3.La locura de Krista
17 de noviembre. Vieja ciudad del Este, 1043
-tuve un sueño muy extraño, Pairo
-¿un sueño? Kura, estuviste desaparecido más de una mes ¿dónde estabas?
El rubio negó con la cabeza sin entender a lo que su amigo se refería, ¿acaso no fue solo un largo sueño?
-¿desaparecido? pero si acabo de despertar
-¿sabes dónde estás ahora?-preguntó el chico de melena castaña poniéndose de pie y obligándolo a observar a su alrededor
-no lo sé ¿un hospital?
-sí, te buscamos por semanas y estabas a punto de morir
-¿y los chicos?
-están bien, pero tú decías cosas sin sentido...ni siquiera puedo recordar qué cosas
-¿Alluka?
-estaba contigo, pero no ha recuperado su conciencia, ¿qué haces?-preguntó asustado viéndolo ponerse de pie como si la semana que estuvo inconsciente y las heridas inexplicables en su cuerpo no fuesen razón suficiente para descansar-¿qué te pasa?
-tengo que regresarla
-¿de qué hablas?
-llévame con ella
-Kurapika detente ¿puedes siquiera explicarme qué demonios pasa? Con Leorio intentamos descifrar lo que tenías escrito en tus apuntes, pero…los doctores creen que estás loco
-¿eso creen?
-sí, tu madre dice que la muerte de Krista te quitó un poco de cordura
-tal vez-reconoció intentando traer a su mano la alabarda que lo había acompañado en aquel sueño vívido.
No funcionaba. Supo que definitivamente había regresado a su mundo original, al lado de la historia al que pertenecía, y estaba un poco asustado. En este lado ya ni siquiera estaba aquella otra Krista ni aquél otro yo, simplemente estaba él, lo que había visto y un mundo juzgándolo de demente sobre su corazón eternamente vacío y solitario.
Miró a Pairo un momento y sonrió feliz de tenerlo aún a su lado, seguramente Gon y Killua seguían siendo sus pequeños revoltosos que apenas comenzaban a entender la tristeza del mundo que les había tocado y su madre aún lo amaba y lo esperaba en casa con esa sonrisa idéntica a la suya. Era afortunado, tenía tanto amor como su contraparte deseaba y de cierto modo sentía que había triunfado.
Era tan absurdo.
-¿estás bien?
-¿tú vas a creerme?-preguntó nervioso y un poco paranoico sin dejar de alzar su mano derecha esperando que la alabarda apareciera-Pairo tienes que confiar en mí, es una locura lo que hice
-¿qué quieres que crea? Actúas muy extraño ¡deja de batir las manos!-le pidió tomándolo por los hombros-está bien, voy a creerte todo lo que digas, pero por favor finge que solo estuviste perdido y no le des a los médicos razones para encerrarte. Están muy convencidos que sufres de algún grado de locura
-llévame con Alluka y podré estar tranquilo ¿está bien?
Pairo asintió confundido y aún contra su voluntad lo acompañó hasta el cuarto de Alluka dentro del pequeño hospital. No entendía bien por qué Kurapika había huído, desaparecido y luego regresado sin previo aviso sin dar explicaciones; incluso Leorio, que era un tanto mayor y solo coincidían en clases de la universidad, se había preocupado y los acompañaba como si se tratase de un hermano. La inesperada desaparición de Alluka días después y los extraños mensajes que estaban escritos por toda la habitación del rubio, como si en verdad hubiese enloquecido, no eran sino que más motivos para creer que simplemente había desistido de vivir.
A cada paso que daba tras él sentía que perdía un poco de su vida, ¿debía seguirlo? aún estaba a tiempo de dejarlo solo en su extraña travesía y no creer lo que pronto revelaría, y que probablemente lo trastornaría.
-Alluka-llamó el hermano mayor a la pequeña mientras Pairo hacía guardia en la entrada-Allu, despierta, ya volví ¿me echaste de menos?-sonrió quitando el flequillo de la frente de la niña-se acabó, estamos en casa
-dicen que está en coma, pero no requiere soporte vital-explicó Pairo entristecido por el tono con que Kura hablaba a su hermana pequeña
-es porque su sueño no es real
-¿qué?
-solo necesita recordar dónde está, el viaje la agotó
-¿de qué viaje hablas? ¿hacia acá?
-¿sabes lo agotador que es saltar de un universo a otro, Pairo?-sonrió entretenido por la incredulidad en el rostro del chico-no me mires así, puedo estar loco, pero no miento
-me tienes muy nervioso
-Allu-canturreó con voz paternal-sé que estás ahí, ya regresamos
-Nanika tuvo la culpa-susurró la niña negándose a abrir los ojos-yo quería ayudarte
-claro que sí, no tuvimos suerte, es todo-le aseguró-¿Nanika no regresará?
-no, está molesta conmigo y contigo
-es lo mejor para ella, ¿por qué no me muestras tus ojitos azules?
-¿no estás enojado?
-no podría estarlo, no contigo
Alluka lo miró apenada y de un salto se incorporó colgándose al cuello de Kura con un sollozo reprimido.
Pairo se quedó viéndolos un momento y miró sus manos aturdido y aún más confundido, ¿acaso no mentía? ¿o era una locura generalizada?
-mamá está triste-dijo Alluka sin soltarse de su hermano-llora todo el tiempo y dice que su culpa, yo quise hablarle pero tenía miedo de estar en un lugar distinto y prometí no regresar hasta que estuvieras conmigo
-no te preocupes, Allu, ya hablaremos con ella ¿quieres que haga algo por ti?
