No tengo mucho que decir, ha sido un día estresante, pero algo genial es que ya tenía muchas ganas de llegar a esta parte del fanfic, así que me siento satisfecha 3. El final no está muy lejos :3
Gracias a todos los que siguen aquí!
*Ninja Britten 11: Kanan y la palabra prisa no son amigas, ya sabes, es de las personas que piensan mucho y hacen poco. Uff las peleas de Chika y Miwa son demasiadas como para explayarme en ellas, pero algo verás en este capítulo. ¡Muchas gracias por tu apoyo a mis fanfics! Espero te esté yendo ,muy, pero muy genial con los tuyos * muchos corazones insert * .
*N0MBR3: Esperemos que Kanan encuentre la luz pronto, créeme, a veces esta chica hace lo que quiere, a pesar de que la que escribe soy yo xD. Me laegra haber podido transmitirte los sentimientos de Chika, gracias por seguir leyendo. ¡Un abrazo! Espero todo ande bien de tu lado.
*Naoko Fujisaki: asdshfajsdka gracias * insert corazones here * . A pesar de ello espero poder seguir con la calidad que creo que tiene el fic xD. Muchas gracias por leer! Un abrazo.
Avanza un paso y retrodece dos
Capítulo 13:
La otra cara de la moneda.
Chika.
"— Deberías ir al hospital, o mejor, deberías haberlo matado de una vez— me dijo Makoto mientras me ofrecía limón. Lo rechacé, quería sentir el ardor del tequila llenando mi garganta, quizá así la herida que traía en la cabeza dejara de sangrar, y cicatrizaría desde dentro.
— No soy tan estúpida como para echar mi vida a perder por mi padre— respondí, apartando los mechones de cabello de mis ojos, lo había dejado crecer sin cuidado, así que, aunque no quisiera, ahora tenía un gran fleco cubriendo la mitad de mi cara y poco más allá la mayoría del tiempo.
— Hacemos cosas peores, y nadie nos descubre, si nos pidieras desaparecerlo nadie sabría— se encogió de hombros.
— Me quedé en el grupo pequeño por algo, no quiero nada que ver con esa mierda, no podría mirar a mis hermanas a la cara— tomé el contenido de mi caballito de un solo trago, Makoto me sirvió un poco más.
— Eres una cobarde.
— Dime algo que no sepa.
— Quizá la policía te ayude— sonrió con sorna, burlándose del hecho de que mi padre ya había evitado varias denuncias por agresión que mi madre había hecho, simplemente por haber sido militar y tener 'conexiones'.
— Si voy a la policía, él va a hacer todo lo posible por demostrar mi conexión con ustedes, va peor para mí… Lo creas o no, puede que traiga detrás una cámara o alguien que mandó a seguirme.
— Lo creo. A la salud de las mierdas de padre y madre que tienes, Dios quiera que se mueran pronto— alzó su caballito y lo choqué con el mío, brindando
Bebimos hasta acabarnos las dos botellas de tequila que nos habían dado por nuestras tareas, pocas veces tenía oportunidad de ver a Makoto, estábamos en niveles diferentes. Yo era de los 'junior', aunque no era exactamente por ser mujer. Ahí estábamos quienes habíamos hecho algo bueno por las personas que manejaban a toda esa gente.
Yo había evitado que mataran al hijo de uno de los grandes (quienes recibían órdenes directas del grupo delictivo), aunque sólo había tacleado al hombre con la pistola. Ser alguien a quien no le importaba realmente morir, a veces podía traer cosas buenas; extrañas, pero buenas.
Mis hermanas tenían protección siempre que salían, y yo había encontrado un lugar donde podía desfogar a mi gusto.
El alcohol comenzó a nublar mi sentido de la razón, pero mi mente fue tan jodida como para dejarme recordar sólo una cosa de esa noche.
— Lo hemos estado siguiendo, no lo mataremos, pero sí le podemos dar un susto, al menos para que deje de ser tan marica y pare de golpearte— me dijo, arrastrando las palabras.
— Sí, claro… Mira, si pueden asustarlo, te invito un Don Julio para ti solo— aposté entre risas, sirviendo un poco de coca cola a mi whisky. No estaba tomando nada en serio para ese punto.
