Lost
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es de mi total invención.
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Capítulo 12* How do you know you love me?
Comenzar la búsqueda no era una cosa fácil de hacer. Papá había hablado con un amigo que le recomendó contratar a una investigadora privada de nombre Irina Martin.
―Buen día, ¿El señor Cullen, cierto? ― preguntó ella, a lo que papá asintió― mI nombre es Irina Martin.
Habíamos concertado una cita con Irina en una cafetería, para tener un terreno neutral donde poder hablar. Habíamos venido solamente papá y yo mientras mamá cuidaba de Ely en casa.
―Buen día, ella es mi hija, Bella― me presentó papá.
―Es un gusto conocerlos a ambos, tengo entendido que el señor Preston les recomendó mis servicios, ¿Puedo saber el motivo? ― preguntó ella, claramente evaluándonos.
Papá dirigió una mirada hacia mí, pidiendo mi permiso para contar todo. Lo pensé por un minuto, y decidí que debía ser yo quien hablara.
―Verá, señorita Martin, hace unos meses sufrí un accidente de auto en el que perdí la memoria, no soy hija biológica de los Cullen, realmente no sabemos quién soy, pero al ver una fotografía, hubo tres personas que me resultaron familiares, ahí es donde requerimos sus servicios.
Papá apretó mi mano en señal de apoyo y volvió su mirada a la señorita Martin.
―Solo Irina, por favor― pidió ella ― creo que entiendo lo que necesita, ¿Tienen la fotografía?
―Si.
Afirmó papá, sacando del bolsillo de su chaqueta, la fotografía impresa y se la entregó a Irina, ella la examinó durante un par de minutos antes de hablar.
―Usted también se encuentra en esta fotografía, ¿Quiere que investigue quien era?
Asentí vacilante.
―A mí y a tres personas más.
Aclaré, señalando en la fotografía a las tres personas que me eran vagamente familiares.
―La fotografía fue tomada en la universidad de St. John en Manhattan― comentó papá ―por si eso ayuda en algo.
―Ayuda bastante, denme un par de semanas y tendré algo de información para ustedes, ―dijo ella, a lo que papá y yo asentimos ―en cuanto a los honorarios, creo que mi secretaria ya acordó un monto con usted, señor Cullen.
Papá asintió nuevamente y añadió. ― ¿Qué información es la que obtendrá para nosotros?
―Lo básico sobre estas cuatro personas, nombre, edad, empleo, lugar de residencia y si tienen algún parentesco en primer nivel; si necesita otro tipo de información después de que reciba esa, podremos conversarlo en la siguiente cita.
―De acuerdo, gracias Irina― dijo papá.
Ella asintió y tomando la fotografía de la mesa, se levantó. ―Siento tener que irme tan pronto, pero tengo otro cliente y asuntos pendientes en la oficina, fue un placer conocerlos.
―No se preocupe, gracias por venir.
Dijo papá, levantándose de su lugar para despedirse con un apretón de manos, acción que imité. Irina nos sonrió y salió de la cafetería.
― ¿Estas bien, cariño? ― me preguntó.
Negué con la cabeza y él me atrajo en un abrazo.
Había estado conteniendo mis emociones frente a Irina, pero saber que en dos semanas podría enterarme de quién realmente era me ponía nerviosa y llena de miedo, al no saber qué esperar y si lo que la investigación iba a revelar me gustaría o no.
Traté de no llorar mientras papá acariciaba mi cabello en un gesto consolador, pero sentía que en cualquier momento me volvería un mar de lágrimas.
― ¿Qué necesitas, cariño? Háblame― pidió.
― ¿Podemos ir a casa? ― pedí con la voz rota.
Él asintió y sin decir más, me ayudó a colocarme mi abrigo y dejando algunos dólares que cubrían el par de cafés que no habíamos consumido, me llevó a casa.
Cuando llegamos, mamá estaba en la sala con Ely y alguien a quien no esperaba ver.
―Edward― musité.
Él me dio una sonrisa vacilante y volvió su mirada a Ely, quien dormía en sus brazos.
― ¿Podrías ponerme al tanto de su reunión con la señorita Martin, Carlisle? ― le pidió mamá.
Él asintió y fue con mamá a su estudio. Una vez solos, Edward habló.
―Ella es preciosa.
Dijo él, con la vista fija en Ely. Yo fruncí el ceño, sin saber qué estaba haciendo aquí, o incluso sosteniendo a mi hija.
