10 de junio.

Alrededor de las 9 AM.

Se despertó sólo en su departamento, como de costumbre. Saijo era alguien que vivía en mucha soledad, aun llevando mucho tiempo formando algo con Jessica. Parecía ser una persona que nunca terminaba de mostrar todo a los demás, y prefería guardarse las cosas para sí mismo.

Saijo no tenía mascotas, ni cuadros, ni tampoco conversaba con sus vecinos. Tenía una rutina de levantarse a las 9 AM, ordenar su habitación, asearse, desayunar, y luego comenzar con el resto de sus actividades diarias.

Había conseguido trabajo como bibliotecario en una escuela local, un empleo que quedaba bien con su personalidad. Su turno de trabajo comenzaba a las 10 AM, por lo que llegaba siempre justo a tiempo luego de haber hecho toda su rutina mañanera.

La ventaja de su trabajo, es que quedaba cerca de la universidad en la que Jessica estudiaba, por lo que a la salida de su turno generalmente la pasaba a buscar en su coche y pasear por la ciudad. No se veían muy seguido debido a sus horarios, pero cada uno se hacía un pequeño espacio en su tiempo para el otro.

En los dos últimos meses de "receso" de todos aquellos acontecimientos bizarros, ellos habían desarrollado una especie de relación inconclusa, pero poco parecía importarles aclarar lo que llevaban juntos. Sin embargo, Saijo sabía que el estar con Jessica le estaba cambiando sus horarios y modos: se quedaban charlando hasta altas horas de la noche, a veces se escapaba unos minutos de su trabajo para verla, o inclusive ella decidía no asistir a alguna que otra clase para verse. Él estaba conforme con todo esto, pero a la vez temía perder el foco de las cosas.

Muy en el fondo, Saijo sabía que él no quería aferrarse a nadie, pero a veces sabía que dejarse llevar lo alejaba de la realidad rutinaria que vivía. Por eso mismo, el día de hoy estaba planeando recoger a Jessica luego de su trabajo, y charlar sobre la chance de "concretar" su relación, y dar el siguiente paso.

Cuando quiso darse cuenta, eran casi las 10:00 AM. Se había quedado pensando, mirando a la nada, mientras desayunaba. Tenía que salir rápido para llegar a su trabajo, al cual tardaba alrededor de 10 minutos en llegar.

Saijo tomó su abrigo, y comenzó a vestirlo mientras masticaba la tostada que aún no había terminado de comer, tratando de abrir la puerta del departamento. Él odiaba hacer las cosas con prisa o poco tiempo, por lo que estaba algo irritado.

Logró salir del departamento, y a mitad de pasillo recordó que se había olvidado las llaves de su auto dentro, así que tuvo que volver corriendo a buscarlas rápido. A todo esto, él ya se estaba sintiendo un completo idiota; no tenía mucho temperamento para cuando se trataba de errores tan estúpidos.

Bajó corriendo las escaleras, y miró su reloj: 09:54 AM. Llegaría unos minutos tarde, y a pesar de que le molestaba el hecho de no ser puntual, sabía que se lo perdonarían por siempre haber llegado a tiempo.

Ya al final del recorrido, llegando a la cochera, apuró un poco más su paso y apretó el botón de sus llaves para desactivar la alarma del coche.

"BIPBIPBIP..."

La alarma de su coche progresivamente se iba haciendo más grave y lenta, como si se hubiese descompuesto. Al levantar la vista, vio que sobre su coche se encontraba una silueta. No podía distinguirla bien porque las luces de la cochera estaban titilando.

Saijo se paró firmemente, y se quedó quieto, observando.

- Bájate del coche. - dijo él.

- Estaba pensando en que podrías llevarme a dar un paseo. - dijo la persona misteriosa, la cual tenía voz femenina.

A Saijo, aquella voz le hizo un gran eco en su cabeza, como si le sonase muy familiar. Él no respondió, porque no sabía cómo reaccionar.

- ¿Qué ocurre? ¿Acaso ahora vas a hacer de cuenta que no me conoces? - dijo la mujer misteriosa.

- ¿Quién eres? - preguntó Saijo, con agresividad e intriga.

La silueta sobre el coche comenzó a mostrarse, mientras el foco de luz lentamente comenzaba a iluminar correctamente.

- Vamos, no seas tan cruel, Saijo - dijo la chica.

