Resumen: Jiang Cheng ha hallado la entrada; no sale como espera.

Disclaimer: Mo Dao Zu Shi pertenece MXTX.

Notas al final.


Casus Belli

Sacrilegio

La mirada de preocupación que le otorga Lan Jingyi no pasa desapercibida para Lan Sizhui. Ambos están solos dentro del dormitorio de los discípulos. Lan Sizhui está con la espalda mirando hacia el techo de madera que les cubre y Lan Jingyi está a un costado, hincado en el suelo. Bajo sus muslos hay un cojín blanco. Sus manos yacen extendidas sobre su espalda desnuda, acariciando con sus dedos los surcos carmesíes que se dibujan sobre la piel nívea.

Ya no sangran, Lan Jingyi se ha encargado de eso.

Lan Sizhui emite un suave suspiro; Lan Jingyi frunce aún más el ceño.

—¿Por qué…? —aunque inquiere en voz baja, su modular es tenso. Lan Sizhui sabe que está enojado.

Su rostro gira un poco hacia la derecha, contemplando el rictus amargo de Lan Jingyi. Sus pardos oscuros brillan tenuemente. A Lan Sizhui le preocupa que Lan Jingyi esté silencioso. Por lo general, no es un buen augurio su mutismo.

Realmente está enojado.

Sin embargo, lo único que puede atinar a decir es un—: lo siento, Jingyi.

En ese momento la mirada asombrada de Lan Jingyi se posa, fugaz, sobre su semblante apesadumbrado. Pero se esfuma tan pronto como la esboza, dando paso a una mueca de incredulidad.

—¿Lo sientes? —masculla, soltando una risita incrédula—. ¡Te han dado treinta latigazos por mentir!

—Omitir información.

Lan Jingyi parpadea, y luego masculla en un hilo de voz—: ¿qué?

Gira poco a poco, colocándose de lado, con el torso frente a Lan Jingyi. Con su codo se apoya sobre la superficie de la cama de modo que la piel de su espalda no entre en contacto con esta.

—Omití información, Jingyi.

Abre la boca, sus cejas se fruncen en molesta sorpresa. Lan Jingyi es un libro abierto donde las emociones se pueden leer con dolorosa certeza. No oculta el latente sentimiento de traición.

—Y no me has dicho.

Lan Sizhui niega con la cabeza—. Me disculpo por eso. Pero pronto lo sabrás.

Tentativo, asiente, su ceño fruncido se desdibuja dando paso a una mueca de resignada aceptación. Sin embargo, parpadea al segundo como si de repente, a sus remembranzas, ha llegado un violento pensamiento.

—Espera —dice, alzando la palma de su mano derecha, como si con eso intentara detener un aluvión invisible de ideas—. ¿Jin Ling sabe tu secreto?

Lan Sizhui quiere reír, pero para evitar enojar a su amigo, no lo hace. Sin embargo, esboza una suave sonrisa y la mano que tiene libre va hacia el mechón rebelde presente en el semblante de Lan Jingyi. Lo acaricia con sus dedos, colocándolo tras su oreja, ampliando la sonrisa en el proceso.

—No lo sabe, estuvo inconsciente todo el tiempo.

Casi al instante una impetuosa sonrisa rompe el semblante de Lan Jingyi. Con sus manos atrapa la suya, entrelazándolas mientras se inclina hacia adelante con los ojos brillando en insano placer.

—Bien, si aún la princesa no sabe, entonces puedo esperar —luego de eso, se inclina un poco más hasta que sus narices casi se tocan. La diversión aún brilla en su semblante, olvidando rápidamente el motivo de su enojo anterior—. Dime, dime, ¿cómo lo encontraste?

Niega con la cabeza, divertido. Con cuidado, se incorpora. En el proceso Lan Jingyi suelta su mano y lo ayuda a sentarse al borde de la cama. Él se incorpora luego, buscando su túnica de interior para que el ojo ajeno no vea sus intimidades. Con cuidado ayuda a colocarle la túnica de seda evitando que la delicada tela toque la fragilidad que es en ese momento la piel de su espalda.