― ¿Qué haces aquí? ― pregunté, sonando un poco más enojada de lo que pretendía.
―Perdón si llegué sin avisar, yo…
―Lo siento…― lo interrumpí ―seguramente vienes a ver a Ely, no te preocupes, puedes venir cuando quieras, estaré en la cocina, por si ella necesita algo.
Salí rápidamente de la habitación, sin detenerme ante él llamándome por mi nombre desde su lugar en la sala.
Una vez en la cocina, tomé la tetera y puse a hervir un poco de agua, necesitaba tranquilizarme y mantener mis pensamientos a raya o terminaría llorando. No lo pensé mucho y después de poner la tetera en el fuego, comencé a sacar ingredientes para preparar galletas.
Edward entró en la cocina con Ely recostada en su moisés justo cuando estaba vertiendo los ingredientes en un bowl.
―Acabo de poner agua para una infusión, pero si gustas puedo accionar la cafetera también― le dije, sin dejar de mezclar los ingredientes ―debería accionarla de todos modos, seguramente papá preferirá café con las galletas.
Divagué, mi mente solamente trabajaba con la receta de galletas, los pasos se repetían una y otra vez, harina, mantequilla, huevo, vainilla, polvo para hornear, mezclar, hornear y espolvorear con azúcar.
Me detuve abruptamente cuando una de sus manos se posó sobre las mías, llenas de la mezcla a medio integrar. Mis ojos se mantuvieron sobre el bowl con la mezcla y mis manos batidas.
― ¿Podemos hablar?
Sus palabras no tenían sentido para mí, sabía que algo había dicho él, pero mi mente no lograba entender el mensaje.
― ¿Bella?
Entonces su mano se movió de las mías y la colocó en mi mentón, lo que me obligó a salir de mi estupor y mirarlo.
―No ahora… por favor.
Rogué, mis ojos se tornaron cristalinos al instante y dejé fluir mis lágrimas.
Lo próximo que supe es que él había dado vuelta a la encimera donde estaba trabajando y me tenía entre sus brazos, sus palmas recorrían rítmicamente mi espalda para tratar de confortarme.
Pero mi llanto no cesaba, necesitaba sacar de mi sistema todo que me atormentaba.
No sé cuánto tiempo estuvimos así. Pero él solo se separó de mi cuando mis lágrimas dejaron de fluir.
― ¿Qué pasa? ― preguntó con tono preocupado.
Lo vi a los ojos y pude ver en ellos la misma preocupación que se reflejaba en su tono de voz. Pero ¿Qué podía decirle? Yo misma no terminaba de entender lo que ocurría dentro de mí.
Creo que él presintió que no tenía palabras para expresarme, así que habló él.
―Vine para hablar contigo, necesito que me escuches ¿Lo harás?
Yo asentí, y busqué con la vista a Ely.
―Ella está bien, Esme le dio de comer hace poco, así que dormirá por un rato más, no te preocupes― explicó, entendiendo a quién buscaba.
La localicé en su moisés, sobre cuatro sillas que él había acomodado de manera que fueran el soporte de su cuna portátil. Comprobando desde mi lugar que ella estaba dormida, asentí.
―Ese día en el hospital...
Me separé de él inmediatamente y fui a lavarme las manos.
―Escúchame, por favor, dijiste que lo harías.
Lavé mis manos, quitando los trozos de mezcla que estaban pegados entre mis dedos. Con una rápida mirada comprobé que había ensuciado la camisa gris de Edward, así que tomé un paño limpio y lo humedecí un poco.
Tomé una respiración profunda y se lo tendí. Con miedo de las palabras que fuera a pronunciar, hablé. ― Te escucho.
Él tomó el paño y mientras se limpiaba, comenzó a hablar.
―Seguramente sabes que el ADN fue negativo, pero quiero explicarte el porqué de mi reacción― dijo él, esperó por mi respuesta, y tras asentir, él continuó ―me había encariñado con Ely, ella era mi hija en mi mente y corazón, estaba tan seguro… pero cuando el ADN resultó negativo… no sabía qué hacer, fue como si mi mundo se viniera abajo en un segundo, Bella… yo no tengo familia, pero ella iba a convertirse en eso para mí.
