Cap12: rota (parte 2)
Bueno, y aqui seguimos! Sé que estais esperando esta continuación. Tenía pensado publicar antes algo de ¡No soy un pokemon!, pero estoy particularmente inspirado con el guión de mi version de un naruharem con un naruto oscuro, asi que me he distraído, por resumirlo. Aqui teneis la continuacion de rota, el punto de inflexion en esta obra, espero que os guste, yo paso a los reviews!
Uzumaki albert: Hola! A ver, no esta perturbado por el simple hecho de matar. En el capitulo de "tres no son multitud", por ejemplo, se ve que es algo comun lo de matar en el mundo shinobi. Incluso sale Sakura matando a un enemigo. El hecho de matar en esta historia no es algo perturbador en si... el problema son los medios. No puedes comparar una simple muerte en batalla con lo que hizo itachi. Lees otros fic, o ves la serie, y piensas que todo el clan uchiha que mato itachi eran hombres armados de 40 años, y no... eran mujeres, niños... ahi esta la diferencia: matar es habitual, matar niños no.
Y si, no me gustaba el planteamiento uchiha de kishimoto, asi que lo he reducido a lo básico y he ido construyendo desde alli. Espero que guste... Un saludo y disfruta!
Spardaaa: Buenas de nuevo! Gracias, y solo era la mitad, hoy tienes mas y mejor! Un saludo y nos leemos compañero!
Guidonani: hola! Si, tenia que venir... itachi no iba a estar quieto mucho mas tiempo. Y ahora se han juntado itachi con el sello maldito... disfruta, nos leemos!
-aaaaaaaaaaaa- personaje hablando
-aaaaaaaaaaaa- personaje pensando
-aaaaaaaaaaaa- ser sobrenatural hablando
-aaaaaaaaaaaa- ser sobrenatural pensando
RENUNCIA DE DERECHOS: Algunas veces me pregunto, ¿y si nosotros somos un fic de un grupo de escritores aficionados? Si es así, no nos quieren nada si nos tienen leyendo esto XD sea como sea, obviamente el mundo Naruto pertenece a masashi kishimoto, mientras que Satsuki es una creación del fandom. Yo solo aportó esta historia.
-Buen intento, Satsuki chan… pero, si no lo has entendido, tendremos que volver a empezar…- declaró, volviendo a dibujarse su mangekyo sharingan en sus ojos antes de que Satsuki pudiese reaccionar y gritar.
Tsukuyomi (segundo tsukuyomi)
Cielo rojo, paredes negras… y suelo rojo también, aunque por una razón bien diferente. Dicen que la sangre es muy difícil de quitar de un lugar, que es la peor mancha. Alguien de carácter más mundano te diría que se debe a la composición del líquido vital, a esa textura pegajosa, a su sabor ferroso… pero Satsuki e Itachi tenían otra teoría. La sangre es vida, la sangre es el color del ser humano. Ni verde, ni azul, el rojo es el color de dios… y, como tal, cuando toca algo deja una parte de si en ese lugar. Una vez, Naruto la preguntó si se sentía sola en ese complejo semiabandonado que una vez dio cobijo a centenares el clan uchiha… Satsuki no le respondió, porque la respuesta era muy tétrica para el dobe: desgraciadamente, no. Tras esa noche, cada casa, las calles, el suelo, los parques y comercios, cada rincón quedó manchado en mayor o menor medida por sangre uchiha, y una parte de ellos se quedó allí… el cuerpo chunnin de konoha tardó varios días en localizar y llevarse cada cadáver, tal fue la masacre. Itachi había sido minucioso… y ella estaba siendo minuciosa.
Cómo en ese momento. Muchos se preguntaron al día siguiente, tras conocer la matanza, cómo es que Itachi no tuvo piedad de NADIE. Cómo no se cebó con los shinobi uchiha, si es que tanto quería destruir el clan; y dejar en paz a los civiles, que en el fondo solo eran trabajadores sin poder. Con solo perder a sus shinobi, el clan uchiha habría pasado a ser un clan civil y disolverse. La respuesta era simple: aún con su herencia diluida, seguían siendo parte de la estirpe degenerativa que era en ese momento el clan uchiha. Cada civil, por poco chakra que tuviese, podía despertar el sharingan, o hacerlo alguno de sus descendientes. El sharingan no dependía del chakra en si; si así fuese, el clan uchiha tendría muchos más tomoes que los del centenar de shinobi que aportaba a la hoja. No, el sharingan era un potencial, estaba dormido en cada gota de sangre de los descendientes del clan uchiha. Podías ser un bastardo tataranieto del uchiha más miserable y débil, que si se daban los factores adecuados, despertarías un poder imparable. Los factores adecuados, para ella la maldición del clan uchiha… esos eran los factores adecuados. Y, cuando se daban, hasta un civil era peligroso. Como comprobó en esa casa en la que estaba ahora.