Justo cuando termina de amarrarse un nudo flojo a la altura de su cintura, alguien toca tres veces a la puerta. Lan Jingyi apenas se estaba sentando a su costado cuando el ruido de la entrada le detuvo a medio camino. Enfurruñado se incorpora, yendo en dirección a la puerta, deslizándola pronta para encontrarse del otro lado la efigie que pretende ser imponente del Joven Maestro, Jin Ling.

Rápidamente frunce el ceño, el buen humor evaporándose con pasmosa velocidad.

Sin embargo, Jin Ling no le da un segundo miramiento a Lan Jingyi. Ingresa dando tres zancadas largas, situándose frente a Lan Sizhui.

—¿Estás bien?

Tras ellos, Lan Jingyi bufa.

—No, no lo está, Joven Amante —Lan Jingyi se burla, de inmediato cruzándose de brazos a la altura de su torso, como si con ello quisiera reafirmar su autoridad.

Frunce el ceño, y abre la boca apero Lan Sizhui es más rápido.

—Jingyi… —comienza Lan Sizhui, dando un suspiro—. El Joven Maestro Jin no tuvo qué ver.

Crispado, Lan Jingyi exclama—: ¡claro que sí! De no haber sido por su incompetencia, no tuvieras la espalda lacerada.

Jin Ling no aguanta más y exclama también—. ¡Fue algo que no se previó!

Con un ademán desdeñoso, Lan Jingyi descarta su excusa.

—Asume las consecuencias de tus actos, pídele perdón.

Jin Ling aprieta los labios, tozudos. Lan Jingyi desde el umbral le frunce el ceño y Lan Sizhui se apresura a intervenir.

—No es necesario, por favor, dejen de pelear —pide, alzando sus manos, conciliador—. Jingyi, el Joven Maestro Jin no tuvo oportunidad de luchar con la bestia. En realidad, si no hubiera estado muerta para cuando la encontré, dudo que hubiera podido con ella.

Lan Jingyi no está de acuerdo, en realidad, abre la boca para seguir refutando, pero una mirada piadosa de Lan Sizhui lo hacen desistir. Sólo gira su rostro, contemplando fuera del recinto, intentando ignorar la presencia de Jin Ling.

Jin Ling ha estado extrañamente silencioso. Sus puños, siguen apretados a cada costado de su cuerpo ataviado en las túnicas ambarinas de su secta. A Lan Sizhui le gustaría poder sosegar el ambiente, pero no halla cómo, no sin desatar una batalla campal en el proceso. Lo mejor en ese caso sería preguntar a Jin Ling el motivo de su visita.

Esboza una sonrisa conciliadora y posa su mirada sobre el rictus adusto del Joven Maestro Jin.

—Joven Maestro Jin, ¿se encuentra mejor?

Parpadea, su mirada ámbar se posa sobre la suya y se contemplan en silencio. Asiente luego de unos segundos en un escueto cabeceo.

—Sí. Vine a las habitaciones de los discípulos en tu búsqueda para informarte que marcho a Yunmeng.

Es el turno de parpadear de Lan Sizhui. Si es sincero consigo mismo, no se espera tal accionar de su parte. Lan Sizhui llegó a considerar que Jin Ling quizás necesitaría respuestas a las incógnitas y siendo su personalidad tan explosiva, esperaba un acoso más activo de su parte. Le agrada la idea de mantener el secreto al menos el tiempo suficiente, pero, le llena de aprensión tan buena aceptación.

Asiente, porque en su poder no está retenerle.

—Espero que tenga un buen viaje, Joven Maestro Jin —dice, de corazón. Le otorga una reverencia y cuando sus ojos vuelven a conectar, Jin Ling le está observando como si esperara algo más.

Honestamente, no sabe qué. Tampoco es como si tuviera algo más para ofrecer. No cuando Lan Jingyi lo contempla desde el quicio, ansioso.

Luego de unos segundos, Jin Ling asiente, otorga una reverencia apenas profunda y sin mediar palabras se retira, ni siquiera despidiéndose de Lan Jingyi en el proceso.

