Luego de varios meses sin muchas ideas les traigo mi primer one-shot del año. A quienes vieron Book of the Atlantic y se impresionaron con la casi muerte de Sebastian a manos de Undertaker, quise ver que pasaria si el de verdad hubiese muerto, como hubiera continuado la pelicula y mas, espero les guste esta historia y no olviden comentar, nos vemos :)


Undertaker: Vamos, vamos, ¿qué pasa? ¿Tres personas contra una y sólo pueden hacer esto? ¿No me iban a cazar? –se ríe-

El tono burlón del recién revelado dios de la muerte resonó en el enorme salón desolado del barco de lujo en el que se encontraban. Todo había sido tan irreal para todos allí, que incluso en ese momento pensaban que todo se trataba solo de un mal sueño, incluso de una broma más de aquellas que le gustaban al sepulturero, por eso todos allí, Sebastian incluso, debían hacer un esfuerzo por no flaquear en sus intentos por salir de esa situación y continuar en aquella lucha que ahora ponía sus vidas en juego.

Ronald Knox y Grell Sutcliff, los otros dos dioses de la muerte que se habían unido a la pelea luego de que Undertaker revelara su verdadera identidad, se mantuvieron en posición de ataque en todo momento, incluso cuando el mayor parecía no tener intenciones de seguir peleando y solo concentraba su mirada en el mayordomo de negro delante de él.

El rubio, que había perdido sus anteojos en la batalla, se apresuró a recogerlos, con su superior a su lado.

Ronald: De verdad me molesta

Grell: El barco se está inclinando, ¡ya no tenemos tiempo que perder!

Los dos aprovecharon la distracción de Undertaker para atacarlo por la espalda al mismo tiempo con sus guadañas, tratando de ser valientes en todo momento pero a la vez con el profundo temor de no lograr detenerlo.

Ronald: ¡No tenemos otra que pelear de frente!

Pese a todo, su temor era más que justificado, ya que a tan sólo centímetros de liquidarlo con sus armas, Undertaker se defendió con una de sus sotobas de madera, neutralizando el ataque combinado de los dos más jóvenes, por segunda vez y muy para su sorpresa.

Grell (sudando frío): ¿De nuevo? No es posible, ¡no hay nada que una guadaña de la muerte no pueda cortar! ¿Por qué puede bloquearnos?

El de cabello plateado, orgulloso de su obvia ventaja y burlándose de la sorpresa de ambos, sólo sonrió tranquilo mientras las chispas volaban a su alrededor y el ruido del motor de las armas resonaban a la par.

Undertaker: ¿"Una guadaña de la muerte puede cortar lo que sea", eh? ¿No creen que eso es un poco extraño?

Ni Grell ni Ronald entendían esa actitud suya, así que solo se limitaron a seguir escuchándolo.

Undertaker: -los mira fijo- ¿Solo hay una cosa, no? Que no puede cortar

Ronald: No…

Grell: …puede ser

El brillo de las chispas que volaban de la podadora y la motosierra en contacto con la madera, fue reemplazado por un destello verde cegador que pareció avanzar en cámara lenta, pero a la vez muy velozmente como para poder reaccionar a tiempo. Un segundo después, lo próximo que ambos notaron fue un profundo dolor producto de una sola y enorme cortada hecha por una afilada hoja que salió de la nada. Otro segundo pasó, y tanto Ronald como Grell caían al suelo, a varios metros de distancia. Sangraban y el dolor no tardó en aparecer, pero pese a la gravedad de sus heridas, éstas no eran mortales, sino más bien una advertencia y una muy pequeña muestra del verdadero poder que ostentaba aquel shinigami legendario, pero que había sido lo bastante brutal como para hasta dejar sorprendido a Ciel y a Sebastian, quienes tampoco entendían de dónde había venido eso.

Undertaker solo sonreía mientras mostraba la verdadera forma de su arma una vez que el brillo se disipó por fin, a la vez que sus dos víctimas hacían lo posible por levantarse y no caer desmayados producto del dolor que ahora estaban padeciendo.

Grell: ¡Eso es… una guadaña!

El pelirrojo en ese momento sintió una mezcla de ira y miedo además del dolor físico, pero no era miedo únicamente por su propia vida, debía recordar que Ronald también estaba con él, y que pese a sus peleas y a que muchas veces no lograban estar de acuerdo en casi nada, sentía aprecio por aquel novato, a pesar de nunca demostrárselo. Pensó luego en Sebastian, y en cómo éste no lo había escuchado cuando le dijo que no debería haberse metido en esa pelea, realmente rogaba porque no fuera tarde para que decidiera hacerle caso y se fuera de allí con su amo.

