Capítulo 14: Un plan descabellado

La clase había comenzado hacía ya diez minutos cuando la puerta del aula se abrió estrepitosamente. Marinette y Adrien, con el rostro rojo del esfuerzo y la respiración agitada, entraron en el aula casi como impulsados dentro. La profesora de física y química los miró de medio lado y cruzó los brazos en su pecho. Su rostro mostraba una clara molestia.

- Señorita Dupan-Cheng. Señor Agreste. ¿Se han dignado a venir? – dijo la profesora elevando la barbilla con gesto superior. Marinette miró a su alrededor. Todo el aula los miraba. Alya y Nino se miraron y después a los recién llegados con una sonrisa de "os hemos pillado". A su vez, Chloe y Sabrina les regalaron una expresión de absoluto desprecio. A pesar de haber hecho pública la relación, Chloe seguía sin poder soportar verlos juntos. Es más, Marinette aún la pillaba de vez en cuando intentando engatusar a Adrien. Antes le molestaba, pero ahora la joven se divertía viendo como Adrien "salía" de esas situaciones. Al fin y al cabo, cuando no llevaba la máscara de Chat, seguía siendo el chico simpático de siempre, y eso le dificultaba darle esquinazo a Chloe.

- Ahm… - Marinette pensó una excusa. Al fin y al cabo, decir "hemos llegado tarde porque hemos tenido nuestro primer encuentro íntimo" sonaba a escándalo público.

- Lo lamentamos señorita. Estábamos dando los últimos retoques a la exposición que tenemos con usted esta tarde y se nos ha echado el tiempo encima. – Adrien sonrió. Se le veía seguro. Como siempre, el alumno modelo. Tan avispado, tan rápido, tan perfecto. Marinette miró a su chico, tan firme, con esa media melena dorada reflejando la luz de la mañana, y esa mirada dulce y buena.

- De acuerdo, como estamos a una semana de los exámenes finales les voy a dejar entrar. Pero más les vale que el trabajo de esta tarde sea espléndido, señor Agreste. De lo contrario, voy a ponerles una falta en el expediente. Y eso no les conviene. Sobre todo a usted, señorita Dupain-Cheng. – dijo la profesora apuntando directamente a la joven con un dedo acusador. Marinette tragó saliva.

Con un gesto de brazo, la profesora les dio permiso para sentarse en sus pupitres: Adrien con Nino y Alya con Marinette. En cuanto se sentó, Alya se acercó a ella.

- Así que "ultimando detalles", ¿eh? – dijo la morena con ojos pícaros en un susurro. Marinette se puso colorada y empezó a tartamudear.

- ¿Qué? Cl-Claro que sí… Estaba-estábamos con el-el trabajo de física… - Marinette había sacado sus lápices y su libreta y empezó a garabatear en ella, esquivando la mirada penetrante de su amiga. Alya, que nunca se daba por vencida, la obligó a mirarla. Agarró sus manos, su rostro y su pelo, analizándolo, y de golpe algo se encendió en su mente. Dando un fuerte golpe en la mesa, se levantó de la silla con la mano en alto.

- Señorita, estoy muy mareada, ¿puedo ir a la enfermería? Marinette me acompañará. –

Antes de que nadie pudiera decir nada, Alya tomó la mano de Marinette y ambas salieron de clase, Alya tirando de ella a tal velocidad que por poco le desencajó el brazo del hombro. La profesora, que no había tenido tiempo de contestar a la pregunta se quedó mirando la puerta, extrañada, pero siguió con su clase. Estaba claro que le importaba más su materia que lo que pudieran hacer aquellas "niñas". Adrien y Nino se miraron extrañados al verlas alejarse de tal forma.

Cuando ya estaban lo bastante lejos, Alya empujó a Marinette a una de las paredes del patio y la obligó a sentarse. Marinette, roja como un tomate, no terminaba de entender lo que estaba pasando. Alya estaba de pie frente a ella, con los brazos en jarras y una sonrisa de suficiencia. Marinette se empezó a poner nerviosa.

