Agape to Eros
By Tsuki No Hana
14
"Pierce"
Yuuri
J.J. me recibió en el aeropuerto con una gran sonrisa, no me dejó llegar a ningún hotel y mucho menos que empezara a buscar algún departamento. En un principio me sentí muy avergonzado, pues me estaba ofreciendo vivir en su casa, con su esposa. No estaba seguro de sentirme cómodo con eso. Por lo pronto me llevó a su hogar y me sorprendí al encontrar su casa bastante hogareña y cálida. Isabella nos esperaba con la cena lista.
Todo pasaba ante mis ojos como si no tuviera significado, como si fuera el espectador de mi propia vida y en esos momentos las escenas ante mí ocurrieran de manera rápida y vacía. Mis respuestas a sus amables preguntas eran ambiguas y mecánicas. Quería, pero no lograba poner atención a la charla. Sólo fui consciente de que mañana iríamos al hospital, el resto quedó perdido en algún lugar de mi subconsciente.
Me dieron una linda habitación en el segundo piso, me conmovió ver que Isabella se esmeró en prepararla para mí. Eso hacía que me sintiera importante y querido. Muy pronto les agarré un cariño que jamás en la vida me había imaginado que llegaría a tenerles. ¡Por Dios, se trataba de J.J.! El participante más difícil de tratar, y ahora me encontraba viviendo bajo su techo.
Antes de dormir recordé que debía avisarle a mi familia que me encontraba bien. No me atreví a decirles dónde estaba y no lo haría, pues podrían decirle a Viktor, en especial Mari-neechan, ella parecía querer más a Viktor que a su propio hermano.
Después de mandar el mensaje pensé que al fin podría dedicarme a descansar, pero... fue imposible. Las memorias de todo lo que hice durante el día llegaron a mi mente y el golpe más fuerte fue recordar algo muy doloroso: había roto con Viktor, ya no éramos pareja. Le dije que necesitaba un tiempo lejos de él, un tiempo en el cual no seríamos nada.
No lo soporté y mis lágrimas salieron por borbotones. Lloré amargamente en silencio hasta caer rendido al sueño.
Al día siguiente nos levantamos muy temprano para ir al hospital. Me avergoncé mucho cuando Isabella fue a despertarme, y es que no había podido dormir en casi toda la noche, a pesar de saber que debía madrugar, así que no pude evitar quedarme dormido. Luego de ducharme y vestirme, bajé y desayuné con ellos.
—¿Qué te gustaría hacer después de visitar al médico? —inquirió J.J. con una sonrisa.
—Uhm... no lo sé.
—Mi banda y yo practicaremos un rato después de mediodía, si quieres puedes ir a oírnos.
No supe cómo responderle que no, no estaba de ánimo para nada de esas cosas.
—Cariño, Yuuri debe estar cansado por el viaje, no lo obligues a oírte cantar —soltó una risilla.
—Oh, es verdad —enrojeció muy levemente—. Lo siento, Yuuri. Quizás podríamos salir para que conozcas los alrededores.
—No se preocupen por mí —sonreí, mirándolos a ambos—. Ya bastante hacen con aceptarme en su casa, se los agradezco mucho.
—De acuerdo... —suspiró—. Pero si necesitas algo no dudes en decírnoslo.
—Así será —sonreí.
La visita al médico fue más tediosa de lo que imaginé. No creí sentirme tan incómodo dentro de un hospital. Apenas pusimos un pie dentro, sentí cómo el olor a desinfectante golpeaba mi nariz con fuerza. El olor, los sonidos, todo eso me provocaba unos nervios muy extraños, sin mencionar que mis manos no dejaban de sudar.
El doctor se presentó: Patrick Chan, neurólogo. A diferencia del doctor Yuzuru, éste médico se veía mucho mayor. La visita fue rápida, explicó que había visto mi accidente a través de televisión, también mi pronta recuperación y la evolución que había tenido. Se dijo ser fan del patinaje artístico y prometió hacer todo lo posible por ayudarme, pero antes que nada necesitaba una serie exhaustiva de exámenes clínicos y análisis, para ello necesitaría estar casi todo un día entero en el hospital, por lo cual dijo que me daría un tiempo de espera para que me organizara y eligiera una fecha en mi calendario.
—Que sea esta misma semana —dije con decisión—. No quiero esperar más.
—De acuerdo —sonrió—. Empezaremos cuanto antes.
Días después...
Estaba esperando a que me hicieran unos estudios en el hospital, cuando de pronto entró una llamada a mi celular. Era Yurio, no dudé en contestarle, pero luego me arrepentí de haberlo hecho.
—¡¿Dónde demonios estás?!
—Yurio... —suspiré—. No te enfades, verás...
—Me dijiste que arreglarían sus diferencias, que hablarías con él y que lo escucharías ¿Qué pasó?
—¿Estás con él? ¿Qué te ha dicho?
—El idiota regresó a casa desde hace unos días, pero no se dignó a avisarle a nadie. Ha estado encerrado en su departamento por días y no ha salido para nada, no me abre la puerta y tampoco contesta mis llamadas. Sé que está ahí porque escucho su celular sonando y porque hace ruido a veces al caminar. ¡Pero no sale! Y no sé qué demonios pasó entre ustedes ¿Dónde estás? Necesito que vengas a ayudarme cuanto antes. El viejo está loco. Hemos escuchado que rompe cosas allí dentro. Nos preocupa.
—Lo siento, Yurio. No puedo regresar
—¿Dónde estás? —preguntó seriamente, con lentitud.
—No puedo decírtelo.
—¡Maldición, cerdo! No me digas que estás con el imbécil de J.J. ¡Demonios! Yuuri Katsuki, me estás obligando a ir a Canadá sólo para...
—No estoy en Canadá —suspiré, fastidiado—. Y no puedo ir con Viktor porque él y yo hemos terminado. Tengo que irme. Adiós —corté la llamada antes de que escuchara mi llanto.
—¿Se encuentra bien? —preguntó la enfermera luego de entrar al pequeño consultorio donde me había cambiado a una bata incómoda de hospital.
—Sí —me limpié las furtivas lágrimas y acomodé mejor la bata sobre mi cuerpo.
—¿Está listo para el examen? —sonrió un poco y me mostró la silla de ruedas. Tenía que sentarme allí para que me llevaran a hacer una resonancia. Miré a esa cosa con enfado y la amable enfermera pareció notarlo—. Lo siento, sé que no la necesita, pero es por mero protocolo.
Terminé accediendo. Fue inevitable que recordara mi tiempo en el hospital, los días en que usaba esa silla, las veces en que era cargado por Viktor porque él sabía cuánto odiaba usarla. Viktor... se me hizo un nudo en la garganta. Inevitablemente recordé la llamada de Yurio. Dijo que estaba encerrado en su casa y no salía ¿Estaría bien? Me preocupaba.
Lo traje en mente durante todo el día, pensando en cómo habrían sido las cosas si en vez de Canadá estuviera en Rusia, junto a Viktor mientras me apoyaba en cada paso de mi recuperación. De nuevo se me formó un nudo en la garganta.
Me hicieron la resonancia, después una tomografía y más estudios de los cuales no lograba recordar el nombre. También extrajeron sangre de mi brazo, logrando con eso que odiara más las agujas. En fin... pasé todo el día en ese aburrido hospital, solo. J.J. se había ofrecido a acompañarme, pero tuve que negarme, pues sabía que tenía cosas qué hacer, como practicar, sí, él participaría en el GPF de este año.
Días después...
Estaba por cumplir una semana aquí, en Toronto, y no me había dignado a salir a pasear ni un minuto. Todo el tiempo había estado encerrado en casa, específicamente en mi habitación, esperando a que el doctor Chan me mandara llamar para que me dijera si tenía o no probabilidades de recuperarme por completo.
Quise despejar un poco la mente, así que me puse ropa deportiva y salí a caminar un rato. Mi mente se despejó casi por completo cuando se me ocurrió introducirme al bosque, sabía que era peligroso, pero no pude evitarlo. Se sentía tanta paz y tranquilidad en medio de aquel bosque que después de caminar varios kilómetros, decidí tumbarme sobre el montón de hojas húmedas que había en el suelo. Me acosté bocarriba, con los brazos y piernas totalmente extendidas, mirando hacia el cielo. Fue entonces que me sentí un ser muy pequeño e insignificante en esta Tierra.
Cerré los ojos y respiré profundamente, llenando mis pulmones con ese aire tan puro, muy diferente a la contaminación a la que estaba acostumbrado en casa.
No había ruido alguno. Sólo el trinar de algunas aves de canto se hacía presente, eso y el leve murmullo de las hojas de los inmensos árboles meciéndose al suave ritmo del viento. Por un momento, sólo por un momento me permití disfrutar de esa agradable experiencia, puse mi mente en blanco y me dediqué por completo a apreciar todo a mi alrededor: las hojas húmedas debajo de mi cuerpo, las palmas de mis manos tocando la tierra levemente mojada por la brisa de la mañana, el aire puro entrando por mi nariz y el viento acariciando mi piel, sin mencionar el agradable aroma a pino que inundaba todo el ambiente.
Por un momento me sentí pleno, lleno, en paz.
O al menos así fue hasta que un estúpido pensamiento atravesó mi mente: "Me gustaría que Viktor estuviera disfrutando lo mismo que yo".
Demonios.
Y entonces el timbre de mi celular comenzó a sonar con insistencia. Miré la pantalla de éste y dudé en contestar. De todas maneras lo hice. Enseguida su voz –extrañamente seria- se escuchó.
—Cerdo. Estoy preocupado por Viktor.
—¿Qué le pasa? —pregunté, incorporándome hasta quedar sentado en el suelo. No quería alarmarme, pero no pude evitarlo.
—No lo sé. Al fin salió de su departamento, pero ha estado embriagándose últimamente. Eso no es común en él, al menos no de esta forma. Me imagino que fue un idiota contigo y quizás no quieras saber nada de él, pero... me preocupa.
Eso bastó para que cualquier atisbo de paz se escapara de mi ser. En su lugar apareció una profunda preocupación. Yo estaba aquí, en Canadá, disfrutando de ese hermoso ecosistema mientras él estaba encerrado en su casa, emborrachándose. Me dolió de sólo imaginarlo. Por mi mente pasó la idea de ir y hablar con él, solucionar las cosas. Toda la semana había estado con ese pensamiento, mi interior era un "tira y afloja" entre mi corazón y mi mente; a veces mi corazón parecía ir ganando, como ahora, pero había momentos en que mi mente tiraba fuertemente de esa "soga" dejando derrumbado a mi pobre corazón.
—Quisiera poder hacer algo por él —hice un gran esfuerzo para que no me temblara la voz—, pero no soy el indicado. Además... no puedo regresar, no aún. Así que te pido por favor que cuides muy bien de Viktor, por favor —sonó casi como una súplica, me sentí a punto de romper en llanto, pero no lo dejé escuchar más, pues colgué la llamada de inmediato.
Luego de esa llamada regresé a casa, agotado mentalmente de tanto darle vueltas al asunto. Pero cuando llegué estaban Isabella Y J.J. esperándome.
—Yuuri, tenemos que ir cuanto antes al hospital —mi amigo me miró con mucha emoción.
—Ya tienen tus resultados —agregó Isabella—. Y al parecer son muy buenas noticias.
—¿Qué...? —se me fue el aliento.
Salimos de casa y nos fuimos directo al hospital en el auto de JJ.
Ya en el consultorio del doctor...
—Volverás a patinar —fueron las palabras del médico.
—Oh por Dios —no cabía en mí de la impresión.
—Tienes un setenta por ciento de probabilidades, muchas más que hace unos meses. ¿Ves esto aquí? —señaló las imágenes de los estudios—. Tu cerebro se recuperó bastante bien. Hay algunas áreas dañadas que no podrán regenerarse, pero son muy pequeñas. El resto de tus síntomas los podremos tratar con terapias y sesiones de fisioterapia.
—¿Se refiere a los espasmos?
Asintió.
—Eso no se borrará de la noche a la mañana. Necesitarás meses de intensas terapias, será difícil, pero podrás lograrlo —sonrió—. Ayer me puse en contacto con tu médico en Japón. Se sorprendió al saber que estás aquí, pero pareció satisfecho y me explicó detalladamente tu caso. También me hizo un comentario sobre tu vista.
—Oh, sí... —me sentí incómodo, después de todo J.J. e Isabella estaban acompañándome, pero el médico pareció notarlo y se abstuvo de hacer algún otro comentario.
—Estaremos al pendiente de ella —sonrió levemente—. Por lo pronto me interesa que comiences con el tratamiento cuanto antes —miró a Jean.
—Sí, estuve pensando en ello y ya encontré a la persona indicada —sonrió y yo lo miré sin entender—. Tengo una amiga que está muy involucrada en el ámbito del patinaje, ella es médico, especialista en rehabilitación física. Es quien nos ayuda cuando sufrimos alguna lesión. De verdad es increíble, te la presentaré más tarde.
Todo estaba yendo demasiado rápido para mí. Estaba muy feliz, pero al mismo tiempo algo inquieto. Cuando salimos del hospital le dije a J.J. que iría a dar una vuelta. Ellos respetaron mi decisión de andar solo y me dejaron en un parque cercano al hospital, necesitaba caminar, respirar un poco y asimilar esta nueva noticia. Volvería a patinar. Me costaría sangre sudor y lágrimas, literalmente, pero había un setenta por ciento de probabilidades de que volviera a patinar como antes. Eso era mucho para mí, no podía estar más contento y al parecer J.J. se sentía igual, pude notar que suspiraba como si se hubiera quitado una carga bastante pesada de los hombros.
Me siento tan feliz que saqué mi móvil y estuve a punto de llamar a Viktor. Luego recordé que no tenía su número y recordé también nuestra patética situación.
Entonces mi corazón parecía querer ganar la lucha contra mi mente. De pronto toda nuestra pelea y discusión perdió la importancia que tenía en un principio. Me volví consciente de que exageré la situación, pero no pude evitarlo, mi enojo fue demasiado y es que... ¡Ocultarme que tenía una esposa! Pedazo de idiota ¿Cómo no quería me enojara?
Aunque puedo decir lo mismo de mí, vaya que decirle de esa manera que no tenía por qué haberse quedado a mi lado durante esos seis meses. Aún no podía creer que fui tan cruel con él.
Ya, le tenía que hablar. No podía irme del país debido a mi rehabilitación, pero podía pedirle que viniera acá, que necesitaba verlo y disculparme.
Demonios. Seguía olvidando que no tenía su teléfono.
En fin... le mandaré un mensaje a través de facebook.
Ciertamente tenía días de no entrar a ninguna red social, mi mente y corazón eran un caos (aunque lo siguen siendo un poco) y no tenía cabeza para ver cualquier noticia, mucho menos los estados y actualizaciones que a Viktor se le ocurrieran poner.
Pero nadie me preparó para todos los encabezados de revistas en línea, las notas, publicaciones y los journals que aparecían en mi Inicio.
"¿Qué pasó con Yuuri Katsuki?" era el encabezado de una publicación, entré a la liga que venía al pie de ésta y leí la nota: "Desde su incidente no volvimos a saber de él. Sólo supimos que despertó del coma, siempre acompañado del gran Viktor Nikiforov, o al menos así fue hasta que nuestras cámaras captaron al pentacampeón en San Petersburgo, acompañado de una hermosa mujer que caminaba tomada de su brazo. Y volvemos a la cuestión ¿Qué pasó con Yuuri Katsuki? Se supone que eran pareja ¿O acaso era una simple treta publicitaria? Esto y más sospechamos al ver que Nikiforov ha andado paseándose con esa desconocida mujer por toda la ciudad"
La sangre comenzó a hervir bajo mi piel. Mi frustración y enojo inicial volvieron con más fuerza aún. Entonces vi otro encabezado amarillista, y sin importar el efecto que pudiera causar en mí, entré a la liga correspondiente.
"Katsuki no se ha inscrito en el GPF 2017 ¿Se habrá retirado ya del patinaje? ¿Dónde está y por qué no da la cara? Lo que la gran mayoría sospechamos es que la pareja rompió después de que el japonés confirmara que no puede patinar. Nikiforov no quiso perder más el tiempo y regresó a su país, al lado de esta bella y enigmática mujer"
Miré las fotos adjuntas.
Mis manos temblaron y mi cuerpo se llenó de una ira indescriptible, tan grande fue que no dudé ni un segundo antes de lanzar mi teléfono lo más lejos posible. Sólo escuché el momento exacto en el que el móvil golpeó contra el piso, haciéndose añicos.
Al día siguiente comencé con la rehabilitación. El doctor Chan dijo que cuando antes mejor, y yo no podía estar en desacuerdo con su decisión. Mi enojo y frustración me impulsaban a recuperarme. Quería volver a patinar cuanto antes, necesitaba volver a competir y demostrarle a todas esas personas que me "desahuciaron" en el patinaje que aún podía dar más, no habían visto todo de mí.
Pero como siempre, el mundo parecía conspirar en mi contra.
—¡Es un gusto poder conocerte al fin en persona! Mi nombre es Victoria Clark. Seré tu fisioterapeuta —me extendió una mano sin borrar la enorme sonrisa de su rostro.
