Capítulo anterior:
Hiccup, o más bien el que todos creían que era Hiccup, acudió a donde le dijeron y se sentó agotado, viendo que en su sitio estaba la plaquita con el nombre de cierto hechicero.
—Ay Hiccup, ¿por qué siempre hago caso a tus locuras?
Se lamentó el guía, cuyo protegido le lanzó un hechizo de ilusión para hacer que la gente lo viera como a él.
.
Mientras tanto, en el estacionamiento, el verdadero y complacido Hiccup reía divertido, y sintiéndose libre de estar donde quisiera, arrancó el auto para ir a arreglar cómo hacerse de dinero y también para descansar tanto de sus guías, de los niños y por supuesto de su no tan apreciada aliada.
Capítulo 13
El colmo de la paciencia Pt 1
"Bien, Hiccup, concéntrate. Tú puedes"
Dando largos suspiros mentales, el hechicero aguardaba pacientemente en el estacionamiento de la institución bancaria en donde, aparentemente, su otro yo, tenía guardado su dinero. Después de haber dado varias vueltas por la pequeña ciudad de Berk, había logrado encontrarla, y eso nada más porque Alumini le había mostrado (antes de irse) una tarjeta que tenía el mismo logo del banco, así como una billetera con, aparentemente, más documentos.
"Tienes que ir al banco a sacar el dinero".
Algo así le había explicado, así como otras cosas que supuso le pedirían al entrar.
—Respira Hiccup, Alumini dijo que llevara esto y… ¿qué más? ¿la identificación?
Al recordar aquel detalle, se incomodó un poco pues no había considerado lo que conllevaba esa palabra: "identificación", un documento que prácticamente tenía toda la información de su otro yo, el sujeto de ese mundo paralelo que se parecía a él.
Al buscar entre sus bolsillos la cartera, buscó dicha identificación, y cuando la encontró y vio prácticamente su rostro en ella, no pudo evitar dar otro bufido incómodo.
"Hiccup Haddock"
"Edad: 30 años."
Fecha de nacimiento: 29 de febrero 1988.
—¿29 de febrero? —se sobresaltó al ver que su fecha de nacimiento era idéntica a la suya.
Tragó saliva, y comenzó a pensar en cosas ciertamente perturbadoras para él, pero el cuestionamiento más importante que se hizo fue: ¿Y si yo soy realmente él?
De sólo pensar en la respuesta lo asustaba, y para colmo, al girar la identificación vio que esta tenía una firma igual a la de él.
—No puede ser, no puede ser.
Pronto se sintió sofocado dentro del auto, que salió de inmediato a tomar un respiro, y aunque, todo apuntara a que él era esa persona, siguió negándolo y optó por hacer otra prueba.
—Si yo soy él, y él es yo… entonces utiliza la misma contraseña que yo para todo. —susurró mientras acudía a uno de los cajeros donde vio que la gente sacaba dinero.
Aquel compartimiento no era muy diferente al del mundo oculto, salvo por unas cosas, así que introdujo la tarjeta y cuando el aparato le solicitó por la clave, él tecleó la que usaba para sus cuentas.
Y esta le dio acceso a la cuenta de su supuesto otro yo. Hiccup palideció.
—Ay dioses, no puede ser cierto. Debe haber una explicación para esto. —se dijo a si mismo asustado, viendo con horror las otras opciones que le daba el cajero.
—¡Oye tarado! —lo despertó un rudo hombre en el exterior del cajero. —¡Ya utilízalo de una vez, hay gente esperando!
El hechicero apenas y reaccionó haciéndole caso, como necesitaba plata, procedió a oprimir las opciones para ver el saldo con el que contaba, y la cual sólo daba una cantidad de: $5,000 algo, pues desconocía la denominación de la moneda de ese mundo.
—Pues parece que será suficiente con eso.
Sacó todo el dinero de golpe, y procedió a retirarlo cuando lo obtuvo.
—Maldito idiota lento. —lo insultó el mismo hombre cuando lo vio salir, y queriendo provocar una riña le dio un empujón.
Pero Hiccup estaba tan ensimismado, que ni le prestó atención hasta que sintió el empujón. Molesto, vio como el hombre ingresaba a la cabina del cajero, y esbozando una sonrisa un tanto malvada, expulsó un poco de su egni color rojo y lo dirigió hacia el aparato.
—A ver cómo lo utilizas, tarado.
Posteriormente sólo escuchó como el hombre se quejaba porque la máquina se había apagado.