- ¿Alya?… - preguntó dubitativa.

- ¡Tú te has acostado con Adrien! – soltó de golpe la morena. Marinette abrió mucho los ojos y la boca. ¿cómo lo había descubierto? Alya empezó a moverse de un lado para otro emocionada. Cada vez que hablaba gesticulaba de forma exagerada cada palabra que decía. Marinette no era capaz de decir nada, sólo la seguía con la mirada. – Es increíble, ¡por fin! Tanto tiempo detrás de él y ya os habéis liado. Que fuerte, qué fuerte. Aunque la verdad es que si contamos desde que empezasteis a salir habéis sido rápidos pero… Wow, había tanta tensión entre vosotros que me sorprende que no os devorarais directamente en la primera cita. ¡Es increíble! Vaya, necesito que me lo cuentes todo. ¿Cómo te encuentras? ¿Estás molesta? ¿Qué tal lo has pasado? ¿Es Adrien bueno contigo? ¿Y en la cama? ¿Necesitas algo? Tengo por casa una crema para reducir la irritación si quieres. Oh ¿es la primera vez que os acostáis? Vaya, tienes que ponerme al día ¿Cómo no me lo has dicho en cuanto ha pasado? Soy tu mejor amiga, se supone que debes decirme esas cosas.

- ¿Cómo lo has sabido? – Acertó a decir Marinette entre toda la marabunta de preguntas de su compañera. Alya se acercó a ella y le sonrió.

- Oh, vamos nena, lo he supuesto desde el momento en el que has entrado en clase. Soy tu mejor amiga, ¿dejaré de darme cuenta de algo así?

- Pero ¿cómo? –

- Muy fácil, al entrar andabas un poco más "abierta" de lo normal. – Marinette se llevó la mano a la cara, tapando su expresión de asombro y de vergüenza. Alya se rio un poco. – Tranquila. Yo me he dado cuenta porque te conozco más que tú misma, así que he notado que había algo raro. Aparte de eso, he visto que tenías ciertas marcas en el cuello y los hombros. Son muy sutiles, pero son pequeños mordiscos. Y ya por último, estaba tu expresión de "tengo un gran secreto vergonzoso, espero que nadie se de cuenta".

Alya sonrió a Marinette, quien estaba estupefacta y con el rostro tapado por la vergüenza. Antes de que pudiera decir ni media palabra, la alarma anti-akumas del centro, que había sido instaurada pocos meses atrás, sonó. Alya y Marinette se miraron y salieron a reunirse con su grupo mientras cada clase se dirigía al salón de actos a refugiarse. Entre la multitud, Marinette se dispersó.

A los cinco minutos, Ladybug y Chat Noir se enfrentaban al nuevo akuma.

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El akumatizado resultó ser un profesor de colegio al que habían desplazado de centro por motivos de presupuesto. El akuma no fue especialmente difícil. De hecho terminaron con él muy rápido.

El problema vino cuando hora y media después otra alarma saltó, indicando la presencia de un nuevo akuma. Con las energías aún sin recuperar del todo, Ladybug y Chat Noir se lanzaron a la nueva pelea. Con algo más de trabajo que el caso anterior, acabaron con el akuma. En esta ocasión, se trataba de un adolescente al que se le habían roto los auriculares.

Tras esta segunda batalla, Ladybug se acercó a Chat Noir. Estaban sobre uno de los tejados de la plaza de la torre Eiffel. Chat, agotado, miró a su chica llegar a su lado con un grácil salto. Ladybug se sentó a su lado y apoyó la cabeza en su hombro, intentando recuperar el aliento. Con un largo suspiro cerró los ojos para inundarse de la tranquilidad del momento.

- Oye Chat. No te da a ti la impresión de que estos akumas cada vez más recurrentes son algo… - dijo Ladybug con el ceño fruncido.

- ¿Estúpidos? – dijo Chat con igual expresión.