Finalmente, se dejó ver: posando como para una revista de moda y sobre el coche, estaba una joven: vestía un gran traje rojo que la recubría en gran parte, aunque toda la ropa por debajo era muy escasa. Tenía cabello y ojos café, y una extraña marca en su frente, la cual parecía ser media estrella, acompañada de 5 puntos, que parecían ser marcas de nacimiento. Tenía la piel de una tez extraña, pálida y oscura, y una boca pequeña.

Saijo, al verla, se quedó perplejo, y dejó caer las llaves que estaban en su mano. Parecía estar viendo un fantasma.

- ¿Artemys? - preguntó Saijo.

5 años antes

Saijo era un joven que vivía apartado de su familia; sentía un fuerte desapego emocional con la gente que lo rodeaba. No se debía a sentir que "no encajaba en ningún lado", sino que simplemente no sentía esos sentimientos hacia aquellos que lo querían.

Mientras asistía al colegio, en el cual también mantenía un perfil bajo, un día ocurrió algo que nunca le había pasado: cruzó miradas con una chica, pero ninguno se dignó a hablar con el otro.

Al finalizar la clase, camino a su hogar observó que la chica que había visto antes estaba discutiendo con otra chica, la cual le estaba gritando con un odio bastante intenso. A los pocos segundos, la que gritaba se retiró, dejando a la chica misteriosa sola, sollozando y evitando llorar. Saijo, por primera vez, sintió interés en saber qué es lo que le pasaba. Sentía la necesidad de acercarse, por lo que casi inconscientemente comenzó a desviar su camino hacia donde ella se encontraba. Cuando quiso darse cuenta, ya estaba frente a frente con ella.

Ambos volvieron a mirarse, pero a él no le salían las palabras.

- No es un buen momento. - dijo ella.

- Solamente quería saber si podía ayudarte, es que vi que la otra chica te gritó muy fuerte y se nota que estás mal. - dijo Saijo.

- Era mi mejor amiga, y cuando toma malas decisiones le gusta desquitarse conmigo. Vivo estando a su lado para cuando lo necesite, pero me termina pagando con una moneda totalmente diferente. - dijo la chica, limpiando su cara.

Saijo empezó a buscar sus pañuelos en su mochila.

- Nunca des todo por alguien. Cuando no te necesitan más, se olvidan de quién eres y todo lo que hiciste por ellos. Al final, solamente nos tenemos a nosotros mismos y nadie más puede ayudarnos. - dijo Saijo, seriamente.

Él sacó los pañuelos de su mochila.

- Debemos aprender a apoyarnos en nosotros mismos, aunque de vez en cuando una mano amiga no viene mal. - dijo él, extendiendo su mano, ofreciéndole los pañuelos.

La chica se quedó mirándolos, y finalmente los tomó, dejando de lado la desconfianza.

- Soy Artemys. Creo que te vi en la escuela hoy. - dijo la chica, limpiándose el delineador corrido con los pañuelos.

- Me llamo Saijo Josuta. Lamento haberme acercado en medio de tan mala situación, pero creo que lo necesitabas. - dijo él.

Él observó que la chica tenía una extraña marca en su frente, como si fuesen manchas.

- ¿Acaso te lastimaste la frente? - preguntó él.

- ¿Eh? No, es una marca de nacimiento. A veces parece que es la forma de la mitad de una estrella, pero no me gusta que se vea. - dijo la chica, ocultándose la mancha de nacimiento con su cabello.

- No sé por qué ocultas algo que te diferencia del resto de la gente. Nunca vi algo parecido, hasta me parece bonita. - dijo Saijo.

La chica sonrió, y se quedaron hablando un rato más, hasta que finalmente pasó el bus que recogía a la chica. Cuando ella se iba arriba del vehículo, ambos se quedaron mirando. Saijo estaba teniendo una sensación que le preocupaba.

Con el pasar de los meses, ambos comenzaron a verse y hablarse más seguido, hasta que finalmente llegaron a ser pareja. A pesar de esto, Saijo parecía estar el doble de aislado del resto de la gente, excepto con Artemys. Ambos pasaban mucho tiempo juntos, e incluso a veces dejaban de lado la escuela solamente para verse un rato más.

Los dos eran felices juntos, pero todo claro tiene su oscuro: Saijo, hacía ya varios años, pertenecía a una organización: la organización liderada por Brando , pero Artemys nunca supo acerca de esto. El se suministraba económicamente de esta organización, y a cambio realizaba trabajos como robos o asesinatos.