Con un encogimiento de hombros Lan Jingyi cierra la puerta deslizándola rápidamente. Lan Sizhui lo contempla sentado en el borde de la cama, una mirada que intenta transmitirle cuánto le pesa el comportamiento esquivo de Jin Ling.

—Algo sucede con Jin Ling —dice luego de que Lan Jingyi camina en su dirección, pasando al fondo del recinto, por el borde, al final de la cama, yendo al escritorio de la esquina ubicado frente a la ventana cerrada. Lan Sizhui le sigue con la mirada, continuando—. Está extraño. Él hubiera preguntado por lo sucedido.

—¿Así como yo? —inquiere, de espaldas, rebuscando entre los diversos artilugios ubicados en el escritorio, un frasco de porcelana oscura. Si no fuera tan desordenado con las cosas en su mesa, ya hace tiempo lo hubiera conseguido. Pasa unos segundos hasta que encuentra el frasco, exclamando un grito en son de victoria. Se gira con el recipiente en mano, destapándolo. Pronto invade un olor medicinal concentrado. Es un ungüento que Wei WuXian les otorgó antes de desaparecer. Camina en dirección a la cama, sentándose en el borde del otro extremo con el frasco abierto en una mano y la otra haciendo aspavientos rápidos para que Lan Sizhui se acueste—. Sizhui, no hagas caso a los berrinches del Joven Amante. Seguro va a ir a llorarle a su tío y por eso no pensó en lo sucedido en la cueva. Vamos, vamos, acuéstate.

Lan Sizhui sonríe, y hace lo pedido.

—Qué haría yo sin ti, Jingyi.

Lan Jingyi responde, comenzando a desvestir su torso. La piel desnuda llena de cárdenos carmesíes furiosos pronto le saluda y con cuidado comienza a esparcir sobre el lienzo mancillando, el ungüento de color verde parido.

—Bueno, seguramente no podrías echarte el ungüento.


Ha perdido la noción del tiempo.

Recuerda haber ingresado por la entrada que antes funcionó como una fosa antigua a las faldas de la montaña, con un séquito de aproximadamente diez cultivadores. Los más destacados de su secta.

Ingresaron con los talismanes envueltos en llamas espirituales alumbrándoles el sendero en la opresiva oscuridad. La humedad siempre presente les dificultaba la respiración, una extraña y espesa neblina se estaba formando bajo sus pies, cubriéndoles hasta la mitad de sus articulaciones.

Un aire frío surcaba, creando un ominoso siseo protervo que crispaba los nervios. Y a pesar de que sus sentidos estaban en alerta máxima y su instinto le gritaba que retrocediera, su orgullo tan poderoso como su cultivo le dijo que avanzara en pos de averiguar cómo penetrar la morada del infame Wei WuXian.

Sin embargo, a medida que transcurría el tiempo, la Matriz Inhibidora de Energía Resentida estaba comenzando a perder su efecto y Jiang Cheng estuvo consciente en ese momento de que ni siquiera han cruzado la primera capa de la maldición que impide a los transeúntes vagar.

Al menos eso es lo que ha estudiado en una década.

Algo le dice, no obstante, que aquella dichosa maldición no es más que un simple encantamiento para distraer. Algo banal, pero efectivo.

—La Matriz está comenzando a fallar, preparen los talismanes para crear el sello y que la energía resentida no nos afecte —ordena, siendo el silencio la única respuesta.

Todo su cuerpo se tensa. Ahora que Jiang Cheng lo piensa con detenimiento, hacía mucho tiempo había dejado de escuchar los pasos del séquito en la parte trasera. Tan concentrado estuvo en hallar la entrada que no se molestó en comprobar el estado físico de sus cultivadores.

Frunce el ceño, gira con rapidez su cuerpo, desenvainado a Sandu en el proceso. Tras él, en aquel lóbrego túnel de tierra lo saluda la neblina perenne a sus pies, y la fría oscuridad.

Jiang Cheng no puede ver nada más allá de la negruzca opacidad presente en aquella asfixiante gruta.

Aprieta los labios y lanza un resoplido al aire.

