Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor


«10»


Cuando volvió a remontar la escalera después del almuerzo Hinata se topó con Chõji, que recorría el pasillo al que daba la habitación de Naruto, y se detuvo para hacerle una pregunta.

—¿Alguna vez me mostrarás el resto de la casa?

—Se convertirá en tu hogar, así que puedes explorar cuanto quieras.

—¿Entonces por qué no me hablas de Ino?

De repente él adoptó una expresión cautelosa.

—Porque... No es bueno hablar de...

—Tonterías. ¿Cómo era ella?

Chõji guardó silencio un momento.

—Era una beldad, era maravillosa... —dijo, sonrojándose un poco—. Yo mismo estaba un poco enamorado de ella, pero ella no lo sabía y nunca podía decírselo, desde luego. Era animosa y divertida, pero también un tanto testaruda y podía ser tan salvaje y temeraria como su hermano. Adoraba cabalgar a todo galope, como Naruto, y ambos solían hacer carreras a través de los brezales. También tenía su propio velero, idéntico al de él; él se lo compró después de enseñarle a navegar y ambos incluso hacían regatas a lo largo de la costa. Y solía pegarse a Naruto y a mí incluso cuando Shikamaru y Sai, sus dos mejores amigos del colegio, estaban de visita. Se negaba a quedar excluida de cualquiera de las cosas divertidas que emprendíamos.

Su descripción hizo que Hinata deseara haberla conocido. Ino parecía una persona muy divertida y le pareció que podrían haber sido buenas amigas.

—¿Hay algo más que la volviera especial?

—Le gustaba tomar sus propias decisiones: escoger sus ropas, sus amigos, e incluso las obras benéficas que apoyaba. Lady Kushina no siempre estaba de acuerdo con su hija y no podía evitar que ella comprara todo aquello con lo que se encaprichaba porque ella disponía de su propio dinero, heredado de una de sus abuelas. Lady Kushina es una mecenas de las artes y también animó a su hija a elegir una causa noble a la cual apoyar. ¡Ino nos sorprendió a todos cuando no solo escogió una sino tres! —Chõji rio—. Un hospital de York, una casa de expósitos administrada por la Iglesia en las afueras de Londres y un hogar de viejos marinos en Scarborough. No era exactamente lo que había imaginado lady Kushina, aunque fue incapaz de negar que fueran causas nobles. Y en honor a su hija, lady Kushina continúa apoyándolas en el presente.

Una familia generosa, al menos sus miembros femeninos. Ino había tenido la suerte de poder tomar sus propias decisiones; Hinata no podía imaginar cómo hubiera sido gozar de semejante libertad.

—Admito que me puse un poco celoso cuando ella y su madre regresaron de Londres a finales de aquel verano y lady Kushina afirmó que la presentación en sociedad de su hija había sido un éxito.

—¿Por qué?

—Porque era obvio que lo fue. Un par de jóvenes lores enamoradísimos siguieron a Ino hasta su hogar para seguir cortejándola como en Londres. Sospeché que pronto recibiría propuestas matrimoniales, si es que aún no las había recibido. Pero Ino acompañó a su madre a Scarborough antes de que el clima se volviera demasiado inhóspito. Nunca olvidaré cuán conmovido me sentí cuando, antes de partir aquel día con su madre, me dijo que me quería porque yo era un amigo tan bueno y leal de su hermano. Naruto tenía una relación más estrecha con Shikamaru Nara y Sai Seamons, los lores con los que asistió a la escuela, pero ella pareció creer que yo era el mejor amigo. Fue lo último que me dijo. Nunca regresó de Scarborough.

Al ver la tristeza en su rostro, ella preguntó con voz suave:

—¿Cómo murió, Chõji?

No fue necesario escuchar la respuesta: la supo por la misma expresión cautelosa anterior.

—Si quieres saberlo tendrás que preguntárselo a Naruto.

Hinata suspiró: jamás podría abordar ese tema con él, pero dirigió la mirada por encima del hombro a la habitación cerrada con llave que Chõji había mencionado ayer.

—¿Qué pasa con esa habitación?

—¿La de Ino? Ya te dije: siempre está cerrada con llave.

—También dijiste que podría verla en otro momento. Ahora es un buen momento.

—¿Por qué quieres verla?

