Otabek no dejó que la escena se repitiera. El rubio había protestado, pero el cazador se negó en banda a ceder a otro de sus caprichos.
No obstante, Yuri no se rendiría tan fácil; eso fue lo que debió haber previsto Otabek, pero no hizo.
El cazador llegó aquel día con un regalo para el brujo, para que se dejara de joder.
Los ojos verdes de Yuri refulgieron con emoción cuando vio que entre sus manos estaba un cepillo de madera para gato, con dientes de fino metal. Al fin Potya dejaría de esparcir pelitos por toda la casa y por su ropa.
- ¿Cómo lo conseguiste?
- Conozco al artesano del pueblo. Le dije lo que quería y lo hizo.
Yuri lo miró con esos ojos gatunos y esa sonrisa vivaz. Un "no te hubieras molestado" tácito que Otabek comprendió de inmediato.
- Déjame pagártelo - le dijo abrazando el cepillo.
- Olvídalo. Tu forma de demostrar gratitud me asusta - bromeó el cazador, recibiendo un manotazo en su brazo.
Últimamente Otabek se había estado dando cuenta que estar con Yuri resultaba un poco divertido (solo un poco, muy poco). Se había sorprendido a sí mismo molestando a Yuri de igual forma como el contrario hacia con él (aunque Yuri lo hacía en mayor medida).
- ¿Por qué ya no quieres hacer cosas conmigo?
- No quiero y ya.
Musitó restándole importancia y cerrando los ojos recostado sobre el césped, tratando de disfrutar de los rayos del sol.
Ese lugar era agradable cuando los días estaban despejados. El sonido del río también le había empezado a resultar afable.
No escuchó al brujo por varios minutos, pero no le prestó importancia. Se dejó llevar por el sueño que lo empezaba a invadir... o así fue hasta que sintió un chorrito de agua caer a su cara.
Se reincorporó rápido y sorprendido, un poco confundido.
Yuri lo miraba burlesco desde la orilla del río, tenía su mano izquierda levantada y sobre ella una burbuja de agua fría levitaba mientras se movía como si aún formara parte del revoltoso río.
- Dijiste que ya no usarías más magia conmigo - exclamó hacia donde se hallaba el otro.
- No la estoy haciendo contigo, la hago con el río - le respondió el muchacho.
Otabek frunció el ceño, su argumento era válido, quizá no tanto, pero válido. Yuri apretó el puño y otro chorrito de agua le dio, esta vez, sobre la cabeza.
La carcajada divertida de Yuri lo molestó.
- ¡Ya detente!
- ¡Ven a detenerme!
Oh, Yuri se lo estaba buscando.
Otabek chasqueo la lengua y se alcanzó a cubrir el rostro cuando otra ración de agua le fue enviada. Se puso de pie y corrió tras el brujo que seguía riendo, mofándose de él.
Yuri lo esquivó un par de veces y Otabek lo consiguió atrapar en el quinto intento. Pero al aprisionar al brujo, también lo hizo perder el equilibrio y estuvieron a solo unos centímetros de caer al río.
- Auch, eso dolió - se quejó Yuri sobándose la cabeza.
- Fue tu culpa - respondió Otabek.
Había caído sobre Yuri y se disponía a pararse un tanto molesto, de no ser porque Yuri tiró de su chaqueta para que no lo hiciera.
Lo miró cabreado. Yuri sonreía. Esa maldita sonrisa seductora de siempre. Unas cuantas gotitas del rostro aún mojado de Otabek cayeron al de Yuri por la posición.
- Sir Otabek, os ruego que aceptéis ver bajo mi falda como muestra de mi gratitud.
Otabek quiso reír, pero se contuvo. Se suponía que estaba molesto.
- No eres nada convincente. Ya detente, Yuri.
- Pero Otabek~ - ronroneó revolviendo sus piernas y atrapándolo entre ellas.
- Yuri, suéltame.
La falda color rosa palo resbaló por las sedosas piernas de Yuri, hasta donde sus glúteos se mostraban firmes y redondos. Otabek pasó saliva, no quería hacerlo e intentó no mirar hacia abajo con todas sus fuerzas, pero de soslayo veía que Yuri usaba ropa interior de color negra. Sintió su corazón acelerado.
