Y no podemos pasar por alto el descargo de responsabilidad requerido. Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la trama de la historia a la grandiosa autora pattyrose, yo solo traduzco.

Y como siempre, gracias a mi querida amiga y Beta Erica Castelo por ayudarme con mis horrores :P


After Christmas – Capítulo 12


Bella

Desperté con un jadeo sorprendido. Por un segundo, al observar mi extraño entorno que se volvió aún más confuso por la oscuridad, mi desconcierto aumentó. Pero solo por un segundo.

"Shh. Está bien. Vuelve a dormir."

Las tiernas palabras tranquilizadoras de Edward eran reales, susurradas a milímetros de mi mejilla antes de sentir sus labios rozar el borde de mi boca. Cuando sus brazos se ciñeron a mi alrededor, sonreí, recordando dónde estaba y acurrucándome aún más cerca. La suave manta que nos cubría a ambos era un pequeño pedazo de cielo en un valle de Asia del Sur.

"Estaba soñando contigo," le respondí adormilada, "y olvidé que en realidad estaba aquí."

El dorso de sus dedos recorrió lánguidamente mi espalda. "Sí, todavía se me está haciendo algo difícil creerlo también. Sigo despertando solo para mirarte."

Solté un resoplido. "¿Qué hora es, Edward?"

"Son aproximadamente las tres de la mañana."

"Eso es que, ¿aproximadamente las cuatro de la tarde en mi horario?"

Su nariz rozó un lado de mi rostro. "En este momento, chica Jersey, tu horario es mi horario."

Me reí entre dientes.

"Pero sí," se rio entre dientes en respuesta, "son más o menos las cuatro de la tarde en casa."

Levantando mi cabeza, encontré su mirada, sus ojos verdes casi resplandecían en la oscuridad. "Supongo que es por eso que de repente no me siento tan cansada."

Me sonrió y asintió. "Tu reloj interno no se ha ajustado al cambio de horario, y si quieres que sea así, tienes que volver a dormir."

A pesar de su sugerencia, le sostuve la mirada, renuente a perder un solo minuto de nuestro corto tiempo juntos.

"Bella, ¿por cuánto tiempo vas a estar aquí?" Murmuró como si hubiera leído mi mente.

"Por nueve días más."

Asintió. "Eso es casi la cantidad de días que hemos tenido juntos desde que nos conocimos."

"Lo sé."

Por un momento prolongado, en el silencio que nos rodeaba, simplemente nos estudiamos el uno al otro. No pronunciamos palabras entre nosotros por un largo rato, ni siquiera cuando inclinó su cabeza y presionó sus labios a los míos, nuestras lenguas uniéndose suavemente, retrocediendo… y uniéndose. Poniéndome sobre él, empujó dentro de mí, con solo sus suaves gruñidos y mis gimoteos llenando el silencio. Al mecerme hacia adelante y hacia atrás sobre él, afianzándome en sus caderas y en sus hombros, me permitió marcar el ritmo. El urgente y apabullante frenesí de mi llegada se había disipado, con todo, al hacer el amor fue tan potente como siempre. Sujetó mi cintura y me sostuvo la mirada, aprisionando mi rostro entre sus manos mientras me corría con una fuerza que aceleró mi corazón y me dejó sin aliento. Y cuando terminé, curveó sus manos en mi cintura una vez más y arqueó su espalda, sujetándome sobre sus caderas al mismo tiempo que se enterraba profundamente y jadeaba al liberarse.

"Feliz Navidad," le dije al yacer agotada sobre él. "¿Ya lo dije?"

Se rio con ganas, besando la cima de mi cabeza y acomodando las mantas a nuestro alrededor. "Sí, lo hiciste. Y ahora es el día después de Navidad, y necesitas volver a dormir, chica Jersey."

"Está bien," jadeé, una vez más soñolienta y sonriendo contra su pecho. "Está bien."

OOOOOOOOOO

La siguiente vez que abrí mis ojos, brillantes rayos de luz entraban por la ventana de Edward. A través del largo panel de cristal, tenía una vista clara de la ciudad, que al llegar tarde la noche anterior no había tenido la oportunidad de ver. El valle de Katmandú y sus edificios de ladrillo y cemento de varios tamaños se encontraban frente a una cordillera de verdes colinas. Más allá de esas colinas se elevaban los majestuosos picos nevados de la Cordillera del Himalaya. Todo estaba enmarcado por un cielo azul grisáceo. Verdaderamente, era una vista hermosa, digna de todos los elogios que se le han conferido a lo largo de los siglos. Sin embargo, era la vista dentro de las ventanas y mucho más cerca la que me fascinaba.