—Para poder comprender un poco mejor a las personas responsables de mi presencia aquí: Naruto, Sasuke... e Ino.

Antes de asentir con la cabeza, Chõji vaciló, pero luego se acercó a la puerta para abrirla.

—Por favor, no le digas a Naruto que te lo he permitido —susurró.

Ella tendió la mano para que le diera la llave.

—Nunca lo sabrá, lo prometo. Cerraré con llave cuando salga.

Chõji asintió y después siguió descendiendo la escalera.

Hinata entró y cerró la puerta con rapidez. ¿Encontraría algo interesante en la habitación de la muchacha muerta? No le serviría para averiguar cómo había muerto Ino. El interior era oscuro y polvoriento y las gruesas cortinas estaban cerradas.

Abrió una antes de recorrer lentamente la habitación.

Puede que la estuviera viendo exactamente como la había visto ella por última vez, a excepción del retrato de una bella joven apoyado contra una pared. ¿Se trataría de Ino Uzumaki? Tuvo la sensación de que era ella y debía de haber sido pintado justo antes de que cumpliera los dieciocho: cabellos rubios, ojos verdes y alegres.

¿Estaría excitada por su inminente temporada social en Londres? Quizás el retrato había ocupado un lugar destacado en la planta baja hasta que su muerte hizo que contemplarlo se volviera demasiado doloroso para su familia y lo guardaron tras una puerta cerrada con llave.

Nada parecía faltar ni estar fuera de lugar en la habitación, en el tocador aún reposaban numerosos frascos de perfume y adornos, el pequeño vestidor seguía repleto de vestidos, sombreros y zapatos. Había un cuadro de un hermoso caballo blanco y otros de dos veleros surcando las aguas. Era evidente que a Ino le gustaba encontrarse al aire libre. Una miniatura de Naruto estaba apoyada en la mesilla de noche junto a la cama, un Naruto más joven, pero lo bastante mayor como para que la

imagen guardara un gran parecido con el hombre en el que se convirtió. Ella lo adoraba y su relación con él había sido muy estrecha, según lo dicho por Chõji. Había un joyero con una cabeza de zorro tallada en la tapa. ¿Una reliquia familiar? Abrió el joyero y se sorprendió al ver que estaba casi vacío excepto por un par de deslustrados pendientes de plata. Si Ino había poseído su propio dinero, ¿por qué no estaba lleno

de joyas caras?. A la muchacha también le habían gustado las cosas con volantes. Tanto el cubrecama como las cortinas y el tocador estaban bordeados de volantes... o tal vez nunca se dedicó a redecorar la habitación tras hacerse mayor. En el centro del escritorio había un gran cuenco lleno de caracolas, rodeado de caracolas más grandes. De niña debía de haberse divertido en aquella playa de Scarborough. ¿Con Naruto? ¿Construían castillos de arena juntos? ¿Nadaban juntos? Hinata se preguntó si algún día él hablaría de la hermana que había perdido.

Cuando empezó a abrir los cajones del escritorio se sintió invadida por la culpa. Estaba curioseando de la peor manera posible, pero si no lo hacía, ¿cómo se suponía que averiguaría lo que le había sucedido a la hermana de Naruto, mientras él seguía negándose a decirle nada, aparte de que Sasuke era el responsable de su muerte?

El primer cajón que abrió estaba repleto de abanicos, su número la sorprendió. Los abrió y vio que eran bastante elaborados, todos de encaje, todos de colores diferentes y sembrados de diversas gemas, sin duda, a conjunto con la gran colección de vestidos de noche de Ino. Entonces abrió uno inusual: el marco era de madera sin pintar y sin gemas incrustadas, y los paneles eran de papel blanco en los que aparecían textos escritos a mano y en cursiva. Bien, eso lo volvía más inusual todavía, y puesto que no estaba incrustado de gemas consideró que nadie se enfadaría si lo tomaba prestado por un tiempo.

Hinata no poseía abanicos. Mikoto había olvidado dicho accesorio por completo o no los habían entregado en Leicestershire antes de que Hinata se marchara, pero un abanico le vendría de perlas para ocultar una sonrisa en el momento inadecuado, o para evitar que Naruto notara que hacía rechinar los dientes. Antes de abrir otros cajones guardó el abanico en su bolsillo.

