LAS CRONICAS DE NARNIA: EL RETORNO DE LA REINA.

Disclaimer: Las Crónicas de Narnia no me pertenecen.

Capítulo 14: 15 horas, 23 minutos y 54 segundos

Siendo sinceros, Eustace había tenido un mal presentimiento desde el principio, cuando Narina le había encomendado esa misión como condición para dejar que Aslan lo regrese a su mundo. Nunca había estado convencido de que fuera a ser tan fácil como Narina decía y menos después de que la reina hubiera decidido sin tomar en cuenta su opinión, que Lucy y Jill lo acompañaran en su travesía.

Y mira que Eustace sabia perfectamente bien de sus habilidades, pero esto no concordaba con sus planes de mantenerse lo mas posible lejos de Jill, y no ayudaba el que Lucy insistiera tanto en convencerlo para que desistiera de su idea de irse de Narnia. Pasaba día y noche a su lado exponiendo las mil y una razones por las cuales volver no era un buen plan. Eustace estaba harto. Ya tenia suficiente con sus propias dudas para que aparte se sumaran las de Lucy. Eustace intentaba ignorarlas lo mas posible.

Eustace se quedaba en los camarotes cuando Lucy y Jill estaban en cubierta vigilantes a la espera de que aparecieran enemigos. Cuando Lucy y Jill bajaban a descansar a sus camarotes, Eustace consideraba prudente salir de su escondite y estar al pendiente toda la noche de la seguridad del navío, en consecuencia, Eustace nunca dormía, lo cual después de 9 días de navegar estaba comenzando a pasarle factura.

Lucy había resuelto al fin el misterio. Eustace amaba a Jill, Jill no amaba a Eustace. Eso era lo que había provocado que ahora su voluntarioso primo quisiera irse de Narnia. Le había costado 6 días que Eustace le confesara lo que lo acongojaba, y Lucy sospechaba que solo lo había hecho porque estaba harto de que ella lo persiguiera a todos lados, pero vamos que no era su culpa, y es que Lucy se encontraba sumamente preocupada de la repentina decisión de su primo.

Eustace sin embargo no había querido ahondar mucho en el tema, solo le había soltado, casi escupido, que después de haberle confesado su amor a Jill esta lo había rechazado, diciéndole que solo eran amigos, casi hermanos. Después de eso se había ido y aunque Lucy pensó en buscarlo decidió al fin dejarlo en paz. No era precisamente una experta en el amor, y no se consideraba capaz de dar consejos después de la metida de pata que había provocado con Rilian y Zaccaria, después de todo aun no podía ver a los ojos a la estrella sin sentirse avergonzada y sentir que sus mejillas se sonrojaban furiosamente.

Aunque había que admitir la madurez de la estrella, quien ante la disculpa de Lucy había optado por aconsejarle olvidar lo que había pasado y tan amigos como siempre. Quien estaba segura de que jamás lo olvidaría era Rilian, no le extrañaría que la odiara, es más, ni siquiera se lo reprocharía. Era lo justo y ella había estado consciente de las consecuencias que sus actos tendrían antes de realizarlo.

Pero, en fin, se estaba desviando del asunto central de sus pensamientos. Después de ver que con Eustace no podría lograr nada, Lucy intento hablar con Jill, pero la chica se negó a contestar a cualquiera de sus preguntas, es mas negaba tajantemente que el suceso de la declaración de amor de Eustace hubiera siquiera ocurrido.

Sinceramente Lucy estaba mas que extrañada del comportamiento de Jill, se mostraba tan triste como una mujer que acabara de enviudar cada vez que la partida de Eustace era mencionada, sin embargo, negaba cualquier clase de sentimiento romántico de parte de ella o su primo y afirmaba con demasiada vehemencia que eran solo los mejores amigos. Lo dicho, Lucy estaba muy confundida al respecto, pero decidió que dejaría todo en manos del destino, que fuera lo que Aslan quisiera.

Eustace se encontraba como todas las noches en la cubierta del barco, mirando apacible las olas del mar que chocaban contra el casco del barco, de vez en cuando Gente del Mar surgía de pronto y extendían sus brazos hechos de agua en un mudo saludo, faltaba poco para el amanecer cuando suaves pasos sobre la madera del barco lo alertaron de que por primera vez en todas esas noches no se encontraba solo.

-¿Necesitas algo?- pregunto parco, sin dudar de quien era su interlocutora.

-Que cambies de opinión- respondió Jill con voz ronca, conteniendo las lagrimas como todas las veces que habían estado frente a frente desde el ataque a Reignis -Piénsalo Eustace ¿Qué conseguirás yéndote? Hemos pasado tantas cosas juntos, peleamos lado a lado para conseguir que los Guardianes te aceptaran y respetaran.

Eustace permaneció en silencio, de brazos cruzados y expresión estoica.

-¿Tiraras todo por la borda? Estoy segura de que si volviendo dices que cambiaste de opinión nadie te reprochara nada, te aceptaran de nuevo y todo será como antes- continuo la chica, acercándose hasta tocar el brazo de Eustace -No tengo a nadie aquí Eustace, aun Peter, Edmund y Lucy, quienes vienen de donde yo y me conocen de tantos años, no son mis parientes sino los tuyos. No me puedes dejar sola.

-Estarás bien- afirmo Eustace sin girar a verla ni retirar su mano de su brazo -Aunque no sean tus parientes te aprecian y te has ganado un lugar entre ellos, serás elegida nueva líder de los guardianes y sé que cumplirás con tu deber. No me necesitas aquí.

-¿Por qué haces esto?- volvió a cuestionar Jill, limpiándose las lágrimas de manera brusca y endureciendo su tono de voz -Hemos sido amigos durante mas de 10 años, te he apoyado en todo y tu con una mano en la cintura me dejaras aquí sola y justo cuando el peligro se cierne sobre nosotros.

Eustace guardo silencio y con gran enfado Jill se coloco enfrente de el y le cruzo la cara de una fuerte bofetada.

-ERES UN COBARDE- grito con el rostro sonrojado y ya sin rastro de lagrimas -TU NO TE PUEDES IR ASÍ NADA MÁS, NO ME DARAS LA ESPALDA SOLO PORQUE NO CORRESPONDO A SENTIMIENTOS QUE HAS MALENTENDIDO.