Cierto día, Brando ordenó a Saijo que debía asesinar a un blanco en particular: se trataba de un traficante, el cual se había robado un suministro de algo llamado "agua roja", la cual era de suma importancia para Brando. Parecía ser una especie de droga nueva y de gran valor, por lo que era menester recuperarla y eliminar al traficante.

Esa misma noche, Saijo se escabulló entre las calles, hasta llegar al negocio en el cual se hallaba aquel traficante.

El local parecía ser el típico almacén de 24 horas. No parecía haber gente, así que entró tranquilamente con su capucha puesta. El cajero lo observó con miedo, y también vio que estaba guardando algo en el bolsillo delantero de su buzo.

- No te atrevas. - dijo Saijo en voz alta.

El vendedor se frenó en seco, justo antes de tocar el botón antipánico. Al levantar la vista, observó el cañón del arma enfrente de sus ojos.

- Dime dónde está el agua roja. - dijo Saijo.

El vendedor se sintió acorralado por segunda ocasión, por lo que sin dudar comenzó a buscar debajo del mostrador.

- No me hagas nada por favor, solamente la estoy distribuyendo por el dinero. Yo no le robé a nadie. - dijo el vendedor.

- Ir contra la voluntad de Brando es un error. Nunca debiste irte de la organización. Sabes bien lo que le ocurre a quienes nos traicionan. - dijo Saijo.

El vendedor dejó un pack de 4 frascos sobre el mostrador, los cuales contenían un líquido rojo muy espeso.

Desde el fondo del negocio, se asomó una persona.

- ¿Saijo? - dijo la chica, que estaba escondida detrás de los mostradores.

Saijo volteó, y vio a su novia Artemys mirándolo con mucho terror, como si no lo conociera. Parecía ser que la habían enviado a hacer una compra nocturna.

Al ver la distracción, el vendedor presionó el botón antipánico, activando las alarmas.

- ¿¡Qué has hecho!? - gritó Saijo, apoyando el arma sobre la cabeza del hombre.

- Si me atrapan, te llevo conmigo. - dijo el vendedor.

Saijo, sin dudar, apretó el gatillo, matando al sujeto en el acto, para luego recordar que su novia lo estaba mirando.

- Lo siento, Temys - dijo Saijo a la chica.

Él se dio a la fuga, llevándose los frascos de agua roja, y la chica corrió hacia el cuerpo del vendedor, aunque sabía que ya era muy tarde. Para su sorpresa, vio que a Saijo se le había caído uno de esos frascos, por lo que se lo guardó.

Durante todo el día siguiente, Saijo no recibió llamados ni mensajes de Artemys. Durante la noche, su teléfono comenzó a sonar: era ella, pidiéndole que se reúnan en un callejón para hablar a escondidas sobre lo ocurrido, por lo que él aceptó.

Al llegar al lugar, se aseguró de que no hubiese nadie más.

- No llamé a la policía ni nada parecido, Saijo. Quiero saber lo que está ocurriendo, pero quiero que tú me lo expliques. - dijo ella.

Saijo se quedó callado. Sabía que, si hablaba, sería un traidor para la organización, pero los sentimientos que tenía hacia Artemys eran tan fuertes que parecían dejar todo el resto de sus prioridades en un segundo plano. Ella era su vida.

- Si te lo digo, seremos asesinados los dos, Artemys. - dijo él.

- Bien, entonces supongo que debo de averiguar yo mismo qué está ocurriendo. - dijo ella.

La chica, desde su cartera, sacó un frasco de agua roja. Saijo se precipitó.

- ¡Deja eso! ¡Es peligroso! - gritó Saijo.

- Si no me dices qué es todo lo que está ocurriendo, voy a beberlo. - dijo Artemys, destapando el frasco.

Él se quedó impotente, y comenzó a acercarse hacia la chica.

- Soy parte de algo muy grande, pero no puedo decírtelo. Debes devolverme eso de inmediato, Artemys. - dijo él, acercándose.

- ¿Ahora eres un asesino? ¿Eso haces? ¿Matas personas y destruyes familias? - dijo ella.

- ¡Era un traficante! - dijo él - Esa cosa que tienes mata a la gente, ni siquiera sé qué es, pero es demasiado peligrosa y debes devolvérmela.

- Yo confié en que eras alguien bueno, en que siempre hacías lo correcto. Eres la única persona en la que tengo interés en mi vida, más que con mi propia familia, y sin embargo lograste destrozarme. No dudaste en apretar el gatillo aún sabiendo que yo estaba mirándote. Eres un monstruo, Saijo.

