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Los personajes no me pertenecen, ellos son de la autoría de la grandiosa Rumiko Takahashi, esta historia es creada con el fin de entretener.

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Shinnosuke después de escuchar el grito de Ranma, corrió hacia ellos. Akane estaba entre los brazos de pelinegro, desmayada y perdiendo sangre de la cabeza, mientras que a un costado se encontraba Kasumi intentando hacer algo con las heridas del hombre que yacía lastimado por Akane. Rápidamente el policía tomó su celular, llamó a la ambulancia y también a sus compañeros.

Los policías registraban el lugar con sus linternas. En el piso habían algunas marcas de sangre que dibujaban un camino hasta que se perdían entre la tierra, sin duda alguna, esa sangre le pertenecía a Toma. Quien mal herido había escapado. La ambulancia rápidamente apareció y subió a las hermanas y al hombre mal herido dentro. Cuando llegaron al parqueo del hospital, Ranma fue más rápido, que con su auto había llegado antes. Abrió la puerta de la ambulancia y bajó a la peliazul en sus brazos.

Las personas lo veía extraño. Al hombre le valía dos cominos lo que los demás estén pensando, mucho menos hacía caso de lo que indicaban los paramédicos. En sus brazos cargaba a la mujer de su vida, intentando llegar a tiempo a emergencias. Hace mucho que ella no reaccionaba y su respiración cada vez se hacía más pausada. Detrás de él venía la hermana mayor de las Tendo, quien tendida sobre la camilla, recibía los tratamientos de los paramédicos. Llamaba al hombre para que dejase a su hermana ser atendida por los expertos pero él era más rápido. En dos pasos más, el artista marcial ya estaba dentro del hospital.

- ¡Qué alguien la atienda! ¡Es una emergencia! – Gritaba desesperando hacia todos los lados, mientras que la mujer que yacía desmayada entre sus brazos, y sus cortos cabellos se batían en el aire - ¡Ayúdenla! – hace mucho que comenzó a gritar, estaba a punto de perder todos los estribos ¡al demonio la calma que construyó con el entrenamiento! Tenerla prácticamente fría en sus brazos hacía que pierda toda cordura. No espero respuesta que él mismo ingresó a un consultorio y la acostó en la camilla.

- Ranma – kun, no deberías hacer ello, no está bien – trataba de hacer entender, la dulce Kasumi.

- ¡No hay tiempo Kasumi! Ella está cada vez más débil y tú también, estás herida.

- Lo sé Ranma, pero debemos ser conscientes que hay más pacientes – los paramédicos la habían dejado en un cubículo para que sea atendida por el médico en turno.

- No me importa, lo único que me importa ahora mismo es atender a Akane – Kasumi lentamente se levantó de donde se encontraba y fue hasta donde el joven.

- Ranma, se nota que quieres mucho a mi hermana. Te lo digo por experiencia propia. Cuando perdí mi poder también tuve los mismos síntomas, ella se pondrá bien con un poco de descanso, lo que debemos hacer ahora es curar sus heridas.

- Ya entiendo… pero es que me siento tan… si sólo yo hubiese llegado antes, nada de este hubiese ocurrido – decía mientras veía el rostro de Akane.

- No hubieras podido, no porque seas débil, no lo eres en absoluto, lo digo porque Akane fue capaz de levantar un ascensor solo… sólo para salvarme. En todo caso, la que debería sentirse mal, debería ser yo. Ella arriesgó todo por mí.

- ¿Un asensor? Somos un desastre ¿verdad? – Se tocó la frente, mientras negaba con la cabeza – no somos lo suficientemente útiles para ella.

- Ranma – kun, ahora ella será como cualquier mujer, con fuerza normal, ya no podrá levantar grandes cosas, ya no podrá ayudar a los demás con su fuerza, ahora ella necesitará de alguien y ese eres tú.

- Entiendo, gracias Kasumi – no quiso agregar más, el médico en turno llegó y atendió a la pequeña Tendo y a la mayor. Tenían heridas que con un poco de cuidado se recuperarían pronto.

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Los días pasaron y ambas mujeres fueron dadas de alta.

Akane veía su reflejo en el espejo, pasaba suavemente sus dedos sobre la cicatriz que tenía en la frente, era pequeña pero se sentía tan raro tener alguna marca sobre su piel, era tan extraño sentir dolor. Cuando despertó en el hospital lo primero que vio fueron los ojos azules de Ranma, quien la miraba preocupado hasta la médula.

Flash back.

- ¿Akane? ¿Te sientes bien, quieres que llame al médico?

- No es necesario Ranma y ¿Kasumi? – el hombre no pudo suprimir una sonrisa.

- Eres incorregible, siempre preocupándote más por otros que por ti. Tu papá está afuera y Kasumi está en otra habitación ¿quieres que lo haga pasar?

- Espera – lo tomó de la manga de su camisa y lo haló hacia ella. Ranma por poco y cae sobre ella, movimiento que ella aprovechó para tomarlo de la solapa, pegando sus labios con los de él, dejándolo totalmente en shock – esto es en agradecimiento y ahora, ve, avísale a mi papá.

El trenzado sólo movió la cabeza en manera de confirmación y de forma robótica salió de la habitación – su-suegro – se dio un golpe en la frente – quise decir, señor Tendo, Akane despertó, está esperando por usted.

- ¡Mi bebé! Y tú – lo miró de manera desdeñosa – no te hagas ilusiones con mi hijita, primero debes demostrar que eres el indicado.

- Si-sí, señor.