-no te vayas de nuevo-lloró ocultando su rostro en el hombro del rubio
Kura la tomó en brazos y caminó alrededor de la habitación ignorando la mirada de Pairo sobre ellos, como si no creyera que en verdad amaba a su hermana y que le dolía haberla metido en un problema serio. Quizás ni siquiera el vacío de Krista era tan poderoso.
-¿vas a explicarme de una vez?
-fuimos a un mundo distinto-explicó su amigo con un poco más de desdén-allí no estabas, ni mamá, creo que ninguno de nuestra familia y había personas extrañas… ¿conoces la alquimia?
-claro
-usaban algo parecido, pero no lo llamaban así y eran parte de una organización. Yo era uno de ellos… bueno, no era yo precisamente, teníamos el mismo nombre y el mismo rostro, probablemente nacimos el mismo día y también había una mujer llamada Krista, con su rostro idéntico al de ella, el mismo corte de cabello y yo creí que eran la misma persona
-espera, Kurapika, ¿debo imaginar un mundo paralelo?-preguntó incrédulo queriendo seguirle el juego-¿como si en otro universo hubiésemos las mismas personas pero con vidas distintas?
-así funciona
-está bien-afirmó angustiado-¿y qué hiciste?
-quería conocerla antes que él, como un tonto creí que esa Krista me querría si es que evitaba que se encontrase con el Kurapika de su línea temporal ¿y sabes qué ocurrió?-rió con los ojos húmedos
-¿no le gustaste?
-aún peor. Solo provoqué que se encontraran mucho más pronto y de pronto todo mi esfuerzo no tuvo sentido, incluso involucré a Alluka
-¿y decidiste regresar?
-no. Krista decidió que debía desaparecer y se atrevió a tocarme. Sé que no lo entiendes y crees que es una invención mía, no te culpo, yo apenas lo creía cuando me vi transportado
-¿vas a escribir todo esto?
-probablemente, necesito investigar un poco más-sonrió mirándolo a los ojos
-no me mires a mí, Kura
-¿recuerdas la promesa que me hiciste? qué íbamos a dejar nuestros nombres en la historia. Necesito tu ayuda, ni Leorio ni mi madre me creerán, pero tú sí
-necesito ver para creer ¿existe otro yo en algún lugar?
-habemos millones de nosotros-puntualizó dejando a Alluka descansando en la cama-y hay vidas que están destinadas a encontrarse, como la tuya y la mía
-¿me dices que nos conocemos en todos los universos?
-es probable. Quiero investigar, a ver si encuentro otra Krista
-está bien-le sonrió-pero debes descansar. Si me prometes que vas a cuidarte y que te graduarás antes de empezar con todo esto; prometo seguirte a todos lados y confiar en lo que me dices. Escribiré para ti
-es una promesa
-y una última condición
-la que tú quieras
-córtate el cabello, ya estás grande para usar esa melena de niña
Kura se echó a reír rompiendo en un llanto contenido pues simplemente no recordaba la última vez que se había sentido feliz.
19 de noviembre, actualidad, Monteck.
Desde el momento que lo dejó ir Krista supo lo que debía hacer y no estimaría esfuerzos o tiempo en planearlo adecuadamente. Era su oportunidad de pelear por su propia felicidad y conocía bien el modo.
En cuanto acabó de ordenar una maleta con aquello necesario para un viaje regresó a casa en busca de Pirulo, era el perro indispensable en su vida y se odiaba por haberlo abandonado injustamente. No quería iniciar el viaje sin él, quizás Gon pudiera tenerlo mientras a su lado y estaba segura que Alluka sería feliz cuidando del cachorro. La verdad esperaba ser lo suficientemente confiable y amable, necesitaba más que nunca la ayuda de esos niños y no estaba segura de si ellos aún la estimaban luego de haber herido sin causa a sus mejores amigos. De cualquier modo en ellos estaba su última esperanza.
Pirulo movía la cola con energía a la espera del tren y su ama miraba con nerviosismo el papel arrugado en que había escrito las indicaciones para llegar a Isla Ballena. De pie y sin más que un bolso de mano y comida de perro estaban ambos en el andén intentando no llamar la atención, ¿a dónde iba tan inquieta una enfermera sin maleta y su cachorro?
Pasaron uno y dos trenes, ella dudaba en subir y los dejaba pasar como si esperara el vagón indicado. Pirulo estaba inquieto, quizás por el actuar extraño de su ama o por el clima que comenzaba a enfriar y amenazar con la tempestad. Era Krista amiga del frío y la nariz helada, mas no podía disfrutarlo y parecía estar asustada, limitándose a esperar pacientemente, aferrada al sinsentido que Leorio vendría una vez más en su rescate. Su corazón no toleraba la idea de hallarse sola luego de tanto tiempo a su lado.
Alrededor de las diez de la noche sus pies se decidieron a andar y llevando a Pirulo de la correa subió al último vagón buscando asiento junto a la ventana. En sus manos llevaba las indicaciones para llegar a Isla Ballena y la dirección que debía buscar al llegar a puerto. La tía se llamaba Mito, vivían con la abuela y los chicos estaban de vacaciones en su casa. Solo debía llegar allá y rogarles de rodillas que la ayudaran, que le permitieran conocer los detalles del nen que necesitaba para llevar a cabo el plan que tenía en mente. Después de todo, ella también había perdido un poco la cabeza.
