Un beso todos los días fue algo de lo que ambos hicieron una rutina.

Por lo general era un corto beso o pico de saludo o despedida el que compartían en un afán, besos casi robados, pero no al otro sino a la presencia de los demás, al tiempo. En algunas circunstancias se lograban dar un beso más prolongado, y aún menos veces encontraban tiempo o lugar para besos largos que los dejaban sin aliento.

Se refrenaron de hacerlo cuando la visita cuatrimestral llegó, demasiada gente en el castillo y Sansa de por sí ya se sentía paranoicamente observada por los habitantes de Invernalia, sabiéndose juzgada por estos como si estuvieran al tanto de sus encuentros furtivos con Podrick. Y ambos estaban muy al tanto de no irse a arriesgar en frente de los Lords.

Podrick muy al tanto de que los cuchicheos que despertaban en el castillo desde antes de aquello besos diarios, más se refrenaba de admitirle a ella que sí había personajes que sospechaban de ellos. Lo único que Podrick sabía con certeza era que los trabajadores y habitantes de Invernalia le eran fieles a su Reina porque por fuera del castillo nada de ellos se murmuraba.

En el momento estaban escondidos en una sala aleatoria, Sansa aun secretamente impresionada de cómo un solo beso corto ya no era suficiente cuando se encontraban. Cada vez buscando prolongar la sensación. Agradándole aquellos momentos, pero también temiéndolos cuando ya habían pasado.

Llevaban semanas encontrándose en privado, en ese momento Podrick se inclinó a acariciarle la mejilla con la nariz, prosiguió hasta su cuello, no tocándolo, tan sólo respirando contra éste y sintiéndola estremecer, olía a agua de rosas con un tono almizclado de sudor demasiado suave. Olía a ella.

La sensación que la empezó a traspasar para ahora era una más familia, aunque no diría que le había tomado confianza del todo, se sintió erizando, temblando junto con una presión ansiosa y cosquillosa, e indescriptible en su espalda. Un cosquilleo placentero. Y en su cuello el calor del aliento apurado de él.

Podrick se imaginaba que prontamente lo haría alejar, le dejó un pico corto donde mandíbula y cuello se encontraban, haciéndola tensar, "Déjeme, no sabrá de lo que se pierde si no me deja demostrárselo." Susurró y tras no recibir respuesta buscó su mirada, encontrándola de todos los tonos de rojo habidos y por haber. No pudo evitar sonreírse ante el nuevo brillo en sus ojos.

Sansa pasó saliva con dificultad, "…El problema es que se siente demasiado bien." Era su único contra para no dejarlo proseguir.

Podrick se enderezó un tanto más burlándosele en la cara, "…La podría hacer sentir mejor si me dejara." Le dijo subiéndole y bajándole las cejas, haciéndola avergonzar aún más porque la vio volverse a poner como un tomate mientras le sacudía la cabeza fingiendo despreocupación, pero sabía que no lo estaba y por eso soltó un poco la firmeza del abrazo en que la tenía. "Seriamente esa es la idea; que se sienta bien." Le acarició la espalda, sobre el grueso corset, "Prometo ser cuidadoso y no dejar marcas. Detenerme en cuanto me lo pida." Vio su ceño frunciéndose y esperó respuesta.

En ese momento una duda le llegó y con cierta vergüenza se discutió en si preguntarle, y tras pelearse consigo misma por unos momentos lo hizo, "¿Marcas? ¿Se refiere a morados?"

Podrick le asintió, demasiado ido en el momento, su mente por las nubes como para considerar los cuestionamientos de ella.

"¿Marcas quedan incluso cuando se es cuidadoso?" Ramsay le había dejado marcas, y definitivamente no había sido cuidadoso como sabía Podrick lo sería, lo que quedaba en duda era aquello; ¿así no fuera brusco quedaban morados?

La duda, el tono de su voz, su pasado, lo despertaron de su ensoñación, inmediatamente la tomó de una mano apretándosela suavemente mientras buscaba cómo explicarse ante la falta de experiencia, de buena experiencia, en ella. "…Sólo si se es muy intenso, ser intenso es diferente a ser brusco, verá…um…no me refiero en ese verá como en el hacer una comparación. Yo…" hizo una pausa para pensar claramente sus palabras y no darlas como le venían a la mente. También teniendo en mente no decirle que sentía las malas experiencias de su pasado, sentía como que sus palabras se escucharían vacías en ese momento, aunque no lo eran, "No quería decir eso, mi señora," exhaló en frustración, "Yo solo…"

Sansa entendía lo sucedido mientras él le evadía la mirada sonrojado, "Lo sé, Podrick." Le contestó simplemente, tampoco queriendo hablar del tema, pensando más en ignorar lo sucedido, "Sólo me quedó esa duda." Lo vio asintiendo una y otra vez y se zafó de la mano de él para tocarle el mentón. La paz del momento que habían estado compartiendo habiendo quedado atrás, más no deseaba eso y tan sólo para recuperarlo se inclinó a besarlo nuevamente. Sintió el labio inferior de él temblando entre los suyos y sabía que se encontraba indeciso si en continuar.

Podrick le empezó a responder, pero mantuvo sus ojos abiertos por unos momentos queriendo estudiar si lo acabado de hablar le pesaba, y de repente vio los ojos de ella abrirse y sorprenderse de que la estuviera mirando, se separó de inmediato de él. Podrick balbuceó por unos momentos, "Me quería asegurar de que estuviera bien."

"Lo estoy." Dijo encontrándole cierta gracia absurda a él querer ser cuidadoso.

Podrick le devolvió la sonrisa tentativa que ella de repente ella le dio, y el beso también. "No tenemos por qué seguir aquí, si quiere vamos afuera y damos una caminata."

Podían caminar en cualquier momento, esto no, pensó con vergüenza y aun besándolo.