No encontró nada más que despertara su interés y lo único que quedaba por abrir y echar un vistazo al interior era el arcón a los pies de la cama. Tal como había sospechado, lo único que contenía eran sábanas, pero para cerciorarse introdujo la mano, deslizó la palma por el fondo del arcón y tocó un trozo de cuero duro. Extrajo un libro grande, sin título en la tapa. Lo abrió y allí ponía: «No te metas», escrito con letra

infantil. Incrédula, se dio cuenta de que lo que estaba sosteniendo era el diario infantil de Ino. Hojeó las páginas con rapidez y vio que la escritura cambiaba y se volvía más formal y adulta. Leyó frases acerca de pruebas de vestidos, vestidos de noche y de fiesta. No solo era un diario infantil, sino uno en el que Ino siguió escribiendo más adelante. Tal vez había escrito algo sobre Sasuke, quizás el diario contenía pistas acerca de su muerte. Hinata quería leerlo todo, así que salió con el diario, cerró la puerta con llave y echó a correr hacia su propia habitación.

Dedicó el resto del día y también los dos siguientes a leer extractos de más de siete años de la vida de Ino, desde el día en el que la niña de once años comenzó a escribir el diario hasta que cumplió los dieciocho. Le resultó muy entretenido y soltó una carcajada al leer cómo Ella y Naruto se perdieron durante una tormenta de nieve y fueron conducidos a casa por un gran zorro cobrizo, así lo había descrito Ino al animal que los había ayudado. La niña se había enamorado de uno de los amigos de su hermano y le preocupaba que este se casara con otra antes que ella fuese lo bastante mayor como para proponerle matrimonio; sin embargo, nunca volvió a mencionarlo, así que el capricho debía de habérsele pasado.

El diario contenía numerosas anécdotas divertidas: Ino observando a Naruto en secreto en un rincón del jardín cuando él trató de besar a una de las muchachas del lugar, que huyó chillando. Naruto fingiendo que fue un accidente cuando cayó sobre uno de sus castillos de arena ¡entonces era verdad que los construían juntos! solo para que tuvieran que volver a construirlo. Ino incluso le había ganado algunas carreras y

mencionaba cada victoria pese a sospechar que él la había dejado ganar. Hinata detestaba dejar el diario a un lado cuando tenía que entrenar a Rebel, ayudar a Kurenai a plantar su nuevo jardín de hierbas o realizar la tarea que menos le agradaba: visitar la habitación de Naruto para ocuparse de su herida.

Sintió una gran decepción cuando llegó al final del diario, porque solo había algunas anotaciones referidas al verano en que Ino disfrutó de su primera temporada social y ninguna referencia al otoño en el que murió. Al parecer, esas páginas habían sido arrancadas, así como todas las relacionadas con el día en el que Ino lo conoció a «él»: esa era la única manera en la que se refería al hombre que la fascinó durante el primer baile; faltaban las seis páginas siguientes. Hinata reprimió un grito ahogado cuando vio que quienquiera que las hubiese arrancado no notó que aún quedaba una página más en la que aparecía la escritura de Ino. ¿Acaso ella había eliminado las pruebas antes de morir? No, Hinata comprendió que Naruto debía de haber arrancado las páginas tras la ira que lo invadió cuando descubrió las condenatorias palabras que lo impulsaron a querer acabar con la vida de Sasuke. Pero no era ningún milagro que hubiese pasado por alto la última página pues en ella solo aparecían dos líneas:

...rio cuando le dije lo del bebé, pero el bebé no me deja otra opción. ¡Maldito seas, Sasuke Uchiha, por estropear mi vida!

Al leer esa última página Hinata no supo qué pensar. ¿Así que su primo no solo le quitó la virginidad a Ino, sino que también la dejó embarazada? ¿Les mintió a sus propios padres al respecto, se negó a hacerse responsable e incluso rio cuando Ino se lo dijo? Que su primo hermano hubiese sido capaz de tratarla con tanta crueldad y que ni siquiera le importara su propio hijo nonato horrorizó a Hinata. Cuando comprendió que, al morir Ino, ella había perdido una sobrina o un sobrino, Hinata se echó a llorar. No obstante, Naruto no solo culpaba a Sasuke por seducir a su hermana, lo culpaba de su muerte. ¿Naruto creía que Ino se suicidó... a causa de Sasuke? ¿Era eso lo que ponía en las páginas que faltaban? Puede que esas dos únicas líneas hicieran que Naruto lo creyera y en ese caso no solo odiaba a Hinata porque el primo hermano de ella había causado la muerte de su hermana, sino también la de su sobrino o sobrina.

