Capítulo dedicado a AZULMITLA.
Capítulo 12: Sentimientos.
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A la mañana siguiente, las dudas se apoderaron de mí por completo. No lograba recordar mucho sobre lo que sucedió anoche luego de que llegáramos a la cabaña. Sentí mis dedos entrelazados con los de alguien y, cuando miré hacia abajo, pude ver a Levi durmiendo en el piso a un lado de la cama. Una sonrisa se escapó de mi boca y negué con la cabeza, tratando de deshacerla. Podría haber dormido cómodo en uno de los sillones y prefirió optar por quedarse conmigo. Gestos como ese eran complicados de ignorar. Sabía que el lazo entre nosotros se estaba volviendo más profundo, más fuerte.
Con cuidado, intenté soltar su mano para no despertarlo, pero, en ese mismo instante, sus ojos azules se abrieron. Permaneció en silencio por unos segundos, de seguro tratando de descifrar la situación. A continuación, llevó su vista hacia nuestras manos juntas y luego hacia mí. Su expresión somnolienta y su cabello levemente despeinado me dieron ternura.
Armin abrió la puerta abruptamente y, al vernos despiertos, nos anunció que fuéramos a la cocina para comer algo. Dejó mi bolsa de viaje a un lado de la puerta y luego salió de la habitación en completo silencio; Levi se puso de pie, siguiéndolo.
Me estiré en la cama y me dediqué a quitarme la ropa desastrosa del día anterior. Esperaba poder darme un baño por la tarde. Saqué uno de mis vestidos y me lo coloqué. Ya no debíamos pelear, ni huir en Félix, así que aprovecharía la ocasión. La prenda era gris, combinaba con mis ojos; las mangas largas de encaje se veían delicadas y la manera ajustada en que se adhería a mi torso me gustaba. Caía suelto hasta mis rodillas y quedaba bien con mis botas negras. Trencé mi pelo y lo peiné de forma en que la trenza cayera sobre mi hombro. Mi cabello largo me gustaba y no pensaba cortarlo, aunque había visto a varias elfas en Marley que lo llevaban hasta los hombros y se veían espléndidas.
Al salir de la habitación, pude sentir ambas miradas sobre mí, pero me concentré más en las flores sobre la mesa y todo tipo de frutas cortadas en rodajas. Miré a Armin, perpleja ante su esfuerzo, y este me devolvió una sonrisa dulce; se veía de mejor humor.
Al terminar de comer, tuve que cambiar el ambiente tan pacífico en el que estábamos para decidir qué es lo que haríamos de ahora en más. De alguna forma, había que advertirle a mis abuelos que no era seguro que se quedaran en el pueblo María. En cualquier momento, los Warlocks me descubrirían e irían por ellos.
―Si tú misma vas en su búsqueda, solo los pondrás en más peligro ―opinó Levi―. Arlert, ¿alguno de tus truquitos servirá?
El mago rodó los ojos ante la forma en que Levi se refirió a su magia.
―Me comunicaré con Hannes y lo pondré al tanto de la situación. Él nos dirá qué hacer y adónde enviar a tus abuelos.
Hannes... Me preguntaba cómo sería. Un mago que había salvado a Armin cuando los Warlocks quemaron su casa para llevárselo como aprendiz de magia oscura. De seguro, era muy sabio.
El mago fue hasta su bolsa y regresó con un viejo pergamino y una pluma blanca en sus manos. Lo extendió sobre la mesa y colocó cuatro velas sobre el papel, una en cada extremo. Recitó unas palabras y estas se prendieron; seguidamente, empezó a escribir en el pergamino lo ocurrido desde que nos halló en la posada de Hanji. Una vez que terminó de relatar, las palabras se esfumaron. Conocía este tipo de magia; los elfos utilizaban un método similar para comunicarse a distancia.
La respuesta demoró un rato en llegar, pero lo hizo. Vi curiosa cómo las palabras iban apareciendo en una letra algo desaliñada. Me incliné un poco sobre la mesa para comenzar a leer mentalmente.
"Esto es brillante, muchacho. Mikasa es la única que puede liberar a Mike.
Sin embargo, solo los Warlocks conocen la ubicación precisa de dónde se encuentra. Deberán infiltrarse en el castillo y conseguir el mapa; el baile de máscaras es una buena oportunidad para que puedan entrar sin ser reconocidos. Una vez que lo consigan, vengan hacia Shiganshina, los estaré esperando. "
Levi profirió varios insultos, la idea no le agradaba en lo absoluto. Infiltrarnos en un baile de máscaras sonaba divertido, jamás había asistido a un evento así y desconocía toda esa parte del mundo de los hombres. Armin esperó pacientemente a que las letras desaparecieran y volvió a escribir. Su letra, a diferencia de la de Hannes, era bastante bonita.
