Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
La Decisión
By Rossy Castaneda
Capítulo Catorce
Hola chicas, sé que dejé a imaginación de cada una el castigo de las Leagan, pero alguien me pidió castigo para ellas y pues como no me gusta hacerme del rogar le vamos a dar su merecido castigo a esos tres jajajaja, así que, aquí vamos ;)
Dos días habían pasado desde la inauguración del Hotel en la Florida y el regreso de los Ardley y los Leagan a Chicago.
Dos días en los que Sara junto a sus hijos se creían a salvo de las represalias contra ellos por todo el daño que le hicieron a Candy en el pasado.
Sara y Elisa regresaban a su casa luego de un largo día en el centro de Chicago en donde ambas compraron una exagerada cantidad de vestidos, sin saber que no tendrían el tiempo para lucirlos en sociedad, ya que en el momento en que Stuart su chofer, abrió la puerta, unos agentes aguardaban por ellas.
El rostro de Sara y Elisa perdió todo color al ver que uno de los agentes sostenía a Niel que al ver a su madre ingresar a la casa comenzó a gritar como siempre solía hacerlo cuando se veía acorralado.
—Mamaaaaaá
Aquel desgarrador grito, hizo que a Sara se le congelara la sangre en su interior en el momento que dos agentes se acercaran a ellas.
—Señora Sara Leagan, queda usted detenida por el delito de complicidad en el secuestro de dos pequeñas niñas y por el abandono de las mismas, poniendo en peligro sus vidas.
—Señorita Elisa Leagan —queda usted detenida por injurias y daños a la moral en contra de la integridad de la señorita Candice Scott Ardley.
—Joven Daniel Leagan, queda usted detenido por usurpación de identidad para atentar contra la integridad integridad física de la señorita Candice Scott Ardley
—Tienen derecho a guardar silencio, ya que todo lo que digan será usado en su contra —advirtió el comandante de la policía de Chicago.
—Padre no puede permitir que nos hagan esto —decía Elisa mientras era sujetada por un agente de la policía.
—Lo siento Elisa —respondió Roger Leagan —lo único que puedo hacer por ustedes en estos momentos es delegar a uno de nuestros abogados para su defensa.
—Vaya, vaya, vaya, al parecer tenemos carne nueva .
—No te nos acerques mugrosa —gritó una alzada Elisa
—Elisa cállate —le susurró Sara al oído
—Pero vean que modales los de esta princesita —dijo una de las reas rodeándolas —creo que le tendremos que dar una lección y enseñarle quien manda aquí
—Por favor —rogó Sara —no nos hagan daño —dígannos que quieren y se los daremos.
—Madre —chilló Elisa —como puedes hacer trato con gentuza como esta.
—Al parecer la princesita es bastante alzada —Maggie rió entre dientes —ven aquí —le dijo halando a Elisa fuertemente de uno de sus brazos —te bajaré esos aires de grandezas mocosa estúpida y aprenderás quien manda en este lugar —amenazó —comenzaré con esa hermosa cabellera roja —Maggie rió con maldad —tu —le dijo a una de sus secuaces —hazle un hermoso corte de cabello a esta princesita como parte de la bienvenida a este hotel de lujo.
Elisa comenzó a gritar todo tipo de improperios mientras revoloteaba como gallina para liberarse del agarre de Maggie, provocando que la tosca mujer la sujetara del cuello
—Escúchame bien mocosa insolente te arrancaré los dientes uno a uno si vuelves a dirigirme un solo improperio ¿te quedó claro?
Elisa abrió los ojos con terror al darse cuenta que aquella mujer no estaba bromeando
Sus ojos marrones se cristalizaron y gruesas lagrimas rodaron por sus mejillas al ver como uno a uno, sus rizos los cuales acicalaba con devoción cada noche, cain al suelo.
Sara por su parte al ver como la bien cuidada cabellera de su hija queda reducida a nada, apretó los dientes, empuñó sus manos y maldijo el sentirse a merced de aquellas mujeres.
—Me su cabello —dijo otra de las reclusas señalando la cabellera de Sara.