-¿Eso piensas?¿Que me voy porque me dijiste no? ¿Qué ahora te odio y quiero castigarte? - cuestiono Eustace sin inmutarse por el golpe que Jill le dio -Pues te equivocas, es por nuestro bien que hago esto, no me satisface nada el dañarte de esta manera, pero no cederé no importa cuánto llores por ello. No cambiare de opinión.

Dándose la media vuelta Eustace abandono la cubierta del barco, dejando tras de si a una Jill que, aunque ya no lloraba no se veía precisamente feliz de las palabras de su amigo.

Eustace decidió refugiarse por esa noche en su camarote. Lo cierto es que le había mentido a Jill, mas que hacer esto por ella o por ambos, lo hacia por el mismo. No podía soportar permanecer a lado de Jill y miran en silencio como ella formaba su vida mientras el callaba su amor en silencio, y no entendía como Jill pretendía que lo hiciera ¿Es que no se daba cuenta de lo difícil que sería para él? Sería casi una tortura.

Lo podía ver claramente cada vez que cerraba los ojos, era su más oscura pesadilla. Un día aparecería un hombre que se sintiera fascinado por el brillo de los ojos de Jill y el como el viento jugaba con su cabello y el sol lo hacia brillar como el oro puro, entonces intentaría conquistarla. Jill se resistiría al principio, tan poco dada a los romances como era. Él le llevaría flores y la invitaría a largos paseos por la playa o a caballo por el bosque, todas esas cosas que él siempre quiso ser pero que no hizo. Y un día Jill cedería. Le daría una oportunidad.

Entonces estarían juntos todo el tiempo, conociendo todos esos secretos que Jill solo compartía con él, y paulatinamente Jill dejaría de buscarlo a el cuando se sintiera enojada o triste, cuando extrañara a su familia o se sintiera enferma, y comenzaría a buscar a ese hombre. El día en que menos pensara Jill anunciara que se casaba con él, tendría las mejillas coloreadas de rojo, los ojos brillantes y la sonrisa mas hermosa que pudiera recordar en ella, y le pediría, espontáneamente y como si fuera lo mas natural, que el la entregara al novio en la ceremonia.

Y el, que nunca había sido capaz de negarle nada a Jill, aceptaría con una sonrisa mas falsa que ninguna, y el día en que la entregara a ese novio que hoy no tenía rostro, su corazón terminaría de morir. Paulatinamente, cuando Jill comenzará a tener hijos y el viera lo feliz que era a lado de la familia de la cual el no era parte, le entraría la necesidad de formar la suya propia, como un método para olvidarse de ese amor que poco a poco lo había consumido.

Y buscaría una mujer que no se pareciera a ella, que no le recordará a la mujer que amaba cada vez que la viera, pero al final y contrario a sus deseos, terminaría en un matrimonio con alguien con el mismo color de cabello o tal vez de ojos que los de su amada Jill, seria alguien dulce, amable y valiente como Jill pero que jamás seria ella, y no importaba cuanto él lo intentará, el no amaría a esa mujer que hoy no tenía rostro.

Con el tiempo tendría hijos que amaría, pero a veces, solo a veces, desearía que fueran fruto de su amor con aquella mujer que amaba mas que a su vida y que para entonces ya jamás vería, mas que ocasionalmente en alguna que otra reunión en Reignis o en Cair Paravel.

Si, Eustace había pensado mucho en los escenarios que podrían ocurrir si se llegaba a quedar en Narnia, y confesaba que ese era el mejor escenario que se le había ocurrido, en otros termina como un amargado y oscuro hombre, incluso malvado, que se desquitaba con el mundo por negarle el amor que tanto ansiaba.

No, aunque Jill no quisiera admitirlo, que el se fuera era lo mejor.

-Perdón Jill- susurro Eustace en el silencio de la habitación -No puedo quedarme cómo quieres, sé que es…

-BARCO A LA VISTA- el estruendoso grito de alguien que enseguida reconoció como Jill, callo sus palabras y lo hizo incorporarse enseguida de la cama.

-Maldición- murmuro Eustace, era un verdadero idiota, era su turno de vigilar y había descuidado el barco, dejando sola a Jill.

Eustace se apresuró a la puerta mientras seguía maldiciéndose y Jill gritaba aun estruendosamente intentando despertar a la tripulación. Mientras se acercaba a la puerta acerco su muñeca a sus ojos, en esta permanecía un viejo reloj. Cuando habían viajado años atrás a Narnia el reloj que sus padres le regalaran en su cumpleaños número 12 viajo con él, y desde entonces Eustace lo utilizaba junto con un encantamiento que Zafira había puesto en el para que el reloj funcionara aun sin baterías y evitar cualquier daño que pudiera hacer que dejara de funcionar. Eustace estaba más que agradecido por ese gesto de la desaparecida estrella. Ahora el reloj le dejaba ver que eran las 5:34 de la madrugada.

A penas había salido del camarote cuando un fuerte estruendo retumbo en todo el barco, sacudiendo toda la estructura y mandándolo al suelo por la inercia del golpe. Por los diferentes gritos ahogados que venían de diversas partes del barco, toda la tripulación se había visto sacudida como el por el fuerte golpe. Definitivamente el barco avistado era enemigo.

Sin perder tiempo Eustace continuo su camino hasta la cubierta del barco, siendo recibido por las llamas ardientes que ya recorrían la cuarta parte de la superficie del barco. Entre el humo y el fuego distinguió a personas y animales que intentaban abordar el barco mientras que Jill, al timón de este y luciendo la cara llena de hollín intentando maniobrar para alejar el barco del enemigo.

Eustace no perdió tiempo y comenzó a cortar las cuerdas con las cuales los enemigos pretendían abordar el barco, para de esa forma retrasar la batalla. Pronto llego Lucy a su lado, con daga en mano ayudándole en la tarea, mientras escuchaba como el resto de la tripulación intentaba apagar el fuego de la cubierta.

-¿QUÉ DEMONIOS PASO?- gritaba Lucy en busca de respuestas. Sin detenerse en su tarea.

-NOS DISPARARON CON LOS CAÑONES- respondió Jill también a gritos, al fin pudiendo alejar un poco el barco con la ayuda de uno de los miembros de la tripulación -HAY QUE ALEJARNOS PARA EL CONTRATAQUE.

Sin embargo, cuando a penas el barco comenzaba a alejarse del barco enemigo un nuevo ataque se estrelló contra la estructura, mandándolos al suelo de nuevo.