Soun Tendo entró como poseído a la habitación. Abrazando a su querida hija. Cuando la peliazul nombró a Ranma, el hombre mayor se transformó en un ogro azul, echando la culpa al trenzado. Kasumi felizmente había hecho reaccionar a su padre y le contó la verdadera historia. Más tarde llegó la policía para tomar las declaraciones como también para informar que el sospechoso se había dado a la fuga. Inmediatamente se prosiguió a tomar medidas más drásticas, las Tendo volverían a su hogar, el cual sería resguardado por cinco policías mientras que por toda la ciudad se repartían volantes con el rostro del secuestrador. Ranma y Akane no volvieron a cruzar palabra.

Flash back end.

- ¿Habré actuado de la mejor forma? Al fin y al cabo sólo rocé mis labios a los de él ¿creerá que me aproveché de la situación? – Rozó sus labios con la yemas de los dedos, como si estuviese recordando la textura de los labios masculinos – quisiera verlo, quisiera poder abrazarlo.

Fue hasta la cocina, tomó algunas manzanas y zanahorias las lavó correctamente, para luego exprimirlas con sus manos sobre un vaso pero nada pasaba, los frutos no se aplastaban, por más fuerza que aplicaba, nada pasaba, se estaba acalorando por la presión que ejercía pero los productos no cedían.

- ¿Akane-chan? Deja eso, ven – llamó la mayor de las Tendo – si quieres un jugo, sólo debes cortar la fruta y verdura, colocarlo dentro de la licuadora y listo, podrás tomar lo mismo.

- Kasumi, yo… me siento tan rara – la frustración en sus ojos se hizo presente – no me arrepiento de lo que hice, haría cualquier cosa por mi familia pero el hecho de perder mi fuerza me hace sentir tan extraña.

- Hermanita, si quieres un consejo sólo debes de pedirlo. Cuando yo perdí mi fuerza pues también sentí el mismo vacío que tú pero para poder suplirlo sólo tuve que acostumbrarme a mi nueva "vida" haciendo ejercicios de fuerza – posó un dedo sobre el pecho de su hermana – tú tienes el corazón de una artista marcial, por no decir el corazón de quien más.

- ¡Kasumi! – reprendió la peliazul – gracias por tu consejo, creo que tienes razón, debería enfocarme en mi nuevo yo, a pesar de que ya no tenga poder, aún les tengo a ustedes – abrazó con toda la fuerza que podía a su hermana – felizmente te tengo de vuelta en casa.

- ¡Vaya, no me llaman para el abrazo grupal!

- Vengan Nabiki, que también hay espacio para ti.

- Sólo un ratito que no me gusta mucho estas cosas.

- Si claro, cómo tú digas. Ya sabemos que tienes alergia a los humanos – respondió con burla la mayor.

- Parece que alguien tiene la lengua afilada estos días.

Las tres rieron, por fin estaban todas juntas, en casa y a salvo, junto con su padre.

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- ¿Hay algún informe sobre Toma? – estos últimos días había estado ocupado hasta el cuello con el caso de su amiga de la infancia, además que se reportaban cada dos por tres casos menores de delincuencia, algo muy raro en un país desarrollado como lo es Japón.

- No hay nada, Shinnosuke. Pero siguen llegando casos de vandalismo o robos con armas blancas. Sospecho que el tal Toma tiene algo que ver.

El hombre de coleta bufó cansado, ya no sabía por dónde ir. Los panfletos pegados en los paraderos de buses no estaban dando resultados. Tal vez si aumentaban el radio de investigación, podrían obtener mejores resultados – ahora mismo impriman más panfletos y quiero que los repartan en todas las farmacias ya sean grandes o pequeñas, como también en los veinticuatro horas. Ese tipo está herido y obviamente tendrá hambre, estoy seguro que así lo atraparemos.

- Cómo usted ordene, ahora mismo voy a imprimir y a repartirlos.

- De esta no te escapas, Toma.

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- ¡Maldición! Esta herida se volvió a abrir ¡maldito Ranma! Te atreviste a golpearme en el mismo lado que Akane me hirió – dio un grito de dolor mientras despegaba las gasas de la herida, arrancando un poco de piel muerta - ¡AH! ¡Cómo duele! Me lo van a pagar, los dos. Conocerán el verdadero dolor.

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Los días pasaban volando que ya el día siguiente se vencía su licencia de descanso. Nuevamente tendría que reincorporarse al Dojo Jusenkyo. Al menos en este tiempo, había aprovechado en practicar un poco de artes marciales con su padre.

Si antes Soun Tendo era un llorón y se preocupada hasta más no poder por sus hijas, ahora que las tres no tenían fuerza no las dejaba ni a luz ni sombra. Entrenó a Akane en todo lo que pudo. Felizmente la muchacha aprendía muy rápido, al menos así se podría defender de cualquier faltoso.

La joven de ojos avellanas bostezó sonoramente, estirando sus extremidades. Ahora tenía dolor muscular por el ejercicio realizado, tal vez mañana podría practicar un poco más con Ranma en su Dojo.

- ¡Ranma! ¡Mañana veré a Ranma! ¡Dios! Y ahora que le digo, le saludo normal. El muy ingrato ni siquiera vino a verme en estos días – hizo un puchero como si fuese una niña – tal vez él siente vergüenza de verme por el "beso" que le di. ¡Vaya! ¡Tonterías! Él dijo que yo le gustaba y pues a mí… a mí no me es indiferente – con ese último pensamiento se fue a meter en su cama, cayendo en un reparador sueño.

Eran como las dos de la madrugada. El sonido casi imperceptible de la ventana abrirse irrumpió en la habitación de la peliazul. Primero, despejó el área que se trababa del escritorio, estaba lleno de libros a saber de qué época, puso el primer pie, luego el otro y zas ya se encontraba dentro, cerró la ventana con cuidado de no despertar a la mujer que descansaba.