Sebastian (pensativo): -da un paso al frente- Ya veo, "cortar lo que sea", es una frase falsa cuando varias guadañas están involucradas

Ronald: Debió haber sido recogida al momento de retirarte

Undertaker (tranquilamente): Ha estado conmigo por mucho tiempo, así que era difícil el apartarme de ella. Tuve problemas al tenerla conmigo, ¿sabes?

Mientras hablaba, acariciaba aquella arma como si fuera una hermosa pieza de arte de la cual estaba muy orgulloso, y con el mismo tono sereno con el cual admiraba su hermosura, la blandió con intenciones de seguir peleando.

Undertaker: Bien, ¿qué tal si los cazo ahora? –la levanta por sobre su cabeza- Como el lamentable conejo en un juego de caza

Sin esperar respuesta o reacción alguna de sus "conejos", el brillo verde volvió a aparecer, y, a una velocidad sobrehumana, Undertaker se lanzó sobre ambos shinigamis, pero estos, de alguna manera, lograron esquivar el golpe de la hoja, aunque eso no fue todo, pues aquel ataque fallido culminó en una explosión que los arrojó lejos junto a varias de aquellas muñecas bizarras. Grell, incluso en su desesperación, notó a Sebastian que apareció justo a su lado, pero en ese momento se encontraba demasiado asustado como para decirle nada, y ni un segundo después, los tres esquivaron un segundo ataque dirigido directamente a ellos, el cual causó una segunda explosión, que al parecer fue más fuerte que la anterior, pues varias partes de los muros del salón comenzaron a colapsar y caer encima de ellos, y debieron esquivarlas para no acabar aplastados bajo su peso.

Los dos shinigamis, el mayordomo, el conde e incluso el doctor a cargo del experimento que trajo a la vida a aquellas muñecas, se quedaron casi congelados al ver la imponente figura de Undertaker aparecer por entre el humo dejado tras las explosiones, cargando todavía su arma, mostrando que la pelea aún no había terminado, no hasta que él hubiese ganado aquel perverso juego de caza.

Sobre la cabeza de Sebastian, comenzaron a caer varias mesas provenientes del segundo nivel del salón, las cuales él tomó y arrojó con una gran fuerza hacia el shinigami legendario, en un intento más que desesperado por hacerle frente y detenerlo, asegurando así que a su joven amo no le ocurriera nada, pero a la vez también temiendo por él mismo. Por mucho tiempo había subestimado a aquel sepulturero, tomándolo por nada más que un sujeto ingenuo y de risa fácil que de vez en cuando era de ayuda en las misiones dadas por la reina. Sin duda esta faceta de su personalidad lo había tomado tan desprevenido como a todos allí.

Undertaker: Es inútil –destruye una de ellas-, puedo cortar esas mesas igual de fácil que si cortara galletas

Pero Sebastian continuó arrojando más de ellas, hasta que finalmente estuvo a una distancia prudente, colocándose a sus espaldas, lo que hizo que Undertaker lo perdiera de vista un momento.

Sebastian: Sólo quería poder acercarme

Dejando su sonrisa por fin y alejándose del mayordomo con una ágil acrobacia, ambos continuaron con la pelea, pero el demonio no había notado un detalle importante en su momento, y para cuando lo hizo, ya era tarde.

El dolor recorría el cuerpo de Ronald, pero como pudo trató de arrastrarse con sus manos y rodillas hasta su superior, quien parecía estar haciendo el mismo esfuerzo por levantarse, a la vez que la sangre seguía escurriendo por la comisura de su boca y un ligero temblor comenzaba a aparecerle, pero en ningún momento la expresión de enojo abandonó su rostro. Toda esa situación era insoportable y ya estaba harto.

Ronald: -tose- Senpai… vámonos de aquí, debemos buscar un sitio seguro

Grell: N-No… No me iré –toma su guadaña-, tú vete si quieres, ese tipo me las pagará por lo que le hizo a mi rostro y por intentar eliminarme

Ronald: ¿Estás loco? No pudimos detenerlo entre tres, ni siquiera un demonio parece rival para él, ya olvídalo y huyamos… ¡Senpai!