—Es todo tuyo —respondió Maggie soltando a una pelona Elisa y sujetando a Sara.
En el reclusorio masculino las cosas no eran tan diferentes, tan pronto Niel ingreso, el jefe de los recluso lo declaró como su sirviente.
Una semana después...
Vestidos con trajes color naranja y encadenados de pies y manos cual peligrosos delincuentes, Sara, Elisa y Niel Leagan fueron presentados delante del juez para escuchar la sentencia que les dictarían.
Ver las condiciones deplorables en la que encontraban provocó un gran dolor en el corazón de Roger Leagan quien había hecho todo cuanto puedo para conseguir una fianza en favor de su familia, pero aquella petición le fue negada, ya que los Ferretti y sobre todo la mano de alguien mas poderoso se unieron para que les fuera negado todo beneficio.
El representante de los miembros del jurado se acercó al juez para entregarle la deliberación.
El juez tomó el sobre y tomando el abre carta, lo abrió y comenzó a leer la sentencia de cada uno.
—Sara Leagan el jurado la ha encontrado culpable de los delitos que se le imputaron y es sentenciada a 30 años de presión en una cárcel de máxima seguridad
—Nooooo - gritó Sara desgarradoramente.
—Elisa y Daniel Leagan, el jurado los declara culpables por los delitos imputados y los condena a 25 años de presión los cuales tras de recibir una orden de extradición por orden de la corona Británica por haber atentado en el pasado contra la integridad de un miembro de la familia Real, deberán cumplir en una de las mazmorras de el Reino Unido.
Al escuchar los desgarradores gritos de sus hijos tras leer aquel veredicto, Roger Leagan dejó caer dos gruesas lágrimas y sin mirar a tras salió de aquel lugar, agradeciendo al menos que aquel doloroso proceso en contra de su esposa e hijos se llevó a cabo en total discreción para no exhibirlos públicamente.
Dos meses después...
Era la última función en Broadway para dar paso a dos semanas de merecido descanso a los miembros de la compañía Stratford por motivo de las fiestas de Navidad y Año nuevo en donde todos los actores se reunían con sus familiares tanto en el estado de New York como en otros estados de la Union Americana.
Aquella fue la fecha que Terry y Candy escogieron para finalmente presentarse ante la sociedad Neoyorquina tal y como fueron llamados desde que aquel reportaje salió en la sección de espectáculos del New York Time, "Romeo y Julieta de la Vida Real".
—Muchacho, ¿estas listo? —preguntó Robert ingresando al cuarto adjunto al salon de conferencia del Teatro —Jamás en mi vida había visto tantos reporteros reunidos por una rueda de prensa.
—Si, lo estoy —respondió Terry.
—Y tu novia —dijo Robert barriendo con la mirada la habitación —no se supone que estaría presente.
—Así es —respondió Terry —estará con su familia entre los periodistas.
—Buena jugada —dijo Robert sonriendo —ellos esperan que la afortunada Julieta aparezca de tu brazo en la rueda de prensa.
—Lo sé —respondió Terry acomodándose la corbata y preparándose para salir a enfrentar a quienes en el pasado fueron sus verdugos y ahora aguardaban por él cual ave de rapiñas en espera de una exclusiva.
Terry respiró profundamente al momento de tomar el pomo de la puerta que dividía una habitación de la otra, tiro este y en el momento que su gallarda figura se dejo ver, los flashes de las cámaras no se hicieron esperar y antes que cualquiera comenzara hacer una sola pregunta, Terry alzó la mano indicándoles que guardarán silencio mientras él comenzaba a hablar.
—Buenas noches —saludó cortésmente —agradezco la presencia de cada miembro de la prensa Neoyorquina, no tienen idea lo que eso significa para mi.
Terry les dedicó una leve sonrisa la cual fue captada por muchas cámaras fotográficas, dejando sorprendido a mas de uno de los periodistas presentes ya que en el pasado, el joven y guapo actor se hubo mostrado indiferente a los intentos de muchos de ellos que intentaron entrevistarlo.
Luego de aclarase la garganta, el joven actor estrella de Broadway se preparó para rendir su declaración.