Edward se paseaba sin hacer ruido por la habitación con solo un bóxer negro. Vi cómo abría con cuidado un cajón y sacaba un par de jeans. De espaldas a mí, lo vi ponérselos en silencio. Edward era un ingeniero constructor. Aunque tenía horas de oficina, sus días por lo general no consistían de un horario de nueve a cinco detrás de un escritorio, seguido tal vez de levantar pesas o ir al gimnasio por una hora o algo así en las noches. Años de trabajar en el terreno significaba que su cuerpo de un metro ochenta y ocho estaba bien formado por constante labor física. No había nada exagerado o poco trabajado en su figura delgada y musculosa.

Como si pudiera sentir mi mirada sobre él, miró por encima de su hombro, sonriendo cuando sus ojos encontraron los míos.

"Buenos días. Intentaba no despertarte todavía."

Le sonreí en respuesta. "Estaba admirando la vista."

Sus ojos se desplazaron a la ventana justo a su lado. "Es una hermosa vista, ¿verdad?"

"Oh sí," me reí entre dientes, "seguro que lo es."

Cuando volvió a mirarme a los ojos, me dio una sonrisa torcida y cómplice. "Mi atrevida, chica Jersey."

Me eché a reír. "¿Qué hora es?"

"Son las siete, pero no tienes que levantarte todavía. Iba a prepararnos el desayuno y luego vendría por ti."

Gimiendo, arrojé mi cabeza hacia atrás a la suave almohada y me quité las mantas. "Si no me levanto ahora, tal vez nunca salga de tu cama."

Edward miró a mis pechos expuestos con franca lujuria. "Mmm, no tengo problema con eso."

"Sabía que no lo tendrías," sonreí, "pero sería algo jodido regresar a Nueva York y admitir que no vi ni un poco del maldito Katmandú."

Se rio a carcajadas. "Entonces, supongo que debería mantener mi distancia—por ahora."

Solté una risita y me incorporé, subiendo la manta una vez más. "Por ahora," concordé. "¿Te importa si tomo una ducha rápida?"

"Por supuesto que no. Traje tu maleta, y tu teléfono está sobre el buró."

"Bien, gracias. Le mandé un mensaje a mis padres y a Alice cuando aterricé, pero solo les enviaré un texto rápido para decirles que te encontré, y que todo está bien."

A pesar de su afirmación medio minuto antes de mantener su distancia, Edward se apresuró hacia mí, acercándose y tomando mi rostro entre sus fuertes manos antes de presionar firmemente mis labios con los suyos.

"Suena bien," dijo entre su aliento contra mi boca. "Ve a tomar tu ducha, chica Jersey, y encuéntrame en la cocina, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo," sonreí.

Lo vi alejarse. Luego, todavía un poco aturdida por casi veinticuatro horas de viaje pero con mi corazón tan ligero como las vaporosas nubes que rodeaban el Himalaya, envié un texto rápido a Alice y a mis padres.

Hola, chicos. Estoy con Edward. Todo está bien. Les enviaré un texto a todos de nuevo cuando tenga oportunidad. 3

Con un suspiro de felicidad, encontré mi bolsa con mis artículos de tocador, me dirigí al pequeño baño, hice mis necesidades y me metí a la ducha caliente de Edward.

"Last Christmas, I gave you my heart, but the very next day, you gave it away."

Canté mientras enjabonaba, aseaba y enjuagaba todas mis partes maravillosamente adoloridas. Cuando terminé, cerré la llave del agua y me asomé del otro lado de la cortina de la ducha en busca de una toalla. Una colgaba de un estante y un par estaban tiradas en el piso. Esperando encontrar una limpia, estiré mi mano y abrí el gabinete del lavabo, sonriendo cuando encontré un par dobladas cuidadosamente.