Se acercó hasta ella y depositó un cálido beso sobre su frente.

- Akane, sólo espero que no despiertes en este momento. Lo dudo, he venido todos los días desde que te quedas aquí, sólo y únicamente para verte. Pero esta es la única forma en que puedo verte sin necesidad de ponerme nervioso ¡vaya, parece que cuando estás dormida puedo decir todo esto! No tengo remedio – posó su mano sobre el cabello de ella, acariciándolo suavemente – mañana nos vemos, Akane – susurró en el oído de ella. Tal vez en su interior deseaba que ella escuchase su llamado. Salió de la misma forma, sigilosamente.

La alarma sonaba horrorosamente desde su cabecera. Hoy tenía que ir a trabajar. Lo único que quería era seguir durmiendo y continuar soñando con Ranma. Había sigo algo tan vivido, Ranma acercándose hasta su oído para susurrarle su nombre. Se abrazó a su misma, porque de sólo recordarlo hacía que su piel se erizara. Se duchó y cambió rápidamente para luego bajar a desayunar. Kasumi ya le esperaba con los alimentos servidos.

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- ¡Cómo es posible que no me hayas dicho! ¡La bella niña de caderas grandes estuvo mal! ¡Eres un hijo ingrato! – gritaba la señora Saotome del otro lado de la línea. Ranma intentaba inútilmente hablar, pero nada la hacía callar – ella, ella posiblemente sea mi futura nuera y tú ni siquiera me avisas ¡quiero que mañana la lleves a la empresa de tu padre!

- Pero mamá, ella recién hoy va a reintegrarse ¿cómo la voy a importunar con ello?

- ¿¡Importunar!? ¿A caso somos un problema?

- No, no mamá, no lo tomes de ese modo. ¡AH! Ya listo, mejor hoy le digo y todos felices ¿está bien?

- Perfecto, ese es mi hijo… tengo un pequeño regalo para ella.

- Mamá, no por favor – Ranma ya presentía lo que su madre trataba de hacer.

- Aburrido – colgó la llamada.

- ¿Por qué me rodea gente rara? – Decía mientras veía como pasaba Gosunkugi con un muñeco vudú en sus manos y una velas sobre su cabeza - ¡¿Se puede saber que haces Gosunkugi?!

- ¡Oh jefe! Bu-bueno, yo sólo estaba eliminando malos espíritus del Dojo, ya que hoy vuelve la señorita Tendo a trabajar.

- Sí, sí claro – movió la mano como si ahuyentara algo – sólo deja de esparcir tanto humo por aquí o si no – muy tarde, la alarma de incendios se activó, mojando a todos en el pasillo – ¡Mira lo que ocasionaste! ¡Akane está por llegar y tú has creado todo un desastre! – Se tocó la sien, un tanto cansado – ahora mismo vas a buscar al señor Kurama, dile que lo necesito en una hora en mi oficina, así que tienes una hora para ir por ropa a mi departamento, no puedo ir mojado por el Dojo. ¡Y no te olvides de desactivar esta cosa!

El hombre solo se encogió de hombros, acatando las órdenes que daba su jefe.

- ¡Y que sea la última vez que prendes una vela en este lugar!

- Sí, jefe.

- ¿Pero, qué pasó aquí? – la voz de la peliazul irrumpió en el lugar.

- Señorita Tendo, es grato para mí verla después de un largo tiempo. Pero ahora mismo debo volver a mis labores, si me disculpa – haciendo una reverencia se retiró del lugar, con la ropa pegada a su delgado cuerpo.

- Parece que no le dio tanto gusto verme nuevamente – la mujer buscaba la mirada de Ranma pero este sólo intentaba apartarla – ¿te sucede algo?

- ¿A-a mí? ¡Qué me puede pasar! ¡Sólo… sólo estoy muy feliz queestésaquí… - lo dijo tan rápido que Akane no pudo entenderlo.

- ¿Perdón? No entendí nada.

- Va, ¡boba! No lo volveré a repetir.

- ¡Qué infantil eres! Pensé que me recibirías… – sintió como el hombre la jalaba hacia ella, envolviéndola en un protector abrazo, mojando sus ropas.

- Estoy feliz de que estés nuevamente a mi lado.

- Me estoy mojando por tu culpa pero he de decir que no me importa, en absoluto.

- ¡Já! Y nadie apaga esta cosa ¡lo pueden apagar, aquí no hay ningún incendio! ¡Gosunkugi!

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Sentado sobre su escritorio leía algunos documentos mientras que la peliazul veía algunas revistas de artes marciales. Aun recordaban lo que había pasado hace una hora. Su llegada había sido el momento del año. Los compañeros de trabajo se acercaron hasta ella para desearle buena salud, bueno, en realidad los hombres le deseaban buena salud, mientras que Ranma arañaba las paredes de los celos que sentía al ver a su "novia" rodeada de otros hombres inferiores a él. Por otro lado, las mujeres, con una sonrisa falsa y palabras rebuscadas intentaban desearle lo mejor, cuestión que no pasó desapercibida por la mujer de ojos avellanas, ya que a todas las colaborados del Dojo se les caía la baba por el guapo artista marcial, sin siquiera disimularlo.

Felizmente todo había acabado y cada quien ya se encontraba en sus respectivas labores, Ranma ya se había cambiado y Akane tenía otra ropa puesta. El pobre flacucho tuvo que ir hasta la casa Tendo para traer algunas prendas para ella.