— Conste Takami, voy a hacerte firmar esa apuesta, espera— buscó algo para escribir y sacó una pluma. Me ofreció la servilleta.
— ¿Qué eres? ¿El maldito Lucifer? Yo no rompo mis promesas— sonreí, pegándole con mi mochila en la cabeza.
— Veamos este sábado— me apuntó con el dedo, mientras terminaba su bebida".
Abrí los ojos. No estaba soñando, pero sí que estaba recordando… Recordaba algo que hubiera deseado olvidar aquella noche de copas. Siempre que tenía remembranzas acerca de mi adolescencia, unas ganas inmensas de golpear, o golpearme, surgían en mi pecho; había sido estúpida y crédula al pensar que no me mancharía con toda la basura en la que me metía, pero aquí estaba, casi tres años después de alejarme de aquello… aun siendo perseguida por mis errores.
Pero no tenía tiempo para seguir sintiéndome mal, al menos no ahora, no con ella aquí.
— ¡No puedo creer que aun con el cuerpo tan lastimado quieras levantarte zura! — me gruñó mi amiga, mientras funcia el ceño, realmente no me intimidaba, pero algo me decía que no debía retar sus cuidados.
— Me clavaron un picahielo una vez, esto no es nada— sonreí.
Maru tocó mi hombro izquierdo, mientras apretaba los labios con preocupación.
— Eso no te hace inmune, puedes recibir balas, picahielos, golpizas… pero no dejas de ser humana, y un humano se lastima con más facilidad de la que sé que te gustaría admitir— me miró acusadoramente, esperando mi respuesta.
— Lo siento.
— ¿No te dolió? — me preguntó, delineando mi quijada con su dedo, para después bajar a mi cuello, el cual estaba cubierto por el collarín.
— No mucho… la verdad no recuerdo la mitad de lo que ocurrió. Mi mente estaba dando vueltas— sonreí, intentando provocar gracia en mi amiga, pero parecía que esto no iba a pasar.
— Recuéstate zura — me pidió mientras salía de la habitación.
La vi hablando con Shima y Mito en la cocina, al parecer había hecho buenas migas con mis hermanas, lo cual era bueno, pero no demasiado. Sabía que Hanamaru intentaba mantenerme con vida de alguna manera, y la creía capaz de preguntarle a mis pequeñas por mi pasado… No era algo que deseaba que supiera, aunque tampoco Shima y Mito conocían todo lo que había ocurrido conmigo durante esos años.
Elevé mi vista al techo. El collarín no me limitaba del todo, pero realmente me cansaba tenerlo todo el tiempo alrededor del cuello, sentía que era una piedra debajo de mi cara.
Miré mi celular, You me había escrito bastante ese día, y eso que se suponía que debía estar en clases. Sonreí al imaginarla escondiendo el móvil del profesor de programación, si la pillaba enviando mensajes en su clase, seguro le iba a dejar trabajo extra, o quizá silenciosamente le quitara un punto de su calificación. Esta idea no me parecía atractiva en realidad.
Chika:
Será mejor que guardes el celular, no quiero que te vayan a regañar. Necesito tus apuntes de las clases.
La palomita se pintó de azul enseguida, y un emoji sonriendo apareció en mi pantalla.
You:
¿Por qué los míos? Kanan y Mari también están aquí.
Torcí la boca y sonreí. Pensé en contestarle que simplemente a sus apuntes les entendía mejor, pero no quería volver las cosas demasiado personales, desde que You me había confesado sus sentimientos, las cosas habían estado extrañas entre nosotras, incluidos mis propios sentimientos… Y lo que menos necesitaba en ese momento era preguntarme acerca de otra persona que no fueran mis hermanas y mi madre.
Chika:
Bueno, sabes que Kanan y Mari se la pasan platicando y apenas escriben algo útil. Mari dice que tiene memoria de elefante, y Kanan anota sólo palabras clave que la ayudan a recordar. Quisiera tener esa mente, pero no creo ser tan inteligente.
You:
Te pasas. Puedo decirte que no estás equivocada, pero tampoco estás en lo cierto.
Chika:
¿Eh?
You:
Kanan y Mari parecen más serias entre ellas, al parecer van a salir después, así que quizá están guardando sus ánimos. Ya sabes, las cosas han estado tensas entre ellas, pero quizá Kanan esté más tranquila, no se ve tan perturbada como en los últimos días.
