Muchísimas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo XII. Morir por tus palabras.

La espera dentro de la camioneta era tortuosa, con cada segundo que pasaba la tensión subía.

Por un lado, Elsa sentía que en cualquier momento todo se iría de sus manos, como si el destino solo le dejara probar un poco de libertad para después arrancársela de las manos haciendo que volviera al yugo de la familia Arendelle, e Iduna tenía una perspectiva parecida a la de su hija, pues su educación había sido estar bajo las órdenes de los alfas, y no sólo había ido en contra de ello sino que también de la manada a la que pertenecía, sabiendo que si llegaba a estar frente a esta lo único que le esperaba era la muerte.

Y por otro lado solo había una palabra que pudiera describir la situación con Anna, enjaulada, era como se sentía, quería saber que era lo que estaba sucediendo, su cuerpo reaccionaba a ello, moviéndose en su asiento y tallando sus manos en contra de su pantalón, y cuando no pudo contenerse salió de la camioneta, aun sabiendo que se abuela se enojaría con ella y sin saber lo que ocasionaría en las demás.

Apenas se escucho el golpe de la puerta cerrándose, un ataque de pánico atacó a Elsa, pues por su mente solo estaba el hecho de que Anna ya no estaba a su lado, ni siquiera podia ver que esta se encontraba apenas a un par de metros de la camioneta, su respiración se hizo pesada, costándole respirar como si de pronto el aire fuera sumamente pesado rehusándose a entrar en su cuerpo, sus uñas arañaron la piel de su pierna, y pequeños hilos de sangre corrieron de ellas, su rostro giraba de un lado a otro buscando a la pelicobre, pero no podía verla, sentía que le había mentido, que la había dejado sola, había confiado en ella y la traiciono. El ataque era tan fuerte que incluso Iduna comenzó a sufrir del mismo. Y aunque solo había pasado un minuto desde que Anna bajo de la camioneta, en su mente fue una eternidad.

Después de su inútil intento de hacer que su nieta regresara, Minerva volteo la mirada percatándose del estado de las dos mujeres que estaban detrás suyo, y sabiendo lo peligroso que era, bajo corriendo de la camioneta y sin perder tiempo abrió la puerta trasera, y aunque sabía que posiblemente dejaría un par de moretones sobre de ambas, se las ingenio para bajarlas de las vehículo, tanto para que pudieran respirar como para que vieran a Anna que caminaba hacia la casa.

Ni siquiera dándose el tiempo para tranquilizarse, ambas corrieron hacia la cobriza, pero casi de inmediato se arrepintieron cuando de la casa salieron dos hombres que conocían perfectamente.

Tanto Frederick como Fergus eran conocidos por su misma manada como alfas despiadados, siendo sus esposas e hijas las mayores víctimas de ambos hermanos.

Por lo que apenas los vieron, ambas bajaron las cabezas, pues sabían que ninguno se tocaría el corazón para "educarlas".

Por un momento Anna vio la actitud de ambas mujeres, para después enfocar su atención en los hombres, no necesitaba mucho para saber que no eran mejores que Runeard, por lo que de inmediato se puso en guardia delante de ambas omegas, dispuesta a lo que fuera necesario para protegerlas. Sin saber que era innecesario.

- No se atrevan a bajar la cabeza delante de nadie.

La profunda voz les hizo dar un par de pasos hacia atrás, pero ambas sabían que se referían a ellas.

Alzando con cierta desconfianza sus cabezas, podían ver como los ojos de ambos hombres brillaban de odio por la humillación que creían estar recibiendo.

Y la sonrisa de Azrael se hizo aun mas grande al punto que su rostro se desfiguro.

- Inclínense ante ellas.

Ambos jadearon indignados, pues como era posible que se inclinaran ante unas omegas. E incluso pensaron en desobedecer al alfa, pero antes de que pudieran hacerlo, yéndose, un par de manos los tomaron de sus nucas, la fuerza del hombre los empujo al suelo, haciendo que sus cabezas pegaran en contra del concreto.