Tu padre estaba ahí cuando recibí el resultado, y cuando en su mirada se reflejó la tristeza y la lástima… me sentí como aquel chico que acababa de cumplir dieciocho y cuyos padres fallecieron, estaba solo nuevamente. No supe cómo reaccionar, cómo enfrentarte. Y cuando te vi en la habitación… no sabía qué decirte, entonces te encerraste en el cuarto de baño, y lo único que atiné a hacer fue darle un beso a Ely y salir corriendo del hospital.
―No tienes que decir más, no te culpo por haber reaccionado así. Puedes venir a visitarla si eso quieres.
Le dije, aunque sus palabras solo me confirmaban lo que ya sabía. Él había estado aquí solo por Ely.
― ¿Crees que estaba así de mal únicamente por Ely? ― inquirió él, y yo lo miré con el ceño fruncido, sin entender a qué se refería ―Bella, cuando me dijeron que el ADN era negativo, Ely fue lo primero por lo que estaba triste, pero por ti también.
Lo miré aun sin entender. Él sonrió y continuó.
―Tú fuiste la razón por la que me fui. Pensé que si Ely no era mía, tú tratarías de encontrar a su padre biológico, eventualmente, entonces yo no tendría cabida en tu vida o la de ella. Me fui a Vancouver ese mismo día, pensando que tenía que dejarte libre para que pudieras ser feliz a lado del padre de Ely, quien sea que es. Pero no soportaba la distancia que me había auto-impuesto, cada día que pasaba las extrañaba mucho más que el anterior.
―Te lo eh dicho ya, puedes ver a Ely tanto como quieras, no voy a impedirlo― comenté.
―Regresé por Ely, claro que sí, pero Bella… quiero a ambas en mi vida, antes no te lo dije porque no me parecía correcto aprovecharme de tus hormonas revolucionadas por el embarazo, pero quiero ser la persona con la que compartirás la vida y a tu hija, me gustaría que me dieras una oportunidad para demostrarte cuánto te quiero.
Mis ojos se pusieron vidriosos nuevamente, sin creer del todo en las palabras de Edward. Sonaba tan irreal que mi mente se negaba a aceptarlas como ciertas.
― ¿Cómo sabes que me quieres? ― pregunté con la voz pastosa.
Él se rio de mi pregunta, pero la contestó. ― ¿Cómo sabes que amas a Ely? ¿Cómo sabes que el cielo es azul y que las estrellas saldrán cada noche?
―Solo lo sé― me encogí de hombros.
―Entonces que dices, ¿Merezco una oportunidad?
Pidió, limpiando de mis mejillas todo rastro de lágrimas.
―Hoy fuimos a ver a una investigadora privada― comenté.
Él frunció el ceño, porque no era la respuesta que esperaba.
― ¿Qué tiene que ver?
―Todo― contesté ―porque ella va a averiguar quién era yo.
―Sigo sin entender.
―Edward, no sé quién era antes del accidente, ¿Qué pasa si no me gusta esa Bella? ¿Qué pasa si ella tampoco te agrada?
El suspiró, y tomó mis manos entre las suyas para dejar un beso en ellas.
―La Bella que conocí en Nueva York me parecía la mujer más increíble que había tenido la oportunidad de conocer, ahora mismo la añoro un poco, porque esa Bella era segura de sí misma y parecía que el mundo era un lugar pequeño para ella, y cuando volví a verte… solo pensé en que esta vez no podía dejarte escapar, te quise aún más cuando comencé a pasar tiempo contigo, y eso no va a cambiar cuando finalmente descubran quién eras.
― ¿Estás seguro?
―Tan seguro, de que si me das una oportunidad de demostrarlo, podré darte la noticia de que me mudo a Toronto― contestó sonriendo.
Lo observé impactada con la noticia. Nunca creí que haría eso. Por lo que sabía, su vida entera y su negocio estaban en Vancouver.
―No tienes que mudarte aquí… tu negocio, toda tu vida está allá.
―Puedo cambiar la sede del negocio, y mi vida ahora está en donde tú y Ely se encuentren.
Sus palabras me conmovieron y solo atiné a enredar mis brazos a su alrededor en un abrazo apretado, y escondiendo mi rostro en su pecho, musité un gracias.
Sus brazos pronto estuvieron a mí alrededor, y me dieron una sensación de seguridad. No del mismo tipo que sentía al abrazar a mis padres, era totalmente diferente, y me gustaba mucho la sensación.