En un principio, no le pareció algo diferente al resto. Una casa de tres habitaciones, cocina y baño, donde vivía algún civil de los que regentaban los negocios del complejo junto a su familia. Todas exactamente iguales, ella ya había exterminado a decenas de familias en esa situación: se escondían, huían, los mataba en los armarios, bajo las camas, en sus cunas… familias sin hijos, solteros, niños de cinco años… la daba igual. Todos eran débiles, todos debían de morir. Aquí no iba a ser diferente. El hombre intentó enfrentarle con una vieja katana, quizás la herencia de algún antepasado shinobi… eso estuvo bien, fue valiente… y fracasó miserablemente, y ahora agonizaba en el salón de la residencia con sus intestinos libres en el suelo… eso estuvo mal, dejó a su mujer y a su hija recién nacida sin defensa posible ante ella… Solo tuvo que entrar y arrebatarle de los brazos esa niña a la aterrada madre, para luego tomarla cruelmente de un pie y sostenerla en el aire, como si fuese uno de esos juguetes con los que su hermana jugaba de niña, solo que emitiendo un llanto estridente que ya tenía ganas de silenciar para siempre…
-O… onegai… no… no le hagas nada…- rogó la madre, arqueando una ceja en respuesta Satsuki. Tenía un cierto aire a su propia madre, aunque mucho menos bella, se notaba quien de la pareja civil era de ascendencia uchiha. Pelo negro, ojos negros, figura esbelta… la hija del hijo del hijo de algún shinobi uchiha que decidió meterla en el útero equivocado. Una mujer indefensa, sin poder… degeneración del sharingan. Vaya puto asco. La mujer confundió su silencio con una posibilidad de salvar a su retoño, y no como lo que era… una asesina tomándose un respiro antes de seguir.- Toma… tómame a mi si quieres… haz… haz lo que quieras conmigo, no me resistiré… pe… pero… no le hagas nada a mi niña…
-…- Por un instante, Itachi se lo pensó un poco. Lo cierto es que esa mujer tenía la belleza tan característica del clan, incluso un aire a izumi, la mujer que se podría decir que era su novia… Pero ese instante se desvaneció tan pronto como la vio llorando. En eso se había convertido su clan… en lágrimas y debilidad. Madara lo había dejado caer en la roca del clan: nuestro clan es salvaje y poderoso. El día que se vuelva doméstico y débil, moriremos. Satsuki, o Itachi, en este momento daba igual porque ambos pensaban igual, dibujaron en su rostro una sonrisa sádica, aún más espeluznante por el contraste de sus blancos dientes entre su piel llena de sangre… y, sin más miramientos, degollaron a la infante recién nacida delante de su madre. Al fin dejaba de llorar… La mujer tembló unos segundos, mientras Satsuki no dejaba de sonreír y decía algo con la voz de Itachi.- La impotencia es un pecado imperdonable…
Realmente, no lo dijo por nada en especial, no es que buscase educar a esa civil, o justificarse. Esa mujer iba a morir en unos segundos, era insignificante… era todo por simple sadismo. Disfrutaba causando dolor, disfrutaba estando en la cima de la cadena alimenticia. Los débiles solo son ganado para los fuertes. Sin embargo, olvidó un detalle importante: los factores adecuados para el nacimiento del sharingan. Esos factores que convertían en peligroso a CUALQUIER uchiha. La mujer tembló y fue débil unos segundos, si… hasta que apretó los dientes con furia y chilló de dolor al ver el cuerpo decapitado de su bebé cayendo al suelo. Cuando volvió a mirar a Satsuki, sus ojos no eran negros… eran rojos con un aspa. Tomó un cuchillo cercano y atacó con la rapidez y fuerza de un animal rabioso, y poco faltó para que la noche de Satsuki acabase allí. Al final la mujer acabó muerta en el suelo, pero el corte en la mejilla de Itachi fue revelador. La única herida que sufrió esa noche… y fue por una civil… curioso. Tampoco lo suficiente como para frenarle, pero curioso… pensaría en ello en la siguiente casa, donde ya veía a los vecinos despertarse y encender las luces tras oír los gritos de esa mujer…
(Fin del segundo tsukuyomi)
Satsuki abrió los ojos, incapaz de mostrar fortaleza, de contenerse. Otra vez había ido casa por casa masacrando a sus amigos y conocidos, matando a hombres, mujeres, niños… sin la más mínima piedad. ¿Cómo había podido su hermano mayor, su ídolo, su héroe, hacer algo así? ¿Cómo podía estar haciéndola verlo de nuevo, y por dos veces más, ahora? ¿Cómo pudo disfrutarlo así…? ¿CÓMO PODÍA ELLA ESTAR DISFRUTÁNDOLO ASÍ? Se repetía en su mente, en su mente al rojo vivo y a punto de quebrarse, que no era ella quien lo disfrutaba, que era Itachi, que Itachi era el monstruo, no ella… pero… pero algo en su mente la decía que no. Que ella habría podido evitar matar a esa gente, que podría haber combatido la locura de su hermano en esa ilusión y convertirse en una mera espectadora. Y que no lo había hecho, que incluso lo había asumido y disfrutado. Todavía recordaba los chillidos de ese niño recién nacido antes de acabar con su vida… su piel se erizaba… ¿era por repulsión, o por…?
-¿Cómo…- balbuceó la uchiha tras tragar algo de saliva. Sintió el sabor ferroso de su propia sangre al tragar y por un momento rememoró lo que había ocurrido en ese tsukuyomi… tuvo que reprimir la arcada…- …cómo pudiste hacerle eso a un…?