- Yo no elegí estar en esta organización, pero no puedo abandonarla. - dijo Saijo - Mi familia me obligó a esto.

- ¿Y seguirás trabajando bajo la sombra de una familia que no amas, asesinando otras familias?

Saijo se detuvo, y cayó de rodillas.

- Mi propósito en mi vida, por lo cual me concibieron, fue para que una vez que crezca me convirtiese en una herramienta de esta organización, pero le diste un verdadero propósito, Artemys. Todo aquello que alguna vez gané de esta maldita organización, ahora está guardado para armar un futuro juntos. Es lo único que quiero. - dijo Saijo.

- Si no hubieses jalado el gatillo, aun tendría interés en pasar el resto de mi vida contigo. Nada me asegura que no volverás a disparar un arma, ni que tampoco yo seré un futuro objetivo, ¿cierto? - dijo Artemys.

Saijo guardó silencio.

De repente, muchos puntos de luz rojos comenzaron a aparecer sobre él y Artemys. Comenzaron a oírse pasos, y ambas salidas de aquel callejón fueron tapadas por personas armadas. Uno de aquellos sujetos dio un paso al frente, y comenzó a hablar.

- Solamente tenías UN trabajo, Saijo, pero te las arreglaste para que descubrieran todo, y además perdiste la mercancía. - dijo el sujeto.

Al voltear, Saijo vio que era uno de sus superiores dentro de la organización.

- ¿Qué es todo esto? - preguntó Saijo.

- Verás - dijo el sujeto - ayer una alarma antipánico alertó a la policía, y les pareció un tanto extraño que el cajero fuese asesinado y ni siquiera se hayan llevado dinero, sumado a que la única testigo aseguró que se trató de un acto de venganza por parte de una "organización secreta".

Saijo miró a Artemys, pero ella no parecía arrepentirse de haber abierto la boca.

- Además, según tengo entendido, no nos trajiste toda la mercancía, y lo último que queda está en posesión de esta jovencita. - dijo el sujeto.

El hombre apuntó con el arma a Artemys.

- Saijo, haz que te devuelva el agua roja o yo mismo la retiraré de las manos de su cadáver - dijo el sujeto.

Saijo se levantó, y dio un paso, pero la chica acercó el frasco a su boca.

- Si das un solo paso más, no solo voy a intentar beber esto, sino que voy a destruir el frasco. - dijo ella.

- Niña, no intentes jugar con cosas que no entiendes. Debes devolver eso ahora mismo. - dijo el sujeto de forma muy seria.

Nuevamente, Saijo intentó acercarse, pero la chica volvió a acercar el frasco a su boca. Ella finalmente miró a su novio a los ojos, y tomó una decisión.

- No estás sólo porque no sabes preocuparte por los demás: estás sólo porque arrastras a todos los que te rodean a la ruina. Rompiste mi corazón, Saijo. No te a-

La chica se detuvo a mitad de la frase.

- Vamos, díselo. A él no le interesa. Dile que no lo amas. - dijo el sujeto.

- Yo no... no te... - seguía intentando de decir la chica.

El labio de la chica comenzó a temblar, y una lágrima cayó de su ojo. Rápidamente, dio un trago de aquel frasco, y recibió tres disparos en el pecho de aquel sujeto. Saijo rápidamente fue corriendo hacia ella, y sostuvo la cabeza de Artemys.

- ¿Por qué lo hiciste? - dijo Saijo, llorando.

- Porque yo si tuve el valor de hacerlo - dijo ella, casi sin aire.

- Pero no tuviste el valor de decirle lo que sientes, pequeña. - dijo el sujeto, contando sus balas.

En medio de la charla, la chica le acercó a Saijo la botella de agua roja a escondidas. Cuando Saijo la sostuvo, ella finalmente cerró los ojos y su mano dejó de tener fuerza. Vio cómo desde los labios de su novia rebalsaba una gota de aquella agua roja.

Saijo apoyó su cabeza contra el cuerpo de su novia, y comenzó a llorar, mientras unos metros detrás de él se encontraba el sujeto que la acababa de asesinar.

- Supongo que sabes lo que pasa con aquellos que nos traicionan, Saijo. - dijo el sujeto, cargando la pistola.

El chico no levantaba la cabeza, y seguía llorando sobre el cadáver.

El sujeto se acercó a él, y lo tomó por los pelos. Al levantar su cabeza, vio que de su labio estaban saliendo gotas de aquella agua roja.

- ¡Bebiste el agua! - dijo el sujeto, con mucha furia.

