DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Amo este capítulo. Espero que me cuenten qué les pareció!

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La Forma Correcta de Actuar

Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8

Capítulo 15

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Katya Viktor resultó ser el nombre de la chica Búlgara con quien Draco había salido después de ser liberado de Azkaban, y protagonista del artículo "DRACO MALFOY ENCUENTRA EL AMOR".

Katya Viktor era también la chica con quien Draco había salido la noche anterior. El Profeta publicó una fotografía de Draco besándola, acompañada de un fragmento escrito por Skeeter lamentando la pérdida de la nueva "Pareja de Poder" mágica.

Hermione se detuvo en la oficina del Diario el Profeta antes de apresurarse para llegar a Cornerstone; tomó un periódico y lo arrojó dentro de su bolso. Una vez que tuvo abierta y lista la tienda –con sólo dos minutos de ventaja- sacó el periódico.

No había nada en la página principal, pero hojeó hasta llegar a la sección de sociedad y chismes que escribía Skeeter, y ahí estaba Draco, retirando el cabello del rostro de la Búlgara, y reclinándose para besarla. La chica sonrió contra sus labios.

Hermione frunció el ceño mientras la fotografía se repetía. Había atrapado a Draco y Pansy Parkinson besuqueándose en los corredores muchas veces durante 5º año, y algunas veces en 6º. A veces estaba muy nerviosa para interrumpirlos, pues sabía que serían dos Slytherins contra una Gryffindor. Algunas otras sin embargo, estaba lo suficientemente celosa como para aclarar su garganta. Pansy volteaba a verla y la insultaba, pero Draco se giraba desde la posición donde presionaba a Pansy contra el muro y recuperaba el aliento mientras la miraba con ojos gélidos.

Ésta fotografía no se veía así. Draco retiró el cabello de Katya alejándolo de sus ojos y se reclinó lentamente. Era menos… apresurado.

¿Eso significaba que Draco la deseaba menos? ¿O que le gustaba más?

Hermione echó un vistazo al resto del artículo, haciendo muecas cada vez que su nombre aparecía escrito. Katya era modelo en Bulgaria y su padre profesor de Durmstrang. Era mestiza, sorprendentemente. La última línea rezaba:

Y la pobre Hermione Granger. ¿Cómo estará tomando la noticia?

—No muy bien —Hermione se rió de si misma mientras entraba el primer cliente y arrojó el periódico al basurero.

Después de un largo día de miradas compasivas y montones de "Es una lástima", al fin eran cuarto para las seis. Hermione se recargó contra el mostrador mientras el último cliente le deseaba buenas noches, y disfrutó la paz diez segundos hasta que la puerta se abrió nuevamente.

Draco entró. Hermione estrechó los ojos.

, ¿qué quieres?

Draco alzó una ceja mientras subía de un paso los escalones —¿Un libro? ¿Venden de esos aquí?

Hermione consultó su reloj. —Cerramos en catorce minutos. ¿Tenías que venir justo al final del día?

—Bueno, no quería ningún testigo de nuestro tórrido romance, Granger —Draco se reclinó contra el mostrador y Hermione se giró hacia una pila de libros para que no pudiera verla sonrojarse.

—Sé rápido. Aún necesito guardar todo esto.

—Está reservado.

Hermione se detuvo a mirar el anaquel de reservas, hasta ahora notando que tenía una bolsa dentro. La jaló y vio otra novela de ficción femenina. Hermione alzó una ceja hacia Draco y él levantó la suya en respuesta. Comenzó a anotar en el libro contable mientras Draco la observaba.

—Un reportero me preguntó hoy si me dejaste ir fácilmente —dijo. Volteó a mirarlo—. ¿Asumo que fuiste visto con una de tus chicas anoche?

—Sí, Katya. Aún me faltan seis más.

Hermione lo miró fijamente.

—¿Una para cada día de la semana, cierto? —dijo Draco. Hermione le frunció el ceño por haberle echado en cara sus propias palabras—. Lo que me recuerda —arrastró las palabras—, ¿tienes otras cinco copias de esto? —golpeteó con un dedo el libro femenino que estaba registrando.

Hermione se mofó de él mientras terminaba de escribir. —Sabes Draco, el hecho de que les regales libros no significa que aprenderán a leer.

Hermione alzó la mirada cuando Draco no contestó, y lo encontró mirándola. Sus ojos destellando.