Tarareando mi melodía favorita navideña, envolví mi cabello en una toalla y até la otra a mi alrededor mientras me humectaba y me ponía desodorante. Luego, desenvolví la que tenía en mi cabello y me agaché para recoger las tiradas para poder meterlas todas en el reducido cesto de mimbre. Cuando las dejé caer dentro, una mancha en una llamó mi atención. Por unos segundos, me quedé mirando a la toalla blanca porque había muchas cosas que podrían haber dejado esa mancha rojiza, pero en mi cerebro aún exhausto, ninguna vino de inmediato a mi mente. Luego, también estaba el aroma ligeramente dulce que emanaba de ella, y el par de hebras de cabello largo y negro que colgaban de una punta.

Eché la toalla en el cesto y entre de vuelta a la recámara.

OOOOOOOOOOO

Cuando entré a la cocina, Edward estaba en la estufa con una espátula en su mano. Se había puesto una camiseta, y al parecer, al no haber escuchado que me acercaba, tarareaba bajito. Curiosamente, era la misma melodía que yo había estado tarareando. Por unos pocos segundos, me quedé ahí, apoyada contra la pared y observándolo.

Él no era así. Lo sabía. En mi corazón, lo sabía.

Después de unos segundos, como si pudiera sentirme, se volvió y miró por encima de su hombro, sonriendo ampliamente mientras me admiraba.

"Te ves hermosa."

"Gracias. Solo son unos jeans y una camiseta," me encogí de hombros, "como tú."

En dos zancadas estaba frente a mí, sosteniendo la espátula lejos de mí mientras se acercaba y besaba mi nariz.

"Contigo nunca son solo jeans y una camiseta," sonrió al apartarse, tirando con ternura de mi cola de caballo con su mano libre. "Y amo tu cabello largo."

Cuando no respondí nada más, se rio entre dientes y caminó de vuelta a la estufa.

Después de todo lo que me había dicho el día que nos conocimos—sobre su padre y su hermano y cómo todo eso moldeó su punto de vista sobre la fidelidad—no tendría sentido. No sería lógico, y yo sabía de lógica. Dominaba mi mundo… al menos, lo había hecho hasta el día que conocí a Edward.

"Estoy revolviendo tus huevos como te gustan, y hay pan calentándose en el horno."

"Huele delicioso. Gracias."

"De nada, chica Jersey. ¿Quieres café o té? Aunque, te advierto," dijo con tono burlón, "te tomará algo de tiempo acostumbrarte a ambos con la leche de aquí. Tiene un sabor diferente—no está mal, solo diferente."

"Tomaré café."

"Bien." Otra vez miró por encima de su hombro, con el ceño ligeramente fruncido. "¿Estás bien?"

Asentí. "Todavía un poco cansada, supongo."

"Toma asiento," ofreció, haciendo un gesto con su barbilla hacia la pequeña mesa y cuatro sillas. Lo vi apagar la estufa y estirar su largo brazo hacia el gabinete, sacando un par de platos.

"Es un largo viaje, Bella, lo sé." Sirvió algo de huevos en un plato. "Vas a estar algo desfasada por un día o dos, pero cuanto más rápido sintonicemos tu reloj interno con la hora local, más rápido te recuperarás." Dejando a un lado el plato, sirvió un poco de huevos en el siguiente. "Lamentablemente," se rio entre dientes con mucha alegría porque él no era un infiel; yo sabía eso, "tendrás que hacerlo todo de nuevo cuando regreses." Dejando a un lado el segundo plato, abrió la puerta del horno debajo de él, siseando y sacando velozmente su mano, para entonces meterla de nuevo en seguida para sacar el pan.

"Está caliente."

"¿Quieres que prepare el café?" Me ofrecí.

"Claro, chica Jersey." Abrió un cajón y sacó un cuchillo para pan. "La leche está en el refrigerador. Así que, voy a trabajar medio día, Bella," dijo mientras rebanaba el pan, y yo caminaba al refrigerador. "Como no sabía que venías, dejé un par de cosas en el aire."

Abrí la puerta del refrigerador, odiándome cuando mis ojos buscaron pistas. Detrás de mí, podía escucharlo atravesar la habitación hacia la mesa, y cerré mis ojos con fuerza, con mi corazón martillando en mi pecho.

"Solo voy a encargarme de unas cuantas cosas, y les informaré que voy a tomarme un par de días de vacaciones—"

"Edward," susurré.

Estaba colocando los platos sobre la mesa cuando me miró. Una vez más, frunció el ceño, estaba vez más marcado, con una sonrisa confundida jugando en sus labios cuando me vio parada frente al refrigerador cerrado.

"Bella, ¿qué pasa?"