Estaban tan entretenidos en lo que hacían que ni cuenta se habían dado del ruido que había afuera. Un hombre un tanto estrambótico tocaba la puerta de la oficina de Ranma. Interrumpiendo la paz de los jóvenes.

- ¡Vaya, parece que al fin llegó Kurama!

- ¿Kurama? No me digas que es ESE Kurama – Ranma afirmó con la cabeza, sonriendo engreído al ver los ojos brillantes de la mujer.

- Sí, de ese Kurama estamos hablando, el mejor artista marcial de su época.

- No puede ser ¡al fin podré trabajar en ello!

- ¡Claro! Yo, el gran Ranma Saotome, nunca falla en una promesa.

- Ya, ya basta, deja de parlotear y dile que entre.

Hay veces que es mejor no conocer a tu ídolo, a veces mejor seguir soñando en que es la mejor persona del mundo y soñar en que en algún momento tomarás su mano y serás inmensamente feliz.

Aquel hombre, con títulos mundiales en vale todo, aquel que no temía a nadie. Entró a la oficina como si se tratara de una linda florecita. Masticando un chicle y ataviado en una malla un tanto ajustada para ser el personaje que se jactaba ser.

- Joven Saotome ¿me mandó a llamar? – el hombre ni bien entró, su vista viajó hacia la mujer que estaba al lado de su jefe, mirándola desde abajo hacia arriba, haciendo un gesto de disgusto y hasta asco – y esta ¿quién es?

- Esta tiene nombre, es la señorita Tendo Akane, a partir de ahora ella será tu ayudante en las clases del Dojo.

El rostro del tal Kurama se extendía hasta el suelo, haciendo que caiga hacia el suelo su goma de mascar, del mismo modo, Akane sentía como un caminito helado se habría paso por su columna vertebral, síntoma inequívoco de problemas.

- ¿¡Qui-quiere que trabaje con ella!? ¡No! ¡Usted está equivocado! Sabe muy bien que yo no trabajo con mujeres – reclamó.

- Kurama… ¿quién es el jefe aquí? – Ranma ya estaba perdiendo su paciencia pero era necesario que Akane trabaje con él, sin duda ella aprendería mucho.

- U-usted.

- Si lo sabes ¿entonces para qué reclamas? Sólo te estoy informando que ella trabajará contigo, no te estoy pidiendo permiso.

- En-entiendo, pero – cual poseído volteó a verla nuevamente – ni creas niñita que te la pondré fácil.

- No se preocupe ¿señor?

- Señorito – corrigió.

- Disculpe, señorito. No le daré problemas – ella quería seguir picando el buche al hombre pero Ranma la interrumpió.

- No te preocupes Kurama, que si tú te atreves a hacerle algo, no creo que pase desapercibido por mis puños ¿verdad?

- No te olvides que también soy un artista marcial y tengo honor.

- Bien, eso es lo que necesitabas saber. Ahora sí, acompaña a la señorita Akane hasta su nuevo lugar de trabajo.

El señor indicó a la peliazul hasta la salida pero al ver que ella no lo seguía, se recargó sobre el umbral de la puerta, extendiendo los brazos – señorita Tendo ¿qué espera? – a los dos jóvenes les resbaló una gota de sudor. Todo esto era tan extraño.

¿Acaso el tal Kurama estaba enamorado de Ranma?

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Llevaba medio día trabajando al lado de su superior y en lo único que pensaba era en que sea la hora de la comida ¡el tipo era realmente insoportable! No la había dejado libre durante todo el tiempo. Ordenando cosas tontas e innecesarias, si esto seguía así se quejaría con Ranma. Lo único que él le había permitido, era cambiar su ropa por un Gi, pero nada más. Vaya fiasco de trabajo.

El reloj marcaban las 12, al fin podría ir a comer.

Tomó sus pertenencias y se dirigió hacia la cafetería. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando una mano la jaló hacia un apartado. Quiso gritar pero unos ojos azules la inundaron.

- ¡Ranma! Casi me matas del susto – él la tenía sujeta de las muñecas, imposibilitando su movimiento.

- ¿No sabía que era feo? Mi mamá dijo que yo soy guapo y la verdad sí que lo estoy – ella enarcó las cejas. De verdad ¿qué tan idiota podía ser?

- ¡Eres un…

- Shh, no quiero que los demás trabajadores nos interrumpan.

- ¿Interrumpir? Lo único que quiero es comer, estoy cansada.

- ¡Tanto te hizo trabajar!

- Por si no te acuerdas, ya no tengo mi fuerza habitual por lo tanto ya no puedo cargar grandes pesos.

- Ese idiota me va a escuchar.

- No Ranma, de esa florecita me encargo yo – lo tomó de la mano y lo arrastró hasta la cafetería – tengo hambre, vamos.

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Los milagros existen, justo el menú del día era la comida favorita de Akane. Como una niña fue corriendo hasta el bufete y se sirvió todo lo que hizo. Ranma por detrás la veía divertido.

- No comas tanto, que vas a engordar.

- Calla, afeminado.

- No empieces.

- Yo no comencé, fuiste tú – ella ni siquiera lo veía, estaba tan contenta viendo los alimentos. Una vez satisfecha con todo lo servido se sentó en unas de las mesas más alejadas de la cafetería.

- Parece que comeremos juntos ¿verdad? – Ranma acomodaba su charola al frente de ella.

- Va, pensé que tú comías en otro lugar.

- En realidad siempre como en mi oficina, no me gusta estar en un lugar tan caluroso.

- Entonces ve a tu oficina.

- No, no iré. Porque ahora quiero comer a tu lado.

- Ranma – ella se sorprendió pero no sabía cómo responderle. Así que, por instinto sonrió – gracias.