- ¿Quieres tocar? - le preguntó con voz dulce - puedes hacerlo.
Otabek frunció el ceño. No debía hacerlo, se había prometido no volver a ceder con Yuri.
- Puedes tocarme - volvió a incitarlo, acariciándole el rostro, una caricia que removió todos los cimientos del pobre cazador.
Joder, por favor que Yuri no siguiera, pensó. Por favor que no lo siguiera mirando de esa forma con sus ojos brillantes y sus mejillas rojas, que no le siguiera sonriendo con esos labios que estaban siendo su terrible tentación reprimida desde hacía días. Que no le hiciera cariño como si lo quisiera, porque su estúpido corazón se lo podía a creer.
- Puedes tocarme, Otabek.
Con cada palabra, cada vez que se entregaba, Yuri lo acercaba más a él, más a sus labios.
Con la última gota de cordura que le quedaba, Otabek puso su mano sobre la boca de Yuri.
- Está bien - aceptó de súbito - pero vamos al río y date la vuelta.
El corazón de Otabek se hacía resistente a confiarle su cariño a Yuri, pero su carne ya no podía mentir más: deseaba tomar a Yuri.
Bajo su mano, que aún cubría la boca del chico, Otabek sintió que este sonreía.
...
Descubrir el cuerpo de Yuri bajo la capa de ropas fue fascinante. La falda se le había subido al sumergirse hasta la cintura, donde el agua alcanzaba la altura del brujo. Otabek sintió una chispa en su entrepierna al ver la ropa interior pequeña y negra de Yuri, haciendo un contraste delicioso con su piel nívea.
Le subió la falda y él se desabrochó los pantalones. De espaldas hizo que Yuri subiera los brazos para quitarle el suéter y así dejar a la vista la espalda impoluta, tierna y adornada únicamente por la larga trenza desordenada que bajaba hasta su trasero.
Las manos de Otabek, ansiosas por probar, se apretaron contra la carne blanda y lisa de su cadera, subieron para delinear su cintura y se sumergieron en el vientre plano. Sus dedos tantearon terreno desde el ombligo hasta sus pezones, que se hallaban erguidos, duros y deseosos. Los atrapó y luego apretó, haciendo que Yuri soltara un jadeo. Jugó con sus manos allí un par de minutos hasta que los obscenos sonidos que soltaba Yuri hicieron que su entrepierna comenzara a tirar, fue cuando para aplacar un poco más el deseo, se pegó contra el trasero de Yuri simulando una embestida.
- Otabek... - gimió ahogado su nombre - tócame más - pidió.
Solo la ropa interior los separaba, pero no se apresuraría a follar a Yuri y ya. Se tomaría su tiempo, el juego previo siempre era divertido.
El agua fría del río no impidió para ninguno que las sangre les hirviera con deseo.
- Recuéstate en la orilla - le ordenó el cazador con voz ronca, haciendo cosquillas en el oído de Yuri quien asintió apurado y obedeció inclinándose.
Otabek bajó una de sus manos a la entrepierna ajena, bajo su ropa interior, donde el pene de Yuri se hallaba despierto.
Las aisladas veces que Altin había tenido relaciones habían sido con féminas, pero vaya que se estaba acoplando bien a la idea de estar tocando a otro hombre. Además, sentía que podía sobrellevarlo porque tenía una idea muy amplia de cuáles zonas eran más erógenas en un cuerpo masculino.
Yuri se hundió en sus brazos, gimiendo cuando lo tomó entre su mano y repasó el pulgar con algo de presión por la punta de su miembro. La falda empezó a ser un estorbo, así que decidió sacársela; la desabrochó y Yuri colaboró bajándola y tirándola fuera del río. Había quedado totalmente desnudo y Otabek echó una mirada general, lamiéndose los labios. En seguida el chico volvió a su labor, lo tomó y subió y bajó su mano, procurando apretar en la punta del pene de Yuri, donde era más sensible y donde a ratos el muchacho soltaba gemidos más necesitados.
- No tan lento - pidió, sofocado.
Pero Otabek no le hizo caso. Mantuvo calmo y apretado el desesperante vaivén mientras sentía que Yuri movía su cadera para aumentar el ritmo. Se entretuvo un rato haciéndolo sufrir.
- ¿Esto es lo que querías? - le susurró al oído - ¿tanto así querías que te tocara, que te follara?