-¿A un niño recién nacido?- completó Itachi la pregunta. No pudo evitar sonreír, en parte por sadismo, en parte por orgullo. Podía notarlo, su hermana estaba en su límite… sus pupilas dilatadas, su cuerpo sudando frío, temblando ya no de dolor físico, si no emocional… dos tsukuyomi seguidos, devastador para cualquier mente… y, aún con todo, era capaz de recriminarle. Si… puede que hubiese acertado con ella…- A decenas, Satsuki… a cientos si incluyes a los niños más mayores, para el caso están igual de indefensos. Los árboles no te dejan ver el bosque, imouto… no deberías de haberte centrado tanto en el niño y tan poco en la madre… sigues sin entenderlo, y no pararé hasta que lo entiendas…- declaró, volviendo a acercar su rostro al de Satsuki. La joven, casi quebrada, tembló de terror, indefensa, rompiendo a llorar.
-Nii chan… onegai…- se prometió no volver a llamarlo así, se prometió ser fuerte, no llorar como esa niña de cinco años que le vio marchar hace ya tanto, no suplicar... pero no se sentía con fuerzas para resistir esas visiones una vez más, para volver a matar a cada uno de los miembros de su familia, a sus padres, a sus amigos… y para disfrutarlo… sobre todo para eso.- …no me hagas esto, no...- Clavó sus ónices enrojecidos y anegados en lágrimas en el sharingan de Itachi, buscando algo de su hermano, algo de su piedad, de su amor… pero solo encontró desprecio en esos ojos rojos como la sangre.
-Patético, Satsuki…- gruñó, claramente contrariado, apretando ligeramente el cuello de su hermana para que frenase ese espectáculo dantesco.- Lágrimas… ¿te crees que te salvarán? Son el arma de los débiles… no le sirvieron a esa mujer, ni te servirán a ti… los fuertes tienen acero, los débiles lágrimas… ¿adivinas quién suele vencer?- acercó su rostro hasta quedar a centímetros del de Satsuki, captando cada detalle. Cómo le recordaba a su madre… eran igual de hermosas, y con un potencial inmenso para el uso del sharingan. Y eso, en este contexto, le enfadaba aún más. No iba a permitir que su hermana saliese débil, como su madre… no… lo de orochimaru iba a ser su último fallo…- Si lloras, es porque no tienes otras armas, y si no tienes más armas, eres débil, impotente… y la impotencia es un pecado imperdonable, imouto…- sus ojos volvieron a cambiar, dibujando de nuevo esa imagen que acaparará toda la visión de la uchiha menor, mientras esta sollozaba de terror.- Imperdonable…
Tsukuyomi (tercer tsukuyomi)
Otra vez bajo ese cielo rojo sin estrellas ni sol. Ese cielo que lo iluminaba todo, y a la vez no daba el más mínimo calor. Otra vez matando sin piedad a cada hombre, mujer y niño del clan uchiha… y cada vez la afectaba menos. Al menos negativamente. En el otro aspecto… cada vez descubría algo nuevo. Cada vez que veía de nuevo la muerte de uno de esos civiles, o shinobi, o de su padre, veía nuevos detalles, pequeños matices que dotaban a la visión de un nuevo contenido. Miradas furtivas, gestos tan fugaces como tragar hondo o inspirar antes de gritar… todos esos gestos decían mucho de esas personas. Itachi tenía razón… todas esas personas eran débiles. Para empezar, huyeron de su hermano en lugar de enfrentarlo. Itachi era fuerte, pero… ¿poder contra más de quinientas personas, uchiha arriba uchiha abajo según su última cuenta, sin hacer ruido para no alertar a los anbu de konoha? Imposible. Huyeron, intentaron salvar su propia vida en lugar de unirse, y por ello fueron derrotados. Débiles, enclenques… impotentes…
Y luego estaba el detalle de las súplicas. Qué obsesión con suplicar antes de morir, ¿Qué esperaban? ¿Que ella les oyese rogar y dijese "ah, bueno, si me lo pides por favor, paro"? Ni tan siquiera para eso servían. Un ruego debe de afectar a la psique del agresor, es un ataque mental, y como un ataque que es, debe de buscar puntos débiles. La madre de esa infante que había vuelto a asesinar, por ejemplo… si hubiese dicho su nombre en lugar de "mi niña", quizás la habría hecho dudar unos segundos, lo suficiente para atacar. Qué demonios, si fuese ella habría usado incluso el nombre del ser más querido del asesino pasa generarle empatía. ¡Itachi, no mates a mi niña mikoto! Y quizás, y solo quizás, habría tenido más oportunidades. Pero no servían ni para eso… la estirpe de los tres tomoes estaba completamente corrompida. Parecía uno de esos shinobi que se ponían gordos nada más pasar a labores de oficina y abandonar el servicio activo, incapaces hasta el día de su muerte de volver a luchar correctamente… la victoria y la unión con konoha los había derrotado.