"Es demasiado peligroso estar tan cerca del enemigo, pero no hay más opciones. Lo haremos."
"¿Qué hay de los abuelos de Mikasa? Debemos enviarlos a un lugar seguro."
Miré divertida la expresión frustrada de Levi, mientras las letras en el pergamino desaparecían. Daba la impresion de que en cualquier momento el azabache explotaría y eso, lejos de asustarme, me causaba algo de risa. La respuesta de Hannes, esta vez, llegó rápidamente.
"Envíalos conmigo. Será un honor mantener seguros a los abuelos de tan valiente joven. "
Armin dejó la pluma en el aire, esperando mi aprobación. Si él y Hannes se las habían ingeniado todos estos años para mantenerse ocultos, no imaginaba qué otro lugar sería más seguro para mis abuelos y Taffy. Acepté la propuesta de inmediato.
―Hm, estarán bien ―dijo Levi, rozando su muñeca con la mía. Parecía mucho más relajado que hace unos momentos―. Una vez que consigamos el mapa, podrás reunirte con ellos.
―Pero, ¿cómo haremos para enviarles un mensaje? ―pregunté.
―Arlert, otro de tus truquitos ―comentó Levi de nuevo.
Armin lo miró molesto y luego suspiró, calmándose.
―Escríbeles una carta y yo intentaré dibujar un mapa para que sepan cómo llegar adonde se encuentra Hannes —me indicó el mago.
Una vez que la carta y el mapa estuvieron listos, Armin comenzó a pasearse por el lugar, pensativo.
Le tomó un rato encontrar la solución, hasta que recitó un conjuro y una cosa negra y deforme apareció en medio de la sala, no pude ver de qué se trataba hasta que su figura terminó de transformarse. Era un chacal. Le di una mirada al mago, bastante confundida, seguía firme en que no se podía crear animales de la nada.
—No es real, es una sombra que tomó la apariencia de un chacal verdadero. Consideré la opción de usar un pájaro, pero con un sobre en su pico llamaría la atención —Armin se volvió al animal y le habló en tono claro—. Sabes adónde debes ir, quiero que seas veloz y sigiloso. Entra en la casa de noche y entrégale este sobre a las personas que viven allí.
El chacal, obediente, tomó el sobre de forma cuidadosa entre sus dientes. Lo seguí hasta la puerta y vi cómo desaparecía en el bosque.
—Sabremos cuando lo haya entregado porque el hechizo llegará a su fin y lo sentiré.
—Gracias, Armin.
—Ahora que saldamos ese tema, debemos concentrarnos en el siguiente. Ingresar en el castillo y dentro de la cámara del Concilio de los Oscuros es suicidio —aportó Levi—. El mapa podría estar en cualquier lado, nos llevaría horas hallarlo.
—El baile de máscaras es la ocasión perfecta, de seguro la cámara se encontrará vacía y nadie nos reconocerá. Es nuestra única opción, Levi. Sin el mapa jamás encontraremos a Mike —respondió el mago.
Entendía por qué Levi se rehusaba tanto, nuestros enemigos reunidos en un solo lugar era una amenaza que solo un estúpido pasaría por alto. No había forma de que nosotros tres derrotáramos a los cinco Warlocks más Eren, Armin y Jean.
—¿Qué opinas, Mikasa? —inquirió Armin, analizando mi expresión.
—No tenemos otra opción. Pero si nos descubren, estamos muertos ―suspiré.
—Eso no es seguro. Los Warlocks estarán en el evento, pero Eren, Annie y Jean no suelen asistir. El Concilio de los Oscuros los quiere lejos de los ojos de la sociedad —replicó el rubio—. Y corremos con una ventaja; con las máscaras no podrán reconocernos.
El propósito de ocultar nuestra identidad con una máscara era bastante tentadora, y esta era una oportunidad muy inusual y engañosa. Lo que vería no sería del todo real, la reina Historia solo era una una chica controlada por los Warlocks, todo sería un escenario diseñado específicamente para satisfacer los deseos de los nobles y evitar sospechas. Lo que las personas veían como la gentileza de una joven, en realidad era la ambición de cinco oscuras almas.
—Mikasa no vendrá con nosotros —dijo Levi de la nada.