La incompetencia de sus cultivadores lo enoja. Seguramente se asfixiaron con la energía resentida y colapsaron más atrás, dejándole el trabajo de hallar la entrada. Molesto, llega a la conclusión de que por mucho que desee saber la ubicación de sus cultivadores, no tiene tiempo, no cuando al parecer ha llegado tan lejos.

Resuelto a hallar la entrada, continúa caminando.

A medida que avanza, la oscuridad se torna más absorbente. La Matriz Inhibidora comienza a parpadear, su luz cárdena desvaneciéndose con cada paso que da, adentrándose más a la gruta. Jiang Cheng no se preocupa, aunque debería, pero no puede inquietarse, no cuando su resolución, su orgullo por hallar finalmente la guarida del infame Wei WuXian, puede más que todo sentir, toda advertencia que su cuerpo le advierte sobre su deleznable preparación en el área de la energía resentida.

Llega a un punto de la gruta donde de pronto un olor pútrido lo embarga, penetrando su nariz con violencia. Acostumbrado al aroma de la muerte, no debería afectarle, pero ciertamente lo hace.

Este olor a muerte es rancio, ácido. Trae consigo un aroma perenne a malicia demoníaca que le crispa los nervios. Es inevitable, se lleva la mano que no carga el talismán a la nariz en un vano intento por cubrir la zona inferior de su semblante austero.

Pero por más que camina, y aunque el olor se hace más penetrante con cada paso que da, nada puede hallar. No encuentra un cuerpo, algo que le indique la procedencia de esa proterva fragancia.

Jiang Cheng está comenzando a estresarse. No ayuda que la Matriz Inhibidora esté perdiendo fuerza, ahora la energía resentida se siente con mayor insistencia. El talismán en su mano crepita, moribundo y no está seguro de poder encender otro en un futuro cercano.

Justo en ese punto de su vida tiene dos opciones. Continuar y no saber qué será de él; salir y tratar de hallar a sus cultivadores.

No tiene oportunidad de pensar porque pronto algo responde por él: del piso de tierra y las paredes húmedas comienza a emanar pequeñas linternas de color verdes luminiscentes. Son pequeñas motas de luz que brillan, pertinaces, como luciérnagas en la oscuridad eterna. Jiang Cheng se aleja dando un salto hacia atrasa con Sandu alzada en posición de combate.

Las linternas bailotean, adentrándose en la oscuridad.

Jiang Cheng no quiere tocarlas sin saber qué clase de peligro correrá. Es paranoico.

Sin embargo, las sigue contemplando. Son pocas linternas. A lo sumo son diez motas de luz verdes que se bambolean en el aire, danzando sin coordinación. Giran y giran, adentrándose aún más en la gruta. Si Jiang Cheng es honesto consigo mismo, la curiosidad ha comenzado a mellar. Un parte oscura e irracional le susurra que quizás las respuestas a sus inquieres las conseguirá si sigue a aquellas linternas.

Su rictus está cerrado, lleno de severidad. Sandu sigue erguida, protegiéndolo de todo daño. El talismán en su mano sigue crepitando y la Matriz Inhibidora da sus últimos suspiros parpadeantes.

Jiang Cheng ha decidido continuar caminando.

Pero apenas da un paso en dirección a las linternas, estas se agitan, bambolean con más insistencia. Jiang Cheng se congela, preparándose para lo inevitable. Sin embargo, no cuenta con que lo inevitable es algo sumamente ineludible.

Se materializa en la forma de su más cruenta ira.

—¡Hanguang-Jun! —exclama en ese momento una voz amortiguada e impersonal.

Jiang Cheng frunce el ceño y con los últimos fulgores de su energía espiritual imbuye más fuego espiritual al talismán, encendiendo la cueva, llenándola de luz.

La efigie que pronto se esboza frente a él lo enmudece.

Sus ojos se abren, el cárdeno de su mirada crepita en violencia.

La figura frente a él cesa sus movimientos. Su mirada inexpresiva no le indica algo, pero su boca apenas abierta le ha dicho todo lo que necesita saber. Más, ese título pronunciado anteriormente.

—Ah… —Wen Ning, mejor conocido como el General Fantasma, lanza un quejido que debería sonar asombrado.