¿Por qué algunos de los habitantes de Konoha Park no se lo habían dicho? ¿O es que todos los demás creían que la muerte de Ino era un trágico accidente? Sin embargo, Hinata no se atrevía a hacerle preguntas a Naruto al respecto.

La otra noche, cuando volvieron a cenar juntos, ella le mintió diciendo que tenía dolor de oídos y no escuchaba bien; esto la ayudó a no reaccionar frente a sus dardos.

Durante los dos días siguientes, él abandonó el intento de enfadarla lo bastante como para que se marchara y se limitó a dejar de dirigirle la palabra mientras aguardaba que su «sordera» desapareciera. Aunque durante un par de días el silencio resultó agradable, no supuso ningún beneficio: la fiebre y la inflamación habían desaparecido y también la excusa aprovechada por Hinata para entrar en la habitación de él.

Entonces, como ya había acabado de leer el diario y tenía todavía más preguntas sobre lo que le había ocurrido a Ino, decidió que al día siguiente por la mañana su «sordera» habría desaparecido por completo.

—¡Es por esto que me enviaste a cumplir con ese encargo! —exclamó Chõji en tono acusador cuando regresó a la habitación de Naruto y lo encontró de pie ante una de las ventanas de atrás—. ¿Para que pudieras volver a escaparte de la cama?

—No me escapé. —Naruto no se volvió, pero alzó el bastón que sostenía en la mano para indicar cómo logró llegar hasta la ventana—. Cojeé, con la ayuda de esto.

—Sin embargo...

—Todo lo demás funciona perfectamente, Chõji, hace dos días que no tengo fiebre y la rojez de la herida ha desaparecido, maldita sea.

—Esas son buenas noticias. —Chõji también se acercó a la ventana—. Informaré a la señora Kurenai de que su...

—No, no lo harás.

—Pero supondrá una excusa.

Naruto lo miró de soslayo.

—¿Por qué?

—Bueno, ella me está haciendo un favor.

Naruto puso los ojos en blanco—. ¿Qué clase de favor le estas pidiendo?

—Tal vez te cuente cuando salga… bueno ya sabes que… son cosas mías y…

Naruto resopló. Esas dos mujeres estaban destruyendo su hogar, seduciendo a su cocinera y a su mejor amigo. En esos últimos cinco días hasta su reservado ayuda de cámara había sonreído mucho más que nunca y Kurama ni siquiera les ladraba a ambas cuando debería haberlo hecho. Al perro le disgustaban los desconocidos. Si Naruto no hubiese sabido que era un disparate habría pensado que ambas mujeres eran brujas.

Pero la más joven de las dos estaba sentada en un banco bajo el sauce, leyendo, protegida del sol que bañaba el parque; ya no sujetaba sus largos cabellos negros con una cinta, sino que estos se derramaban por encima de sus estrechos hombros. Al igual que una niña, su aspecto no parecía importarle cuando creía que estaba sola... o que nadie la observaba.

Tenía los labios carnosos; él imaginó que se mordía el inferior al leer, tal como la había visto hacer en tres ocasiones desde su llegada a Konoha Park, y cada vez su boca atraía más a Naruto. ¿Acaso las estaba contando, maldita sea? Sus ojos eran fascinantes, como perlas de color gris claro o a veces a más de cerca eran lilas, y su piel indicaba cuánto disfrutaba estar al aire libre. ¿Cuán impropio de una dama era eso?, Era pálida, tal como dictaba la moda, pero no lo era a la vez. Otras damas cabalgaban y paseaban al aire libre pero solo con sombrero, velo o parasol para proteger su delicada piel del sol. Debería ser recatada y en vez de eso era audaz; entrar en su alcoba el mismo día de su llegada debía haberla mortificado, pero él no notó que se sonrojara. Simuló estar intimidada, pero dejó de hacerlo con mucha rapidez.

Era una muchacha delgada, apenas más alta que la mayoría, de figura esbelta, y, sin embargo, esos pechos regordetes que ostentaba enfundada en ese vestido amarillo la primera noche que pasó allí... ¡Dios mío! ¿Cómo lograba sobrevivir a todo eso?.