—Iré, no puedes evitarlo —respondí molesta.
Debí imaginar que algo así ocurriría.
—Lo siento, Mikasa, pero esta vez estoy de acuerdo con él. Es demasiado arriesgado y el plan se vería arruinado si algo te pasa —añadió Armin.
Lo miré incrédula, que el mago tomara el lado de Levi sí era algo inesperado.
—Creí que nos entendíamos, Armin ―fruncí el ceño. Me enojaba de sobremanera que ambos se hubieran puesto en mi contra.
El mago se acercó a mí y me tomó de los hombros de manera gentil.
—Escúchame, Mikasa. Tú misma lo dijiste, si nos descubren no podremos vencerlos, solo estoy manteniéndote a salvo —dijo, intentando tranquilizarme.
―Tsk. Que sus palabras de mierda no te engañen, él no intenta protegerte a ti sino a su misión, no puede permitir que mueras antes de que hagas lo que necesita —replicó Levi.
Armin apartó a Levi con un empujón y éste se abalanzó sobre el mago con más fuerza, provocando que cayera al piso. Esto no pintaba para nada bien, Armin no parecía ser muy fuerte físicamente y Levi lo haría pedazos por aquel pechón. Fui hacia el azabache y me paré frente a él para evitar que fuera a triturarle los huesos al mago, colocando mis manos en sus hombros y manteniéndolo en su lugar.
—No negaré que pensaba de esa manera cuando la conocí, Mikasa lo sabe. Pero ya no es así —añadió el mago, colocándose de pie.
Sabía que sus palabras eran verdad. No conocía la razón de aquel cambio, pero el mago ya no me veía como una simple elfa que usaría para completar su misión.
Finalmente, Levi calmó esas ansias por golpear a Armin. Lo miré a los ojos de manera fija y él me sostuvo la mirada por unos segundos antes de irse y salir por la puerta, bastante molesto.
La sala quedó en un completo silencio, sin embargo, el rubio no parecía muy afectado por la pelea con Levi. Se hacía ver como algo de todos los días. Y más cuando, a los minutos, se ofreció a enseñarme hechizos defensivos. Un tanto confundida, acepté su propuesta y nos pusimos manos a la obra.
Durante el resto de la tarde estuve aprendiendo a cómo defenderme correctamente. Armin era mejor maestro que Erd, sus explicaciones eran mucho más sencillas de seguir. Erd era un elfo que sabía mucho sobre magia y fue el maestro de la mayoría en Marley. Pero, por alguna razón, su trato conmigo era diferente. No se esforzaba por enseñarme y me mencionaba constantemente que yo no servía para controlar la magia. Esa fue una de las razones por la cual dediqué mi vida a la espada.
Al final, Armin utilizó dos hechizos que me impactaron físicamente, pero logré detenerlos a tiempo. No lo encontraba tan interesante como a la espada, no obstante, debía admitir que en algún momento me servirían si quería sobrevivir.
Cuando acabamos de practicar, nos encaminamos a la cocina para preparar la cena. Me gustaba cocinar, solía observar a mi abuela Zarah hacerlo de vez en cuando y había aprendido un par de cosas de ella. Cada tanto, ojeaba a Armin para que sacara el tema de Annie a relucir, pero no parecía tener ganas de hablar. Tal vez, si le hacía conversación, podría llevar la charla a otro rumbo y enterarme de la verdad.
―Se nota que este lugar es de tu agrado —afirmé casualmente—. ¿Cómo lo encontraste?
Armin dejó de cortar una zanahoria para observarme con detenimiento. No parecía muy convencido de querer hablarlo, pero al final lo hizo.
—Hace siete años volví a Slava, el pueblo donde nací, para buscar información de mis padres. Me costó encontrarla y estaba a punto de darme por vencido, hasta que una familia, al parecer bastante cercana a mis padres, me indicó que tenían una cabaña en el bosque de Mitras. No me dieron más datos, así que fue difícil para mí hallar este lugar. Es cálido y cómodo, a pesar de que esté localizado en un bosque tan peligroso. Me gusta y me da tranquilidad.
Comprendí de lo que estaba hablando, era la misma sensación que yo sentía estando en la casa de mis abuelos. Una sensación de pertenencia a pesar de no haberlos conocido durante la mayor parte de mi vida.
Armin continuó contándome cosas referentes a sus padres, Caela y Elian Arlert. Las personas del pueblo Slavan que los recordaban le habían dicho que habían sido personas gentiles, siempre dispuestas a ayudar. El mago había sacado eso de ellos.