Pero el pelirrojo no lo escuchó, y como pudo sujetó su arma y trató de avanzar unos pasos, pero ya el solo hecho de estar de pie parecía doloroso, de hecho no tardó en volver a caer al suelo, pero por fortuna el menor lo sujetó a tiempo a la vez que él mismo también trataba de caminar. Quiso intentar servirle de apoyo, pero ambos estaban tan débiles que fue en vano. Toda esa situación era patética, y ambos lo sabían.

Grell no dejaba de toser y escupir sangre, a la vez que su vista parecía debilitarse, aún con sus anteojos puestos, lo que preocupó a su subordinado, ya que era obvio que él se había llevado la peor parte del ataque de aquella guadaña, pero nada de eso le impidió tomar fuerzas de donde pudo, empuñar su arma una segunda vez entre sus manos y levantarla a la vez que trataba de lanzarse sobre Undertaker, incluso si éste estaba muy lejos de ahí.

Cuando volvió la vista hacia donde el demonio y el sepulturero estaban peleando por su cuenta, ambos se toparon con la visión del lado demoníaco puro de Sebastian, cosa que normalmente solo solía aparecer en momentos de gran crisis, como ahora, en que el de cabello plateado se había atrevido a poner sus manos encima del conde justo delante de él, causando su ira y yéndose justo sobre el shinigami, pero aquello había sido un grave error, pues desde el principio el objetivo de Undertaker no había sido Ciel sino…

Todo pareció volver a transcurrir en cámara lenta, con Ciel siendo soltado para caer el vacío a una altura considerable y lejos del alcance de Sebastian, quien lo veía con ojos muy abiertos por la sorpresa y tras darse cuenta de que había sido engañado, pero de todos modos hizo un esfuerzo por alcanzarlo con su mano, cometiendo ahora un segundo error al darle la espalda a su enemigo, pero el daño ya estaba hecho.

Desde su posición, Grell se había quedado congelado, siguiendo aquella escena con la mirada, viendo a Sebastian ir tras su amo mientras la guadaña de Undertaker se acercaba peligrosamente hacia él, sabiendo perfectamente cuáles eran sus intenciones, pero por alguna razón no era capaz de moverse, era como si propio cuerpo lo estuviera traicionando.

Cuando la mano de Ciel, luego de lo que pareció una eternidad, logró tocar apenas la de Sebastian, una oleada de sangre apareció una vez que esa arma sobrenatural hizo contacto con el cuerpo del demonio, atravesándolo justo a la mitad de su abdomen, congelando su rostro en una expresión de puro terror.

La voz de Undertaker apenas era audible para el pelirrojo, pues sus sentidos parecían haberse apagado ante aquella vista, pero creyó entenderlo de todos modos.

Undertaker: Pueden ser débiles y frágiles, pero una vida humana es muy difícil de arrastrar, mayordomo-kun. Desde que te conozco me lo pregunté, ¿por qué una bestia cómo tú se vestiría y jugaría al papel de mayordomo?

Grell debió ahogar un grito de terror, pues pese a la larga distancia, juró ver cómo los ojos de Sebastian hicieron contacto brevemente con los suyos antes de que el brillo en estos se apagara. De cualquier modo, esperaba que solo fuera su imaginación… por todos los cielos, que así fuera.

Undertaker (seriamente): Muéstrame tus memorias

Y como es usual tras el ataque de una guadaña, sea de parte de un shinigami activo o retirado, el cinematic record de Sebastian se dispersó por todos lados. Metros y metros de película abandonando su cuerpo sin fin, producto de una vida milenaria y llena de experiencias, amos, contratos y almas devoradas a lo largo de siglos y siglos. Los recuerdos avanzaron tras los ojos de los shinigamis presentes en pocos segundos, pero siendo invisibles para el conde, quien cayó sin nadie que lo sostuviera, hasta que el brazo de Undertaker le evitara un aparatoso golpe contra el suelo en el último momento y lo regresara a donde estaba un momento antes. El joven parecía demasiado impresionado como para quejarse, pero no como para no gritar por su mayordomo, sin saber realmente si éste podía escucharlo o no.

Ciel/Grell: ¡Sebastian!

Las voces de ambos se mezclaron al gritar al mismo tiempo y al momento en que el demonio caía, ya sin vida, al suelo del salón, creando un charco de sangre a su alrededor que iba creciendo cada vez más, mientras sus recuerdos no dejaban de fluir fuera de él. Tanto el conde como el shinigami pelirrojo esperaban porque éstos simplemente volvieran a entrar y eso fuera todo… pero algo no estaba bien.