Yo no podía pensar en otra cosa más que en su nombre: "Victoria" ¿Era en serio?
—Mucho gusto —respondí seriamente, apretando su mano con cortesía. No pude ser más efusivo, de verdad que no pude.
—Bien, comencemos con la sesión. Sígueme.
Entramos a un salón muy parecido a un estudio de baile, sólo que este lugar estaba lleno de colchonetas dispersadas por el suelo, pelotas de hule de diferentes tamaños y espejos cubriendo las paredes, a excepción de una pared, la cual estaba abarcada en su totalidad por un ventanal con una vista muy hermosa hacia el bosque. Había también barras paralelas y muchos artilugios de los cuales no tenía ni idea de su función.
—Antes que nada necesito comprobar tu estado físico. J.J. me dijo que sufres de espasmos luego de una carga de esfuerzo físico.
Asentí.
—Bien, calienta como sueles hacerlo antes de patinar.
Comencé a hacerlo, ella permanecía cerca de mí todo el tiempo, observando cada uno de mis movimientos. Luego de quince minutos haciendo mis estiramientos y flexiones, ya podía sentirme algo cansado. Podía aguantar mucho más, pero mis músculos temblaban un poco.
—Ahora quiero que intentes alguna de tus coreografías.
—¿Cómo?
—Has practicado ballet, sabes cómo hacerlo.
Fruncí el ceño ¿Cómo sabía ella eso?
—Anda, hazlo.
Miré su expresión retadora y por un momento me sentí inspirado a hacerlo, sólo para no darle el gusto de repetirme esa orden.
Y así fue como comencé a hacer algunos pasos y movimientos, tal como solía hacerlo en el estudio de Minako-sensei. No era una coreografía en sí, simplemente movía mi cuerpo a como me venía en gana, hacía lo primero que se me venía a la mente. Sentí mis movimientos algo rígidos, mi elasticidad no era la misma, y luego de cinco minutos los espasmos vinieron a mí con fuerza. Caí al suelo y traté de regular mi respiración agitada, los calambres eran tan intensos que me doblaron del dolor. Enseguida sentí una mano sobre mi hombro.
—Déjame ayudarte —se sentó frente a mí en el suelo y estiró una de mis piernas hasta ponerla sobre las suyas. Entonces comenzó a dar un masaje firme en el músculo de mi pantorrilla—. ¿También es en el muslo? —asentí y ella continuó con el masaje. En un principio fue doloroso, pero eso se fue desvaneciendo. Terminó con una pierna y siguió rápidamente con la otra. Noté que hacía presión en ciertos puntos de mi músculo, usaba las puntas de sus delgados dedos—. ¿Mejor? —preguntó con suavidad, yo suspiré lleno de alivio.
—Gracias...
—Necesitarás más sesiones de las que imaginé —murmuró más para sí que para mí, parecía decepcionada, pero su ánimo se renovó de inmediato—. No te preocupes, diseñaré un programa lo suficientemente bueno para que te recuperes cuanto antes. Estoy segura de que no sólo yo deseo verte patinar de nuevo.
—¿Tú me veías patinar?
—¿Bromeas? ¡Claro que sí! —rio y acomodó un mechón de cabello que se había salido de su moño alto.
Me avergoncé un poco.
—¿Qué más haremos hoy?
—Nada —se puso de pie y me extendió una mano para que hiciera lo mismo—. ¿Quiere un café? Yo invito.
—Espera... vine aquí para la rehabilitación, no para tomar café —fui un poco rudo, lo noté al ver que su sonrisa amable desaparecía y era sustituida por una expresión muy seria.
—No tiene caso que continuemos hoy, mírate —señaló mis piernas. Apreté los dientes al notar el leve temblor en ellas—. Trabajaremos muy duro, pero por hoy quiero que descanses, mañana temprano te mostraré el plan que tengo para ti —sonrió muy levemente—. Así que haré la pregunta de nuevo: ¿Quieres un café? Ahora tú invitas.
Suspiré y asentí, resignado. Terminamos yendo a la cafetería del hospital.
En otras circunstancias me habría portado amable y muy cordial, pero simple y sencillamente no tenía ganas de fingir ante nadie, por una vez en mi vida quería mostrar lo que sentía realmente. En esos momentos estaba frustrado y aún algo enojado por lo que vi en mi teléfono el día de ayer. Todavía no podía creer que lo había dejado inservible, pero valió la pena, pude desahogarme un poco, pero no lo suficiente. No más "Yuuri feliz".
Compramos el café y nos sentamos en una mesa para dos. La cafetería era muy amplia y cómoda. Todo el hospital tenía grandes ventanales por doquier, fuentes en cada rincón, al igual que plantas y flores en cada parte que mis ojos alanzaban a ver. Al parecer uno de sus propósitos era mantener relajado al paciente, lo cual sería un éxito si todo el lugar no apestara a desinfectante.
En fin... ambos bebimos nuestro café en silencio. Yo admiraba el lugar y ella no me despegaba la mirada de encima. Se empezó a volver incómodo cuando aun bebiendo de su café, seguía con su mirada clavada en mí.
—¿Qué tanto miras? —la miré y ella sólo sonrió, mostrando un poco sus blancos y derechos dientes.
—No sé por qué, pero te imaginaba un poco más alegre y gentil —alzó la ceja—. Eres todo un gruñón —soltó una risilla y yo sólo giré la cabeza hacia uno de los tantos ventanales.
—Las personas cambian —murmuré—. Cuando te rompen el corazón dejas de ser quien eras —pensé.
—Eso es mentira. Uno nunca deja de ser quien es, simplemente atravesamos circunstancias que nos orillan a actuar de manera distinta como reacción a la presión. Pero uno siempre conserva su esencia y tarde o temprano... —me miró enigmáticamente.
—¿Tarde o temprano... qué?
—...esas circunstancias que te presionan a actuar así se esfumarán y conoceré al verdadero Yuuri. Pero lo que me causa una gran curiosidad es ¿Qué te orilló a reaccionar así? —bebió de su taza mientras me dirigía una mirada muy enigmática, o al menos hasta que bajó su vista hacia mis manos.
—¡Pero qué bonita pulsera! —exclamó de pronto, sorprendiéndome por su repentino cambio de humor.
—Es un brazalete —corregí, esperando zanjar el tema con mi actitud cortante.
—Está en ruso... ¿Qué dice?
Suspiré, no pensé que insistiera. Esa mujer no reconocía indirectas.
—"Amor" —bebí una vez más de mi café, terminándolo.
—¡Qué romántico! ¿Te lo dio Viktor?
—¡¿Qué?! —mi corazón se aceleró al mismo tiempo que escupí todo el café.
—Tu entrenador, ¡Oh! Lo siento, es tu pareja ¿Cierto?
La miré a los ojos unos momentos, fruncí el ceño y me puse de pie.
—Nos vemos mañana —tomé la mochila que traía con un cambio de ropa y me fui.
Decidí no tomar el transporte público para llegar a casa, en vez de eso tomé la ruta larga, caminando.
Mientras caminaba por las calles de Toronto, me puse a pensar. No debí reaccionar así con ella, no tenía la culpa de nada de lo que me había pasado y sólo me estaba desquitando, pero es que no me esperaba que fuera tan insistente con el tema, al menos no después de ver que me incomodaba.
Miré mi muñeca derecha. No sabía por qué terminé poniéndome ese brazalete. No después de todo lo que había pasado. Bueno, no es como si él me lo hubiera dado, yo lo conseguí, así que... ¿Por qué no usarlo?
—Porque lo compraste para él —dijo una voz en mi interior.
Sí, soy un gran idiota.
Decidí quitarme el amuleto, pero fue muy difícil, lo había amarrado demasiado bien, tanto que iba a tener que arrancármelo para que pudiera salir, pero no pude, mi mano tembló al momento en que intenté arrancarlo con fuerza.
—Oh, vamos. Si pudiste tirar tu colección de posters es obvio que podrás con esto —me di ánimos a mí mismo. Para ese punto ya me hallaba en medio de la acera, la gente pasaba y se me quedaba viendo raro, pero no me importó. Dediqué el tiempo necesario para desamarrar el maldito brazalete, pero fue imposible, necesitaría tijeras si quería romperlo.
Suspiré y decidí dejarlo por el momento. Lo miré con resentimiento, el maldito brazalete negro parecía burlarse de mí, intacto a pesar de lo mucho que lo estiré para sacármelo; sus letras rojas sólo me recordaban a él, no entendía el idioma, pero estaba seguro de que "люблю" significaba "Amor"
Llegué a la casa, estaba sola. J.J. seguramente estaba entrenando e Isabella quizás habría salido con sus amigas. No tenía hambre, así que subí directo a mi habitación y me tumbé sobre la cama, mirando hacia el techo. A penas tenía poco más de una semana en Canadá y ya sentía que había transcurrido un año.
Entonces mi mente se ocupó en recordarme lo grosero que fui con Victoria. Mañana me disculparía con ella.
Suspiré y me giré hasta quedar bocabajo, con la almohada presionando todo mi rostro. Cuando la vi me pareció una chica común, como cualquier otra. En un principio no podía creer que ella fuese a ser mi doctora, se veía incluso más joven que yo, lo cual creo es sólo apariencia. Pero dejó de ser común cuando me miró con sus ojos brillantes y su sonrisa amplia, tan parecida a la de Viktor.
Desde ese momento me fue difícil mirarla sin recordarlo a él, sin mencionar que tenían el mismo grado desbordante de efusividad. Sentí que todo se trataba de una mala broma cuando me dijo su nombre, eso sí que fue un golpe bajo, pero noté que así era en realidad: Victoria Clark.
Ahora que lo pensaba, no tenían nada en común, al menos no físicamente. Ella era de estatura media, su cabello era castaño, sus ojos eran verdes, casi tan cristalinos como los de Yurio.
¿Entonces por qué me recordaba tanto a él?
Quizás sea que ya estaba alucinando y lo veía en todas partes. Demonios. Tengo que superar eso de una vez por todas.
Al día siguiente llegué al hospital con toda la buena intención de disculparme, pero apenas llegué al estudio donde me llevó ayer, la encontré lista y esperándome para comenzar con la sesión.
—Llegas tarde.
—Victoria, son las 7:05 a.m. —me atreví a llamarla por su nombre y a tutearla también.
—Cinco minutos tarde —puso ambas manos en sus caderas, mostrándose inconforme—. No perdamos más el tiempo, deja tus cosas y vamos a comenzar. Tengo un plan listo para ti, pero necesito saber algo antes... ¿Estás dispuesto a esforzarte al máximo? No quiero perder el tiempo con niños llorones.
Fruncí el ceño.
—No me conoces.
—Pues déjame hacerlo —me dijo con media sonrisa. Me quedé estático, no supe qué responderle—. Bien, vamos a empezar. Este será tu itinerario: de siete a nueve tendrás fisioterapia en este salón, haremos todos los ejercicios habidos y por haber, la intensidad de ellos irá aumentando conforme avance el tiempo. De nueve a doce estaremos en la piscina, haremos ciertos ejercicios que te mostraré más adelante, éstos te ayudarán a ir eliminando poco a poco tus espasmos, no siempre ocuparemos tres horas, en realidad estoy exagerando, pero si te gusta nadar podrás disfrutar de la piscina un par de horas. Luego de mediodía serás libre. Te recomiendo ir a casa despejarte un poco y comer todo lo que puedas, necesitarás reponer energías. Puedes combinar el trabajo de la mañana con ejercicios en la tarde, tales como salir a correr, ir al gimnasio, patinar sobre el asfalto, andar en bici, en fin, lo que te venga en gana. El punto es que siempre estés en movimiento ¿De acuerdo?
—¿Y cuándo veré a un entrenador para que evalué mi estado mientras patino?
—Lo estás viendo ahora.
Miré a mi alrededor, hasta entonces fui consciente de que se refería a ella.
—¿Es en serio? ¿Patinas?
—¡Por supuesto! —casi se ofendió—. Te lo demostraré más adelante —frunció el ceño, viéndose muy chistosa. Sí, la había ofendido.
—¿Entonces, comenzamos ya?
—Tranquilo, pequeño conejito —me guiñó un ojo. ¿"Pequeño conejito"? ¿Pues qué edad creía que tenía?
La sesión dio inicio y debía admitir que fue exhaustiva. Todo comenzó conmigo recostado sobre una colchoneta y con ella sosteniendo una pequeña pelota entre sus manos, enseguida me pidió que presionara con la punta del pie la pelota, una y otra y otra vez. Se veía simple, pero después de tres minutos eso se volvió doloroso. Hizo lo mismo con mi otro pie y enseguida pasamos a otro ejercicio.
Había momentos en los que me llenaba de dolor por los calambres, pero ella actuaba rápido y me daba ese masaje mágico que había aplicado ayer en mis músculos, de verdad parecía magia, pues desaparecían muy pronto.
No creí que fuera posible, pero terminé transpirando mucho después de esas dos horas intensas.
—A la ducha —me ordenó—. Y ponte tu traje de baño, te veo en la piscina.
Suspiré y sólo asentí.
Cuando llegué a la piscina me la encontré esperándome ya dentro de ella. Se veía chistosa con ese traje de baño conformado por un short de licra y una blusa deportiva de manga corta, de la misma tela.
Entré al agua, notando lo tibia y agradable que estaba. Sentí cómo mis músculos comenzaron a relajarse al instante. Entonces ella me pidió que tomara asiento en una orilla, donde había ya asientos bajo el agua, preparados para este tipo de sesiones.
—¿Y ahora qué?
—Dame tu pie.
Esas palabras me trajeron recuerdos gratos que en estos momentos sólo podían sentirse como puñaladas al corazón. Sin embargo, no la dejé darse cuenta de lo que pasaba por mi mente y sólo le hice caso. Entonces empezó la sesión. Sinceramente esto era mucho más agradable que el ejercicio de hace rato. Era relajante sentir sus pequeñas manos masajeando desde la punta de mis pies hasta mis muslos. Podía sentir incluso que me estaba quedando dormido, o al menos así fue hasta que sentí un jalón en mi pierna que enseguida me dejó sumergido en la piscina, haciendo que tragara mucha agua.
—¡O-oye! —exclamé mientras tosía—.¡¿Quieres ahogarme?!
—Te estabas quedando dormido —me golpeó en la cabeza con un churro de esos que se usan para flotar—. Toma, ponlo entre tus piernas y dale diez vueltas a la piscina, haz como que corres.
—No necesito eso, sé nadar.
—Oh, discúlpeme, señor habilidoso —volvió a golpearme con ese flotador rosa—. Esto no es sólo para que flotes, es para que tus piernas hagan el ejercicio que tengo planeado ¿De acuerdo? Ahora, quince vueltas.
—¡Dijiste diez hace rato!
—Tú lo has dicho: "hace rato".
No quise discutirle más a esta mujer, era capaz de aumentarme las vueltas.
Creo que subestimé ese ejercicio, pues era más cansado intentar avanzar con eso entre las piernas que nadar de modo libre.
—Terminamos ¿Cómo te sientes? —me preguntó luego de hora y media de ejercicio en el agua.
—Mi cuerpo se siente muy pesado —jadeé.
—Es normal —sonrió de oreja a oreja—. Tienes hora y media más para disfrutar de la piscina, claro, si quieres.
—¿Por qué no hay nadie? —pregunté, de pronto.
—Oh, eso —sonrió—. J.J. me dijo que siempre preferías entrenar o calentar lejos de la vista de otras personas, por eso decidí reservar el gimnasio y la piscina por las mañanas —sonrió y miró su reloj—. Ya me tengo que ir, pero tú quédate y disfruta del agua un rato más —revolvió mis cabellos y salió del agua, dejándome solo.
—Victoria —la llamé antes de que se fuera. Ella se detuvo y se giró para verme con una linda sonrisa.
—Gracias por todo y... —desvié la mirada—. Discúlpame por cómo te he tratado. No suelo ser así, sólo... sólo estoy pasando por un momento difícil, espero puedas entender.
—No tienes de qué disculparte —me mostró una sonrisa diferente a las demás, era serena y sincera—. Todos hemos pasado por una ruptura amorosa en algún momento —se encogió de hombros y salió de allí antes de que yo pudiera gritar.
—¡¿Qué?! ¿Cómo sabe...?
En fin. Decidí disfrutar del agua a mis anchas. Nadé por casi media hora más, hasta que me aburrí y salí de la piscina. Fui a ducharme y regresé a casa, estaba hambriento.
Y así se creó una rutina para mí: despertaba antes del amanecer, a las siete de la mañana me encontraba ya en el hospital, y como siempre, ella llegaba antes que yo. Una vez llegué media hora antes y ella ya estaba esperándome ¿Acaso esa mujer no dormía? En fin... luego tenía mi sesión de terapia en el agua, Victoria se iba y yo me quedaba a nadar un rato antes de ir a casa a comer. Y tal como ella sugirió en un principio: decidí salir a correr.
Correr en el bosque había resultado muy reconfortante para mí. Mi mente se despejaba y todo perdía importancia, mi única preocupación era poner un pie delante del otro sin trastabillar. Pasaba horas corriendo, al menos hasta que el sol comenzaba a ocultarse entre las montañas.