Yuri volteó para observarlo y asintió, le sonrió mordiéndose el labio.
- Sí - pronunció con voz temblorosa y excitada, una que enloqueció a Otabek que volvió a simular otra embestida mientras apretaba su cintura - ¡sí! mmh...
Mierda, más temprano que tarde Otabek sintió que su propio miembro dolía por querer recibir atención.
Yuri se deshacía como gelatina, sentir a Otabek tan grande atrás suyo, pegado a él sobre la fina tela, tomando su cintura con fuerza. Altin soltó un suspiro pesado, sintiendo que su miembro le pedía cada vez más tomar el interior de Yuri.
El cazador le bajó la ropa interior y Yuri se puso de puntitas. Su miembro al descubierto. Otabek sacó el suyo solo para liberarse momentáneamente de la presión.
Dejó de estimular el miembro del brujo y enredó su mano en el cabello ajeno. Tiró suavemente hasta dejar a Yuri con el rostro al aire, con su respiración trabajosa quedando al descubierto.
Otabek se hundió en el cuello del chico, lamiendo y mordiendo la piel sensible de allí. Cuando soltó la hombría de Yuri, este pareció desesperarse y estiró más hacia atrás el trasero, chocando con su propia erección y frotándose descaradamente, sacándole a él un par de roncos gemidos. Repasó su mano libre nuevamente por el abdomen y pecho de Yuri, dejando que el agua resbalara por esos lugares.
Dios, jamás había pensado que tocar a alguien hubiese resultado tan divertido. Ni siquiera podía pensar con claridad teniendo el deseo de querer todo el cuerpo de Yuri a la vez.
Volvió a bajar su mano, apretando suavemente los testículos de Yuri, que soltó un grito excitado por la acción. No se detuvo allí y se tomó la libertad de manosear el redondo trasero del muchacho, abriendo una de sus nalgas y repasando su erección allí, respirando agitado por la deliciosa fricción. Tiró el cabello de Yuri con un poco más de rudeza y su respuesta fue un pequeño respingo.
- A-Ahh, Otabek~ - gimió suavemente el muchacho, una de sus manos yendo hacia su cuerpo y tomando su cadera, como si quisiera que no mermara sus movimientos.
Volvió a empujar hacia abajo a Yuri, dejándolo reposar en el césped de la orilla del río. Ya luego volvería a jalarle el cabello, había descubierto lo satisfactorio que era enredar sus dedos en las hebras doradas.
- Levanta un poco más el trasero, Yuri - jadeó.
Se sentía demasiado bien restregar su pene contra el trasero de Yuri, no sabía si era obra de estar haciendo tales cosas en el río o estar al aire libre, pero lo que sí sabía Otabek, era que nunca en sus cortos veintidós años había deseado tanto un cuerpo, nunca había sentido tanta excitación que hasta sentía la cabeza mareada.
Llevó sus dedos a la entrada de Yuri y metió uno que fácilmente logró entrar, pero el rubio dio un salto, sorprendido.
- ¿Otabek? - preguntó intentando mirar hacia atrás, el verde en sus ojos tembloroso.
- No lo haré rápido, tranquilo. No soy tan animal.
Yuri se lo quedó mirando unos segundos con una expresión que no comprendió, pero terminó asintiendo y volviendo la vista hacia adelante.
Movió su dedo lento, hacia dentro y hacia afuera. Yuri se empezó a agitar, abrió más sus piernas y Otabek pudo notar que se mordía la mano para ahogar sus quejidos cuando empezó a penetrarlo despacio. El segundo dedo costó más trabajo, Yuri estaba apretado, para sus adentros Otabek se preguntó si acaso el chico era virgen. Esperaba que el agua pudiera ayudarlo en la tarea de estirarlo.
- Me-me está doliendo - se quejó suspirando.
- Tienes que relajarte, respira profundo.
- Si me dieras algo... algo con qué jugar podría relajarme - dijo estirando su mano hacia atrás y mirándolo coqueto, sus mejillas rojas y varios mechones rubios pegándose a su rostro.
Otabek sonrió de lado. Habían formas de expresarse de Yuri que en el fondo le divertían.