Su aspecto había sido un golpe tremendo. Algo inesperado y no deseado. Y ¿por qué no escapó llorando de la habitación cuando él la besó...?

Se negaba a volver a pensar en ese fracaso, en ese tiro que le salió por la culata, pero la reacción de ella sugería que no era virgen. ¿Acaso era tan inmoral como su hermano?.

Según el personal, durante los últimos días se había ocultado en su habitación; pensó que tal vez le dolían los oídos, pero en el último par de días, cuando entró y salió apresuradamente de su alcoba para aplicarle el ungüento y casi sin decir palabra, no parecía sufrir ningún dolor. Más que nada, parecía distraída. Naruto tuvo que repetirse varias veces y en voz alta que debía seguir detestándola. El día antes apenas habían intercambiado dos palabras. El silencio no le gustaba en absoluto.

—¿Ya empieza a resultarte atractiva? —preguntó Chõji, mirando en la misma dirección que su amigo.

Antes de contestar Naruto dirigió la vista a los prados.

—Como el moho.

Chõji chasqueó la lengua pero no hizo ningún comentario. Bien, Naruto no necesitaba que volvieran a elogiarla.

—Sospecho que Jorge ignoraba lo que me estaba enviando, de lo contrario la hubiera añadido a su propia cuenta; nuestro príncipe ha llevado una vida disipada, extravagante y llena de aventuras, y ha tenido demasiadas amantes como para contarlas, y, ¿sin embargo, se escandaliza por unos cuantos duelos? Alguien introdujo este plan en su cabeza y me gustaría saber a quién debo agradecérselo.

—¿Te refieres a quién será el próximo al que retarás a duelo?

Naruto no contestó. Sentía el impulso de volver a contemplar el parque, así que esa vez centró la atención en los prados.

Royal necesita ejercicio.

—¡A mí no me mires! Y sabes que mi tío también le teme.

—¿Es que debo contratar un jinete? Encuentra alguien dispuesto a montarlo.

—Hace ejercicio, cada vez que alguien entra en el prado galopa por todas partes con aspecto amenazador.

—¿De veras? —dijo Naruto, riendo.

—Y se ha estado pavoneando mucho, alardeando ante la nueva yegua.

—¿Qué nueva yegua?

—La de lady Hyuga.

¿Así que ella trajo una yegua consigo? Entonces realmente pensaba quedarse. Llegó allí sin tener ni idea de con qué se encontraría y, sin embargo, estaba preparada para quedarse y casarse pasara lo que pasase... o quedarse el tiempo necesario para matarlo.

Es lo que había pensado, al menos aquel primer día cuando Hinata le ofreció su ayuda. Que lo hiciera no era lógico, puesto que él había tratado de matar a su primo.

No era lógico que aceptara gentilmente casarse con el enemigo mortal de su primo, y daba igual que ambos no tuviesen otra opción. Debería estar tan furiosa como él por la intromisión del regente en vez de brindarle sonrisas y ofrecerle treguas ridículas. No obstante, había interpretado el papel de ángel misericordioso cuando nada la obligaba a

hacerlo. ¿Acaso lo había hecho por algún otro motivo?.

A primera vista no parecía tan cruel y despiadada como su primo, pero Naruto creía que Sasuke era perfectamente capaz de obligar a su prima a interpretar un juego más sutil. Si ella lo mataba de inmediato, la culpabilidad de los Uchiha resultaría demasiado evidente; quizá Sasuke le aconsejó a ella que procurara parecer una prometida afectuosa para que nadie sospechara de haberlo envenenado una vez que estuvieran casados.

No dudaba de que la única cosa sincera que le había contado era que estaba más acostumbrada a ocultar sus sentimientos que a revelarlos, así que a lo mejor también era una mentirosa. En ambos casos, él sería un necio si confiara en sus palabras o en lo que hacía, al menos hasta que averiguara qué era lo que realmente se proponía hacer en beneficio de su primo.

Sasuke Uchiha era un hombre ruin, decadente carente de conciencia y de moral, y su prima se crio junto a él. Puede que ambos hubiesen urdido ese cuento ridículo del motivo por el cual ella detestaba a su primo hermano, además de tramar un plan letal para salvarla de ese matrimonio forzoso y poner en práctica lo que ellos habían planeado para Hinata. Y dichos planes hubieran aspirado a algo muy elevado. Ese año la hubieran presentado en sociedad y su familia aspiraría a algo más importante para ella que un vizconde de Yorkshire.