Luego de un mes comencé a notar el increíble cambio en mí. La resistencia de mi cuerpo era mayor, los espasmos tardaban más en llegar y las sesiones con Victoria eran cada vez más intensas. Mi rutina cambió sólo un poco, pues J.J. me convenció de acompañarlo al gimnasio todas las tardes. Algunos días lo acompañaba, en otros prefería ir al bosque a correr.
Inevitablemente mi cuerpo cambió. Me veía en el espejo y casi no podía reconocerme. Ya no era escuálido, mucho menos un cerdito. Había encontrado el balance y me gustaba el resultado.
Todo iba de maravilla, hasta la relación con mi doctora iba mejorando. Ambos nos comunicábamos mejor, sin embargo, aún no me atrevía a platicar con ella sobre cosas más profundas. Todas nuestras conversaciones se limitaban al ámbito trivial.
Al menos hasta ese día.
Llegué diez minutos antes de las siete e increíblemente no estaba en el gimnasio. Sonreí. Algún día debía quedarse dormida o algo, no podía ser tan perfecta.
Dejé mis cosas donde siempre y decidí tumbarme sobre una colchoneta, tome mi nuevo celular y entré a las redes sociales. Me sentí tranquilo cuando los medio decidieron dejarnos en paz a Viktor y a mí, al parecer se cansaron al no encontrar información mía. Eso me costó mucho trabajo, pues mi familia no sabía dónde me encontraba, tampoco mis amigos, ni siquiera Yurio o Phichit, y debía admitir que los extrañaba mucho. Había sido sólo un mes, pero se sentía como una eternidad.
Y entonces comencé a preocuparme. Lo había bloqueado de mi mente y ahora aparecía como relámpago en ella: Yurio me llamó hace un mes, diciéndome lo mal que se encontraba Viktor, dijo que se emborrachaba y que rompía cosas en su casa.
¿Estará bien?
Esperaba que sí, a pesar de todo no le deseaba ningún mal.
Debo admitir que esperaba verlo aquí en uno o dos días desde que hui de Japón. Pero también debía ser realista, fui muy cruel con él y tampoco le dejé las suficientes pistas sobre mi destino. Por eso ahora me encontraba al otro lado del mundo, prácticamente solo.
Me incorporé de un salto cuando las puertas se abrieron de golpe.
—Oh, ya estás aquí —me miró, sorprendida—. Lo siento, se me hizo un poco tarde —sonrió un poquito, pero evitó el contacto con mi mirada en todo momento. Se apresuró a dejar sus cosas en un rincón y se fue a buscar el material necesario para comenzar la sesión. Mientras hacia todo eso no pude evitar recorrerla con la mirada. Estaba distinta, su cabello castaño estaba por primera vez suelto ¡Era muy largo! Y nunca lo había notado debido al moño alto que siempre usaba. Pero no sólo eso era distinto, sus ojos estaban rojos e hinchados. Había estado llorando.
—Victoria —puse mi mano en su hombro y ella dio un respingo—. ¿Te encuentras bien?
—Sí —sonrió, aunque su sonrisa no fue como las de siempre, se veía triste—. Comencemos con la sesión, ya nos retrasamos mucho.
Podría atribuirlo a mis pocas ganas de hacer ejercicio el día de hoy, o tal vez al hecho de que no había alcanzado a desayunar, pues se me ocurrió una idea un poco loca.
—¿Por qué no vamos a desayunar? Yo invito
—Pero, tu sesión...
—No pasará nada porque no la haga un día ¿O sí?
Negó con la cabeza.
—Bien, entonces vayamos por algo de comer.
—La cafetería está cerrada —murmuró.
—Vayamos a buscar algo abierto allá afuera.
Sonrió levemente y sus ojos brillaron un poco. Sí, tampoco tenía ganas de trabajar hoy. Quizás era preocupación hacia ella, después de todo le debía mucho por la dedicación que le había puesto a mi caso. O quizás sólo era curiosidad al encontrar esa nueva faceta suya. Era extraño verla indefensa y vulnerable.
Encontramos un acogedor restaurant a la vuelta de la esquina, pedimos un par de tazas de café y algo para desayunar. El sitio estaba solo. Éramos los únicos locos que querían desayunar pancakes a las siete de la mañana.
Entonces no supe qué más hacer o decir. Usualmente yo era al que consolaban, no el consolador.
Victoria estaba frente a mí, con ambas manos en su taza de café, mirándola como si fuera lo más interesante de este mundo. Esperé a que hablara, pero pasó mucho tiempo antes de que se animara a soltar palabra alguna.
—Gracias por invitarme —murmuró bajito, aún con cierto atisbo de tristeza en su mirada.
—No hay problema —suspiré—. Victoria... no soy bueno en estas cosas, no sé dar palabras de ánimo, pero si necesitas hablar... es decir, no nos conocemos realmente y quizás sea extraño que te diga esto, pero si quieres, tú puedes decirme lo que te aflige y... —me puse nervioso, no sabía qué más decir, estaba prácticamente balbuceando—...y si quieres puedo escucharte, ya sabes, como amigos.
Sus ojos verdes comenzaron a inundarse en lágrimas.
—Yuuri... —se limpió el rostro lo antes posible—. Lo siento, soy tu doctora, no debería de involucrar mi vida personal con un paciente.
—Estamos fuera del hospital. En este momento no soy tu paciente, soy tu...¿Conocido?
Sin proponérmelo logré que soltara una leve risita.
—Está bien —suspiró—. Lo que pasa es que anoche descubrí que mi novio me engañaba. Llevaba con él casi cinco años, así que... es difícil.
—Vaya, lo siento mucho.
—Gracias —apoyó el codo sobre la mesa y su barbilla sobre la palma de su mano, mirando su café—. Tuve que cortar con la relación, nunca pensé que fuese tan difícil. Pero soy fuerte —sonrió—. Sé que lo superaré.
—Es muy difícil —murmuré—. Vaya que lo sé.
—¿Te ha pasado?
—Hace poco.
—¿Con Viktor?
La miré, sorprendido, aunque no debería sentirme así. Lo mío con Viktor se hizo público mundialmente.
—Lo siento, quizás no debí preguntar —se disculpó.
—No, está bien —suspiré—. No he hablado con nadie al respecto. Quizás es momento de que lo deje ir —apreté la taza entre mis manos—. Sí, Viktor y yo éramos pareja, más bien... prometidos. Él me ocultó algo muy grave, me dañó mucho y yo terminé con él. Simplemente hui al otro lado del mundo —sonreí con tristeza—. Y fui un iluso al creer que él vendría por mí.
—Lo siento. En verdad ustedes hacían muy bonita pareja.
—Eso no ayuda mucho —murmuré dentro de un suspiro.
—¡Lo siento! —se avergonzó—. Es que... yo tampoco soy muy buena consolando a la gente —suspiró—. Entonces, los dos tenemos el corazón roto.
—Al parecer así es.
—¿Y cómo te sientes ahora?
Quizás fue un error comenzar a hablar de eso. Me dolía más de lo que imaginé.
—Lloré hasta que mis lágrimas se acabaron, pero siento que no es suficiente. La herida sigue latente.
—Sé lo que es eso.
Ambos suspiraron al mismo tiempo, se miraron a los ojos y como un par de locos se echaron a reír.
—Estúpidos hombres —masculló Victoria, aun riendo un poco.
—Soy hombre, lo sabes ¿Cierto?
—Bueno, pero estás enamorado de uno, así que di junto conmigo: Estúpidos hombres.
—Estúpido Viktor —dije y ella rio más.
—Me caes bien, pequeño conejo.
—No me llames así, me siento como un niño cuando lo haces.
—Eres un niño.
—No te vez mayor que yo.
—Vaya que lo soy —sonrió misteriosamente—. Tengo veinticinco, los cumplí poco antes de que llegaras al país.
Casi me voy de espaldas.
—Eres mayor que yo sólo unos meses —refunfuñé—. No puedes presumir de eso —alcé una ceja.
—Eso no quita el hecho de que sea mayor —rio, muy pronto me contagió su risa. Vaya, tenía tanto de no reír así, y menos por una tontería como ésa.
Un mes más tarde...
Octubre llegó demasiado rápido. Las cosas cambiaron un poco. Mi ánimo mejoró bastante desde que Victoria y yo nos hicimos más cercanos. Encontramos muchas cosas que teníamos en común, entre ellas el patinaje y la música, también el hecho de que ambos teníamos roto el corazón por una relación fallida, eso nos unió y pronto nos hicimos muy buenos amigos.
Un mes atrás, Victoria consideró que era el momento adecuado para que pusiera un pie de nuevo sobre el hielo. Obviamente me prohibió hacer cualquier pirueta o salto. Por más de una semana me dejó andar en la pista con la condición de que simplemente me deslizara de un lado a otro. Cuando al fin me acoplé de nuevo al hielo, me dio permiso de intentar hacer algunos pasos, cuando vio que todo iba en orden, permitió que intentara un salto. Sí, había sido un completo fiasco al principio, pero después de varios intentos lo logré.
Flash back
—No hay espasmos, Vicky, ¡No hay espasmos! —agitado y aún emocionado, me deslicé hasta llegar donde ella y la estreché con fuerza entre mis brazos. Y ¡Es que no podía estar más feliz! Aún no recuperaba mi condición física completa, pero podía patinar sin problema alguno.
—Me da gusto verte tan feliz —murmuró, dentro del abrazo—. Te has esforzado bastante, te lo mereces.
Fin flash back
Ahora, en octubre, se dará inicio a las competencias de patinaje. En un par de días se llevará a cabo la competencia aquí en Canadá para decidir quién irá a la siguiente etapa en Rusia, y luego en Barcelona, la gran final.
Qué rápido pasa el tiempo, hace un año seguía preparándome junto con Viktor para participar. Me hubiera encantado calificar para esa competencia, pero era imposible. Me había recuperado casi por completo, pero aún estaba el asunto de mi vista, también el hecho de que no tenía ningún tema preparado.
Suspiré.
Ya sería en el próximo año.
No lo había pensado antes, pero el hecho de que hubiera competencia de patinaje aquí, conllevaba un gran sacrificio para mí, pues no podía salir libremente por temor a ser reconocido por alguien, había mucha gente de distintas partes del mundo. Ahora quisiera saber quiénes fueron asignados a este país, para saber qué tanto debía esconderme para prevenir que alguien me viera. Aún no quería que supieran dónde estaba.
Hace unos días disminuimos la rehabilitación a la mitad del tiempo, pues ya no era tan necesario pasar por todo ese tipo de ejercicios, ahora me enfocaba más en practicar sobre el hielo y ballet también, salía a correr más horas y pasaba más tiempo en el gimnasio con J.J. Pero ahora que había mucha gente del ámbito del patinaje decidí limitarme un poco, haciendo ejercicio en casa y corriendo en el bosque.
Faltaban sólo un par de días para que el primer encuentro entre patinadores diera inicio. Las asignaciones habían sido hechas, todos mis amigos participarían, a excepción de Viktor y Yurio. Ninguno de los dos se registró en la competencia. Eso me preocupó más de lo que imaginé.
Aceleré el paso.
Corría sin descanso por entre los pinos y árboles de mi bosque favorito. Desde que vi las asignaciones y la ausencia de ellos dos... algo me dolía en el pecho, sentía una angustia poco propia de mí. En Canadá participarían nadie más y nadie menos que: J.J. y Minami. Sí, me sorprendí mucho al ver que participaría y que vendría al país.
Seguí corriendo por el bosque, inhalando y exhalando el húmedo y helado aire. Victoria se había ofrecido en acompañarme a correr, pero sinceramente no creía que resistiera esto, si en algo le podía ganar era en resistencia.
Di la vuelta en una pendiente algo inclinada y... demonios, el suelo estaba muy húmedo y las hojas sólo hacían que el suelo fuera más resbaladizo. Sí, trastabillé y caí al piso. En el trayecto al suelo logré doblarme un poco el tobillo y mi cara también dio de lleno contra un montón de hojas.
—¡Maldición! —intenté levantarme, pero un pulsátil dolor en mi tobillo derecho me impidió dar un paso más.
Tuve que quedarme sentado en un tronco volteado, esperando a que el dolor disminuyera un poco. Cuando logré calmarme, miré a mi alrededor y los nervios volvieron a mí. Estaba muy lejos de la ciudad, nadie sabía con exactitud dónde me encontraba y J.J. e Isabella estaban tan ocupados que quizás no notarían mi ausencia hasta dentro de unas horas, además de que solía llegar tarde a la casa. ¡Demonios! Si no salía de aquí por mi cuenta, no saldría jamás.
Bien. Cálmate Yuuri, cálmate y piensa. Algo debía poder hacer. Por lo pronto debía esperar a que el dolor en mi tobillo disminuyera, luego intentaré caminar de regreso a la ciudad y... ¡Mi teléfono! Pero qué idiota, podía llamar a J.J. y... mierda, no tenía señal.
Entonces me quedé sentado, bajo la brisa del atardecer. El clima era cada vez más frío y el ocaso no tardaría en aparecer. Mierda, mierda, mierda. Si no hacía algo pronto terminaría siendo devorado por los animales del bosque.
Hablando de animales...
Escuché el crujido de ramas y hojas siendo pisadas, no muy lejos de donde me encontraba. Mi cuerpo comenzó a temblar descontroladamente. ¿Sería este mi fin?
—¡Hasta que te encuentro!
La sangre se me fue hasta los pies, dejando mi rostro más pálido todavía.
—¿Q-qué haces aquí? Y... —iba a preguntar más, pero se me echó encima, abrazándome con mucho entusiasmo.
—¡Yo sabía que estabas en Canadá! Me lo dijiste en Hasetsu, pero en ese entonces no estabas muy seguro de tu decisión —se separó y me miró a los ojos, emocionado—. Desde un principio sospeché que te habrías venido para acá, pero no pude venir debido a mi entrenamiento. Oh Yuuri-kun, me dejaste muy preocupado —reprochó—. Además, prometiste verme competir, también darme consejos y enseñarme todo lo que sabías.
—Es verdad —me avergoncé un poco—. Lo siento mucho, es que pasaron tantas cosas ese día —recordé la pelea con Viktor—. Lamento no haber cumplido mi promesa.
—No te preocupes. Imagino que no la has pasado muy bien estos meses —murmuró con tristeza—. No sé qué pasó entre Viktor y tú, pero...
—Nada, no pasó nada importante. Simplemente ya no existe un "Viktor y yo" no somos nada —dije, con algo de despecho.
Narradora.
Minami no supo cómo reaccionar ante esas palabras. Estaba feliz en cierta parte debido a que su amor platónico estaba libre, pero esa tristeza y dolor en sus ojos le decían cuánto estaba sufriendo en realidad.
—Y no rompiste tu promesa. Estás muy en tiempo para cumplirla. Precisamente estoy aquí porque esta fue mi asignación. Competiré aquí —quiso cambiar el tema. Notó cómo Yuuri se ponía feliz.
—Lo sé, sabía que vendrías.
—¿Irás a verme?
—Sí... —respondió luego de pensarlo unos segundos—. Pero no quiero que los demás se enteren de que estoy aquí. Ya te platicaré todo con más tranquilidad, pero por lo pronto no quiero ser reconocido y mucho menos que los medios me encuentren.
—Está bien —lo miró con un poco de tristeza.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó de pronto.
—Sé que te gusta correr, y más en la naturaleza, por eso me adentré en el bosque.
—¡¿Sabes lo peligroso que es eso?! —le regañó y el otro sólo rio.
—Yo debería decirte lo mismo. Por cierto ¿Qué haces ahí sentado?
—Me torcí el tobillo.
—¡¿Qué hubieras hecho si no vengo por ti?! —se espantó—. ¿Y eres tú el que me regaña por entrar solo al bosque? —refunfuñó—. No tienes remedio, Yuuri-kun —caminó hacia él y le dio la espalda mientras se inclinaba un poco delante de él.
—¿Q-qué haces?
—Sube.
—Pero...
—No podrás regresar así.
Tenía razón. No le quedó de otra más que aceptar y subirse a su espalda. Era gracioso ver que un joven de diecinueve años estuviera cargando en su espalda a uno de casi veinticinco, pero eso nadie lo notaría, pues Yuuri se veía más pequeño que su amigo, quien había crecido bastante en ese año, sin contar que se veía mayor de lo que era, todo lo contrario al japonés.
Yuuri se sentía muy apenado con el joven, pero éste no dejaba de gritar internamente, nunca había tenido a su ídolo tan cerca de sí, era como un sueño haciéndose realidad. Lo mejor de todo fue... poner las manos bajo su trasero, eso fue tan...
Agradecía que no pudiera ver su rostro, pues no podía estar más rojo.
—Estás empapado, Yuuri-kun ¿Tenías mucho rato ahí?
—Un par de horas.
—¡Eres un inconsciente! Imagínate lo que hubiera ocurrido si no vengo por ti.
—Sería hombre muerto.
—¡No lo digas! —casi sollozó y Yuuri sólo pudo reír suavemente.
—Lo siento —acomodó su cabeza contra la espalda del menor, cuyo cuerpo entero se estremeció al notarlo—. Lamento ser una carga —murmuró luego de unos diez minutos de viaje.