-ALISTEN LOS CAÑONES- grito Lucy con fuerza, levantándose con piernas temblorosas -HAY QUE RESPONDER EL AT…

No había terminado de hablar cuando fueron impactados una vez más. Esta vez la bala de cañón rompió el mástil y parte de la vela, deteniendo el barco y recibiendo casi de inmediato un nuevo tiro.

-Están disparando bajo.. la línea de flotación..- murmuro Eustace con dificultad, incorporándose lo más rápido que podía con los músculos tan magullados como los tenia ahora -..Hay que abandonar el bar-barco.

-¿QUÉ?- respondió Lucy aun desde el suelo, luciendo aturdida sosteniendo la daga con fuerza.

-ABANDONEN EL BARCO- grito esta vez Eustace, tomando a Lucy de la mano para ayudarla a incorporarse -ABANDONEN EL BARCO, ABANDONEN EL BARCO.

Sin cuestionar las ordenes de Eustace la tripulación comenzó a abandonar el barco tirándose al mar. Eustace en cambio corrió hacia el timón donde aun estaba Jill aferrada al mismo con la cara aturdida aun intentando que la nave avanzara. Eustace aun arrastrando a Lucy que corría tras el como podía, tomo a Jill con su otra mano y soltándola del timón salto hacia las negras aguas del océano, justo cuando un nuevo impacto hacia estallar la cubierta, llenando todo de fuego y alcanzando a quemar un poco los cabellos de los tres jóvenes antes de que se hundieran en el mar.

Eustace sentía que se ahogaba mientras luchaba por salir a flote, pateaba con fiereza el agua que lo envolvía, reusándose a soltar sus dos preciadas cargas sin embargo pese a que Lucy manoteaba con su mano libre intentando nadar, Jill había quedado inconsciente y se volvía un bulto muerto que los arrastraba mar adentro. Sintiendo que Lucy se soltaba de su agarre Eustace giro el rostro a penas entreabriendo los ojos sin embargo no lograba distinguir nada entre las burbujas que su inmersión al océano había provocado. Con desesperación aferro a Jill entre sus brazos cuando sintió algo que jalaba su hombro sacándolo a la superficie.

Flotando en el mar frente a el Eustace logro distinguir la figura difusa de Lucy que tosía incontrolablemente intentando escupir toda el agua que había tragado. Eustace aferro aun mas a Jill que aun inconsciente tosía dejando salir el agua que tenia atrapada en sus pulmones. No tuvieron tiempo de suspirar aliviados antes de que el barco enemigo les diera alcance y los enemigos comenzaron a saltar atrapándolos y subiéndolos a su barco como prisioneros.

Eustace y Lucy pelearon como pudieron aun en el agua, pero a pesar de abatir a algunos de sus enemigos pronto fueron rodeados y dejados inconscientes tal y como Jill. Lo último que Eustace sintió antes de perder la conciencia fue como le quitaban a Jill de los brazos y lo arrastraban rumbo a la nave enemiga.

En el horizonte el sol comenzó a salir.

Cuando Eustace recupero la conciencia lo primero que sintió fue mucho frio, sus ropas estaban completamente mojadas debido al chapuzón que se había dado al saltar del barco. Entreabrió los ojos solo un poco, pero se vio rodeado por oscuridad, solo alcanzaba a distinguir los barrotes de una celda.

-Hasta que despiertas- murmuro una voz frente a él que Eustace reconoció inmediatamente, y con algo de dificultad se incorporo hasta quedar sentado y parpadeo varias veces hasta que su vista se aclaró y logro distinguir a su compañero de celda.

-¿Rilian?- exclamo Eustace mas que un poco sorprendido.

-Hola Eustace, que sorpresa encontrarte aquí- respondió su amigo sonriendo fríamente.

-La verdadera sorpresa es que haces tu aquí- dijo una voz en la celda de a lado. Eustace volteo a ver para distinguir la fuente de la voz, pero solo pudo darse cuenta de que estaba dentro de una celda pequeña con 3 de las 4 paredes hechas con rejas, lo que permitía a los prisioneros verse, aunque la oscuridad no ayudaba mucho.

-¿Lucy?- cuestiono Eustace al reconocer la voz -¿Eres tú? ¿Esta Jill contigo?

-Si, soy yo Eustace, Jill está aquí, pero sigue inconsciente- respondió Lucy inmediatamente -Pero de verdad quiero saber ¿Qué demonios haces aquí Rilian?

-No es de tu incumbencia- contesto el príncipe con tono mas que un poco agresivo.

Eustace se sentó recargando su espalda en la única pared de piedra que había en la pequeña celda, y entrecerrando sus ojos acerco su viejo reloj a sus ojos este continuaba funcionando pese a verse mojado, todo gracias al encantamiento puesto sobre el por la estrella, aun con la poca luz pudo distinguir que eran las 8:06 de la mañana, habían pasado ya 2 horas y 32 minutos de que el caos comenzara cuando Jill detecto el barco acercándose a ellos.

-Debe estar amaneciendo- murmuro Eustace interrumpiendo la acalorada discusión entre Rilian y Lucy -Debemos buscar la manera de escapar.

-Llevo aquí 5 días, si hubiera una manera ya la hubiera descubierto- respondió Rilian, recargado en la pared de barrotes que compartían con la celda de Lucy y Jill.

-¿Cómo es que terminaste aquí Rilian?- pregunto Eustace frunciendo el ceño, esperando que este dejara de resistirse. El príncipe suspiro con fuerza y Eustace supo que hablaría.

-Después del ataque a Reignis, Peter me mando a encontrar la varita de Kattherinn- confeso el príncipe con cierta resignación -Sin embargo, cada vez que me acercaba, la varita volvía a desaparecer, hace 6 días La Destructora ataco el barco en el que viajaba, escape y termine en una isla desierta en la que me encontraron un día después.

-¿Cómo pudo Peter mandarte a cumplir esta misión tu solo?- cuestiono Lucy con tono enfadado -¿Acaso está loco?

-No finjas que te importa siquiera un poco lo que me pase- interrumpió el príncipe con palabras cortantes -Lo que me pase no es asunto tuyo.

-Ya basta, dejen de discutir- interrumpió Eustace -Ahora Rilian ¿La Destructora?

-La Destructora es este barco- informo Rilian girando a verlo con sus sagaces ojos -¿La mujer que dice Susan fue quien mando su secuestro cuando estaba en Galma? Este es uno de sus barcos, tiene toda una flota a su servicio, llena de sus servidores y de algunos de los de la Bruja Blanca.