―Está bien― acepté su propuesta ―pero necesito que esto sea lento, tengo muchas cosas en la cabeza y…
―Vamos a hacer esto tan lento como tú lo necesites, solo recuerda que estaré aquí para cualquier cosa que necesites, incluso si es cambiar un pañal de Ely― bromeó ―nunca más estarás sola, porque no voy a dejarte.
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Cada día que pasaba, Edward me demostraba que sus palabras no eran solo eso. Se había vuelto a convertir en un asiduo visitante en esta casa, mis padres, aunque más mamá, insistían en que podía quedarse en una de las habitaciones extra en lo que encontraba un lugar para él, ya que si no estaba en las nuevas oficinas de su empresa, estaba aquí en la casa, solamente se iba para dormir al hotel donde se hospedaba.
Pero él se negaba, diciendo que quería darme un poco de espacio. Lo cual entendía y agradecía.
Porque mi mente aún estaba enfocada en la información que nos entregaría Irina.
Hoy se cumplían las dos semanas que habíamos acordado con ella, y nos había notificado dos días antes que tenía ya la información, por lo que acordó venir a la casa en esta ocasión.
Cuando llegó, Edward no había podido estar presente por pendientes en su trabajo, y mamá y yo nos encargamos de dormir a Ely antes de que Irina llegara para ambas estar presentes.
Mamá me sorprendió una semana atrás con una habitación completamente acondicionada para Ely, mi niña ya no solamente tenía el moisés en el que solía dormir cuando llegamos del hospital y su porta bebés, ahora disponía de una cuna, cambiador, un par de armarios y una cómoda, todo en su propia habitación, que se encontraba a lado de la mía.
Ambas estábamos en la habitación de paredes blancas y detalles palo de rosa que pertenecía ahora a Ely cuando Irina llegó. Como Ely ya estaba dormida en su cuna, mamá accionó el monitor de bebés y tomó el otro, animándome a bajar al encuentro de la investigadora.
Cuando entramos al estudio de papá, él e Irina ya se encontraban en el lugar, por lo que ambas la saludamos y tomamos asiento en las sillas que habíamos acercado previamente, de modo que mamá estaba a mi derecha y papá a la izquierda, con Irina del otro lado del escritorio en su propia silla.
― ¿Comenzamos con las personas de las que querían información? ― preguntó ella.
―Por favor― pedí asintiendo, sin estar del todo lista para conocer quién era yo realmente.
―Fue fácil conseguir los nombres― comentó ella, sacando de un sobre tres fotografías― él ― nos mostró la primera, de un hombre de un poco más de cincuenta años ― es Charles Swan, es profesor de posgrado en la Universidad St. John en Manhattan, Nueva York. ― Ella ― nos mostró la siguiente fotografía, de una mujer de aproximadamente la misma edad de Charles ―es Rene Vulturi-Swan, esposa de Charles, ambos trabajan en la misma universidad, y él― mostró la última fotografía, la del hombre que de solo verlo me provocaba un miedo indescriptible ―es Dimitri Vulturi, es director de la universidad y hermano de Rene.
Examiné la primera fotografía, la de Charles Swan, y me dio pánico el ver que tenía smilitudes con el hombre, sus ojos y los míos tenían la misma forma, así como la forma del rostro, eran coincidencias que aunque podrían ser casualidad, mi instinto me decía que no lo era.
― ¿Reconoces los nombres, cariño? ― preguntó mamá.
Negué con la cabeza, cambiando de fotografía, en esta ocasión, la mujer mayor que me devolvía la mirada me causaba sentimientos encontrados, su mirada de un azul tan claro inspiraban respeto, la mujer rubia no me daba confianza, pero me era familiar, y lo supe cuando observé sus manos a detalle, esas manos me habían dado el plato de galletas en mi recuerdo, jadeé al pensar que estaba relacionada con ella de alguna manera.
―Ella es la mujer que recordé.
Dije, causando que los presentes enfocaran su atención en mí.
― ¿Estas segura, cariño? ― preguntó mamá.
―Sus manos…― comencé a explicar ―cuando estaba en el centro, tuve un recuerdo en el que una mujer me daba galletas mientras hacía algo en un ordenador, no pude verle el rostro, pero sus manos lucían como las de Rene Vulturi, de eso estoy segura.
― ¿Podríamos obtener información más detallada de estas personas? ― preguntó papá.
―Seguro― accedió Irina ―demoraré un poco más con eso, pero la tendrán.