A Jiang Cheng lo ciega la ira. Sus cárdenos destellan, sublimando odio cruento. Hay un pitido en sus oídos que no le deja escuchar más allá de los latidos rápidos que tamborean en su torso, tornándolo doloroso.

Hay un grito, no sabe quién lo emitió. En realidad, Jiang Cheng no es consciente de que él es quien lo vocifera debido al odio que nubla su juicio. El talismán queda olvidado, la Matriz Inhibidora se desvanece y la energía resentida en el aire es un aliciente perfecto que insta a los cuerpos endebles a llenarse de resentimiento.

Colérico, saca a Zidian. Su látigo destella furia violeta pero sus fugaces destellos mueren, y el látigo desaparece. Incrédulo, contempla su mano vacía, el anillo se siente frío en su dedo. No comprende por qué, no entiende cómo Zidian ha desaparecido y eso no ayuda a que la ira merme, en realidad la enaltece, tornándola en un huracán de odio e inquina.

Vocifera otro grito y lanza la primera estocada mortal con Sandu, buscando decapitar al cadáver reanimado. Pero Wen Ning se mueve con rapidez, apartándose de sus golpes letales, echándose hacia atrás en pequeños saltos que Jiang Cheng logra cubrir debido a sus pies ágiles.

—¡Líder de secta Jiang, por favor deténgase! —con la voz amortiguada, Wen Ning exclama.

Pero Jiang Cheng no puede responder, ni siquiera hacer uso de la parte racional de su mente. La ira que lo ofusca es pesada, cubre sus reminiscencias con una neblina de odio y desesperación que sólo logra calmarse gracias a las rápidas estocadas que otorga con Sandu en un vano intento iracundo por asestarle a su flanco más débil.

Ha continuado moviéndose a lo largo de la cueva. Jiang Cheng dando espadazos con Sandu y Wen Ning esquivando los golpes de la espalda, saltando.

—Por favor, deténgase, si continúa entrando sufrirá una desviación de qi.

Las linternas verdes se han quedado atrás, revoloteando. La oscuridad es perenne, pero Jiang Cheng no necesita ver más allá del objetivo a su frente. Sólo continúa intentado acertar un golpe mortal. En medio de aquellos desesperados movimientos, de su bruma de odio, tras Wen Ning pronto se comienza a entrever una luz cegadora en la distancia.

Jiang Cheng se detiene, parpadea y la resolución lo golpea repentinamente. Sus cárdenos austeros brillan. Una sonrisa torcida arruga sus facciones en una mueca feroz.

—Así que por eso me querías correr, ¿eh? —masculla, el odio se ha transformado en cinismo.

Más motivado, reanuda los movimientos feroces de su espada. Extiende su brazo, y salta, girando en el aire, convirtiéndose en una ráfaga de peligrosas cuchillas. Wen Ning continúa asiéndose hacia atrás, gritando que por favor se detenga o lamentará su decisión. Eso sólo insta a Jiang Cheng a continuar, acercándose aún más hacia la entrada de aquel lugar.

La luz cegadora le irrita los ojos con fuerza y finalmente, llega. Pero la luz encandiladora es tanta que inhibe su visión por completo.

Pronto, hay un rumor que se convierte en un estruendo. Jiang Cheng se cubre los ojos con la manga de su túnica e intenta contemplar lo que hay a su alrededor. Sandu se mantiene erguida y en su caminar, no se percata que ha llegado a ese punto donde la luz no le deja ver nada más que una mancha difusa a su frente.

—Líder de la secta Yunmeng, ¡retroceda!

Pero Jiang Cheng no escucha. Ahora el estruendo es poderoso. Del suelo, un viento comienza a emerger de la superficie, levantando con fuerza las túnicas, meciendo sus cabellos con violencia, soltando el intrincado nudo de su secta. Debido a la potente ráfaga, Sandu sale lanzada, elevándose; Jiang Cheng intenta cogerla, pero es tarde.

De pronto, unos movimientos se atienden a su frente. Jiang Cheng escucha el grito de una mujer.

—¡Qué sucede!