Al no responderle continuaron como estaban, perdiéndose nuevamente en las sensaciones y en el otro. Cada vez haciéndosele más fácil. El tiempo se podía ir a la mierda.

Nunca se había imaginado que besarse de esta forma se pudiera sentir tan bien, pensó no por primera vez. Y en una de esas ocasiones que se separaron a tomar aire se quedó mirándolo, sopesando sus propias dudas y de las caricias que habían estado hablando, ¿y acaso no tenía curiosidad de como un beso cuidadoso en su cuello se podría sentir mejor que un solo pico, o la respiración pesada de él? ¿Si era verdad? "Sea cuidadoso." Y teniendo ahora a Ramsey en la mente, ¿no la afectaría en ese momento con Podrick? Aquello también le causaba curiosidad, aunque no le gustara admitírselo a sí misma.

Podrick cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro, aun con cierta duda, pero actuó de todas formas, lentamente se inclinó y le dejó un beso en la mejilla, otros más de camino a su oreja, bajando lentamente hasta su cuello y prosiguiendo ésta vez a besárselo, los primeros tres fueron picos castos, pero después abrió ligeramente los labios, tomando entre estos su piel con detenimiento, no creyendo propasarse y ella tembló en sus brazos. Una, dos, tres succiones suaves y después su lengua.

Sansa no conocía sensación como aquella. Con ojos cerrados y respiración pesada sentía el calor en su cara ardiendo, su corazón latiendo desbocado, su cuerpo despertar, se sintió sosteniéndolo con mayor firmeza, su pecho rozándose contra el de él mientras tomaba aire aceleradamente y sabía que debía detenerlo, pero antes lo acercó más.

Le pareció bastante receptiva, pero decidió no decirle eso para no avergonzarla. Y la sentía estudiando la sensación, apretándolo cada vez más fuerte pero no para detenerlo. Nunca nadie la había acariciado de esta manera. Se alejó un tanto, ambos mirándose y Podrick prosiguió a la que era su intención; cambiar de lados y darle la misma caricia para estudiar cual lado era el más sensible y descubrió que era el izquierdo, pronto encontrando un punto débil al cual no se pudo evitar alabar con su lengua también. Los sonidos que ella hacía y como se estremecía incitándolo.

Sus manos se debatían entre tratar de alejarlo, pero al mismo tiempo quería que continuara. Todo su ser queriendo que no se detuviera cuando de repente se encontró brincando y quejándose altamente al mismo tiempo que él la mordía suavemente. Escucharlo riéndose contra su oreja la hizo erizarse incluso más y dar otro quejido bajo mientras lo empujaba.

Podrick complacido se reía mientras su gemido hacía eco en la sala, más sabía que lo iba a reprender por ello, por ahora ella tan solo se dignó a ocultar la frente contra su hombro, abrazándolo mientras retomaba el aliento…y le pasaba la vergüenza. Le besó la cabeza un par de veces, "¿Todo bien, mi señora?" preguntó bajamente y ella asintió. Por ahí dos minutos tuvieron que pasar para que lo encarara de nuevo. "Tomo a que le gustó…" dijo, no pudiendo mantenerse serio.

No le iba a demostrar lo avergonzada que estaba tras lo acabado de suceder, "¿Ahora también es adivino?" lo hizo carcajear con su pregunta.

Después de haberse calmado Podrick le contestó, "En ocasiones no hay necesidad de ser adivino."

Se mantuvieron la mirada por unos segundos mientras ella con curiosidad le acariciaba el cuello con las uñas, haciéndolo temblar, "…¿A los hombres también les gusta que les besen el cuello de esa forma?"

Su corazón se disparó de inmediato ante eso, sus entrañas reaccionando y disimuladamente alejó un tanto sus caderas pidiendo porque ella no se diera cuenta. Como respuesta se encogió de hombros, fingiendo que nada había cambiado, "No sé si a todos los hombres."

Giró los ojos, con poca paciencia, "Quise decir a usted."

Podrick no pudo evitar sonreírse, "Dese cuenta por usted misma, si quiere."

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"Es complicado." Sansa le admitió, "Su Rey es mi hermano en cuerpo…pero en su interior no es el niño con el que crecí. Regresó desde más allá del Muro siendo otra persona. Es el Cuervo de Tres Ojos, él mismo me lo dijo una vez."

Podrick pasó saliva, casi nunca hablaban del Rey, no de esta manera, y vio que aquello la afectaba, aunque no se lo hubiera demostrado antes. "Debe de quedar algo del Bran Stark en su interior. ¿Si no porque enviarme a que la ayudara? ¿Por qué cederle el Norte cuando fácilmente se pudo negar?"

"Sabía que el Norte se merecía su Independencia…" Y su hermano no había tenido ejercito al haber estado recién nombrado. El ejército presente respondía a ella, más tampoco sería de ellos dos enfrentarse en otra guerra devastadora. No estaba en ella. Y en él…A Sansa aún la carcomía el no saber si él había estado al tanto de la atrocidad que Daenerys cometería en Desembarco del Rey, y tan solo lo dejó pasar para quedarse con el trono. El Bran que ella conocía nunca. Al Cuervo de Tres Ojos no lo conocía, dudaba que alguien llegara a conocerlo. "Y en verdad desearía que quedara algo de mi hermano en él, pero hace mucho me hice a la idea de que no es así."

Podrick asintió, escuchándola y estudiándola, viéndola contrariada ante los sentimientos hacia el Rey Bran. "¿Y su hermano Jon, mi señora?" la escuchó dando una exhalación que pretendía fuera de gracia, pero no lo fue. Incluso vio sus ojos humedeciéndose.

"Ay Podrick, mejor hablemos de otras cosas." Dijo colocándose en pie al decidir haber terminado la comida, "La noche es placentera como para venir a arruinarla."