Al otro lado del océano y ya recuperado Gon disfrutaba de los últimos días cálidos junto al mar. Regresar a casa era doloroso, echaba de menos a la anciana mujer caminando por los pasillos de la casa, hablándole con voz suave y sonriéndole al verlo llegar, le costaba creer que ya no estaría más a su lado y seguía preguntándose el por qué, ¿acaso no era suficiente con todo el dolor vivido en NGL? volver a casa y ver a su abuela agonizar hasta la muerte fue como una herida profunda sin previo aviso que lo obligó a huir tan pronto como pudo dejando a Mito y su hogar en el olvido. Poco entendía lo que estaba sucediendo, veía a Killua ir y venir con Alluka riendo todo el tiempo como si la vida ya hubiese llegado a la meseta de la felicidad, sin cuestionar el paso del tiempo ni las consecuencias del vivir, estaban allí a su lado, pero los sentía lejanos y desconocidos, eran personas diferentes a los que no podía llamar con seguridad amigos, estaba seguro que con o sin él serían felices. En cambio, sentía que Mito se encargaba de recordarle que había cometido un error, en cada gesto y palabra hacía doler su corazón mostrándole el hijo ingrato que era y que por más que lo intentase ya no bastaba con decir lo siento, no quise dejarte sola Mito.
-eso ya no importa, ahora ocúpate de ponerte al día con la escuela-respondía ella con el rostro amable y la sonrisa sincera como si su decepción no fuese más que un delirio de Gon
Killua había decidido acompañar a su amigo aún cuando él en su estado constante de ensimismamiento no lo notase, era cierto que Alluka y Nanika disfrutaban de la vida porteña y chapotear en los roqueríos junto al mar, mas no se alejaba de Isla Ballena por la única razón que deseaba ver a Gon sonreír otra vez. No dejaba de pensar que desde la muerte de Kaito el chico había perdido algo de su corazón y probablemente seguía buscándolo sin notar que Killua llevaba días intentando encontrar el modo de ayudarlo, pero el silencio y la pared impenetrable de Gon pescando solo a medianoche le producía desazón y frustración. Ya apenas lo reconocía.
Fue el 21 de noviembre cuando Mito encontró a la chica deambulando por el camino con un perro a su lado. Lucía cansada y confundida como si quisiera encontrar el número de una dirección que buscaba. Era menuda, castaña, joven, de ojos pequeños y de piel pálida que acentuaba las ojeras azuladas tristemente pintadas en el rostro. Traía una maleta y el traje blanco de una enfermera de la ciudad, en cuanto notó la cofia en su cabeza supo que era extranjera, en Isla Ballena no vestían de aquel modo.
-¿puedo ayudarte?-le preguntó dejando la canasta de la ropa húmeda para acercarse al camino hacia ella
-busco a Gon, en el puerto me dijeron que vivía aquí
-¿eres su amiga?
-...no exactamente, pero nos conocimos hace unas semanas ¿lo conoce?-preguntó la enfermera cubriéndose el rostro del fuerte sol
-soy Mito, la tía de Gon ¿él sabe que has venido? no me habló de ti-le sonrió dejando que el cachorro de cola inquieta saltara a su lado
-no creo que lo sepa. Mi nombre es Krista Aurie, un placer-sonrió estrechando la mano de la amable mujer que pronto la invitó hasta el interior de su casa
Mito olvidó la ropa por colgar y los platos por fregar, estaba intrigada por la visita repentina y la actitud extraña de esa chica que no dejaba de llamar su atención, más allá del semblante gris y triste que opacaba sus ojos y la inestable sensación de vértigo al verla a los ojos, no podía determinar que la llevaba a atenderla como una vieja amiga, como una hermana.
-solo conozco a Killua, aunque me han hablado de Leorio y Kurapika, espero que algún día vengan a visitarnos-le dijo al oírla decir que era mucho más amiga de los otros dos
-quizás luego, viven muy ocupados en sus asuntos-sonrió Krista bebiendo del zumo de arándanos que Mito le ofrecía
-¿vienes desde muy lejos, Krista?
-desde Monteck, en Oshima
-al otro lado del océano, debe ser muy importante
La enfermera asintió.
-señora Mito, traje a Pirulo conmigo porque es pequeño y no tengo corazón para regalarlo, no puedo llevarlo conmigo ahora que me marche ¿cree que Gon pueda cuidarlo? y siento mucho pedírselo sin darle detalles, pero sé que puedo confiar en usted y los chicos. No tengo mucho tiempo
-¿Krista?-preguntó desde la puerta trasera la voz de Gon que acabó con una risa nerviosa yendo a saludarla-creí verte en la mañana pero pensé que era mi imaginación
-¿cómo estás Gon? ¿ya no te duele el pecho?-preguntó Krista observando el rostro extrañamente triste del chico-¿has tomado los medicamentos?
-¿medicamentos?-inquirió Mito poniéndose de pie junto a su hijo-¿hay algo de lo que no me enteré?
-no se preocupe señora, Gon está bien, solo eran analgésicos suaves-explicó temerosa de haber hablado de más
-solo debía regresar a casa, la doctora Victa me explicó que sufría de mucho dolor acumulado-dijo Gon esperando que Mito le creyera-y que volviendo aquí se me pasaría, ¿ya ves que estoy mejor?