-¡Ahhhh!- gritó una voz terriblemente familiar junto a la uchiha, mientras ella la agarraba del brazo con violencia para que no escapase corriendo. Ah si… este momento. Ya era la cuarta vez que la mataba, la cuarta vez que acababa con su vida. Mikoto uchiha… su propia madre…- Onegai, Satsuki chan… soy… soy tu madre…
Si… cierto. Mikoto uchiha era su madre. La dio la vida, la crió, la protegió de su padre. Muchas veces, los golpes que recibía la mujer iban realmente para alguno de sus hijos. Ya la quería muchísimo desde el primer día, pero en esos momentos le mostraba un coraje digno de admiración. En esos momentos se podía incluso sentir en el ambiente un ligero eco de la sangre del grandioso madara, una muestra de que, como fugaku tocase a sus hijos, esa mujer le destrozaría. Uchiha madara, el uchiha más fuerte hasta la fecha… de largo. El hombre que dirigió el clan en la época de mayor poder de sus enemigos naturales, los senju, y cuyo nombre era todavía pronunciado con un temor reverencial. Todos los demás clanes tuvieron que unirse contra el clan uchiha de madara. Se decía que luchaba contra el grandioso hashirama en combates singulares, y que ninguno podía con el otro, lo cual era un gran mérito teniendo en cuenta que el senju era considerado un dios shinobi. Lo único que logró vencer a madara fue la debilidad de algunos de los miembros de su clan, que presionaron para lograr una unión con los senju en konoha. Paz… el inicio del declive. Los senju podían vivir en paz, eran constructores, no guerreros… los uchiha, en cambio…
Pero esa relación de su madre con madara también jugó en su contra a juicio de su primogénito. ¿Cómo podía alguien tan fuerte, la descendiente del mejor uchiha de la historia, ser tan… sumisa? Satsuki no se lo explicaba. Itachi había medido su nivel de chakra a menudo, y era espeluznante para una kunoichi retirada desde hacía más de una década. Superaba ampliamente el de fugaku, y el del resto de uchiha. Podría tomar el mando e ignorar todas esas leyes estúpidas sobre la superioridad del hombre sobre la mujer… el clan uchiha no entendía de sexos: o eres fuerte, o no lo eres, así de simple. Mikoto podía ser fuerte… y elegía no serlo. Bajaba la cabeza, obedecía cada orden de fugaku… solo mostraba las garras cuando tocaban a sus hijos, pero eso no era suficiente a juicio de Itachi. ¿Quería tenerlos a salvo? Tendría que haber matado a fugaku en cuanto nació Satsuki, antes de que ese cerró planease emparejarla con el uchiha débil de turno. No… eligió ser débil, eligió la impotencia, como ahora. Ni un intento de luchar, solo de huir. Y ahora suplicar con ese rostro bañado en lágrimas, intentando conmoverla… ¿en serio ella había mostrado esa cara a Itachi hace unos segundos en el mundo real? Era ridículo… lo raro es que no estuviese atada a una cruz en este tsukuyomi…
-…- Satsuki contempló fijamente los ojos de su madre, buscando expresarla lo obvio. "Las lágrimas son el arma de los débiles, y la debilidad es lo que nos ha llevado a esto. Eras la matriarca del clan, el poder de fugaku era prestado. Una sola palabra tuya y todo habría sido diferente… así que deja de llorar." Y mikoto lo entendió al instante, tanto que ya dejó de intentar huir, o de llorar. Arrugó el gesto con dolor, y volvió a bajar la cabeza. ¿Sumisión, o confesión? Lo mismo daba, todo acababa aquí… irónicamente, esta fue la única muerte que hizo temblar el pulso de Itachi uchiha. Solo una frase le empujó a moverse, solo una… una máxima de su clan…- la impotencia es un pecado… madre…
El tanto de Itachi atacó como el aguijón de un depredador, y no tuvo la más mínima piedad. Los fuertes usan acero, los débiles lágrimas… y siempre ganan los primeros. La matriarca uchiha abrió los ojos en un mudo gesto de dolor, pero no pudo emitir grito alguno. Solo escupir sangre… no iba a ser una muerte limpia. En absoluto, porque alguien acababa de llegar y era necesario mandar un mensaje. Por primera vez en esta sucesión de tsukuyomi, Itachi la dejaba llegar a este punto… el punto donde ella misma aparecía con solo cinco años. Toda esta escena no había sido contemplada por Satsuki desde el punto de vista de su hermano esta vez, si no desde el suyo propio con esa edad, aferrada con un gesto de terror al marco de la puerta del despacho tras haber atravesado cada calle del complejo y el hall de la casa, de haber pasado sobre cada cuerpo sin vida de los demás uchiha. Recordaba ese momento, era una niña incapaz de comprenderlo todo… de ahí su reacción ante lo que acababa de ver…
-¡Kaa chan!- gritó desesperada, para correr junto a su madre. En realidad, Satsuki no hubiese cambiado de reacción si hubiese ocurrido en este mismo momento del presente… si hubo una muerte que lamentó ese día, fue la de su madre. Volvió a recordar ese momento… ella aferrándose al cuerpo ensangrentado de mikoto, llorando en su pecho, llamándola. Y obteniendo en respuesta estertores ahogados en sangre, una respiración forzada e irregular, una muerte agónica de la mujer que la contaba cuentos cada noche y la arropaba. Tardó minutos en morir, minutos de una agonía que no le desearía a nadie hoy día… Itachi falló a posta, y solo atravesó su pulmón, todo para torturarla, para mandar un mensaje…
-Satsuki chan…- la llamó Itachi, desde el centro de la habitación. Esto era nuevo… la última vez que la mostró este momento, hacía ya casi ocho años, todo terminaba con esa frase… "búscame cuando tengas estos ojos". No había más palabras, era morir mikoto y devolverla Itachi a esa pesadilla de existencia a la que la condenó. Pero ahora… ahora la decía algo diferente. Satsuki levantó la mirada, y pudo ver a su hermano. A veces era el mismo, con su capa de nubes rojas, su gesto neutro, incluso sin sangre encima… otras, era ella misma, más adulta… una especie de versión de su madre en joven y armada para el combate, empapada en sangre, pero fuerte… fuerte, invencible. Una auténtica uchiha…- ¿lo entiendes?- preguntó, con un gesto tranquilo. La auténtica Satsuki uchiha negó con vehemencia, todavía aferrada al cuerpo sin vida de su madre… pero desvelando un nuevo detalle a Itachi. Una mirada de odio, de puro y fulgurante odio, dirigida a él. Sin lágrimas más allá de las que genera la rabia, sin miedo… solo odio. Si, había acertado con ella… lo había entendido…- ¿Quieres vencerme algún día?- preguntó, con una media sonrisa burlesca.