Bueno, eso lo sabía.
Mari me había mandado un mensaje con la captura de una conversación entre ella y Kanan, en el, mi amiga cabeza hueca le decía a Mari que estaba cansada de sentirse incómoda a su alrededor. Que no podía ser muy explícita en ese momento, pero que no deseaba alejarse de ella, así que le había pedido hablar mañana, o sea, el día actual.
Sonreí enormemente al mirar eso y leer la emoción de mi amiga, realmente parecía que Kanan pondría todo en su lugar, aunque eso también podía ser un "tiempo fuera, quiero pensar". Lo malo de no poder mirar a mi delfina de cabello azul, es que no sabía en qué estaba pensando, y cuando había decidido tantear el terreno con ella, no me había dicho gran cosa. Suspiré con pesadez. En serio deseaba que no fuera otra loca idea de querer abarcar todo, sin importar qué dejes caer.
You:
Sin ti en el salón, me siento algo sola.
El mensaje llegó mientras estaba sumida en mis pensamientos, sorprendiéndome un poco. No debería dejar que este tipo de conversaciones tengan lugar…
Chika:
¿En serio? ¿Por qué?
Porque sería como dar entrada a algo que no busco ni quiero.
You:
Siempre que miraba hacia atrás te veía y siempre coincidíamos en ello, tu sonrisa me ayudaba a dejar de tensarme por lo poco que entiendo esos tontos ejercicios de química.
Inflé ligeramente las mejillas y busqué hundirme en mi lugar, pero el dolor en el cuello no me permitía hacer eso, pues viajaba hasta la parte media de mi espalda. Me pasé la mano por la cara, buscando aplacar un sentimiento extraño que exprimía mi pecho de una manera incómoda y agonizante.
Chika:
Bueno, me alegra que al menos mi intento de animo sirva, se te nota a kilómetros cuando estás en problemas.
You:
Supongo que sí, Yasu me ha dicho lo mismo.
Chika:
¿Yasu?
You:
Mi amigo, del que te platiqué el otro día.
Intenté hacer memoria en vano, no recordaba quién era, o si me lo habían presentado. Aunque si algo recordaba bien, es que no había podido conocer a nadie cercano a You.
Chika:
Lo siento, no recuerdo quién es.
You:
No es importante, no te preocupes. Ahora sí debo dejar el celular, te escribo más tarde.
Chika:
Sí, animo.
Hanamaru entró en mi habitación con la comida y el medicamento que debía tomar. Estaba terriblemente al pendiente de mí, me sentía mal porque había decidido faltar a la preparatoria por venir, pero no era como si pudiera regresarle su tiempo.
— Gracias— dije, por milésima vez en el día.
— No es nada, quería asegurarme de cómo estabas ya que no me dejaste ir ese día zura— devolvió la cuchara al plato.
— Igual me alegra que no hayas visto eso, Mari dice que no me reconocía, realmente no quiero que me veas en un estado tan lamentable.
— Aunque sea eso, es una parte de ti, una que no quiero que escondas de mí.
Sentí el impulso de responder que no, pero me quedé callada. Los ojos de Hanamaru me miraban con una decisión tan imponente, que simplemente abrí la boca para recibir otra cucharada de arroz.
— Has estado mirando mucho tu mochila, ¿te preocupa no haber ido?
— No, no es eso zura— tartamudeó, sonrojándose.
— Ah— entrecerré los ojos, pero recibí otra cucharada. Una vez terminé y tomé mi medicina, Maru salió de la habitación.
Volví mi mirada a la pared donde tenía frases escritas.
"—Así es, no hay ninguna razón para querer morir.
— Pero tampoco hay una razón para querer vivir.
— Estoy segura de que eso no cambiará en el futuro.
— Entonces, ¿está bien aferrarnos al presente simplemente para vivir en el?".
Aferrarnos al presente… eh. Miré a Shiitake, no se había movido de mi lado desde que me había recostado, lo acaricié, y me miró. Parecía que quería transmitirme paz, se lo agradecí en silencio.
— Chika— volví mi mirada a Hanamaru, quien se había sentado en una orilla de mi cama, tomando mi mano —. Te he traído un libro zura.