El hombre le dio un culatazo a Saijo, y lo derribó. Una vez en el suelo, Saijo no intentó levantarse de nuevo.

- ¡Rápido, a quemarropa! - dijo el sujeto.

Los otros 20 hombres armados apuntaron a Saijo, y le comenzaron a disparar sin descanso, hasta dejarlo completamente acribillado. De su cuerpo no emergía ni un suspiro más.

- Recojan los cuerpos, y limpien el lugar. - dijo el hombre.

Cuando todos empezaron a acercarse, sintieron una extraña sensación en sus cuerpos. Cuando levantaron la vista, notaron que estaban todos encerrados dentro de una gran burbuja que abarcaba todo el callejón.

El cuerpo de Saijo comenzó a emitir un aura platinada, y se levantó a la par de que las heridas desaparecían, sanando completamente.

- Todos... ustedes... morirán - dijo Saijo, apretando los dientes y con un aliento de vida mínimo.

De repente y uno por uno, los soldados comenzaron a sentir cómo sus cuerpos se aplastaban, como contrayéndose, rompiendo sus huesos hasta dejarlos hechos cubos compactos de carne, huesos expuestos, y sangre.

El líder del grupo de los asesinos comenzó a mirar aterrado para todos lados, viendo cómo uno por uno iba muriendo sus tropas. Uno de sus soldados logró acercarle el cuerpo de Artemys, pero luego murió, dejando al líder junto con el cadáver de la chica.

- No puede ser... ¿acaso está...? - dijo el líder.

- Este es mi último recurso. - dijo Saijo.

Saijo comenzó a gritar salvajemente, mientras iba matando a cada hombre de alrededor.

- ¡Es su "Stand"! - dijo el líder.

El sujeto, justo antes de que le tocara ser asesinado, comenzó a emitir un aura, y empezó a dirigir una especie de ondas hacia Saijo, haciendo que este caiga desplomado al suelo.

Saijo se retorcía en el suelo, viendo cómo el sujeto se estaba llevando el cuerpo de Artemys.

- ¡ELLA NO DEBÍA MORIR! - gritó Saijo con mucha rabia, sin poder moverse.

Totalmente paralizado, comenzó a sollozar en silencio, entre todos los hombres destruidos, mientras que una burbuja pequeña salió flotando del lugar, en dirección hacia donde aquel sujeto se había escapado junto con el cuerpo de Artemys.

Saijo, por unos segundos, sintió que tenía el poder para cambiar completamente la realidad, pero ahora mismo sentía que no había nada que pudiera hacer. Se sintió totalmente derrotado, y allí quedó, inmóvil sobre un gran charco de sangre.

Cinco años más tarde, en el presente.

Saijo se volvía a encontrar frente a frente con aquella mujer que creía haber perdido: Artemys. Estaba completamente desconcertado, y no entendía cómo era que ella continuaba con vida.

La chica se bajó de encima del coche, y se paró firmemente con las piernas separadas, y las manos en su cadera.

- El tiempo te ha tratado muy bien. - dijo ella.

- ¿Esto es una especie de truco enfermo? Te doy una chance de que me digas quién eres realmente, o voy a averiguarlo a golpes. - dijo Saijo, comenzando a enfurecerse.

- Está bien si no crees que sea yo, lo importante es que yo sé quién eres realmente. - dijo ella - Además veo que te las arreglaste para ganar esa pelea en aquel callejón hace unos años.

Saijo otra vez fue golpeado por las palabras. De a poco se iba convenciendo de que verdaderamente era ella.

- ¿Cómo es posible esto? ¡Yo te vi morir frente a mis ojos! Tu respiración, tu corazón, todo había dejado de funcionar. - dijo él, con un tono algo angustiado.

Artemys comenzó a hacer gestos de estar impacientándose.

- Si me llevas a donde te digo, te cuento todo. - dijo ella.

Él se quedó dudando: sabía que estaba llegando tarde al trabajo, y que además era un día importante para él y Jessica puesto que habían decidido juntarse, pero Saijo en su interior sabía que tenía demasiadas cosas inconclusas que podían resolverse en ese mismo momento.

- Pensé que me odiabas. - dijo él.

- Pasó ya mucho tiempo. - dijo ella, con seriedad.

- Dejé la organización la misma noche en la que moriste. - dijo Saijo.

- Pues espero que estés listo para una misión más. - dijo Artemys.

- ¿A qué te refieres? - preguntó Saijo.

- Aun quedan traficantes de aquella agua roja.