—Granger, —dijo—. Si extrañas aparecer conmigo en los periódicos, creo que mi chica de los Miércoles es un poco tonta. Ese día es todo tuyo.

Sus ojos grises la registraban, y Hermione frunció el ceño. —Tendré que revisar mi agenda antes de hacértelo saber —le extendió la bolsa.

—¿Envoltura? —se veía tan inocente con sus cejas alzadas y grandes ojos.

Hermione tomó una bolsa de regalo y dos piezas de papel crepé y las estrelló contra el mostrador. —Hazlo tú mismo. —Tomó la pila de libros para guardarlos y se dirigió a los anaqueles a su derecha sin voltear a verlo.

Una vez detrás de las repisas dejó escapar un suspiro silencioso. Su corazón latía furioso contra su pecho y su cerebro intentaba averiguar qué derecho tenía para estar tan enojada.

Después de meter algunos libros a su lugar, se dio cuenta que no escuchó la puerta abrirse. Asomó la cabeza desde la esquina de los anaqueles y vio a Draco Malfoy detrás del mostrador, jalando un rollo de papel de envoltura.

—¡Malfoy! —Hermione se apresuró a la mesa y bajó de nuevo los libros, corriendo alrededor del mostrador y empujándolo—. ¡No puedes estás aquí!

—¡Dijiste "hazlo tú mismo"! —contestó, sonriendo de lado.

—Ay. ¡Dame eso! —Hermione le arrebató el rollo de papel de envoltura y se movió al otro lado de él para acomodar el papel—. ¿No quieres una bolsa de regalo? —se quejó.

—Bueno, Katya recibió aquel regalo hermosamente envuelto que preparaste la semana pasada, así que no puedo andar dando al resto de las chicas regalos con envolturas de segunda clase. Es mejor ser equitativo en cosas así.

—Eres incorregible. —Hermione estiró el papel para envoltura, sacó el libro de la bolsa de compra y lo colocó sobre el mostrador. Draco aún no se movía de su sitio tras el mostrador, por lo que ahora estaba de pie a su lado mientras cortaba la cinta adhesiva y la presionaba contra el doblez.

—¿Cómo va tu proyecto con el dragón?

Hermione volteó a mirarlo, Draco la observaba. De nuevo tuvo la intrusiva sensación de que, de algún modo, él era el dragón.

—Hum… bien —dobló el otro lado del libro—. Envié mi propuesta inicial ayer, así que Mathilda la revisará y hará los ajustes necesarios antes de enviarla a Kingsley- eh, al Ministro Shacklebolt.

—¿Y ya te has sentado con el Ministro a discutirlo?

Hermione lo miró, y descubrió que estaba a menos de 30 cm de ella, su cuerpo completamente girado en su dirección, reclinado contra el mostrador.

—¿Hum, no? —Hermione frunció el ceño—. Para eso es la propuesta.

Draco arqueó una ceja. —Eres cercana, una amiga personal del Ministro de Magia, has peleado una guerra a su lado. Si no eres capaz de llevar al hombre a tomar un té –o café- para discutir un proyecto que te apasiona, ¿entonces dónde está el beneficio?

Hermione tomó un listón. —Pero qué Slytherin de tu parte. Una amistad no puede ser sólo una amistad. ¿Tienes que obtener algo a cambio, cierto Malfoy?

—Y qué Gryffindor de tu parte, —contestó lentamente, dando un paso hacia ella—. Empezar algo valientemente, sin tener la más remota idea de cómo obtener lo que deseas.

Su aliento se agolpó en su garganta. Hermione lo miró a los ojos y sintió que Draco había dejado de hablar sobre dragones. Su mente se aceleró y sintió la esquina del mostrador presionarse contra su cadera derecha. Draco la había acorralado otra vez.

—¿Todo bien allá abajo? —La voz de Morty se escuchó, y después se asomó por la puerta—. ¡Sr. Malfoy! ¡Qué gusto verte de nuevo!

El aire fresco volvió en cuanto Draco se alejó, y Hermione descubrió que Draco tenía las mejillas sonrojadas mientras le sonreía a Morty. Consultó su reloj mientras los dos hombres charlaban y corroboró que pasaban cinco minutos después de las seis. Maravilloso. Volvió la mirada a la pila de libros que aún tenía que guardar.

