Advertencia

contenido sexual en este capítulo

Candy y Albert finalmente aclararon sus sentimientos. La pareja vivía los momentos más felices de sus vidas, Candy amaneció en los brazos de Albert.

La mañana de acción de gracias mostraba sus primeros rayitos de sol.

_ "Te amo mi pequeña, te adoro" _ musitó el rubio mientras colocaba un suave beso en la frente de Candy.

_ «Prepararé el desayuno para mi amada»

_ Con alegría, Albert se levantó despacio de la cama dirigiéndose a la ducha.

_ Necesito un baño de agua fría... _ decía mirándose la cintura en el espejo, podía observar su miembro masculino levantar el pijama.

_ "¡Claro!... y como no estarlo, si la deseo tanto, la amo. Y por este amor no podré hacerte mía hasta que estemos casados". _ Se decía así mismo observando a Candy acostada de espaldas, sus glúteos voluminosos y la tesis de su piel en sus piernas delicadas, que se salían de la sábana blanca.

Unas horas antes.

_ ¡Albert bájame por favor!...

_ ¡No!... ¡No lo haré!... te lastimarás los pies. _ decía Albert mientras la cargaba caminando por los pasillos del piso.

Candy al darse cuenta que Kimo los observa, enterró su rostro en el pecho de Albert avergonzada.

_ ¡Lo siento señor Kim!... _ murmuró la rubia.

_ ja ja ja ja, no sé porque te disculpas mi princesa. Kimo sabe de nuestro amor mucho antes que tú y yo nos armáramos de valor y confesar nuestros sentimientos.

_ ¡Ay, por Dios, qué vergüenza!... ― decía Candy cubriéndose el rostro.

Entrando a la habitación de Candy, Albert le bajo poco a poco acostándole en la cama. Sus rostros frente a frente encendieron y retomaron lo que habían comenzado en el elevador.

Albert pasó su dedo índice por el rostro de Candy, deteniéndolo en sus labios. Ella tomo el dedo con su mano, se acercó poco a poco colocando sus labios en los de Albert; Solo el latir de sus corazones, labios y lenguas comiéndose a besos se escuchaban en la habitación.

Candy lo atraía hacia ella, dejando que el cuerpo de Albert cayera sobre el de ella.

_ ¡Oh Albert... te amo... te deseo!

Albert la besaba apasionadamente, besaba su cuello, pasaba su lengua con delicadeza y ternura. Cada vez que él lo hacía, Candy gemía de placer. Poco a poco bajo su mano derecha, la metió bajo las faldas del vestido de Candy, tocando sus muslos firmes y suaves, Él dejo salir un gemido de placer.

― ¡humm! ― Candy al sentir su falo presionando su pelvis, comenzó a temblar como una hoja de un árbol azotado por la brisa.

Albert pudo darse cuenta de sus nervios, ella temblaba de placer, de miedo, de deseo.

Candy era virgen, el matrimonio con Terry no fue consumado. Por lo tanto era natural que se sintiera intimidada por Albert. Y no por temor a él sino porque tendría que confesarlo. Albert se retiró poco a poco de ella, sabía que estaba excitado y si continuaban no podría controlarse. Y no era eso lo que él buscaba en Candy, no al menos por el momento. Era el primer día que se habían declarado su amor. No quería despertar una idea errónea en su amada Candy.

_ "¿Es eso lo que la asusta?" ¿O la estoy lastimando? _ se preguntó así mismo.

Con la voz suave y delicada pregunto:

_ ¿Te estoy lastimando mi amada?... _su rostro entristecido y con temor a la respuesta, hizo la pregunta.

_ ¡No!... ¡No!... Para nada, me gusta lo que estoy sintiendo, siento un fuego fugaz en mi vientre, las piernas me tiemblan, el corazón también... y creo que estoy húmeda en medio de mis piernas. _ respondió con el rostro carmesí de la vergüenza. Albert le tomo la mano, beso sus nudillos y le dijo que era normal cuando la pareja se ama y desea.

_ No debes tener miedo Candy... te trataré con ternura y delicadeza.

Aunque debo confesarte que no quiero hacerte mía hasta que nos casemos.

Por Dios te deseo, me vuelves loco Candy. Muchas veces soñé con este momento y ahora que te tengo frente a mí, solo para mí.