-¿Averiguaste quien es?- cuestiono Eustace expectante.

-No, tiene cerca de una docena de barcos, ya vi 3 con este, pero no parece que ella misma este en alguno- negó Rilian con tono decepcionado -Es sumamente difícil de localizar.

Lo que fuera que cualquiera de ellos iba a decir quedo acallado por los quejidos de Jill que comenzaba a recuperar la conciencia.

-Jill ¿Estas bien?- cuestiono Lucy cuando vio a la chica comenzar a incorporarse.

-¿Lucy?- pregunto la recién despertada llevándose una mano a la cabeza, que comenzaba a punzarle -¿Dónde estamos? ¿Qué paso?

-El Guardian exploto, fuimos capturados por un barco aliado de la Bruja Blanca- resumió Lucy con un suspiro derrotado -Donde aparentemente Rilian es otro de sus presos.

-¿Qué quieres decir con eso de aparentemente?- cuestiono Rilian con enfado.

-¿Rilian?- cuestiono Jill extrañada -¿Dónde está el resto de la tripulación?

-Hola Jill- respondió Rilian moderando un poco mas su tono de voz -Eustace está aquí conmigo, el resto de la tripulación debe estar en los calabozos de arriba, aquí la prisión parece eterna.

-¿Eustace?- hablo Jill recibiendo a cambio solo un sonido que el chico hizo para que esta se diera cuenta que la estaba escuchando -¿Cómo vamos a salir de aquí?

-No tengo idea- negó Eustace resignado.

Justo en ese momento escucharon pasos que se acercaban con calma, aparentemente un grupo pequeño que sostenía algunas antorchas, pues la luz avanzo hasta que alumbraron la zona de sus dos celdas, deslumbrando sus ojos haciendo que los cuatro chicos a penas y lograran distinguir cuatro figuras.

Con los ojos llorosos Eustace logro distinguir a dos hombres que sostenían antorchas, un enano que mantenía en alto una espada y un tercer hombre que al parecer fungía como líder del pequeño grupo, pues se mantenía al frente con los brazos tras la espalda. Eustace lo analizo rápidamente, tenía cabello rubio ceniciento que caía sobre sus ojos, y aunque alguna vez hubiera sido apuesto ahora tenia una gran cicatriz que le cruzaba el rostro.

-Que honorables visitas nos acompañan hoy a bordo de La Destructora- hablo el hombre rubio con voz suave -Bienvenida a mi nave Reina Lucy.

-Te recuerdo..- murmuro Lucy con voz entrecortada -…Tu eres el que robo.. robo la varita de Kattherinn… casi me matas.

-Si bueno, no era parte del plan- hablo el hombre sonriendo cínicamente -Hablo de la parte del casi, no de la muerte.

-MALDITO IDIOTA- grito Rilian enfadado lanzándose contra los barrotes intentando atraparlo.

-Calma, calma chico- rio el hombre rubio apartándose con calma mientras el enano le gruñía a Rilian blandiendo la espada -No es momento de perder los estribos, hay mas cosas que tratar aún.

-Eres Teyvy- hablo de pronto Eustace, interrumpiendo la replica que estaba seguro Rilian iba a soltar -El tipo que secuestro a Susan.

-Tu prima Susan no fue muy amable conmigo la ultima vez que nos vimos- respondió el hombre, con un tono mas amargo que el que había utilizado anteriormente -Pero no quiero hablar de eso, mejor centrémonos en temas más alegres.

-¿Temas alegres?- cuestiono Lucy con enfado.

-Así es reina Lucy, hay alguien aquí que desea hablar con usted- respondió el hombre con una sonrisa enigmática -Amigos ¿Por qué no escoltan a la reina y a su fiel lacayo Rilian rumbo al camarote asignado?

-¿Qué?- cuestiono Rilian con enfado, mirando a los hombres acercarse dispuestos a abrir las celdas -No pienso ir a ningún lado con ustedes, váyanse al demonio.

-Mi querido Rilian, me parece que malentendiste un poco mis palabras- respondió el hombre llamado Teyvy, riendo con cierta alegría cruel, pero pronto borro la sonrisa y compuso una cara seria -No era opción.

Los dos hombres se acercaron a la celda de las dos mujeres y mientras el enano abría la puerta ambos hombres ingresaron a la celda, tomando a la reina Lucy de ambos brazos y jalándola, sacándola de entre las rejas a pesar de su resistencia y la de Jill, quien se abalanzo sobre ambos hombres intentando evitar que se la llevaran, pero fue arrojada con brusquedad al fondo de la celda.

-SUELTALA- grito Rilian con fiereza, apretando los barrotes con fuerza. Para ese punto incluso Eustace se había puesto de pie y acercándose a la reja que dividía su celda de la de las chicas, mirando como Jill se incorporaba entre quejidos.

-Pongamos las cosas claras, querido- respondió Teyvy sin perder la severidad de su rostro -Aquí tu no das ordenes, y ahora vendrás con nosotros pacíficamente o algo malo va a pasar a la reina valiente.

Rilian apretó los dientes con furia, viendo como Lucy era tomada por fuerza por el hombre rubio, quien coloco una daga en el cuello de la chica para que esta dejara de revolverse en un intento por soltarse.

-Está bien- asintió Rilian sin perder su cara de enfado -Los acompañare.

-Excelente decisión- sonrió al fin Teyvy, e indicándoles a los dos hombres que lo resguardaban que sacaran a Rilian de la celda, retrocedió llevando a Lucy con el -Te esperamos arriba, querido.

Pronto Rilian fue sacado de la celda por los dos hombres y custodiado por el enano y su espada todos desaparecieron, sumiendo las celdas de nuevo en la penumbra.

-¿Estas bien Jill?- cuestiono Eustace, sentándose con la espalda contra la pared de barrotes que los separaban, lo mas cerca de la puerta que pudo.

-Si estoy bien- asintió Jill, acomodándose en la misma posición que Eustace, algo separados con la suficiente distancia para que si giraran la cabeza pudieran ver sus caras con la escaza luz que había -¿A quien crees que los llevarían a ver?

-Con suerte a su famosa señora- respondió Eustace -De ese modo al fin sabríamos quien demonios es.

-Tal vez no es lo mejor- susurro Jill con tono nervioso -Podría matarlos, no sabemos lo que ella quiere.