— Oh, genial, gracias… ¿De qué es?
Hanamaru esculcó en su mochila, y una vez parecía que tenía lo que quería, me devolvió la mirada y sonrió.
— Bueno, es de aventuras. Es uno de mis libros favoritos… cuando lo leí por primera vez me encantó, es genial en todo sentido, pero, creo que a ti te serviría mucho, porque este hombre descubrió lo maravilloso de la vida a su manera, y espero te ayude a encontrarlo a la tuya— sacó un ancho libro morado y me lo ofreció.
Lo tomé con ambas manos y miré la cubierta de pasta dura. Parecía un libro con cuentos como esos realmente antiguos, aunque una vez quitaras la primera cara, quedaría un impreso de pasta blanda.
— Amagi… "Un relato increíble sobre la búsqueda de los sueños"— leí. Hanamaru me miraba con ojos centelleantes, obviamente entusiasmada de poder compartir algo que le gustaba, conmigo —. Se escucha interesante, lo leeré con gusto… Gracias.
— No es nada— sonrió —. Realmente espero te guste— se quedó un momento en silencio, mirando sus manos — ¿Cómo te sientes con todo lo que ha pasado?
— Eh… no lo sé, no me siento diferente… ¿o a qué te refieres?
— ¿No te sientes… demasiado mal… tan mal que…?
— ¿Crees que porque me pelee con mi padre voy a querer suicidarme? — Hanamaru desvió la mirada, pero inmediatamente enfocó su vista en mí.
Escuchamos el timbre, miré por el marco de mi puerta a Mito, quien había subido a abrir.
— No sólo eso… He leído que las personas con tendencias suicidas a veces pueden explotar por la cosa más mínima, y no es que haya sido sólo eso, es porque detona todo lo que estaban guardando… Sólo hace falta una cosa para explotar zura— su voz temblorosa me hizo saber lo mucho que le preocupaba que tuviera una recaída. Sonreí y tomé su mano.
— Si pasa algo no lo haré por él.
— ¡Tampoco contemples la posibilidad zura! Chika tonta— dijo, apretando su agarre.
— Lo siento— sonreí —. Pero no, no me siento con ganas de morir hoy, sobre todo cuando tengo a mis hermanas aquí… Necesito estar aquí para ellas.
Maru me sonrió.
— ¿Puedo abrazarte? Pregunto porque no quiero lastimarte zura.
— Puedes, pero con cuidado, por favor— abrí los brazos y Hanamaru, mimosa, se acercó con cuidado y me envolvió en sus brazos, tratando de no apretarme demasiado.
La voz de You se escuchó en la casa y, tal como si hubiera sido atrapada haciendo una travesura, Maru se separó de mí, desviando su mirada hacia la puerta, esperando a que You apareciera en esta.
— Parece que me estaban esperando— dijo mientras se acomodaba la mochila en el hombro.
— Te escuchamos— Maru sonrió.
— Oh… ¿y de qué hablaban? — preguntó, entrando en la habitación y dejando su mochila en el suelo.
— Nada realmente zura— se apresuró a decir Hanamaru mientras se levantaba con rapidez—. Iré a dejar todo limpio, después de eso vengo a despedirme— tocó el hombro de You y se volvió a mirarme.
— Ah, gracias— alcé la voz, para que me escuchara mientras se alejaba.
— Parece que se ha estado esforzando mucho esta mañana, la sopa huele realmente bien— alabó mi amiga, tomando el lugar donde antes Hanamaru había estado sentada.
— Sí, sabe bien igual, ¿quieres? — quité las cobijas e intenté levantarme, pero You levantó las manos y las bajó, indicándome que no me pusiera de pie.
— Ya comí.
De alguna forma el ambiente se había tornado incómodo, así que intenté repasar en mi mente algo que pudiera contarle.
— Em…
— Te traje los apuntes de la clase de hoy— se estiró por su mochila y sacó un par de hojas. Me las extendió—. Me tomé la libertad de sacarle una copia a mi cuaderno, así las tendrás y podrás pasarlas cuando tengas tiempo.
— ¿Qué hay en tu cuaderno para que no me lo quieras prestar? — entrecerré los ojos, y después esbocé una sonrisa — Es broma, gracias— levanté las hojas, indicando el objeto de mi agradecimiento.