Mi voz sonó temblorosa. "Cuando ayer estábamos al teléfono, dijiste que había un par de cosas que querías decirme." Cuando la sonrisa desapareció por completo de su rostro, mi corazón se aceleró.

Se enderezó frente a la mesa y asintió. "Sí."

"Me dijiste que la primera: era que pensabas que debería venir a Katmandú."

"Sí," sonrió débilmente, "pero tú ya estabas aquí."

"¿Cuál era la segunda cosa, Edward?"

Toda la sangre desapareció de su rostro.

"Edward, ¿cuál era la segunda cosa?"

"Ven aquí," dijo en voz baja.

"No soporto el suspenso o la incertidumbre, Edward."

Sus ojos se entrecerraron.

"Había toallas en el piso. Las recogí para ponerlas en el cesto."

Su rostro palideció imposiblemente aún más, provocando que se viera casi como si fuera a vomitar. "Bella—"

"¿Cuál era la segunda cosa, Edward?"

"¿Qué estás pensando, Bella? ¿Qué te estás imaginando?"

"No quiero imaginármelo."

"Entonces, no lo hagas. Ven aquí," repitió, tendiéndome su mano. "Por favor."

Lentamente, me dirigí a él, alcanzando su mano. Cuando tomó la mía, entrelazó nuestros dedos casi dolorosamente, tirando de mí el resto del camino.

Sostuvo mi barbilla entre dos dedos. "¿Qué está pasando por tu cabeza en este momento, Bella," murmuró, "cuando te dije, en el momento que nos conocimos, cómo me sentía sobre el matrimonio jodido de mis padres? ¿Lo que pensaba sobre el comportamiento de Jasper con las mujeres? ¿Cuando te prometí todo, incluyendo la monogamia, en esa suite en Miami? ¿Cuando pude caer de rodillas anoche cuando apareciste inesperadamente en mi puerta? ¿Cuando te hice el amor dos veces desde que llegaste, y cuando te dije anoche, y te digo ahora," su pulgar limpió una solitaria lágrima de mi mejilla, "lo mucho que te amo?"

El arrepentimiento me atravesó como un hierro caliente, apuñalándome repetidas veces. Nunca había sido del tipo romántico, soñando con un hombre que me enamorara, que sería mi príncipe mientras yo era su pequeña y delicada princesa. Nunca había soñado con un felices para siempre de cuentos de hadas. De hecho, antes de conocer a Edward, mis únicos sueños giraban en torno a mí, yo y solo yo.

No era del tipo que se enamoraba por palabras dulces y buenas líneas… y sabía que Edward no era del tipo que las decía.

"Lo siento mucho."

"No quiero tus disculpas, Bella," susurró con ternura. "Lo único que siempre querré de ti es tu amor, tu respeto, y tu confianza. Creo que me los he ganado, igual que tú te has ganado los míos."

"Los tienes todos, Edward," le aseguré. "Los tienes todos. Y yo lo siento, pero vi y olí esa toalla, y joder, me confundió y odio sentirme confundida."

Asintió y me llevó de la mano, Edward me guio a una silla, poniéndose de cuclillas frente a mí cuando me senté, y una vez más entrelazó nuestras manos.

"Estaba planeando decirte todo esto. Era la segunda cosa que quería discutir en esa llamada telefónica."

"Entonces, dime," le dije mucho más calmada.

Respiró profundamente. "He estado… molesto, Bella, sí. Se me metió en la cabeza que no querías hacer el esfuerzo por venir a verme… que no estabas tan comprometida como yo."

Le ofrecí una sonrisa de disculpa. "Edward, he estado planeando este viaje por meses. Es solo que a se me metió a la cabeza que quería que fuera una sorpresa." Me encogí de hombros. "Tal vez solo debía habértelo dicho."

"Escúchame; no me importa cómo sucedió. Solo estoy muy emocionado que estés aquí." Suspiró. "Obviamente, estaba equivocado, y lamento haber dudado por un segundo que nuestra relación fuera tan importante para ti como lo es para mí."

Toqué su mejilla. Me sonrió a medias antes de aclarar su garganta.

"Tuvimos una fiesta de Navidad en la oficina anteayer, y después, invité a un par de amigos aquí, a Tyler e Irina."

Asentí, tratando de mantener mi expresión lo más imperturbable posible. "Creo saber quiénes son por tus publicaciones en el sitio. Tyler es el tipo con el afro genial, e Irina es la de apariencia exótica con el largo cabello negro."