-Si los quisiera muertos o a cualquiera de nosotros, hubiera dejado que sus esbirros nos mataran- razono el chico suspirando fuertemente, aun en la penumbra acerco el reloj a sus ojos. Ya eran las 9:14 de la mañana, habían pasado ya 3 horas y 40 minutos de que el barco explotara.

Durante horas ambos permanecieron en silencio, Eustace parpadeaba rápidamente, intentando mantener sus ojos abiertos, pero pronto sucumbió a un sueño agitado.

En su sueño se encontraba en lo que parecía un panteón, aunque nunca había estado allí en realidad, lapidas de mármol blanco lo rodeaban, algunas en buen estado con flores frescas que dejaban ver la constancia con la que eran visitadas, mientras que otras se encontraban semiderruidas, ya opacas por el paso del tiempo.

Frente a el había una lápida de mármol blanco, lo pulcro de su superficie dejaba ver que no hacia muchos años que había sido colocada allí, sin embargo, se encontraba llena de polvo y con unas pobres flores ya marchitas que de tan secas ya algunos de sus pétalos habían desaparecido. La tumba tenia un solo nombre con una breve inscripción:

Eustace Clarence Scrubb

Honorable hijo

Dedican sus amados padres

Era todo, ninguna referencia a ser amado por sus padres o por cualquiera, ningún te extrañaremos o nos volveremos a encontrar. Solo presente el como había cumplido sus expectativas y el los había amado ¿Acaso ellos no? Aunque fueran sus padres, Eustace lo dudaba siempre.

Si era sincero Eustace nunca había pensado que les hiciera falta a sus padres, ambos habían sido ya mayores cuando lo habían tenido, el pensaba que como una manera de cumplir con los estándares sociales que dictaban que todo matrimonio exitoso tendría un heredero, este debería ser un varón bien educado y de buenas calificaciones, respetuoso con sus padres y sus mayores. Un caballero puntual y acertado. Para eso lo habían educado.

Eustace nunca había cuestionado a sus padres o la persona en quien lo estaban convirtiendo hasta que había visitado por primera vez Narnia. Allí había encontrado un nuevo sentido de la vida a lado de sus primos, de amigos como Caspian y su fiel Reepicheep, y sobre todo de Aslan, quien le había hecho darse cuenta que en realidad no le gustaba la persona en la que se estaba convirtiendo.

Eustace no se había permitido cuestionarse que le esperaría al volver desde el día en que tomara la decisión de regresar a su mundo. Demasiado temeroso de que eso le hiciera arrepentirse de la decisión tomada. Pero ahora, frente a esa fría lapida que representaba su muerte se permitió imaginar como seria el volver.

¿Cómo lo recibirían sus padres? ¿Qué les diría? ¿A qué dedicaría su tiempo? Todo lo que sabia hacer era pelear, dudaba que sus padres consideraran esa como una buena manera de ganar dinero. Tal vez se tendría que unir al ejército, ese quizás sería un trabajo lo suficientemente honorable para sus padres. Después de todo si moría en combate estos podrían perfectamente presumir el como su hijo era un héroe de guerra. La perspectiva era desoladora.

- Haya no tienes ya nada..- recordó súbitamente las palabras que días atrás le dijera su prima Susan.

El viento revoloteaba entre su cabello, trayéndole una voz desconocida, aunque entrañable que le susurraba al oído.

-Descuida Eustace- le decía casi como si la tuviera a lado, pero al girar no había nadie con el -Pronto serán rescatados… aprovecha las oportunidades.

El viento soplo con mas fuerza arrancando un pétalo de las marchitas flores que había sobre su tumba, desasiéndolo en decenas de partículas. Con un estremecimiento Eustace despertó de su sueño solo para encontrarse con un par de ojos verde claro mirándolo detenidamente. Jill se había girado aun sentada contra las rejas y lo analizaba con una cálida mirada.

-¿Tuviste un mal sueño?- cuestiono Jill en un susurro apenas audible.

Eustace respondió solo moviendo la cabeza en una negativa, antes de decidir confesarle un poco de su sueño, omitió el lugar y el estar observando su propia tumba, así como todos los pensamientos que divagaron por su mente en ese momento. Pero describió con claridad la voz desconocida pero sorprendentemente cálida que lo había consolado diciéndole que serían rescatados.

-Al principio creí que era Aslan, pero no, conozco la voz de Aslan y esta no se le parecía- confeso el chico frunciendo el ceño confundido -Era mas como la voz de una mujer, era cálida y me pareció conocida pero no puedo recordar donde la había escuchado. Tal vez en otro sueño.

-Ya no importa- negó Jill con tristeza pintada en su cara -¿Qué sentido tiene? No creo que lleguen a tiempo y aunque nos salvaran ¿Para qué?

-¿Bromeas no es cierto?- pregunto Eustace frunciendo el ceño -¿No te importa morir acaso?

-Hay cosas peores que la muerte Eustace- dijo Jill sonriendo tristemente y dando un suspiro continúo hablando -Cuando era niña y mis padres murieron dejándome huérfana no sentí lastima por ellos, sentí lastima por mí, rodando de un lado a otro entre la familia sin que ninguno quisiera acogerme ¿Recuerdas como ellos me molestaban en el colegio por ser huérfana?

-Claro- asintió Eustace con calma, recordando esos momentos de hace ya tantos años -Por eso nos hicimos amigos y llegamos por primera vez a Narnia.

-Terminar en Narnia fue lo mejor que me pudo pasar Eustace, de nuevo sentí que era parte de una familia- reconoció la chica castaña sintiendo como poco a poco sus ojos se llenaban de lagrimas -El pertenecer a ese pequeño grupo de personas conocedoras de un mundo tan maravilloso como Narnia me despertó tantos buenos sentimientos. Sentí esperanza y me levantaba cada día esperando que ese fuera el día, el día en que regresaría a Narnia.

Eustace sintió su corazón encogerse, había compartido mucho con Jill, pero nunca ella le había confesado tanto de sus sentimientos. Jill no era de las chicas que dejaran que vieras sus emociones más profundas, era un misterio y eso lo había enamorado, la perspectiva de ser el único que conociera que ocultaba esa chica tan callada. Nunca imagino que fuera así.