-¿has descansado bien?-insistió Krista acariciando con tono maternal el cabello rebelde del chico
-claro que sí, con Mito me siento muy feliz
-confíe en él señora-dijo la enfermera al notar el ceño fruncido y labios tensos de la mujer a su lado
Mito suspiró resignada y abrazó a Gon antes de dejarlos a solas de regreso a su tarea de tender la ropa en el jardín. Había situaciones y respuestas que simplemente superaban su entendimiento de madre abnegada.
-¿Kurapika está bien?-preguntó Gon curioso a los ojos de Krista-luego que me atendiera la doctora no supe más de ustedes y con Killua regresamos lo antes posible a la isla
-espero que se encuentren bien, zarparon hace unos días-respondió ella un poco menos alegre-¿en verdad estás bien?
-lo estoy, ¿y tú? pareciera que no has dormido en días-sonrió por lo bajo agachándose a tomar a Pirulo en sus brazos
-el viaje fue muy largo y caminé durante horas-dijo viendo desde su asiento la emoción en el rostro canino de su cachorro dominado por el espíritu de Gon-necesito de su ayuda
-¿de nosotros?
-sí, necesito aprender de nen, quiero controlarlo y canalizarlo
Gon no respondió y se limitó a acariciar el pelaje de Pirulo mientras veía a Killua y Alluka entrar a la casa cargados con las bolsas del mercado que Mito les había encargado. En cuanto notaron la presencia de Krista los tres jóvenes adolescentes se miraron a la cara temerosos de haber llegado al punto que buscaban evitar a toda costa.
-es ella-dijo Alluka escondiéndose tras la espalda de su hermano sin atreverse a dar un paso más
-¿qué ocurre?-Killua la observó confundido-es nuestra amiga, no te preocupes
-Nanika no quiere verla-respondió con ojos azules aún más confundidos como si viviera una lucha en su interior-tiene miedo
-Gon, ¿sabías que vendría?-preguntó el chico Zoldyck acercándose a la mujer que guardaba silencio en medio de los tres
-vine sin avisar-respondió Krista intentando sonreírle-¿estás bien?
-claro que sí, ¿los chicos ya saben que estás viva?
-sí, los dos
-es una buena noticia-le sonrió desde sus ojos azules comprensivos-¿qué tienes en mente?
-¿está bien que me quede? Alluka no se ve bien-susurró nerviosa mirando de reojo a la chica temblorosa al otro lado de la sala
-estará bien, no te preocupes
-¿nos dirás por qué has venido, Krista?-preguntó llamando a Alluka con la mano antes que ella corriera hacia él ocultándose entre ambos como una niña caprichosa
-quiero aprender a canalizar mi nen-explicó la mujer intentando comprender el rostro confundido de la hermana de Killua
-¿a qué te refieres con canalizar?-inquirió Gon
-necesito un arma y no me sirve una cualquiera, tengo el catalizador mas no las habilidades para utilizarlo ¿entienden?
-nunca he oído hablar de un catalizador ¿de nen?-Killua se mostró nervioso
-escuchen…-susurró buscando en medio de su bolso de mano una vieja libreta escrita a mano en un idioma que era inteligible a los ojos de ellos pero les era familiar-quizás Kurapika no les haya hablado de esto porque quizás ni siquiera él lo sepa, pero los kuruta llevaban mucho tiempo utilizando nen bajo otro nombre, como una especie de magia, y hay distintos modos de utilizarlo según el catalizador que se escoja, los catalizadores no son más que objetos muy antiguos y sagrados que han absorbido suficiente energía como para remover cualquier tipo de nen, incluso son capaces de hacerlo desaparecer, bloquear o mostrar las habilidades de una persona
-¿y tienes uno?
-sí-afirmó quitándose la cofia blanca de la cabeza para mostrar la fina diadema incrustada en rubíes que escondía-será suficiente
-¿tienes un plan?-Gon entrecerró los ojos queriendo comprender su objetivo
-convertiré todo mi potencial y se canalizará como un arma, pero no puedo hacerlo si no aprendo lo más básico, y pensé en ustedes
-quieres hacer de tu nen una bomba nuclear-dijo Killua-la intensidad será tan honda y de alta frecuencia que ya no importará cuán poderoso es tu oponente, solo bastará un primer contacto para expandir tu radiación desde la molécula más pequeña
-y funcionará, yo no necesito usar nen nunca más, será una vez y ya
-¿te das cuenta que solo tendrás un intento y que puedes morir en él?-Gon se cruzó de brazos ansioso-¿lo haces por Kurapika?