Todo su ser ardían en rabia, viendo desde abajo a las omegas que hace dos días no se atrevían siquiera a mirarlos a los ojos. Y ahora ellos eran obligados a estar debajo de ellas. Solo pudiendo pensar en cuanto querían levantarse y hacerles ver que aun estaban por encima de ambas.

Y un gruñido los hizo volver a la mayor humillación que jamás hayan recibido.

- Háganlo. - dijo Azrael acercando su rostro para que solo ellos dos lo pudieran oír. - Levántense, y traten de hacer que vuelvan a estar debajo de ustedes, ohhh... poderosos alfas, y déjenme también demostrarles el por que yo estoy por encima de ustedes, háganme ejercer mi derecho sobre sus vidas como ustedes piensan que lo tienen sobre ellas.

Ambos hombres tuvieron que elegir, sabiendo que el hombre que los tenía sujetos había proclamado su derecho sobre la manada secundaria, y no solo se había conformado con ello, sino que al haber hecho a ambas omegas parte de su manada, termino retando a una lucha a toda la familia Arendelle; por lo que eligieron pelear despues contra el, cuando se diera la lucha por el derecho por ser el alfa de la manada.

Tragándose su orgullo bajaron la cabeza, dejando de tratar de levantarse.

Ambas omegas veían casi con pena a ambos hombres, podían ver como su dignidad, aquella que tanto alardeaba la familia Arendelle siendo aplastada ante aquél que estaba por encima de ellos.

Cuando creyó que fue suficiente, dejo que ambos se levantaran.

Y por un momento, los presentes sintieron que todo había acabado.

Sin embargo, Fergus no pudo soportar que su orgullo fuera pisoteado.

El pelirrojo se dio media vuelta, tratando de golpear a Azrael, este dio un paso hacia atrás, y aunque estaba sorprendido, no le impidió defenderse del ataque, pues le dio una patada a su pierna haciendo que perdiera el equilibrio, dando un paso hacia delante se colocó detrás de el, y cuando estaba por tocar el suelo, evitó su caída, sosteniendo su quijada con su mano derecha mientras que su mano izquierda sostenía su nuca.

- ¿Cuantas personas se necesitan para dar un mensaje?

Un frío recorrió la espalda de los que veían la escena, incluso el hombre trato de hacer que lo soltara, pero en un solo movimiento el cuello fue roto, el sonido seco del cuerpo cayendo retumbó en todo el lugar.

Los ojos sin vida veían a la nada, mientras que un hilo de sangre caía de su boca.

- Llévatelo antes de que tú seas el siguiente.

El shock le impidió hacer otra cosa que no fuera la orden que le fue dada, Frederick sostuvo el cuerpo sin vida de su hermano y con el mayor esfuerzo de su vida lo levanto del suelo. Ni siquiera podía procesar lo que había pasado, pero se las arregló para meterlo a su auto.

Y sin más Azrael entro a su casa como si nada hubiera pasado.

Mientras que Anna y Minerva, tomaron a Elsa y a Iduna para hacerlas entrar al que sería su hogar en adelante.

Guiándolas a una habitación, las hicieron acotarse, y gracias al cansancio emocional que sufrieron, no tardaron nada en conciliar el sueño.

Y cuando Minerva estaba por ir a descansar, Anna le sostuvo el brazo impidiendo que siguiera su camino.

- ¿Que sucederá ahora?

Y fue una de las pocas veces en las que Minerva veía verdaderamente consternada a su nieta, así que acuno su mejilla con su mano, y su dedo acaricio aquellas pecas que la hacían ver tan adorable.

- No te preocupes, todo estará bien.

Y con un beso en su frente Minerva se despidió de ella.

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Un sonido monocromático retumbaba en la habitación.

Con pesar Elsa se levanto buscando el causante del sonido. Viendo un despertador en la cabecera de la cama, apago la alarma de las seis.

Se sentó en la cama viendo a su madre acostada a su lado, ni siquiera podía recodar haberla visto dormir tan tranquilamente antes, por lo qué haciendo el menor movimiento se levanto de la cama.