—Granger terminaba de envolver un regalo ara mí. Aunque creo que la retuve más allá de su horario normal. Me disculpo.

Hermione se burló. Me disculpo. Sintió que Draco giró los ojos hacia ella mientras sacaba su varita y apuntaba a la señal de Abierto, volviéndola Cerrado.

—No hay ningún problema, muchacho —Morty tomó la pila de libros.

—Oh, no, Morty. Yo puedo guardar esos- —intentó detenerlo.

—Tonterías. Termina con el Sr. Malfoy aquí, y yo empezaré con esto —Morty desapareció dentro de la sección de ficción.

Draco aún no se movía de la parte posterior del mostrador y ahora la miraba fijamente. Hermione le frunció el ceño y se giró hacia el regalo que planeaba darle a una de sus chicas. Cortó el listón, lo colocó alrededor del libro, lo torció y ató los extremos. Se reclinó sobre Draco, ignorando la forma en que sus costillas rozaron contra su costado, y tomó la bolsa de compra; arrojó el libro dentro y lo empujó entre los brazos del chico.

—Gracias por comprar en la Librería Cornerstone —musitó en tono inexpresivo. Draco alzó una ceja y Hermione se apretujó para abrirse paso, cuerpo contra cuerpo otra vez, para dirigirse a ayudar a Morty con los libros.

La siguiente semana Hermione pretendió no revisar las páginas de sociales, pero falló miserablemente. No hubo más avistamientos de Draco con otra chica, y no sabía si eso la ponía feliz o ansiosa. ¿Era Katya la indicada si había dejado de tener otras citas? Hermione se reprendió y se prometió a si misma no volver a pensar en Draco durante la semana.

—Ginny —Hermione azotó la puerta del departamento y Ginny la miró desde el sillón—. Quiero tener una cita.

Ginny terminó de masticar su queso a la parrilla, tragó, y dijo —Eres muy amable, Hermione, pero por ahora estoy viendo a Harry. ¿Tal vez si terminamos?

Hermione rodó los ojos y arrojó su bolso a una silla —Creo que es tiempo de que comience a tener citas.

—¿De verdad? —Los grandes ojos de Ginny recorrieron su rostro.

—Sí —Hermione la miró fijamente. Ginny devolvió la mirada. Hermione dijo—. Así que, ¿qué hago ahora?

Ginny rió entre dientes —Bueno, puedo compilar una lista de chicos solteros que podrían estar interesados en ti.

—Bien. Sí —Hermione colocó sus manos sobre la cadera.

—Pero generalmente, sólo tienes que preguntarles si están interesados en ir por un trago, o una taza de té.

—¿Yo les pregunto?

—Sí, Hermione. Ya casi entramos al siglo 21, ¿sabes? —dijo Ginny. Hermione resopló—. Ahora, ¿debo incluir en tu lista solamente a rubios, cabrones, y antiguos Mortífagos? ¿O se han expandido tus intereses?

—No, no —Hermione frunció el ceño—. He decidido no pensar más en Draco Malfoy. Es tan solo una pérdida de tiempo.

Ginny le dedicó una pequeña sonrisa —Bien por ti.

Por supuesto, eso fue el Lunes. Y para el Martes, Harry la había invitado a almorzar con él en la cafetería -¡ahora sirven croissants de almendra, Hermione!- y se habían topado a Draco ahí. Harry, tan educado y despistado como siempre, lo invitó a sentarse con ellos. Hermione prácticamente se la pasó bebiendo café mientras escuchaba a ambos discutir sobre el partido de Quidditch que tendrían la próxima semana. El Domingo sería Halloween, recordó Hermione, y sabía que Harry atiborraría su día para mantener su mente alejada del aniversario que representaba.

—¿Estarás en el juego, cierto?

Hermione agitó su café, y pellizcó su croissant. Esperó la contestación, pero cuando nadie habló, levantó la vista para encontrar a ambos chicos mirándola.

—¿Qué? Lo siento. ¿Yo? —Sus mejillas se acaloraron.

—Sí —contestó Harry—. ¿Vendrás al partido en Halloween? Creo que todos los Departamentos asistirán, juegue o no su equipo.

—Yo- digo, sí podría, sí —Hermione balbuceó—. Tengo trabajo a las diez, pero-

—¿Cornerstone abre en Halloween? —preguntó Draco.

