CAPÍTULO 14
—Esta noche tengo asuntos que atender en uno de mis locales y tú vienes conmigo. —Comunica durante la cena. Últimamente no confía en mí, ni siquiera cuando estamos solos. Había dicho que no saldría de aquí y que no me vería a nadie. No tiene sentido. Algo me dice que no es casual, quiere que vaya por algún preciso momento. Repentinamente adquiere una expresión amable y eso quiere decir que algo se le ha ocurrido, me hará daño.
Llevo el vestido rojo que Alex me ha dejado en la habitación. Es simple, con las mangas de encaje, largo hasta las rodillas. El cabrón me ha dejado también un par de zapatos negro de tacón y un bolso de mano de satén negro. Soplo como una gata un mechón rebelde y me observo en el espejo.
¿Qué puedo decir? Por lo que parece sabe lo que me queda bien. Salgo de la habitación y bajo al patio con uno de los gorilas que me sigue como si fuera mi propia sombra. Acorralada, atrapada y rendida. Encuentro a Sasuke con una pequeña cajita azul en la mano y con la mirada puesta en mí. Me acerco bajo su atenta mirada. Contente Alex, en breve se te cae la baba. Mi mirada se dirige a la caja azul situada entre sus manos. ¿Será un regalo para mí? Continúo mirando curiosa y en ese momento lo abre.
—Este collar es muy importante para mí porque era de mi madre. Quiero que lo lleves puesto y que cuides de él. Miro el collar con diamantes y rubíes incrustados, hermoso. No comprendo su gesto considerando que estamos en pie de guerra. Pocas horas antes había aclarado su postura y estaba segura de que encontraría un modo para destruirme completamente. Y en cambio ahora me regala un objeto muy cercano a él y quiere que lo cuide. Estoy desconcertada. Lo coge entre manos y se acerca deslizándola alrededor del cuello.
—Ahora todo está en el lugar adecuado… —Susurra tocando mi oreja con los labios. No me muevo, contengo la respiración. No quiero dar importancia a este gesto. Tengo que recordar que para él no soy más que un objeto de exposición y como tal me trata. Cuando subimos al coche nos dirigimos hacia una destinación que se me oculta, como todo lo que viene después. Permanezco en silencio mirando a través de la ventana mientras recorremos el camino hacia la verja.
Estoy a punto de salir del castillo. Tal vez pueda saltar del coche. No terminaría bien, me haría daño y me cogería. Después de una hora nos detenemos ante un local llamado Рай. Habría sido perfecto si hubiera sido el paraíso. Bajamos y deja las llaves a uno de sus hombres. Su mano me rodea la cintura y me aprieta a él.
—Ahora te darás cuenta de lo que podría hacer si hubiera querido comportarme mal contigo. Lo miro desconcertada sin entender el significado de sus palabras. Con el ceño fruncido me devora con esos ojos que quitan la respiración y después me agarra firmemente acercándome a él.
—¿Tienes miedo, Sakura? —Me está provocando. Me está torturando psicológicamente. Él quiere esto. Quisiera poder lavarte el cerebro, decía. Sé que lo desea por encima de todo.
—¿Por qué debería tener miedo de quién afirma quererme? Pronuncio inesperadamente. Me mira, no responde. Si realmente me quiere no me hará daño, si bien ya me haya hecho mucho. Cuando entramos nos acercamos a la mesa donde se encuentran sus hermanos. No parecen sorprendidos de verme. Sasuke coge la silla junto a Liam y me ofrece sentarme, lo cual hago sin vacilar. Encuentro la situación bastante extraña, sobre todo por el modo apenado con el que me mira Liam. —Cuidad de ella, vengo ahora mismo. Dicho esto se aleja recorriendo el local hasta desaparecer detrás de una puerta de cristal templado.
—¿Cómo estás? Me vuelvo hacia Liam y lo miro seria. ¿Cómo cree que estoy? Soy prisionera de un hombre que es impredecible y tenebroso.
—Lo siento, Sakura. He tratado de disuadirlo, pero no atiende a razones. Parece seriamente decepcionado. Siempre he pensado que él era el único con una pizca de cerebro. Solo él ha intentado hacer entrar en razón a su hermano y es el único que ha tenido el valor de desobedecer y contarme lo de Natasha.
—¿Tú sabes por qué estoy aquí? —Pregunto esperando que me diga la verdad. Dirige una mirada fugaz a sus hermanos, ocupados en una conversación acalorada, y después se acerca ligeramente.
—Cualquier cosa que pase, no cedas, mantén la calma. Lo miro perpleja. ¿Mantener la calma? No consigo entender por qué debería permanecer tranquila.
