decirlo estando en aquel horrible lugar, no lo hizo; porque seguía teniendo miedo. En toda su vida, ese sentimiento jamás se había esfumado, y quería que se detuviera, aunque no sabía cómo lograr semejante cosa.

Lo siento, Shizu-chan... – susurró entonces, en un delgado y casi inaudible hilo de voz, con ambos ojos cerrados al atreverse a dejar un pequeño, casi inexistente beso en sus labios –No puedo... No puedo hacerlo...

Creyendo haber cometido un grave error al ir a aquel lugar, se levantó con prisa de la cama, dispuesto a irse, pero apenas habiendo dado unos pasos, un fuerte mareo le hizo jadear, llevando una mano a su cabeza. El cansancio, el frio, todos esos días sin dormir, el dolor de cada herida, todo parecía repercutir en su cuerpo justo en el peor de los momentos, haciéndole tambalear al tener la sensación de que todo le daba vueltas. Tenía que salir de aquel lugar cuanto antes. Sin embargo, antes de poder dar un pasó más, una mano grande y caliente le tomó por la muñeca, jalando su cuerpo de tal modo que terminara cayendo de vuelta en la cama, de espaldas a esta, apenas quejándose por el golpe cuando ya tenía al rubio encima, sujetando ambos manos a cada lado de su cabeza.

—¡S-Shizuo...! –musitó nervioso tras recuperar el aire perdido, quedándose de piedra al mirar el rostro de aquel hombre. A pesar de la oscuridad, de la sombra que su cabello creaba en sus ojos, podía ver claramente como estos le observaban, con tanta intensidad que era imposible apartar la mirada. Él, que se creía capaz de interpretar cualquier acción, cualquier gesto, sin importar la persona de la que se tratara, nunca había podido hacerlo cuando se trataba de ese hombre, justamente por que las emociones de este eran confusas, todas tan fuertes que era imposible adivinar aquella que predominaba, y sin embargo, en esos momentos pudo verlo con claridad, sin necesidad de palabras, aunque para Shizuo casi parecía un requisito hacerlo de aquel modo...

Pues fue justamente ese hombre quién tomó la palabra, como si pudiera saber que él era incapaz de decir algo coherente o sincero, de enfrentarse a aquella situación tal como podía hacer con todo lo que en otro momento se le hubiera puesto enfrente.

—¡¿Por qué tienes que decidirlo todo por ti mismo?! ¡Esto también me incluye a mí, pu lga! ¡¿Por qué haces todo tan complicado?! –fue lo que el rubio dijo, haciendo un poco más fuerte el agarre que mantenía sobre sus muñecas, permitiéndole sentir su fuerza, aunque no dolía... o al menos no aún. Era más doloroso ver sus ojos – ¡¿Tienes idea de qué tan preocupado estaba?! ¡¿Por qué no me esperaste?! –jalo de sus brazos, exigiendo que no apartara la mirada al zarandearlo de aquel modo –¡Maldición, Izaya! ¡Quería verte!

Como sus palabras hubieran presionado un botón en su interior, intentó removerse, salir de aquel agarre casi con desesperación, al menos hasta que, contrarió a todo lo que esperaba, Shizuo le soltó, dándole espació suficiente para que hiciera lo que le viniera en gana, así fuera solo irse...

Aunque no lo hizo. ¿Cómo podría viéndole despierto? Teniéndolo enfrente con aquella postura que asemejaba a un cachorro asustando y triste.

Respirando agitado por la sobrecarga de emociones que había provocado el rubio al gritarle de aquel modo, uso sus manos para empujarse atrás, hasta quedar recargado contra el respaldo de la cama, solo entonces apartando la mirada, sin estar del todo seguro de lo qué debía hacer, aunque algo dentro de él lo sabía...

Una de las tantas decisiones de su vida, una vida en donde cada una de ellas terminaba mal, sobre todo cuando se trataba de sus propios deseos. ¿No era demasiado egoísta intentar una y otra vez que algo cambiara? ¿No estaba cansado de intentarlo...? ¿Cómo podía estar seguro de que todo podía funcionar en esa ocasión...?