La expresión de Grell era ahora ya más de terror que de enojo, ni siquiera se había dado cuenta en qué momento había dejado caer su guadaña, pero como pudo, intentó reaccionar e ir a socorrer al mayordomo, seguramente había algo que pudiera hacer por él.

Pero antes de poder hacer nada, escuchó cómo Ronald daba unos pasos lejos de él, actuando como si sus heridas no le dolieran, mientras cargaba su propia guadaña y un libro abierto… su lista, misma que contenía las almas de varios pasajeros de ese mismo barco.

Sin más, colocó su podadora sobre el cuerpo del demonio, mientras ésta absorbía sin problema la película, haciéndola desaparecer en su interior. Grell lo miraba todo, atónito, y luego…

Ronald (leyendo su lista): Sebastian Michaelis, demonio perteneciente a uno de los estratos más altos de la jerarquía del inframundo, actualmente trabajando bajo un nombre falso como mayordomo personal del perro guardián de la reina. Nació en una fecha indeterminada, murió el 17 de abril de 1889 a causa del ataque de una guadaña de la muerte –pone el sello en su libro y suspira-. Nada más que agregar –lo cierra-

Grell cayó al suelo con el rostro cubierto en sangre seca y completamente pálido, pero apenas se compuso se levantó, y a tropiezos fue con Ronald, a quien increpó sin dudarlo y sin pensar en ninguna consecuencia.

Grell (histérico y furioso): -lo sujeta del traje- ¿¡Qué crees que estás haciendo!?

El rubio miró a su superior, tratando de imitar la mirada fría y profesional de William, pero sin lograrlo. Apartó la vista de Grell y trató de que no le temblara la voz al hablar, pero le fue difícil. A fin de cuentas solo era un novato.

Ronald: Lo que vinimos a hacer aquí senpai

Grell: ¡Devuelve el alma de Sebastian ahora, como tu superior te lo exijo! ¡Haz lo que te digo maldición!

Ronald: -niega con la cabeza- No lo haré, tú mismo me dijiste que esto era lo más importante para un dios de la muerte

Grell: ¡Sabes que no podemos cosechar almas que no estén en la lista!

Ronald: -lo mira fijo- ¡La suya si lo está!

Grell: -hace una pausa- ¿Qué?

El más joven no se atrevió a decirle nada y simplemente le entregó su libro, en donde había docenas y docenas de nombres y apenas unos pocos sellos, y en la página en la cual estaba abierto, aparecía claramente una fotografía de Sebastian junto a su fecha y hora exacta de muerte, la cual había sido en ese mismo momento.

Ronald miró a su superior mientras éste sujetaba el libro frente a él, para luego soltarlo y dar unos pasos hacia adelante con expresión sombría. El menor intentó sujetarlo suavemente, pero Grell lo rechazó y siguió caminando, todo a vista y paciencia de Undertaker, que miraba todo sin sonreir ya, pero sin necesitarlo para creer que todo aquello era algo divertido. Ciel observaba todo también, pero un dolor punzante en su ojo, aquel que llevaba cubierto por el parche, lo hizo retroceder de pronto.

Grell se encontraba ahora de nuevo de rodillas, delante del cuerpo ya sin alma de Sebastian, mirándolo con los ojos vacíos y desprovistos de la energía de siempre. Se quitó los anteojos un momento, para cubrir su rostro con una mano, mientras dejaba salir un sonido apagado de entre sus labios, el cual solo Ronald fue capaz de oír. Luego de eso, dejó salir otra vez su voz en un profundo lamento.

Grell (sin expresión): -levanta un poco la vista- Te dije que esto era un asunto de shinigamis, ¿por qué no quisiste escucharme?

Aunque el pelirrojo sentía un deseo incontrolable de llorar, por alguna razón no le salían las lágrimas, así que se limitó a quedarse allí, como olvidando que a su alrededor la pelea todavía no había terminado.

Ronald: ¡Senpai!

Apenas sintió los brazos de Ronald rodearlo y sacarlo de donde estaba, pero cuando levantó la vista de nuevo, pudo ver a Undertaker que había intentado cortarlos a ambos con su guadaña del mismo modo en que lo había hecho con Sebastian, de hecho fue eso precisamente lo que lo hizo volver en sí y recordar que no estaban solos.