—Dobryy vecher, gospoda.
Reconozco esa voz, Sasuke. Me vuelvo repentinamente encontrándolo en medio del local con un micrófono en la mano y la otra en el bolsillo. Sonríe radiante hinchando el pecho y después dirige la mirada hacia mí.
— Ya rad predstavit' novyye zvezdy Рай. La luz se vuelve tenue y una música de fondo acompaña la aparición de dos chicas con vestidos muy cortos. Se acercan a él. Sonríen y Sasuke les devuelve la sonrisa. Se me vuelca el estómago cuando ambas apoyan las manos en sus hombros. Una de las dos lo besa y él no se aparta.
Me ha traído hasta aquí para esto. ¿Quiere que lo observe mientras se divierte con otras mujeres? Aprieto el borde de la silla con fuerza. ¿Qué podía esperarme de un hombre cruel y sin corazón? Él es así, este es su verdadero yo. Una vez más me ha ilusionado haciéndome creer que está enamorado de mí. Me ha regalado el collar de su madre, en el caso de que sea verdad, y al final como siempre me está machacando como si no contara nada.
—No des crédito a lo que estás viendo. —Susurra Liam a mis espaldas. Mantengo la mirada fija en Sasuke mientras las mujeres comienzan a moverse de manera sensual junto a él. Lo tocan, sus manos se deslizan por su pecho mientras bailan a su alrededor. El fuego me quema, ardo de rabia, de celos. No debería estar celosa, lo odio con todo mi ser. Golpeteo el suelo con el tacón e intento contar para mantener la calma.
¿Qué espera de mí?, ¿cree que haré una escena de celos? Es esto lo que quiere, estoy segura. Respiro profundamente mientras pienso cómo responder. No le permitiré que juegue conmigo una vez más. Esta vez no tengo intención de permanecer en el banquillo, quiero devolverle un poco de esa malvad que ha usado conmigo. Me levanto de sopetón y Liam rápidamente me agarra por la muñeca.
—¡No lo hagas, es lo que quiere! —Advierte.
—Déjame. Ha llegado el momento de hacer bajar a ese cabrón del pedestal. —Digo entre dientes sin perder de vista mi objetivo. Me libera y aprovecho para avanzar algunos pasos. Tomo un respiro profundo y después de esbozar una falsa sonrisa me acerco a Sasuke. Me mira, me examina y se sorprende cuando apoyo la mano en su pecho. Parece que las chicas no se preocupan de mi presencia, las habrán pagado para bailar, por lo tanto nos las importará quién sea.
—¿Qué estás haciendo? No respondo a su pregunta. Me acerco a sus labios sonriendo con burlonería. ¡Ahora verás lo que quiero hacer! —Estás acabado si tienes necesidad de pagar para que te toquen.
Se paraliza frío como el hielo y me mira incrédulo. Retrocedo un paso y con los dedos acaricio el collar. Lo mira mientras lo rodeo con los dedos. Lo hago lentamente, quiero que quede grabado en su cabeza eternamente. Le sonrío y arranco el collar. Los pequeños diamantes resbalan por mi cuerpo hasta caer al suelo bajo su mirada conmocionada.
—¡Este es el valor que doy a tus palabras, Sasuke! Me vuelvo y corro hacia la salida, consciente de que me pronto me alcanzará y se desencadenará el caos. He desatado su ira y esta vez le he disparado al corazón. Dos hombres del personal de seguridad me obstaculizan el camino, intento escabullirme entre sus cuerpos, pero todo es inútil. Mis movimientos se detienen cuando me agarran y me levantan por los aires.
—¡Has cavado tu propia tumba, cariño! —Gruñe a mis espaldas la crueldad en persona. Grito intentando soltarme mientras me arrastra de los pelos fuera del local. Me aprieta aún más impidiéndome cualquier movimiento. Una vez en el coche, bloquea las puertas y sale a gran velocidad hecho una furia. Lo observo mientras mantiene la mirada fija en la carretera pensativo. Me agarro al asiento sintiendo el gélido aire, no estoy muy abrigada.
—¿Tienes frío? —Pregunta volviéndose hacia mí con esa mirada penetrante que da escalofríos. Agacho la cabeza sintiéndome pequeña e indefensa. Está enfadado, y yo estoy enfadada.
—¡Responde, joder! —Grita golpeando las manos en el volante. Se está pasando de la raya, está descontrolado.
—¡Estamos en Rusia, hace un frío terrible y se ve que me estoy congelando! — Respondo rápidamente llena de rabia. —¡Deja de actuar así, no tienes ni el más mínimo respeto por mí!