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Otro día se encontraron fue una sala de visitas, ambos tomándose una pausa para regular sus respiraciones. Podrick decidió aprovechar, y con mayor confianza diciéndole al oído una que otra frase dulce que en el momento se le venía a la cabeza, y que normalmente no le diría. Tampoco decírselas servían de a mucho, pero para él era sacárselas de su ser.

Escucharlo decir que estaba ilusionado con ella y que la adoraba la hicieron…la alegró tanto como la decepcionó.

Y esta no era ella, no sólo el estar escondiéndose con un hombre para besarse, sino la debilidad en su ser que él le instaba.

Minutos después se encontraban aprovechando la tarde para caminar hacia el Arciano, como si los minutos compartidos anteriormente no hubieran sucedido. Ella más callada de lo normal, y Podrick sabía reconocer cuando ese silencio era uno de comodidad, y ese no lo era. La sabía afectada por sus tontas palabras en un momento de debilidad, "Tómelo como mi yo romántico si quiere. Repitiendo lo que las canciones y las historias dicen."

Sansa pujó bajamente, ¿qué tanto la conocía en esas circunstancias si le podía leer la mente? "Es sólo que adoración suena inocente." Le dijo sonrojándose, pero sonriéndole con gusto, "Es tan cándido. Cándido, como yo ya no soy."

Podrick le asintió, notando la sonrisa de cariño que tiraba en su dirección, "Puede ser cándida conmigo, juro que no se lo diré a nadie." Le susurró a su vez, y la vio girándole los ojos y sonriendo más abiertamente mientras miraba en otra dirección. Podrick se remojó los labios, "Le he dicho cuan paradójico y especial es verla ser la mujer fuerte, y magnifica que la caracteriza…Y saber que esa frialdad que también posee ya no es dirigida hacía mí persona…Me hace sentir cosas, el saber que de un modo u otro tengo su corazón…" imposible era no sonrojarse al decirle esas palabras y trató de fijarse en el camino en frente de él más que en ella, "Me hace sentir tan bien, que en momentos de debilidad digo y pienso bobadas." La miró y le sonrió mientras ella permanecía seria, "No se lo tome tan a pecho." Decidió bromear para no hacer el momento tan pesado, "E imagínese, si digo ese tipo de cosas sobrio que tal con unos tragos de más. Le declararía mi cariño y lealtad como mi Reina a los cuatro vientos, cometiendo traición delante de todo Invernalia."

"Eso no es tan difícil de imaginar ya que lo conozco mejor." Dijo escondiendo el pensamiento pasajero, pero no pudo contenerlo, "¿Su Reina?" preguntó con cierta satisfacción.

"Mi Reina." Le declaró, "…Usted sabe que lo es…Al menos hasta que mi estadía aquí en el Norte sea finalizada." Si Lord Royce podía admitirlo a los cuatro, vientos, ¿porque no podría él admitírselo a ella?

"Entonces admitiré que usted es mi Guarda favorito." Cuando lo vio que fue a hablar prosiguió, "…Y Embajador también."

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Lord Cromwell y Lord Harry estaban como emisarios por parte de la Reina en las Tierras de la Tormenta donde se estaba llevando a cabo la celebración del matrimonio de Gendry Baratheon con una joven de una de las familias más respetables de la Región.

"Entiendan mis señores, las bodas le traen malos recuerdos." Profirió Lord Cromwell a media noche y en el banquete, sacando excusas por ella en una mesa llena de Lords extranjeros.

"La Boda Roja." Lord Harry añadió sacudiendo la cabeza, queriendo que la atención de aquellos Lords se situara en aquella boda, y no en las fallidas de ella.

"Su compromiso con el Rey Joffrey Baratheon. La Boda con Lord Tyrion Lannister. La boda con Ramsay Bolton." Dijo Lord Caron con cierta molestia. "…Los comentarios sobre Lord Baelish."

"Era una joven sin control alguno de su destino. Hizo lo que hizo porque la obligaron o no tenía otra alternativa. Por sobrevivir." Lord Royce dijo desde el otro lado de la mesa al haber escuchado la conversación y sacando la cara por ella. "Mis Lords, les pediré que ante mi presencia se refrenen de comentarios de esa clase sobre la Reina, no saben o no comprenden de sus circunstancias."

"Lo único que sé y comprendo es que todo aquel que se involucra con ella termina muerto, así no sea por sus propias manos. Tiene una maldición encima."

"¿Maldición, o bendición en venganza?" preguntó Lady Barbrey al mismo tiempo que Lord Cromwell recordaba que Lord Tyrion continuaba con vida.

"Y lo único que yo sé es que dudo que en un futuro ella asista a sus propias nupcias." Lord Crane hizo reír a la mitad de la mesa, "…Para nadie es un secreto que aplaza lo inevitable."

"¿Y pueden culparla, mis señores?" preguntó Lady Barbrey de nuevo, esta vez haciéndose escuchar, "…Sabemos las calañas de hombres de las que estamos hablando."

Lady Wylla se pateó a si misma por lo que iba a decir, "Mi Reina nunca ha tenido la oportunidad de elegir a su gusto."

"Ahora la tiene, y no elige." Lord Osgrey añadió.

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"Dígame algo que no sepa de usted."

Había tantas, Podrick pensó sonriéndose, "…Cuando niño solía tartamudear cuando me colocaba nervioso." La vio frunciendo el ceño como no creyéndole, lo que lo hizo sonreírse y le inclinó la copa de vino, "Su turno, mi señora."

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Por el lado del Dominio Sansa mantuvo correspondencia con Lord Hightower, su propio Embajador diciéndole que el Lord en verdad estaba trabajando con ahínco para que les bajaran a las tasas de intereses que les subirían a los productos de exportación.

Lord Hightower le admitió que le mentía a su familia hablando de la amistad que se había dado entre ellos y las relaciones económicas que quería profundizar con el Norte, que de esta forma sería más fáciles convencerlos, pero que no se esperara mucho. En el mejor de los casos que aquella taza de interés volviera a lo establecido originalmente por uno o dos años para después recibir el incremento acorde. En el peor de los casos, un decremento del diez por ciento por el año que corría. Era lo mejor que podía hacer.