—Conocí a mi Julieta a bordo de un Transatlántico que me llevaba de regreso a Londres,mi tierra natal —cerró los ojos y suspiró —era una noche brumosa y recuerdo que mientras los pasajeros celebraban el fin del año 1912 y recibían el año 1913 yo me encontraba en la proa del barco sumido en mis pensamientos, cuando de pronto un ángel se abrió pasó entre la espesa bruma y sólo me bastó verme reflejado en aquellos hermosos ojos para darme cuenta que no podría olvidarlos jamás y que mi vida cambiaría de una manera radical a partir de ese noche, marcando un antes y un después en lo que hasta ese momento fuera mi solitaria vida aristócrata.
Sonidos de sorpresa se escucharon en el recinto ya que aún cuando se rumoreaba que el mejor Romeo de la historia era de la descendencia aristócrata, escucharlo de sus propios labios era verdaderamente épico.
Terry continuó con su relato, arrancando mas de un suspiro entre las féminas que se encontraban presentes en el recinto y sinceras miradas de admiración entre los caballeros y periodistas quienes escuchaban atentamente y escribían con magistral rapidez todo cuanto el guapo actor decía.
—La noche del estreno de Romeo y Julieta, no fue para nada lo que yo había planeado fuera, durante los meses de preparación soñé con ese gran día ya que ademas de consagrarme como el Romeo mas joven en la historia de Broadway sería además la mejor noche de mi vida ya que planee durante muchos días la manera como le pediría a mi Julieta me hiciera el honor de convertiste en mi esposa y realizar así el mas precisado de mis sueños —cerró los ojos —pero no todos los sueños se cumplen en su lugar se convierten en la peor pesadilla de la cual por mas que quieras y hagas no puedes despertar.
Esa noche mientras sostenía a Susana en brazos luego que mi Julieta hubo evitado una desgracia, sentí el enorme peso de la responsabilidad con cada paso que daba, ver la tristeza y dolor en aquellos hermosos ojos que se convirtieron desde el primer momento que los vi en la luz en mi camino, devastaron mi corazón, por una parte estaba la joven quien entonces creí me había salvado la vida y por otra la joven con quien quería compartir el resto de mi vida.
—La distancia que corrí por las escaleras para impedir que mi Julieta se marchara de mi lado esa noche, se volvieron inmensamente largas y cuando finalmente la alcance, rodeé su cintura en un intento de retenerla conmigo, pero ambos estábamos tan conectados por un lazo invisible e indestructible hasta ese momento, que me di cuenta que ella no podría aceptarme sabiendo que otra persona sufría por nuestra causa.
—No hicieron falta palabras, ambos lo entendimos y el silencio se convirtió en aquel momento en nuestro único testigo del sacrificio de Amor mas grande que ambos decidimos hacer, sin medir en el dolor y la soledad al que ambos nos condenamos a partir de esa noche nevada.
—Vi la silueta de mi amada caminar bajo la inmensa nieve y mi corazón se desgarró en mil pedazos, deseaba con toda mi alma correr tras ella, pero el peso de un deber que al final resulto ser toda una trampa desde el principio me lo impidieron.
Las jóvenes admiradoras del guapo actor limpiaban discretamente sus lágrimas ante aquel relato.
—Agradezco a Dios, que nuestros corazones permanecieron fieles a aquel sentimiento que nació a bordo de un barco hace cerca de ocho años y ahora luego de tres años de separación y tras descubrir una verdad que nos mantuvo separados, puedo gritar con libertad a los cuatro vientos, que mi amor por ella permaneció intacto.
Terry se puso de pie y con un movimiento de cabeza le indicó a Candy que era el tiempo.
Mientras Candy se abría paso por la multitud, Terry comenzó a dedicarle a unas palabras que hicieron suspirar a todos dentro del recinto.
Mi Julieta, delante de todos los que se encuentran presentes en este lugar, y aunque ya te lo había dicho antes, siento la necesidad y el deseo de repetirlo, para que ellos sean testigos de lo que guardé en mi corazón durante todo este tiempo —; "En mi nada ha cambiado ni cambiará jamás".