- No hay de qué, de todas formas tú yo… pues tú sabes. Yo, tú… - no lograba hilar ninguna palabra.

- Lo sé Ranma. Pero me da pena aquí en el trabajo.

- Qué no te de pena, tú eres mi novia y yo, el jefe.

- No tienes remedio. Por cierto ¿para qué me jalaste hace un rato? ¿Querías decirme algo? – el hombre se palmeó la frente.

- Ya nada, arruinaste el momento en ese instante. Yo sólo quería pasar un momento contigo, a solas.

- ¡Ah! – sus mejillas se tiñeron de carmín.

- Aprovechando que te tengo aquí. Mi madre llamó temprano. Ella desea que mañana te lleve a la empresa de mis padres. Creo que ella presiente sobre nuestra relación.

- ¿Al Gran Panda? Supongo que las madres tienen un sexto sentido. Aunque recién estamos empezando… ¿no es muy pronto?

- No lo creo – no lo importó que todo el mundo los estuviesen viendo, tomó la pequeña mano de ella y entrelazó sus dedos – para mi encontrarte, me tomó mucho tiempo.

- Está bien, mañana iremos – los cuchicheos se hicieron presentes. Las mujeres jalaban con los dientes sus pañuelos, renegando por ver a su jefe inalcanzable, detrás de la nueva, mientras que los hombres veían con celos a Ranma por tomar de la mano a la bella mujer de cabellos azulados, que sin duda, los había enamorado con una mirada.

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Por fin habían pasado las ocho horas de trabajo, si no fuese porque realmente desea ese trabajo, desde el primer minuto hubiese renunciado, más aun teniendo a Kurama a su lado. Siempre creyó que él sería un buen tipo pero ahora tratándolo tan de cerca se pudo dar cuenta que las apariencias engañan. La tuvo cargando grandes cosas todo el día y para colmo ni siquiera le daba un tiempo prudente para tomar un sorbo de agua ¡nada! Pero eso no se quedaría así, en algún momento se las cobraría todas las que le está haciendo pasar.

Akane tomó sus cosas, a duras penas. Ranma la esperaba en la salida para llevarla hasta su hogar. Él no se arriesgaría a que le pasase algo a la mujer de cabellos cortos.

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Un nuevo día en el trabajo y no estaba más que asqueada del tipo con el que trabajaba. Él le había pedido un café pero a ella se le olvidó colocarle azúcar así que estaba todo amargo. Por poco y el tal Kurama se le va encima. Le dijo que a él le gustaba con MUCHA azúcar, tan dulce como él para lo que la peliazul se quedó pensando ¿dulce? Si es mucho más amargo que el mismo café y sin agregar que este mismo tiene un aroma agradable, distando mucho del hombre.

Para no enojarlo más, decidió ir a preparar otro café para él pero nuevamente se confundió, le puso sal en vez de azúcar. Estaba negada hasta para preparar un simple café. El hombre por poco y se desmaya. Al parecer fue demasiado el sabor que se quedó en estaba de shock, siendo trasladado a enfermería. Ella sólo negó con la cabeza, intentado suprimir sus instintos asesinos para con el hombre. ¡Ya estaba perdiendo la paciencia!

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- ¡Akane! – gritó el pelinegro cerca a la duela de entrenamiento, asustando a la mujer que dio un salto en el lugar.

- Me asustaste Ranma. Dime ¿necesitas algo?

- ¿Acaso ya no lo recuerdas? Hoy vamos al Gran Panda, ve a casa y en dos horas te voy a recoger para ir juntos.

- Pero… aún estoy trabajando, faltan como tres horas para que salga del trabajo.

- Pues yo te autorizo para que te vayas antes, además Kurama aún sigue en enfermería, dice que le duele la nariz por tanta sal que tomó.

- Que exagerado ese hombre ¡solo fueron dos cucharadas soperas! Se lo tiene bien merecido, por odioso.

- Sí que te la desquitaste bien jajajaja. Será mejor que vayas ahora a casa o no tendrás tiempo para alistarte. Nos vemos – y como apareció se fue, dejando a Akane en medio del lugar. Ni lenta ni perezosa, tiró los artículos que cargaba y salió corriendo en dirección a su hogar. Necesitaría la ayuda de sus hermanas para arreglarse correctamente.

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- No Akane, eso no, pareces una abuela – reprendía Nabiki – mejor este, este corte en V de la espalda hará resaltar tus atributos.

- No Nabiki, como crees, es demasiado descubierto, es mejor que se coloque esta blusa con cuello bebé – agregaba Kasumi – te quedará precioso hermanita.

- Pero… - ella intentaba hablar inútilmente pero sus hermanas se empeñaban en vestirla con el gusto de ellas.

- Yo sé lo que te digo, ponte este vestido y todos quedarán impactados y puede que por ahí la señora Saotome ofrezca su hijo y ¡pum! Nos llenamos de dinero – las dos hermanos negaron con la cabeza, su hermana no tenía remedio.

- Deja de decir tonterías querida Nabiki, nuestra hermana va a conocer a los padres de su novio, no de fiesta, debe ir más formal y recatada – en la mente de las dos se implantaba la frase ¡tu estilo es demasiado recatado!

- Saben qué, yo sola elegiré mi vestuario, me avisan cuando llegue Ranma – empujó a sus hermanas hasta la salida, cerrando la puerta en sus narices.

- Que mal agradecida es. Ah, no importa, yo me voy a mi habitación para seguir estudiando algunos negocios que tengo en mente

- Supongo que yo iré a preparar la cena.