Lo que más deseo es hacerte mía... pero no puedo, no debo, te amo y debo respetarte.

No me importa tu pasado, no me importa que no sea el primero, de igual manera te amo, te deseo.

― Albert la observaba mientras ella se cubría un poco las piernas desnudas.

― ¿Acaso es eso lo que te avergüenza?... _ Preguntó con ternura.

_ Albert... yo... ... yo no estuve íntimamente con Terry. El matrimonio no se consumó. Yo no podía estar con él, sabiendo que es a ti a quien amo.

_ La respuesta de Candy tomó de sorpresa a Albert, sus ojos se abrieron de par en par...

Candy, su amada Candy, aún conservaba su virginidad.

_ Ca... Candy... mi Candy... _ musitó Albert mientras la abrazaba estrechándola entre sus brazos. En sollozos le dijo en repetidas veces que la amaba y que siempre, siempre la amaría.

_ Ahora que me has dicho porque estas nerviosa. Con más razón debo respetarte Candy, no te tocaré hasta que seas mi esposa.

_ ¡Eh!... ¿Queeee?... ― Alzando la voz Candy se soltó de sus brazos, lanzándole a la cama y subiéndose sobre él.

_ No Albert... tú no me puedes dejar así. Estar viviendo bajo el mismo techo y no tocarme, no hacerme tuya. No lo puedo permitir. _ dijo la rubia mientras trataba de seducirlo. Pero Albert tenía su mente cerrada, estaba decidido. No la tocaría ni con la punta del dedo íntimamente hasta que se casaran. Se levantó de la cama y corrió hacia la ducha.

Con los zapatos y ropa aun puestos, encendió la llave de la ducha y dejó correr el agua fría hasta lograr bajar la temperatura de su cuerpo.

Candy confundida y con la boca abierta observándole correr para la ducha sonreía y la vez entristecía. Sabía que no sería fácil seducir a Albert, lo conocía tanto, como a ella misma.

Buscó entre las bolsas la ropa interior que Albert había escogido para ella. Un delicado babydoll negro de encaje y seda lo sacó de las bolsa se lo puso. Se recogió el cabello haciéndolo un moño y dejando caer unos pocos rizos.

Tomo una toalla y se dirigió a la ducha.

Desde la ducha solo se escuchaba a Albert decir; _ Si... agua fría, agua fría para bajarlo, eso ayudará.

― Candy quien lo escuchaba desde la puerta, se quedó sin palabras, al mirar el cuerpo y falo aún en erección, a través de las puertas de vidrio en silencio, mientras Albert se quitaba la ropa mojada, buscaba una toalla para secarse.

En ese instante Candy corrió las puertas de vidrio, observando a Albert completamente desnudo. Casi se le cae la quijada al ver la escultural figura masculina y sensual frente a ella.

Más nerviosa que antes y con la mano temblorosa sostenía la toalla.

― ¡Candy!... ... _ dijo, colocándose las manos en sus partes genitales, poniéndose de espalda hacia ella. Los muslos de su trasero marcado y resaltado enmudecieron a la rubia. Después de unos segundos que parecieron una eternidad logró pronunciar palabra.

_ ¡Santo cielo Albert... eres todo un adonis. ― murmuró sonriendo.

Candy quería seducirlo; Pero el plan no funcionó.

_ No ayudas a la causa mi amor. _ murmuró Albert al verla con el babydoll negro que resaltaba más su delicada piel a perlada. Sintiendo como su falo se extendía nuevamente.

_ Candy... ¿¡me quieres volver loco!? _ gritó, mientras quitaba la toalla de las manos de ella. Salió de prisa rumbo a la cocina. Puso cubos de hielo en una toalla para colocársela entre sus piernas una vez estuviera en su habitación.

Pasada las horas Candy no podía dormir, daba vueltas y vueltas en su enorme cama, la imagen de Albert cubriéndose permanecía viviente en su memoria.

Albert se había encerrado en su habitación, el baño de agua fría hizo su efecto dejándolo caer en un sueño profundo.

Candy tomó un abre cartas, logrando abrir la puerta de la habitación de Albert. Despacio y sin hacer ruido se acostó junto a él. Después de un par de horas Ella se quedó profundamente dormida al lado de Albert.