No siendo agradecida Sansa le respondió que tratara mucho más.

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Podrick se encogió de hombros, "Dijeron que falleció en Essos recién llegó al continente."

Lord Cromwell lo miró, viendo que su actitud jovial se apagó al hablar del tema, "¿Y les creyó?"

"Estoy muy al tanto de que pueden haberme robado el dinero, mi señor, no soy tonto. Probablemente eso es lo que sucedió." Podrick admitió, "Es algo que nunca sabré con certeza. Pero al menos me queda que hice algo por encontrarla." Incluso cuando fue ella quien lo abandonó.

Lord Cromwell miró a la Reina, ella también habiendo escuchado la historia, aunque no sabía si por primera vez. "Ser Podrick, sé de hombres que pueden seguir el paradero de su madre más honradamente." Ofreció.

Podrick se sonrió, "De hecho mi señor, ya es algo que he decidido dejar en mi pasado." Admitió. Y como Lord Tyrion le había dicho; si su madre estaba en una mala condición en Essos o en el mismo Poniente, nada más sería escuchar de su buena fortuna al haberse convertido en Guarda del Rey para aparecer. Y tal vez mostrar sus verdaderos colores. Ella lo había abandonado de niño, no era que de adulto se esperara mucho de ella…sólo tener una finalidad por cuenta propia ya que ella no se la había dado. "Si me disculpan…" dijo antes de ponerse en pie y marcharse.

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Una tarde se encontraban acompañándose en la biblioteca mientras ella escribía unos pergaminos y él leía uno de los libros que Lord Cromwell le había recomendado. Y después de cruzar unas palabras se quedaron mirando complicemente. Y a Sansa de repente una realización le llegó y no pudo mantenerle la mirada.

Podrick vio algo sutil en ella cambiar, "¿Qué?" preguntó extrañado, la vio sacudiéndole la cabeza, como no queriéndole dar importancia a lo que acaba de pensar, pero aquello no lo convenció, "No, dígame mi señora, qué pasa."

Exhaló, mirándolo rápidamente para volverle a evitar la mirada, "…Sus ojos no son como los de ellos." Le admitió algo de lo que no había caído en cuenta antes.

Podrick no pudo evitar tensarse, pues hablar de su pasado era algo que nunca hacían, y a él le daba recelo traer el tema, le asintió estúpidamente buscando qué decir, "¿Son amables?" se decidió por preguntar, y tras unos momentos ella le asintió de la misma manera.

"Quise decir que son oscuros, cafés, pero sí, también son amables." La sonrisa que él le devolvió fue una cordial pero fingida, siendo cuidadoso.

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"En algún momento tendrá que contraer nupcias," lord Cromwell le dijo a solas, aconsejándola. Y ambos sabían a qué se debían esas palabras.

"Lo sé Lord Cromwell, pero para mí tranquilidad necesito algo más…que el mejor postor." Palabras de Lord Harry dichas hacía más de un año.

La estudió atentamente, "Un matrimonio por amor es un gusto que muy pocas personas se pueden dar."

A su pesar se sintió sonrojando avergonzada, pues, aunque había cambiado por las vivencias con Podrick sabía cuál era su deber, como mujer lo había sabido toda la vida, "No soy ingenua, para su tranquilidad estoy muy al tanto de que un matrimonio por amor no es mi destino." Notó que el hombre leyó algo en sus palabras, "Sólo digo que mi esposo será alguien que yo escoja a mi agrado, no ustedes." Ya no creía en romanticismos irreales. De cierto modo no creía en el amor de fantasías, pero sí se podría conformar con una relación donde el respeto y cariño existieran, Podrick le había hecho ver aquello con la experiencia que estaban viviendo… Sólo que con Podrick había más que respeto y cariño.

"…Por favor, de una vez por todas, dígame que después de todo lo que hemos hablado no está considerando a Ser Podrick Payne…" No pudo evitar el tono quejumbroso, "Ahí no hay nada que considerar, mi Reina." Lo respetaba como persona, era una de las personas más honestas y humildes que conocía, más no contaba con los requisitos mínimos para no ser mal vito por los Lords.

Sansa respiró profundo, no necesitaba más ideas que las propias en su cabeza. Que ya se le hubieran pasado por la mente esos pensamientos –aunque no seriamente– de por sí era contraproducente. Y tampoco había mucho que pensar en realidad; así ella quisiera y le diera por imponérsele a sus Lords y súbditos, seguía quedando el problema de Podrick ser un Guarda del Rey y el juramento vitalicio que había hecho ante éste. Sansa sabía lo que honor significaba para un hombre respetable, y no le pediría romper su voto hacia su hermano. La vida de él estaba en el Sur, no a su lado. Eso por lado de él, por el de ella sabía muy bien que tenía que buscar una alianza bien establecida que beneficiara al Norte, y Podrick no le podría brindar aquello. No iba a arriesgar su reinado por un capricho. "…Descuide Lord Cromwell, no era eso a lo que me refería. El asunto con Ser Podrick está zanjado." Se dijo.

"¿Cómo?" preguntó no creyendo en sus palabras, antes la sabía compartiendo más tiempo que antes con el caballero.

"…Sí escucho sus consejos." Dijo, dándole vuelta al asunto.

Se sonrió con escepticismo pues conocía como ella cuando le convenía hacía uso de juegos de palabras para conseguir lo que deseaba, "Una cosa es escucharlos, otra considerarlos, y otra tomarlos."

"¿Quién le dice que no he hecho los tres?"

La razón. Aun así Lord Cromwell se quedó mirándola, estudiándola por unos momentos y decidió exhalar profundamente, demostrándole que sus palabras lo calmaban.