El shinigami más joven quiso tomar su arma y lanzarse sobre Undertaker, tratando de no mostrar en su rostro el dolor ni el miedo por los que estaba pasando ahora, pero no pudo dar un solo paso, pues su superior lo detuvo y lo hizo bruscamente a un lado, manteniendo su expresión sombría y ojos ya sin vida, los cuales colocó fijamente en quien ahora era su enemigo.

Grell: No te metas en esto mocoso y vete de aquí, este sujeto es mío ahora

Undertaker: -se ríe un poco- Vaya, vaya, ¿de dónde salió tanto valor? El juego pareció volverse más interesante

El pelirrojo no tenía ánimos ni tiempo para sus estupideces y simplemente se le lanzó encima sin decirle nada, dispuesto a partirlo por la mitad con su motosierra y torturarlo de maneras que harían temblar de miedo incluso al más perverso demonio. Undertaker notó esto y sabía perfectamente por qué sucedía, así que se limitó a simplemente esquivar los ataques con expresión calmada. Un shinigami enfurecido no era precisamente el ser más cuerdo ni menos el mejor peleador, así que sólo esperaría a que la situación se calmara eventualmente.

Grell no estaba peleando con la saña de costumbre, sino con algo más profundo y personal, tampoco se estaba divirtiendo, todo lo que le interesaba era obtener venganza eliminando a quien le había quitado la vida a uno de los hombres a quienes más había amado en décadas de ser un dios de la muerte.

En un momento, se acercó al sepulturero lo suficiente como para jurar que podría simplemente cortar su cabeza de un tajo y acabar con él de una sola vez, pero cuando estaba por asestar aquel golpe, Undertaker lo sujetó de un brazo, haciéndolo perder control sobre su arma y obligándolo a soltarla. Cuando la motosierra golpeó el suelo, quedando casi inutilizable, el shinigami legendario sujetó ahora el cuello de su oponente con la misma mano, apretando la piel de éste y cortando el paso de aire, para mirar directamente a sus ojos y así quedar grabado por siempre en ellos.

Undertaker: Parece que logré cazar al segundo conejo, ¿verdad, shinigami?

Y con suma dureza siguió apretando, pero Grell no se quejó ni rogó, mostrando tan solo una mueca de dolor y nada más. Ronald intentó correr e ir en su ayuda, pero fue detenido por aquella enorme guadaña, la cual le propinó un duro golpe y otro profundo corte en medio del pecho, justo encima del anterior, lanzándolo contra una pared, quedando finalmente casi desmayado por el golpe. Ahora estaban solo ellos dos, sin nadie capaz de ayudar al pelirrojo, quien podía sentir cómo la vida se escapaba de su cuerpo conforme el agarre del otro se hacía más apretado.

Undertaker entonces miró a Ciel, quien no se había movido de donde estaba mientras cubría su ojo adolorido con una mano, y le dedicó una sonrisa.

Undertaker: Ya eres libre conde, ya no debes preocuparte más por esa bestia a quien le debías tu alma y podrás volver en paz a casa, ahora te pido que te vayas de aquí mientras termino con esto por mi cuenta

El antiguo joven amo de Sebastian descubrió su ojo derecho ahora sin parche, el cual volvió a ser igual al izquierdo al ya no poseer más el sello del contrato que lo ataba a aquel demonio. Miró su cuerpo muerto una última vez y como pudo huyó de ese lugar, esperando reencontrarse con Elizabeth, desapareciendo entre la multitud de muñecas que seguían en pie, aunque no era seguro que pudiera salir de allí con vida, menos ahora que se encontraba solo.

Con Ronald fuera de combate y Sebastian muerto, a Undertaker ya solo le restaba acabar con Grell, aunque eso no estuvo nunca en sus planes, pero la idea de finalizar aquel juego de aquella manera lo llenaba de emoción.

El shinigami pelirrojo trató de enfocar bien su vista y pensar en qué hacer, pero la falta de aire se lo estaba haciendo difícil. En ese momento, solo había una cosa en su mente.

Grell: -cierra los ojos- Se… Sebas… agh…

Undertaker (sonriendo): Así como jugaste con la vida de tu antigua ama, enviándola a su descanso eterno mucho antes de lo debido, creo que puedo jugar con la tuya ahora, será un último recuerdo divertido antes de regresarte al mundo de los muertos –aprieta más-

Grell ya se encontraba al borde del desmayo, pero de todos modos lo más seguro era que Undertaker no planeara matarlo dejándolo sin aire, pues apenas se desmayara dejaría de necesitar respirar, lo más seguro era que tuviera pensado algo mucho peor y más sangriento que eso. De cualquier modo, Grell ya se había resignado, aceptaría cualquier cosa que él le tuviera preparada, como si ya nada le importara.