- Ese ya no es mi asunto, Artemys. Supongo que de eso se encargará el desgraciado de Brando.

- Supongo que no tienes ni idea de qué es esa agua roja, ¿verdad? Debemos recuperarla a toda costa, y destruirla.

Saijo se sintió intrigado, y por primera vez se sintió completamente desinformado.

- El agua roja sirve como catalizador para despertar ciertos "poderes" en los genes de aquellas personas que son descendientes de usuarios de Stand, o mejor dicho, miembros de la organización de Brando. - dijo Artemys.

- ¿Cómo que solamente los miembros de la organización? - dijo Saijo.

La organización de Brando tenía un estricto método de selección de miembros: solamente aquellos que eran familiares o descendientes de miembros originales podían ingresar. Esto se debe a que por algún motivo poseían la habilidad de despertar "poderes" en sus genes.

- Supongo que, al haber pertenecido a la organización de Brando, tu también tienes uno de esos "Stands". Tus padres te transmitieron ese gen, y a menos que hayas estado en contacto con esta agua roja, supongo que despertaste naturalmente tu poder. - dijo ella.

- De hecho, aquella noche bebí ese agua, y se despertó mi Stand al instante. - dijo Saijo.

- ¿Y qué ocurrió? - preguntó ella

- Los maté a casi todos. - dijo Saijo.

Hubo un silencio entre ambos.

La chica se reposó sobre el auto, esperando que Saijo se subiera para conducir. El joven finalmente decidió dejar de lado toda su rutina, y embarcarse en un misterio absoluto.

Cuando estaba conduciendo y se frenaron en un semáforo en rojo, él suspiró fuertemente. Ella estaba en el asiento de acompañante.

- ¿Cómo sobreviviste? Me refiero a aquella noche. - preguntó Saijo, angustiado.

- me salvaste, Saijo. Por eso estoy en deuda contigo. - dijo ella.

- ¿A qué te refieres? - preguntó él.

Artemys comenzó a recordar.

- Lo último que recuerdo fue cuando la vista se me nubló completamente debido a que perdí mucha sangre, y sentí que me desvanecía. Luego, desperté dentro de un gran contenedor de basura, al final de otro callejón lejano del cual nosotros nos habíamos encontrado. Cuando vi mi mano, me di cuenta que dentro de ella había una gran burbuja platinada, la cual estaba "incrustada" en mi palma. Sentía como la fuerza vital de mi cuerpo fluía desde aquella burbuja, y algo me decía que había sido obra tuya.

Saijo quedó desconcertado. Él recordó cómo aquella noche vio que una burbuja pequeña flotando por los aires, que se escapaba hacia algún lado, pero en aquel momento él no entendía que había sido obra suya y de su Stand, Last Resort.

- Mi Stand reescribe la realidad de los objetos o personas, usando golpes o burbujas. Se ve que en ese momento en lo único que pensaba era en volver a tenerte hablando a mi lado. ¿Por qué no regresaste? - preguntó él.

- No quería meterte en más problemas, ni levantar sospechas. Además, de haberme vuelto a aparecer, aquella organización sabría detalles acerca de tu poder. ¿Te lograron descubrir? - preguntó ella.

- Nunca. Ni el mismísimo Brando supo cómo pelear contra mí. Se ve que tu estrategia fue efectiva, pero me hiciste mucha falta. - dijo él - Me quedé con muchas cosas por decir, con mucha culpa. Tuve que haber estado en tu lugar por haberte arrastrado a eso.

Hubo un silencio incómodo. Trataron de buscar cambiar el tema de conversación.

- ¿Cuántos traficantes tienes localizados para atacar? - preguntó él.

- Tres en total. El primero está allí.

Ella señaló por la ventana hacia un pequeño negocio de zapatos. Estacionaron con el auto, y ambos bajaron. Todos en la vía pública observaban a Artemys por su extraño vestido llamativo.

Los dos procedieron a entrar, y esperaron que el último cliente delante de ellos abandonase el negocio. Una vez que éste se fue y cerró la puerta, Artemys sonrió.

- Ahora. - dijo ella.

La chica sacó una pistola silenciada desde su gran saco, y apuntó directamente al vendedor. Saijo quedó sorprendido.

- ¡No quiero ningún juego estúpido de hacerte el desconcertado, zapatero! ¡Quiero ver ya el agua roja y saber a quiénes se la vendiste! - gritó ella.

Artemys apoyó su pierna sobre un pequeño banquito que estaba junto a la caja registradora, y se acomodó el pelo.