Se hizo a un lado sin sacar sus dedos del interior de Yuri y dejó que la mano del chico tomara su pene. Yuri se semi apoyó en su brazo libre, apretando los labios cuando repasó sus dedos por la textura de Otabek.
- Es tan grande... - sollozó cuando Otabek volvió a mover sus dígitos dentro de su cuerpo.
Estaba concentrado en su labor de preparar a Yuri, pero la mano del mismo era deliciosa, lo masajeaba con un poco de dificultad, pero el placer y calidez que le brindaba lo hizo soltar más de un suspiro acompañado de pequeños gruñidos. La subía y la bajaba repasando con su pulgar la sutil separación de la cabeza, eso volvía loco a Otabek.
Cuando tocó meter el tercer dedo, Yuri se tapó la boca para aplacar un grito y, para que no sintiera tanto dolor, Otabek bajó su mano para desconcentrarlo con goce, masturbándolo también.
Metía y sacaba sus dedos de Yuri, cada vez con mayor facilidad y gracias al agua que sí había surtido efecto.
Cuando llegó la hora de introducir su miembro, lo hizo cuidadoso, dejando que la punta se deslizara despacio entre las tersas y sedosas paredes de Yuri. Otabek apretó la mandíbula para contener su deseo que hundirse del todo con solo una estocata. Observaba las reacciones de Yuri que apretaba el césped con sus manos.
- ¿Te está doliendo?
- N-no tanto, puedes seguir - jadeó.
Y así lo hizo, pero sin dejar de estudiar los movimientos de Yuri.
- ¿P-Puedo hacerlo yo? - preguntó de pronto.
Otabek asintió en su ensimismación, pero a los segundos recordando que Yuri no lo veía desde su posición.
- Sí, adelante. - se apresuró en responder.
- Bien...
Otabek mantenía una mano en una nalga de Yuri y la otra sosteniendo su cadera. El placer era indescriptible, Yuri lo apretaba tan bien, sus paredes eran tan calientes que podían hacerlo perder la cordura. El rubio empezó deslizándose despacio hacia atrás, mucho más lento de lo que él había estado adentrándose en su cuerpo. Tal vez sí le estaba doliendo de veras.
Una vez entró por completo, Otabek le dijo que esperarían unos minutos a que se acostumbrara y el otro concordó.
No fue hasta que las paredes de Yuri lo apretaron sorpresivamente, que el chico le dijo que podía moverse, pero antes de que lo hiciera le hizo una petición.
- ¿Otabek? - su tono de voz sonó extrañamente tímido - ¿puedes jalarme el cabello?
El chico tras él sonrió.
- Bien.
Con gusto.
Enredó su mano en las hebras rubias y jaló pegando la primera embestida y haciendo rebotar el redondo trasero de Yuri con un chapoteo del río al chocar las pieles.
- ¡Ahh!
- ¿Duele?
- Sí, o-o sea, no... digo, sí, pero se siente bien cuando duele.
- ¿Espero un poco más?
- No, no, por favor no. - Yuri negó con su rostro hacia arriba, con su cabello atrapado y su trasero levantado, únicamente apoyado por sus manos en la orilla - me gusta.
Perfecto. Porque el trasero que lo apretaba se sentía como el mismísimo cielo y no sabía si podría ser capaz de detenerse.
Las embestidas empezaron profundas, Otabek procuraba salir casi del todo y volver a entrar de lleno en Yuri, arrancándole los más deliciosos gemidos.
Era placentero, Yuri en sí era demasiado placentero. Su miembro en ese paredes habían encajado perfectamente y se hallaba tan cálido y cómodo que no quería salir nunca.
Se inclinó llevado por el placer, su mano enredada al cuero cabelludo de Yuri, pero su mejilla apoyada en la curva entre su hombro y cuello, soltando allí todos sus suspiros y gemidos roncos, poniendo la piel de gallina a Yuri al sentir su aliento ardiente sobre su piel. No obstante, el placer era tanto, que no se podía quedar quieto, tan pronto como se apoyaba en Yuri, se volvía a erguir, amasando su trasero con ansias y quedando totalmente flechado con cada trozo de piel ajena, con el rosado que adquiría tu tez cada vez que apretaba con fuerza.
Yuri era una máquina de gemidos y había empezado a coordinar sus movimientos, haciendo el choque contra su cadera más intenso y los chapoteos mas constantes.