- Sí. Es como si Hawkmoth quisiera agotarnos físicamente antes de lanzarnos su verdadero ataque. Y para ello aprovecha cualquier ocasión, incluso aunque sean tan simples que hagan que el akuma sea débil. –

- Yo también lo he pensado… - dijo Chat Noir con la vista perdida en el horizonte. El viento movía su cabello que refulgía con la luz del mediodía. – Entonces, ¿qué vamos a hacer? Seguimos sin tener pistas sobre Hawkmoth, así que no nos es posible atacarlo directamente. Pero seguir así es un despropósito. Está claro que a este ritmo seremos una presa fácil enseguida.

- Es cierto. Por eso necesitamos un plan… - dijo cogitativa Ladybug.

- ¿Se te ocurre algo? – le preguntó Chat, mirándola. Ladybug asintió, pero tenía cara triste y preocupada. El felino la miró compungido y la abrazó con fuerza. Estaba claro que lo que fuera que se le había ocurrido no era bueno.

- Preferiría seguir pensándolo. Con un poco de suerte se me ocurrirá algo mejor. Pero si al final no surge, si finalmente todo se tuerce, este será la única opción. Pero es muy arriesgado… - dijo ella mirando al suelo. Chat tomó su cara entre sus manos y la miró a los ojos. Ella le devolvió una mirada preocupada.

- Sea lo que sea, podremos con ello, juntos. Como siempre. Ladybug y Chat Noir. Adrien y Marinette. – dijo, y con suavidad le dio un beso. Ladybug se lo quedó mirando unos instantes mientras un pensamiento rondaba su cabeza "tal vez no podamos volver a contar con Chat Noir y Ladybug… nunca más".

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16:42 – Colegio Françoise-Dupont

- ¡Ohhhhhh! ¡NO RECUERDO NADAAAAAA! – gritaba histérica Marinette en la puerta del aula de física y química. Con gestos exagerados iba pasando velozmente las hojas de papel con cientos de datos apuntados. – ¿Las fuerzas de Van der Walls son las fuertes o las débiles? ¿Qué diferencia había entre enlace iónico y covalente? ¿Tenían que ver los átomos de Hidrógeno en la realización de los enlaces? ¿Y las valencias?

Adrien, sonriendo de medio lado, se acercó a ella por la espalda y le dio un abrazo mientras besaba su cabeza. Marinette lo miró de reojo y suspiró. Se llevó los papeles a la frente y se golpeó varias veces con ellos. Adrien rio levemente, haciendo vibrar la espalda de Marinette.

- Respira princesa. Sólo estás nerviosa porque este trabajo es la mitad de la nota final, pero las respuestas a todas esas preguntas ya te las sabes. – Adrien pegó su rostro al cabello de Marinette e inspiró para captar su aroma. Marinette sintió un escalofrío por la espalda. Asintió. – Bien. Ahora, inspira y espira.

Haciendo lo que él le decía, Marinette intentó calmarse. Sabía que no tenía sentido ponerse tan nerviosa. A pesar de sus obligaciones como héroes de París, ambos habían ido preparando aquella presentación con tiempo y la habían trabajado con dedicación. Habían repetido tantas veces la presentación que ambos se sabían incluso la parte del otro. Pero ahora que eran los siguientes en entrar a hacer la exposición, su mente había decidido quedarse en blanco. Marinette notó el tacto y el calor que desprendía su novio en su espalda. Junto a Adrien nada malo podía…

- Señorita Dupan-Cheg, señor Agreste, su turno. – dijo una voz desde el interior de la sala.

- ¡AHHHH! ¡Ya nos toca! Maldita sea, ¿cuáles eran las valencias del nitrógeno?

- Jajajaja. Vamos Marinette. Todo va a salir a la perfección. Confío en ti. – Adrien le tendió la mano y juntos entraron al aula.

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Marinette salió del aula dando brincos como una cabritilla por la pradera, sujetando la ficha con la nota final de su trabajo. Al salir, Alya le hizo un gesto con la mano. Adrien y Marinette se juntaron con sus amigos en un segundo.