— ¿Sabes algo? A veces recuerdo cuando intentabas hablarme antes, y el cómo me hablas ahora. Antes te tropezabas mucho con las palabras— se llevó una mano a la boca, ocultando su sonrisa.
— No sé cómo hablar con personas nuevas, me pongo nerviosa y no puedo hablar bien, pero me alegro de que no lo hayas mencionado hasta ahora, si lo hubieras hecho antes me habría abstenido de seguir hablando contigo— pasé una mano por mi cara, pero la tensión en mi nuca hizo que repasara la idea de frotarme la mejilla.
— ¿Y por qué me seguiste hablando? — ladeó la cabeza ligeramente, mostrando su curiosidad.
— Eso debería preguntártelo yo a ti, yo lo hice porque tú lo hacías— confesé. La mirada de You me mostraba que no era lo que quería escuchar.
— Yo… pensé que eras linda— desvió la mirada, y yo hice lo mismo, incapaz de mirarla con cualquiera que fuera la expresión que tenía en mi rostro en ese momento. Se sentía extraño, y realmente no me agradaba sentirme expuesta de esa manera por quién sabía qué cosa.
— Oh…
— Bueno… Mari y Kanan me dijeron que llegarían más tarde, para la hora de la cena, así que intentaré esperarlas.
— ¿Y qué hacemos? — pregunté, intentando repasar cualquier cosa que pudiera entretenernos en mi casa, contando con que no podía moverme.
— Podemos ver una película, antes me dijiste que tenías algunas poco conocidas, me interesan— sonrió mientras examinaba mi habitación en busca de los largometrajes.
— Están en ese mueble— apunté—. Selecciona la que quieras, pero pregúntame antes para decirte de qué van y qué traen, algunas son… bueno, ya sabes.
— ¿Porno? — me sonrió con picardía.
— Si tuviera algo así no lo tendría a plena vista, tengo dos niñas aquí— le aventé uno de los peluches de mi cama. Ella lo atrapó e hizo el ademán de lanzármelo de vuelta, pero cambió su dirección a mis pies.
— Bromeaba— sonrió —. ¿Entonces?
— Pueden tener violencia explícita…
— ¿Y eso no es igual de prohibido que el porno? — enarcó una ceja, mostrando ironía.
— O pueden ser muy gays— era algo que realmente quería evitar, pero no podía cumplir con ello si You amenazaba con mirar cualquiera de esas películas. Sería peor si de la nada se encontrara con una historia donde dos chicas se enamoraban.
Esa afirmación hizo que You se quedara callada y sonriera con incomodidad, mientras se volvía a la fila de películas en cajas y bolsas que tenía apiladas. La mención del tema volvió a hacer que la tensión en el ambiente creciera, hasta que Hanamaru regresó a la habitación.
— Está listo. Ya debo irme, le prometí a mi madre que llegaría a comer con ella zura— tomó su bolso.
— Seguro, le mandas mis saludos, y gracias, de nuevo…
— No es nada, realmente me siento más tranquila sabiendo cómo estás— me sonrió.
— Yo te avisaré si esta tarde se le ocurre una tontería— intervino rápidamente You.
Hanamaru volvió su mirada a la chica de ojos azules, y abrió la boca para hablar, pero inmediatamente la cerró y volvió a sonreír.
— Por favor, no la dejes pararse si no es necesario zura.
— Yousoro! — respondió con un ademán militar, guiñando un ojo a Maru.
— … Sigo aquí— protesté.
— Lo sabemos— respondieron al unísono.
Mari.
¿Cuánto teníamos desde que nos habíamos conocido?
Apenas cumpliríamos un año, y desde entonces… habían pasado muchas cosas. Pero lo principal, había sido descubrir que una chica podía atraerme… o peor aún, que podía enamorarme de una mujer. Y no lo digo porque piense que es malo, sino por la persona por la que finalmente caí.
No era como si la idea no me hubiera cruzado por la cabeza varias veces, pero nunca había sentido la atracción física y mental hacia alguien de mi mismo sexo, incluso había llegado a pensar que era asexual. Ahora creo que no importa si es hombre o si es mujer, realmente me atrae la manera de ser de quien sea que me enamore… Y justo ahora, entiendo que fue su personalidad lo que llamó mi atención.