-Tu y tus primos se convirtieron en mi familia, los únicos con los que podía hablar de verdad y que no me criticarían por guardar esperanza en el mundo porque ellos aguardaban lo mismo- continuo Jill tomando una fuerte bocanada de aire -Y cuando volvimos aquí supe que todo era gracias a ti. Si no fuera por ti jamás habría terminado en Narnia, nunca hubiera conocido a los Pavensie o a Caspian. No hubiera terminado entrando a Nayka, conociendo a Kattherinn y a Narina. No hubiera terminado como guardiana.

-Claro que si- intervino el chico sin poder dejar que ella se subestimara así -Has llegado a ser mi mano derecha por méritos propios, yo no tuve nada que ver.

-No mientas Eustace, hay muchas personas mejores, yo simplemente estuve en el lugar y momento adecuado- negó Jill componiendo una sonrisa quebrada -Y para serte sincera no me hubiera presentado voluntaria para este trabajo de no ser por ti.

-¿Por mí?- pregunto Eustace sintiendo un nudo formarse en su estómago.

-Eres alguien muy importante en mi vida Eustace- murmuro la chica, levantando una de sus manos y pasándola por entre las rejas hasta tocar la mejilla del guardián -No me desagradas ni te guardo rencor, pero ¿Qué pasaría si no funcionara? Jamás he tenido un novio, no imagino si quiera como lo sacaríamos adelante.

-Podríamos intentarlo- objeto Eustace, con tono esperanzado y el corazón acelerado.

-Lo sé- asintió la chica retirando su mano y cerrando fuertemente los ojos antes de volver a abrirlos y derramar una lagrima desesperada -Pero tengo mucho miedo para hacerlo.

-¿Pero miedo de que?- cuestiono el chico desesperado e hincándose en el duro suelo de la celda tomo a Jill de las mejillas -Yo jamás te haría daño.

-No es eso Eustace- negó Jill con frustración -¿Qué haremos si no funciona? ¿Qué pasa si nos convertimos en una pareja tan toxica como la de Lucy y Rilian que pasan del amor al odio en un instante? ¿O como Peter y Narina que se aman tanto como se odian? ¿Y ya olvidaste a Zaccaria? Destruido porque Zafira decidió huir de aquí.

Eustace dejo caer sus manos mirando a Jill en extremo confundido.

-No quiero destruir una amistad tan hermosa como la nuestra por apostar a convertirla en algo que tal vez naufrague al poco tiempo- prosiguió Jill de nuevo con tristeza, ya lo había confesado, el porque de tan recio rechazo -No podría vivir con las consecuencias, ¿Lo imaginas? Terminar odiándonos, sin querer vernos y que uno de los dos tenga que huir porque no puede vivir con el otro. Y se quien tendría que alejarse de aquí: yo. Porque aquí tu tienes a tu familia.

Eustace tuvo una fuerte revelación en ese momento, mientras el estaba ocupado imaginando el mas cruel de los escenarios si se quedaba en Narnia sin poder pasar de una amistad a lado de Jill, ella se ocupaba imaginando el mas cruel de los escenarios si se quedaba y ellos iniciaban una relación. Un escenario donde al final de cuentas ella tendría que abandonar es mundo que le había hecho recuperar las esperanzas.

-¿Tan malo seria si te quedaras y esta amista continuara?- pregunto Jill con esperanzas de que la entendiera y pudiera quedarse aun así -¿Qué seria lo peor que podría pasar?

-Pues ahora que lo preguntas- dijo Eustace suspirando fuertemente y volviéndose a sentar sin perder el contacto visual con su amiga. Y comenzó a narrarle el escenario que el había imaginado.

Le digo todo, como ella conocería un hombre al que procedió a llamar el Maldito Afortunado, quien la haría feliz, con quien se casaría y pasaría a formar una familia olvidándose de el quien terminaría en un matrimonio amargado por sus esperanzas quebradas de un futuro a su lado.

Cuando termino de hablar sintió la boca seca, un profundo silencio los envolvió, miro su reloj, eran las 5:53 de la tarde habían pasado ya 12 horas y 19 minutos de que esa travesía comenzará.

-No creo que eso suceda- negó Jill pasados unos minutos -No creo que jamás me sienta lista para casarme y formar una familia. Y si fuera así creo que el Maldito Afortunado serias tú.

Eustace sonrió, tal vez aun había esperanza para un par de despistados como Jill y él.

En un lugar diferente Rilian y Lucy se encontraban inconscientes, habían sido llevados a uno de los camarotes del barco. El lugar se encontraba alumbrado por algunos candelabros en cada esquina, pero no había en ella ni cama ni ningún mueble, excepto algunas sillas. Ambos habían sido atados a un par de ellas y colocados espalda con espalda. En esos momentos los dos permanecían dormitando débilmente, después de revolverse incansablemente y de discutir más de una vez.

Rilian soñaba con el castillo de Beruna, concretamente con aquella sala donde habían sido guardadas las pinturas donde su madre era retratada y que era adornada por un bello cielo nocturno pintado en el techo, donde resaltaba la estrella azul que alguna vez había sido su madre.

Como muchas otras veces el príncipe se encontraba recostado en el suelo con los brazos extendidos, extrañamente no hacia nada solo intentaba no dormirse mientras contemplaba el techo. Rilian había tenido unos días difíciles, cuando Peter llego a él planteándole esa misión pensó que, aunque complicado seria justo lo que necesitaba para despejarse de todos los problemas que invadían su mente.

Lucy y el llevaban varios años de relación, sabía que habían tenido muchos altibajos, pero superaron cada obstáculo hasta que este había llegado. Su mayor tormento tenía nombre y apellido: Susan Pavensie. No importaba cuantas personas le dijeran que sus acciones no tenían sentido, que debería dejar el pasado atrás y dejar a su padre vivir su vida. Para el sí tenía sentido.

Pero no se confundan, después de ese tiempo había adquirido algo de madurez, reconocía que ya que su padre era viudo podía intentar buscar otra mujer que le hiciera compañía. Ahora Rilian no se oponía a eso, después de todo el algún día se casaría y su padre se encontraría solo. Rilian podía permitir que su padre se casara con quien quisiera, incluso aunque en el pasado se enfadara al pensar que su padre intentaba algo con la estrella Zafira, ahora estaba dispuesto a ceder. Caspian se podía casar con la mujer que el deseara, cualquiera, menos la reina benévola.