- Primero el estilo. - dijo ella, mirando de reojo a Saijo.

- Está bien, no debemos precipitarnos. La tengo en el depósito, en mi caja fuerte. Solamente le vendí un frasco a otro traficante, fue por un acuerdo que hicimos. - dijo el zapatero.

La chica acompañó al zapatero hacia la caja fuerte sin bajar la pistola de su cabeza. Sin ninguna intención de resistirse, él le entregó dos frascos de aquella agua roja.

- Bien, supongo que podemos irnos. - dijo ella.

- Prometo no volver a hacerlo, ¡lo juro! - dijo el zapatero, muy arrepentido y temiendo por su vida.

- ¡Seguro! No hay problema. - dijo Artemys.

- ¿Qué vas a hacer con eso? ¿Cómo la destruimos? - preguntó Saijo.

Artemys miró los frascos, y comenzó a vaciarlos sobre el mostrador del negocio.

- ¿¡Qué haces!? - preguntó el zapatero.

- Te devuelvo el daño que causaste. - dijo ella.

La chica tomó un encendedor, y lo echó sobre el mostrador empapado de agua roja. Parecía ser que era muy inflamable, porque emergió una fuertísima llama de color roja fosforescente que empezó a consumir todo el negocio mientras los dos jóvenes salieron directamente hacia el auto. Saijo había ido corriendo al vehículo, mientras que ella fue caminando muy tranquilamente.

- Eso que hiciste fue una locura. - dijo Saijo, encendiendo el coche.

- ¿Y qué pensabas que iba a hacer? ¿Reciclarla? - dijo ella - Conduce rápido, que estamos a 3 manzanas del siguiente traficante.

- Pensé que estabas totalmente en contra de hacerle daño a la gente. - dijo él.

- Eso pensaba hasta que me hicieron daño.

Saijo fue golpeado por la culpa una vez más, y siguió conduciendo en silencio.

Para el siguiente traficante, Artemys usó el mismo método, quemando el negocio completo y eliminando toda el agua roja que conseguían. Finalmente, luego de conducir 5 minutos, llegaron a la puerta del último lugar: una casa de familia.

- No voy a hacer esto. - dijo Saijo - Tal vez el traficante se lo merezca, pero su familia no tiene por qué pagar el precio de que sus vidas estén en riesgo e incendies su casa.

- Está bien, no voy a hacer nada salvaje. Grr. - dijo ella.

Saijo la miró de forma extraña, pero trataba de disimular que el estilo de Artemys le alegraba un poco la mañana. Ambos bajaron del coche, y tocaron el timbre de la casa. Al abrirse la puerta, se vieron cara a cara con el traficante, y apenas vio la chance, Saijo abrió aún más la puerta, y entraron a la fuerza.

El supuesto traficante fue arrastrado hacia su sofá, en el cual fue arrojado y comenzaron a presionarlo.

- El agua roja. Ya. - dijo Artemys.

- No sé de qué me estás hablando. - dijo el hombre.

Artemys, furiosa, sacó un papel de su saco y comenzó a leerlo en voz alta.

- "Alexander, 45 años de edad. Trabaja en una fábrica textil, pero sus ingresos se elevaron misteriosamente en los últimos 5 meses, lo que le ha permitido incluso tener una doble vida teniendo una familia aparte con su amante. Se lo ha visto entregando frascos con líquido rojo a sus compradores." A menos que trafiques sangre, quiero una buena excusa. - dijo Artemys.

El hombre quedó en silencio, muy tenso, como si estuviese acorralado. De repente, a la sala entró el hijo pequeño de Alexander. Tenía alrededor de 8 años. Artemys, sin dudarlo, tomó al niño del cuello, y lo usó como rehén, apuntándole con la pistola en la cabeza.

- Detente. - dijo Saijo - No necesitamos esto, va a cooperar.

- No va a cooperar. Le importa más su sucio dinero que su propio hijo. - dijo ella.

- ¡Estás demente! - dijo el hombre, tratando de levantarse.

Artemys pateó el pecho del sujeto, y volvió a sentarlo.

- ¿Tan demente como para cumplir con mis amenazas? Tal vez. Dame el agua roja, o quemaré tu casa con tu familia dentro. - dijo ella.

- ¡Ya no tengo más! - dijo Alexander.

- ¿Ah? Ahora resulta que sí traficabas, qué raro. Hace unos segundos jurabas no vender nada. Maldito mentiroso. - dijo ella.