En un principio me había dado la impresión de ser una chica super segura de sí misma, alguien en quien podías recargarte, en quien podías buscar consuelo o conocimiento, y sin problema te daría la respuesta a todas las preguntas de la vida, porque ella había vivido ya demasiado como para no saber sortear los obstáculos, parecía alguien invencible que había pasado victoriosa por aquella senda que el ser gay significaba en la sociedad actual. Kanan… Kanan me había parecido la representación de lo que la palabra "fuerte" significaba.
Pero no era así... no del todo.
Kanan era débil, de las personas más cobardes que había conocido en mi vida. Echaba por la borda cualquier cosa con tal de quedar bien con su padre, no le importaba su propio bienestar emocional, ni lo que pisara en su camino por ser ejemplar para alguien que no la aceptaba como era. Esa dependencia la amarraba con cadenas a aquello de lo que tanto quería escapar: El miedo. Descubrir eso no impidió que mi amor por ella siguiera creciendo, porque veía más en Kanan, y podía comprenderla, aunque fuera un poco; y era por eso, que sentía tanto coraje cuando la miraba querer avanzar, pero en una banda que se movía por ella, sin dejarla ir a ningún lado.
Sin embargo, no sólo veía sus defectos, también veía sus virtudes, y me había enamorado de esa persona que sin importar si estaba asustada, se arriesgaba por sus seres queridos cuando necesitaban alguien en quien confiar, de esa chica que era amable y servicial, de quien ayudaba a quien veía en la misma situación, buscando que ese ser no fuera tan infeliz como lo era ella, tenía un sentido del humor único a pesar de lo mal que lo podía pasar, y su tenacidad la llevaba a lograr cosas que sólo alguien con su capacidad podría lograr. Era inteligente, talentosa, divertida y, sobre todo, amorosa.
Para mi corazón sus defectos no eclipsaban mi amor, pero para mi razón, toda la cobardía que me había mostrado mermaba mis ganas de estar a su lado. Aun así, sabía que no podía dejarla, no quería dejarla, porque me sabía capaz de ayudarla, porque sabía que necesitaba un amigo, alguien que no fuera semejante a ella en cuanto a proceder, como Chika, alguien que no compartiera sus miedos, como You, alguien que no viera como una cosita menor y a quien quería proteger, como Hanamaru… y definitivamente, alguien que no fueran su padre ni su madre.
Yo quería llevar esa encomienda, a pesar de que sabía que Riko y Yoshiko también la apoyaban de muy buena manera. La diferencia, era que a mi no podía mentirme, ni evitarme.
A pesar de ello, mi papá y mi mamá no pensaban igual que yo.
— I don't know Mari ... Are you sure you want to try something with her? (No lo sé Mari… ¿estás segura de que quieres intentar algo con ella?) — me preguntó mi padre, pasándose la mano por el cabello.
— Yes, I am. (Sí, lo estoy).
— Darling, we believe in you, but we've already seen you cry for her, and I don't want to hurt you that way again(Querida, creemos en ti, pero ya te hemos visto llorar por ella, y no quiero que te lastime de esa manera de nuevo)— mi madre puso unas tazas de café en la mesa, de alguna manera habíamos terminado hablando de mi relación con Kanan. De nuevo.
—What do you say about your other friend? Takami Chika (¿Qué dices de tu otra amiga? Takami Chika)— preguntó mi padre, cambiando de expresión completamente.
Sabía que no sólo eran los celos de Kanan, mis padres igual veían alguna especie de conexión con mi mandarina favorita. Yo quería mucho a Chika, pero no de esa forma. Igualmente, eso no impedía a mis padres, y a la mujer que me gustaba, pensar que había algo más entre ella y yo, o que podía haberlo.
— Dad, we talked about this (Papá, ya hablamos de esto)— remarqué, intentando evitar el tema.
— I honestly like her more, I know she has problems, but despite that, she seems more aware of herself (Sinceramente me gusta más ella, sé que tiene problemas, pero a pesar de eso, parece más consciente de ella misma)— dijo mi mamá, mostrando su obvio favoritismo por Chika.
— She's only a friend (Ella es sólo una amiga)— repetí.