Entonces papá se concentró en una conversación con Irina, sobre los detalles que necesitábamos de esas personas. Mamá simplemente me dejó seguir examinando las fotografías, colocó su mano en mi hombro dándole un leve apretón en señal de apoyo.
La última fotografía correspondía a Dimitri Vulturi, su rostro a simple vista lucía como el de un hombre normal de la edad de mis padres, sin duda sus facciones eran similares a las de la mujer, pero algo en su rostro me inspiraba un terror infinito que no sabía de dónde provenía.
― ¿Quieren que pasemos al archivo de su hija? ― escuché que preguntó Irina.
Mis padres me dirigieron una mirada, preguntando si eso era lo que quería. Asentí sin estar por completo segura, acomodando las fotografías una tras otra, de manera que la de Dimitri Vulturi quedara al último, lejos de mi vista.
―Bien, investigué en la universidad y logré obtener un expediente bastante sustancioso sobre su vida anterior, en el aspecto académico más que nada, pero puedo ahondar en lo personal si lo necesitan.
El verdadero nombre de la señorita Cullen es Isabella Swan, de veintidós años de edad, estudió en la universidad de St. John hasta finales de noviembre pasado, cuando obtuvo un grado en matemáticas aplicadas, por lo que pude averiguar, el señor Charles es su tío y quien financiaba la carrera de la señorita, con ayuda de una beca que ella recibía. Ella es ciudadana norteamericana, su residencia habitual se encontraba en Manhattan.
Explicó Irina, entregándonos una copia de un título de grado a nombre de Isabella Swan, así como una fotografía en la que estaba usando una toga y birrete. Me pareció extraño que en aquella fotografía, mi cabello lucía largo y con el brillo que le faltaba a mi mirada.
― ¿Algo más que debamos saber?
Preguntó papá, notando que Irina mantenía un último papel entre sus manos.
―Sí, hay una denuncia por desaparición, fue impuesta a principios de febrero por el señor Charles Swan, buscando a su sobrina, lo curioso es que se describe que la señorita fue vista por última vez en Londres y que tenía un vuelo con destino a Nueva York que nunca abordó.
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Irina se marchó un rato después, dejando el expediente y las fotografías que había recabado para nosotros. No tenía idea de qué hacer con la información que ahora tenía en mis manos. Papá decía que lo más apropiado sería dar parte a las autoridades que llevaban mi caso y tratar de recuperar mi identidad, pero no sabía si quería que eso ocurriera.
Edward llegó unas horas después, me encontró en la habitación de Ely con ella entre mis brazos.
―Hola― saludó, llamando mi atención desde el marco de la puerta.
―Hola.
―Carlisle me puso al corriente de lo que averiguó Irina― comentó en un tono de voz neutro.
― ¿Y…? ¿Qué crees que debería hacer?
―Creo que deberías esperar a lo que Irina averigüe sobre esas personas, sé que fue la foto de uno de ellos lo que te envió al hospital, no creo que sea coincidencia.
Asentí, pues esa era una de las razones que me hacían permanecer insegura sobre cómo proceder con la información que Irina obtuvo. Estaba tan cansada de toda esta situación, que en ocasiones desearía que Bella Cullen fuera mi única identidad, y pudiera vivir la vida tan simple como fuera posible.
―Luces cansada, ¿Por qué no tomas una siesta y discutes el asunto con la almohada? ― sugirió él.
―No puedo ir a dormir ahora, acabo de alimentar a Ely y probablemente no volverá a dormir hasta dentro de un par de horas.
―Yo puedo cuidarla― se ofreció.
―Y si…
―Nada va a pasar, Bella, puedo cuidarla.
Lo pensé por un momento, posando la mirada en mi pequeña bebé, ella me devolvía la mirada, con sus ojitos brillantes, que cada día se volvían de un tono verde precioso.
Por ella necesitaba ser fuerte y manejar esta situación lo mejor que pudiera, ella necesitaba una mamá fuerte y que no tuviera miedo. Ahora sabía que no estaba sola en todo esto. Y en ocasiones me preguntaba si el accidente pudo haber sido la mejor cosa que me ocurrió.
―De acuerdo, pero ¿Prometes despertarme si Ely necesita algo? ― pedí.
―Ella estará perfecta, pero te lo prometo.
Accedió con una sonrisa, caminando hasta nosotras, extendiendo sus brazos para que le diera a mi bebé.