Volvió a mirarla a tiempo para ver que dejaba el libro en el banco y entraba en el laberinto, cerca del sauce. Echó un vistazo al reloj de péndulo colgado de la pared de la sala de estar y calculó cuánto tiempo tardaría en renunciar a adentrarse demasiado profundamente o perderse por completo, tal como le pasó a Ino la primera vez. En el centro había un banco de madera; más adelante, Ino había grabado las palabras «¡He ganado!» en la madera y lo había desafiado a correr hasta el centro del laberinto para mostrárselo.

Aquel día él y su hermana habían pasado momentos agradables hablando y compartiendo unos cuantos secretos. Él le dijo que estaba preocupado por su amigo Sai, que se había aficionado excesivamente al juego después de abandonar el instituto el año anterior. Ella le confesó que hacía unos años había decidido casarse con Sai, ¡pero que entonces no lo haría! Ambos habían reído.

Se sorprendió de que pudiera recordarlo sin enfurecerse. ¿Ya habría pasado el tiempo suficiente para que sus recuerdos afectuosos de Ino no acabaran con el recuerdo del hombre que le arruinó la vida? En vez de eso, en esa ocasión pensó en la prima hermana de ese hombre y volvió a mirar el reloj. Habían pasado quince minutos; estaba a punto de decirle a Chõji que fuera a rescatar a la chiquilla Hyuga cuando ella salió del laberinto, regresó al banco y retomó la lectura.

Estaba enfadado y se dio cuenta de que era porque Hinata había entrado y salido mucho más rápido que la primera vez que él lo hizo. Soltó un gruñido y al bajar la vista y contemplarla dudó que estuviera leyendo: era más probable que estuviese tramando algo. No podía negar que había creído que esa pócima que ella le ofreció la primera noche era un veneno.

El veneno era un arma femenina y, administrado de manera correcta, muy difícil de detectar, pero entonces tuvo que reconocer que sus sospechas habían sido infundadas.

No obstante, mientras la observaba sentada en el parque, con ese aspecto tan bello e inocente, se recordó a sí mismo que las apariencias podían engañar y que debería obligarla a beber esa pócima solo para ver cómo reaccionaba.

Contrariado por esa visión retrospectiva, Naruto olvidó apoyar el peso en la pierna sana de regreso a la cama y cuando se dio cuenta de que la herida apenas le dolía incluso eso lo enfadó, porque era obvio que Hinata había logrado acelerar la cicatrización ¡Y no tenía la menor intención de agradecérselo, maldita sea!

—¿Aún no has terminado? —gritó, dirigiendo sus palabras al vestidor.

El ayuda de cámara no tardó en aparecer con una camisa, una corbata y unos calcetines colgados del brazo, sosteniendo uno de los pantalones destrozados de Naruto para que los inspeccionara.

—Aún debo coser el dobladillo, señor.

Habían cortado una de las perneras.

—Olvídate del dobladillo. No pienso ir a la ciudad con esos pantalones. Limítate a vestirme.

Chõji alzó una ceja.

—Y ¿por qué te estás poniendo presentable... bueno, más o menos presentable? No pensarás cojear hasta la planta baja, ¿verdad? Si los puntos se vuelven a abrir solo retrasarás...

—Un día te convertirás en una buena madre, Chõji, pero haz el favor de dejar de practicar conmigo. Hoy espero una visita de Sâra Rõran. Hazla pasar cuando haya llegado.

—¿Por qué diablos viene aquí? Y ¿cómo sabes que vendrá? No he traído ningún mensaje de...

—Le dije a Carl que la mandara buscar.

—¿Por qué?

Naruto le indicó a su ayuda de camara que se marchara con el resto de las prendas; una camisa y unos pantalones bastarían. Volvió a tenderse en la cama y esa vez solo se cubrió la pierna vendada con la sábana. Estaba presentable y lo bastante cubierto para recibir a Sâra. No quería que ella creyera que la había invitado por motivos salaces. Pero Chõji aún aguardaba una respuesta, así que Naruto preguntó:

—¿Por qué no? Lady Hyuga debe de saber lo que puede esperar si se casa conmigo.