Dado a las sorpresas que cada día se llevaba conforme pasaba más tiempo en Berk, Hiccup optó por no ir por Toothless, y en su lugar, alejarse de todo para pensar. Además, que no le importaba en lo más mínimo regresar a trabajar.
Puso el auto en marcha, y condujo hasta un mirador que estaba en la costa de Berk, y ahí se la pasó por horas, pensando y tratando de buscarle un explicación a todo.
¿Y si yo soy realmente él?
No podía dejar de hacerse esa pregunta, en especial porque la respuesta afirmativa a ese cuestionamiento siempre agregaba el hecho de que eso significaría estar casado con su peor enemiga y para colmo aceptar el hecho de que había concebido dos hijos con ella.
—Esto son sólo coincidencias. —se decía así mismo, mientras veía atentamente a la identificación del individuo. —Debe haber algo que nos diferencien, pero ¿qué?
Mientras pensaba, manifestó su egni para envolver las hojas caídas de los árboles que estaban alrededor del mirador, sutilmente, de arriba abajo, y pronto aquella acción trajo a su mente una conversación:
—Oye niña, digo Zephyr.
—¿Sí?
— ¿Y tú no tienes magia, tu hermano o… tus papás?
—Yo no, ni Nuffink, y nunca vi a mamá haciendo lo que Astrid hace, o hacer a mi papá lo que supuestamente Toothless dice que haces.
—¡Eso es! —exclamó liberando las hojas de su magia. — ¡Los padres de esos niños no tenían magia! —exclamó aliviado. —¡Oh, dios del rayo! Que susto me habías dado. —gritó feliz a los cuatro vientos.
Y confirmando nuevamente la teoría del mundo paralelo, se permitió descansar en la tranquilidad de ese mirador costero, hasta que se llegara la hora de recoger a Toothless y Zephyr.
Casa Haddock /Hofferson.
La suavidad de la almohada y de las colchas impedían que Astrid pudiera despertar; sus ojos por más que trataba de abrirlos se le cerraban involuntariamente y a pesar de que su ser le pedía ya levantarse su cuerpo le pedía reposar un poco más.
No fue hasta que sintió un ligero empujón cerca de ella, que pudo abrir sus ojos por completo. Pausadamente y aun con los ojos cansados, vio que, junto a ella, se encontraba el pequeño Nuffink engarruñado.
Por un momento sintió una emoción que se podría describir como ternura; sin embargo, al cabo de un segundo se espantó, pero no por el niño; si no por algo más.
Sintió un golpeteo en el pecho cuando vio que su hacha Sky había sido invocada y se encontraba en su mano, muy cerca de donde estaba también el niño. Un centímetro tal vez, y si tocaba a Nuffink haría desaparecer una parte de él.
Con un sobresaltó se levantó de la cama y así fue el modo que Sky desapareció, pero la angustia que sintió de casi lastimar al niño no se fue.
—¿Qué pasa? ¿Ya amaneció? —se levantó Nuffink somnoliento e ignorante del peligro en el que había estado expuesto.
Sin embargo, el ver que estaba bien, tranquilizó un poco a Astrid.
—Aun no se ha terminado este día, Nuffink. Creo que nos quedamos dormidos.
—Ay, es cierto. —se estiró este bostezando. —¿Ya vamos a comer?
—Creo que sí, tengo mucha hambre. ¿vamos a la cocina?
—¡Sí! —brincó el pequeño en la cama. —¡Alcánzame, Astrid!
De un salto bajó de la cama y corrió fuera de la habitación, Astrid sólo se le quedó viendo con una leve sonrisa, notando lo feliz que era ese niño a pesar de las circunstancias. Se dispuso a seguirlo y al levantarse, notó la peculiaridad de que ya no le dolía el cuerpo.
—Vaya Haddock, serás un tonto… pero admito que eres bueno con los remedios. —aceptó con molestia y salió de la habitación.
Bajando a la primera planta, fue directamente a la cocina, donde se encontró con que Alúmini y Stormfly ya se encontraban preparando la comida. Nuffink ya había sido acomodado en la mesa y esperaba a que le sirvieran.
—Hola…—saludó con nervios a las dos guías.
—Vaya, hasta que alguien decidió despertar. —saludó Stormfly sin perder de vista lo que cocinaba.
—Lo siento. ¿qué hora es? —preguntó para evitar ser sermoneada.