Incluso viendo cómo Grell no luchaba por su vida, Undertaker sujetó su guadaña con fuerza y la levantó en el aire, dispuesto a cortarlo y a acabar con su vida de una vez.

Unos segundos antes de asestar aquel golpe, Ronald recuperó un poco la consciencia y presenció todo ocurriendo delante de él, quedando pálido al saber que no había nada que pudiera hacer ahora por su superior. Éste en tanto, se volteó con lo último de sus fuerzas y le mostró una sonrisa tranquila, pero sin ser capaz de hablar.

Con dolor y mucha impotencia, el más joven notó que no era capaz de levantarse, al parecer una de sus piernas estaba fracturada, lo que lo obligó a volver al sitio en el que había estado apoyado, siendo ahora el único espectador de aquel sangriento espectáculo, que terminó con Undertaker hundiendo su arma en el pecho de Grell, haciéndolo escupir toda la sangre que le quedaba todavía, con los ojos abiertos por el shock pero increíblemente sin sentir dolor, solo la oscuridad que lo iba envolviendo rápidamente.

El rubio, desesperado, no podía sino gritar, pero era inútil, su superior ya no podía oírlo.

Ronald: ¡Sutcliff-senpai!

Su grito desgarrador pasó inadvertido. Un solo segundo más pasó, y ya todo era solo tinieblas, que aparecieron cuando la última gota de sangre abandonó su cuerpo por fin.

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Ronald (golpeando la puerta): ¡Sutcliff-senpai! ¿Me oye?

La oscuridad era profunda, pero extrañamente cálida y acogedora, como si su cuerpo ahora estuviera siendo abrazado en un intento por devolverle la vida. A lo lejos, ahora era capaz de oír aquella voz llamándolo, cada vez más fuerte.

Desesperándose por salir de aquella oscuridad, Grell comenzó a patalear como loco, para acabar dándose de lleno en la cara cuando tocó el suelo, enredado en las sábanas y cobijas de su cama.

Grell: ¿Pero qué…? Agh –lleva una mano a su cabeza-

Cuando se compuso, notó en donde estaba y su consciencia volvió completamente, junto con el dolor que ahora llenaba su cuerpo, todavía herido luego de lo ocurrido en el barco la noche anterior, alrededor de doce horas atrás, por lo que sus heridas estaban frescas y requerían reposo.

Ronald (con tono insistente): -abre la puerta- Senpai

Grell (irritado): ¿Qué quieres? ¿No sabes que es de mala educación entrar así al cuarto de una dama?

Su compañero entró a la habitación, sin importarle el regaño del otro, vistiendo su pijama, el cual tenía la camisa abierta, mostrando un vendaje que recorría casi todo su abdomen, además de tener que moverse usando una muleta, debido a un esguince en uno de sus tobillos.

Ronald: -suspira- Lo sé, pero William me pidió que viniera a dejarte esto

Antes de que Grell pudiera emocionarse al creer que su querido jefe pudiera molestarse en darle un regalo mientras se encontraba convaleciente, vio cómo el chico dejó sobre su mesa una carpeta llena de documentos y mucho papeleo adicional.

Grell: ¿¡Ah!? ¿Qué es esto? –toma la carpeta-

Ronald: -se rasca la cabeza- No te pongas así, a mí también me asignó trabajo, dijo que es para que no perdamos el tiempo mientras estamos en cama. Espera que lo entreguemos todo mañana temprano

Grell (lloriqueando): -hunde su cabeza en los papeles- Ese Will es un explotador, ¿ni siquiera tiene compasión de mí cuando ve que estuve…? –levanta la vista de pronto-

Ronald: ¿Senpai? ¿Sucede algo?

Grell olvidó lo que iba a decir no bien lo recordó todo.

El barco.

Undertaker.

William.

Ambos fueron rescatados.

O sea que Undertaker nunca intentó matarlo.

O sea que todo debió ser un sueño.

O sea que Sebastian debía estar…

Grell se apresuró y comenzó a tomar su ropa otra vez mientras se dirigía a la ventana, todo ante un incrédulo Ronald que no entendía a qué se debía eso y que apenas tuvo oportunidad de hablar.

