No al plagio


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Capítulo diez: Ups, el Nogistune se enojó

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—Eres una vergüenza para tu familia, Derek.

Es la primera vez que veo a esa mujer, no sé quién es ni de dónde viene, pero lo que sí sé es que la odio. La detesto con todo mi ser por las palabras que está clavando en el corazón roto de Derek; un corazón que ya no tiene más espacio para dolor.

No merecía más dolor.

"¡Deberías agradecer que están muertos! ¡Se han de estar revolcando en sus tumbas!...

No puedo creer la maldad y crueldad de los habitantes del planeta, mucho menos al ver tan de cerca cómo esa mujer saborea con deleite el veneno que sale de sus labios.

Cierro las manos en puños con fuerza, puedo sentir con claridad que las uñas dejan de serlo para transformarse en garras que se van enterrando de poco en las palmas. No me asusto al sentirlo, porque es más grande el deseo de callarle el hocico a esa estúpida mujer antes del miedo que pueda sentir por lo desconocido. O por lo que me estoy convirtiendo. Es un cambio lento, llevado por la ira que va corriendo por mis venas al presenciar la derrota en la cara de Derek; es un hormigueo que va creciendo, tomando fuerza con cada segundo que pasa. Los susurros en mi cabeza son furiosos, acompañando y alentando mis ganas de arrancar gargantas —hazla pagar, la haremos pagar. Cédeme el control y no te arrepentirás—. Observo con sorpresa, y molestia, el momento exacto en el que tira la toalla, rindiéndose a una muerte injusta:

"¡Pero si no hay tumbas en qué revolcarse!

Los parpados cubren sus ojos, baja la cabeza en derrota y cae de rodillas frente a la perra que se ríe con la victoria ganada.

Según su pendejez, porque está totalmente idiota si piensa que dejaré que mate a mi alfa.

La manada parece haber leído mis pensamientos, ya que todos se lanzan con velocidad y con todo lo que tienen sobre el enemigo, procurando que ésta no llegue a Derek.

—Toma el control—susurro en un hilo de voz. Desde mi perfil puedo ver el rostro confundido de Lydia, más la ignoro.

No analizo lo que sucede después, dado que lo siguiente que sé es que el jadeo lleno de asombro que viene de mi izquierda dice que algo ha cambiado —y no se refiere a la batalla que se presenta frente a mí—. El hormigueo se vuelve calambre indoloro por todos los músculos; abro los puños, dejando que las garras crezcan a su largo; la columna vertebral truena al romperse para agregar otros tres discos; la parte de la barbilla me pica al momento de crecer; hay otros cambios que suceden tan rápido que no dan tiempo de percibirlos. La tierra vibra debajo de mis pies, pero no es como cuando Superman tiene mucha energía y su cuerpo la expulsa haciendo temblar los cimientos. No. Aquí es diferente. Es como cuando Goku comienza a pedirle energía al planeta y ésta se lo cede.

Las vibraciones son de la tierra hacia mí.

La energía se me está siendo dada.

He dejado el control.

La bestia me saluda y está sedienta de sangre.

Es una locura.

Hay un rugido que provoca el silencio y pausa en la batalla.

Te arrepentirás de haberme hecho enojar, perra —gruñe a través de mi boca el ser al que le he cedido el control.


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*sterek*is*real*

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Casi brinco de alegría cuando el mocoso me cedió la mente, pero un ser tan fino como yo no puede rebajarse a esas cosas. Además, tengo que patearle el culo a la zorra —sin ofender a todas las de mi especie— que se atreve a mirarme desafiante mientras termina de dormir al niño rubio que fue lagartija con un certero golpe en la boca del estómago.

Es una puta pidiendo palo, pero el palo que le voy a dar no la va dejar caminar por días. ¡que se muera mi Padre si no lo cumplo, carajo!