—Es la 1:20. Heather ya se fue para hacer la comida en su casa, y lo mismo estamos haciendo nosotras. —respondió Alúmini mientras cortaba unos vegetales.
—Oh… eh… ¿les ayudo en algo? —preguntó cómo no queriendo.
—¿Sabes hacer algo? —cuestionó Stormfly con sarcasmo.
Astrid balbuceó sin poder responder al cuestionamiento, a lo que su guía sólo bufó con una sonrisa de lado.
—Me lo imaginaba. Siéntate con Nuffink, enseguida terminaremos, pero te digo de antemano que ni te acostumbres, estás son cosas que debes aprender a hacer, y no porque seas mujer o una mamá, sino que es algo que debes aprender por supervivencia.
—Sí, sí… lo sé, lo sé.
Cansada del usual sermón, Astrid se sentó a un lado de Nuffink que esperaba pacientemente a que se le sirviera la comida.
—Por lo pronto puedes comer esto. —le acercó Alumini un platillo con comida. —No has comido nada desde ayer.
Astrid se sorprendió por el detalle, viendo que el platillo era un omelete como el que había preparado su enemigo por la mañana.
—Gracias. ¿Te dijo Haddock que me lo dieras?
Alúmini se hizo la desentendida.
—No. Lo hice yo, así como la pomada que te pusiste.
—Mentira. Sé que fue él. —bufó Astrid mientras comenzaba a degustar el platillo.
Tanto Alúmini como Stormfly dejaron de hacer lo que hacían y se volvieron hacia Astrid, intrigadas por saber cómo llegado a esa conclusión.
—¿Qué me ven? —preguntó la que comía.
—Nada, sólo que me interesa saber cómo es que supiste que Hiccup preparó eso.
Astrid rio.
—Lo considero un "I" y un enemigo de la casa de los Hofferson, pero lo conozco de casi toda la vida. —explicó para finalmente comer lo último que quedaba en el plato.
Alúmini torció la boca, ya que esa respuesta no la esperaba.
—Estuve con él en la escuela, desde la etapa 1 hasta la etapa 4. Sé que fue el mejor de la clase de pócimas y química, clase en la cual yo muy apenas pude pasar, porque al parecer soy disléxica cuando de usar ingredientes o seguir recetas se trata. —contó con sarcasmo.
—Interesante. —rio la guía albina. —Bien, acertaste. Hiccup preparó todo para ti.
—Sí, pero no creo que haya sido porque hubiera estado preocupado o algo por el estilo ¿O me equivoco? —sonrió maliciosamente. —Es porque quiere asegurarse a su aliada. ¿no es así?
—Impresionante. —fue lo único que pudo responder Alúmini al ver lo mucho que Astrid había acertado.
—¿Es cierto? —preguntó Stormfly confundida.
—Sí, así fue. Hiccup no quiere que Astrid se convierta en una carga para él, así que, en sus propias palabras, la necesita "sana".
—Bien, pues ya lo estoy. Así que no tiene nada de qué preocuparse. Supongo que algún día tendré que pagárselo.
—Eh… no, de hecho, él no espera nada de ti. Por eso no quería que supieras. —dijo Alúmini.
—Igual tendré que hacerlo, no me gusta deberle nada a nadie
Viendo que no podría convencerla, la albina dio por terminada la conversación, y junto con Stormfly, volvió a concentrarse en lo que estaba preparando.
Una vez que la comida fue servida y todos quedaron satisfechos, Stormfly esperaba que Astrid se pusiera a ayudar tanto con los deberes de la casa, así como lo que quedaba de la jornada de trabajo; sin embargo…
—Nuffink… ¿Me acompañas arriba?
La guía vio con curiosidad que su protegida al parecer tenía otra idea, y en esta solo estaba incluido Nuffink.
—¿A dónde vas? Heather no tarda en regresar.
—Lo sé, pero ¿Podrían hacerse cargo? —pidió con una sonrisita. —Tengo cosas que hacer allá arriba.
—No. Espera, no puedes…
No esperando a los reclamos y sermones de su guía, Astrid tomó a Nuffink en brazos y se lo llevó escaleras arriba, ante la sorprendida mirada de Stormfly y de Alúmini.
—Ay, esa ¡niña!
—Calma Stormfly, al menos se fue con Nuffink… agradece que por lo menos lo cuidará, ya nos quitó ese trabajo.
—Sí, pero… ¿qué hay con lo demás? No puede permitirse ser irresponsable en ningún ámbito.