La inclinación dispuesta en la espalda de Yuri y el arco que formaba su columna. Los hombros rosados y los codos rojizos. Tenía un pequeño lunar en su espalda baja, a su lado izquierdo. Sus caderas no eran grandes y su cintura no era tan pronunciada como las de una mujer, pero Otabek sintió que todo su cuerpo era proporcional y demasiado bello. Sus piernas eran largas y sus glúteos rellenos, no sabía cuál trozo de ese cuerpo le gustaba más.
No lo soportó. Tan solo pensar, tan solo ver el cuerpo de Yuri desnudo, a su merced, a Yuri gimiendo su nombre entre gemidos, tan solo saber que era él quien estaba provocando un desastre en ese muchacho... jaló el cabello un poco más fuerte, penetrando a Yuri con más consistencia y rapidez.
- ¡Otabek! ¡así! ¡así, por favor! - rogó Yuri pasando uno de sus brazos por su cuello, en una posición algo dificultosa, como si lo estuviese abrazando. Sintió sus uñas arañar su piel.
Soltó el cabello rubio y pasó su brazo por el pecho de Yuri, afianzando el agarre en su hombro, como si pudiera anclarse a él, pegando en totalidad su pecho con su espalda. Así sintió nítido cómo la respiración de Yuri subía y bajaba con rapidez, irregular, la vibración de su voz cada vez que gemía y sollozaba envuelto en placer.
- ¡Ahh! ¡Ah! no pares, por favor - pedía a viva voz.
Oh, claro que no lo haría. Estar así, de ese modo, follarlo de esa manera, mierda, era el paraíso.
- Maldita sea, aprietas tan bien, Yuri... - gruñó contra su oído.
No se detuvo y apretó su pecho contra Yuri, aprisionándolo definitivamente con esa posición enredada pero necesitaba que habían adquirido.
Más rápido, el interior de Yuri contrayéndose, ahí por favor, se siente bien.
Yuri sentía ahogarse en placer y cuando percibió el calor el su vientre, supo que ya no podría aguantar mucho más.
- Tócame - pidió otra vez, con la voz ahogada.
Yuri estiró su cabeza hacia atrás, apoyándose en su hombro. Otabek pudo avistar su rostro, tenía los ojos cerrados y las mejillas rojas, su boca abierta soltando los obscenos sonidos que lo enloquecían. Centímetros, solo un par de centímetros y Otabek podía besar esos labios deliciosos que soltaban monosílabos desesperados.
Pero no lo hizo.
Viró el rostro a tiempo antes de hacerlo. Apretando la mandíbula por ahogar su deseo.
Acató la anterior petición de Yuri, sintiendo su entrada apretarse contra su miembro y entendiendo que el chico estaba próximo a acabar. Tomó su miembro para estimularlo con rapidez, apretando sus testículos y apretando la punta, lo que lo llevó al orgasmo mucho más rápido de lo esperado.
El gemido largo y lánguido dejó sin aliento al brujo que enterró sus uñas en Otabek y sintió sus piernas temblar. El semen escapó de su miembro en varias cintas, saltó un poco hacia su propio pecho, pero el río al fin y al cabo se encargó de limpiar todo.
Otabek penetró más frenético el interior de Yuri que siguió gimiendo mientras su cuerpo temblaba y tenía tiernas contracciones post-orgasmo. Salió del sedoso interior del chico cuando sintió que estaba en el clímax y terminó corriéndose fuera, ahogando su orgasmo mientras apretaba la mandíbula en un sensual gruñido. Suspiró hondo cuando terminó, tomando bocanadas de aire.
Ambos mantenían la respiración irregular. Yuri se había acostado entre sus brazos en la orilla del río y Otabek, en su misma posición, apoyó una de sus manos en la orilla, a un lado de Yuri y dejó su frente reposar en la espalda del chico.
Tras unos segundos sintió algo frío y húmedo sobre su dorso. Vio que Yuri repasaba sus dedos sobre su mano. Volteó a sonreírle con sorna, el cabello se le pegaba a la frente.
- Yo gané.
Le dijo.
Oh, ese chico...
Estaba bien, ya daba igual. Otabek suspiró y soltó una risa, negando con la cabeza.
- Idiota.
¡Gracias por leer!