—¿Tú quieres que te respete?, ¡dime que no lo has dicho! —Comento riendo con tristeza. Su cerebro se ha evaporado, eso seguro. ¿Cómo puede pretender respeto después de todo lo que ha hecho? Digo yo, me ha secuestrado, me ha tratado de la peor manera posible, ¿y exige respeto? El coche frena bruscamente y salgo disparada hacia adelante. Por suerte las manos se apoyan en el salpicadero atenuando de esta manera el golpe.
—¡Debes respetarme! Me agarra por los brazos y me zarandea mientras nos miramos a los ojos. Su rostro está enrojecido y tiene los ojos fuera de las órbitas. Tiene la frente sudada y jadea.
—¡Te respetaré cuando tú comiences a respetarme! Me libera, se restriega la mano por el rostro y después masculla algo incomprensible. Vuelve a arrancar el coche y a partir de ese momento reina un silencio sepulcral. Me sorprende cuando enciende la calefacción. Tal vez lo haya hecho porque tiene frío, no quiero pensar que lo haya hecho por mí, no después de todo lo que ha pasado esta noche. De vez en cuando, durante el viaje, lo miro de reojo. Mirada seria puesta en la carretera y cambio de marchas con violencia. Imagino lo que quisiera hacerme en este momento. Torturarme. Tal vez lo haga.
No creo que esto acabe aquí, ya he aprendido a conocerlo. Cuando destruí su coche me había encerrado en una celda mugrienta para exigir mis disculpas. Esta vez me espero algo peor. Me carga a las espaldas y me lleva a la habitación, donde cierra la puerta con llave y después deja que mi cuerpo rebote en el colchón. El vestido se ha subido y trato rápidamente de bajarlo sin arreglarlo. A los pies de la cama me mira, pero su mirada es la de un cazador y yo soy de nuevo su presa.
—Has destrozado el collar de mi madre. Sabías que era un objeto importante para mí. Esta vez su tono es tranquilo y esto me aterroriza. Cuando está sereno, se vuelve calculador y da en el blanco. Se afloja la corbata con la mirada fija en mí. Peligro.
—¿Tú crees que esto es un juego, Sakura? Deja caer al suelo la corbata y después la chaqueta. ¿Qué piensa hacer? Retrocedo en la cama hasta que mi espalda no toca la cabecera. No puedo ir a ninguna parte. Se acerca, apoya las manos a los lados de mi cuerpo. Contengo la respiración incapaz de decir o hacer cualquier cosa mientras su rostro acaricia mi abdomen hasta subir ante mi rostro.
—Podría enseñarte mi maldad, sin embargo, recientemente he descubierto que tienes un talón de Aquiles y pretendo usarlo. No, yo no tengo ninguna debilidad. Se está inventando todo solo para doblegarme. Roza mis labios con los suyos, pero no los besa. Su cálida respiración quema mi piel mientras desciende hasta detenerse entre mis senos, donde el sutil tejido lo separa de mi piel.
—¡Tu cuerpo me desea, Sakura! —Susurra mientras las manos se deslizan sobre mis caderas hasta los senos. Iré al Infierno, me estoy excitando y no debería pasar. Respiro a duras penas mientras sus manos rodean mis pechos. Los dedos se disponen bajo el tejido que los cubre. Lo miro, ruego para que se detenga, pero nada ocurre.
Continúa imperturbable y yo me doy por vencida. Una mirada que arde de deseo y de ira. Las manos agarran el tejido y en un único movimiento lo desgarran descubriendo los senos desnudos. En un momento de lucidez trato de empujarlo, pero su cuerpo reacciona, me bloquea colocándome las muñecas detrás de la cabeza.
—Es inútil que finjas. Estás excitada, me deseas y yo a ti. ¿Por qué no acabamos con estas gilipolleces, Sakura? Me muevo frenéticamente debajo de él tratando de liberarme mientras disfruta de la situación. No puedo creer lo que siento. No es posible dejarme llevar por algo tan equivocado, peligroso y prohibido.
—¡Suéltame! —Encuentro la fuerza para decir, pero mi voz apenas se escucha.
—Nunca te dejaré. Tú eres mi obsesión como yo lo soy para ti y tengo intención de acostarme contigo esta noche, mañana y siempre. Mi cuerpo está fuera de control, pero no le permitiré que se salga con la suya. Nunca seré suya.
—¡Eres un monstruo! No era lo que quería decir, pero ya es demasiado tarde para dar marcha atrás. Me agarra con más firmeza mientras se sienta a horcajadas sobre mí y respira.
—Sí, Sakura, soy un monstruo porque tú me has vuelto tal. Se acerca buscando mis labios, pero yo trato de evitarlo. Es entonces cuando coge mi rostro entre sus manos sin dejarme escapatoria. Me besa con pasión, pero yo consigo tener los labios cerrados impidiéndoselo. No le permitiré hacer lo que quiera contra mi voluntad.