Hermione lo miró y pestañeó. —Oh, creo… creo que no.

—¡Genial! —Harry sonrió—. Aniquilaremos a los de Transportación Mágica. ¡Y después podemos ir todos a tomar algo!

—Genial —Hermione estaba menos que emocionada.

El resto de la semana pasó volando. Ginny no perdió tiempo en conectarla con Rolf Scamander, alguien por quien sentía verdadera fascinación, pero con quien al final no tenía química. Tuvieron una maravillosa charla de tres horas entre bebidas que abordó desde su proyecto con el dragón hasta la inminente extinción de los Snidgets dorados; pero cuando la cita terminó, Hermione se dio cuenta que en realidad no habían llegado a conocerse bien entre ellos.

Rita Skeeter no estaba de acuerdo. Sus páginas sociales del Viernes destacaron una fotografía de la animada discusión sobre el trabajo de su abuelo con los Grindylows, afirmando que ambos "se llevaban de maravilla", y que Hermione parecía estar al fin recobrándose del rechazo de Draco Malfoy.

Mathilda tuvo oportunidad de reunirse el viernes con ella para discutir su propuesta de Gringotts, pero desafortunadamente muchas de sus críticas reflejaban exactamente lo que Malfoy le había dicho en relación a la falta de cooperación de los duendes.

—Por todo lo que sé sobre los duendes —dijo Mathilda, atándose el pelo en un moño que dejó varios mechones sueltos—, en realidad prefieren continuar haciendo las cosas exactamente como las han hecho siempre. El siguiente dragón ya ha sido seleccionado para transportarlo desde la reserva en Gales para su… entrenamiento —Mathilda hizo una mueca.

—¿Qué? —Hermione saltó—. ¿Ya están cegando y torturando a otro dragón?

—Bueno, ya ha pasado un año y medio, Hermione —Mathilda suspiró—. Tienen un negocio que manejar.

—¿Y qué pasó con mis ideas sobre protección de Aurores en las bóvedas inferiores, o dar a los Elfos domésticos nuevas oportunidades laborales en Gringotts, entregando objetos de bóvedas a las que sólo ellos tengan acceso?

—Los duendes no quieren magos involucrados en su seguridad, y tú sabes mejor que nadie que los elfos domésticos pueden ser… persuadidos, cuando son leales a alguien de afuera. —Mathilda cerró el expediente, y Hermione sintió el golpe como si la vida del proyecto fuera cortada de tajo—. Lo siento, Hermione. Los duendes quieren su bestia.

Eso puso a Hermione de un humor de perros el resto del día. Narcissa y ella se habían estado escribiendo notas de ida y vuelta durante la semana, pero ni siquiera la llegada de su nota en caligrafía cursiva, invitándola a almorzar la próxima semana, pudo animarla. Hermione le escribió de vuelta, diciéndole que le encantaría reunirse, y que el Lunes al mediodía era perfecto para ella.

Para cuando llegaron las 5:30 del Sábado, Hermione estaba lista para terminar el día. Especialmente cuando Draco entró silbando a Cornerstone.

Hermione frunció el ceño —Draco, sólo porque Skeeter escribe que me visitas en Cornerstone cada Sábado, no significa que tengas que hacerlo.

Se giró para tomar la bolsa reservada, golpeándola contra el mostrador con más fuerza de la que había anticipado. Alzó la vista para mirarlo y Draco le lanzó una mirada cautelosa.

—Por qué te ves realmente salvaje hoy, Granger. ¿Algo nuevo en tu cabello?

Hermione lo miró —¿Necesitará que envuelva éste regalo, señor?

—Naturalmente —dijo Draco. Hermione tomó el libro contable y comenzó a hojearlo. La libreta había estado lejos por varias horas gracias a la lentitud del día antes de las festividades —¿Tu junta con Mathilda no salió como planeabas, verdad?

Sus manos se detuvieron y volteó a mirarlo. —¿Cómo lo sabes?

—Escucho cosas —Draco alzó una ceja. Hermione frunció el ceño, preguntándose si Mathilda había estado hablando con otros sobre ella. ¿Tal vez con Robards?

—Piensa que los duendes no se comprometerán, quieren una bestia —dijo Hermione; jaló el libro y comenzó a anotar el título.

—Qué mal. Ya pensarás en algo más.