En cuanto Candy se paró frente a él, Terry extendió su mano y la ayudo a subir al lugar donde él se encontraba.
—Les presento a la señorita Candice Scott Ardley, mi dulce Julieta —dijo Terry poniéndose en una de sus rodillas y sacando una cajita de terciopelo color perla, abriéndola y dejando ver un hermoso anillo de compromiso de los tesoros de la casa Grantchester, dejando a todos incluyendo a Candy con la mandíbula desencajada ante las palabras que pronunció delante de todos.
—Candice, me harías el honor de aceptarme como tu futuro esposo y cumplir así el mayor de mis sueños?
Ante el silencio de Candy quien se había quedado en shock por aquella petición pública, todas las jovencitas dentro de aquel recinto comenzaron a ovacionar.
—Acepta, acepta.
Candy se pellizco una, dos y tres veces para asegurarse que no estaba soñando como muchas veces lo hubo hecho, al comprobar que todo aquello era una realidad, cubrió su boca con ambas para ahogar sus sollozos y responder segundos después.
—Si —acepto
El sonido de Flashes y suspiros se escucharon en el momento en que Terry sacó el anillo y lo deslizó por el dedo anular de Candy, convirtiéndose aquel acontecimiento en la mejor nota en la sección de espectáculo jamás antes vista la cual se regó como pólvora alrededor del Pais.
Tres años separados le parecían suficiente tiempo de espera a Terry, así que luego de salir del Teatro le propuso a Candy que unieran sus vidas el mismo día en que años atrás de habían conocido; Candy aceptó y en una carrera contra el reloj, ambas familias se desplazaron al único lugar que podía ser testigo de la unión entre ambos, El Hogar de Pony, teniendo como testigos a todos los seres queridos de Candy.
Una semana después...
La capilla del Hogar de Pony fue decorada para la ocasión.
Candy, enfundada en un hermoso vestido blanco que la hacía ver como un hada de cuento infantil caminó junto a su padre y Albert hasta donde un sonriente Terry aguardaba por ella.
La boda religiosa se llevó acabo tal y como ambos novios lo dispusieron y luego de pronunciar los votos matrimoniales, las palabras mas esperadas para Terry y Candy fueron pronunciadas.
—Lo que Dios unió no lo,separe el hombre, los declaro, marido y mujer, puede besar a la novia.
Con manos temblorosas, Terry alzó el velo que cubría el rostro de Candy y beso sus labios en un casto beso, provocando que Candy se sonrojara y todos en el interior de la Iglesia aplaudieran celebrando la unión de ambos.
Antes de partir a Lakewood donde se llevaría a cabo el banquete y el baile, Candy y Terry, tomados de la mano, ahora como esposos ante Dios y los hombres, se dirigieron en medio de la nieve a la colina de Pony.
—La primera vez que estuve aquí, prometí frente al padre árbol que volvería pero que lo haría junto a ti —le decía Terry a Candy —Y ahora, heme aquí cumpliendo mi promesa.
—Terry desde aquel día que estuviste aquí , este lugar tuvo mas valor del que ya tenía al igual que cada uno de los objetos que tocaste —confesó —fue en este lugar donde leí la carta de tu madre, no tienes idea de cuanto agradezco a Dios haya enviado a Annie en el momento justo para hacerme ver el gran error que cometí en el pasado lo cual me sirvió para tomar La Decisión mas importante de mi vida —dijo Candy con sus ojos cargados de amor.
Terry sonrió —mi Candy, mi dulce Candy, mi amada Julieta, mi princesa, eres la única que ha habitado en mi corazón y en mis pensamientos desde el día que te cruzaste en mi camino aquella noche brumosa, mi vida sin ti no tiene razón de ser, eres el motor de mi vida, la que le da sentido a cada cosa que hago, sin ti soy como un barco a la deriva en medio del inmenso océano —Terry acercó sus labios a los de ella y los besó de manera tierna provocando que Candy suspirara —Te Amo Candy, te amo con todas las fuerzas de mi corazón y te juro que compensaré todos y cada uno de los momentos que estuvimos alejados.
Continuará...
Gracias por leer ;)