Aunque ella no supiera y todo el mundo dijera que no tenia la culpa Rilian no podía permitir que se diera esa relación que en el pasado tanto había torturado a su madre. No podía, y no cedería. Pero estaba convencido de que eso no debía afectar su relación con Lucy. ¿Era mucho pedir que su padre y Susan los dejaran a él y Lucy ser felices? Ellos habían tenido su oportunidad y la vida se los había impedido, gracias a eso había nacido él ¿Era su culpa? No, que culparan al maldito destino.

Rilian había analizado a profundidad el que había orillado a Lucy a engañarlo con la estrella y había concluido que todo era en su afán de olvidarlo para dejarle el camino libre a Susan para que esta estuviera con su padre ¿Por qué Lucy no lograba comprender que así ellos no estuvieran juntos el no dejaría que eso pasara? Su relación con Lucy era independiente a aquello que el hiciera para mantener a la benévola lejos de su padre.

-Aun te falta mucho por crecer Rilian- escucho una voz cálida que le susurraba al oído, pero por mas que quiso voltear a veri quien le hablaba el príncipe se encontraba adormecido y girar la cabeza, aunque fuera un poco le parecía una tarea casi titánica -Tendrás que ser fuerte, no puedo hacer nada para ayudarte.

Rilian despertó súbitamente. Sentía en su hombro el peso de la cabeza de Lucy quien aún dormía profundamente.

Lucy se encontraba en el bosque, a su espalda alumbraba tenuemente un farol, claro indicio de que se encontraba en el Paramo del Farol, lugar por el que alguna vez el y sus hermanos llegaran a Narnia. Lucy tenía mucho frio, pero sentía que no podía moverse, solo observaba el cielo donde las estrellas alumbraban fuertemente.

-Tranquila reina Lucy, eres muy valiente- escucho una voz detrás de ella, una voz que la llenaba de calma, pero por más que quería no se podía mover para ver de dónde provenía -Pronto recibirán ayuda, el rescate va en camino, pero si siguen allí cuando ella llegue, todo estará perdido. Suéltate de tus amarres Lucy, tienes la fuerza para hacerlo.

Lucy despertó de su sueño lentamente, la calidez que la invadió al escuchar esa voz se quedo con ella unos momentos después de despertar. A su espalda sentía a Rilian moverse.

-¿Rilian? Tuve un sueño muy extraño- susurro Lucy insegura -Tenemos que salir de aquí.

-¿Cómo pretendes que lo hagamos?- respondió Rilian con desazón.

Lucy procedió a narrarle su sueño y lo que esa voz extraña le dijo. Rilian sintió la tentación de contarle el suyo, pero no creyó que fuera importante para ese momento.

-No era Aslan- negó Lucy insegura -Conozco perfectamente su voz y esa no era de él. Pero dijo que venían a rescatarnos. No nos encontrábamos muy lejos de Mágissa cuando naufragamos, tal vez Zaccaria…

-¿Zaccaria? ¿Esas son tus esperanzas de salir de aquí?- dijo Rilian sarcásticamente -¿Qué venga el a salvar a su damisela en apuros?

-¿Damisela en apuros? Yo no soy ninguna damisela en apuros- dijo Lucy firmemente, enfadándose al escuchar el tono de la voz del príncipe -Solo digo que las estrellas pudieron avisarle lo que paso.

-¿Crees que tu amante vendría corriendo a rescatarte?- pregunto Rilian con celos e ira -¿O no eres suficiente para él?

-El no es mi amante Rilian- respondió Lucy débilmente, herida por como él se dirigía a ella ¿Pero que podía esperar? Eso era lo que ella misma había provocado.

-¿Desde cuando Lucy?- pregunto Rilian con tono herido -¿Desde cuando me engañabas con él? ¿Días, semanas, meses tal vez?

-Yo no te engañaba con el- negó Lucy firmemente -Tu y yo ya no éramos nada. Eras tu quien no quería superarlo.

-Decías que me amabas ¿Cómo podía saber que me cambiarias ante la primera oportunidad?- pregunto Rilian de nuevo enfadado.

-Lo nuestro Rilian…- murmuro Lucy débilmente -…nunca estuvo destinado a ser… fue mi culpa, no quise entenderlo antes.

-Eso lo decidiste tu sola- respondió Rilian de nuevo herido -No me tomaste en cuenta.

-Tu nunca lo ibas a aceptar- susurro Lucy, pero no estuvo segura de que el la escuchara.

Ambos guardaron silencio por un rato. Lucy comenzó a intentar soltar las amarras de Rilian aun sumergidos en ese pesado silencio, Rilian no dijo nada, solo sintiendo como las manos de la reina rozaban las suyas.

-No lo conseguirás Lucy- hablo después de lo que parecieron horas.

-Estoy cerca- dijo la valiente, apretando los dientes y tirando con fuerza -Se que puedo hacerlo solo nece..

Y de pronto los amarres de Rilian cedieron justo cuando pesados pasos dirigiéndose hacia el camarote se dejaron escuchar.

-Sostén la soga con tus manos- dijo Lucy apresurada, entregándole la soga que había quitado de las manos del príncipe -Que no se den cuenta de que ya no estás amarrado.

Justo entonces la pesada puerta se abrió dejando entrar por ella a Teyvy quien cargaba un pesado pergamino en sus manos y una sonrisa de suficiencia.

-Queridos amigos, es hora de enfrentarse a su destino- anuncio el hombre rubio extendiendo en el suelo el pergamino que contenía extrañas marcas que ninguno pudo reconocer y que enseguida comenzaron a brillar hasta deslumbrarlos.

Abajo en las celdas Jill y Eustace habían dormitado otro rato dándole vueltas a todo lo que se habían confesado esa tarde. El tiempo pasaba lentamente pero cuando Eustace menos pensó su reloj marco las 7:55, exactamente 14 horas y 21 minutos desde que el ataque al Guardian iniciara.

El ruido de pasos dirigiéndose a ellos y la luz de una antorcha termino por despertarlos completamente. A su celda había regresado el enano acompañado de otro hombre que sostenía en sus manos la antorcha mientras que el enano seguía sosteniendo una larga y afilada espada.

-De pie malditos narnianos- dijo el enano entre gruñidos -Los trasladaremos a otra celda.

-¿Por qué?- cuestiono Jill mirando al hombre que comenzaba a abrir su celda.

-Cierra la boca- ordeno el hombre, y abriendo la puerta se abalanzo a Jill que comenzó a dar pelea, pataleando y resistiéndose a que el hombre la arrastrara, ocasionando que este tirara la antorcha que rodo hasta apagarse en el suelo.