—We know, but she has never made you cry like Kanan, and seems that she may love you in a better way (Lo sabemos, pero nunca te ha hecho llorar como Kanan, y parece que ella puede quererte de una mejor manera)— finalizó mi padre, pues mi madre había recibido una llamada, y eso significaba trabajo. Se despidieron de mí, dándome un beso en ambas mejillas y partieron a su estudio.
Sabía que mis padres estaban preocupados, pero de alguna manera me arrepentía de contarles todo, pues, como si fuera un fanfic, me habían comenzado a shipear con cualquiera, menos con Kanan. Quizá pensaban que en algún momento podrían meterme en la cabeza a alguien más. Pero incluso si mi amor por ella se acababa, seguiría apoyándola, porque primero había sido mi amiga.
A la mañana siguiente Kanan vino a recogerme en su motocicleta, era extraño que la utilizara, y aun más que viniera por mí, pero no hice preguntas y me fui con ella, no sin antes, haber tenido que salvarla de los acostumbrados comentarios de mis padres acerca de mi otra amiga. Tal vez eso había hecho que los celos de mi chica peliazulada fueran más fuertes. Papá y mamá suelen ser tan imprudentes en los momentos menos indicados, justo como yo. Supongo que no por nada soy su hija.
— I'm so sorry Kanan— me disculpé, quitándome el casco.
— No te preocupes, ya me acostumbré. Sé que no les caigo bien— se acomodó el cabello de la coleta alta que solía llevar y suspiró —. Mari… ¿crees que podríamos parar en un lugar antes de ir con Chika hoy?
— Seguro, ¿necesitas algo?
— Tenemos una conversación pendiente, es eso— sus amatistas brillaban con energía, haciendo que, por un momento, un escalofrío recorriera mi cuerpo al sentir su mirada en mí.
— Está bien.
You se había ido ni bien había terminado la clase, nos hizo un ademán con las manos de que nos vería más tarde, y aunque no hubiera hecho eso, sabíamos que había corrido a la casa de Chika, así que sólo le sonreímos y la miramos ir. Nos tomamos nuestro tiempo para salir del edificio y cruzar el estacionamiento para encontrar la motocicleta de Kanan. Sin decir nada me ofreció el casco de acompañante y, en el mismo ceremonioso silencio, lo tomé.
Nos alejamos de la preparatoria, y por un momento, no supe a dónde íbamos, hasta que miré el familiar centro comercial que tantas veces había visto, cuando íbamos de camino al parque que estaba justo a un costado. Y ahí es donde Kanan me llevaba, estaba segura. La conocía lo suficiente como para saber que le gustaban los lugares con muchos árboles y pocas personas.
— Creo que debí haberte avisado que vendríamos a un parque— musitó después de haber dejado el aparcamiento.
— Me ofendes— sonreí mientras ponía una mano en mi pecho —. Mujer prevenida es aquella que siempre tiene un cambio en su backpack— me paré en una banca y me senté, buscando unos tenis en mi mochila.
— No puedo creer que tengas zapatos ahí, ¿la mochila es como el nuevo bolso o algo así?
— Hay que ajustarse a los estándares actuales, una mochila que llevas en ambos hombros es más difícil de robar o perder— le mostré la lengua y procedí a cambiar mis zapatillas.
Kanan sonrió y miró en los alrededores. Disfrutaba de la vista, lo veía en su expresión serena y cálida.
Caminamos un momento más hasta llegar a un lugar donde sólo había flores y arbustos, supe que era el destino final, pues Kanan se sentó a espaldas de un gran árbol, invitándome a hacer lo mismo. Allá iba mi pantalón nuevo.
No dijo nada por un largo tiempo, pero realmente no tenía prisa, recargué mi cabeza en su hombro, cerré los ojos y abracé su brazo. Ella no hizo nada para evitarlo, incluso recargó su mejilla en mí. No había tenido claros los sentimientos de Kanan hasta que habíamos ido a la casa de los abuelos de Chika, justo ahí, aunque ella no lo supiera, mi amiga de ojos violetas me había dejado saber que también estaba enamorada de mí, y lo mucho que eso le frustraba. Esa pequeña e improvisada cita, seguramente, era para hablar de esa inesperada confesión, si es que my dear se había dado cuenta de lo que había dicho, y si no, tal vez era algo acerca de Chika y lo que deberíamos hacer para apoyarla.