Hubo mucha tensión. Saijo volteó para ver a Artemys, la cual se veía sin miedo alguno.

- No hablas. Bien. - dijo Artemys, jalando el gatillo.

- ¡LAST RESORT! - gritó Saijo.

El niño cayó desplomado al suelo, con un gran agujero en su sien.

- ¿¡QUÉ HICISTE!? - gritó el hombre.

Artemys volteó para ver al sujeto, y sin dudar le disparó dos veces en su rostro, matándolo.

Lentamente, la bala en la cabeza del niño comenzó a ser expulsada, y la herida se curó.

- Veo que usaste tu poder para salvarle la vida al niño, Saijo. - dijo ella - Podrías usarlo para revivir a este sujeto para que nos revele acerca de dónde tiene el agua roja.

- No puedo hacer eso, acabo de devolverle la vida al niño, pero tú no dudaste siquiera en matar a su padre. ¿¡Qué te ocurre, Artemys!?

- No puedo creer que sigas poniendo la vida de personas comunes por encima del destino de todo. Te dije acerca de las consecuencias del agua roja y sin embargo prefieres salvarle la vida a quien la distribuye. No tienes idea de nada. Este tipo pudo haber transformado a toda su familia en usuarios de Stand y hacer que nos ataquen. Incluso ese niño podría poseer uno. - dijo ella.

- ¿" Transformar a toda su familia"? ¿Qué cosas estás diciendo? - preguntó Saijo, desconcertado.

- Ups. Metí la pata. Se ve que debo contarte la verdad. - dijo ella.

Artemys se puso frente a Saijo.

- Aquel día en el que "fallecí" ... - comenzó a relatar Artemys, mientras empezaba a recordar un flashback.

La joven bebió un sorbo del agua roja, frente a todos los hombres armados, recibiendo disparos y cayendo al suelo. Artemys terminó de fallecer por la pérdida de sangre, pero el agua roja había logrado entrar en su cuerpo. Pero, ¿cómo había logrado recuperar la vida?

Saijo, antes de caer rendido al suelo luego de matar a todos y ser reducido por el líder de los sujetos armados, dejó salir -inconscientemente- una pequeña burbuja, que fue volando hacia el cuerpo de Artemys, el cual estaba siendo llevado por este sujeto armado.

"¡ELLA NO DEBÍA MORIR!"

Eso fue lo que gritó Saijo, lo que el realmente deseaba que hubiese cambiado aquella noche. Lo que él no sabía, era que había logrado cambiar la realidad: aquella burbuja entró por la piel de Artemys, y su corazón volvió a latir.

El flashback había terminado. Artemys se veía muy perdida en sus recuerdos.

- Al día siguiente "desperté", y aquel hombre que me había disparado fue el que luego me cuidó durante estos años. - dijo ella.

Saijo sintió un vacío enorme, como si todos estos años hubiese vivido lamentando una muerte que él mismo anuló. Por un momento se asustó de hasta qué punto controlaba sus poderes.

- ¿Y qué tiene que ver el agua roja en todo esto? - preguntó Saijo.

- ¿Acaso sabes cómo se obtiene un "Stand"? - preguntó ella.

Esa pregunta hizo ruido en la mente de Saijo.

- Si, por el linaje. Todos en la organización de Brando son hijos de usuarios de Stand, y va de generación en generación. - dijo Saijo.

- Te está faltando el otro capítulo del relato, Saijo. El agua roja es la que originalmente otorga o activa los Stands de la gente. Cuando tú la bebiste, se despertó el Stand que yacía en tus genes, pero aquellos sin linaje que se atreven a beberla son sometidos a una especie de "juicio biológico". Si somos dignos y nuestros cuerpos lo soportan, conseguiremos un Stand. - explicó ella.

- ¿Artemys? - preguntó él, acercándose lentamente.

Las paredes comenzaron a chorrearse, y aparecieron manchas en el techo, como de humedad.

- Aquella noche en la que bebí el agua roja, y tú me devolviste la vida, fue cuando conseguí mi "Stand". Me transformaste en un monstruo, y quiero evitar que la gente consuma esta agua. Debo salvarlos, y no me importa sobre quién deba pasar.

El color blanco de las paredes se volvió verde y negro, mientras que un aura verde fluorescente comenzó a rodear a Artemys.

- Artemys, ¿Qué te ocurre?

Desde el muro que estaba al lado de la joven, apareció una gran mancha negra, de la cual emergieron unos grandes ojos verdes.

Artemys estaba manifestando su Stand.