-Sostenla, inútil, sostenla- dijo el enano, entrando a la celda de la chica intentando ayudar a su compañero y en un descuido pegando la espalda a la pared de barrotes que daba a la celda de Eustace.

Eustace creyó escuchar de nuevo la misteriosa voz de su sueño.

"Aprovecha las oportunidades"

Eustace no lo pensó, en un rápido movimiento se abalanzo sobre los barrotes y metiendo sus brazos a la celda de Jill tomo el cuello del enano por detrás y jalando cruelmente su cuello en un movimiento que años atrás le enseñara Narina, escucho el cuello del enano romperse en un ensordecedor crack. Antes de que el cuerpo inerte cayera al suelo Eustace retiro la espada de sus manos.

-JILL- grito Eustace desesperado, lanzando la espada que la chica sostuvo en un rápido movimiento atravesando al hombre momentos después -¿Estas bien?

-Si, estoy bien- asintió la chica quien buscaba a tientas por el cuerpo del hombre las llaves de las celdas -Las encontré.

Jill no perdió tiempo y saliendo de su celda abrió la puerta de la de Eustace.

-Vamos, hay que liberar a la demás tripulación y buscar a Rilian y Lucy- dijo Eustace comenzando a correr por el pasillo en la dirección por la que habían venido el enano y el hombre que ahora yacían muertos en las celdas. Al terminar el pasillo había unas escaleras destartaladas en donde seguro estaba el resto de la tripulación.

Eustace y Jill no llevaban mas que algunos escalones subidos cuando súbitamente chocaron con un par de figuras que bajaban las escaleras, un nudo de tensión creció en el estomago de Eustace antes de reconocer a ambas figuras.

-¿Rilian, Lucy?- cuestiono Eustace sorprendido. Su prima tenia el rostro sonrojado y la respiración acelerada a causa de la carrera, mientras que Rilian se mostraba despeinado y con la mirada opaca y algo perdida.

-Vámonos, la tripulación ya esta liberada- dijo Lucy entre jadeos -Ya se dieron cuenta que escapamos seguramente, pronto esto se llenara de enemigos.

Ni Eustace ni Jill respondieron, ayudaron a los otros dos a ponerse de pie y los siguieron escaleras arriba. Antes de que terminaran de subir los escalones un fuerte estruendo los mando de nuevo al suelo.

-Son… ¿cañones?- pregunto Jill insegura.

-Creo que la ayuda a llegado- respondió Eustace sonriendo mirando su reloj que marcaba las 8:57, habían pasado 15 horas, 23 minutos y 54 segundos de que toda esa aventura comenzara. 55 segundos, 56 segundos, 57 segundos…

Afuera el infierno se había desatado, en forma de los reyes y reinas de Narnia.

.

.

.

Antes que nada ¡FELÍZ AÑO NUEVO! Me apresure mucho a terminar este capítulo para poder entregárselos de regalo. El próximo esta casi listo dado que los hice de manera paralela para que pudieran saber que es lo que pasaba con el resto del mundo mientras Eustace, Jill, Rilian y Lucy permanecían prisioneros. El siguiente capítulo será también muy emocionante. Les confieso que me hice un poco bolas con eso de las horas.

Este capitulo iba a ser una historia aparte cuando pretendía extender aun mas la trama. Exploraríamos juntos los sentimientos de Jill y Eustace, como había sido su vida como guardianes todo este tiempo mientras nosotros estábamos concentrados en la concepción de la niña de la profecía y las demás relaciones. Al final decidí dejarlo en un único capitulo y enfocarme más en el punto.

Deje algunas cosas al aire, como que paso con esa visita misteriosa que tuvieron Rilian y Lucy, que es muy importante y desencadenara una serie de sucesos que dará lugar a la ultima parte de esta historia. Pero descuiden que próximamente en dos capítulos mas sabremos quien era la visita y que fue lo que le dijo a esta amada pareja.

Quiero pedirles que no se decepcionen de lo que hagan próximamente los personajes, todos tienen una razón y habrá un final feliz, pero mientras jugare un poco con todo lo que tiene que pasar para que el "Vivieron felices para siempre…" llegue.

Estoy sumamente satisfecha con los review que el pasado capitulo dejo, eso realmente me inspiro para terminar esto rápido. Así que como les decía en el capitulo anterior quiero llegar a los 300 review y creo que en este capitulo lo conseguiremos. La siguiente actualización la subiré cuando la meta sea alcanzada así que hay que apresurarnos queridos míos.

Para inspirarlos les dejo un adelanto de la secuela y fin de esta historia.

Próximamente:

Las Crónicas de Narnia: La Caída de un Imperio

Peter nunca se había quejado de la vida, había vivido mas de una guerra y había perdido pronto a sus padres, pero aun así había enfrentado todo como venía, creyendo siempre que las cosas podían mejorar. Pero desde hace unos años se encontraba cayendo en un abismo del que no sabía cómo podría salir. Había creído que había alcanzado la felicidad, una esposa hermosa, unas hijas amorosas, su vida en Narnia y sus hermanos al fin juntos. Pero todo había comenzado a ir de mal en peor, todo por una perdida que sabia su esposa aun se reprochaba, cada vez mas distante en el odio que el dolor había dejado. La pérdida nunca era fácil.

..

Caspian había pensado que nada peor podía pasar cuando su esposa murió y su hijo fue secuestrado. Su hijo quien había sido la luz de su vida, se culpaba constantemente por lo que había pasado, por la serie de sucesos que lo había hecho perder a su hijo sin que el siquiera lo imaginara. A veces no sabía que dolía más, a una perdida ya se había acostumbrado antes de que una esperanza le fuera devuelta y después cruelmente arrebatada. ¿Había sido su culpa? Caspian sabía que sí. Si el hubiera sabido afrontar sus errores y hubiera podido repararlos, nada de eso hubiera pasado. La pérdida nunca era fácil.

..

Pues bien, aquí esta el pequeño adelanto para darles mas quebraderos de cabeza. Quiero dedicar este capitulo a CARLA quien me dejo un review que me hizo sentir muy identificada, mi familia reunida para año nuevo y yo editando y terminando este capitulo. Se me enfriaron los tamales jaja

Nos vemos en el próximo capitulo titulado "Una Mano Para Ayudar".

Hasta la próxima.

Fanny