Estiro un poco el cuerpo, tanteando los músculos y la flexibilidad del humano. Hay que decir que el muchacho no está tan mal, y que puede lograr mejores resultados si dejara la flojera y se pusiera a entrenar con los demás.

En fin.

¡Basta de divagaciones! Tengo que deshacerme de esta pinche vieja para poder seguir con mis planes originales.

Te arrepentirás de haberme hecho enojar, perra —digo enojo fingido al tomar posición de ataque.

—Te haré comer tus palabras, niño estúpido —contesta y, al segundo siguiente, se lanza por mí.

—¡Stiles! —grita la banshee sin poder hacer nada más que ir tras sus compañeros de manada que están tirados por ahí.

Se preguntarán qué ha pasado con el alfa del humano, ¿verdad? Pues él baboso fue alcanzado en la garganta por las garras de Khali, ha perdido mucha sangre, pero se está sanando. Lo bueno que el humano ya no alcanzó a ver ese momento, porque no sé qué hubiera provocado en él y mi Padre me va castigaría por ello.

Regla número uno: induce la ira en tu adversario y haz que ataque primero.

Claro que mi comentario le molesto, ya que al ver al humano piensa que es una vil broma lo que está sucediendo ante sus ojos. Porque cómo tomar como verdad que un aura roja rodee al mocoso, que piedras y partículas de polvo leviten alrededor de él o que tenga una transformación beta un tanto peculiar. Bah, si es una hermosa ilusión la que está viendo la pendeja esa.

Porque yo soy bellísimo, aunque le pese.

Pongo verdadera atención a la pelea cuando ya la tengo a dos pasos de mí.

—¡Por mi Padre, ¿por qué son tan predecibles?! —grito indignado al atajar su pie con el antebrazo izquierdo. Sujeto el tobillo con la mano derecha, haciéndolo girar para que ella quede brincando en un pie y dándome la espalda. También aprovecho para torcerlo hacia arriba, dejándome ver las uñas asquerosas que se carga—. Maldita sea, mujer. Ahora entiendo por qué estás tan amargada, ¡nadie querría emparejarse con una mujer que tiene más largas las garras que el pene de su compañero! Qué puto asco, de verdad.

Segunda regla: no muestres preocupación en tus gestos faciales aunque te estén partiendo la madre. Eso los hace enojar y pierden enfoque.

Carcajeo un poco con el golpe que recibo después de lo que dije; la maldita va caminando a la fosa que tengo para ella. Recibo patada en un riñón, recibo puño en el hígado, dejo que se ilusione al partirme el labio… Sin embargo, me sigo carcajeando y diciéndole lo poca cosa que es.

—¡Ya cállate de una vez, maldito! —vocifera exasperada.

Y la entiendo, ya que consentí que golpeara con cierta libertad a mi portador. Ya sé que mi Padre me pidió que no lo lastimaran, pero no hay que temer, mi energía lo sanará. Cosa que la loba no sabe y ya se está dando cuenta de que hay algo realmente raro en todo esto. ¡Vaya! Se tardó casi media hora en captar que el humano sigue sin agitarse un poco tras los porrazos recibidos.

—Parece ser que la cachorrita no es tan feroz ni eficaz como tanto alardea ser, ¿cierto? —comienzo con voz burlona—. ¿Qué crees que pensará Deucalion cuando se entere que fuiste una buena para nada y que un simple humano te pudo derrotar?

Hay sorpresa en su mirar y puedo jurar que un escalofrío de terror la hace temblar.

—Yo te voy a derrotar, estúpido —gruñe con seriedad fingida—. Te llevaré ante Deucalion para que te mate con sus propias manos y se quedará con tu chispa. ¡Seguiré siendo su consentida!

—Obviaré la ofensa recibida al decirme chispa, pero no pasaré por alto el hecho de quererme matar cuando acabo de llegar. ¡Nos estamos divirtiendo! ¡Solo has jugado tú y así no se vale!