-lo hago por todos nosotros, y por mí. Sé que saldrá bien
-nunca he oído de una idea como esta antes-susurró Killua decepcionado-podemos enseñarte los básicos del nen pero no debes llegar al hatsu porque al darle forma se pierde el potencial primario y la energía solo se canalizará como un hatsu y tú quieres sostenerlo como un arma de energía no un modo de ataque
-alguien lo hizo-dijo Alluka sosteniendo la mirada de Krista-Nanika dice que alguien lo hizo una vez y vino hasta aquí buscándote
-¿a mí?-la enfermera frunció el ceño sintiendo de pronto el deseo de recordar lo ocurrido en la azotea días atrás cuando cayó desde muy alto sin entender jamás la razón del accidente que la llevó a huir tan lejos y fingir estar muerta
-Nanika dice que lo conoces y ella también, que él le rogó venir hasta ti solo para verte y que él pudo transformar su potencial de nen en un arma sin convertirla en hatsu
-... ¿él?-se preguntó para sí perdida en las imágenes vagas en su cabeza
Alcanzaba a ver el rostro furioso de ¿Kurapika?, no podía asegurar que fuese él, claro que no, era un chico diferente a pesar de tener el mismo rostro y la misma voz, llevaba el uniforme negro de instituto y su semblante era un tanto más infantil, mas Kurapika seguía allí, al otro cuadrante con sus ojos tristes y el broche de la AC en la chaqueta. Estaba confundida, en sus recuerdos estaban ambos y luchaban, Kurapika herido y el otro chico llorando. Todo le parecía una pesadilla y sin embargo podía incluso sentir en sus manos el desvanecimiento de ese otro rubio que sonrió al oírla decir que lo quería, como un niño que recibe al fin su juguete favorito aunque no podía explicar el dolor que cruzaba su corazón viendo ante sus ojos aquella sonrisa dolorosa idéntica a la que Kurapika le ofreció desde el tren antes de marcharse dejándola atrás, ¿cuántas veces la había visto? ¿cuántas veces sería la Krista esperando en el andén viéndolo partir? ¿por qué no dejaba de sentir que había vivido aquél desencuentro miles de veces en miles de formas con miles de universos diferentes siendo ella la condenada a amarlo de por vida? ¿tenía siquiera modo de huir de aquel destino que la obligaba a derramar lágrimas con una sonrisa en el rostro dándole el sentido que buscaba después de tanto? Conocía los ojos de Kurapika desde mucho antes de encontrarlo junto a Hamari moribundo en el jardín de su casa, desde antes de nacer estuvieron siempre en su interior, y ahora lo comprendía. El destino era uno y en este lado de la historia le tocaba triunfar.
-llévame con él-dijo Krista sintiendo el rostro mojado por las lágrimas y los labios temblorosos en medio de una sonrisa-Nanika, llévame con él, lo necesito
-¿con el chico de la alabarda?-preguntó Killua tomando a Alluka del brazo como si temiera perderla nuevamente
-Nanika dice que es peligroso, que solo puede darte unos días porque ella no quiere moverse de este lugar-explicó Alluka sintiéndose en aprietos
-me bastará con unos días, Nanika por favor-rogó Krista notando que para los chicos no sonaba más que como una mujer desequilibrada
-si no te encuentras en el lugar indicado no podrás regresar, debes preguntar a él dónde ubicarte
Krista asintió llorosa, nerviosa.
-¿no quieres esperar un poco?-preguntó Gon tomándola del brazo-apenas has dormido y debes comer
-estoy de acuerdo, si quieres lanzarte a esta locura debes descansar-soltó Killua evidentemente molesto, ¿en verdad merecía Kurapika que esa pobre mujer arriesgase su vida así sin más? se preguntaba viéndola aceptar el consejo de Gon y beber con manos temblorosas el zumo de arándanos
Además, no dejaba de molestarle la idea que en otro lugar, muy lejos, hubiese una réplica de sí mismo y quizás cuántas más.
23 de noviembre, Vieja ciudad del Este, 1043
Hacía calor, el verano se había posado con fuerza sobre las viejas construcciones de la ciudad y aún en las noches hacía falta encender la ventilación, el calentamiento global ya no daba más y poco a poco se hacía presente disminuyendo incluso las fuentes de agua como si lentamente el infierno surgiera desde el centro del planeta. Sin embargo, el calor, el sudor y la falta de agua era el problema más mínimo de Kurapika y sus hermanos, mamá estaba enferma y los planes de la universidad se habían desechado tan pronto como notaron que pronto el mundo se reduciría aún más para ellos tres. La ayuda de Leorio y su hermano Gon no eran suficientes, en menos de un mes todo cuento de hadas quedó atrás, incluso el recuerdo de Krista parecía un lejano espejismo, un sueño, que a veces funcionaba como paliativo a la realidad de ver a su madre agonizar repentinamente a menos de una semana de haber regresado. Pairo estaba lejos, a diferencia de él, pudo viajar sin reparos al norte para entrar a la universidad; ya ni siquiera quedaban vestigios de sus deseos de saltar de multiverso en multiverso, escribir un libro juntos y mostrarle al mundo la efímera realidad que vivían parte de otra infinidad de líneas temporales. No había tiempo, no mientras tuviera dos hermanos que alimentar y una cuenta en el hospital impaga. A veces pensaba y se preguntaba si acaso siempre le tocaría sobrevivir.
Aquella mañana abrió los ojos con pereza y frunció el ceño enojado al recordar que había soñado con Krista, con la que no le correspondía, aquella que seguía viva mucho más allá de su alcance y en sus sueños, siendo la misma mujer y tajantemente diferente a la chica que amó.
Se incorporó somnoliento al oír a Killua llamarlo por su nombre desde las escaleras y Alluka secuenciar sus gritos como una ambulancia.
Cuando logró salir de su habitación apenas sabía su nombre, sin embargo, reconoció al instante el traje blanco y la cofia a un lado de la mujer que yacía inconsciente en medio de las escaleras con los zapatos sueltos y la mejilla ensangrentada por la epistaxis que sufría como si hubiese caído desde muy alto hasta aquel lugar que no le correspondía. Era Krista, la Krista de sus sueños y por más que buscara señales no parecía ser un quiebre de su imaginación. Era real.