- Veo que te ha ido bien, ¿eh? – dijo Alya con media sonrisa. Marinette asintió con una sonrisa de oreja a oreja. Adrien no podía dejar de sonreír al verla. Estaba claro que les iban a poner buena nota, lo llevaban muy trabajado pero la forma de desenvolverse de la muchacha había dejado impresionada a la profesora, y eso es lo que les había dado la puntuación máxima. Él se sentía el chico más afortunado del mundo. Tenía a la chica más ingeniosa y maravillosa del mundo con él. Y verla así de feliz y risueña le alegraba el día. – A ver, enséñamela. Vaya, un 9.9. ¡Es genial! Con esto optáis a matrícula, ¿no?

- Sí. Parece ser que por ahora sólo hay otro grupo con opción a matrícula. – dijo Adrien.

- ¿Ah, sí?... ¿Quién será? – dijo con retintín Alya mientras sacaba su propia ficha de calificaciones. Marinette se la quitó de golpe y la miró.

- ¡Un 9.8! ¡Genial! Cuanto me alegro. Con un poco de suerte nuestros equipos se llevarán las dos matrículas del aula – dijo Marinette dando un abrazo a su amiga.

De pronto, la alarma anti-akumas volvió a sonar. Marinette miró a Adrien quien le devolvió una mirada cansada.

- ¿Otra vez? – dijo Nino acercándose a su novia. Ambos tenían expresión derrotada. Era evidente que ninguno de los cuatro había podido recomponerse del todo del estrés de esos últimos días. Y evidentemente, los que peor lo llevaban eran Ladybug y Chat Noir, que siempre asistían los primeros y se iban los últimos ante cualquier ataque – Llevan unos días que no paran de llegar akumas. Esto ya cansa…

- Qué me vas a contar – dijo Adrien llevándose la mano al cuello y girando la cabeza para soltar la tensión acumulada esos días.

- Bueno, es hora de salir de aquí. – dijo Alya mirando con intenciones a Nino. Este asintió. – Chicos, nosotros nos vamos por nuestra cuenta, ¿os importa?

- ¿Eh? – Adrien arqueó la ceja.

- Claro que no. Nosotros también nos vamos ya. – dijo Marinette mientras agarraba el antebrazo de Adrien y lo empujaba escaleras abajo para ir a los servicios.

Al poco, Chat Noir salió al encuentro del akumatizado mientras Ladybug entregaba los miráculos del zorro y la tortuga a Alya y Nino.

Cuando llegaron a la escena, Chat estaba apoyado en el suelo, respirando con dificultad por el cansancio mientras con una mano movía su bastón a modo de escudo frente a los puñetazos que una especie de gólem de amatista lanzaba contra él.

- ¿Qué hacemos Ladybug? – preguntó Rena Rouge. Ladybug analizó rápidamente la situación y se giró hacia Caparace.

- Caparace, ve a ayudar a Chat Noir. Protégelo. Mientras, Rena y yo iremos por la retaguardia del akumatizado. Hay que encontrar el akuma y destruirlo antes de que se nos agote el tiempo.

Caparace asintió y se lanzó desde la balaustrada hacia su compañero de batalla. Mientras, Ladybug y Rena Rouge se movieron a través de los tejados de la calle para llegar a la parte trasera del monstruo.

La mariquita no dejaba de mirar al akumatizado, buscando el objeto clave que tuviera escondido el akuma, pero no daba con él. No había colgantes, ni sombreros ni cinturones. Nada que sobresaliera o llamara la atención.

Antes de llegar al final de la calle, Ladybug miró de soslayo hacia Chat Noir. Caparace lo había protegido con un escudo en forma de cúpula. Ella respiró aliviada.