—No lo eres —respondió con seriedad.
Estuvieron en silencio un buen rato, prácticamente hasta que salieron del bosque. Durante todo el camino Minami no dejaba de pensar en el día en que supo que Yuuri se había ido de Japón. Un día después de habérselo topado en la playa, decidió ir a ver cómo estaba. A juzgar por la reacción del ruso aquel día, supuso que Viktor y Yuuri habrían tenido una gran pelea. Pero nunca se esperó que fuera tan grande como para terminar en algo así. Desde entonces sospechó que su amigo estaría en Canadá, y dicho y hecho, ahí estaba.
—Me preocupé mucho por ti, Yuuri-kun. Me moría por saber cómo te encontrabas. Después de lo de Viktor y tú... —silenció al sentir que se movía, incómodo—... lo siento, no debería hablar sobre ello ¿Cierto?
—Es sólo que aún duele... duele recordarlo.
El corazón del joven se apachurró.
—¿Dónde te estás quedando? —preguntó, para saber hacia dónde ir.
—Está retirado de aquí, tomemos un taxi —desde la espalda del pequeño hizo la señal al ver que uno se aproximaba por la avenida.
—Pero... ¿No prefieres que vayamos al hospital? Tu tobillo se dobló y...
—No creo que sea grave, con un poco de hielo cesará la inflamación.
El taxi se paró frente a ellos.
—Minami-kun.
—¿Si?
—¿Puedes bajarme?
—¡Oh! Sí, sí. Lo siento —lo bajó con cuidado y ambos ingresaron al taxi.
El rubio japonés se llevó una enorme sorpresa al saber que se estaba hospedando con J.J., la leyenda canadiense del patinaje.
—¡No sabía que eran amigos! Al menos no después del accidente.
—Él y su esposa han sido muy buenos conmigo. Desearía rentar un departamento para no molestarlos más, pero todos mis ahorros se están yendo en el pago de mi rehabilitación y en lo poco que apoyo en la casa —se rascó la nuca con vergüenza.
Llegaron a la casa e Isabella se espantó al ver a Yuuri lesionado.
—¡¿Qué te pasó?! —exclamó, ayudando al rubio para que dejaran a Yuuri en el sillón más cercano.
—Es una larga historia —sonrió de medio lado—. Pero estoy bien, sólo me torcí un poco el tobillo.
—¿Quieres que llame a Victoria? O puedo llevarte al hospital, J.J. dejó su auto y...
—Gracias, Isabella —sonrió, un poco avergonzado—. Pero estoy bien, sólo necesito cambiarme la ropa mojada y descansar un poco.
—¿Estás seguro?
Él asintió.
—Oh... ¿Y tú eres...? —miró a Minami.
—¡Minami Kenjiro! —saludó con una pequeña reverencia, un poco avergonzado.
—Si no fuera por él, seguiría en medio del bosque.
—Muchas gracias, Minami —sonrió cálidamente.
—No hay de qué —se rascó la nuca y miró a su amor platónico—. En ese caso, creo que mejor me voy, ¡pero mañana vendré a verte! ¿Puedo?
—Por supuesto —soltó una risilla al ver el entusiasmo del joven. Ambos intercambiaron teléfonos y se despidieron.
Entonces Minami se fue. Isabella mandó a Katsuki a tomar un baño y le llevó una compresa congelada para su tobillo inflamado, acompañado de un té caliente para evitar el resfriado.
—No tienes por qué molestarte —aceptó la taza de té. Ya estaba en cama, con el tobillo alzado y cubierto por la compresa fría.
—No es ninguna molestia —sonrió con calidez—. Además, J.J. vive lesionándose, ya estoy preparada para estas situaciones —rio un poco—. Iré a la planta baja, si necesitas algo sólo avísame.
—Gracias.
Días después...
El tiempo de la competencia se llegó. Minami y J.J. estaban listos, esperando su turno para salir a la pista, mientras tanto, al fondo de las butacas, lejos de todo el público, Yuuri Katsuki miraba la competencia en silencio. Portaba gorro y una gabardina oscura, intentando pasar desapercibido. Desde ahí le dio muchos ánimos al jovencito, quien había estado enormemente nervioso antes de que diera inicio la competencia.
Victoria decidió acompañarlo, ella era amante del patinaje y no se lo perdería por nada.
—Muero por verte patinar de nuevo —murmuró la castaña, así de pronto, sentada en la butaca lateral a la de Yuuri.
—¿En serio? —se sintió un poco cohibido.
—¡Por supuesto! Aunque no lo creas, soy una gran fan tuya.
—¡¿Qué?! —se sonrojó.
—Vaya —rio un poco—. Te vez adorable con el rostro sonrojado, pequeño conejo.
—Oh cállate —rodó los ojos, aún avergonzado.
—¿Tanto te cuesta creerte que tienes fans loquitas por ti? —rio un poco—. Hombre, si tienes a todo un club detrás de ti. Creo que te hace falta entrar más seguido a las redes sociales. Te darías cuenta del alboroto que están haciendo por encontrarte. De verdad que nadie sabe tu paradero, Yuuri Katsuki.
—Y así debe seguir.
—¿No piensas volver a hablar con Viktor?
—No.
—¿Y por qué no te has quitado ese brazalete? —lo molestó.
—No me lo dio él.
—Uhmm...
Ambos dirigieron la vista de nuevo a la pista. Mirando la coreografía de cada concursante. El turno de cada patinador duró muy poco, al menos ante la perspectiva de Yuuri, quien sintió que todo ocurrió demasiado rápido, pues JJ había obtenido ya el primer lugar y Minami el tercero. Ambos tenían ya un pase directo a la siguiente fase, la cual fue cambiada y justo ahora anunciaron que la sede sería en nada más y nada menos que en Rusia.
Faltaba un mes para que la siguiente fase se llevase a cabo, así que Minami tomó la decisión de quedarse en Canadá. Quería que Yuuri lo entrenara y le enseñara todo lo posible durante ese tiempo. Incluso se ofreció a rentar departamento junto con él para dividir la paga y que fuera más accesible. Yuuri estuvo de acuerdo, pero J.J. e Isabella no querían dejarlo ir tan fácil, le insistieron en que se quedara, pero Yuuri les explicó sus razones y no pudieron negarse. Así pues, Minami y Yuuri terminaron compartiendo un pequeño departamento que era más que suficiente para dos personas que sólo van a casa para dormir.
Yuuri siguió con su terapia diaria, sin mencionar las horas que pasaba corriendo y también en el gimnasio. Minami se le había pegado, insistiendo en que haría el mismo ejercicio que su amigo. Victoria se soltó a reír cuando vio la poca resistencia que tenía el joven japonés. Ella también pasaba mucho tiempo con éstos, en especial ahora que ambos vivían en su propio departamento.
El tiempo se fue volando, noviembre llegó muy pronto y estaban a sólo unos días de la competencia en Rusia.
—¡Yuuri-kun! —le llamó desde la cocina—. ¿Ya saliste de bañarte? —apagó la estufa y vació el contenido de la sartén en dos platos, puso la mesa y sirvió el café.
—¡Sí! —apareció en la cocina con sólo una toalla envolviendo sus caderas. No lo pensó y se sentó así a la mesa, se veía apurado—. ¿Estás bien? —se preocupó, asustado al ver cómo su amigo soltaba accidentalmente la taza vacía, ésta se estrelló contra el piso y se hizo añicos.
—S-sí —se sonrojó hasta las orejas, no pudo apartar la vista de... ¿Desde cuándo Yuuri tenía tan marcados los músculos? —¿Y-Yuuri-kun, no quieres vestirte antes? —se agachó y recogió los pedazos del traste.
—Oh, lo siento, es que mi ropa está en la secadora, estoy esperando a que termine el ciclo y... —miró su plato—. Esto se ve delicioso —tomó el tenedor y comenzó a comer después de agradecer por los alimentos—. Discúlpame —dijo con la boca medio llena—. Tengo mucha prisa, quedé de estar puntual con Victoria y ya voy retrasado —se atragantó con la comida y al terminar salió corriendo en dirección a la lavandería, ajeno a que había dejado algo tirado a medio camino.
—Yuuri-kun... dejaste tu... toalla en el piso... —contuvo su hemorragia nasal con ambas manos.
Afortunadamente Yuuri traía bóxer debajo de la toalla, sino el pobre de Minami se habría desangrado en el piso de la cocina.
Minutos más tarde Yuuri regresó a la cocina y se sentó a la mesa, viendo cómo Minami ingería su desayuno tranquilamente.
—¿Qué paso? —parpadeó confundido al verlo de pronto tan tranquilo—. ¿No ibas ya muy tarde?
—Victoria canceló la sesión de hoy —resopló y apoyó el mentón en una mano, mientras el codo lo reposaba sobre la mesa.
—Podrías dormir un rato —sugirió con una sonrisa, aún algo cohibido por lo que vio momentos antes.
—No tengo sueño —suspiró y un pensamiento llegó a su mente—. Faltan dos días.
—Sólo dos días —sonrió—. ¿Seguro que no quieres acompañarme? Me mandaron dos boletos de avión, podrías ir conmigo a Rusia y regresaríamos juntos.
—No puedo.
—Pero él no va a participar.
—Aun así... temo encontrármelo.
—Yuuri-kun, Rusia es enorme.
—Lo siento mucho, Minami-kun, pero no puedo ir, simplemente no puedo.
—Entiendo... —entristeció un poco.
—Pero prometo ver tu presentación, después de todo te ayudé a hacerle algunos cambios.
—Deberías ser mi entrenador oficial —dijo en un murmullo. Yuuri sólo rio—. Es en serio. Eres muy bueno siendo entrenador.
—Si fuera tu entrenador oficial, tendría que acompañarte a Rusia.
—¡Ven conmigo! —insistió.
Yuuri lo meditó durante todo el día.
No quería estar ahí, no tenía ganas y tampoco se encontraba en muy buen estado físico para ello. Temía toparse con algún reportero y que se le echara encima con miles de preguntas. Se puso unos lentes de sol, cubrió su cabello plateado con un gorro y se puso un abrigo que no solía usar mucho. Fue a ver la competencia sólo porque Yakov casi lo amenazó para que lo hiciera. No tuvo otra opción y asistió para ver a sus amigos concursar. Esa vez Georgi se veía prometedor, pero poco le importaba realmente. A esas alturas estaba enojado con la vida, con la gente, con el mundo entero.
—Vamos, Vitya. Georgi será el primero en presentarse.
—Yakov, no sé si pueda hacerlo. No quiero ver nada que tenga que ver con el patinaje, no quiero recordarlo.
—Viktor —lo tomó de ambos hombros—. Es hora de que salgas de este pozo, ya pasaron meses de eso. Tienes que superarlo.
—Bien sabes que no puedo —se quitó los lentes de sol y se talló sus rojos e hinchados ojos—. No puedo y no quiero, no quiero olvidarlo.
—Me estás obligando a darte un buen golpe.
El peliplata sonrió un poco, sin borrar el dolor en su expresión. No era dolor físico, sino del alma.
—Hubieras obligado a Yurio a venir, no a mí.
—Él está en medio de sus exámenes finales de la preparatoria, no debemos distraerlo.
—Sí, claro. Pero Otabek si puede visitarlo ¿No es eso una distracción?
—¡Deja ya de dar rodeos y entremos de una vez! —lo golpeó en la espalda, empujándolo al interior del centro deportivo.
Resignado, aceptó y entró al lugar.
Buscaron sus lugares y esperaron a que la presentación diera inicio. Estaban en las butacas más superiores (Condición impuesta por Nikiforov) lo cual les permitía ver todo el lugar.
—Oh por Dios... —murmuró Viktor, sintiendo que el alma le volvía al cuerpo al verlo a lo lejos, su sangre se le fue hasta los pies y sus manos comenzaron a sudar. Era él, ¡sí!
—¿A dónde vas? —inquirió Yakov al ver que se incorporaba temblorosamente de su asiento y salía casi corriendo de la fila de butacas, dirigiéndose a unas un poco más abajo.
—Es Yuuri, está allí —lo apuntó con un dedo, quitándose los lentes de sol y literalmente corriendo en dirección a esa hilera de butacas, justo donde estaba Katsuki.
—¡Viktor! —lo llamó para detenerlo, pero fue imposible, el otro ya corría como desquiciado.
—Disculpe —pisó a alguien en su trayecto, Yuuri estaba justo en medio de la hilera, tenía que pasar por un angosto espacio para llegar a él, pero no le importaba—. Lo siento, disculpe —se disculpaba una y otra vez cada que pisoteaba a alguien—. ¡Yuuri! —puso sus manos sobre los hombros de un japonés pelinegro muy espantado al ver la expresión eufórica del ruso. Sus ojos estaban rojos e hinchados, su rostro más pálido de lo normal, las ojeras debajo de sus ojos eran inmensas y no se parecía para nada al Viktor Nikiforov que todo el mundo conocía.
—¿¡Qué le pasa?! —se enojó el japonés, diciendo algunas palabras en su idioma y otras en inglés. Viktor lo había espantado y ahora estaba molesto.
—L-lo siento —se avergonzó mucho—. Lo confundí con... alguien —una tristeza aplastante inundó su ser. Se dio media vuelta, dispuesto a irse.
—¡Espere! ¿Es usted Viktor Nikiforov?
—Mierda —pensó el ruso.
—¿Puedo tomarme una foto con usted? —inquirió el japonés, con ánimos renovados.
—Lo siento, me está confundiendo con alguien más —lo ignoró y se fue. Salió corriendo de ahí cuando escuchó que el hombre le decía a los que estaban cerca que lo había visto.
El ruso bajó todas las escaleras y se metió a un pasillo que lo llevaría a la salida sin ser visto por todos, claro, no contó con que se toparía con cierto japonés que calentaba a solas, como solía hacerlo su amor platónico.
Viktor observó a Minami, se miraron a los ojos unos segundos y enseguida el ruso continuó con su carrera, quería salir de ahí cuanto antes.
—¡Viktor! —lo llamó su ex entrenador—. ¡Detente ahora mismo! —exigió, usando un tono autoritario que pocas veces llegó a utilizar con él.
—¿Qué quieres? —se detuvo y se giró para enfrentarlo.
—¿En serio ése es Viktor Nikiforov? —pensó Minami, totalmente impresionado. ¡Estaba irreconocible! No se quitó los audífonos, pero sí le quitó el sonido a su reproductor de música. Hizo como que seguía calentando, cuando en realidad no dejaba de mirar a ese par.
—No puedes seguir actuando así ¡Estás irreconocible!
—Como si eso me importara —pensó con amargura.
—No puedes hacerte tanto daño a ti mismo ¡Reacciona de una vez! Ya llegaste muy lejos hace poco de tiempo... no quiero tener que ir de nuevo al hospital por ti.
—No te preocupes por eso —sonrió retorcidamente—. Ya no eres mi contacto de emergencia, ahora, si me disculpas... —se dio media vuelta y salió de ahí sin más, ajeno a que cierto rubio le tomó un par de fotografías a escondidas.
Caminaba hacia la salida con las manos en sus bolsillos, tratando de ocultar su rostro con el grueso abrigo que traía. Ni siquiera se dio cuenta cuando chocó de frente con alguien.
—Lo siento —se disculpó la persona afectada, quien miró a los ojos al ruso y se espantó—. Viktor... ¿Eres tú?
—Mira por dónde caminas, Leroy —siguió su camino, chocando su hombro contra el de J.J.
—Si tan sólo supieras... —pensó el canadiense con tristeza.
La competencia en Rusia concluyó, y la gran final se llevó a cabo en menos de lo esperado, obteniendo como resultado a un Christophe en primer lugar, Otabek en segundo y Phichit en tercero.
Se dio a conocer que Yuri Plisetsky no participó debido a que estaba próximo a terminar la preparatoria, y Viktor... bueno, los medios no tenían idea de por qué el ruso no daba la cara, así que comenzaron a hacer sus propias especulaciones, inventando teorías locas, tales como: "Nikiforov padece una enfermedad terminal, se le ha visto en muy mal estado físico" "Viktor Nikiforov se ha retirado por completo del hielo" "Yuuri Katsuki engañó a su pareja, esto lo deprimió a tal grado de atentar contra su vida".
Yurio estuvo a punto de atacar a los medios y desmentir todo aquello, pero el mismo Viktor le dijo que no hiciera nada, después de todo no le importaba lo que pensara la gente.
Las competencias terminaron un par de días antes del cumpleaños de Yuuri, quien se sorprendió al tener de vuelta a Minami en Canadá.
—Es una lástima que ninguno de los dos ganara un lugar en el podio.
—Tenemos que esforzarnos más —dijo J.J. con un suspiro.
—Aunque en el próximo año nos enfrentaremos a ti ¿No es así, Yuuri-kun?
—Eso espero —sonrió, nervioso. Miró a sus amigos y una vez más los notó extrañamente serios—. ¿Está todo en orden? —inquirió.
—Sí, sí, todo bien —dijo rápidamente el canadiense.
—¿Seguro?
—Sí —sonrió—. ¿Qué quieres hacer en tu cumpleaños? faltan sólo dos días para eso.