Notó que Killua estaba asustado y Alluka seguía de pie nerviosa esperando ambos que el hermano mayor tomara una decisión.
-es ella-dijo su hermana sin moverse-simplemente apareció Kura, creo que está mal
-¿apareció?-preguntó el rubio agachándose junto a Krista a una distancia prudente, no estaba seguro de poder tocarla
-como nosotros
-¿es un fantasma?-preguntó Killua buscando apoyo en Kurapika
-...no lo sé-respondió en voz baja acercando tímidamente su mano al rostro de la enfermera. Conocía bien la sensación de incompatibilidad y la necesitaba para determinar si al tocarla uno de los dos desaparecía, mas nada ocurría y pronto lo comprendió. Seguía siendo ella la única Krista en su mundo-Killu, trae una toalla-le pidió depositando al fin su mano sobre la mejilla de Krista
Sintió que el corazón se le hizo añicos, apenas podía soportar que podía una vez más verla y tocarla. Si acaso estaba soñando podía de una vez morir tranquilo sin despertar.
-despierta-la llamó en voz baja mientras Alluka lo ayudaba a limpiar el rostro ensangrentado de la chica-Kri... ¿me escuchas?
Ella parpadeó y sus ojos buscaron cualquier referencia que pudiera entender, no conocía las paredes ni los muebles que veía, mucho menos reconocía las fotografías colgadas desde lo alto, solo se detuvo al percatarse que descansaba junto a un rubio en pijama de cabello desordenado y ojos grises ciertamente infantiles, le sonreía amable y con unas tiernas pecas que no había notado hasta ese momento, ¿en verdad era el mismo?
-¿no estaba muerta?-preguntó Killua agachándose frente a ella para verla a los ojos con sus iris de niño-¿es Krista?
-...yo…-Krista movió los labios queriendo hablar pero apenas alcanzó a intentar incorporarse antes de caer nuevamente inconsciente. Se veía hondamente cansada y no había forma de quitarle de las manos el bolso de cuero que traía con ella
Kurapika la contuvo en su regazo un momento y supo de inmediato que ella no había viajado desde tan lejos para verlo, lo necesitaba y probablemente no le gustaría oír sus motivos.
-llamaré a Leorio para que los lleve con mamá-les dijo cargando a Krista en sus brazos hasta la sala para acomodarla en el sofá-iré en cuanto resuelva este asunto
-¿puedo quedarme?-preguntó Alluka
-irán los dos
Killua quiso alegar pero su hermana lo detuvo y lo jaló del brazo llevándoselo escaleras arriba mientras Kurapika tomaba el teléfono para llamar a quien se había convertido en su mejor amigo el último tiempo: Leorio. Desde la ausencia de Pairo y la constante presión de mantener a sus hermanos alejados del diagnóstico paliativo de mamá, el estudiante de medicina lo ayudaba en todo lo posible sin cuestionar las extrañas circunstancias de su desaparición, a veces bastaba con hablar pero otras veces incluso se ofrecía a prepararles la cena. No estaba seguro del motivo o si había un trasfondo a tan pura amabilidad, mas no le molestaba y se sorprendía pidiendo su ayuda sin pensarlo demasiado como si pudiera en verdad un día confiarle sus secretos.
-¿dónde estoy?-susurró Krista buscando con sus manos un lugar para incorporarse-me duele la cabeza
-en mi casa-respondió Kurapika sonriéndole con el teléfono aún en la mano-llegaste de pronto ¿te encuentras bien?
La chica contuvo su mirada un momento y de un salto se puso de pie caminando hasta él hasta tocar con sus propias manos la tela suave del pijama del rubio, lo miraba con los ojos como platos y brillantes aguardando en ellos la felicidad de haber llegado al lugar correcto tal como lo había planeado. Su plan estaba en marcha y solo podía sentir que el corazón era diminuto para contener tanta emoción.
-eres tú-respondió anonadada y fuera de sí recordando la leve diferencia en el tono de voz entre el Kurapika que tenía en frente y el que era dueño de su vida-¿no estoy soñando?
-claro que no, pero estoy seriamente preocupado ¿cómo...cómo llegaste hasta aquí?
-Nanika, y no tengo mucho tiempo Ku...dios, no puedo llamarte por su nombre-rió nerviosa tomándose la cabeza con ambas manos-solo tengo cuatro días y tengo muchas preguntas que hacer
-respira o vas a desmayarte de nuevo, mírate, apenas estás recuperando la circulación en tu cuerpo ¿quieres ahogarte?-le preguntó sosteniéndola del brazo temeroso de verla caer de bruces contra la alfombra-Kr...Krista-la nombró recordándose a sí mismo una y otra vez que no era la misma Krista
-Nanika dijo que tú habías logrado transmutar todo tu potencial nen en un arma y necesito que me enseñes a hacerlo
-¿qué? ¿qué es nen?
-es...es eso que usaste para dañar a Kurapika, una alabarda enorme, eso era tu nen
-espera, espera, ¿tienes idea lo que tuve que hacer para lograrlo? vas a morir en el intento ¿por qué lo harías?
Krista respiró hondo recuperando un poco de cordura.