- ¡Ladybug! Mira – dijo Rena Rouge señalando al akumatizado. Ladybug miró en la dirección que le marcaba y se dio cuenta de una pequeña lágrima de amatista tallada que estaba incrustada en la zona del corazón. Tenía que ser eso. Ladybug asintió. Juntas bajaron de los tejados y se escondieron tras unos coches.

- Bien visto Rena Rouge. Veamos qué hacer. ¡Lucky Charm! – dijo Ladybug lanzando su yoyó al cielo. De un fulgor rojizo apareció un espejo de mano. Ladybug lo miró enarcando una ceja. – Pero… ¿qué?

- Ladybug, hay que moverse. Los chicos están a punto de caer – la voz de Rena estaba cubierta de preocupación. Ladybug se giró hacia sus compañeros y vio cómo Caparace estaba a punto de ceder. El escudo se estaba resquebrajado en la base. Un par de toques más…

- No perdamos más tiempo. – Ladybug se echó el espejo al cinturón y salió corriendo hacia el gólem. A su paso, buscaba aquella pista, ese detonante que le hiciera entender cómo usar el espejo del Lucky Charm, pero nada parecía encajar con él.

Ya a los pies del akumatizado, Rena Rouge lanzó una honda de viento hacia el gólem impidiendo que lanzara una nueva estocada contra Caparace, quien temblaba por el sobreesfuerzo. Chat Noir estaba tras él, apoyado con el codo en el suelo mientras con el dorso de la mano se limpiaba la sangre que se escapaba por la comisura de su boca. Apenas podía respirar bien y tenía el cuerpo agarrotado.

Caparace deshizo el escudo, cayendo derrotado e inconsciente al lado de su compañero. Ladybug se lanzó hacia ellos, agarrando con un brazo a Caparace y con el otro a Chat Noir que intentaba recomponerse, y se lanzó a uno de los soportales más lejos de la batalla. Aquello iba mal. Muy mal.

Ladybug se acercó a Caparace, dejándolo escondido y bien apoyado mientras le comprobaba el pulso y la respiración. Respiró aliviada al ver que estaba bien.

- My Lady, tenemos que volver a la lucha – Chat tosió. Se tapó la boca con el dorso de la mano, pero no pudo engañar a Ladybug, quien se lanzó hacia él al ver la sangre. Le tocó el pecho y el gatito hizo una mueca de dolor.

- Chat… - dijo ella preocupada. El joven le sonrió de medio lado y levantó los hombros

- Hay que volver a la lucha, no podemos dejar a Rena Rouge sola. –

- No. Yo vuelvo a la lucha. Tú te quedas aquí – le contestó ella dando media vuelta –

- ¡¿Qué?! No puedes dejarme aquí. Me necesitas. – Chat la miraba muy serio. Ella no se movió.

- Tú te quedas aquí. – dijo ella sin volverse, muy seria. Chat le puso la mano en el hombro con intención de obligarla a mirarle, pero ella no se movió.

- De eso nada. No pienso dejarte sola. –

- ¡Adrien! – dijo ella mientras su cuerpo se convulsionaba intentando contener las lágrimas de rabia. Por el fondo, Rena Rouge saltaba entre cascotes y trozos de vehículos, esquivando los puñetazos, uno tras otro. Chat Noir la soltó. Nunca lo había llamado por su nombre cuando estaba transformado, y eso le daba miedo – Hazlo por Caparace, hazlo por Rena Rouge, hazlo por París… y hazlo por mí. Quédate. Voy a tener que hacer algo que no quiero, algo terriblemente difícil y doloroso, y no podré si sé que no estás a salvo…

- No puedes pedirme esto. No puedes pedirme que simplemente me quede aquí de brazos cruzados mientras tú te arriesgas por nosotros, por mí.

- Es que no es eso lo que te pido – Ladybug se giró. El rostro rojo de impotencia y los ojos llorosos. Chat tragó saliva. – Te pido que veles por tu compañero. Que te protejas ante todo lo que surja. Que te mantengas a salvo. Que sobrevivas. Y que cuando sea el momento oportuno, ataques.