—Oh... no había pensado en ello.
—¡Hagamos una fiesta! —saltó el más joven.
—No tengo muchos amigos aquí a excepción de ustedes y Victoria —rio un poco.
—Con nosotros es suficiente —sonrió, decidido.
—Gracias, pero... no quisiera celebrarlo. No estoy con mucho ánimo de festejos.
—¿Por qué no? —Minami se desanimó —. ¡Vas a cumplir veinticinco años!
—Lo sé, pero no quisiera fiesta ni nada por el estilo, por favor —pidió con una leve sonrisa.
—Yuuri-kun —suspiró, mirándolo con tristeza—. Tiene la misma expresión que Viktor en sus ojos. Tal vez lo han sobrellevado de formas distintas, pero el sufrimiento de ambos es igual de tangible —pensó.
Entonces Minami y J.J. cruzaron miradas. Debían decirle cómo estaba el ruso, tal vez eso lo ayudaría a cambiar de opinión con respecto a sus decisiones mal tomadas.
—Yuuri, hay algo que debes saber.
Katsuki miró a J.J. con una la interrogante brillando en su expresión.
—Vimos a Viktor —continuó Minami.
Ninguno lo sabía, pero Yuuri se había estado muriendo porque ese momento llegara. Desde un principio fue consciente de que sus amigos irían a Rusia, era muy probable que vieran a Viktor allí y era un hecho que le traerían información sobre él.
—¿Y qué? ¿Ya volvió con su ex? —se mofó, tratando de aparentar que ya no le dolía, a pesar de que su corazón latía con fuerza bajo su pecho, doliéndole con cada latido.
—Él no está bien —dijo J.J., con una expresión seria y preocupada—. Muéstrale, Minami.
El aludido sacó su móvil y le enseñó la foto que había tomado del ruso.
—¿Quién es él? —se quitó y se puso los lentes varias veces, tratando de reconocer a ese hombre.
—Es Viktor.
—¿¡Q-qué?! —sus manos temblaron—. No, no puede ser él —sintió un hueco en su pecho. Se veía tan demacrado y tan... destrozado. Y su expresión... ése no era su Viktor, ese hombre no podía ser él.
—Ha cambiado mucho.
¡Pero claro que sí ha cambiado!
Ese hombre desalineado y con expresión severa no parecía ser Viktor ¡En lo absoluto!
Miró una vez más la foto. Estaba ojeroso y pálido, traía puesto un gorro, pero aun así podía ver su cabello plateado amarrado en una pequeña coleta. Le había crecido mucho.
Yuuri no dijo nada más, no podía. Un nudo enorme se había formado en su garganta.
—Lo siento, yo...—se paró del sofá de su pequeño departamento—...iré a dormir.
Esa noche Yuuri Katsuki no durmió. Lloró amargamente hasta que sus ojos se secaron, hasta que su garganta dolía por contener el llanto.
Despertó sintiendo el mismo peso sobre su pecho, como si llorar dos noches consecutivas no hubiera sido suficiente desahogo. Se talló los ojos con pereza y salió de su habitación sólo para toparse a un par de entusiastas sosteniendo un pastel enorme que decía: "¡Happy Birthday Yuuri-kun! (Pequeño conejo)"
—¡FELIZ CUMPLEAÑOS! —exclamaron felizmente. El cumpleañero miró a su doctora y después a su amigo, les sonrió y les agradeció profundamente el gesto.
—¿Ustedes lo hicieron? —preguntó con ternura. Su voz aún estaba ronca y seguía un poco adormilado.
—Victoria se encargó casi de todo, yo sólo le ayudé a mezclar los ingredientes ¿Te gusta?
—Me encanta —sonrió suavemente y los abrazó con fuerza a cada uno—. Muchas gracias.
Ninguno era consciente del peso sobre los hombros del japonés, tampoco del dolor tras su sonrisa, mucho menos el dolor en su pecho con cada latido de su corazón. Ninguno, o eso parecía.
—Yuuri —le llamó Victoria cuando Minami tuvo que salir un momento del departamento para ir a comprar café—. ¿Qué te pasa? —se atrevió a poner una mano en su mejilla. El aludido cerró los ojos ante su tacto y le dieron ganas de llorar nuevamente.
El pobre sólo negó con la cabeza, si hablaba se le saldría el llanto. Pero nunca se esperó que Victoria lo rodeara con sus brazos, mucho menos que depositara tiernos besitos por todo su rostro.
—¿Q-qué haces?
—Quiero animarte —se detuvo al ver su rostro por completo sonrojado y a punto de llorar.
—Victoria... —se le desbordaron las lágrimas.
—Dime lo que te aflige, suéltalo y te sentirás mejor, lo prometo —tomó sus manos con cariño, sin despegar sus ojos verdes de los castaños de Yuuri—. Te doy la oportunidad de desahogarte, cuéntamelo todo, que yo escucharé atentamente.
El aludido suspiró con dolor.
—Lo haré, pero no ahora, no es el momento. Minami volverá en cualquier instante. Pero sí te tomo la palabra. Necesito... —tragó con dificultad—...necesito sacar todo esto de mi interior.
—Oh... Yuuri —lo volvió a abrazar. Era más bajita que él, así que no alcanzaba a abrazarlo como deseaba, pero el japonés se inclinó un poco sobre ella y así fue abrazado por completo, con mucho cariño.
—Gracias —murmuró dentro del abrazo.
—Yuuri, Yuuri —suspiró—. ¿Qué puedo hacer por ti?
—Sólo abrázame, no me sueltes.
—Se acerca navidad ¿Qué tienen planeado hacer? —inquirió Isabella a los japoneses y a su amiga Victoria.
—No tengo ningún plan... —respondió la chica.
Yuuri y Minami intercambiaron miradas y negaron con la cabeza al mismo tiempo.
—¡Pasen la navidad con nosotros! —propuso efusivamente.
—Pero... —Yuuri fue interrumpido.
—¡No se diga más! —se puso de pie—. Sólo falta un día para nochebuena ¡tengo que buscar nuevas recetas para la cena! —salió corriendo de ahí, rumbo al ático seguramente.
Los cinco estaban cenando en casa de los Leroy. Se habían reunido para ver qué harían en nochebuena, afortunadamente ninguno tenía planes para esa noche. El único evento que tenían que asistir era a la presentación del grupo musical de J.J. en un club muy prestigioso de la ciudad. Habían sido seleccionados para tocar un par de canciones en nochebuena. Tenían planeado asistir a ese evento elegante para después salir todos juntos, rumbo a la residencia Leroy y pasar ahí la nochebuena.
—¿No estás nervioso? —inquirió Victoria.
—No realmente —respondió con una sonrisa tranquila—. Después de que patinas ante los ojos de miles de personas, parece que nada es más intenso que eso —rio un poco—. Tocar ante unas decenas de gentes no será gran cosa.
—¿Tocarán una nueva canción?
—Sí, aún no la hemos presentado en ninguna parte.
—¿Cómo se llama?
—"Pierce" —sonrió—. Ahora que lo pienso... la escribió Taka, es un integrante de la banda, y es japonés. Así que escucharán algunas partes en ese idioma.
Se miró al espejo y una vez más se sintió fuera de lugar. Odiaba usar corbata de moño, se sentía incómodo en ese traje negro y no tenía ganas de salir. Todavía intentaba recordar por qué demonios aceptó ir a la presentación del grupo de J.J. Todo iba bien hasta que informó a todos sobre la temática de la noche "Baile de parejas" ¿Y en qué consistía? Simple: los hombres debían invitar a una pareja al evento, como si de un baile de secundaria se tratase.
No supo bien cómo fue que terminó invitando a Victoria y ahora ella lo esperaba en casa de J.J. Mientras tanto Minami y él seguían peleándose con las corbatas de sus trajes. El joven había estado algo molesto durante todo el día y Katsuki no entendía el motivo. Claro, jamás sospecharía que el muchacho estaría terriblemente celoso de que llevara al baile a Victoria y no a él.
Cuando al fin estuvieron listos, se fueron directo a la casa de Jean.
Minami se sintió más celoso cuando notó cómo Yuuri se quedó mirando a Victoria. Sí, se veía hermosa en ese vestido largo de color esmeralda que sólo lograba realzar su figura esbelta y curveada, sin mencionar el generoso escote en él. Traía la espalda descubierta. Donde una larga y generosa cascada de cabello castaño caía sobre ella.
—Te ves... muy hermosa —tragó en seco.
—Estás sonrojado, pequeño conejo —le sonrió, nerviosa.
—Tú también lo estás —frunció el ceño.
—Te va bien no vestirte en fachas —lo molestó un poco y es que siempre lo veía en ropa deportiva, nunca en un traje de gala.
—¿Nos vamos? —sugirió J.J.—. Oh, pero no cabremos todos en el auto —miró a Yuuri y a Victoria—. Pedí un taxi para ustedes, no tardará en llegar —les guiñó un ojo y se fue con su amada esposa y con un Minami que lo siguió a regañadientes.
—Cariño, cabíamos perfectamente ¿Por qué hiciste eso? —preguntó Isabella, ya dentro del auto.
—Veremos qué pasa —se encogió de hombros—. ¿No has notado cómo se llevan?
—Sí, son amigos. Sólo amigos.
—Lo sé, pero... puede que surja algo entre esos dos. Ya fue suficiente de verlos sufrir a cada uno por otra persona, es hora de que vean nuevos horizontes —miró a su esposa, quien lo observaba mientras cruzaba lo brazos, no muy feliz.
—Deja de hacer de cupido, que no te va para nada.
—¡Muy bien, Isabella! —pensó el japonés.
Mientras tanto, en la residencia Leroy...
—Sí cabíamos los dos ahí —refunfuñó Victoria—. No entiendo por qué nos mandaron a parte.
Yuuri sólo sonrió con nerviosismo, él sí que tenía una idea de por qué lo hicieron y sinceramente no le agradaba mucho.
Entonces ambos se sentaron en la sala, cada uno en un sillón distinto, esperando a que el taxi llegara. No había ningún ruido en esa bonita sala totalmente decorada con adornos navideños y un hermoso pino decorado en una esquina. Lo único que se escuchaba era el "tic-tac" del reloj que tenían sobre la chimenea.
Yuuri estaba concentrado en su teléfono celular, entraba a todas sus redes sociales, viendo lo felices que estaban sus amigos, pasando la navidad con sus familias o sus seres queridos. Vio con sorpresa que Phichit se encontraba en Detroit, pasando las fiestas con los amigos de la universidad. Quizás debería ir a visitarlo, después de todo estaba muy cerca de ahí, a menos de una hora. Entonces se sintió un poco culpable. Tenía su bandeja de mensajes repleta de cientos y cientos de correos, mensajes de voz y audios donde sus amigos lo buscaban, preocupados por él y su paradero. Le dolió en el alma no responderles, ni siquiera lo hizo con Yurio, quien casi le suplicó que le diera su ubicación.
Suspiró. Ya no quería pensar en eso.
Entró por enésima vez al facebook de Viktor, también a su Instagram y otras redes sociales más, pero no encontró rastro de él. No había compartido ni publicado nada desde que se separaron. Sí que debía estar dañado. Entonces miró la foto que le tomaron hace un mes y su estómago se hizo un nudo. Ese no era su Viktor, definitivamente no.
Entró al apartado de mensajes y con manos temblorosas escribió:
"Feliz cumpleaños, Viktor..." Pues en Rusia ya era veinticinco de diciembre.
Buscó el nombre del contacto, lo agregó y estuvo a punto de presionar el botón de enviar.
No pudo.
Fue borrando una a una cada letra del mensaje. No podía y no sabía qué le dolía más: la separación o el hecho de que él mismo se estaba autoflagelando con esta tortura.
Iba a salirse de Facebook, cuando de pronto una nota apareció salvajemente en su inicio.
"¿Es él Viktor Nikiforov? ¡Vaya que ha cambiado! Entra aquí para ver más fotos de él y de su nueva pareja"
—Demonios... —masculló entre dientes. Apretó el teléfono entre sus manos y sintió el mismo impulso de lanzarlo lejos.
—Yuuri —la castaña puso una mano sobre su hombro. El aludido alzó la mirada y se la topó de frente—. El taxi ya llegó —sonrió con suavidad. Lo había estado observando en todo momento, incluso se acercó a ver qué era lo que lo ponía tan alterado en su teléfono. Se sorprendió al ver esa nota sobre Viktor y también se sorprendió al ver el efecto que esto aún hacía en Yuuri.
Quiso preguntarle si se encontraba bien, pero por esta vez prefirió no intervenir. Tenía la impresión de que, si preguntaba, el japonés se echaría a llorar. Y lo que menos quería ahora era verlo sufrir.
Victoria no lo admitiría nunca, pero no podía quitarle los ojos de encima a Yuuri. Y es que de verdad estaba muy apuesto, se veía mucho más guapo que en las fotos o posters de él. Sí, ella tenía un poster de Yuuri en su habitación, también uno de Viktor.
—¿Qué ocurre? —inquirió ella al ver que su amigo se tallaba los ojos bajo sus lentes.
—Me arden un poco los ojos —se quitó los lentes con algo de brusquedad, desesperado—. Mierda, estos anteojos ya no me sirven —pensó con frustración.
—¿Ya no ves bien con ellos?
—Estoy bien —mostró un intento fallido de sonrisa, volvía a ser el mismo señor gruñón que Victoria conoció hace unos meses.
—El doctor Chan me explicó lo que sucedía con tu vista, en caso de que te viera batallar con ella me pidió que le avisara. Tendré que hacerlo, Yuuri.
—Ya te dije que estoy bien.
—Pero tu vista se...
—Sí, lo sé—frunció el ceño, mirando por la ventanilla del auto.
Llegaron al evento y se sorprendieron al ver a tanta gente, en especial cerca del escenario, al parecer el grupo de J.J. estaba por presentarse.
—¿Quieres un poco de champagne? —preguntó Victoria con una sonrisa—. Ya te quitaron los medicamentos, puedes tomar lo que gustes.
—Sí, gracias —aceptó—. ¿Qué más da? —pensó.
—¡Yuuri-kun! —lo saludó dese lejos, acercándosele—. ¡Qué bueno que ya llegaste! ¿Y Victoria?
—Fue por unas bebidas.
—Ya veo...
Entonces toda la gente comenzó a gritar emocionada. J.J. y los demás salieron al escenario. Se presentaron y la nueva canción dio inicio. Yuuri quedó atrapado. Nunca había observado de cerca a ese grupo, mucho menos los había escuchado, pero se llevó una gran sorpresa al ver que traían un gran piano de cola negro, un par de violines y un cello. Según recordaba, J.J. había explicado que se saldrían de lo convencional con esa canción. Era el primer sencillo tranquilo y acústico que interpretarían.
La música comenzó con unos simples acordes en piano, pero suficientemente entrañables como para que el corazón de Yuuri se paralizara. Sintió un hueco en su estómago cuando los violines comenzaron a sonar, después el cello y eso fue suficiente para que las emociones de Yuuri se desbordaran. Su mayor debilidad (junto con el patinaje) era la música, no por nada había estudiado eso en la universidad.
Sentía un fuerte nudo en la garganta con sólo escuchar la introducción instrumental. Desde que se fue de Japón había evitado todo contacto con la música, no quería pensar ni sentir, en especial sentir... temía escuchar su galería de música y toparse con "Yuri On Ice" o con "Stammi vicino" Dios, si eso ocurriera se quebraría en mil pedazos.
Yuuri pensó que no podría estar más conmocionado con la música, hasta que la letra comenzó:
"Here with you, now I am good, still miss you. I don't know what I can do, we can't be true"
(Aquí contigo, ahora estoy bien, aún sigo extrañándote. No sé qué puedo hacer, no puede ser verdad)
Yuuri soltó una risa seca y sarcástica al escuchar y entender la letra.
—Toma Yuuri —le entregó la copa con champagne, él la recibió y bebió de inmediato, sin dejar de poner atención a la canción.
Entonces el compañero japonés de J.J. lo relevó en el canto:
"Mitasareru koto naku futari no kyori, chijimatte iku tabi setsunai"
(La distancia entre nosotros no siempre funciona, mis lágrimas reducen los momentos de dolor)
—La letra es muy triste —murmuró Minami, viendo al escenario, ajeno a que sus dos amigos estaban absortos en la canción.
"Afure dashita omoi tsunoru da ke de... It's hard for me to say"
(Esas emociones desbordantes solo se hacen más fuertes, es difícil para mí decir)
Yuuri.
¡Mierda, mierda, mierda! ¡¿Por qué esta canción es tan dolorosa?!
La letra estaba describiendo mis sentimientos.
"'Cuz we, we can see how it's gonna end. But I got my love for you. Moshimo konomama kimi wo wasureru koto ga de ki tara"
(Porque nosotros, podemos ver cómo está por terminar, pero yo tengo mi amor por ti. No puedo seguir así, tendré que olvidarte)
¿Por qué? ¿Por qué si ya había decidido olvidarlo seguía sintiendo ese dolor en mi pecho cada vez que lo recordaba? Lo nuestro terminó, fui yo quien puso fin a esa relación a pesar del gran amor que aún guardaba por él, era tan grande que sentía cómo me asfixiaba al no poder dárselo. Pero así eran las cosas, tenía que olvidarlo de verdad.