Cerrando los ojos con fuerza, cubrió su rostro con una mano al sentir sus labios temblar. No iba a llorar, claro que no, no había razón para ello...

—Izaya... Ya no importa; ahora que sé que estas bien –Shizuo habló, un poco más calmado, logrando que mostrara nuevamente su rostro, sin moverse ni un centímetro cuando este se acercó un poco más, estirando una mano para tomar la suya, entrelazado sus dedos con inusual calma al tratarse de una Bestia –Pero déjame manejar esto, por esta ocasión.

Sin entender del todo a lo que el rubio se refería, frunció el ceño al sentir un jalón de su parte, que le hizo chocar contra su cuerpo, siendo abrazado contra este sin opción de escape. Siempre tan inesperado... Cuando se trataba de aquella Bestia era incapaz de predecir sus acciones, a menos que le hiciera enfadar. Y eso era lo mejor, por supuesto, o de lo contrario, sería demasiado fácil hacerse ilusiones, justo como en esos momentos en los que su cuerpo pedía aferrarse a aquel hombre, soñar con palabras que era imposible salieran de su boca.

—Espera, Shizuo, no tienes que...

—Maldita sea, pulga... –el rubio pareció darse cuenta de lo que pasaba, probablemente al sentir su cuerpo tan rígido –¿Puedes dejar de pensar tanto por un momento? Quiero decidir esto.

Sorprendido por la reacción del rubio, sus ojos se abrieron de más, al mismo tiempo que sus manos se apretaban sobre la tela de su cazadora. Acaso se refería a...

— Que esta sea mi decisión. Quédate conmigo, Izaya.

Dicho aquello, Shizuo se dejo caer en la cama con el encima, sin que a ninguno le importara el desastre de sabanas que habían creado, o que estuvieran del lado equivocado de la cama. Shizuo le sostuvo con fuerza, abrazando su cintura para asegurarse de que no se marchara, aunque no podría hacerlo, no cuando sus propios brazos se habían sujetado del cuerpo del mayor, aferrándose a la piel desnuda de su espalda al grado de hacer que sus dedos dolieran por la presión que ejercía sobre estos.

Esa Bestia; siempre pensó que no era tan listo, pero... Ya se había dado cuenta.

De que no podía decirle no.

Así como tampoco podía escapar de él ahora que al fin lo había atrapado.

Suspirando sonoramente, contuvo un sollozo en su garganta, pegando su rostro al cuello del mayor, afianzando el agarre alrededor de su torso, pegando sus cuerpos tanto como era posible. No tenía sentido seguir resistiéndose. Había anhelado tanto un momento como ese, saber si Shizuo podía quererlo de la manera en la que él deseaba, siempre diciéndose a si mismo que eso no era posible. Porque nunca nada de lo que había querido tanto, se había cumplido...

Sintiendo sus mejillas húmedas, rio con voz queda, con el sonido de su garganta delatando su felicidad, pocos segundos después siendo acompañado por el mayor. Sus manos temblorosas y sus cuerpos víctima de pequeños espasmos que nada tenían que ver con frío.

Bien, Bestia... –musitó de manera apenas audible, recuperando algo de control sobre su cuerpo, solo para poder una mano para perder sus dedos en la mata de cabello rubio que tanto le gustaba y había deseado tocar en numerosas ocasiones –...Solo no te arrepientas...

Sin esperar o desear contestación, dejo un beso sobre la piel de su cuello, casi al instante sintiendo una de las manos del rubio acariciar su espalda, de manera increíblemente lenta, un toque que le permitía darse cuenta de que él no era el único cansado, de modo que, usando su mano libre para hurgar en la cama, alcanzo una de las mantas, jalando esta con fuerza hasta poder cubrir su cuerpo, siendo ayudado por el rubio hasta estar cómodos.

—¿No te iras mientras duerma?