¡DEJA DE HABLAR IDIOTECES, ESCORIA HUMANA!

Tercera regla: si ya estás aburrido, ponle punto final al combate. Pero si estás enojado, agárrala a vergazos.

—Oh, no. Esta no te la perdono, me acabas de comparar con lo peor que hay en el mundo.

Corro hacia ella y, aunque paró el golpe con el muslo, el impacto fue horrible para ella: le rompí el hueso. Su grito es esplendido. Maravilloso. Al igual que los que surgen al doblarle los dedos de sus asquerosos pies o cuando le giro 360° el brazo y lo jalo hacia mí para desprenderlo. Asimismo, cuando le arranco uno a uno los dientes y le tomo del cuero cabelludo para extirparlo. De todos modos estaba muy maltratado de las puntas, le hacía falta un buen corte y se lo he dado.

Esos alaridos de dolor me recuerdan a cuando destripé vivos a los humanos que mataron a mis hermanos.

Paro la tortura al creer que ya es suficiente. Ha quedado claro el mensaje que quiero transmitir.

—Muy bien, querida. ¿Qué te parece si ahora le llevas lo que te acabo de redactar en el cuerpo a tu vigoroso alpha? —pregunto con jactancia y arrogancia.

—Hi-hi… jo de pe-rra —alega con dificultad desde el piso.

Camino despacio hacia ella —escondiendo algo detrás de mi espalda—, ya que está a uno metros de mí, para ponerme de cuclillas y observarla de cerca. Está hecha un desastre, y sonrío ante la imagen.

—Creo que no estás de condiciones de insultar —digo con calma. El coraje ya me ha abandonado—. Así que vas a ir Deucalion y le dirás que la manada Hale está más que preparada para hacerle frente a una basura como él.

¿En realidad? A esos niños les hace falta mucho entrenamiento, pero sé que el Deucalion no se arriesgará a pelear sin uno de sus alfa-betas. Y la recuperación de Khali les dará el tiempo suficiente para entrenarse un poco más.

—Vete al carajo.

—Al carajo te van a mandar a ti —contesto entre risas al ponerme de pie—. ¡Por cierto! —Le arrojo al pecho lo que traigo escondido—. Que no se te olvide tu brazo.



Me acerco con cuidado al rincón al que ha llevado la loba mutante a los demás. Caigo en la cuenta de que el moreno y el tierno están despiertos, ya que el primero tiene entre sus brazos a la rubia mientras le acaricia el rostro con ¿cariño? —hago un gesto de repulsión—, sí con eso; el segundo, me observa con asombro y cautela, tratando de quitar de mi vista a su alpha.

No me doy cuenta de que estoy examinando demasiado al muchacho hasta que escucho un carraspeo proveniente de la pelirroja.

—¿Qué? —cuestiono alzando una ceja. La voz que ha salido ha sido la de Stiles.

Hay un silencio sepulcral entre los cuatro.

—¿Quién eres?

Sabía que esa mocosa iba a ser un peligro para mí —¡malditos los que no dejan jugar a gusto! ¡Me refiero a ti, puto Deucalion!—, cuando ella viera con sus propios ojos lo que sucedía con el humano. Me rehúso a felicitarla por su perspicacia, no obstante, una mueca picara se forma en los belfos de mi contendor cuando le contesto como despedida:

—La peor pesadilla de Stiles —termino, desconectando mi mente del mencionado. Regresándole el control de su cuerpo.


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*sterek*is*real*

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Lo primero que escucho es que la manada respira cansada; lo segundo, es que puedo percibir algunos caídos que siguen respirando —lo cual es un alivio—; lo tercero, es que Derek sigue vivo; y lo cuarto, es la sangre que escurre por mis dedos y los pedazos de piel que siente entre las uñas junto a lo que parecen ser cabellos provocan un ataque de pánico fulminante. Hoy no pude decirle hola a la oscuridad.

Y ya estoy hasta la madre de los desmayos.