-…- Satsuki apretó los dientes, furiosa. Deseaba matarlo ahí mismo, estrangularlo, desangrarlo… asesinarlo sin piedad. Su madre, muerta entre sus brazos, se lo estaba pidiendo a gritos. Y su padre. Y sus amigos. Su puto clan entero. Tuvo que hacer un esfuerzo para que saliese su respuesta claramente y no envuelta en bilis…- ¡SI! ¡Quiero matarte, quiero descuartizarte, QUIERO ARRANCARTE ESOS PUTOS OJOS Y APLASTARLOS CON MI MANO DESNUDA JODER!- rugió, siendo respondida por un asentimiento del uchiha mayor. Si… eso era odio… eso era poder… Satsuki, en ese momento, no era una pecadora a ojos de su clan. Solo quedaba una cosa por hacer…
-Sin estos ojos nunca podrás, imouto…- declaró Itachi, mostrando el dibujo de su mangekyo en su sharingan. Satsuki iba a gritarle que no la importaba, que haría lo que fuese necesario para lograrlos y matarle, que no deseaba otra cosa en su vida. Que todo lo demás le daba igual, que solo estaba su venganza y nada más.., pero su hermano no necesito más palabras. Esos ojos… esos ojos le transmitían todo lo que necesitaba saber.- Así que te contaré cómo conseguir el mangekyo sharingan… hermanita…
(Final del tercer tsukuyomi)
-No…- balbuceó, saliendo del tsukuyomi de su hermano por la impresión. Solo una frase, una sentencia, e Itachi le había revelado como lograr sus ojos y matarle. El precio de su venganza. Le había gritado que quería matarle, y lo había gritado completamente en serio. Durante un tiempo, unos meses, lo había aparcado, dejado de lado… todo para vivir otra vida, para disfrutar… para estar con alguien que la hacía feliz. Pero esos tres tsukuyomi la habían recordado una cosa: no existía para ese futuro. No, ella no era una niña normal con aspiraciones normales. Era la hija del último patriarca uchiha, de la última descendiente de madara… y hermana del genocida más repugnante del planeta tierra. Su destino estaba escrito en rojo… el rojo de la sangre, el rojo del sharingan. Pero, cuando gritó eso, no se imaginó el precio… un precio acorde al reto… uno que no quería pagar…- NO, NO NO NO, ¡NOOOOOO!- gritó, desesperada. Su resistencia fue tan explosiva, tan rápida, que a Itachi le costó seguirla sujetando. El uchiha apretó los dientes, manteniéndola contra la pared como pudo.
-¿Sigues sin entenderlo? ¡Ese es el precio, imouto! ¿Quieres matarme? ¡Pues tendrás que sacrificar eso!- la espetó, perdiendo por un momento la calma. Hace unos segundos parecía convencida, parecía haberlo aceptado joder, ¿Qué cojones la pasaba? ¿Por qué reaccionaba así? El precio era sencillo y asumible maldita sea… furioso, tanto que el pelinegro no cayó en lo obvio, volvió a invocar el mangekyo.- ¡Deja de patalear y acéptalo! ¡Como ya hice yo antes que tú, tsukuyomi!- Satsuki volvió a salir de ese pasillo para volver bajo ese cielo rojo, bajo un nuevo tsukuyomi, con su mente ya tan extenuada que no podía ejercer resistencia alguna. Segundos en la vida real, horas, tal vez días en la ilusión… no pudo evitar este nuevo infierno, uno con un nuevo protagonista… un chico con el que solía ver a su hermano, un uchiha llamado shisui… Tras sufrir esa visión, unos segundos en la vida real y horas ahí dentro, la joven abandonó toda resistencia. Así como todo movimiento o palabra. Tenía el cuerpo inerte, los ojos en una expresión vacía mirando al horizonte. Su boca, entreabierta, solo murmuraba algo en un tono casi inaudible, tanto que incluso Itachi tuvo que acercar su agudo oído.
-No… él no… onegai…- Itachi frunció el ceño ligeramente. ¿Él? ¿Cómo que él? Si Itachi era su objetivo, ¿no debería de ser "tú no, onegai"? Hubiese ahondado más en ello, caído en su (pasadas unas horas) obvio error, pero una voz le llamó la atención a su espalda.
-Itachi… no es por interrumpir tu momento en familia, pero… si quieres que quede algo de este pueblo en pie, VOY A NECESITAR TU SHARINGAN AQUÍ…- gritó kisame, retrocediendo con su espada. Itachi giró la cabeza… para que kisame pidiese ayuda, debía de ser algo grave… y no detectaba a Jiraiya ahora que… incluso el imperturbable uchiha mayor reaccionó con un gesto de miedo ante la grotesca escena.