—¡Hermana, ha entrado! —esa es la voz de Wen Ning. Jiang Cheng desesperadamente intenta caminar en dirección a las voces, hallándose en medio de aquella luminosidad dos figuras frente a él.

Jiang Cheng parpadea, las lágrimas nublan su visión y los ojos comienzan a arderle. Pero en medio de eso, Jiang Cheng logra divisar las túnicas de la secta Qishan Wen ondeando violentamente al son de aquel viento potente.

Abre la boca, un rictus de amarga sorpresa empaña su mirada cuando Jiang Cheng conecta sus ojos con los de la infame Wen Qing. Ella le regala una sonrisa torcida antes de murmurar.

—Hasta aquí llegarás, líder de secta Yunmeng Jiang.

Luego de eso, alza sus manos y ejecuta un sello intrincado con esta a una velocidad que no pudo dilucidar.

—¡Expulsa!

Luego de eso, un rugido atronador se deja entrever y con la misma velocidad que Wen Qing vocifera el encantamiento, Jiang Cheng es disparado hacia el cielo a una rapidez inhumana. A lo lejos, distingue la silueta de los hermanos perdiéndose velozmente.

A medida que asciende, el oxígeno va perdiéndose. Jiang Cheng sólo logra murmurar una resentida maldición antes de que la oscuridad lo embargue.


—Ha transcurrido una semana y la concepción espiritual de Patriarca Yiling fue un éxito —murmura el Anciano líder, alzando la taza de humeante té medicinal a la altura de su rostro, brindando por el cometido.

La persona frente a él es mucho más casual y desgarbada. No le interesan esos vanos ademanes. El Anciano líder desciende la taza y procede a beberla en silencio.

—He cumplido mi parte, ¿dónde está mi paga, Anciano?

Lentamente, coloca la taza sobre la superficie de madera y posa sus oscuras orbes sobre la sonrisa torcida que le regala aquel semblante juvenil lleno de oscuras intenciones.

—Con la destrucción del Sello del Tigre Estigio, será difícil crear uno desde cero. No tengo tiempo para sacrificar tantas vidas humanas —responde, dando un desdeñoso aspaviento con su mano derecha—. Además, no hará falta, no cuando tengamos en nuestro poder la llave al mundo demoníaco.

—Querrás decir: "tu poder, Anciano".

El Anciano líder le regala una mirada condescendiente que no se molesta en ocultar del todo.

—También tendrás tu parte —dice, conmiserativo—. ¿Cómo va eso?

La persona a su frente abre las piernas, relajándose en su asiento. En su mano derecha hay una daga afilada que oscila entre sus dedos con pericia.

—El equilibrio se ha roto. Al matar a la deidad quebrantaste las leyes y ahora uno de los guardianes que mantenía el mundo demoníaco a raya ha muerto, con ello trayendo más inestabilidad a la región de Qinghe, ¿no es encantador? —dice, sonriendo, mostrando todos sus dientes en una mueca siniestra—. Tendremos a un montón de demonios aterrorizando muy pronto.

El Anciano líder sonríe, compartiendo su entusiasmo.

—Debes proteger la falla en Qinghe. No deben percatarse que ha comenzado a fluctuar energía espiritual negativa.

Xue Yang asiente, la sonrisa se quebranta en una mueca torcida y la daga en sus dedos pronto pasa su mano, clavándola pronto con fuerza sobre la superficie de la mesa. El Anciano líder parpadea con pesadumbre.

—Has dañado la mesa, Xue Yang —acota innecesariamente.

Pero Xue Yang no le presta atención. Está hincado, con el rostro oculto mirando la mesa. Sus manos tiemblan y la daga se hinca con más fuerza en la superficie de esta.

—No puedo esperar a ver el desastre que se armará —susurra con la excitación a flote. El Anciano líder suspira.

Sin embargo, no tiene oportunidad de acotar algo al respecto porque la puerta pronto se abre, deslizándose con estrépito. La figura de otro anciano se esboza. Su rostro está envuelto en una expresión de alarmada sorpresa.

—¡Wei WuXian escapó!