"…Muy al tanto estoy de que las diferentes jerarquías van en contra de mi historia y la de Podrick." añadió con cierta desfachatez y altanería, con ganas de incomodar al Lord a quien sabía no tener malas intenciones, era solo ella quien se encontraba a la defensiva. En ese momento Lord Harry apareció, caminando hacia ellos, "Lord Cromwell, no se preocupe, cumpliré con mi deber, un matrimonio y herederos cuando esté lista, pero más importante; con quien yo elija."

"Escogerá sabiamente, mi señora, lo sé." Lord Cromwell le inclinó la cabeza, muy bien sabiendo que ahora antagonizaba a Lord Harry con su ultimo comentario.

Lord Harry la vio dándose la vuelta para marcharse, Lord Cromwell sacudiéndole la cabeza a él, "Lord Errol y Lord Hillman siguen siendo sus mejores partidarios, y hemos notado que mantiene correspondencia con Lord Hightower." Sintió la mano de Lord Cromwell situándose en su antebrazo, deteniéndolo de continuar hablando, o de seguirla. La vio por unos segundos deteniéndose, esperando a que continuara hablando más al no hacerlo ella siguió su camino, sin siquiera dignarse a mirarlo.

Lord Cromwell esperó a que la Reina los dejara del todo para hablar, "…A una mujer no hay que presionarla demasiado, créame."

Lord Harry se soltó, "¿De qué parte está? El Reino necesita un heredero y para el momento en que ella decida cumplir con su deber será demasiado tarde."

"Todavía hay tiempo, y nuestra Reina ha impuesto al Reino…y a su familia antes que sus propios deseos. Y lo seguirá haciendo. Ella sabe cuál es su deber y lo cumplirá."

A Lord Harry le molestaba la forma condescendiente de Lord Cromwell para con la Reina, "Sé que usted no cree en mis sospechas sobre Ser Podrick, pero créame, estamos sobre una bomba de tiempo."

Estudió al Lord, no agradándole su impulsividad. Impulsividad que en peor de los casos podría llegar a tenerla deshaciéndose de él como asesor, lo cual sería una pena pues Lord Harry era un buen asesor. "La Reina es una dama. Sabe cómo comportarse."

"…Hasta que él la convenza de comportarse impropiamente…"

No se iba a negar, pues para todo cabía una posibilidad, más él no lo creía. Conocía a la Reina, los fantasmas de su pasado, las heridas irreparables de su alma que sus maesters le habían comentado aún la perseguían, que ella misma le había corroborado existían, "Habla con descontento amigo mío." le dio una palmada en el hombro, "Aquel no es el actuar de nuestra Reina."

"Pero sí el de Ser Podrick."

"No se preocupe por Ser Podrick…" lo miró, dudando en si revelar lo que estaba a punto de decir, "…En confidencia y aquí entre los dos un pajarito me dijo que será llamado a Desembarco del Rey prontamente."

Ese día fue el único en que Sansa no se reunió en privado con Podrick en incontables semanas y él se dio cuenta de que algo le ocurría porque le preguntó qué le pasaba, y ella tan solo mintió, sacando una excusa absurda.

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Al día siguiente Podrick continuaba preocupado ante el nuevo obstáculo que ella podría sacar para terminar sus…reuniones, pero aquello no fue lo que sucedió. Ella con una sola mirada se le hizo asequible, y sonriente Podrick tan solo le dio un piropo, en su reacción viendo por encima el apego creciente entre ambos.

Sus sentimientos no eran los únicos que aumentaban en intensidad.

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En sus próximos encuentros y cada vez más Podrick trataba de ser cuidadoso, de no dejarse llevar, de seguirle el paso a ella y contenerse, de no pensar en sus necesidades y de vivir con ella en esa burbuja donde conversaciones y burlas absurdas, risas y besos bastaba. Sabía que las reservas de ella aún continuaban en pie, y a su vez esto le servía a él para detener sus manos danzantes al irla a tocar inapropiadamente. Pero con cada día resultaba cada vez más difícil.

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Podrick se despertó de repente a media noche, alterado no por primera vez y respiró profundamente, deslizando su mano hasta su entrepierna encontrando la razón del que sería el insomnio de esa madrugada si no se deshacía de su necesidad.

Una parte de él deseaba más de ella, más besos, más caricias, más tentación, y la otra no, pues para ahora se veía traicionando su juramento si ella le daba por pedírselo. Pero ella le rehuía los besos más largos e intensos, en los último que compartieron ella tomándolo de las manos como para impedirle propasarse si le daba por hacerlo. Igual si se le acercaba demasiado. En más de una ocasión había deseado besarla profundamente, buscar su lengua, incitarla a que jugara con la de él, ¡y a él ni siquiera le gustaban ese tipo de besos! Sólo quería ver como reaccionaba, quien quitaba y lo disfrutaba. Y le daba dudas hacerlo, sabía o asumía que ella no estaba lista para eso, así que nada más era unir todos los puntos para saber que le tenía miedo a la intimidad, y por ende nunca le pediría que traicionara su juramento.

Así que tampoco tenía nada de qué preocuparse.

Todo quedaría en su imaginación. En sus fantasías.

Cerró los ojos, imaginándosela entrando en su habitación en ese momento, quitándose su abrigo y metiéndose con él en la cama. No necesitaba más. Tan solo tenerla a su lado, besarla y acariciarla. Sería feliz con tan solo besarla y acariciarla. Mentiroso, se dijo momentos después. Imaginándose lo que en verdad quería hacerle. Se remojó los labios recordándola en una simple bata de dormir empapada y transparente, la curva pesada de sus senos que había vislumbrado...y se la imaginaba dejándose despojar de aquella bata, dejándolo demostrarle de lo que en verdad se trataba la intimidad, su reacción y sorpresa a que la tocaran por primera vez con cariño. A que la trataran con toda la reverencia que se merecía. Sería tan cuidadoso donde la oportunidad se llegara a presentar. Y en vez de sentirse emocionando sintió un peso en el pecho al imaginarse por todo lo que ella tuvo que pasar para tenerle desconfianza incluso a alguien que la veneraba.