Tan centrado había estado en Satsuki que había perdido de vista al jinchuriki. O más bien, a su chakra. Al principio, estaba estable… asustado, pero estable. Naruto realmente no entendía lo que estaba pasando, solo podía aferrarse a la orden de Satsuki. Aléjate de Itachi. La amenaza de ese hombre pez no era nada, lo que realmente le había hecho frenarse era el grito de Satsuki. Quería a la pelinegra… y la respetaba aún más. Si ella le había dicho esto, tendría una buena razón. No quería decir que fuese a obedecer a ciegas… si la veía en peligro, actuaría. El problema era que no sabía cómo funcionaba la técnica de Itachi. Era un error excusable, nadie sabía cómo funcionaba el tsukuyomi. A los ojos de Naruto, los dos uchiha solo habían forcejeado y hablado, interponiendo momentos en un total silencio… apenas les oía desde allí, solo podía fijarse en sus ojos. Quizás en esos momentos Itachi estaba atacándola con chakra y genjutsu, tenía claro que no era ni taijutsu ni ninjutsu. Y, si estaba usando Itachi alguna clase de genjutsu, solo duraba un par de segundos, no era peligroso… ¿No?
Qué equivocado estaba... Al tercer silencio, Satsuki no despertó como en los anteriores. En el primero, había despertado furiosa, luchando. En el segundo la había visto llorar, vulnerable, pero… sabía que Satsuki quería afrontar esto sola. Era un momento importante para ella, solo intervendría en casos extremos… y ese fue el tercer despertar. Satsuki tenía muchas cosas que la hacían especial, y una de ellas era su sangre fría. Nunca perdía los nervios, nunca cedía al miedo… hasta ese momento. La vio llorar a lágrima viva y negar… y ahí se dejó llevar por sus emociones. A la mierda su orden, debía de ayudarla… luego se lo explicaría todo y asumiría que la tendría enfadada un tiempo, pero enfadada mejor que herida, o llorando. Iba a moverse, pero esa gigantesca espada se volvió a interponer. Aggghh, decir lo de acercarse era mucho más fácil que hacerlo… Y, entonces, la vio patalear, la vio gritar, llorar… nunca había visto a Satsuki así, tan desesperada, tan atemorizada. Estaba en peligro. Suficiente para moverle, pero el problema era… ¿cómo? Y los llantos y gritos de Satsuki eran cada vez más altos…
-Pobre chiquilla…- oyó con cinismo en su cabeza una voz gruesa… demoníaca. Estaba en su paraje mental, pero la bruma lo tapaba todo. No había tuberías, solo el agua estancada de los conductos… y esa voz. Conocía su origen… pocas cosas le hacían temblar de miedo como el propietario de esa voz…- Parece que lo está pasando MUY mal…
-Cierra la puta boca…- repuso Naruto, intentando serenarse. Lo notaba… notaba la ira, el odio revolverse en su interior… presionar. Le costaba mucho esfuerzo contenerlo en estos momentos, contener el poder de esa cosa que habitaba en su interior… contener el chakra rojo. Lo sentía en su interior, royendo sus entrañas, arañando su garganta para salir escalando… y todo por los gritos de Satsuki. Cada grito de terror de ella, cada gesto, cada lágrima… Naruto nunca cedería a su odio. Pero, para evitar el dolor de Sakura chan, o de Satsuki chan…
-Es curioso que me desprecies así…- se burló el inmenso zorro desde su jaula, para luego acercar su inmenso rostro al rubio a través de la bruma del paraje mental. Naruto dio un paso atrás, atemorizado… ese rostro ocupaba el tamaño de su piso entero, un rostro de colmillos crueles y desproporcionados, acompañados de dos rubíes rojo sangre. No lo había visto hasta que la bruma se despejó y lo tuvo a centímetros… joder, era la puta encarnación de la muerte. Y el kiuby lo sabía, sabía lo que había pensado el rubio, porque sonrió con soberbia.- …Cuando mi anterior jinchuriki gritó de terror así, yo al menos fui capaz de defenderla…- Naruto apretó los dientes, frustrado. Era cierto, no tenía forma de ayudarla, ese akatsuki le destrozaría si intentaba algo…- Un viejo enemigo decía que la impotencia es un pecado imperdonable, Naruto… ¿Qué estás dispuesto a sacrificar por salvarla?
¿Que qué estaba dispuesto a sacrificar? Por salvarse a él mismo nada, a su juicio era insignificante… pero por Satsuki… un nuevo grito de la fémina antes de quedarse en un espectral silencio le hizo resumir lo que pensaba en una palabra… todo. Toda la vida luchando contra esa marea de chakra, contra esa encarnación del mal que era el zorro de nueve colas, pero ahora el kitsune tenía razón… la vida de Satsuki estaba en juego, no podía reservarse. Si tenía que ser devorado, lo sería… pero Satsuki saldría con vida de allí. En el exterior, kisame arqueó una ceja… el chakra del chiquillo estaba aumentando. Muchísimo. Lo "raspó" con samehada para arrancarle ese chakra de más, y se llevó muchísimo con él, pero… había muchísimo más. Naruto torció la cabeza con la boca abierta, emitiendo un gruñido gutural, ahogado, temblando de ira. Sus cuerdas vocales estaban cambiando, su cuerpo estaba cambiando. Garras crueles, extremidades con una apariencia más animal que humana… y ese rostro.