Albert al despertar, la vio a su lado completamente dormida entre su brazo y torso. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios e Idiotizado por la belleza de su rubia. Albert había tomado una decisión, sería él quien tendría que contenerse, Candy no cedería fácilmente.

Fin del flash back.

Candy se levantó y salió de la habitación al sentir el olor a bacón.

Colocándose la bata sobre el pequeño babydoll, caminaba en busca de Albert. Asomando un poco la cabeza desde la esquina de la sala hacia la cocina, observa al galante rubio preparar el desayuno, zumo de naranja, huevos revueltos bacón y pan tostado con mermelada de fresas.

― « Ahí está el hombre más guapo del universo a quien tanto amo, cocinando para mí » ― pensó.

Albert con su pijama ajustado su playera pegada a su cuerpo, mostrando su abdomen marcado. Su galanura alteró las hormonas de la rubia, Candy volvió a la conquista.

_ "Aquí voy nuevamente"_ dijo. Apretando y levantando sus senos dejó la bata tirada sobre el sofá.

_ "Veremos quien resiste más, Yo seduciéndote o tú absteniéndote"

¡Buen día!... ― Casi gritando con voz alegre saludo. Albert al verla nuevamente con el diminutivo babydoll pronunció:

_ ¡Santo cielo Candy!... te dará un resfriado si no te cubres.

_ No..., Pero si estoy vestida... ... Pero podría estar sin ropa si tú prefieres.

― dijo en tono seductor. Ni ella misma creía todo lo que estaba haciendo para que Albert cambiara de opinión acerca del celibato.

_ Ja ja ja ja... ¿a eso le llamas ropa? Esa prenda es solo un pequeño pedazo de tela que se voló con el viento y se quedó pegada a tu cuerpo. ― decía el rubio mientras guiñaba un ojo.

_ ¡Ven, vamos a desayunar!... ― Candy levantó una ceja. Parecía que el rubio estaba decidido a cumplir su promesa. Aclaró su garganta y habló seriamente.

_ ¿Sabes cuantas veces desee estar en tus brazos Albert?... ¿tienes idea cuantas noches anhelaba que me hicieras el amor?

Yo no puedo más con esto... No puedo soportarlo. Si todo esto lo haces para respetarme. Por favor... para con esto... me estas lastimando.

Me haces pensar que todavía me miras como una amiga, o peor aún, una hermana.

― Candy se cubrió el rostro con sus manos y comenzó a llorar.

El rostro de Albert entristeció al escucharla.

_ ¡Candy!... _ No es para nada lo que estás pensando.

Hace mucho que deje de verte como una niña, como una amiga.

Te amo como lo que eres, una mujer hermosa, la más hermosa de todas. ― Acercándose la cargó entre sus brazos y la llevo a su habitación.

Poco a poco la acostó en la cama, se quitó su playera blanca, acercándose a ella comenzó a besarla.

_ ¡No temas!... Yo te cuidaré, seré paciente y cuidadoso. ― ella nerviosa asintió, confiaba ciegamente en él.

Albert comenzó a quitarle el babydoll, dejándola completamente desnuda para él.

_ ¡Dios... eres hermosa!.. ― Exclamó mientras la acariciaba, Besándose apasionadamente nuevamente se encontraban en esa atmósfera especial.

Él acariciaba sus pezones con la punta de su lengua, los succionaba uno a uno suave y delicado, recorriendo el vientre con su lengua hasta llegar en medio de las piernas de la rubia. Candy gemía de placer.

_ Oh Albert... auch... _ musitaba la rubia sintiendo descargas eléctricas recorrer su vientre, revolviendo la rubia cabellera de Albert.

Poco a poco coloco su dedo meñique en su vagina, cruzando la primera capa. Candy gimió un poco más fuerte. Sentía ardor, dolor y placer.

Los fugases y ardientes ojos de Albert, la observaban mientras ella le pedía que no se detuviera.

Comenzó a acariciar con su lengua esa fruta deliciosa que tanto anhelaba tener en sus labios. Candy experimentaba por primera vez en su vida lo que era perder la virginidad con el hombre que ama. Un verdadero caballero, el amor de su vida, Albert la estaba haciendo suya.

Continuara.

Bendecida noche. Sakura .