La peliazul daba vueltas por su habitación, nadie le pudo ayudar con el vestuario. Presurosa vio la hora y grande fue su sorpresa al darse cuenta que sólo quedaba media hora para que Ranma llegase por ella, cuando lo único que había hecho era, bañarse y estresarse.

Tomó las primeras prendas que vio y las colocó sobre la cama – supongo que esto funcionará, total, sólo vamos a la empresa, nada más – se cambió rápidamente, tratando que todo quede en orden para luego maquillarse un poco, resaltando sus largas pestañas.

Felizmente había acabado a tiempo, el justo para que Ranma llamase a la puerta.

- ¡Hola cuñado! Akane está arriba, cambiándose ¿quieres que la llame?

- ¿Cu-cuñado? Vaya nombre, me hace sentir importante – decía mientras se tocaba la cabeza, avergonzado – no te preocupes puedo subir a su habitación.

- Creo que no es prudente Ranma, es mejor que esperes aquí. A menos que quieras lidiar después con mi padre – el frío se apoderó de Ranma que instintivamente movió su cabeza en negación – bien, le voy a pasar la voz.

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- Akane ¿bajas? Ranma ya está abajo esperando por ti.

- Bien, ahora voy, sólo estoy terminando de arreglar algo aquí.

- Está bien, te esperamos abajo.

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El hombre caminaba de un lado para el otro, nervioso y hasta un poco asustado. Nunca en su vida se había sentido de esa forma. Iba a ser la primera vez que iría en contra de dos personas. Para colmo de males, le dolía horrores la parte de las costillas, trataba de caminar normal pero con el dolor era casi imposible. Como pudo se cortó el cabello, se vistió de traje y se colocó unos lentes. Tal vez así no le fuesen a reconocer por ningún lado, esta era su última oportunidad.

- Quiero que todos ustedes se queden aquí y no salgan para nada, llegado el momento yo me comunicaré con ustedes – sus acompañantes se miraron unos a otros, asintiendo al instante – bien, en unas horas esperen mis órdenes. Hombre perro, alcánzame el bolso que dejé sobre la silla.

- Aquí lo tiene jefe.

- Nos vemos – el silencio de las calles fue lo único que se presenció, perdiéndose él, entre los muros de cemento.

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- Ya estoy aquí, perdón la demora, no encontraba mi otro arete – la peliazul bajaba apresurada las escaleras, tratando de acomodar sus pendientes en su lugar - ¿nos vamos Ranma?

El joven artista marcial intentaba con todas sus fuerzas dejar a un lado la cara de estúpido que había puesto. Extendió la mano para ayudarla a bajar pero esta le sudaba horrores ¡Acaso podía ser más hermosa! El conjunto azul se ceñía perfectamente a su cuerpo, haciendo relucir sus atributos, el escote en V le lucía realmente bien además de la falda pegada a sus muslos marcaba sus bien torneadas piernas, sobre sus hombros un delicado saco de fina tela acompañaba su vestimenta.

- ¿No-nos vamos? O-o si no, llegaremos muy tarde, por cierto, te vez muy linda.

- Ya lo sé, sé que me veo linda – era momento de actuar como él.

- Por lo que veo, intentas copiar mi estilo.

- A mí todo me queda mejor Ranma.

- Por esta vez te lo dejaré pasar – siguieron hablando durante el camino hasta llegar al Gran Panda – ¿Quiere que le ayude a bajar, señorita?

- Si fuese tan amable – los dos rieron como tontos, era juego sin sentido pero esos pequeños momentos compartidos hacían cambiar su día – basta, de bromear, debemos llagar a tiempo.

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- ¡Vaya! ¡Con que tú eres la linda jovencita de la que mi hijo está hasta los huesitos! – Ranma sólo quería que se abriese la tierra y lo tragase. Su madre no tenía tapujos para hablar – pero dime, él es ¿todo un hombre contigo?

Ambos jóvenes se miraron y se sonrojaron al instante. Acción que no pasó desapercibida por la matriarca que rió por lo bajo – me refiero a que si es caballero cuando salen a pasear o en el trabajo – ambos jóvenes votaron humo por sus orejas – estos jóvenes de hoy, andan pensando en otras cosas y una refiriéndose a meras cuestiones sanas sin morbosidades.

- Basta ya querida, no ves que los dos ya no saben ni como pararse bien, tienen las piernas como gelatinas por tus preguntas en doble sentido – Genma corrió hacia su hijo – espero pronto nietos, debemos preservar el linaje Saotome.

- Te imaginas Genma, serían unos niños preciosos.

- ¡Basta papá, mamá! Asustarán a Akane. ¿No nos invitaron para esto verdad?

- ¡Oh es verdad! Pasa por aquí hija – Nodoka tomó de los hombros a la muchacha y la llevó hasta la oficina principal – Ranma ya nos contó lo que sucedió con Ryoga y la familia Kuno, estamos muy apenados por lo que sucedió pero ya lo estamos manejando, lo bueno es que no les volverá a molestar. También, bueno, por el brío que hay en los ojos de Ranma pude deducir que él siente algo por ti, además que casi todo su celular está lleno de imágenes tuyas.

- ¿Mías? ¿Cuándo las tomaste? – dirigiéndose a Ranma.

- ¡Eres una chismosa mamá! Ya, ya te contaré – esta "reunión" había sido mala idea.

- Lo que me vengo a enterar, parece que si eres un pervertido – la mujer afiló la mirada – espero que me des una explicación de ello.

- ¡Vaya, parece que no sabías nada de ello! Eres Akane ¿verdad?

- Sí, mi nombre es Akane Tendo.