Hasta Itachi, que había visto de todo como anbu, torció el gesto ante ese rostro. Los ojos del rubio comenzaron a colorearse de rojo desde la esclerótida, tiñéndose del color de la sangre de manera completa. Su boca comenzó a ensancharse para dar cabida a unos inmensos colmillos, abriéndose más y más las comisuras de sus labios para dar cabida a tan cruel dentadura. No tenía mejillas pasados unos segundos. Naruto comenzó a gruñir, primero por lo bajo, luego de forma cada vez más rabiosa y audible… todo ese chakra, todo ese poder… incluso estaba temblando del poder que estaba acumulando. Con ese poder podría hacer lo que quisiese: rescatar a Satsuki chan, matar a estos dos enemigos… lo que fuese… Incluso volver a konoha y cobrarse cada desprecio… oh, como le atraía eso último. Apretó los dientes y negó con vehemencia, sosteniéndose la cabeza como si fuese un enfermo mental. No… eso no, no iba a destruir una aldea entera, no iba a matar a nadie… solo tenía un objetivo, y estaba siendo sujetada del cuello contra una pared. Solo quería salvaría, y debía de hacerlo antes de que ese deseo insano le consumiese…
-Tú…- Dijo mirando a Itachi con una voz que parecían dos mezcladas, una la suya y otra más gutural y antinatural. Otra vez esa voz en la cabeza, susurrándole qué posibilidades tenía.
-…- sin dejarse amedrentar, y en un completo silencio, Itachi soltó a Satsuki y se dio la vuelta, obteniendo un gruñido ansioso del, por ahora, rubio. Ese hombre era una de las causas de las desgracias de Satsuki chan… no, la principal causa más bien. Si no fuese un puñetero animal no habría matado a su familia y condenado a la soledad a Satsuki… joder, ¿Cómo podía hacerle eso alguien a su familia? Toda su infancia hubiese dado lo que fuese por tener una, ¡y ese desgraciado mató a la suya sin piedad! Se merecía dolor, se merecía una muerte lenta… que le arrancase los brazos, las piernas, y luego cauterizase los muñones para cebarse durante semanas con el cuerpo… hacerle gritar, llorar, suplicar… y dárselo después a Satsuki chan para que hiciese con él lo que la viniese en gana… ohhh… sonaba tan bien… Volvió a negar, apartando la imagen de Itachi desmembrado de su mente. Y le costó tanto que tuvo que rasgarse la cara con sus crueles garras, desde el cuero cabelludo hasta el pómulo… tampoco es que le importase rasgarse la piel, sentía como si no le perteneciese, como si fuese una molesta crisálida que le impedía crecer.
-Aléjate de ella y no te arrancaré las manos…
Kisame e Itachi apretaron los dientes… en lugar de sangre, esas heridas que se había autoinfringido el jinchuriki no expulsaron nada… solo dejaron ver debajo una nueva piel, como si la actual fuese solo un disfraz… una piel de color rojo vivo y fluctuante, una piel de chakra rojo. Y eso significaba solo una cosa… problemas. Sobre la piel de Naruto comenzaron a aparecer burbujas de chakra, burbujas de un brillante rojo que explotaban una tras otra, multiplicándose. Itachi frunció el ceño… podía ver el chakra contenido en cada una de ellas, y era inmenso. Y, lo peor de todo… era chakra residual, lo que el jinchuriki estaba descartando en su transformación. Y ese chakra estaba tan rabioso como su portador… arañaba las paredes, gritaba al aire, absorbía cada ápice de calor del ambiente… clamaba por sangre. Y ese niño había decidido concedérsela, para su preocupación. La misión había fracasado claramente, y ahora iba a tocar sobrevivir…
El kiuby, el más poderoso y salvaje de los biju, y el más peligroso por ende… un chakra infinito, y un odio aún mayor. Itachi y kisame podrían enfrentarse incluso al ocho colas, pero el de nueve era distinto… el de nueve tenía un punto donde pasaba a igualar el poder de un Dios. Era un trabajo del nivel de Pain, no del suyo, al menos no sin astucia. Ellos podrían haberlo logrado si hubiesen seguido el plan inicial y dormido al niño con el sharingan del uchiha antes de despertar, pero… apareció su hermana, y el renegado de konoha se dejó llevar. Nunca debes de mezclar sentimientos en una misión, NUNCA. Y ahora, ni el sharingan de Itachi sería tan rápido como para detener ese flujo de chakra y contener al biju… podría anularlo antes, incluso durante el desarrollo de alguna cola, pero todo ese chakra acumulado indicaba mínimo cuatro… no iba a quedar ni un alma en pie en ese pueblo… Sin embargo, la suerte decidió favorecerlos por esta vez… A TODOS… mediante una bola de humo que apareció a la espalda del uzumaki.