Grell: Dile a Will que no tengo tiempo para papeleo, no lo sé, dile lo que sea pero que no sepa en dónde estaré

Cuando ya estaba en el marco de la ventana, Ronald se acercó como pudo y trató de detenerlo, no comprendiendo qué estaba pasando.

Ronald: Senpai espera, ¿y tus heridas? Necesitas descansar

Grell: Sé lo que hago, ahora déjame ir

De un solo salto ya se encontraba de regreso en el primer piso del edificio, y un segundo más tarde ya estaba fuera del mundo shinigami al abrir un portal que lo llevaría a Londres.

Cuando llegó al mundo humano, vio que estaba no lejos de la mansión Phantomhive, y considerando el tiempo que había pasado, lo más seguro era que Sebastian y Ciel ya hubieran vuelto para entonces. Se dio un momento para cambiarse y estar más presentable, tratando de ocultar sus vendajes lo más posible, pero dejando a la vista algunos en su cara, manos y cuello. No había nada que hacer sobre eso, así que lo dejó así. Con paso lo más seguro que pudo, caminó hacia la enorme mansión, esperando encontrar pronto la habitación de Sebastian dentro de ella.

Justo en ese mismo lugar y momento, el mayordomo estaba siendo atendido por su amo y los demás sirvientes mientras se recuperaba de su pelea con Undertaker, claro que estos últimos no conocían los detalles, excepto por Snake, que solo sabía una parte de la verdad, pues el joven conde se había encargado de contarles una historia que fuera creíble, la cual involucraba un asalto dentro del barco, del cual Sebastian lo había defendido, llevándole él la peor parte. Lógicamente y por fortuna todos lo creyeron y no hicieron más preguntas, concentrándose solo en ayudar al mayordomo a recuperarse por completo.

Debido al tamaño de la mansión, le tomó a Grell un par de horas encontrar la habitación de Sebastian, cayendo la noche para cuando llegó a ella desde la ventana que daba hacia el exterior. Se asomó por ella, esperando ver al demonio, pero se encontró con que no estaba solo, sino acompañado por su joven amo, quien lo miraba sentado en una silla mientras él se recostaba en su cama, usando lo que parecía ser un camisón para dormir de mujer, regalo de Elizabeth.

Sebastian (cansado): Amo, ¿quedó satisfecho tras ver mi lamentable aspecto de hoy?

Ciel (sonriendo tranquilo): Pues, fue algo divertido de ver

Sebastian: -suspira- Como lo supuse

Debió esperar un poco más hasta que finalmente fue la hora de dormir de Ciel y éste se retiró a su propia habitación, escoltado por Tanaka, quien por ahora lo arroparía en lugar de Sebastian.

Ciel (en la puerta): Descansa por esta noche y no te agites, te quiero en buena forma mañana temprano

Sebastian: Como lo ordene joven amo

Cuando la puerta se cerró y el demonio quedó otra vez solo, éste suspiró, alejando la bandeja donde ahora estaba el plato vacío de su cena. No lo había hecho sentirse mucho mejor, pero su amo esperaba que comiera, así que no tenía de otra. Trató de dormir, pese a no necesitarlo realmente, dándole la espalda a la ventana cerrada, cuando unos momentos más tarde fue alertado por unos golpecitos que venían de ella. No le dio importancia, creyendo que quizá solo era una rama de árbol moviéndose con el viento, pero cuando éstos se volvieron insistentes, creyó que quizá era uno de sus gatos queriendo entrar. No le tomó mucho tiempo darse cuenta que no era ninguno, pues pudo presentir un aura conocida, la cual le provocó un escalofrío, así que supuso que lo mejor era fingir que dormía mientras esperaba porque se fuera, pero no lo hizo.

Grell entró sin problema a la habitación gracias a que la ventana no tenía seguro, y una vez dentro se acercó con cuidado al demonio que yacía en la cama, intentando no recordar aquel horrible sueño y esperando alguna reacción de Sebastian, incluso si era de enojo o rechazo, todo lo que quería era convencerse de que eso que vio no había sido real.

Sebastian, recordando que su amo le había ordenado no agitarse, evitó a toda costa al shinigami, quien seguramente había venido a cobrarse aquella pelea que no habían podido tener por culpa del sepulturero. Cubrió su cabeza con la cobija e hizo lo posible por ignorarlo, pese a tenerlo literalmente junto a él en ese momento.

Grell (agachado junto a la cama): ¿Sebas-chan? ¿Estás despierto?

Sebastian (irritado): -suspira y se destapa- Lamentablemente si, ¿puedo saber qué quieres?