Después de arreglarse para asistir a la escuela, se dio cuenta que tendría que ver al hombre que mató a Fergus delante de ella, sintiéndose increíblemente nerviosa de pronto, pues no sabia siquiera si su situación había cambiado, y Anna no estaba por ningún lado para poder apoyarse en ella.

Se tomo un par de minutos para tranquilizarse, antes de bajar esperando que a la única que viera fuera a Anna.

Pero apenas dio un paso dentro de la sala, vio a la pequeña familia desayunando en el comedor.

Cuando su mirada cayo en Azrael, instintivamente bajo la mirada, y se quedó en su lugar esperando tomar su desayuno cuando el y Anna terminaran de comer. Pero la voz de Anna la hizo voltear a verla.

- ¿Que haces ahí parada? Se va a enfriar.

Y su voz le falló cuando quiso responder, pues aunque ella se lo dijera, no significaba que Azrael pensara igual.

Con temor alzó su mirada, preguntándole si podía tomar la oferta.

El hombre vio con tristeza a la niña frente a el, y con un sonoro suspiro le hizo una señal para que se acercara.

La pálida tomo la silla desocupada y tomo una pequeña porción de huevos con tocino y una rebanada de pan.

Y aunque Anna trato de hacerla hablar, sus intentos fueron en vano, viendo cómo Elsa se encogía cada que se esperaba que hablara.

Cuando Anna se levanto de su silla, Elsa quiso seguirla, pero Azrael la detuvo antes de que lo hiciera.

Durante unos cuantos minutos, el silencio reino en la mesa, y solo se rompió cuando Azrael habló.

- Se que esto debe ser duro para ti. - Los ojos de Elsa no se despegaban del plato vacío frente a ella. - Tu y tú madre son libres de irse.

Y por fin Elsa vio a los ojos al hombre, y este le sonreía.

- Ahora son parte de mi manada, y aunque aún hay unos cuantos cabos por atar, ambas no volverán a estar bajo el mando de la familia Arendelle, yo solo puedo ofrecerles un poco de ayuda, y está también está abierta por si no quieren permanecer aquí, pero si deciden estar junto a nosotros, quiero que se sientan como de los nuestros, comemos juntos, caminamos juntos.

Los ojos de Elsa ardían, y no sabia por qué.

- ¿Vienes? - Anna le preguntó ofreciéndole su mochila.

Su mirada viajó entre Anna y el hombre, pero asintió cuando supo que ella era la que debía elegir.

Ambas jóvenes se despidieron y salieron de la casa.

Minerva observó a Azrael.

- .¿Como sabes que no te tomarán la palabra?

El hombre se encogió de hombros. - Si quisieran irse ya lo hubieran hecho.

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La mirada de Elsa estaba en la ventana del automóvil de Anna, un Mustang 69 de color negro.

No sabia como iniciar la conversación que sabía debían tener.

Y solo cuando escucho el último rugir del motor, se decidió, deteniendo a Anna antes de que bajara del automóvil.

- ¿Que sucede? - Dijo lo más suavemente que pudo, temiendo volver a cometer el mismo error que el día anterior.

- Creo que debemos tener algunas reglas.

- ¿Reglas?

- Si, reglas. - Reafirmó Elsa, tratando de mostrar seguridad. - En la escuela somos compañeras, y debemos comportarnos como tal, no quiero que de la nada quieras marcarme delante de todos.

- ¿Y fuera de la escuela? - Preguntó Anna, sabiendo que ella y las reglas no eran las mejores amigas.

- Ya veremos.

Y antes de que la cobriza pudiera responder, Elsa bajo del carro, dejándola con la palabra en la boca.

Y pese a que la rubia trato de adelantarse, Anna no tardo mucho en alcanzarla, y aunque la notaba molesta, agradecía que respetará su espacio personal.

Sin embargo, ambas caminaban a su salón cuando se escucho un grito un poco agudo, para después ver como una joven corría hacia ellas.

Elsa solo pudo quedarse parada viendo como la chica saltaba sobre Anna abrazándola del cuello.