Su necesidad desapareció por completo de un momento al otro y se obligó a hacer a un lado esos pensamientos.

Se giró boca abajo y media hora pasó para atormentado aun sentirse mal por ella sin poderse quedar dormido.

Decidió ser más realista, incluso si ella no hubiera sufrido tanto en su matrimonio y que de ella se decían muchas cosas, nunca le había dado ni a él ni a nadie la impresión de que no se comportaría acorde a una dama… Creía conocerla como para asumir que no traicionaría quien era, sus tradiciones, quien sus padres habían criado para participar en relaciones prematrimoniales con él, o con otro así hubiera amor de por medio.

¿La amaba? Ciertamente había cariño y diversión en la forma que estaban actuando, pero amor no. Ella misma se lo había dado a entender cuando le decía que nunca se querría casar. Que no creía en el amor como el de las canciones e historias existiese.

Pero él si creía en el amor, y en el momento estaba viviendo una de esas historias de las que las canciones románticas hablaban y no podía dejar de sentirse afectado y temerle al cariño que le tenía y que sabía podía transformarse en amor si ella se lo permitía.

"Estoy jodido." Se dijo bajamente.

La mañana siguientese volvió a despertar incómodo, "…Maldita sea," profirió Podrick, otra erección presente. Al menos las veces que le había llegado a pasar frente a ella lo había podido ocultar con tantos abrigos y ropas pesadas, porque donde lo hubiera notado…se la imaginaba corriendo en la dirección contraria y terminando definitivamente sus reuniones ilícitas.

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Después de entrar a su tibia habitación y quitarse el abrigo Sansa se empezó a quitar los ganchos que unían su vestido en el frente, pasajeramente y no por primera vez imaginándose los dedos de Podrick trabajando en forma similar, pensamientos que la hacían sonrojar. No debía de pensar en ese tipo de cosas. La doncella detrás suyo tomando el vestido de sus hombros y despojándola de éste, rozándola sin querer entre cuello y hombro, y recordó los labios de él, y de repente estaba temblando y erizándose.

Últimamente sentía que las cosas iban demasiado rápido entre ellos más luego se recordaba –o él lo hacía– de que tres o cuatro besos en un año no eran mucho y lo que ahora hacían era recobrar el tiempo perdido.

Recobrarlo con ahínco, aparentemente.

Las cosas avanzaban entre ellos, nada más esa tarde inesperadamente sus besos habían viajado de su cuello a su hombro, su clavícula, y unos centímetros más abajo haciéndola jadear. Ese día no llevaba corse externo, sino los más endebles debajo del vestido y él aprovechó para besarla en el pecho, justo por encima de donde dicho corset empezaba que por cierto había sido muy abajo. Y al sentirla anonadada no se detuvo, porque dejó varios besos en el lugar, haciendo mayor presión sobre la tela gruesa, dejándole sentir sus labios y aliento tibio.

Una parte suya, ahora, en la seguridad de su habitación y estando sola, deseaba que él hubiera proseguido, que imposiblemente hubiera llegado hasta besarle la piel directamente. Pero tanto ahora, como en el momento en que había sucedido había estado asustada. Y él lo notó.

Podrick se irguió lentamente, abrazándola sueltamente y encarándola se miraron a los ojos por interminables momentos y en su mirada lo vio, "Siento haberme dejado llevar." Susurró, no pidiendo disculpas y la vio asintiéndole lentamente, "¿Está bien?"

Sansa había balbuceado en ese momento, tan confundida, deseaba sus besos, sus caricias, su atención, pero no se podía traer a actuar en más, ya fuera por su pasado o la persona que siempre había sido, "No sé." Admitió.

Podrick le asintió tras unos momentos, preocupado, y la verdad era que había estado tanteando el terreno y ambos lo sabían, no había nada más que decirle, "Nunca me propasaría sin su consentimiento. Créame."

Sansa vio a su doncella organizando el vestido que se acababa de quitar mientras se colocaba su bata de dormir. Siendo dejada sola en momentos.

No podía evitar que sus instintos para ese momento se encontraran alerta. Una parte suya descubriéndose necesitándolo lo más lejos de Invernalia, del Norte posible. No sabía qué sucedería si se seguían encontrando a solas. Sabía que él no actuaría en algo que ella no quisiera, pero ese era el problema…sospechaba que no había mucho que no quisiera así en lo más profundo de su ser temiera.

Había muy pocas cosas de las cuales sus instintos no sabían, dos de ellas eran amor y deseo.

Y empezaba a sospechar que lo deseaba, y que su corazón se empezaba a abrir a él de una manera más profunda.

Era una dama. Su madre la había criado como una, sus septas también, para ella impensado dejarse mancillar fuera del matrimonio, siempre calladamente juzgando aquello, incluso cuando supo de Arya con Gendry Baratheon y no tenía ningún derecho en entrometerse en su vida. Ahora creía saber qué hacía a mujeres voluntariamente dejar su honor de lado.

Sabía que había asuntos de la intimidad que se sentían bien para una mujer en determinadas circunstancias. Era una habladuría inservible que no le había significado nada personalmente pues ni antes ni mucho menos después de Ramsey llegó a pensar en términos de deseo ni placer. Más ahora…aquellas nuevas sensaciones que Podrick instaba en su mente, corazón y cuerpo la abrumaban.

En su pasado había habido cierta humedad entre sus piernas cuando Ramsey la forzaba, lo que a éste le había molestado y a la vez la había humillado y burlado diciéndole que a final de cuentas sus malos tratos le gustaban. No había entendido a lo que se refería hasta que uno de los Maesters en confidencia le murmuró que aquella humedad era normal y que también era una forma de su cuerpo de auto-protegerse. Mucho tiempo más adelante fue que se dio cuenta de que ese mismo Maester era el que le proveía té de Luna sin ella ni nadie saberlo.