-por el mismo motivo que rompiste las leyes del tiempo y el espacio-respondió severa con los ojos dolorosos-sé que no lo vas a entender pero necesito que me ayudes, yo quiero vivir a su lado y debo ayudarlo, debo hacerlo
-¿lo haces por él? ¿o lo haces por ti?-cuestionó dando un paso atrás-escucha, definitivamente él no es la mejor de mis versiones y probablemente jamás entienda completamente por qué muestra nuestra cara más egoísta y narcisista, pero no olvides que la base esencial es la misma y si estuviese en su lugar te preferiría en casa, tranquila, lejos de los peligros, a salvo ¿por qué querría que la única mujer que me ha amado arriesgue su vida por mí?
Ella guardó silencio. Los pasos de Killua en la escalera dejó en segundo plano la honda herida que Kurapika había abierto y ante los ojos del niño Krista regresó a descansar en el sofá mientras el rubio se encargaba de alistar a su hermano para el viaje.
Estaba cansada y sabía que aquella gota de amargor en su interior era lo que acababa de oír, ¿quisiera el kuruta verla arriesgar su vida? ¿había realmente una razón para tanta locura o solo se dejaba condenar por el miedo y el egoísmo de amarrarlo a su lado a como dé lugar? Quizás estaba siendo más tonta y atolondrada de lo que se creía capaz, y todo el drama a su alrededor no era más que una excusa para sentirse viva. Estaba segura que lo amaba, no había duda, mas necesitaba ver que hacía lo correcto.
-supongo que has llegado demasiado lejos-dijo el rubio regresando hasta la sala luego de despedir a sus hermanos en la acera
-cuando se fue-susurró sintiendo los ojos ardientes en lágrimas-supe que no estábamos equivocados y que había una oportunidad, y yo quiero luchar por obtenerla, nunca había deseado nada con tanta fuerza, quiero hacerlo feliz y mostrarle que es todo lo que necesito, pero tienes razón, quizás no es más que egoísmo o miedo a perderlo para siempre
Kurapika sonrió sintiendo en silencio la calidez de una de sus propias lágrimas llegar hasta la comisura de los labios. Hubiese dado la vida por oír alguna vez a la Krista que amó decir palabras como aquellas, ¿acaso sería siempre tan injusto?
-la incertidumbre es la peor de las penumbras-le dijo sentándose a su lado en el sofá-te ayudaré, pero habrá una condición
-¿qué es?-preguntó secándose el rostro con el doblez de su camiseta blanca
-quiero que descanses lo suficiente para que te duela la cabeza, dormirás y vas a alimentarte, debes estar saludable para enseñarte lo que quieres, si mueres aquí me harás enterrar dos veces a Krista. Nunca te lo perdonaría
-está bien
-piensa en aquello que motiva tu… ¿nen? debes tenerlo claro. Y una última condición, no me hables de él, me produce alergia. Ven, dormirás en mi cuarto
Krista obedeció y se decidió a dormir tanto como pudo en la alcoba que el chico amablemente acomodó para ella. Había fotografías de él cuando niño con sus padres y sus amigos, celebrando el haberse graduado y con ella misma. No pudo evitar mirarse a los ojos en la fotografía que adornaba la mesita de noche y se sorprendió de hallarse mucho más alegre, sonrosada y tal vez ingenua, la Krista que veía allí riendo junto a Kurapika era un tanto más jovial y su piel marcaba la flor de la juventud con gracia, aún siendo idénticas no era capaz de identificarse con ella, no le hacía sentido que en alguna parte su rostro más conocido fuese el de la niña mimada de Hamari Aurie aunque ya no estaba y sentía cierto dolor al saber que bajo sus pies dormía un cadáver con su mismo rostro.
Sin embargo las fotografías perdieron importancia cuando descubrió los apuntes del chico sobre el escritorio, anagramas y analíticas complejas que apenas era capaz de entender como dibujos, álgebra pura y ecuaciones que quizás solo él podía interpretar, libros abiertos, lecturas a medio terminar y una alta pila de hojas blancas que parecían un rompecabezas de las estrellas y constelaciones. Observaba con asombro y se preguntaba si acaso era esta la verdadera naturaleza de Kurapika como la suya de ser la hija amada de Hamari, ¿era la muestra de lo que debían ser?
No lo sabía, y buscando una respuesta encontró el sueño reparador. Lejos de casa y un poco asustada, temblorosa y ansiosa, pero cómoda y segura. No había en aquel lugar nada que pudiera dañarla.
Cerca de las diez de la noche Kurapika entró a casa buscando a Krista en su cuarto, respiró tranquilo al verla dormir aún y regresó a la cocina encontrándose con Leorio que había insistido en llevarlo a casa desde el hospital. Mamá había despertado luego de días y su hijo no tuvo más opción que dejar a Krista sola para correr hasta su madre y verla una vez más, pudiera ser incluso la última oportunidad de oírla y ni siquiera la chica de sus sueños se lo impediría. Mas el diagnóstico era desalentador y perdió la mitad del tiempo discutiendo con los doctores que se negaban a seguir el tratamiento sentenciándola a muerte sin siquiera arrugar la nariz. Estaba frustrado, nervioso, dolido, confundido sin dejar de pensar en sus hermanos y las caritas tristes que pondrían al verse nuevamente de negro los tres en un funeral. No podía siquiera pensar con claridad, quería llorar y golpear cosas, gritarle al cielo por qué la vida era tan injusta e innecesariamente dolorosa, ¿acaso era su penitencia por haber burlado las leyes naturales?