El Anciano líder parpadea, su ceño se frunce pronto y Xue Yang frente a él se alza. La locura en sus ojos cava en su semblante. La sonrisa torcida transforma su rictus en uno psicótico.

—¡Déjame cazarlo! Te lo traeré así tenga que cortarle las extremidades. Así aprovecho y desahogo esta energía con él. ¿Crees que pueda hacerle un niño? ¿Te imaginas a un pequeño Xue Yang corriendo por ahí? —balbucea incoherencias, inclinándose hacia adelante. La mano que sostiene la daga ha comenzado a moverse con insistencia, haciendo un hoyo más grande con esta.

El Anciano líder suspira. Tener a un Xue Yang es suficiente. Dos, no. Lo volvería loco.

—No lo puedes cazar. El Patriarca Yiling está haciendo justo lo que necesito.

Xue Yang frunce el ceño. Saca la daga con fuerza y acaricia su mentón con la punta de la hoja.

—¿De qué sirve estar aquí si no puedo tocar al último Wen o divertirme un rato con Wei WuXian? ¿No estás siendo egoísta, Anciano? Te estás quedando con todos los juguetes y me estoy aburriendo, me aburro mucho, Anciano.

Niega con la cabeza, alza la mano y detiene su retahíla.

—Hicimos un trato. En el mundo demoníaco encontrarás el alma de aquel a quien buscas; a cambio obtengo tu lealtad absoluta. Eso incluye no tocar a mis especímenes.

Xue Yang le muestra sus dientes en una mueca feroz. Pero no acota algo al respecto. Se incorpora pronto, y camina hacia el anciano situado nervioso en el quicio de la puerta. El Anciano líder contempla cómo Xue Yang se lanza hacia él con una sonrisa enloquecida, clavando la daga en el torso repetidas veces. Un gorgoteo sorprendido resuena en el aire, la sangre sale expulsada de su boca en un expelido abrupto.

El Anciano líder ve cómo asesinan a una parte de él sin sentir el más mínimo sentimiento de ira molestia o diversión. Xue Yang se ha situado a horcajadas sobre el cuerpo ahora vacío de aquel anciano, y continúa enterrando la daga en su pecho con fuerza. Transcurre un tiempo prolongado cuando lo escucha jadear, riéndose. Se gira contemplándole de soslayo, la sangre ha salpicado, manchando su rostro enloquecido.

Sólo cuando se sacia, él deja de apuñalar aquel cuerpo ahora en medio del pasillo y su estudio.

Cuando se incorpora, el Anciano líder ve cómo tiene todo el rostro y el torso lleno de sangre, pero hay una mirada satisfecha empañando su mirada. El Anciano líder está seguro que probablemente eyaculó.

Burlonamente, Xue Yang le otorga una reverencia.

—Me voy, Anciano. Te dejo un regalo —con eso dicho se marcha, dejando el cuerpo situado en el suelo. La sangre comienza a manar con ímpetu, manchando el piso de madera.

El Anciano líder suspira, pensando en qué hará ahora con aquel cuerpo inservible.

La única ventaja de toda esta situación, es lo pronto que llegará a su objetivo.


Notas: este fic entrará en hiatus por un tiempo corto. Me voy a tomar el tiempo de editarlo, agregar una que otras escenas que originalmente tenía en mente. Editaré los tags en el transcurso de la edición porque la pareja principal es WangXian y durante el prólogo fue dejada de lado. Eso va a cambiar. Por mucho que mi OTP sea el XiYao el fic hablará sobre esta pareja.

Aunque la ship secundaria todavía no la decido, una parte de mí quiere que sea XiYao, pero también me gusta el ChengYao y considero seriamente que la segunda tiene potencial debido a la animadversión y a eventos futuros que escribiré. No lo sé. Aviso de antemano por si gustan dejar de leer. Ah sí, la otra pareja potencial podría ser ChengQing, o ChengSang. La única que sí será segura en mi lista aparte del WangXian es el ZhuiYi.

Por el momento eso es todo. Disculpen de antemano la tardanza y espero que, si tienen alguna sugerencia, me la digan. Gracias por leerme.