La humedad recientemente había vuelto a hacer su aparición, le había tomado su tiempo notar que normalmente aparecería tras estar junto a Podrick, escondidos y a solas por bastante tiempo. Cada vez apareciendo más rápido y en abundancia por cualquier beso y caricia. Sobre todo con los besos en el cuello.

Ya dos veces en medio de la noche se había despertado soñando con besos lentos e interminables con él, caricias suaves…y sintiendo…algo indescriptible en su vientre bajo, entre sus piernas una sensación placentera dándose, esa explosión era la que la despertaba…más no tenía la confianza suficiente, con él ni con nadie, de preguntar qué era lo que estaba sucediendo.

Sólo sabía que esta nueva humedad, la que Podrick le producía sin saberlo, era deseo y placer.

Y él también la deseaba. Había visto su deseo marcado por sobre sus ropas en un par de ocasiones, lo había sentido accidentalmente también una vez, más nunca hacían referencia a eso.

Y más importante, la reacción física del cuerpo de él no la había asustado. La desconcertaba, sí, pero no le daba terror. Ya hasta le brindaba cierto placer él saberlo o intuirlo de aquella manera.

Para el momento no podía negar que un par de ocasiones ya había entretenido el pensamiento de lo que él haría si ella le pedía que faltara al voto que le hizo a Bran, no lo había considerado seriamente, más ya la idea se le empezaba a cruzar por la mente.

No que fueran a llegar a eso.

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Estuvo la noche en que en su deseo y curiosidad Podrick se dejó llevar, y en su mente en blanco su lengua actuó a cuenta propia, deslizándose entre los labios de ella, y rozándole la lengua, Sansa de inmediato haciendo su cabeza hacia atrás, de repente mirándolo extrañada y cómo esperándose una explicación.

"¿No quiere saber de otro tipo de beso?" preguntó remojándose los labios, la mirada de ella puesta en estos.

"¿Normalmente la gente se besa así?" Ramsey había tratado aquello un par de veces, pero…decidió interrumpir esos pensamientos, Podrick no era Ramsey. Ni en lo más mínimo. Se sintió sumamente sonrojada, y aún emocionada por la forma en que se habían estado besando antes de eso.

No fue hasta que la besó en la cabeza que se dio cuenta del gesto sumamente cariñoso, y al sentirla tensándose supo que compartieron el mismo pensamiento; se lo daba con lástima de que ella ni siquiera conociera de ese tipo de cosas. "No normalmente." Él sólo besaba así cuando sabía que a la mujer le gustaba. Se encontró balbuceante por unos momentos, "Yo…um…me gustaría compartir un beso así con usted." Y la verdad, aquellos tipos de besos no eran los suyos, pero ufff, nada más imaginársela prestándose para un beso lento, suave y bastante prolongado de esa forma…sospechaba que lo haría hacer un desastre de sus pantalones.

De antemano sabía que no le iba a agradar, "¿Por qué?"

Parpadeó, aun no acostumbrándose a darle explicaciones a su curiosidad, explicaciones habladas porque de la práctica sería diferente… "…Brinda más emoción que un beso normal."

"¿Más emoción?" preguntó con incredulidad, creería aquello imposible.

Le asintió, remojándose los labios, "Es el beso más íntimo que puede haber." El segundo beso más íntimo, se corrigió en su mente y la vio pensativa, y de inmediato supo que no la convencería, "¿Talvez en otra ocasión?" preguntó sin cambiar el tono jovial de su voz, "Pero recuerde, no puede juzgarlo hasta que no lo pruebe."

Aquello tenía algo de verdad, "…Me voy a hacer primero a la idea de lo que dice."

Podrick trató de no burlarse, pero era difícil no hacerlo, "Una magnifica decisión, mi señora."

A Sansa no le agradaba cuando sentía que él se burlaba de ella y de las cosas que desconocía, más no lo pudo evitar, "¿Qué otros tipos de besos hay?" se decidió a preguntar y lo escuchó quejándose bajamente desde lo más profundo de su pecho. Sonido que había venido a apreciar porque su cuerpo reaccionó acorde…como lo venía haciendo últimamente, el flujo que la dejó la hizo sonrojar bastante.

"…Ese es básicamente el más subido de tono." Se decidió por responderle, "Y usted no está lista para esa conversación, créame."

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Sansa vio a la mujer en frente de sí sonriéndole ladinamente, con resentimiento, desprecio, y como si supiera algo que ella no.

"La palomita quiere usar la mejor arma que tiene, ¿Porque? ¿Por amor? ¿Por curiosidad?"

Sansa vio a Cersei carcajeándose estrepitosamente. Incomodándola.

"Después de todo sigues siendo perfecta, ¿Cierto?" tomó varios sorbos de su copa de vino. "Que pena que aún no sepas usar el arma entre tus piernas. Hombres morirían por tu belleza. Matarían por ti. ¿Y te conformarás con un simple caballero? ¿Sabes lo que podrías alcanzar usándola? ¿Tener a hombres comiendo de tu mano mientras haces progresar tu causa? …Sea esa cual sea."

Sansa no quería escuchar y miró a su alrededor buscando como huir.

"…Aunque, de aprender a usarla que mejor que pedírselo a tu caballero. Escuché que es habilidoso, talvez demasiado. Él te puede enseñar. Jamie, era bueno también, aprendió a hacerme disfrutar. Ambos aprendimos. Sin saberlo también me enseñó lo que necesitaría hacer con otros hombres cuando lo oportunidad se presentara."

Sansa se despertó, por unos momentos desubicada, confundida, y ya después mortificada.