—¡Bésame! —Ordena. Muevo la cabeza violentamente intentando alejarme.
—¡Te he dicho que me beses! —Gruñe entre dientes. Retrocedo en la cama, pero estoy en el borde.
—¡Bésame, joder! —Grita zarandeándome.
—¡Prefiero ir al infierno! —Grito a pleno pulmón. Emite un gruñido y golpea los puños contra la cabecera. Me levanto e intento escapar de la habitación, pero me agarra llevándome de nuevo a la cama.
—No puedes escapar, Sakura, ningún sitio te podría alejar de mí. Eres solo mía, métetelo en la cabeza. Se acerca, me besa y se marcha cerrando la puerta tras de sí. Me cubro el rostro con las manos y lloro. Lloro porque no he sido capaz de protegerme. Si aquella noche en la discoteca no la hubiera provocado, ahora no estaría en
esta situación. Grito golpeando las manos contra el muro. Me ha aniquilado nuevamente. Una parte de mí sigue sintiendo algo que solo una persona merecedora podría recibir. Por mucho que me haga daño no consigo eliminar ese sentimiento desconcertante. Estoy enamorada de un monstruo.
No sé cuánto tiempo ha pasado. Estoy encerrada aquí dentro como una prisionera. Los rayos del sol entran a través de las cortinas mientras de fondo se escucha el canto de los pájaros. He pasado la noche llorando y golpeando el cojín, como si fuera la causa de todo. Me froto los ojos con insistencia y pienso que hoy será un día como el resto.
No cambiará nada. Permaneceré encerrada aquí dentro para siempre. No consigo pensar con claridad, mis pensamientos están condicionados por sus palabras, su mirada, su perfume. Por él. La puerta se abre y entra, lo miro mientras se queda ahí observándome. Ya lo has conseguido Alex, ahora puedes ver lo mal que estoy.
—La comida ya está lista. —Comunica con frialdad. Lo observo secándome las lágrimas y con la misma frialdad respondo.
—No tengo hambre. Ante mis palabras avanza con una expresión descontenta. Me agarra por las muñecas con fuerza y me arrastra consigo. —No me interesa. ¡Harás lo que yo te digo! —Comenta enojado. Dejo que me lleve donde quiera, no sabría qué otra cosa hacer en este momento. Una vez en el comedor, me acomoda y se sienta junto a mí.
Miro el plato y tengo que reconocerlo, además del olor tiene un aspecto apetitoso. Morir de hambre no me ayudaría mucho. Quisiera rechazarlo con todo mi ser, pero mi cuerpo, por lo que parece, necesita nutrirse.
Suspiro cogiendo el tenedor y comienzo a comer muy lentamente. Estará satisfecho de mi obediencia, y siendo sincera, en este momento no me interesa. Después del tercer bocado, mi estómago se revoluciona: una sensación de náusea que nunca antes había sentido. Trato de contenerme con todas mis fuerzas respirando profundamente. Tal vez sean los nervios lo que me provoca este efecto.
—Esta noche tengo unos asuntos que atender y tú vienes conmigo. —Informa. Lo miro perpleja. ¿Quiere que vaya con él?, ¿después de lo sucedió anoche, quiere igualmente que vaya con él? Me pregunto que estará tramando.
—Me da igual que me mires así. —Murmura mientras corta la carne en su plato. Está poco cocida y la sensación de vómito vuelve. Me siento extraña y como si… Me siento como si estuviera a punto de perder el conocimiento, sudo frío.
—En la habitación encontrarás un vestido. Esta noche tengo una sorpresa para ti. —Continúa mientras en su rostro aparece una sonrisa burlona. Quisiera saber más acerca de ello y estoy segura de que esta noche lo descubriré. Trato de levantarme, pero no consigo ni siquiera tenerme en pie.
—Sasuke, no estoy bien. Me… —No consigo hablar, me faltan las fuerzas incluso para eso.
—No busques excusas, no caeré, muchacha. Se me nubla vista, no consigo respirar. Apoyo los codos en la mesa y con las manos me ayudo a aguantar la cabeza. Oh, Cielos, no me encuentro bien, nada bien. Los párpados se vuelven pesados y no consigo tener los ojos abiertos.
—¡Sakura! Lo miro y después no veo nada más. A mi alrededor solo hay silencio y oscuridad.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Dobryy vecher, gospoda: Buenas noches, señores.
Ya rad predstavit' novyye zvezdy Рай: Estoy encantado de presentaros a las nuevas estrellas del Paraíso