-debes estar tranquilo-dijo Leorio al verlo descomponerse frente a sus ojos-hablaré con el decano que trabaja en el hospital
-se negará-sollozó el rubio temblando de ira-son unos malditos, ¿cómo se supone que les diga a Ally y Killu que mamá no va a recuperarse? se lo prometieron cuando ingresó al hospital, dijeron que no era de gravedad
-Kura, son niños, los doctores no podían decirle la verdad, esa es tu responsabilidad
-no los excuses, maldición ¿serás como ellos?
-claro que no, son unos cínicos, pero escúchame por favor, llorando y frustrado no ganarás nada. Date unos días para pensar, yo me encargaré de los chicos, en mi casa estarán bien y Gon será feliz de tenerlos con él
-...gracias, no les digas…
-les diré que necesitas descansar, lo comprenderán, aunque sobra espacio si quieres venir con ellos, mis papás conocen la situación y me preguntan todos los días si estás bien
-lo estaré, no te preocupes, hay otros asuntos de los que debo ocuparme ¿puedes decirles a Killua que no olvide cepillarse los dientes? a veces se le olvida
-le diré. Intenta dormir, y no olvides comer-le sonrió recogiendo las llaves de su auto desde la mesita en junto-te llamaré más tarde
-gracias Leo
-oye, no llores, no es el fin del mundo y lo sabes-susurró golpeando con suavidad la espalda del chico-eres fuerte
-ya vete-sonrió avergonzado acompañándolo hasta la puerta-estaré bien
Leorio le sonrió despidiéndose desde la acera y Kurapika cerró la puerta encontrándose con el hondo silencio de una vida sin hermanos ni mamá. Acostumbraba vivir rodeado de los alegatos de Alluka y las travesuras de Killua con la voz risueña de mamá regañandolos con amor ¿cómo se supone que comenzara a vivir sin aquello?
-al parecer llegué en un mal momento-dijo Krista de pie en la escalera
-...creí que dormías
-¿estás bien?
Kurapika se levantó de hombros. Ella se acercó temerosa y buscó su mirada con timidez queriendo sonreírle.
-mamá está muriendo-susurró él con ojos bajos guardando silencio para recuperar la compostura-se suponía que el diagnóstico no era tan grave, pero al menos los médicos ya se dieron por vencidos
-lo siento
-da igual, de todos modos pasaría algún día-sonrió intentando parecer optimista-¿tienes hambre?
-la ansiedad no me deja sentir apetito-dijo nerviosa y culposa sintiendo que interrumpía quizás los últimos días de Kurapika con su madre, se sintió egoísta y desequilibrada yendo más allá de sus propias limitaciones
-debes alimentarte si quieres cumplir tu objetivo ¿tienes alguna idea de cómo piensas llevar a cabo el plan?
-no exactamente, sé que necesito concentrar toda la energía en un solo instante y con un catalizador multiplicarla, será de un único uso-explicó nerviosa viendo al chico ir hasta la cocina en busca de frutas y cereales para ella
-como una bomba nuclear-resumió distraído-morirás en el intento ¿lo entiendes?
-hay una posibilidad…
-eres inexperta, K...Krista-dijo con severidad-no entiendo bien cómo funciona tu mundo ni el de los ¿cazadores? Creo que así se llamaban, es similar al uso de la energía cuántica de los seres vivos. Eres un ser humano que no ha sido preparado ni capacitado para soportar tal cantidad de energía, a pesar de poseer en ti una energía vital infinita tu estructura física no está condicionada para transmutarla ¿me explico?
-quiero intentarlo
-es un suicidio
-no necesariamente, puedo…-las lágrimas de confusión interrumpieron el hablar de Krista y se vio de pronto diminuta ante el chiquillo universitario que tenía en frente, con aquella misma mirada dolorosa y soberbia que horas atrás renegaba evidenciando que después de todo en esencia eran idénticos-estar aquí ya es difícil para mí-dijo conteniendo los deseos de echarse a llorar-no me lo hagas más complicado, dijiste que me ayudarías
-no he dicho que me retracto de mi palabra, solo intento explicar por qué tu plan no es bueno ¿te das cuenta que si mueres nada de esto tendrá sentido?
-¿tienes una mejor idea?
-la tengo-afirmó dejando en manos de la chica el bowl con frutas y cereales-aprovecharemos que mis hermanos están en casa de Leorio para trabajar, quizás no podrás descansar como quisiera pero tendrás la oportunidad que tanto quieres
-¿qué debo hacer?
-intentaremos crear nen en este mundo, es técnicamente cruzar el umbral de lo físico y quizás lo metafísico, pero si podemos convivir perteneciendo a dos multiversos alternativos probablemente lo logremos. Necesito que me enseñes todo lo que sabes del nen y encontraré la forma de utilizar el catalizador del que hablas sin dañarte fatalmente
-no lo entiendo
-buscaremos una fuente de energía distinta a tu cuerpo físico y este mundo es el indicado para encontrarlo
-¿es posible?
Kurapika le sonrió infantil.
-saltar de un universo a otro sonaba tan imposible hace unos meses-le respondió con ingenuidad entregado a la fortuna de un futuro incierto con la misma expresión que Krista vio en el andén días atrás
No le importaba nada, ni siquiera la vida.
Kristaaaa ha enloquecido! jajaja creo que cualquier cruzaría las fronteras del tiempo y el espacio por el verdadero amor xd
De igual modo ya veremos qué planean estos dos, ¿encontrará Krista la forma de evitar su muerte?
Besos desde Chile 3 n_n