―Esta señorita y yo la vamos a pasar muy bien ¿No es así preciosa? ― agregó él, dejando besitos en la frente y mejillas de Ely.
Sonreí por la imagen que me estaban regalando. A simple vista parecían padre e hija, los ojitos verde agua de Ely se encontraban con los verde bosque de Edward, como si con una mirada lograran comprender lo que pasaba por la mente del otro.
Ojalá las cosas fueran tan simples.
―Gracias― murmuré.
Dejé un beso en la frente de Ely y salí de la habitación.
Una vez en la mía, decidí colocarme una pijama, apenas eran las seis de la tarde, pero en cuanto mi cabeza tocó la almohada, sentí como todas las emociones del día caían sobre mí, haciéndome sentir pesada y soñolienta.
Abrí los ojos en un lugar desconocido, pero de alguna manera familiar, la casa en la que me encontraba se sentía tan fría y lúgubre que me dio escalofríos. La cama en la que me encontraba era diferente a la que estaba acostumbrada, preocupada sentí que mi cuerpo se desprendía de las sabanas, dispuesta a salir de la habitación. Pero al salir solo me encontré con un pasillo oscuro y con otras tres puertas.
Quería averiguar dónde estaba, pero mi cuerpo no me respondía, me llevó por las escaleras al primer piso, donde al final de un pasillo Charles Swan me sonreía a lado de una puerta.
―Buenos días, lamento que no podamos desayunar contigo, pero vamos tarde, Dimitri dijo que podías ir con él más tarde― explicó él.
Sentí miedo al escuchar ese nombre y mi cuerpo pareció, de alguna manera, sentirse de la misma manera, pero asintió y simplemente dijo adiós.
Sentía que estaba viendo una película narrada en primera persona, porque no podía hacer nada, solamente observar como ella – yo – vivía un día de su vida, podía sentir lo que ella sentía, ver lo que ella veía, pero no sabía lo que pensaba. Y eso estaba desesperándome.
Caminó hacia una habitación que lucía como una cocina, tomó un cuenco que llenó con cereal y leche para desayunar. Ella había tomado asiento en una de las sillas dispuestas en una pequeña mesa, tomando lentamente su desayuno, cuando se escucharon por la escalera algunos pasos.
Inmediatamente se puso tensa, lo que no era buena señal.
Lo reconocí tan pronto como él entró en la cocina, Dimitri Vulturi vivía aquí. No había otra explicación para que él bajara con solamente un pantalón de chándal puesto.
―Buenos días, solecito― saludó, con una sonrisa que me provocó escalofríos.
―Buenos días― contestó ella de manera seca.
Al menos sabía que estábamos en la misma página respecto a él.
―No estamos muy habladores hoy ¿No es así? ― cuestionó él ― ¿El niño bonito te comió la lengua? ¿O no lo hicieron tan bien y por eso estas enojada?
―Creo que eso no es de tu incumbencia, Dimitri.
―Oh… pero lo era hasta hace poco ¿No lo recuerdas, solecito? ¿Tan rápido me olvidaste?
―Tan rápido como tu compromiso con Jane si mal no lo recuerdo.
No logré identificar si lo que sentía al pronunciar esas palabras eran celos, resentimiento o miedo. Y me asustaba conocer la respuesta.
― ¿Son celos lo que detecto? ― cuestionó.
Ella no respondió, se limitó a terminar su cereal y cuando el cuenco estuvo vacío, se levantó para ir directamente a la tarja. Rápidamente lo lavó, sentía su urgencia por salir de la pequeña cocina, y el miedo que la embargó cuando los brazos de él formaron una jaula a su alrededor.
―Sabes que siempre serás mi favorita, solecito, nadie es tan bonita y brillante como tú― dijo él.
Podía sentir su aliento chocando contra la piel de su cuello, y solo le provocó escalofríos, que él interpretó de otra manera.
―Dijiste que esto había terminado― dijo ella – yo.
―Claro que terminó, no puedo seguir contigo si quiero que Jane le diga a su papito que soy el perfecto prometido y lo haga patrocinar mis investigaciones, incluso tú, solecito, no vales tanto― dijo él, acariciando sus brazos, mis brazos.
―Bien, porque ya voy tarde, así que con permiso―dijo ella.
Sus intenciones eran claras, salir de esa jaula que eran sus brazos, pero él no lo permitió, solamente los apretó más a nuestro alrededor.