-Te pillé…- murmuró una voz seria desde el interior del humo, para luego salir de golpe hacía la frente del rubio una mano con un complicado sello lleno de kanji dibujado en una hoja de papel. Naruto ni pudo, ni quiso reaccionar… reconocía esa voz, no quería atacarlo por mucho que se lo rugiese su inquilino. Fue el papel conectar con la piel de su frente, y el chakra anularse de golpe, la voz callarse… volver Naruto a la normalidad. De entre el humo acabó de salir un hombre de largo pelo blanco contenido por un protector con el símbolo "aceite", dos metros de altura y un kimono de batalla rojo, que sostenía en su otra mano, sobre su hombro, el cuerpo inconsciente de una bella mujer.- ¿Creísteis que con un truco tan barato ibais a engañarme?- preguntó, dirigiendo su voz a los dos akatsuki, una vez resuelto lo más importante, el problema de Naruto. Kami santo, qué poco había faltado, no tardó ni un segundo en reaccionar en cuanto sintió ese chakra en el ambiente mientras estaba con esa chica en su habitación… si ahora bromeaba era para que no se notase que estaba acojonado, con cada letra…
-Jiraiya el sannin…- comentó kisame, sin aflojar su pose. A ver, era mejor que lo que iban a enfrentar, pero tampoco mucho… ese rival también excedía su nivel…
-Jiraiya el galante para vosotros… la próxima vez que intentéis engañarme, recordar esto… soy Jiraiya, el mayor conquistador de mujeres este continente, el único que conoce el corazón femenino, el que ha visto amanecer mil veces rodeado de las mujeres más hermosas… un vividor follador de la hostia…- ¿por qué alargaba su presentación? Básicamente, para no empezar la lucha sin asegurarse de que su alumno ojiazul no se volviese a descontrolar… parecía que era así, no estaba intentando invocar chakra para su alivio… se le estaban agotando los sobrenombres, y ese sello de fuinjutsu tenía sus límites, no era el puto sello de la parca que el gaki llevaba en el estómago…- ¡Yo no caigo ante los encantos de una mujer, ELLAS CAEN ANTE LOS MÍOS!- gritó, extendiendo una mano hacia los dos akatsuki en su clásica pose, sonriendo con un gesto canalla, aún con la mujer inconsciente en su hombro. Sería un poco problemático luchar así, pero… podía hacerlo. Joder que si podía… estaba seguro de poder dar batalla sin un brazo, sobre todo si invocaba su modo sennin. Y sus rivales lo sabían…
-Kisame, nos vamos…- ordenó Itachi, asintiendo el hombre pez.
-Ah no, ¡vosotros morís aquí!- exclamó Jiraiya, para luego tocar el suelo.
Sinceramente, a Naruto le resultó indiferente ese combate. Jiraiya invocó unas paredes pegajosas que casi se comen al hermano de Satsuki y a ese hombre pez, y estos escaparon usando un extraño fuego negro… poco lo importaba. Por un lado, estaba MUY cansado. Ese sello había suprimido su transformación, frenado ese océano de chakra que amenazaba con engullirle y que solo había podido encauzar hasta entonces gracias a su fuerza de voluntad, pero cortando por lo sano. El chakra del biju… y su propio chakra. Durante esa pelea, Naruto se pasó todo el tiempo sudando frío y arrodillado en el suelo, respirando con dificultad. Tenía la sensación de que todo ese odio seguía ahí, esperando a que volviese a usar chakra para aparecer… necesitaría unas horas de calma antes de volver a usar su energía. Ero sannin le había salvado, y por ende también a Satsuki, y por ello se había librado de que intentase matarle por dejarle solo contra dos akatsuki para correr detrás de unas faldas…
Además, por otro lado, esa pelea no podía darle más igual… solo quería llegar donde Satsuki. En cuanto los dos akatsuki huyeron y Jiraiya deshizo su invocación, fue seguro moverse y el uzumaki no perdió ni un segundo. Llegó dónde Satsuki, que se encontraba en el suelo, semi inconsciente, con la mirada perdida. Naruto la llamó a gritos, la abrazó, pero no obtuvo respuesta… nunca había visto a Satsuki así, incluso cuando casi la mataron en nami no kuni mantuvo entereza, fuerza. En ese momento, parecía una inválida, incapaz de defenderse o sostenerse en pie. Temblaba, sudaba a mares, y repetía frases incoherentes al aire una y otra vez. Llamaba débilmente a su madre, se preguntaba por qué, sollozaba como una niña de cinco años… intentó apartar a Naruto de ella, pero el rubio no se movió ni un ápice. Aunque Satsuki hubiese tenido fuerza para lograrlo, jamás se habría apartado de ella. Y eso era su maldición… no saber detectar el peligro.
La chica únicamente abandonó esa pose para mirarle unos instantes antes de cerrar los ojos. Naruto… Naruto estaba allí, con ella. Había espantado a Itachi, no sabía cómo… pero no la importaba. La aterraba que estuviese tan cerca, que no hubiese salido corriendo. Tenía que poner tierra de por medio, el puto continente entero, huir de ella… porque Itachi le había revelado el precio del mangekyo sharingan, el precio para cobrarse su venganza. Un precio demasiado alto para una parte de ella… y asumible para otra. Por eso Satsuki no pudo ni moverse, porque Itachi la había destrozado, como cuando tenía cinco años. Había necesitado cuatro tsukuyomi en lugar de uno esta vez, pero el resultado era otra vez el mismo. Otra vez la dejaba indefensa, haciéndola ver que no había logrado nada y que el pelinegra podía venir en cualquier momento a matarla… Otra vez la quitaba a cada persona que la rodeaba, antes matándolos, ahora de una forma mucho más cruel… la dejaba otra vez sola. Otra vez la dejaba… rota.
Y os lo dejo aqui, todo tan bonito y esperanzador. Si, tenia que pasar, el rollo casa de la pradera no es lo mio, ni es realista. Satsuki tiene sus metas y problemas (un hermano psicotico, un pedofilo obsesionado con ella y un lado oscuro preocupante), naruto lo mismo (ya habeis visto lo que CASI ocurre y que jiraiya ha evitado), sakura lo mismo. Toca agarrarse, porque nadie sale indemne de cuatro tsukuyomi seguidos... se vienen curvas. ¿Habrán llegado ya al punto de no retorno? Se vera en los siguientes capitulos... Nos leemos!