La albina sólo se encogió de hombros y no opinó más, se dedicó a seguir limpiando la cocina, cansada también de hacer cosas que no le correspondían.
—Ay Astrid, sentí que toda la sopita se me movió en mi pancita. —dijo Nuffink una vez que su falsa madre lo dejó sobre la cama de su habitación.
—Lo siento Nuffink, pero Stormfly sólo quiere que haga lo que quiere y…
Se pausó al ver que el niño, al parecer, no entendía nada de lo que decía.
—En fin, te traje porque quiero que me ayudes en algo.
—¿En algo? —saltó el chiquillo feliz.
—Sí. —sonrió. —Necesito que ayudes a buscar papel.
—¿Papel?
—Sí, además, quisiera que me platicaras sobre la sombra que dices que te asusta.
El pequeño tragó saliva, pero, aun así, asintió a lo que su falsa madre le pedía.
06:10 pm.
Agencia de autos.
—Hiccup… te juro que me las pagarás. —balbuceó el cansado Toothless saliendo de la agencia después de una "larga" jornada de trabajo.
El que Hiccup lo abandonara ahí, no lo había esperado, pensó que sólo demoraría un poco pero ya no volvió, y para colmo tuvo que hacer su trabajo. Le había tocado atender a unas personas muy enojadas, y cómo él no sabía nada, se quejaron con el jefe, luego cuando este los atendió y despachó, fue a regañarlo no sólo una vez, sino varias veces, le habló de sabe cuántas cosas que ni entendió y le dio también algunas advertencias. En fin, había sido un pésimo día.
Suspiró agotado al rememorar tantas cosas malas en un solo día, cuando de repente, el sonido del claxon de un automóvil lo despertó. Al ver a quien lo hacía sonar, lo hizo rechinar sus dientes de humano, pues era nada más ni nada menos que Hiccup quien recién llegaba.
Furioso, se apresuró a confrontarlo y subió al auto donde tomó el lugar del copiloto.
—¡HICCUP! —gritó listo para sermonearlo.
—Si, amigo. Lo sé. Pero era una prueba de fuego. —dijo este de inmediato.
—¿Una prueba de fuego? —repitió Toothless confundido.
—Sí, para saber qué tan bueno serías para reemplazarme, y por lo que veo, te fue bastante bien. —explicó este con descaro.
—¿Bien? ¡Hiccup, lo hice pésimo! ¡Y ESTO NO FUE PARTE DEL TRATO!
—Lo sé, fue algo que se me ocurrió de repente.
—¡¿SE TE OCURRIÓ DE REPENTE?! No puedo creerlo, en serio, no puedo creerlo.
—Ya Toothless, no volverá a pasar.
—Pues espero que no, porque tu trabajo pende de un hilo. Tu jefe me dio un sermón de la baja actividad que has tenido.
—Sí, a mi también me lo dijo. Pero supongo que es sólo para ejercer más presión, no lo tomes en cuenta.
—Ay, como me gustaría tomarme las cosas a la ligera como tú. —exhaló el guía más tranquilo.
—Lo siento. Además, no estuve perdiendo el tiempo. Fui al mentado banco ese que me dijo Alúmini, y ahí me entretuvieron por horas ya que las claves de las cuentas de mi otro yo, no se podían recuperar tan fácilmente. —mintió.
—¿En serio? ¿Tanto tiempo?
—Así como te lo digo amigo, en fin, se pudo resolver el problema y ya cuento con plata para los víveres.
—Bueno, al menos es una buena noticia. —suspiró Toothless creyéndole todo. —Pero ni creas que mañana te cubriré. ¿Has entendido?
—Fuerte y claro amigo. —bufó este rodando sus ojos. —Pero, ya veremos eso, ahora hay que ir por Zephyr.
Era la primera clase de música y Zephyr se encontraba encantada y feliz. Ahora, en lugar de esperar por su falso padre y tener que esconderse de Nuffnutt, había hecho un buen uso de su tiempo y estaba aprendiendo algo grandioso.
La profesora Mako se había dedicado a enseñarle lo más básico para tocar el violín, y la última hora de clase, el profesor Alberick la había incluido con el resto del coro para que también cantara. El día, parecía ser perfecto para ella, sin embargo, aun faltaban un par de cosas.
Saliendo de la escuela, miró a su alrededor en busca de su falso padre; sin embargo, no podía dar con él en medio de los otros autos que habían llegado para recoger al resto del alumnado.