―Nadie dijo que no puede haber una última vez o unas cuantas más… además, yo nunca dije que podías meterte con ese… niño.
―No quiero, Dimitri, tu avanzaste, déjame hacerlo a mí― pidió ella.
―Vamos, solecito… ya sabes lo buenos que somos juntos.
Él se presionó más contra nosotras, podía sentirlo excitado contra mi espalda baja y sin poderlo controlar, comencé a gritar, finalmente nuestro cuerpo reaccionó a lo que yo quería hacer, grité lo más fuerte que pude, diciéndole que no.
―No, para Dimitri, ¡Por favor, no! ― grité.
Él no me escuchaba, solo sentí cuando me dio vuelta de manera brusca, de modo que quedé frente a frente con él, intenté decirle que no una vez más, pero no me hizo caso alguno y comenzó a tocarme.
― ¡No quiero, Dimitri! ¡Suéltame! ― grité.
― ¡Bella! ― escuché que alguien me llamaba.
Reconocí la voz de Edward, y rogué porque él me salvara de las garras de este hombre, cuyo agarre sobre mis brazos se hacía más fuerte conforme yo me resistía a sus caricias.
― ¡Bella! ― volví a escuchar.
La voz de Edward seguía llamándome, pero no podía llegar hasta donde me encontraba, quería desesperadamente ir con él, quería que papá y mamá me abrazaran, quería ver a Ely y saber que ella estaba bien, quería con todas mis fuerzas alejarme de Dimitri.
Continué diciéndole que no, pero sus manos no paraban de acariciar por debajo de mi camiseta, gritaba que parara, pero él no parecía escuchar, así que solo cerré mis ojos lo más fuerte que era capaz.
Entonces el clic de la puerta lo hizo detenerse abruptamente.
―Izzy…
Abrí los ojos finalmente, encontrándome con los orbes verdes de Edward frente a mí, él me veía con la preocupación plasmada en su rostro, papá estaba aquí también, su rostro mostraba la misma preocupación que el de Edward.
Observé detenidamente a mí alrededor. Estaba en casa. Estaba en mi cama, usando mi pijama, las paredes no eran lúgubres, sino del color al que estaba acostumbrada.
Podía escuchar a mamá tranquilizando los sollozos de Ely, por lo que intenté levantarme para ir con ella, pero papá y Edward lo impidieron.
―Ella está bien ¿Si? solo un poco asustada― afirmó Edward.
― ¿Estas bien, cariño? ― pregunto papá.
Entonces me largué a llorar y me lancé a los brazos de papá, quien me recibió más que gustoso. Aun sentía las manos de Dimitri sobre mí, pero estando cobijada por los brazos de mi padre, sentía que él ya no podía herirme.
Por el rabillo del ojo vi como Edward hacía por salir de la habitación. Pero su presencia me ayudaba a estar segura de que ese hombre no podía dañarme.
―Edward― lo llamé, extendiendo mi mano hacia él.
Él la tomó y comenzó a trazar círculos en mi palma, dejó un par de besos en ella y se mantuvo a mi lado.
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¡Hola chicas! Nuevamente lamento la demora del capítulo, créanme que escribo tanto y tan rápido como puedo. ¿Qué les ha parecido la vuelta de Edward? A partir de este capítulo lo tendremos como un personaje principal, y ¿Qué creen que haya sido ese final? ¿Solo un mal sueño o un recuerdo? ¡Espero leer sus teorías!
Muchisimas gracias a todas las chicas que comentaron en el capítulo anterior: , Isabelfromnowon, marieisahale, MariePrewettMellark, Rocio, Pili, patymdn, Andy55TwilightOverTheMoon, LicetSalvatore, Yoliki, Tina Lightwood, liduvina, sandy56, Leah De Call, Tata XOXO, miop, FlorVillu, saraipineda44, JadeHSos, Suiza19, Olga Javier Hdez, Mar91, Esal, Lidia withlock, Car Cullen Stewart Pattinson e Idalia Cova. ¡Son las mejores, chicas!
¡Besos a todas!
NOTA: Si quieres leer adelantos exclusivos de esta y mi otra historia, no dudes en solicitar unirte al grupo en Facebook: Fanfiction by AstridCP ¡Encontrarás detalles de la historia, imágenes y las canciones que inspiran cada capítulo! ¡Todas son bienvenidas!