Hermione estaba a punto de responder pero entonces leyó el título. Era un libro infantil, similar a Los Cuentos de Beedle el Bardo, pero menos respetado.

Alzó la vista hacia Draco. —¿Tu chica no puede manejar una novela de ficción? —Draco sonrió de lado. Hermione bajó la vista hacia el libro, reflexionando—. ¿También podríamos envolver un diccionario para ella? —Lo miró con ojos inocentes y Draco recargó un codo sobre el mostrador.

—No, no. Sí aprende palabras grandes, tendremos que comunicarnos más.

—Por supuesto —Hermione negó con la cabeza y tiró del rollo de papel para envoltura; tomó las tijeras para cortarlo al tamaño que requería el pequeño libro—. Si le gusta éste, yo recomendaría: A para Acromántula, B para Bludger, C para Centauro. Es un best seller en ese nivel de lectura.

Hermione colocó el libro sobre el papel y comenzó a doblar los extremos.

—Comenzaste a llamarme Draco —arrastró las palabras, y las manos de Hermione se detuvieron. ¿Era una pregunta?

Hermione levantó la vista, encontrando sus ojos sobre ella, y volvió a mirar hacia abajo rápidamente. Se acomodó algunos mechones detrás de la oreja y dijo —Bueno, creo que… tu madre te llama Draco, así que…

—Sí, No he podido evitar que siga haciéndolo —se burló.

Hermione peleó contra la sonrisa que quería dibujarse en sus labios, y mantuvo sus ojos sobre el papel de envoltura. Los dedos de Draco jugueteaban con el anillo de Slytherin en su mano izquierda, a sólo centímetros de donde envolvía el pequeño libro con el papel naranja y negro; temática de Halloween. Hermione podía sentir los ojos de Draco sobre sus dedos, haciéndola tan consciente de sus movimientos que se equivocó un par de veces con el doblez y tuvo que intentar de nuevo. Alcanzó la cinta adhesiva.

—No he tenido oportunidad de conocer a Rolf Scamander, pero escuché que es un tipo fascinante.

La cinta adhesiva se enredó en los dedos de Hermione, juntándose y volviéndose inservible. Volteó a verlo y los ojos de Draco estaban sobre su rostro.

—Yo… Sí, es decir, tampoco lo conocía antes, —Hermione balbuceó y miró hacia abajo—. Es muy abierto para discutir el legado de su abuelo, así que lo encuentro… hum, fascinante en realidad.

Hermione arrancó de sus dedos la cinta adhesiva arrugada y se dio cuenta por primera vez que podría haber estado usando hechizos para las envolturas de regalo. Tan solo era más natural para ella hacerlo de forma Muggle. Tal vez por eso Draco miraba sus manos cada vez que envolvía.

Excepto que ahora lo que miraba era su rostro. La miraba a la cara mientras hablaba del sujeto con el que había salido dos días atrás. No estaba segura de poder dar más detalles sobre su cita con Rolf. Podía decirle la verdad -que ambos volverían a salir, como amigos- o podía adornar un poco la cita. ¿Tal vez si decía que fue la mejor?

Hermione escuchó abrirse la puerta principal, y decidió no decir nada y continuar envolviendo a toda velocidad; esperando poder ahuyentar rápido a Draco y apurar a quienquiera que hubiera decidido ir a Cornerstone veinte minutos antes de cerrar. Draco, por supuesto, no parecía tener ninguna prisa, y aún se reclinaba cómodamente sobre el mostrador.

—Buenas tardes —dijo Hermione, y rodeó la figura de Draco para dar la bienvenida al nuevo cliente. Su rostro palideció cuando vio a Ron Weasley de pie en la entrada, mirando alternadamente entre ella y el Slytherin —Ron, hola —sonrió forzadamente.

Sintió los ojos de Draco deslizarse sobre ella, antes de enderezarse y girar para mirar a Ron a su espalda. Hermione observó a los dos chicos mirarse fijamente con ojos severos.

—Bueno, quién iba a decirlo —murmuró Draco mientras se giraba hacia ella—. llega el periódico a Irlanda.

Los ojos de Hermione brillaron mientras Draco la observaba con una sonrisa de satisfacción. Levantó la vista hacia Ron, y él miraba la espalda de Draco.