- ¡Ladybug! – Rena Rouge gritó su nombre. Ella se giró para verla. Tenía que volver a su lado. Se giró hacia su chico y le vio expresión de duda.

- Sé que ahora mismo no me entiendes, pero esto es lo correcto. Tienes que sobrevivir… Porque tendrás que rescatarme. – Ladybug se lanzó hacia él y le dio un beso mientras con sus brazos rodeó el cuello de su chico en un abrazo desesperado. Aquel fue un beso intenso, fuerte, de despedida. Una lágrima se derramó por la cara de Chat Noir, quien la abrazó en un intento de mantenerla a su lado. Ladybug se separó de un empujón y volvió a la pelea sin mirar atrás. Chat se quedó mirándola con el rostro descompuesto. Una punzada de dolor le atravesó el pecho y lo dobló en el sitio. Arrodillado en el suelo intentó recomponerse y tomar aire. Con los ojos nublados miró a su amada quien se puso al lado de su compañera.

- Marinette… ¿en qué piensas? - susurró Chat. Algo estaba yendo mal desde el primer minuto, pero esta vez estaba asustado de verdad.

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Ladybug llegó a la altura de Rena Rouge, quien respiraba con dificultad y se quitaba el sudor de la frente. Al oírla llegar se giró hacia ella para decirle algo, pero el gólem le lanzó un puñetazo que la empujó contra una de las paredes de la zona, dejándola inconsciente. Con horror, Ladybug intentó alcanzarla, pero le resultaba imposible con aquél ser interponiéndose.

Ladybug miró a su alrededor. Agarró el espejo de su cinturón y buscó entre aquel montón de escombros la solución que se suponía que debía darle el Lucky Charm.

El gólem se lanzó hacia ella. Ladybug saltó rápidamente hacia un lado, evitando su agarre. La mano del gólem se quedó atrapada en el asfalto donde lo había golpeado, pero al cabo de unos segundos, volvió a liberarla.

Entonces la mirada de Ladybug detectó el punto en el que el Lucky Charm iba a intervenir. De pronto, el rostro de Ladybug pasó de la preocupación al alivio. Había una solución. No tendría que llevar a cabo ese plan tan descabellado, no tendría que entregarse a Hawkmoth, ni tendría que perder a Tikki para poder encontrar su escondite. Sólo tenía que seguir los pasos de su ataque especial, como en anteriores ocasiones.

Con un gran salto se puso sobre uno de los tejados medio derruidos de la calle. Con fuerza, lanzó el espejo contra el mismo y lo rompió en mil pedazos. Agarró el fragmento más grande y lo comprobó. Sí, aquél valdría. Entonces silbó hacia el akuma.

- ¡Eh! Estoy aquí monstruo estúpido. – dijo saludándolo con una sonrisa críptica.

El gólem corrió hacia ella gritando al cielo y lanzó un puñetazo contra la pared del edificio. Ladybug saltó hacia él, pasando por encima y encaramándose a su espalda. El gólem alzó los brazos hacia sus hombros, pero no era capaz de alcanzarla. Entonces ella, rápida como sólo los miraculous permitían, se movió hacia el pecho del ser y clavó el espejo en la joya púrpura que se rajó.

El gólem soltó un grito de dolor y se deshizo en cientos de cristales purpuras que fueron llevados por el viento. Ladybug frunció el ceño. ¿Dónde estaba el akumatizado?

De pronto, de entre los reflejos púrpuras apareció una pluma negra. Ladybug abrió mucho los ojos. ¿Una pluma? Un momento, si ese ser pertenecía a un aliado de Hawkmoth creado por Mayura… ¿dónde estaba el akumatizado?

Y entonces, un golpe seco la dejó inconsciente.

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Nota: Mayura, una supervillana con el poder de crear aliados para los villanos akumatizados, utiliza las plumas de su abanico para establecer un enlace mental con una persona que está pasando por una gran desesperación. La pluma entra en contacto con un objeto de la persona y ésta crea de él un aliado.