"Ella es mi homóloga nepalés con HPH. Si tiene apariencia exótica o como luce su cabello, me importa una mierda. Los tres compartimos un taxi y nos salpicó un charco, así que le di a los dos toallas para que se secaran."

No pude contener la gran sonrisa que se extendió por mi rostro, porque Dios, eso era tan simple e inofensivo.

"No, Bella." Edward sacudió su cabeza, al parecer, leyéndome fácilmente. "Desearía poder dejarlo en eso." Tragando saliva, se metió en el espacio entre mis piernas. "Una vez me dijiste, cuando sentí celos de Diego, que me contabas toda la historia porque no podías dejar de decírmela, porque al no contármela sentirías como si me lo estuvieras ocultando a propósito debido a la distancia entre nosotros, y porque el día que empezáramos a ocultar cosas el uno del otro sería el día en que está naturalidad que siempre ha existido entre nosotros, a pesar de todas las otras dificultades en nuestra relación," su dedo se movía de un lado al otro en el estrecho espacio que nos separaba, "desaparecería."

"Lo recuerdo," asentí, "y no estés nervioso. Casi la jodí antes porque estoy desfasada por el viaje, y mi cerebro está funcionando más despacio, pero confío en ti con todo mi corazón."

Su sonrisa resultante estaba impregnada de tanto alivio, que hizo que doliera mi corazón. Con todo, pasó la mano por su cabello antes de continuar.

"Bueno, ella intentó seducirme, Bella."

Por unos segundos, nos miramos el uno al otro en silencio.

Hablé despacio y con cuidado. "Cuando dices… que intentó seducirte, ¿podrías explicarlo mejor?"

"Estaba preparando el café, y me di la vuelta y ella estaba ahí, y…" Aclaró su garganta.

"¿Y…?"

"Y ella intentó besarme, y le dije claramente, que no estaba interesado."

"¿Ella sabe que tienes novia?"

"Sí, Bella. Hablo de ti a menudo en el trabajo."

"¿Ella tiene un novio?"

"Sí. Como tú, está fuera del país."

"¿Entonces…?"

"Solo quería una follada."

Las aletas de mi nariz se ensancharon. "Antes que continuemos, necesito que entiendas que sí, estoy furiosa en este momento, pero no contigo. Así que, ¿qué hizo ella? ¿Te dejó en paz?"

"Bueno… puede decirse que la eché," dijo con un resoplido, "así que…sí."

"¿La echaste?"

"Sí."

Apreté mis labios… y luego estallé en carcajadas.

Edward me observó por un segundo y luego se rio también. Nos reímos y reímos, y no estoy segura si yo lo atraje a mí o si él tomó la iniciativa, pero sus brazos se deslizaron a mi alrededor, y dejó caer su cabeza en mi regazo.

"Edward…" Delicadamente, pasé mis uñas de un lado al otro de su cuero cabelludo y su nuca, disfrutando de los suaves gemidos que emanaban de él. "No puedo creer que casi arruiné esta visita desde el principio con mis celos estúpidos y sin fundamento."

No respondió en seguida. "En primer lugar, no ibas a arruinar nada. Y en segundo, si hubiera sido al revés, también habría estado molesto. De hecho, estaba molesto la primera vez que volví a Nueva York para verte, y Diego solo entró a tu departamento como si fuera dueño del lugar. Fue en parte la razón por la que me fui esa noche… y fue estúpido de mi parte, lo sé."

"Edward… ¿crees que tendríamos estos momentos de inseguridad si no estuviéramos tan alejados el uno del otro?"

Levantó la vista hacia mí. "Sinceramente, no lo sé."

"Me refiero a que, probablemente no es la primera y posiblemente no será la última vez que alguien te desee a pesar de saber que tienes novia, esperando que solo porque estoy lejos, tú estarás deprimido."

"Tampoco sé eso, pero estoy seguro que hay muchos hombres en casa a quienes les encantaría tener una oportunidad contigo."

Y esa era una de las miles de cosas que amaba de Edward y yo: Hablábamos. Sin importar la distancia entre nosotros—más de ciento veinte mil kilómetros o veinte centímetros entre nosotros, hablábamos. Y sabíamos que sin importar qué, nos diríamos la verdad. Fue una de las promesas que nos hicimos el uno al otro en esa suite de Miami hace más de un año.