- ¡Tendo! ¡Eres hija de Tendo! – El señor Saotome saltaba de alegría al oír ello – Soun Tendo es un gran amigo mío. Hace mucho tiempo hicimos un juramento.

- ¿Conoce a mi padre? ¿Juramento?

- Sí, dijimos que cuando tengamos hijos, los íbamos a comprometer pero parece que no habrá necesidad, el destino se encargó de unirlos.

- Viejo, has pensado en que todos pudimos nacer mujeres ¿qué hubieses hecho?

- Pues la verdad no sé, ya me había olvidado de dicha promesa – se rascó la calva cabeza. A los presentes les resbaló una gota de sudor.

- Mejor cambiemos de tema – Nodoka tenía la intención de seguir molestando a su hijo – ¿cómo se conocieron? Seguro fue un encuentro inusual, como las películas.

- ¡Muy inusual! – respondieron en unísono.

- ¡Hasta están conectados! – Quiso seguir bromeando pero la alarma sonó por todo el edificio - ¿Qué está sucediendo? – preguntó a su esposo.

- No lo sé querida, iré a ver. Ustedes quédense aquí. Ahora vuelvo – el hombre regordete se fue al área de seguridad. Mientras que Ranma se sentía un tanto inquieto, su instinto le decía que algo estaba por pasar. Por instinto se colocó detrás de la peliazul - ¿Qué sucede con las alarmas? ¿Se pusieron locas o qué? – preguntaba Genma a los de seguridad.

- No entendemos señor, sólo se activaron pero no descubrimos de donde viene la falla.

- Necesito que solucionen rápido esto, tengo invitados importantes hoy y no quiero quedar mal.

- Entiendo señor, intentaremos trabajar lo más rápido posible.

- ¡Mira, ahí! – Gritaba el otro trabajador – ahí hay alguien sospechoso.

- ¡Dónde!

- Ahí, en la esquina de la pantalla – en la imagen se podía apreciar a un hombre encapuchado con un pequeño maletín entre sus manos. Rápidamente Genma llamó a su hijo.

- ¡Ranma, dile al secretario Mikado que vaya a la oficina para cuidar de tu madre y de la pequeña Tendo! ¡Te necesito aquí ahora! Ven a la sala de seguridad – del otro lado Ranma se debatía en dejar a su madre y a su novia con alguien desconocido y débil. Aún que pensó en que la oficina de su padre estarían bien salvaguardadas.

- Ahora vengo madre, Akane. Iré con el viejo, parece que algo fuerte pasó. Mikado vendrá a cuidarlas ahora mismo – las mujeres solo asintieron con la cabeza, agarrándose de las manos instintivamente.

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- Parece que a esta empresa es muy fácil entrar, sólo tuve que pagar a alguien para que sea mi señuelo y todos se enfocaron en él. ¡Idiotas! – del maletín que tenía sacó un pequeño artefacto, el cual le ayudaba a hackear el sistema de seguridad del lugar – supongo que esto también será fácil – tecleó unas cuantas cosas más y puedo ingresar al sistema - ¡BINGO! Sabía que no sería tan difícil. Ahora si Ranma, Akane, pagarán por lo que me hicieron.

Dentro de la sala de seguridad, todas las pantallas se congelaron. Desesperadamente trataban de hacerlas funcionar pero nada pasaba. La preocupación se apoderó a Ranma, que poseído corrió hacia donde señalaba la ubicación del hombre encapuchado, el cual se encontraba en la playa de estacionamiento. Cuando llegó al lugar encontró a un pobre vagabundo disfrazado. Maldijo para sus adentros. Ya era muy tarde, todas las luces se habían apagado.

Justo cuando estaba por volver sobre sus pasos para ir hacia la oficina de su padre, del megáfono se escuchó la voz del hombre que más detestaba en ese momento.

- JAJAJAJA Ranma, parece que eres estúpido. Fue muy fácil engañarte. ¿Recuerdas cuando dije que te arrepentirías? Pues, hoy es el día. ¿Sabes algo? La piel de tu amada es realmente suave y tu madre no pone resistencia para nada. Para poner más emoción al asunto ¿te digo algo? Tengo algo entre mis manos, algo que hace TIC, TOC y cada vez va reduciendo su tiempo hasta decir BOOM ¿lo entiendes, verdad?

La gente en la empresa comenzó gritar cuando escucharon todo ese comunicado, algunos comenzaron a correr de un lado para el otro.

La sangre del pelinegro se heló. Esa voz era de Toma y se suponía que ahí estaban los guardias de seguridad y su mismo padre. Peor aún, él iba por Akane ¡tenía a Akane con una bomba! Todo era una maldita pesadilla. Trató de calmarse y tomó su celular para llamar a Shinnosuke, tal vez podría ayudarle.

- Shinnosuke, el maldito está en el Gran Panda, ven ahora mismo pero no hagas mucho alboroto al llegar. Tiene toda la empresa a merced y lo peor es que tiene a Akane y está equipado con una bomba – del otro lado, el policía trataba de asimilar la información que le estaba dando el pelinegro ¿Toma había tomado el Gran Panda? ¡El edificio entero! Ni siquiera se inmutó en contestar, sabía lo que debía hacer - ¡Maldita sea! Debo llegar hasta donde está Akane.