—¿Que no le serás fiel? ¿O que alardeas de tus amantes ante sus narices?

—Ex amante, aunque no es necesario que lady Hyuga lo sepa.

Naruto y la viuda Rõran habían puesto fin a su aventura amorosa cuando ella dejó claro que quería volver a casarse. Él no, en todo caso no con ella. Como vivía bastante cerca, en York, resultaba cómodo tener una aventura con ella. Sin embargo, durante sus breves escarceos ella le había sido infiel dos veces; no se trataba de que él le hubiese exigido fidelidad dado que ella no le costaba ni un penique porque era una mujer acaudalada, pero el matrimonio no modificaría su interés por tener aventuras con otros.

—Si reanudas ese asunto peliagudo solo estarás escupiendo hacia arriba —le advirtió Chõji—. La presencia de mujeres celosas no resulta agradable.

—Puede que una mujer celosa también se niegue a casarse... antes de llegar al altar.

Chõji suspiró.

—¿Por qué no quieres reconocer que tener a esa dama como esposa no resultará tan molesto?

—Porque jamás podré confiar en ella —contestó Naruto.

—¿A causa de su primo hermano?

—Exactamente a causa de él.

La viuda había llegado y no se molestó en llamar a la puerta, pues estaba acostumbrada a entrar en los aposentos de Naruto.

—¿Qué estoy haciendo aquí, Naruto? Tú y yo nos separamos amistosamente, pero dejaste muy claro que nuestra relación se había acabado.

Él pasó por alto el tono malhumorado. Ese día lady Sâra estaba muy bonita ataviada con una pelliza y un vestido violeta oscuro, con amatistas resplandeciendo en el cuello y las orejas. Los colores encajaban muy bien con sus cabellos rojizos y sus ojos violetas, y ella lo sabía, desde luego. Su belleza era incuestionable y había enviudado de joven. Era algunos años menor que Naruto y era rica. Era una pena que solo se hubiese sentido atraído por ella, pero sin enamorarse locamente.

Él le lanzó una sonrisa, palmeó la cama y le indicó que se acercara.

—Tienes un aspecto espléndido, Sâra, como siempre.

Ella sonrió levemente.

—Sí, y solo por ti, aunque no sé por qué me tomo la molestia.

—Tu compañía me vendría bien durante una o dos semanas, si es que no tienes otros planes urgentes.

—Pues es una pena porque tengo planes, en efecto, el primer baile de la temporada se celebra la semana que viene y no tengo intención de perdérmelo. Pensaba partir a Londres mañana, pero supongo que podría quedarme una noche si me has echado de menos. Y ya estás en la cama —añadió, con una sonrisa burlona—. Soy capaz de captar una indirecta.

Se acercó a la cama, tomó asiento en el borde y se inclinó hacia delante para besarlo.

Él le rodeó la cintura con el brazo impidiendo que se apartara, pero puso fin al beso antes de que este la alentara demasiado.

—¿No te enteraste de mi último duelo con Sasuke Uchiha?

—Los cotilleos londinenses tardan cierto tiempo en llegar a York —dijo Sâra, inclinándose hacia atrás—. ¿Te refieres al segundo duelo?

—Hubo un tercer duelo.

—¡Dios mío! ¿Qué hizo para merecer tantos? Él cree que estás loco, ¿sabes?, o al menos eso es lo que les dice a cuantos preguntan. Dice que imaginas que cometió una ofensa. Nadie lo cree realmente.

—¿Qué es lo que creen?

—Que se trata de una mujer, por supuesto, por la cual vosotros dos peleaban. ¿Quién es ella?

—No hablemos de eso, sino más bien de los resultados del duelo.

—Muy bien —dijo ella, poniendo mala cara—. Tienes la pésima costumbre de jamás contarme algo jugoso que pueda repetir. ¿Qué resultados?

—Sufrí una herida. Era grave, pero ya me estoy recuperando. Sin embargo, a causa de ello el príncipe heredero me ha ordenado casarme con un miembro de esa despreciable familia, para poner fin a las hostilidades, por así decir. Y el único modo de evitar que eso ocurra es si la prima hermana de Uchiha me rechaza y se marcha.

—¿Se marcha? ¿Está aquí?

—Aquí mismo —contestó Hinata desde el umbral.

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Continuará...