Cogí su mano y besé sus nudillos. "Pueden mirar y pueden desear si ese es el caso, pero nunca me sentiré tentada."

"Yo tampoco," sonrió, "ni por un momento, Bella."

"Lo sé," asentí. "Supongo… supongo que algunas personas son diferentes, en lo que el amor significa para ellos."

Levantó su mano y tocó mi mejilla. "Siempre estaré agradecido que el día antes de irme a Katmandú, encontré a la chica que coincide con mi definición."

"Te amo. Sé que estuvimos de acuerdo en no abusar de las palabras—"

Me interrumpió con un sonoro beso, apartándose solo cuando sintió mi necesidad de respirar. "También te amo." Por un largo rato, me miró con ternura y luego una brillante sonrisa iluminó su guapo rostro. "En realidad, estaba pensando…" Su ceño se frunció. "¿Te importaría venir al trabajo conmigo esta mañana? Solo estaremos ahí por corto tiempo, y me gustaría presentarte con ellos, si estás de acuerdo."

"Eso me gustaría," sonreí. "En realidad, eso me gustaría mucho."

Soltó una risita cómplice. "Espera, no me causes problemas, chica Jersey. He visto un par de episodios aquí y allá de Amas de Casa de Jersey en mi vida, y sé cómo pueden ponerse las chicas de Jersey."

Eché mi cabeza hacia atrás y me reí con ganas.

Y esa era una de las muchas cosas que amaba de Edward y yo: Esta relación poco convencional entre nosotros que nos había enseñado desde el principio, que nuestro tiempo juntos era demasiado valioso para desperdiciarlo con preocupaciones innecesarias que algunas veces hacían que otras relaciones fallaran.

"Me portaré bien." Dibujé una cruz sobre mi pecho y le sonreí con picardía. "Lo prometo."

Me ofreció una sonrisa burlona. "Mmm. De acuerdo, entonces. Y después, te llevaré a hacer turismo, y luego…"

Arqueé una ceja. "¿Y luego?"

"Y luego."

Me deslicé al suelo con él sobre mis rodillas y envolví mis brazos con fuerza alrededor de su cuello. "Edward, siempre me han encantado tus y luego…"


Ya sabemos que implican esos 'y luego' *menea las cejas* No es de extrañar que Bella los espere con ansias jejeje. Fiuuuu, por poco y todo se va a la mi***, aunque de seguro Edward no habría dejado que pasara a mayores, es bueno que en su relación siempre ha existido la comunicación, algo muy importante, sobre todo en una relación a larga distancia. Así que, no hay nada de qué preocuparse, ya pasó el peligro y parece que Bella está más que lista para marcar su territorio y Edward lo sabe jajajaja. Y bueno, ¿empezamos ya con la quiniela? ¿Quién ganará, Irina o Bella? Ya lo veremos, ya lo veremos, como siempre, estaré esperando sus reviews para saber qué les pareció el capítulo, qué fue lo que más les gustó y qué esperan que pase en ese encuentro :) Recuerden que sus reviews es el único pago que recibimos por compartir estas historias con ustedes, y en realidad no les cuestan nada, solo unos minutos de su tiempo, que escriban unas cuantas palabras y envíen ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Aislinn Massi, BereB, Renesmee Alicy, BereB, AnnieOR, cary, NaNYs SANZ, Lady Grigori, aliceforever85, Vanina Iliana, somas, keyra100, ariyasy, LicetSalvatore, Yoliki, Vanenaguilar, Gabriela Cullen, Adriu, Pili, alejandra1987, Ali-Lu Kuran Hale, lagie, patymdn, Tecupi, Shikara65, kaja0507, EmmaBe, Tata XOXO, Liz Vidal, Manligrez, SullyYM, Brenda Cullenn, Monse FP, MF, Bertlin, Sindey Uchiha Hale Malfoy, EriCastelo, Lectora de Fics, kendravegahernandez, Lizdayanna, florecitacullen1, Keniie Masen, saraipineda44, tulgarita, Bookaholicreader, alexiastewart98, Yendry Villachica, calvialexa, PRISOL, Jenn, Rosii, rosycanul10, angryc, Krom, Say's, Marie Sellory, injoa, Mafer, rjnavajas, Leah de Call, Isabelfromnowon, Valevalverde57, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo, ¿cuándo? Depende de USTEDES.