— Te diste cuenta— susurró, por fin. Lo suficientemente bajo como para que no fuera con su tono de voz usual, pero lo suficientemente alto para que la escuchara.
— ¿Acerca de qué? — pregunté, sin abrir los ojos.
— De lo que te dije esa vez en casa de Chika— ahí estaba, mi primera opción.
— Si estamos hablando de lo mismo, lo hice— me concentré en lo rápido que estaba latiendo su corazón, señal de que no importaba lo que uno hiciera, nuestro cuerpo siempre iba a reaccionar con honestidad.
— ¿Y de qué hablamos?
— ¿De qué hablamos? — finalmente voltee mi vista hacia Kanan. Nuestros rostros estaban uno frente al otro. Pude verla pasando saliva y apretando los labios, era una vista realmente tierna, pero no podía dejarme llevar.
— Lo sabes.
— Aun así, quiero que me lo digas— en algún momento nuestro tono de voz había bajado aun más, y ninguna de las dos ocultaba el hecho de que moríamos por besarnos.
— Creo que… estoy enamorada de ti— me confesó, se notaba en su rostro que le había costado decir esa frase con cada fibra de su ser.
— ¿Crees? — me acerqué a ella, rozando mis labios con su mejilla.
— Es que yo… yo no sé qué hacer— tragó seco, la intensidad en sus ojos no opacaba el temor.
— Lo sé.
— Lo siento— una lágrima escapó desde su ojo, resbalando por su mejilla. La limpié con mi pulgar.
— Yo igual— saber que tenía una oportunidad con Kanan que se veía imposible por sus demonios, era incluso más doloroso que el que me hubiera rechazado completamente. Era como un alcohólico mirando las botellas de licor detrás del escaparate.
— ¿Qué debo hacer? — me preguntó.
— Mi respuesta no te va a satisfacer, pero de momento, puedo adelantarte algo— tomé sus mejillas con mis manos —. Tienes que mirar por ti misma.
— Mari yo…— su semblante confundido me hizo ponerle un dedo en los labios, impidiéndole hablar.
— Por favor, necesitas ir a un psicólogo— finalicé.
— ¿Crees que estoy loca? — enarcó una ceja, podía ver la ofensa en sus ojos.
— No, ¿por qué todos piensan que el psicólogo sólo es para gente loca?
— Por algo les llaman "loqueros".
— Pues mal dicho— apreté sus mejillas con mis manos—. Si alguien me dijera que no solicita los conocimientos que adquirí tras varios años de carrera, desmarañando el laberinto mental que es el ser humano, sólo porque mis servicios se reducen a ayudar a un tipo de persona, me sentiría profundamente ofendida.
— Lo siento— intentó decir lo mejor que pudo, mientras aun presionaba su cara con mis manos a los lados.
— Bueno, es lo que creo que necesitas. Ayuda profesional… yo puedo decirte muchas cosas, pero la mayoría de ellas vienen de aquí— señalé mi pecho —. Sin embargo, lo que tú tienes está aquí— apunté su cabeza —. Y eso no es malo, todos tenemos algún problema que deberíamos tratar, pero reconocer que necesitas ayuda es lo primero antes de tomar esa decisión. Todas nosotras podemos querer ayudarte, pero no somos especialistas, necesitas a alguien que pueda ayudarte a aclarar las cosas.
— No lo sé Mari…
— Estás llena de prejuicios— suspiré.
— Curioso, ¿no?
— Depende de donde lo mires.
Kanan se quedó callada un momento, parecía que realmente estaba pensándolo.
— Ya debemos ir con Chika— se levantó, y me ofreció su mano para ayudarme a pararme.
— Sí, ojalá You haya leído el mensaje.
— Igual si no lo hizo, no es como si pudiera salir de su cama— sonrió.
Durante el camino a casa de nuestra amiga amante de las mandarinas, evalué lo que acababa de decirle a Kanan. Esperaba que no se hubiera ofendido, y aunque así hubiera sido, no cambiaba el hecho de que eso era lo que requería. Tenía que impulsar a my little dolphin lover a mejorar, lo que hiciera con mi apoyo, dependería de ella.