"Nante omoeba omou hodo ni. Kimi wo wasureru koto nante boku ni wa de ki ru hazu mo nakute. We always wish tonight could last forever. I can be your side"
(Mientras más pienso en algo como eso, sé que no es posible que yo llegue a olvidarte. Siempre deseamos que esta noche durara para siempre. Puedo estar a tu lado)
Sí, cada vez que pienso en eso no puedo evitar hacerme a la idea de que viviré el resto de mi vida sin olvidarlo de verdad, y es que era imposible olvidar a una persona tan maravillosa como él, no sabía cómo lograrlo sin morir en el intento. Desearía estar de nuevo entre sus brazos, como en esas noches que pasamos juntos, deseando que el tiempo se congelara y nos permitiera permanecer así, unidos en cuerpo y alma.
Viktor ¿Cómo puedo olvidarte?
Miré a mi derecha, notando que Victoria estaba igual de absorta que yo en la canción. Ella también se veía afectada por ella. ¿Estaría sintiendo lo mismo que yo?
Quise tocar su hombro y hacerla voltear, pero el coro de la canción me desarmó por completo.
"I shouldn't be in your heart, either the time we have spent. And I want you to know what the truth is, but sometimes it makes me feel so sick. Oh no. I just can't say to you, No I won't"
(Yo no debería estar en tu corazón, tampoco en el tiempo que hemos compartido. Y quiero que sepas cuál es la verdad, pero a veces me hace sentir tan mal, sólo que no puedo decírtelo, no, no puedo.)
Un leve sollozo escapó de mi garganta, agradecí que la música fuera lo suficientemente fuerte como para ocultar mi llanto.
Y es que... yo no debí de estar en la vida de Viktor. Él debió seguir patinando y yo debí de retirarme antes de que se convirtiera en mi entrenador. Si hubiéramos seguido nuestros caminos, ahora mismo no sufriríamos así.
Esta canción... esta maldita canción describía letra con letra todo lo que sentía.
"'Cuz we, we can see how it's gonna end. But I got my love for you. Moshimo konomama kimi wo wasureru koto ga de ki tara"
(Porque nosotros, podemos ver cómo está por terminar, pero yo tengo mi amor por ti. No puedo seguir así, tendré que olvidarte)
Sí, debía admitirlo, aún lo amaba. Pero no podía, simplemente no.
"Nidoto ai suru koto mo nai kana, boku wa hontouni sore de kokoro kara shiawase to ieru kana. Yes, we always wish tonight could last forever.
I can be your side"
¿Alguna vez podré volver a amar? ¿podrías ayudarme a llamar a la felicidad, en el fondo de mi corazón? Si siempre deseamos que esta noche dure para siempre, puedo estar a tu lado)
No. No podía permanecer así, tenía que encontrar a alguien más y así olvidarlo por completo, era la única forma de sacarme ese profundo dolor del pecho. No podía estar el resto de mi vida pensando en lo que pudo ser y no será. Tenía que tomar las riendas de mi futuro y tomar decisiones determinantes. Sí, encontraré a alguien más, aunque lo amara a él, lo haré.
Salí de mis pensamientos cuando escuché el eufórico aplauso del público. Yo no pude hacer nada, me quedé congelado en mi lugar, al menos hasta que Victoria se puso frente a mí y vio mis lágrimas.
—Yuuri... —soltó en un suspiro, aún dentro del estruendo de la gente gritando y aplaudiendo la canción.
—Salgamos de aquí, por favor —supliqué y ella de inmediato tomó mi mano y me jaló detrás de ella entre el público. Pronto salimos de la multitud y nos alejamos un poco del ruido.
—¿Qué te pasa, Yuuri? me estás asustando —puso ambas manos en mis hombros y es que me había encorvado sobre mí mismo, llevándome una mano al corazón, éste me dolía, dolía mucho.
—Ya no puedo —jadeé, exhausto de aguantar tanto—. Estoy harto de esto, ya no puedo más.
Noté que pasaba mucha gente alrededor que se nos quedaba viendo. Victoria tomó mi mano de nuevo y salimos del edificio, cruzamos la calle y entramos en un bar muy tranquilo y algo elegante. Nos sentamos en la barra y de nuevo me preguntó.
—¿Qué te pasa? Dímelo ya, en verdad me estás asustando.
—¿Qué van a ordenar? —interrumpió el bartender. Victoria lo miró con cara de pocos amigos.
—Dos vasos de agua.
El aludido la miró con sorna.
—Dos whisky.
El hombre se fue a traer el pedido y ella se me quedó viendo fijamente.
—¿Te duele algo? ¿Qué te pasa? —se veía desesperada.
Tomé aire para que no se me quebrara la voz y finalmente hablé, hablé y me desahogué con ella como no lo había hecho con nadie más. Tuve que sacar todo de mi pecho. Le conté sobre mi relación con Viktor, lo hermosa que era, todos los momentos bellos que pasamos y luego nuestra separación, sus mentiras, sus engaños. Le dije por fin el motivo de mi estadía en Canadá, y de todo lo que actualmente hacía. Le platiqué mis propósitos y finalmente me solté llorando como un loco.
—Es... es muy intensa tu situación. ¿Has intentado hablar con él? Digo, para que su relación no se vaya al caño.
—Eso dejó de existir hace mucho, no hay nada entre nosotros —sorbí mi nariz con fuerza y enseguida terminé mi quinta ronda de whisky. Ya estaba borracho, pero lo suficientemente cuerdo como para negar cualquier contacto con Viktor. No le haría caso a Victoria, no podía hablarle así como así y hacer las paces, a él tampoco le importó que nuestra relación se fuera por la borda.
—Ya no deberías de tomar —detuvo mi mano cuando intenté llevarme el vaso a los labios. Yo sólo la moví e ingerí el contenido de un solo trago—. Yuuri, te digo que pares, no ganas nada con embriagarte.
—Tú también estás ebria —ataqué.
—Oh... bueno...
—¿Tú por qué estás ebria? ¿Es por tu ex?
—Ese maldito —masculló entre dientes. Sí era por él.
—Deberíamos ir con J.J. e Isabella, ya es tarde y seguramente se han de preguntar dónde estamos.
—No te preocupes. Les mandé un mensaje hace rato diciéndoles que estamos juntos, que no tienen de qué angustiarse.
—Oh, bien —tomé otro trago. Sabía que estaba muy ebrio, pues a veces veía doble. Quizás debería dejar de beber.
Luego de eso no recordaba muy bien lo que pasó. Sólo fui consciente de que ya era muy tarde y el bar estaba vacío debido a que era nochebuena. Los dos salimos juntos del establecimiento y nos dirigimos... creo que a su casa.
—Puedes quedarte esta noche —murmuró, tambaleándose de un lado a otro mientras intentaba abrir la puerta de su departamento con la llave. Quise ayudarla, pero me encontraba en la misma situación que ella.
Luego de varios minutos intentando abrir, lo logramos y entramos a su casa.
—Sólo tengo una cama así que...
—Dormiré en el sillón — no sabía por qué no me iba a casa. No sabía por qué vinimos a su departamento. Quizás estaba más cerca del bar.
—Que... duermas bien, pequeño conejo... —se dio media vuelta, dispuesta a irse a su cuarto.
—¡V-victoria! —corrí lo más rápido que pude cuando vi que se golpeó contra una pared. Estaba en el piso, riéndose como loca.
—Lo siento —rio a carcajadas—. Creo que... estoy muy borracha.
—Yo también... —jadeé al intentar levantarla y sentir que todo me daba vueltas.
—¡Wuuuu! —gritó emocionada cuando la cargué en mis brazos y comencé a balancearme, muy mareado—. ¡Por allá, conejo! —señaló la puerta al fondo a la derecha.
Seguí sus órdenes y llegamos a lo que parecía ser su habitación. La deposité con cuidado (Sí, sólo la solté sin pensarlo) en la cama.
—¡Oye! —se quejó—. Sé más cuidadoso —refunfuñó, incorporándose un poco hasta quedar sentada en la orilla, mientras tanto me quedé observando su habitación. Tenía un teclado eléctrico en un rincón ¿Acaso también era músico? —. Hey —me picó las costillas con un dedo—. Ayúdame ¿Quieres? —se puso de espaldas frente a mí.
Quizás se debía al efecto del alcohol en mi cuerpo, o quizás a que ya nada me importaba y en verdad estaba cambiando. No lo sabía, sólo fui consciente del tacto de mis dedos en esa cascada de cabello castaño tan sedoso. Lo acomodé con cuidado sobre su hombro, descubriendo así su espalda para poder desabrochar su vestido.
—Gracias —murmuró cuando terminé de deslizar el cierre por completo. Llevó sus manos a los tirantes, evitando que el vestido cayera por completo al suelo.
—De nada —quise girarme y salir de ahí, pero no pude, mis pies estaban pegados al suelo. Entonces ella se giró y quedamos frente a frente. Sus ojos verdes, nublados por el alcohol estaban fijos en los míos. Alzaba un poco su rostro debido a nuestra diferencia de estaturas. Entonces no supe bien qué ocurrió enseguida.
—Yuuri...
—¿Si?
—Quédate.
—Me voy a quedar.
—No —negó con la cabeza—. Quédate conmigo.
—Por eso, yo voy a... —fui callado por sus labios presionándose contra los míos.
—Por favor... —pidió luego de separarse de mí, me miró con esos ojos verdes tan brillantes y profundos, casi suplicando que me quedara de esa forma con ella.
—Victoria, esto no debería de pasar, yo amo a...
—A Viktor, lo sé. Y yo amo a mi ex —se le llenaron los ojos de lágrimas—. Yo te admiro Yuuri, he sido tu fan desde que comenzaste a competir en el patinaje artístico, por eso pensé que... quizás, si lo hago con esa persona a la que admiro tanto, pueda que logre olvidar aunque sea un poco a mi ex. ¿No lo has pensado tú? Que estando con alguien más podrías olvidar a Viktor.
—Lo he pensado...
—¿Entonces?
—No lo sé...
—Acaso... ¿No soy bonita? —se le llenaron los ojos de lágrimas—. Oh... espera, debí suponerlo —se avergonzó mucho, aunque no supe si su sonrojo era por el alcohol consumido o por su vergüenza—. Sólo te gustan los hombres ¿No es así?
—No realmente. Sólo sé que amo a Viktor, los demás hombres... no me interesan. Pero... —la miré y tragué en seco. Una voz en mi mente me decía a gritos que me detuviera ahora mismo, pero otra voz me inclinaba a aceptar la propuesta—... eres muy hermosa —terminé diciendo.
Su sonrisa se ensanchó un poco y dejó que un par de lágrimas salieran de sus ojos.
—Yuuri —dijo con mucha ternura antes de lanzarse sobre mí y rodearme con sus brazos. Con este simple acto su vestido terminó en el suelo.
A la mierda todo. A ver qué pasaba.
La separé de mi cuerpo sólo para tomar sus mejillas y atraerla a mis labios. Pronto sus manos comenzaron a desabrochar mi ropa. De un momento a otro ya nos encontrábamos en su cama, conmigo tumbado sobre ella. La miré a los ojos antes de continuar y por un momento tuve unos segundos de claridad.
¿Qué estaba haciendo?
No fui consciente de más hasta que desperté horas más tarde. Al abrir mis ojos sólo pude ver oscuridad, aún era de madrugada.
Suspiré y traté de acomodarme en la cama para dormir un rato más, pero... no estaba solo. A mi lado, pegada a mi cuerpo estaba Victoria, acurrucada como un gatito buscando calor. Me paralicé por completo ¿Qué demonios había pasado? ¡¿Por qué estábamos desnudos?!
Oh-Dios-mío.
Me incorporé de un salto de la cama. Una enorme culpabilidad inundó mi corazón. El aire comenzó a faltarme tanto que tuve que sentarme en el suelo. Oculté el rostro entre mis rodillas y traté de tranquilizarme.
—¿Qué hice, Dios, qué hice? —murmuré muy bajito, casi en un gemido.
Me sentía muy culpable, ¿pero por qué? Era hombre libre, no tenía relación con nadie. Además, Viktor ya volvió con su ex, los medios ya lo confirmaron. Entonces no entendía por qué me sentía tan mal conmigo mismo. Yo no sentía nada por Victoria, pero aun así tuvimos sexo. ¿Qué sentirá ella? ¿Pensará igual que yo? Alcé un poco la cabeza, asomándome por el borde del colchón y viendo que seguía profundamente dormida. Se movió un poco y las sábanas resbalaron por su costado, revelando su cuerpo desnudo ¡Dios mío! Tenía marcas de mis dientes por todo su cuello y sus... sus... ¿Qué hice?
Me llevé ambas manos a la cabeza y traté de tranquilizarme nuevamente, lo cual fue imposible así que comencé a recolectar mi ropa que había quedado regada por toda la habitación. Encontré mis anteojos, mi teléfono y salí en silencio de su casa.
Eran las cuatro de la mañana y no tenía ganas de ir a casa. Sólo quería olvidar lo que acababa de hacer, quería olvidar la culpa que sentía y ese remordimiento por "traicionar" así a Viktor. No encontré otra solución más que entrar a un depósito y comprar una botella de whisky. Deseaba con todas mis fuerzas tener un poco de sake al alcance, era una lástima que no encontrara uno bueno. Ni modo, whisky será.
Nunca había caído tan bajo como en ese momento. Me senté en una banca del parque más cercano y comencé a beber, directo de la botella. Sí, estaba cayendo demasiado bajo... ya ni siquiera me importaba si me asaltaban, total ¿Qué más me podía pasar? Había vivido ya de todo.
Terminé un cuarto de la botella cuando sentí unas inmensas ganas de ir al baño. No había opción, tendría que ir a casa. Llegué al edificio y entré a mi departamento sigilosamente, aunque "sigilosamente" en mi estado significaba tropezar con mi propio pie y estamparme contra el sillón más cercano, empujándolo accidentalmente y haciendo un escándalo de los mil demonios cuando éste rechinó contra el suelo. Esperaba no haber despertado a Minami.
—¡Yuuri! —alcé la mirada y las luces se encendieron de inmediato. Minami salió de la cocina. Al parecer había estado esperándome mientras tomaba café—. ¡¿Qué te pasó?! —dejó su taza en la mesita de la sala y corrió a ayudarme.
Una vez sentado en el sofá, me zarandeó con fuerza, poniendo ambas manos en mis hombros.
—¿¡Qué demonios te ocurre?! ¡¿Tienes idea de lo angustiado que estaba por ti?! ¿Por qué no respondías mis llamadas? —preguntó, histérico y lloroso—. Temí que te hubiera pasado algo.
Me sentí doblemente culpable.
—Lo siento —me incliné sobre él y le di un fuerte abrazo, el cual de inmediato rechazó.
Narradora.
Minami cerró los ojos y disfrutó del abrazo, al menos hasta que percibió cierto aroma en Yuuri.
—Estás borracho —lo empujó con brusquedad—. ¿Qué estuviste haciendo?
El aludido soltó una risilla muy triste y seca.
—Hice una locura, una estupidez.
—Por Dios, Yuuri, no me asustes más. ¿Qué hiciste? —tomó sus manos, angustiado al verlo tan afectado.
—Me acosté con Victoria.
Entonces Minami soltó sus manos, como si éstas tuvieran ácido o algo por el estilo.
—¿Qué...? —se le fue el aliento, completamente decepcionado. El joven sintió una opresión en su tórax. Nunca había sentido eso, estaba muy triste y decepcionado.
—Creí que así olvidaría a Viktor, pero no, él sigue aquí—golpeó su pecho con un puño cerrado—. Soy... soy un imbécil —murmuró entre lágrimas, antes de caer casi inconsciente en el sillón, sobre el regazo de su amigo.
—Yo no te haría sufrir así.
—¿Eh? —parpadeó, confundido y demasiado ebrio como para razonar. Sólo fue consciente de los dedos de Minami acariciándole los cabellos ya desordenados.
—Yo... yo no cometería los errores de Viktor. Vales demasiado como para dejarte ir así como así —sabía que se arrepentiría de lo que estaba diciendo, pues estaba consciente de lo mucho que Viktor también sufría, pero qué más daba, Yuuri estaba ebrio, no recordaría nada de eso en la mañana—. ¿Por qué no me das una oportunidad? —se inclinó hasta quedar casi encima de él, quien lo miraba sin entender, con sus ojos entrecerrados.
—Minami-kun ¿Qué ha...? —no pudo continuar, pues los labios del rubio ya estaban sobre los suyos.
Entonces Yuuri comenzó a llorar con más fuerza hasta que quedó inconsciente. Y Minami se dio cuenta de algo con ese beso: no importaba con cuánta gente intentara olvidar al ruso, Yuuri jamás se lo podría arrancar del corazón. Nadie tenía una oportunidad con él, ni siquiera él mismo. Lo entendió y por primera vez lo aceptó.
Decidió ponerse de pie con su amigo en brazos. Lo llevó a su cama, lo arropó y le dio un beso en la frente, era un beso de despedida, un beso triste.