Subió las escaleras hasta la sala de seguridad y grande fue su sorpresa al encontrar a todos dormidos, el desgraciado les había inyectado un somnífero. Tomó el micrófono por el que Toma había hablado – trabajadores del Gran Panda, soy Ranma Saotome, necesito que guarden la información de sus computadoras y las apaguen e inmediatamente salgan del lugar, las rutas de escape son las mismas que usamos en caso de emergencia – la gente desesperadamente, hizo como pudo lo que se les ordenó y salieron con el alma en un hilo

Corrió hasta la oficina de su padre, encontrando a su madre también dormida. Al menos el tipo no la había dañado. Akane no estaba con ella y tampoco Mikado. Por lo visto, él nunca había llegado. En ese instante se sintió minúsculo, cual garrapata, él debió quedarse con ella y dejar a su padre manejar las cosas de su empresa, ahora Toma tenía a Akane.

El sonido de su celular interrumpió sus pensamientos, se trataba de Shinnosuke – ya estoy aquí, yo voy por la escalera de emergencia y tú revisa todos los pisos – Ranma asintió.

Sus corazones desbocados, saltaban alocadamente dentro de sus pechos, ya no podían más pero la adrenalina que sentían no dejaba que parasen de subir escaleras. Shinnosuke abría todas las puertas de emergencia, ya estaba por el séptimo piso cuando escuchó el sonido inequívoco de un reloj, la sangre se le fue a los pies. Subió de tres en tres los escalones, cuando llegó al octavo piso encontró una pequeña cajita con números en cuenta regresiva. El nerviosismo y el miedo se apoderó de su ser, todo su cuerpo temblaba junto con la caja, buscó por todos lados algún método para apagarla pero no hallaba nada. El reloj marcaba cincuenta y nueve segundos en cuenta regresiva, el sudor se hacía presente en su frente pero no podía hacer nada. La única opción que vio fue el de abrazar la caja. Al menos moriría en beneficio de la comunidad. Sonrió para sus adentros, despidiéndose, cuando el tiempo llegó a cero.

La luz en todo el edificio se fue, aumentando la tensión en el lugar. Shinnosuke abrió los ojos, uno a uno, viendo hacia abajo y entre sus manos, la cajita había explosionado, dejándole un pequeño regalo. Era una bomba de broma. Agradeció a los cielos pero nuevamente se dio cuenta que estaban en cero. No había rastro de Akane ni de Toma. Realmente esperaba que Ranma haya encontrado a su amiga.

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Sus parpados pesados comenzaban abrirse y el sonido de algún reloj inundaba el lugar. Trataba inútilmente enfocar su vista en un lugar específico pero no daba resultados. Quiso usar sus manos para frotar sus ojos pero algo se lo impidió. Vio hacia abajo y la cara de horror que inundó su rostro, hacía entender que algo no iba bien, alrededor de ella tenía cadenas, impidiendo que mueva sus brazos, mientras que sus manos estaban inmóviles porque tenía cinta alrededor de ellas, pero, eso no era lo peor, justo en su pecho, había una bomba, que iba a contrarreloj. El tiempo se volvía cada vez más peligroso. Sus ojos inmediatamente se llenaron de lágrimas de desesperación. Nadie estaba a su lado y lo único que podía percibir era la oscuridad dentro de algún almacén. ¿Ranma? ¿Dónde estaba Ranma? Lo necesitaba horrores, pero a su vez no quería que esté ahí y los dos muriesen. Se tragó su miedo para poder pensar con claridad. Si sólo tuviese su poder, si sólo pudiese romper las cadenas. Sus cabellos se batieron cuando ella negaba. Estaba al borde del colapso y el llanto nuevamente se apoderó de ella, llorando a mares, gritando. No podía soportarlo.

- ¡No puede ser que esto esté pasando! Ranma por favor no vengas – era como estar rogando al cielo que él apareciese en ese lugar. El sonido huego de alguien golpeando la puerta la asustó.

- ¡Akane! ¡Responde! ¿Estás bien?

- Ra-Ranma… por favor vete.

- ¡Estás loca! Ahora mismo buscaré algo para sacarte de aquí. ¡Maldita sea, esto estaba encadenado!

- Ranma por favor vete, no queda mucho tiempo – el pelinegro dio un punta pie de frustración, el de Toma maldito se había atrevido a colocar la bomba junto con Akane.

- No me pidas ello porque no lo haré, me quedaré contigo aquí, así sean nuestros últimos momentos – Akane lloraba con más intensidad.

- Ranma te lo ruego, vete, sálvate por favor.

- No llores y no digas tonterías, no me iré y tú no morirás – se llenó de energía y comenzó a patear la puerta, a jalar las cadenas pero estas no cedían, sus manos se llenaban de sangre de lo lastimadas que se encontraban – yo nunca me iré de tu lado.

- ¡Por favor, Ranma! ¡Ya queda poco tiempo, vete!

- ¡Entiende que no lo haré! Sólo quiero que salgamos de esto para decirte algo importante.

- Ranma… ya no más por favor, no te lastimes más – sus lágrimas caían copiosamente sobre sus mejillas, cayendo encima de la dichosa bomba. Vio el tiempo que quedaba. Veinte segundos. Solo veinte segundos de vida.

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Continuará…

¡Hola! ¿Cuánto tiempo? Más de un mes creo jajaja. Sí que estuve desaparecida. Por aquí es vacaciones de verano pero actualmente me encuentro trabajando por ello no he tenido tiempo de subir capítulo, aunque debo confesar que lo tenía avanzado pero no completo. Espero sea de su agrado. Ya estamos cerca al final.

Quiero agradecer a SusyChantilly por la paciencia que me tiene jajajaja.

Espero que dejen muchos reviews y recomienden la historia, claro, si es de su agrado.

Me pueden seguir por Instagram como NoteHana y en YouTube como Hana Note, donde subo fanarts de Ranma y Akane como también de otros animes. *No le quiten la firma por favor* ya me ha pasado jajajaja.

Sin más que agregar, nos leemos.

Hana Note.