Dejamos la comida por un momento cuando Armin me llevó hasta la sala, algo ansioso. Del estante de libros sacó uno viejo de tapa marrón. Se sentó a mi lado en el sillón y, al abrirlo, extrajo un pequeño retrato pintado a mano. Era una pareja con una niña que no parecía tener más de dos años y un bebé. La mujer sin duda era la madre de Armin; su largo pelo rubio caía ondulado sobre sus hombros y sus ojos celestes hacían resaltar su bello rostro. Su padre también tenía pelo claro, pero sus iris eran verdes y su rostro poseía rasgos más fuertes que los de su hijo. Las miradas de ambos eran cálidas y gentiles. La niña era una réplica de su madre y el bebé, que en ese momento era Armin, dormía plácidamente en sus brazos. Al ver sus caras, me sentí triste; los Warlocks habían destruido a su familia. Entendía con más razón por qué Armin vivía solo para vengarse.
—¿Por qué no llevas el retrato contigo en vez de dejarlo aquí? —pregunté con curiosidad.
—Lo pensé en varias ocasiones, pero Nanaba piensa que pertenece aquí con las cosas de mi padre y estoy de acuerdo con ella —respondió Armin.
—¿Nanaba?
—Mi hermana, es la niña del retrato —dijo señalándola.
—¿Sobrevivió al incendio? —pregunté sorprendida. Armin nunca lo había mencionado.
—Hannes la salvó, a ambos. Él ha sido como un padre para nosotros y para él somos como sus hijos —dijo el mago con una sonrisa mientras guardaba el retrato en el libro y lo regresaba a su lugar en el estante.
Hannes debía ser una persona muy bondadosa, no cualquiera se arriesgaría para salvar la vida de dos niños que no conocía y criarlos como si fueran sus hijos. Armin no se encontraba tan solo como había pensado después todo.
—¿Nanaba posee magia también? —pregunté pensativa.
—No, solo yo. Pero es muy buena con las armas. Arco y flecha, en especial —hizo una pausa y continuó—. Siempre se esforzó por aprender a usar todo tipo de armas.
—¿Los Warlocks saben sobre ella?
—No, me ayuda cuando lo necesito pero desde las sombras. Sé que puede cuidar de ella misma, pero hasta que no sea estrictamente necesario no la pondré en peligro —respondió Armin.
Asentí en silencio sin decir nada. No estaba completamente de acuerdo en que no la dejara pelear, pero comprendía por qué lo hacía.
Aún no había señal de Levi. Su manía de irse cada vez que no estaba de acuerdo con algo estaba comenzando a fastidiarme. Sin embargo, mentiría si dijera que no estaba preocupada por él.
Terminamos de cocinar y en una hora todo estuvo listo en la mesa. Estábamos por sentarnos a comer, cuando la puerta se abrió y Levi entró por ella. Parecía mucho más sereno, ya no había rastros de esa furia que se apoderó de él. Se sentó a mi lado como si nada hubiese sucedido y comió con lentitud. Ahora que lo pensaba, nunca lo vi comer rápido, por más hambre que tuviera. Parecía disfrutar de la comida en silencio.
Al terminar, levantamos la mesa entre todos y fuimos a la sala para sentarnos en los cómodos sillones frente a la chimenea. Las noches se volvían demasiado frías y el fuego era como una dulce caricia en nuestra piel. Por primera vez desde que Levi me contó toda la verdad de Paradise, me sentía tranquila y relajada. Y los otros dos parecían pensar lo mismo. Armin se encontraba leyendo un libro sobre magia, muy concentrado en las palabras que contenía, parecía disfrutarlo. En cambio, Levi miraba las llamas del fuego, recostado en el sillón con una taza de té en las manos que se había preparado hace unos minutos. De vez en cuando, sus ojos encontraban los míos por una milésima de segundo y eso era suficiente para que una sensación molesta se adueñara de mi estómago. Era extraño, aunque ya me había acostumbrado. Algo en mí me decía que él era la razón por la cual había venido a Paradise, pero no podía aceptarlo, aún no.
Estaba concentrada en él, en su cabello negro perfectamente cortado, su semblante serio, sus cejas finas, su nariz respingada, la nuez en su garganta, la forma rara en que tomaba la taza, la camisa arremangada que dejaba a la vista sus antebrazos marcados. Todo en él, para mí, era perfecto. Claro, excepto su temperamento del demonio y esa estúpida forma de demostrarme que no confiaba en mis habilidades y en lo que era capaz de hacer.