—Viktor no se merece a alguien tan valioso como tú —murmuró en medio de la oscuridad de la habitación—. Es una lástima que tu corazón ya haya elegido dueño, y no puedo competir contra ello... —tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él. Sintió una profunda tristeza al ser consciente de que jamás sería correspondido, lo había comprobado con ese beso.
Acarició la mejilla de su amor imposible y comenzó a susurrar muy quedito.
—Tal vez en esta vida no tengamos la oportunidad, pero ruego a Kami-sama que en nuestra siguiente vida podamos estar juntos, que te fijes en mí y me ames como yo te amo a ti. Respeto tu amor por Viktor, así que no me entrometeré, sólo quiero tu felicidad —suspiró—. Aunque eso signifique dejarte ir y ver en la lejanía cómo eres feliz con él —apretó su mano y miró con detenimiento esa curiosa pulsera que nunca se quitaba. Decía algo en ruso, seguramente él se la había dado.
Besó su frente una vez más y salió de la habitación en completo silencio. Entonces Yuuri abrió los ojos y dejó salir unas cuantas lágrimas en completo mutismo. Eso ya era mucho para su maltrecho y confundido corazón. Habían sido demasiadas emociones para tan pocas horas, y ahora esto. Nunca, jamás tocaría el tema con su pequeño amigo, sería demasiado doloroso para el joven.
Yuuri no pudo dormir en lo que restaba de la noche, concilió el sueño cuando el sol comenzó a asomarse por entre las montañas. No se levantó de la cama hasta pasado el mediodía, ni siquiera se molestó en levantarse e ir a su rehabilitación. No tenía ganas, tenía una resaca de los mil demonios y además no sabía cómo vería a Victoria a la cara, no después de lo que pasó anoche. En algún momento tendría que enfrentarlo, pero no ahora, por el momento sólo quería esconderse bajo las mantas y no salir de ahí hasta que el sol se ocultara de nuevo y que todo a su alrededor fuera silencio.
¡Malditos pájaros que no se callaban!
Luego de las doce del mediodía Minami entró a la habitación de Yuuri con una gran taza de café negro y un rico desayuno/comida. El aroma a café inundó el cuarto, haciendo que Yuuri asomara sólo la nariz de su escondite bajo la revoltura de sábanas que era su cama.
—Imaginé que tendrías una fea resaca, así que he preparado algo de café y... también te traje medicamento para tu dolor de cabeza.
Yuuri buscó a tientas sus anteojos, se incorporó un poco y se los puso sólo para notar cómo el joven se sonrojaba al verlo. Antes no se había fijado en esos detalles, pero ahora era más que consciente. Minami le recordaba a sí mismo cuando se sonrojaba ante la cercanía de Viktor, era tierno, pero al mismo tiempo un poco triste. Hizo nota mental de no mostrarse semidesnudo frente a él, nunca más. Hizo el intento de cubrirse un poco con las mantas, pero no quería ser muy obvio y demostrarle que su mirada le incomodaba un poco.
Minami sentía que le salía humo por los oídos al ver el perfecto torso de su amor imposible, sus brazos, su abdomen, todo en él era perfecto. Y sumado a esos detalles estaba el hecho de que había dejado crecer un poco su cabello, lo suficiente para alcanzar a hacerse una mini media coleta, la cual estaba toda desordenada en esos momentos. Se veía modorro, con marcas de la almohada en la mejilla y sus ojos un poco hinchados. Todo él era la representación pura de Sexy-tierno.
—Gracias.
Ese día Yuuri decidió tomarse un largo descanso, se la pasó en cama, tumbado y escuchando música. Se tomó el tiempo de escuchar una y otra vez el sencillo que J.J. y su banda recién habían sacado: "Pierce" esa canción le había tocado el corazón profundamente, no podía escucharla sin echarse a llorar. Tampoco podía dejar de pensar en Viktor y en lo mucho que aún lo amaba, sí... lo descubrió después de todos sus intentos por olvidarlo.
—¿Por qué lo hice? —murmuró, fastidiado sin dejar de mirar al techo, tumbado completamente en su cama.
No podía dejar de pensar tampoco en el hecho de que anoche se acostó por primera vez con una chica, y no recordaba absolutamente nada. Se sentía avergonzado y muy confundido. Eso sí... ese error sólo sirvió para asegurar sus sentimientos por él. Si esto que hizo con Victoria no le sacó a Viktor del corazón, nada lo haría.
Entonces su teléfono celular recibió un mensaje de texto, de Victoria:
"Necesitamos hablar. Llega un poco más temprano al entrenamiento de mañana. Si bebiste como yo, seguramente seguirás echado en tu cama.
-V"
Su corazón palpitó con fuerza al ver que terminaba el mensaje igual como Viktor lo hacía, poniendo una "-V" demonios, incluso tenían que llamarse igual.
Yuuri no pudo responder otra cosa más que un simple "Ok"
Al día siguiente...
—¡Lo siento! —se disculpó al llegar tarde—. Me quedé dormida, lo siento —respiró agitadamente, dejando sus cosas en el piso de madera.
—Está bien —sonrió levemente desde su posición en el piso, sentado sobre una colchoneta mientras escuchaba "Pierce" —. ¿Sucede algo? —inquirió al sentir su mirada verdosa fijamente sobre él. Disolvió un poco la incomodidad guardando sus audífonos y el celular en la mochila.
—No... todo está bien —murmuró atontada de sólo verlo. Se veía igual que siempre, pero después de haber pasado una noche como esa última... dios, jamás volvería a ver a Yuuri igual. No podría verlo de nuevo como alguien débil e inocente, no señor.
—Querías hablar ¿No es así? —preguntó con una extraña serenidad. Victoria había salido muy segura de casa, tenía en mente las palabras exactas que le diría a Yuuri, le expresaría su amor y sería sincera en cuanto a sus sentimientos. Esa noche con él no había sido un simple revolcón para ella, sino algo mucho más significativo; en un principio se había emocionado como toda una fan al saber que ayudaría al mismísimo Yuuri Katsuki a rehabilitarse, pero nunca se imaginó que las cosas tomarían este rumbo. Su seguridad aplastante estaba tambaleando peligrosamente, y cómo no, si esos ojos chocolate la miraban fijamente, esperando una respuesta. Su expresión serena y tranquila sólo la ponía más nerviosa ¿Qué estaría pasando por su mente? ¿Se habrá arrepentido de lo que ocurrió anoche? ¿Acaso él sentía lo mismo? éstas y más preguntas rondaban la mente de la canadiense.
—Sí —se sentó en la colchoneta, justo frente a él—. No me mires así —pensó con nerviosismo. Su mirada se sentía más profunda e intensa que antes ¿O era su imaginación? —. Quiero que hablemos sobre lo de ayer —se acomodó un mechón de cabello tras su oreja. El día de hoy traía su cabello suelto, su rostro tenía aspecto de no haber descansado mucho y sus manos no dejaban de jugar nerviosamente una con la otra.
—Victoria... verás, yo en realidad... —no sabía cómo decirlo—... cuando tomo de más, suelo olvidar lo que hago, como ayer... recuerdo que empecé a beber contigo, pero luego desperté desnudo en tu cama, junto a ti. No necesité más para suponer lo que pasó entre nosotros.
—E-entonces... ¿No lo recuerdas?
—No. Supongo que tú sí —se avergonzó un poco.
Se puso como un tomate y asintió con la cabeza. ¡Tenía mucho calor! Sentía su rostro ardiendo.
—Debo disculparme, sé que no tengo excusa y el hecho de que estuviera ebrio no justifica mis actos. Por eso no me queda más que disculparme. No suelo ser así... —se sonrojó un poquito y para Victoria él era el ser más hermoso del mundo—... en realidad nunca lo había hecho, con una chica, al menos.
El peso de la verdad le cayó como mil costales de patatas en la espalda. Victoria se sintió feliz al saber que ella había sido su primera mujer, pero al mismo tiempo muy triste al imaginar por dónde iría esta conversación, pues... Yuuri seguía amando a Viktor. Si supiera que ella logró sacarse del corazón a su ex con esa noche tan hermosa que compartieron los dos juntos.
—Así que... discúlpame —murmuró el Yuuri con una expresión de verdad mortificada en su rostro.
—Está bien... —suspiró. Si tan sólo él pudiera recordar esos bellos y apasionantes momentos—. No tienes de qué disculparte, yo también tuve parte en esto ¿Lo recuerdas?
—A decir verdad, no lo recuerdo —rio un poco, contagiando a su amiga.
—Eres un tonto.
—Un poco.
—No te preocupes, sólo fue una noche, no tuvo importancia —casi se mordió la lengua al decirlo, pues su corazón decía todo lo contrario—. No fue la gran cosa —fingió restarle importancia.
—¿Tan mal estuvo? —preguntó tímidamente, eso desarmó por completo a la castaña.
—¡N-no! —se regañó mentalmente por ser tan entusiasta en su respuesta—. Quiero decir... ¡Ejem! No, no estuvo nada mal. A decir verdad... —desvió la mirada, muy apenada y sonrojada—... las dos veces estuvieron muy, pero muy bien... —suspiró, mirando al techo.
Yuuri casi se atraganta con su propio oxígeno.
—¡¿Dos veces?!
—Oh, es verdad... no lo recuerdas. Sí, dos veces. Me sorprendiste —bajó la mirada.
—Dios mío —se cubrió el rostro con ambas manos—. No debí de haberlo hecho, por favor discúlpame —pidió con un sonrojo inmenso en su rostro.
—Yuuri —sonrió—. No te disculpes por haberme hecho disfrutar tanto —se encogió de hombros—. Ya pasó, hay que olvidarlo.
—¿Estás segura? ¿No hay problema?
—Ya te lo dije, no significó nada —sonrió—. Claro que significó, para mí fue la experiencia más maravillosa que he vivido, la mejor...
—Qué alivio —suspiró, de pronto se vio como si se hubiera quitado un peso de encima.
Un nudo se formó en la garganta de ella.
—¿Me permites un momento? Necesito ir al baño —sonrió—. Por lo pronto ve calentando que de aquí nos vamos directo a la pista.
—¿Ya no vamos a hacer la terapia?
—No la necesitas más —le guiñó un ojo, dejando a un Yuuri muy feliz y emocionado—. Felicidades, pequeño conejo —por primera vez sintió que ese adjetivo no le quedaba para nada, "pequeño" ¡ja! Sí como no.
Y sin decir más, victoria se dio media vuelta y salió directo al baño o a cualquier lugar donde pudiera soltar su llanto. Lo había estado aguantando por mucho tiempo.
A partir de ese momento no se volvió a tocar el tema del "acostón" accidental que tuvieron. Yuuri nunca se enteró del verdadero sentir de su amiga y ésta jamás se lo diría, sería demasiado doloroso ser rechazada por él.
También a partir de ese día Yuuri dejó la fase básica de la rehabilitación, ahora ésta consistía en horas y horas de patinaje sobre hielo. Y uno que otro día haciendo ejercicios en la piscina para recuperar un poco más de fuerza en sus piernas.
—¡Mal! ¡Muy mal, Yuuri! —lo regañó desde el otro extremo de la pista.
El aludido se detuvo sobre sus patines, jadeante y exhausto.
—Victoria, llevamos dos horas sin parar... —trataba de calmar su respiración.
—Algo te está faltando —se llevó una mano al mentón. Toda la mañana había estado practicando los mismos movimientos y nunca pudo perfeccionarlos—. Salgamos de la pista.
Yuuri la siguió, y una vez afuera, ya sin patines...
—Has un estiramiento básico, lleva tu pie lo más alto que puedas, de preferencia más allá de tu cabeza.
—De acuerdo.
Lo intentó y no fue ni siquiera medianamente decente.
—¡Ya sé lo que te está faltando!
—¿Qué? —suspiró, cansado.
—Elasticidad. La has perdido casi por completo, es una vergüenza, Yuuri Katsuki —frunció el ceño—. Vamos a hacer ejercicios de elasticidad, ven conmigo —iba a tomarlo de la mano, como tenía por costumbre antes, pero se abstuvo de hacerlo, ahora evitaba todo el contacto posible.
Lo llevó lejos de la pista, el lugar estaba por completo solo, así que no importaba que practicaran en medio de un pasillo. Victoria le indicó qué ejercicios hacer y Yuuri obedientemente los hizo, notando en el transcurso que de verdad le faltaba flexibilidad.
—Así no, mira... —se paró detrás de él y tomó su pierna izquierda, alzándola levemente hasta que ésta llegó por encima de su cabeza.
—¡Para! —jadeó, adolorido.
—¿Qué ocurre? —lo soltó y de inmediato él se dejó caer al suelo—. Un calambre... —murmuró con tristeza—... hace mucho que no te daban.
—Lo sé... —masculló entre dientes, con su frente recargada contra una de sus piernas que estaba totalmente extendida sobre el suelo. Le dolía demasiado. Victoria tuvo que sentarse a su lado y aplicar presión en ciertas partes de su muslo adolorido—. Demonios. ¡Duele! —se quejó, frustrado al sentir que volvía atrás.
—¿Mejor? —preguntó después de unos segundos de masaje en su pierna.
Yuuri asintió levemente con su cabeza, pero ella siguió masajeando un poco la cara interna de su muslo izquierdo, de pronto él dio un respingo al sentir sus manos en una zona muy sensible, el pobre soltó una risilla ante las cosquillas. Esa fue como una advertencia para ella, estaba llegando muy lejos. Tragó en seco y se mordió los labios para resistirse ante el deseo de seguir acariciando más arriba, y es que cómo no disfrutar de acariciar unas piernas como esas, un trasero como ese.
Entonces llegaron a su mente los recuerdos tan apasionados de esa noche con Yuuri. Su rostro enrojeció por completo al recordar sus caricias ardientes, sus besos, sus mordidas.
—¡Detente! —pensó la castaña con frustración, sus pensamientos estaban demasiado centrados en esos recuerdos tan subidos de tono. No podía seguir así, no frente a Yuuri, se daría cuenta—. Terminamos el entrenamiento por hoy —se puso de pie como un resorte y dio media vuelta, dispuesta a alejarse.
—Victoria —la detuvo y ella se giró en menos de un segundo, ansiosa por escuchar lo que sea que fuera a decirle, pero sus ilusiones se rompieron en mil pedazos al ver que sostenía una bufanda entre sus manos—. Se te cayó esto.
—Oh, sí. Gracias... —la tomó y automáticamente se la puso al cuello, ignorando el hecho por el cual se la había puesto en un principio. No pudo evitar soltar un leve quejido.
—¿Qué ocurre? —se puso de pie y caminó hacia ella al ver que se llevaba una mano al cuello, adolorida.
—No es nada —le restó importancia, pero el Yuuri no estuvo satisfecho.
—¿Qué te pasó en el cuello?
—Ya te dije que nada.
—Muéstrame —acortó la distancia entre ambos y le removió un poco la prenda, encontrándose con una salvaje mordida en esa blanquísima piel. Los colores subieron a su rostro—. No me digas que yo...
—¡Sí! —lo miró enfurruñada, poniéndose de nuevo la bufanda—. Tú lo hiciste ¿Feliz? —estaba muy sonrojada—. Me voy —se dio media vuelta y ahora sí se fue.
—Lo siento —murmuró al aire, sintiéndose aún culpable por lo que hicieron.
El tiempo pasó muy rápido y el asunto de esa noche fue sepultado poco a poco en el olvido, aunque ahora todo el trato entre ambos era meramente doctora/paciente o entrenadora/pupilo. Toda la mañana practicaban, hasta que la pista comenzaba a llenarse de visitantes y patinadores amteur, después de todo era un centro público donde practicaban, si querían hacerlo a solas debían esperar a que éste estuviera cerrado al público.
En los primeros días del año 2018 Yuuri comenzó un rígido entrenamiento diseñado por Victoria con ayuda de J.J., ahí se reflejaría el esfuerzo de Yuuri de todos esos últimos meses, y vaya que éstos dieron fruto, Clark estaba muy feliz y ni se diga de Jean y Minami, pues Yuuri estaba patinando como antes, al fin.
En cuanto Yuuri, estaba feliz por volver a experimentar esas maravillosas sensaciones que sólo el patinaje podía darle. El hielo era su único medio para desahogarse de verdad y ahora que podía hacerlo tan bien como antes, no iba a perder el tiempo y mucho menos la oportunidad de liberar todas sus emociones a través del patinaje.
La primera vez que patinó "Yuri On Ice" sin ningún error, sin dolor y sin esos malditos espasmos... lloró, no soportó el cúmulo de emociones y terminó llorando con una gran sonrisa en su rostro, sin dejar de patinar. Cuando terminó su coreografía, Minami se le echó encima, abrazándolo con fuerza y felicitándolo por lograrlo, Victoria lo miró y le sonrió, orgullosa por sus logros. Aún tenía fallas y necesitaba más entrenamiento para superarse a sí mismo, pero sólo eran cosas que se irían mejorando con el tiempo y arduo entrenamiento.
Semanas después, casi en febrero, Yuuri había dominado ya todas sus antiguas coreografías. Ese día aún era muy temprano y ya había gente llegando a la pista de patinaje, eso poco le importó a Yuuri y siguió entrenando bajo la atenta mirada de su entrenadora, quien se metió a la pista con él y le sugirió intentar algo diferente.
