Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K Rowling.
Hola queridos lectores: Me parece que no se cómo organizar bien mis tiempos y por eso no subí el capítulo cuando tenía que hacerlo, pero aquí estoy otra vez y perdón por las falsas promesas (re dramática que soy jaja). Mil gracias por sus comentarios a Dolce Malfoy, Guest y cuqui. luna. 3. ¡Besos!
OoOoO
Tarta de melaza
El olor a antibióticos y desinfectante de pisos me estaba mareando horriblemente. Salí al patio del hospital antes de vomitar todo mi desayuno (apenas unos sorbos de café y media tostada) Hoy por fin le quitarían el yeso de la pierna a mi mamá y pronto volvería a trabajar con todos esos niños revoltosos que la adoraban. Lily amaba ser pediatra tanto como yo amaba la natación o mi papá las leyes, no estaba seguro de que a él le gustara la parte tediosa del trabajo pero estaba convencido de que se esforzaba mucho por defender las causas justas. Estaba en medio de mis pensamientos cuando una mano en mi hombro me distrajo.
—¿Qué sucede cariño? —pregunto mi mamá.
Me di la vuelta para encontrarme con los rostros de mis padres. Lily con sus lindos y brillantes ojos verdes tan parecidos a los míos y James con su enmarañado cabello azabache que por supuesto había heredado.
—Nada, estoy bien —conteste desganado.
—Dices eso, pero no lo parece —señalo mi papá.
—Estoy bien —repetí.
—De acuerdo hijo, es fin de semana ¿Por qué no vamos a visitar a tu padrino? A menos que tengas planes con Ron —dijo mi mamá.
No me apetecía ir a la casa de los gritos en absoluto, en especial porque había estado ahí ayer, pero me apetecía menos regresar a casa donde tenía montones de tarea por hacer y mucho en que pensar.
—Vamos —dije forzando una sonrisa.
Caminamos hasta el estacionamiento y mi papá levantó a mi mamá en sus brazos para sentarla en el asiento del copiloto, aunque ella insistía en que ya estaba mejor. De camino a las afueras del pueblo James encendió la radio y comenzó a cantar Oh! Darling haciendo voces graciosas provocando que Lily soltara risitas, culpaba a mis padres por las altas expectativas que tenía del amor. En el auto siempre sonaban The Beatles por alguna costumbre extraña que mi familia había adoptado, antes de darme cuenta aparcamos la camioneta detrás de la casa de los gritos y Sirius salió por la puerta trasera.
—¡James y Lily! ¿a qué debo el honor? —pregunto mi padrino yendo a abrazar a mi padre.
—Mi esposa vuelve a caminar —señalo el de ojos cafés.
—¡Un milagro! —grito Sirius elevando a mi madre en sus brazos.
—¡Bájame, Black! —gruño mi mamá.
Sonreí ante la escena.
—Pasen, tengo una intrusa en casa, pero estaba a punto de irse ¿verdad Parkinson? —dijo mirando a la pequeña morena.
Yo no la había visto hasta que mi padrino la señalo. Mi papá le lanzo una mirada acusadora pero mi padrino no parecía sentirse culpable de nada. Entramos al bar y bajamos las escaleras hasta el sótano donde Sirius había arreglado todo para que fuera su hogar.
—Pensé que nunca tendría el honor de hablar con usted señor Potter —dijo Pansy en cuanto nos vio.
La mire extrañado al igual que mi papá.
—¿Gracias? —exclamo inseguro James.
Pansy soltó una risita nerviosa y corrió hasta el sillón donde había una mochila de color verde esmeralda que brillaba y saco un disco de vinilo donde estaba estampada una fotografía con los rostros de mi papá y de mi padrino junto con el entrenador Remus y el administrador Pettigrew.
—Soy su más grande fan, ¿me firmaría el disco? Solamente me faltaba la suya —dijo la morena.
Mi papá se sonrojo y mi mamá sonrió divertida.
—Parece que después de todo Los merodeadores no fueron un fracaso —señaló mi mamá.
—Lily por favor, en nuestros tiempos fuimos los más grandes —gruño Sirius.
—Lo que te haga feliz cariño —dijo con condescendencia Lily.
Suprimí una risita. Cuando mi papá termino de firmar, todos nos sentamos en la mesa de centro a comer tarta de melaza y té. La conversación fue amena hasta que sin querer hice un comentario desafortunado.
—La verdad es que quede bastante sorprendido con su actuación, Sirius me dijo que no eran buenos.
Pansy le lanzo una mirada asesina a mi padrino y se levantó del sillón de un brinco.
—Parkinson, no te pongas así. Ya lo habíamos discutido —intercedió Sirius.
—¡Somos fantásticos! No tiene nada de malo sonar como tus más grandes influencias —dijo a la defensiva la morena.
—Un buen artista tiene que encontrar su voz propia y dejar de hacer covers —refuto Sirius.
—Gran discurso abuelo, me marcho —anuncio saliendo con aire dramático de la escena.
—La hiciste enfadar —dijo James negando con la cabeza.
—Iré con ella —anuncie.
—Harry —llamo mi mamá.
La mire esperando sus siguientes palabras.
—No llegues tarde a casa ¿de acuerdo? —pidió.
—Claro —respondí.