Pese a estar molesto y con deseos de echar de ahí a Grell a patadas, debía recordar sus órdenes y además el hecho de que estaba muy herido todavía, así que no tenía más opción que aguantar al shinigami.

Grell: -sonríe y apoya su cabeza en sus manos- Sólo quería visitarte y ver cómo estabas luego de nuestro desafortunado encuentro con Undertaker, es lo que una dama haría por su caballero

Sebastian: -voltea y lo mira- Pues más te vale irte ahora, no estoy en condiciones de pelear y no quiero problemas. Buenas noches y por favor deja la ventana cerrada –vuelve a acomodarse en la cama y le da la espalda-

El mayordomo esperaba que Grell hiciera un berrinche y causara un escándalo, pero en lugar de eso, solo dejó salir una pequeña risa y caminó hacia el otro lado de la cama, acomodándose como estaba antes y mirando al demonio a la cara, sin dejar de sonreír. Sebastian, ya muy irritado, se sentó en la cama y sujetó al shinigami de una mejilla, apretándola con tal de quitarle esa sonrisa del rostro.

Grell: ¡Ow! ¡Sebas-chan, eso duele!

Sebastian: -lo suelta- Ahora que lo pienso, tú igualmente saliste herido en el barco, ¿por qué no estás en cama también?

Grell (sonriendo): -se soba la mejilla- Eres muy dulce por preocuparte por mí de esa forma

Sebastian: -mira hacia otro lado- De ninguna manera, solo quiero saber qué haces aquí

Grell: -se le acerca más- Ya te lo dije, quise visitarte, además te ves adorable vestido así, aunque me gustas más de negro, o de preferencia sin nada encima –se ríe-

Sebastian: No digas esas cosas, es desagrable, además te pido que me dejes descansar, así que por favor ya vete

Sabiendo que tomaba un riesgo, el shinigami repentinamente lo abrazó, lo que lo tomó en parte con la guardia baja, ya que no esperaba algo así de él, dejándolo frío y sin saber cómo reaccionar hasta cerca de un minuto después.

Sebastian: -suspira- Si no piensas irte, al menos no hagas ruido mientras estés aquí

Grell (sin soltarlo): Muy bien, pero con una condición

Sebastian sintió un escalofrío al escuchar la voz del pelirrojo tan cerca de su oído, ya que cayó en cuenta de que nunca habían estado así de cerca antes, pero intentó pretender que no le había afectado.

Sebastian: ¿Cuál es?

Grell: Déjame dormir aquí esta noche

Sebastian: -se suelta de el- Olvídalo, jamás dejaría que un pervertido durmiera en la misma cama conmigo, cuando mucho te dejaría usar el piso

Grell: -coloca su cabeza en su pecho- Anda Sebas-chan, solo por esta noche, además prometo que no le diré a nadie, de todas formas quizá nadie me creería

Derrotado, Sebastian se echó en la cama cubriendo su cara con una mano, sabiendo que no había nada que pudiera hacer o decir por ahora para que Grell se fuera.

Sebastian: -suspira pesadamente- Bien, quédate aquí

Emocionado, el shinigami entró en la cama junto al demonio tras quitarse su abrigo y zapatos, pero éste le dedicó una mirada muy severa antes de que pudiera ponerse demasiado cómodo.

Sebastian: Te advierto que si haces cualquier cosa inapropiada, te haré lamentarlo, ¿está claro?

Lejos de asustarse ante su tono, Grell solo asintió con la cabeza, sonriendo como si nada pudiera perturbar su felicidad mientras se acomodaba junto a Sebastian, sabiendo que el simple hecho de compartir la cama con él ya era suficiente para sentirse bien, sobre todo ahora.

Sebastian solo lo observó mientras descansaba su cabeza en la almohada, vigilando que cumpliera con su palabra. Al ver que el shinigami no parecía tramar nada malo, se relajó y cerró los ojos, intentando dormir, aunque no fuera algo realmente necesario para él. Si bien le extrañaba que Grell estuviese actuando de esa forma tan sumisa y calmada, al menos agradecía que aquel pesado día libre no hubiera acabado de peor manera.

Finalmente el pelirrojo logró dormir, velado en su sueño por el demonio, quien tras horas de intento decidió que no tenía caso tratar de hacer lo mismo. Sin darse cuenta, se encontró sonriendo ligeramente ante esa visión y consiguió relajarse al fin.

Quizá no había sido un día tan malo después de todo.