—¿Algo diferente?
—Sí —sonrió—. ¿Por qué no... improvisamos?
Una sonrisa amplia se formó en los labios de Katsuki. Patinaje en pareja, improvisado, le gustaba la idea.
Entonces los dos comenzaron una danza improvisada con la música del centro de patinaje de fondo.
—Aprovechemos la canción —murmuró Victoria, acercándose mucho a Yuuri, éste tomó su mano y con una sonrisa comenzaron a danzar y deslizarse al ritmo de "Total eclipse of the heart" que casualmente comenzó a sonar en el sistema de audio del lugar.
Yuuri se puso detrás de ella y comenzó a deslizar sus manos por los brazos femeninos, se tomaron de las manos, giraron hasta quedar frente a frente y se separaron para hacer unos pasos que sólo terminaron uniéndolos más. Sus movimientos eran increíblemente sincronizados y precisos a pesar de ser improvisados. Sus cuerpos se movían fluidamente, los dos estaban en perfecta sincronía. En ese momento no pensaban en ellos como tal, sino en la música y en el patinaje, expresaban todo su sentir en esa canción. Ella pensando de a ratos en Yuuri y éste último acordándose de su amado.
De pronto la gente que patinaba alrededor se detuvo para mirarlos, y es que estaban dando un espectáculo muy bueno. Incluyeron saltos a su coreografía, acompañados de piruetas que sólo los expertos eran capaces de hacer.
—Se ven hermosos patinando —murmuró una persona no muy lejos de ellos, pero ninguno de los dos escuchaba nada más que la música y el sonido de sus cuchillas deslizándose sobre el hielo.
—Están demasiado unidos —masculló Minami al verlos desde lejos. Sintió celos al notar cómo se tocaban mutuamente, muy seguido ¡Incluso la cargó! Por un momento deseó ser Victoria.
La canción terminó y la pareja se detuvo, estaban agitados y algo sudorosos por esos pasos tan intensos. Terminaron pegados, pecho con pecho, ojos castaños fijos en los ojos verdes que brillaban con intensidad, sus manos seguían unidas y no deshicieron esa posición final sino hasta que escucharon los aplausos de la gente a su alrededor.
Entonces se separaron, algo avergonzados hasta que...
—¿Es ese Yuuri Katsuki? —se escuchó que alguien dijo entre todos los patinadores.
—¡Sí! Es él —una chica salió quien sabe de dónde y se deslizó con rapidez hasta quedar frente al japonés—¡Yuuri! ¿Qué haces en Canadá? ¡¿Puedes darme tu autógrafo?! También quiero una foto contigo, por favor.
El aludido se quedó estático, no supo qué decir ni cómo reaccionar. Afortunadamente alguien salió a su rescate.
—Lo están confundiendo —dijo Victoria con una gran seguridad—. Se le parece, pero no es —soltó una risilla—. ¿Cuántas veces te han confundido con él, cariño?
—¿Eh? —parpadeó, confundido.
—Pobre de mi novio, lo viven confundiendo con Yuuri, pero míralo, no es él.
—Es verdad —murmuró otra joven, acercándose y mirándolo, luego rio—. Yuuri está un poco más rellenito, y tiene el cabello corto, no como él.
—Cierto... —miró a Yuuri de pies a cabeza, sonrojándose al sentir que le gustaba mucho lo que veía—. Lo siento, señor, lo confundimos —se disculpó también con la "novia" del "señor" y se fueron de ahí. Pronto la gente dejó de ponerles atención y siguió patinando, algunos siguiendo el ritmo de la música que ahora estaba y otros simplemente golpeándose el trasero por enésima vez contra el hielo.
—Eso... estuvo muy cerca —había sudado frío. En ese momento pensó de inmediato: "Viktor sabrá dónde estoy" —. Espera... ¿Dijiste que soy tu novio? —se sonrojó infantilmente.
—Ni te emociones, Katsuki —alzó una mano, como deteniendo así sus pensamientos—. Lo dije para hacerlo más creíble —aseguró—. En realidad no sé por qué lo dije —pensó, abochornada.
—No era necesario, ¿Sabes? —rio un poco.
—Oh, cállate ya "Señor" —se burló—. ¿Oíste lo que dijo?
—Sí, sí —refunfuñó, pero terminó riendo—. De algo sirvió que cambiara mi condición física. No me reconocieron por mi cabello y mi peso —rio más, aliviado.
—Te ves mucho más apuesto... si siendo un tierno conejito gordo tenías muchas fans... no quiero imaginar la cantidad que tendrás ahora que estás así... —se mordió un labio, mirándolo.
—Ya, vayamos a comer algo. Tengo hambre —murmuró Katsuki con una mano sobre su estómago.
—Me parece bien —caminaron juntos hacia los vestidores para cambiarse—. Por cierto, ya no deberíamos practicar a estas horas, procuremos hacerlo cuando la pista esté cerrada.
—Es lo mejor, no quiero que pase esto de nuevo.
—Oye... debimos haberle pedido a Minami que nos grabara, esa coreografía estuvo muy buena.
—¡Lo sé! —se emocionó mucho—. Fue tan... ¡Wow! —seguía eufórico. Victoria notó cuánto amaba él patinar. Definitivamente se hubiera muerto de tristeza si no volvía al hielo. Estaba feliz por él.
—Te ves demasiado chistoso con esto, sí pareces todo un señor —se burló mientras señalaba sus lentes, se había graduado unos especiales para poder patinar sin que éstos salieran volando por el aire. Obviamente eran muy gruesos y anticuados, las patitas de los lentes se juntaban detrás de la cabeza, quedando totalmente seguros e inmóviles, parecían de esos que usan los abuelos para no perderlos en algún lugar.
—No tenía otra opción, no puedo patinar sin ellos.
—Ya no ves nada bien ¿Verdad? —se puso muy seria.
—Estoy bien.
—No, no lo estás —se molestó—. De nada servirá que te hayas recuperado físicamente si no puedes ver. ¿Qué harás si te quedas ciego? ¡No podrás patinar! —se puso histérica.
—Ya, tranquilízate —suspiró—. No creas que lo he dejado pasar así como así. Hablé con el doctor Yuzuru y con mi oftalmólogo. Cuando regrese a Japón iré a revisión y me valorarán para una cirugía, aún hay tiempo, así que no te preocupes.
—¿Y cuándo regresarás a tu país?
—No lo sé...
—Ya te falta muy poco para ser como el de antes, incluso lograrás superarte ¿Seguirás entrenando allá?
—Por supuesto, ya te dije que participaré en el GPF de este año y tengo que preparar mis programas, además... extraño a mi familia. Mi madre me va a matar —rio un poco—. No saben dónde estoy.
—Eres todo un caso —suspiró, negando con la cabeza—. Entonces sólo estarás aquí unos cuantos meses más.
—Supongo que sí —se encogió de hombros, indiferente hasta que pareció recordar algo—Por cierto... ¿Y Minami?
Los dos miraron alrededor, y lo encontraron a lo lejos, platicando con un par de chicas que parecían muy emocionadas, seguramente lo habían reconocido del GPF. Entonces se fueron de ahí para buscar un buen sitio dónde comer, ajenos a que una persona dentro del público tuvo la gran idea de grabar toda la coreografía.
—Definitivamente es Katsuki Yuuri —murmuró esta persona, emocionado al tenerlo captado en cámara, era fan del japonés y no dudaría en subir ese video cuanto antes a las redes sociales.
A mediados de febrero seguía haciendo mucho frío en Toronto, el día de San Valentín se acercaba y todos estaban reunidos en la amplia sala de la residencia Leroy, bebiendo chocolate caliente mientras planeaban qué hacer en el día de los enamorados. J.J. dijo que había rentado una cabaña en medio del bosque para pasar ahí el fin de semana con su amada esposa, Minami se había encogido de hombros cuando le preguntaron qué haría en ese día tan especial, pero todos notaron cómo miró de reojo a Yuuri, esperando impaciente su respuesta, pero éste sólo dijo que planeaba salir a correr.
—¿Salir a correr? ¿Es en serio, Katsuki Yuuri? —lo regañó Isabella.
—¿Por qué no sales con Victoria? Me dijiste que no harías nada en ese día ¿No es así? —miró a la aludida.
Todos vieron cómo Katsuki y Clark se sonrojaron tiernamente, pero Isabella de inmediato codeó con fuerza a su esposo, mirándolo con cara de "No molestes más con eso"
—Bueno, en ese caso podrías ir a visitar a Phichit, escuché que estaría en Detroit durante esos días.
—Oh... —se sorprendió, extrañaba mucho a su amigo y se sentía muy mal por ignorar todos sus mensajes—. No es mala idea —se lo planteó en serio.
Para ese punto Minami había dejado de poner atención a la conversación, estaba algo deprimido, así que sólo se dedicó a mirar la televisión que estaba en un rincón, con volumen bajo, transmitiendo las noticias del momento.
—"Y ahora vamos con la noticia más reciente que tiene escandalizados a patinadores y a fans de este deporte"
Para ese punto todos se callaron y le pidieron a Minami que le subiera al televisor. Todos se paralizaron cuando la imagen de un patinador muy conocido apareció en pantalla.
—"El patinador Viktor Nikiforov, pentacampeón mundial, sufrió un grave accidente hace un par de horas. Nuestros contactos en Rusia nos informaron que se lesionó mientras practicaba una de sus rutinas. Fue trasladado de urgencia a un hospital y es posible que ahora mismo lo estén interviniendo quirúrgicamente. Hasta ahora es la única información que tenemos. Estaremos al pendiente de la evolución de Nikiforov. Por lo pronto seguimos con el reportaje de un perro bailando el..."
Minami apagó la televisión. Hubo un silencio sepulcral en toda la sala. Inevitablemente todas las miradas se posaron sobre Yuuri, quien estaba demasiado pálido y tembloroso, a pesar de su estado se puso de pie con mucha agilidad.
—Yuuri ¿Qué vas a hacer? —inquirió J.J., preocupado.
—¿No es obvio? Regresaré a Japón —apretó los puños, estaba asustado y muy preocupado, sentía una fuerte angustia en su pecho. ¡Viktor estaba muy grave en el hospital! Debía estar a su lado sin importar qué. Podría sentir resentimiento hacia él, pero lo seguía amando y no podría abandonarlo en situaciones como esas. Ya lo había abandonado cuando Yurio le dijo que no se encontraba muy bien, y eso lo hacía sentirse culpable. Esta vez no lo abandonaría, sin importar nada.
—Pero tu entrenamiento, Yuuri, no puedes abandonarlo a estas alturas, no después de que decidiste participar en el GPF de este año.
—Lo sé, Jean, lo sé —apretó con impotencia sus puños—. Pero no puedo abandonarlo en estas circunstancias, él estuvo a mi lado durante seis meses ¡Seis meses! Tengo que estar con él —sus ojos se volvieron acuosos.
—Vamos, te acompaño al aeropuerto —Isabella lo apoyó de inmediato.
—Tienes que ir —secundó Minami, triste, pero decidido.
La única que se quedó callada, mirando con sorpresa la reacción de Yuuri, fue Victoria. Sostenía temblorosamente la taza de chocolate entre sus manos, sintiendo su corazón rompiéndose una vez más, era inevitable y lo supo desde que terminaron de hacer el amor aquella única vez, justo cuando Yuuri murmuró el nombre de su ser más amado antes de caer profundamente dormido.
No había remedio, Yuuri ya tenía dueño y debía aceptarlo.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó J.J. por enésima vez.
Yuuri apretó su pequeña maleta dentro de su puño y asintió con firmeza.
—Bien, entonces cuídate mucho, cuando llegues por favor mantennos informados de su estado. Estaremos al pendiente.
—Gracias por todo —intentó sonreír, pero su angustia sobrepasaba los límites naturales—. Tengo que irme —se despidió de Isabella, de su esposo y de Minami. Victoria no quiso acompañarlos, parecía molesta cuando se fue después de decir que tenía algo importante qué hacer.
—¡Yuuri! —apareció entre la multitud de gente del aeropuerto, corriendo, agitada.
—¿Victoria?
Contiuará...
¡Hola!
Lo sé, he tardado demasiado en actualizar (Nunca había tardado tanto, fue una semana y media!) he escrito tanto en dos horas que mis dedos se acalambraron jajaja espero que les haya gustado el capítulo y si ven algún error o algo raro no duden en avisarme, ya que subí el cap sin leerlo una última vez.
¿Recuerdan que les dije que alguien iba a morir? Bueno, eso será en unos cuantos caps más adelante.
¿Recuerdan al nuevo personaje? Sí, es Victoria y vino a poner desorden. Tristemente Yuuri sí fue "infiel" y lo pongo entre comillas porque en ese momento tanto Viktor como Yuuri eran completamente libres y solteros, así que no hubo infidelidad, además, el katsudon estaba ebrio y extrañaba demasiado a Viktor, aunque antes de revolcarse con Victoria no lo admitió. Tuvo que pasar por eso para darse cuenta de que no había poder humano que lograra sacarle a Viktor de la mente y el corazón.
Ahora, ¿Se dieron cuenta que toooodo este cap fue prácticamente sobre el katsudon? Sólo hubo una pequeña aparición de Viktor, y eso es porque en el capítulo 15 veremos todo lo que vivió el ruso mientras Yuuri estaba en Canadá jugando a rehabilitarse y a hacer amiguitos (Es sarcasmo, pues también estoy enojada con el cerdo).
Había muchas cosas más que quería decirles, pero las he olvidado todas, estoy tan ansiosa por publicar... ¡Ah! A la próxima vez tendré que apuntar todas esas cositas que quiero decirles... Pero bueno, lo que recuerdo ahorita es:
1) Vi que hicieron un concurso de teorías locas. ¡Las amo! Me encantó la idea, gracias Ada, gracias Danny! Las amo demasiado! Y pues vamos a ver quién acierta... a penas termine de subir el cap, me iré a leer todas esas ideas locas que publicaron, la verdad me emociono mucho sólo de pensar que sus mentes locas son más locas que la mía, eso es bello.
2) No sé si ya estén en el grupo de fb, si no es así ¡¿Qué esperan para unirse?! Compartimos muchas cosas lindas sobre vikturi y demás. Si gustan unirse... se llama "Agape to Eros by Tsuki no Hana".
3) Últimamente me ha agregado mucha gente a fb, pero de todos ellos no sé quiénes son lectores del fic y quienes son acosadores, raros y pervertidos, así que... si son seguidores del fic, mándenme un mensajito para aceptarlos, ya no estoy agregando a todo el que me mande solicitud jaja
¡PREGUNTAS!
1) ¿Qué parte te hizo llorar más?
2) ¿Qué capítulo te ha gustado más del fic (Todas van a decir que el "Eros" jajaja)?
3) ¿Qué hará Yuuri al llegar a Rusia? (¿irá a Rusia?)
4) ¿Cómo creen que la pasó Viktor durante todo ese tiempo? Ya ven que estaba tan loquito que alucinó a Yuuri, confundiéndolo con un extraño en medio de la multitud. Además que Yakov lo regañó, amenazándolo con no ir más por él al hospital...
5) ¿Qué escena -de TODO lo que va del fic- te ha hecho llorar más?
¡AVANCES!
Se los daré en los spoilers que pongo en el grupo durante la semana. Jiji. Lo único que les puedo decir es que casi todo será narrado desde la perspectiva de Viktor, es su turno de contar la historia.
Si tienes algo qué decirme además de las respuestas a mis preguntas... ¡me harías muy feliz! Cualquier comentario, crítica o tomatazo es bienvenido.
Quiero escribirles más... pero mi mente está seca (Como siempre el final de cada capítulo)
Espero que hayan quedado satisfechas con este capítulo, sé que se quedaron con muchas dudas y con los nervios de punta, pero créanme, todo esto valdrá la pena al final. También quería decirles que tal vez tardo mucho en actualizar cada capítulo, pero quiero que sepan que soy el tipo de escritora que no puede subir un cap con mil palabras nada más, hay demasiado que quiero decir, muchas escenas que quiero plasmar a través de mis palabras y muchas cositas que quiero que Viktor y Yuuri hagan, por eso no lo subo hasta que quedo satisfecha con el resultado, no importa si son diez, quince, veinte mil palabras. No sé ustedes, pero prefiero tardarme en subir un capítulo de miles de palabras y no estar subiendo cada dos días un cachito de apena unos cuantos de párrafos, además de que eso provoca que se pierda un poco el hilo de la historia, lo digo porque me molesta mucho leer fics con tres párrafos de cap ¬¬
En fin, creo que a la mera hora sí me explayé mucho.
LAS AMO EMPUERCADAMENTE!
Bueno, ya me voy.
Bye bye!
8/02/2017
Por cierto... ¡NO PUEDO CREER QUE EL FIC TIENE YA MÁS DE 28 MIL VISTAS Y 8 MIL COMENTARIOS, SIMPLEMENTE NO PUEDO!
THANKS FOR ALL YOUR SUPPORT!
Los lentes de Yuuri, sí, tenía que ponerlos para que se los imaginaran mejor jajaja bueno, sólo los usa mientras patina, ya saben, para que no salgan volando :)