Mi atención era completamente suya, hasta que sentí que Armin se puso de pie y comenzó a susurrar cosas sin sentido mientras caminaba hacia la puerta.
—¿Armin? —pregunté en voz alta para que pudiera oírme.
—Mikasa —sus ojos se asomaron desde el marco―. Necesito tomar un poco de aire.
Dicho esto, cerró la puerta, intentando hacer el menos ruido posible.
Lo ocurrido con Annie aún rondaba en su mente, lo sabía con certeza. Estaba al tanto de que una parte de él siempre tenía presente esa escena y lo dicho por la mujer. Era como si el mago estuviera frustrado la mayor parte del tiempo, tratando de resolver un acertijo imposible de descifrar. Y quería entenderlo, ayudarlo, pero le daría su espacio por ahora.
—Mikasa ―Levi me sacó de mis pensamientos al sentarse a mi lado en el sillón―. ¿No cambiarás de opinión respecto al baile de máscaras? —preguntó.
—No ―respondí al instante.
—De acuerdo —replicó Levi, resignado, pasando una mano por su pelo—. Si intento evitar que vengas, de todos modos hallarás una manera de ir.
Sus palabras me tomaron desprevenida, pensé que intentaría una y mil formas para convencerme de no ir al baile.
—Sé que si te encierro en una habitación, llegarás allí. Eres astuta, debo admitir —dijo, moviendo la taza en círculos y bebiendo el poco contenido que quedaba en ella. Al terminar, dejó el objeto a un lado del sillón y volvió su atención a mí—. Prefiero que enfrentemos el peligro juntos antes de verte sola, rodeada por todos ellos. No lo soportaría.
Permanecí perpleja por unos segundos. Sabía que no podía detenerme y había optado porque trabajáramos juntos en vez de forzarme a quedarme. Por fin había elegido la opción correcta.
—No pensé que fueras capaz de razonar de esta manera —dije, sonriendo levemente con burla—. Sé que tus intenciones son buenas y solo buscas protegerme.
—Sé que quieres librar a Paradise de los Warlocks porque has optado por este mundo —Levi hizo una pausa y puso su mano en mi mejilla—. Pero ten en claro algo, Mikasa. Si tengo que elegir entre tú y Paradise, te elegiré a ti.
Silencio. No sabía qué carajo sentía, pero estaba segura de que todas mis emociones eran un revoltijo sin forma dentro de mí. Era extraño, iba en contra de todo lo que los elfos me habían enseñado; la mente controla a las emociones, no las emociones a la mente. Y, en ese preciso instante, comprobé que era realmente estúpido.
Levi se inclinó hacia mí y yo hice lo mismo. Mi mano se apoyó en su pierna, al tiempo que sus dedos llevaron un mechón de pelo detrás de mi oreja. Sentir sus labios sobre los míos fue placentero y cálido, pero la sensación solo duró un mísero segundo, pues la puerta de la sala se abrió abruptamente y Armin entró por ella con la mirada algo ida. Me sobresalté tanto que llamé su atención y nos miró algo curioso, en especial a la mano de Levi que aún seguía en mi rostro y la mía en su pierna. Hice un esfuerzo sobrehumano para no sonrojarme y me aparté con normalidad de Levi.
—Es tarde, lo mejor es que vayamos a descansar —dijo el mago.
Estaba de acuerdo. Me puse de pie para ir hacia la habitación, pero me mantuve en mi lugar al ver que Armin salió de la sala y fue a buscar leña para echar a la chimenea. Antes no tenía suficiente coraje como para atreverme, pero ahora lo haría sin importar qué. Miré a Levi, quien se encontraba levantando la taza para llevarla a la cocina, e ignoré la vergüenza que se apoderó de mí.
—Es cierto que quiero derrotar a los Warlocks, pero esa no es la única razón por la que insisto en ir al baile de máscaras. Tú enfrentas el mismo peligro que yo y, si nos descubren, no soportaría encontrarme lejos de allí mientras tú corres peligro — dije en voz baja para que solo él pudiera oírme.
Él me había abierto su corazón y era hora de que yo le abriera el mío.
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¿Qué tal, qué tal? ¿Qué les pareció el capítulo? Se preguntarán por qué estoy actualizando tan seguido (seguro ni se lo preguntan, pero ya qué xD) y la razón es que no tengo internet. Como no puedo perder mi tiempo en las pendejadas con las que siempre me distraigo, me pongo seria a escribir ah.
Nos vemos, seguramente, mañana con el próximo capítulo.