Si ésta fuera una situación normal, cosa que claramente no era, Hermione le habría dado a Ron un abrazo. En realidad hubiera corrido a los brazos de su mejor amigo- mejor amigo al que no había visto en un mes. Pero ya que sus dedos actualmente estaban sujetando el doblez del regalo que Draco Malfoy planeaba darle a una de sus siete novias, se encontraba atascada detrás del mostrador. Hermione tomó la decisión de soltar el doblez, y caminar -no correr- alrededor del mostrador, pasar al lado de Draco, y abrazar a Ron mientras él entraba al recibidor.

—Feliz Halloween —dijo Ron con rigidez contra su oído.

—F-Feliz Halloween, sí —Hermione se apartó después de aquel más bien decepcionante abrazo, pretendiendo regresar al papel de envoltura para sacar a Draco Malfoy de la tienda lo más pronto que le fuera humanamente posible. Pero Ron la detuvo por la cadera, abrazándola contra él. Hermione dejó que sus brazos colgaran laxos, pero después decidió colocarlos sobre los codos de su amigo —¿Qué- Qué estás haciendo aquí?

—Te dije que volvería cerca de Halloween —Ron bajó la mirada hacia ella, y por primera vez le sonrió con su cálida sonrisa, que ascendía hasta sus ojos.

Pero era muy íntimo. Las manos de Ron en sus caderas, parados a menos de 30 centímetros el uno del otro, Ron sonriéndole; con Draco aún en su campo visual periférico. Le lanzó a Ron una pequeña sonrisa y dio un paso atrás, soltándose de su agarre, y recorrió su camino de vuelta hacia el mostrador.

—¿Cuánto tiempo te quedarás? —Era extraño, mantener una conversación ajena a Draco mientras él se encontraba en medio de los dos; pero ninguno de los dos chicos habían hablado entre sí aún.

—Sólo hasta mañana por la noche.

Hermione asintió y volvió a trazar el doblez del papel de envoltura con dedos temblorosos. Sin nada más que hacer, Ron volteó a mirar a Draco.

—Malfoy —una clase de saludo.

—Weasley, —arrastró las palabras. Hermione notó que Draco volvía a estar reclinado casualmente sobre el mostrador—. Excelente juego el de anoche.

Hermione alternó la vista del uno al otro. Por lo que recordaba, Irlanda había perdido la semana pasada. Y por la mirada huraña que Ron le daba a Draco, parecía que recordaba correctamente.

Hermione intentó cambiar de tema —¿Así que estarás aquí en la mañana para el juego de Quidditch? Puedes sentarte conmigo y con Katie Bell —su voz sonaba más aguda de lo habitual.

—No, en realidad —dijo Ron. Hermione volteó a mirarlo, y lo encontró mirando a Draco—. Acabo de hablar con Harry y el Sr. Acorn. Parece que el buscador de Transporte Mágico se enfermó hoy, y en lugar de cancelar el evento, Acorn me pidió que relevara al buscador mañana.

Hermione miró a los dos hombres alternadamente. La sonrisa de Draco comenzaba a levantarse en la comisura de sus labios, y las cejas de Ron se alzaron desafiantes. De pronto se sintió enferma. Tal vez se desmayaría. Quizá así terminaría por fin todo esto.

—Oh, maravilloso —dijo Hermione, cuando ninguno respondió.

—Sí, maravilloso —dijo Draco—. Es agradable saber que dejan entrar a cualquiera… cuando tienen una necesidad así.

Ron frunció el ceño. —Así es, evidentemente —dijo en dirección a Draco.

Hermione tomó el listón negro para atarlo alrededor del regalo de Draco. Se dio cuenta que lo mejor era separar a esos dos. El movimiento captó la atención de Ron y se aproximó al mostrador, junto a Draco.

—¿Comprando un regalo de Halloween para alguien?

Hermione respiró profundamente y rogó a sus dedos por que cooperaran mientras se enroscaban alrededor del pequeño envoltorio.

—Sí —dijo Draco—. Para alguien muy especial para mí.

Hermione soltó una carcajada. Levantó la vista y los dos hombres la estaban mirando. Hermione ató el listón mientras sus mejillas se enrojecían. Tomó la bolsa y lanzó dentro el regalo envuelto para extendérsela a Draco.

—Aquí tienes. Gracias —por favor vete.