—Zephyr…—escuchó de repente detrás de ella.
Al volverse a quien le había hablado, vio que se trataba de su compañero Akito, hijo de sus profesores de canto.
—¿Mi papá te va a llevar de nuevo a tu casa? —preguntó con cierta timidez.
La niña suspiró y sólo alcanzó a ver como a unos cuantos metros de ellos, Alberick y Mako se acercaban a donde estaban. Apenas respondería a su compañerito, cuando de repente escuchó el sonido de un claxon, y alguien que gritaba su nombre.
Al girarse, Zephyr vio con ojos brillosos, que quien tocaba el claxon era su falso padre, y el que gritaba escandalosamente era su tío falso.
—¡Si llegó, si llegó! —saltó tan feliz que abrazó al pequeño niño que quedó congelado ante su tacto, y luego corrió hacia quien la esperaba.
—¡Adiós Zephyr! —sólo escuchó como su profesor de música se despedía de ella.
—¡Adiós maestro, maestra, Akito! —se despidió esta antes de subir a la camioneta.
—¡Hey Haddock, gusto en verlo! —siguió gritando el profesor ahora para quien conducía.
—¿Quién es ese? —preguntó este confundido.
—Es el profesor Alberick, dice que le vendiste un auto, y que le gustaría hablar un día contigo.
—Que raro. —susurró este, pero para no ser descortés con un aparente cliente sólo lo saludó y despidió al mismo tiempo. —Bien, ¿Están listos? —preguntó antes de poner el auto en marcha.
—¡Listos! —exclamaron los pasajeros, uno más contento que el otro.
—Ok, pues vamos por las chicas ahora.
Al punto de las 6 de la tarde, Heather se había retirado a su hogar.
Alumini y Stormfly terminaron unas cuantas cosas después de que esta se fuera y acabaron agotadas y eso que faltaba hacer la cena que, dudaron Astrid fuera a cocinar.
—¿No crees que se están aprovechando de nosotros, Stormfly? —preguntó Alumini fastidiada.
—Algo, pero espero que pronto todos comencemos a trabajar como equipo, porque sinceramente no sé que haré.
—Lo mismo digo. Por cierto, ¿qué tanto habrán hecho Nuffink y ella? Fue muy raro no escucharlos.
—Tal vez prendieron los silenciadores y por eso no nos dimos cuenta.
—Oh, había olvidado ese detalle.
—¿Y si vamos a ver qué hacen?
—Me parece bien.
Ambas guías femeninas se dispusieron a subir las escaleras cuando el sonido escandaloso de un claxon las interrumpió de sus intenciones.
—Ush… ahora qué…—fue asomarse la albina con molestia a la ventana.
—Es el "I" de Haddock. —escucharon de repente a Astrid, quien bajaba con Nuffink tomado de su mano.
—¿Y porque no se baja el muy "I"? —preguntó Stormfly sintiéndose rara por estar hablando como su ama.
—¿Lo olvidan? —cargó Astrid a Nuffink cuando bajaron todas las escaleras. —Íbamos a comprar los víveres.
—Ush… es cierto. —bufaron con fastidio las guías, al ver que su día estaba lejos de terminarse.
Y no teniendo más remedio, salieron de la casa junto con Astrid y Nuffink.
Para ninguno de los guías, pasó por desapercibido el cansancio del otro, pues en cuanto Toothless cruzó su mirada con su pareja y amiga, rápidamente pudo notar lo fastidiadas que estaban, y ellas también sintieron lo mismo para su compañero.
Un estado de ánimo muy diferente al de los padres que, se veían muy relajados, y de los niños que, a pesar de todo, estaban muy felices.
Continuará.
Nota de autora:
Siento la demora y tanto relleno, pero es para justificar lo que sigue (lo juro) Hubiera querido hacerlo más largo, pero el tiempo se me terminó, por lo cual dividiré los capítulos en pedazos para tampoco dejarlos esperando.
Comentarios:
Maylu: En esta sí le tocó a Hiccup ser el insoportable, pero el que sea así, tiene una razón, pues es el que creo yo, tendrá el cambio más radical. Saludos.
Vivi: Pues Toothess fue fácilmente engañado, pero es por la misma confianza ciega que le tiene, pero como se puede apreciar, hay dos más que comienzan a ver las verdaderas intenciones.
A los seguidores, anonimos y favoritos. Nos seguimos leyendo. Hasta la próxima.
05 de enero de 2020
