Naruto había caído profundamente dormido, fue un día algo movido y lleno de recuerdos que se arremolinaban en su mente y le provocaban un cierto nivel de desgaste al reflexionar. Tuvo un sueño un tanto raro era como sí estuviese en un sitio desconocido con otra persona, parecían estar peleando y a la vez despidiéndose, estaba borroso y algo nublado, en el aire se sentía la humedad que deja la lluvia tras caer, muy curiosamente era de esos sueños tan lúcidos que hasta eres capaz de reconocer olores y sensaciones.
Luego de varias horas la alarma del despertador sobre el buro color negro a un lado de la cama del rubio, empezó a sonar y le obligó a abrir los ojos lentamente un poco molesto; era un nuevo día, las cortinas azules estaba entreabiertas pues su madre había entrado como cada mañana a abrir la ventana para permitir la ventilación del cuarto algo desordenado de su hijo. Naruto se estiró al tiempo que bostezaba y se sentó sobre su cama, al parecer se había dormido con la ropa de la escuela puesta, por suerte tenía otro uniforme limpio y listo para ser usado así que luego de mirar la hora en el pequeño reloj de rana corrió hacía el baño para tomar una ducha y bajar a desayunar con sus padres quienes se preparaban también para realizar sus respectivas labores del día.
Ya tenía claro que haría respecto a Suigetsu, no le daría chance de molestarlo con eso y podía safarse simplemente ignorando sus comentarios, era lo mejor, de todas formas no había forma de comprobarle nada así que, no había de que preocuparse.
Por otro lado respecto a Sasuke, ese tipo ya le tendría sin cuidado, finalmente eran compañeros y ya, no se hablaban demasiado y sus círculos sociales eran muy distintos, si era verdad que se parecía a Sai pero, no volvería a pensar en nada de eso ni en lo que pasó con él y su hermano, sólo se concentraría en su escuela y el torneo de fútbol.
Habían pasado cerca de 15 minutos mientras se terminaba de tallar y enjuagar bajo el agua caliente de la regadera y meditaba sus planes respecto a su situación, no es como que le gustara pensar demasiado en las cosas, era más de hacerlo y averiguarlo así que pronto esas ideas conflictivas se resbalaron como la espuma en su cuerpo dándole así nuevos ánimos para el día escolar que apenas iniciaba.
Bajó a toda velocidad ya vestido y con su mochila al hombro hacia la cocina para tomar el desayuno caliente que Kushina había preparado mientras él se bañaba, su padre estaba sacando las bolsas de basura y al regresar y ver al pequeño rubio en la mesa preparando platos y vasos para desayunar fue al lavabo a lavarse las manos y juntos los tres comenzaron a servir la comida y platicar alegremente sobre lo que harían hoy al salir de casa. El ambiente en casa era sin duda agradable, era acogedor y con paz, no era muy silencioso puesto que las bromas y risas nunca faltaban pero, brindaba seguridad y confort a quien fuera que tuviera la fortuna de convivir con ellos.
La hora de irse se acercaba así que rápidamente Minato y Naruto recogieron los trastes sucios y los lavaron antes de despedirse y partir al trabajo y escuela respectivamente.
El ojiazul silbaba de camino al colegio, miraba tranquilo las nubes en el cielo, blancas como siempre, una que otra era gris, un color interesante, podría ser el intermedio entre el negro y el blanco, le recordaba la piel de alguien que estaba entre lo puro y lo prohibido...
Sacudió sus ideas y al ver al otro lado de la calle a Yota corrió hacia él haciendo escándalo para saludarlo y ambos chicos luego de un abrazo que se había convertido en costumbre, caminaron alegremente los siguientes minutos hasta toparse poco a poco a sus demás compañeros.
Las clases transcurrían normales, ahora por fin después de casi un mes sin tener su clase taller de costura, un profesor nuevo llegó para instruirles en esa materia que a casi nadie parecía agradarles, pero bueno, no había otras opciones de taller. Calificación era calificación. El salón donde les tocaba era más una bodega que un aula, no contaba con demasiada iluminación, las bancas estaban en mal estado y mal repartidas entre unas siete mesas enormes que estaban muy desgastadas, el polvo era el invasor principal de todas las superficies, el nuevo instructor se presentó pero tras ver las condiciones del salón avisó que iría a dirección a solicitar otro sitio donde impartir clases pues al trabajar con papel o directamente las telas en esas condiciones, se estropearía con la suciedad y el mal estado de las mesas que tenían muchos cortes y partes faltantes pues la madera se notaba ya algo vieja y gastada.
El grupo aprovechó esto y no tardó en escaparse a las canchas a jugar algo, todos habían salido incluso Naruto, pero, había olvidado en su mochila los guantes de portero que Lee le había prestado hace una semana por lo que tuvo que regresar al "salón".
No había nadie en el patio, al parecer todos estaban tomando sus clases normalmente, sólo algunos prefectos se encontraban patrullando y platicando entre ellos fuera de los baños y cerca de la puerta principal así que el rubio tuvo que escabullirse velozmente para no ser visto. Dió vuelta a la izquierda y siguió derecho hasta llegar a la bodega-taller, pensó que estaba vacío pero, no imaginó que estaba equivocado, cosa que no notó hasta que había entrado y miró por todo el lugar buscando el sitio donde todos habían amontonado las mochilas, ahí es donde lo vió, una figura de perfil que miraba fijamente la mesa en silencio y traía puestos audífonos...
-Sasuke...-pensó Naruto al verlo tan tranquilo y algo ...¿triste? en el salón vacío.
No sabía porque estaba ahí, todos los demás, incluso sus amigos se habían fugado a las canchas a jugar pero él parecía no interesarle estar solo y en gran oscuridad, un poco de luz entraba por la puerta entreabierta y le daba en las manos y parte del rostro, su piel pálida era iluminada, ojalá eso pueda darle algo de calor, eso imaginó el ojiazul que quieto en la entrada lo admiró en silencio varios minutos.
..."no tienes porque seguirme"...
La respiración del rubio estaba algo turbada, mirarlo de esa forma le estaba provocando inquietud, estar sin nadie cerca, sólo la oscuridad y una calma digna de una obra de arte rota y abandonada en el almacén de algún museo, causaba un enorme deseo de ir y romper esa soledad que parecía absorber al pelinegro y que éste lo sabía y permitía, era un deseo desesperado de ir y abrazarlo, abrazarlo tan fuerte que las piezas rotas se unieran de nuevo y así evitar que la esperanza, alegría y ganas de seguir adelante no se le escaparan como aparentaba hacerlo...o al menos eso gritaban los ojos del azabache que se toparon de pronto con una ausencia en el marco de la puerta donde juraría que alguien lo observaba.