—No, gracias a ti, Granger —Draco le sonrió mostrando la dentadura, y Hermione deseó que no hubiera sido para alardear. Draco se giró hacia Ron y dijo—. Te veré mañana en el campo, Weasley.

—No puedo esperar, Malfoy.

Draco inclinó la cabeza hacia ella una vez, y después se estiró frente a Ron, para tomar una menta del plato. Hermione vio cómo los ojos de Ron se detenían sobre las mentas por más tiempo de lo necesario.

—Hasta mañana —y Malfoy salió, bastante orgulloso de si mismo.

Ron levantó la vista de las mentas para mirarla.

Hermione le sonrió y le preguntó sobre su semana en Praga.

Más tarde esa noche, después de que Hermione hubiera alejado exitosamente la conversación de Draco Malfoy, Hermione se sentó en su sala con Ginny, Ron, y Harry, bebiendo vino y riendo. Sus tres amigos discutían sobre el enfrentamiento de mañana, así que Hermione daba sorbos a su copa de vino lentamente mientras escuchaba, esperando que Harry y Ginny no trajeran de nuevo el tema de Draco.

Se escuchó un golpeteo en la ventana, y Ginny se levantó para abrir el vidrio a una enorme búho real que Hermione reconoció enseguida. Su corazón se saltó un latido mientras el ave aterrizaba frente a ella y soltaba un paquete envuelto en negro y naranja, para después salir volando.

—Hermione, ¿qué es eso? —Ginny se abalanzó sobre ella.

El listón atado con prisa brilló, y Hermione lo miró fijamente. ¿A qué estaba jugando? Sacó la pequeña tarjeta de la parte superior del regalo.

Para mi chica del Sábado

Si necesitas un diccionario para esto, la harpía que atiende la Librería Cornerstone dijo que podía proveértelo con gusto.

D.M.

P.D. Hecha un segundo vistazo a la página 23.

Hermione releyó la nota cuatro veces. Ginny leyó la tarjeta por sobre su hombro y levantó la vista para mirarla. La habitación estaba silenciosa, y Hermione volteó a ver a Harry mirándola con curiosidad, y a Ron frunciendo el ceño.

Todo esto era por Ron. Tenía que ser. Ese hijo de perra.

—¿Qué significa eso? —susurró Ginny, tomando la tarjeta.

—Es un juego, sólo eso —Hermione se levantó del sillón y jaló el listón, rompió la envoltura de papel de Halloween que había envuelto ella misma, y encontró el libro infantil que Draco compró esa tarde. No sabía por qué había esperado que fuera algo distinto, en vista de que reconoció su propio trabajo de envoltura, pero gruñó y se encaminó a la cocina para tirar la envoltura y el listón a la basura.

Arrojó el libro sobre la mesa y lo observó.

¿Comprando un regalo de Halloween para alguien?

Sí. Para alguien muy especial para mi.

Draco sabía que Ron estaría con ella cuando lo recibiera. ¡En el nombre de Merlín, ¿cuál era su problema?!

Abrió el libro en la página 23. Era una fábula infantil. Hermione levantó los brazos, exasperada.

Excepto que el libro estaba reservado, desde antes de que llegara a trabajar. Hermione miró de nuevo el libro. Draco lo había elegido antes de saber que Ron vendría a la ciudad.

Volteó algunas páginas, miró la contraportada, hojeó las páginas en busca de alguna nota. Regresó de nuevo a la página 23. La Quimera. Hermione había leído antes esa historia, o al menos otra versión de ella. La Quimera vivía sola en los bosques, resguardando una fuente brillante que podía curar cualquier mal. Un mago quería llevar a su padre enfermo a la fuente, pero antes debía hacerse amigo de un duende para que lo ayudara. Era una hermosa alegoría acerca de la interacción entre magos y duendes; así que, Draco pretendía hacer hincapié en de su terquedad con los duendes, bien. Le quedaba claro. ¿Pero por qué pasar por tantos problemas sólo para molestarla?

Sus ojos se fijaron en un pasaje. El pasaje que explicaba que las Quimeras eran naturalmente repelidas por los duendes; y sólo con el duende a su lado, el mago podía pasar a la Quimera.

Su corazón se detuvo. Un jadeó brotó de su garganta.

—¡Qué! —Ginny apareció en le marco de la puerta— ¿Qué pasa?

Hermione volteó a verla con ojos brillantes.

—¡Tengo que ir a la biblioteca!