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Para Podrick su partida siempre había sido una anunciada que podía recibir en cualquier momento, por eso no fue una sorpresa la carta que recibió desde Desembarco del Rey donde se pedía su regreso inmediato, su presencia siendo necesaria como Guarda ante las primeras negociaciones oficiales que se darían con Dorne y el Dominio.

Y aunque aquello era algo que se había esperado no salió de su estupor hasta minutos después. La sola idea de regresar al Sur lo decepcionó y desencantó tremendamente, por ella y por todo lo que habían avanzado, por todos…los sentimientos que estaban en juego.

¿Por qué esa maldita carta no llegó cinco meses atrás? Antes de que las cosas entre ellos se profundizaran…

De hecho fueron horas, horas, para poder controlar su decepción mientras dejaba el castillo en su caballo, con el aire frío queriendo que éste lo inundara de lo que ya sabía; su partida a la larga era para lo mejor así no quisiera marcharse. Con el tiempo se acostumbraría a estar en el Sur nuevamente.

"…Sabíamos que esto iba a suceder..." Sansa comentó cuando él le mostró la carta. No pudiendo dejar de sentir decepción y nostalgia ante su partida. Así como una parte suya había deseado aquella marcha también la había estado temiendo. No le agradaba la idea de regresar a su soledad. ¿Pero que era la vida sino costumbres? Y al fin y al cabo él había sido la excepción a lo establecido.

Podrick la verdad se había estado esperado un poco más de conmoción por parte de ella. "Fue un buen año y medio," declaró para luego corregirse, "…aparte de lo de su ataque, claro está."

"Sí, fue un buen año, Podrick." Lo miró exhalando con arrepentimiento por el tiempo perdido, la misiva calando en ella lentamente, decepción embargándola diferente a como se había imaginado su partida la golpearía; ahora era un hecho. Sabiendo que estaba siendo seca lo tomó de la muñeca que sostenía aquella carta, "…Sabe que desearía que se pudiera quedar…pero ambos sabemos que a la larga no hay razón válida para ello."

Una le venía a la mente; la relación entre ellos. Pero a final de cuentas la conclusión era que aquella relación no podía ser, ellos no tenían un futuro, ¿y quedarse para qué? Para hacerle compañía, sí, pero para ver llegar al próximo pretendiente, y al siguiente después de ese. ¿Talvez verla casándose y formar una familia? No, gracias. La sola idea arrugándole el corazón. "…La voy a extrañar, mi señora."

Se le hizo un nudo en el pecho y trató de responderle, pero no quiso ni pudo hacer el esfuerzo que sería para ella dar palabras como aquellas, y por otro lado también notando que él no le respondió que desearía quedarse. Tan solo le asintió cabizbajo. Y era mayor decepción ver eso; que no le respondiera que quería quedarse.

¿Y por qué una parte suya quería que dejara todo tirado por ella cuando ella no haría lo mismo por él?

Después de unos momentos de silencio Podrick sintió que debía darle privacidad y se fue a marchar, pero ella lo detuvo, abrazándolo silenciosamente.

"…Estoy decepcionado." Le admitió.

"Yo también."

Más ambos sabían que lo que habían querido y establecido de aquel amorío ya se había cumplido. Sus vidas los esperaban de nuevo después de ese lapso que habían compartido. No sería fácil en un inicio, pero si alguien sabía continuar para adelante era Sansa, y esta era una despedida decepcionante, pero al menos estaba contando con una; no había tenido despedidas para con la mitad de su familia. Y Podrick, Podrick era del tipo de persona que continuaba su camino siempre esperando que lo mejor llegara, y siempre había tenido suerte en ese sentido. Algo mejor siempre había llegado.

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En los días venideros sintieron el distanciamiento dándose, Sansa no se negaba a sus besos y caricias, pero ya no se sentían como antes. La felicidad y complicidad entre ellos habiéndose desvanecido.

Y su partida pasó a un cuarto o quinto plano gracias a las reuniones de cada cuatro meses de todos los Lords con su Reina.

Sansa en parte agradeció aquello pues mantenía bastante ocupada y le sacaba de la mente la situación, más ya de noche, sola y descansando en su cama se admitía que lo iba a extrañar también, más sabía que tenerlo en Desembarco del Rey era lo mejor para el Norte.

Podrick por su parte no se le cruzó por la mente siquiera tener una opción, por su juramento era primero leal al Rey de los Seis Reinos, pero en su mente y corazón ya no era así. Por primera vez renegó de aquel juramento. Recordaba a Lord Tyrion y Lord Bronn aconsejándolo que no lo tomara, pero lo hizo, sin tener en cuenta que en un futuro lo lamentaría.

Más su juramento de Guarda del Rey no cambiaba mucho. Ella no le había pedido que se quedara, no la veía metiendo las manos al fuego por él, por un futuro con un Caballero pobre, sin títulos, y deshonrado. A pesar de todo lo que habían vivido ella para él seguía siendo inalcanzable, así que sí, se llevaría con él lo sucedido entre ambos, la extrañaría, añoraría y soñaría, amaría por un tiempo desde la lejanía. Más regresaría a Desembarco del Rey, donde verdaderamente pertenecía.

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A/N: Sé que no lo especifiqué, pero por ah meses han pasado desde el capítulo anterior así que han tenido su tiempo de disfrutar aquella relación y Sansa también ha tenido tiempo para comprender algunas cosas sobre la intimidad.

Tengo un pensamiento cínico -y realista?- en cuanto al amor romantico: no, el amor no lo puede todo, no dura para siempre, nadie se muere de amor, la vida sigue, y ese tipo de cosas, y he querido implementar esto en los próximos capítulos. Sansa y Podrick estan viviendo su primer amor, más no son adolescentes, son adultos con responsabilidades que saben que se espera de ellos así que sí, la vida sigue. Y no, esta no es la despedida, el próximo capitulo será una despedida apropiada, y después, Tun tun tun, la tercera parte de esta historia que en verdad deseo sea una montaña rusa.