Riendo por la pregunta del mayor, Izaya negó con la cabeza, limpiando de manera burda sus mejillas.

—Si no me sueltas no lo haré.

Como si sus palabras hubiera sido una amenaza, casi de inmediato el agarre alrededor de su cuerpo se volvió mas fuerte, lo suficiente para causar algo de dolor en sus costillas, que le hizo jadear de manera involuntaria. De inmediato Shizuo corrigió su error, frotando con su mano aquella zona por encima de la cazadora.

—Lo siento...

—Eres un bruto –bufó el menor, aunque lejos estaba de estar enojado. Aunque no lo dijera, le había parecido demasiada tierna la reacción del rubio. Jamás creyó que podría verlo comportarse así con él. Daba un poco de miedo lo bien que se sentía.

Suspirando, hundió su rostro en el pecho de su Bestia, sintiendo que al fin todo estaba bien... Al fin podía dormir tranquilo, sentirse seguro...olvidar.

Cerrando los ojos ante el toque de los dedos del mayor en su cabello, relajándole tanto como para estar a punto de quedarse dormido, se aseguro de escuchar adecuadamente los latidos de su corazón, que resonaban justo donde estaba apoyado. Así debía ser.

Solo quedaba un duda en su cabeza, algo que necesitaba corroborar si es que se había quedado sin escapatoria, aunque tampoco era como que quisiera irse.

—Shizuo –llamó entonces, queriendo estar seguro de lo que esa cercanía con el rubio significaba, quien casi al instante hizo un pequeño pero grave sonido con su garganta, para hacerle saber que le estaba escuchando — ¿Te das cuenta de que todo será diferente desde ahora...? –cuestionó, manteniendo los ojos cerrados. De ese modo era más fácil mantener sus impulsos a raya –Entre nosotros, o allá afuera...

Habló con cautela, con voz más baja de lo que estaba acostumbrado, sin rastro de malicia, pero aún con incertidumbre reluciendo en su voz. Y Shizuo se dio cuenta, entendió a lo que se refería, porque hace ya varios días que lo había estado pensando también, siempre obteniendo la misma respuesta, la que a su parecer era la correcta por sobre todo, de modo que, obligándose a abrir los ojos, a pesar del cansancio que por fin parecía encontrar alivio al tener al menor entre sus brazos, uso una mano para hacer que este levantara el rostro, besándole en los labios de manera lenta, atreviéndose incluso a morderlos un poco para hacer que abriera la boca.

Aquel beso no duró demasiado, solo lo suficiente para responder a su pregunta, aunque de igual modo lo expresó en palabras, con aquella voz que tanto parecía tranquilizar al pelinegro.

—Lo sé –afirmó, besándole una vez más, un suave y pequeño contacto –Estaremos bien, Pulga.

Izaya no necesitó más, dejando que sus comisuras se curvaran ligeramente arriba, apoyando su cabeza sobre la almohada y mirando el rostro de Shizuo enfrente, que le miraba del mismo modo. hasta poco a poco cerrar los ojos y dormir, sin miedo, sintiéndose libres y a la vez perfectamente cómodos de pertenecerse mutuamente.

Porque ni siquiera en sueños pensaban soltarse.

FIN DEL CAPÍTULO


¡Hola! No saben lo feliz que me siento de llegar a esta parte de la historia :''D
En fin... pido una disculpa por alargarme, jajaja~ , PERO sentí fervientemente que necesitaba cerrar este capítulo sin lemon (lo lamento, sé que lo esperaban :'v Yo igual(?)

¡Pero no desesperen! ¡Claro que tendremos lemon! TODO el siguiente capítulo estará dedicado a ello, porque obvio que debemos tener a nuestros bellos niños dejando en claro lo mucho que ha cambiado su relación, y a donde apunta esta en el futuro uwu (y porque en mi cabeza el Shizaya no es Shizaya si no parecen conejos(?)

Entonces, mañana tendrán a estos nenes amándose a modo de epilogo y capítulo extra 👀👌 💕❤💐

¡Nos leemos! 😘