Personajes de Mizuki e Igarashi
Albert se metió a la ducha mientras Candy terminaba de elegir su vestuario para salir, vaya que se alegró de al fin poder ver la naturaleza, aunque mirar a la regadera para deleitar sus pupilas hubiera estado sumamente genial, pero la realidad es que debía comer.
─¡Señorita Candy, ya salgo!
─¡Está bien, señor Albert, yo le espero, me estoy arreglando el cabello y retocando el maquillaje!
─¡Su rostro es perfecto!
─¡¿Qué dijo?!
Albert salió del baño secándose el cabello con una toalla.
─Dije que su rostro es hermoso, no necesita maquillaje. Su belleza es natural.
─Gracias, usted también es hermoso.
─Ja, ja, ja, ¿en serio?
─Sí.
─Hm, el jean y la playera le quedan perfectos.
─Sí, acertó en mis tallas. Aunque me queda un poquito holgado, pero está bien.
─Me pondré acorde con usted, usaré ropa casual, después de comer podemos ir a un lugar que, sé que le encantará ─dijo saliendo del baño con una toalla atada a la cintura y con otra secándose los cabellos.
"No miraré, no miraré".
Una vez listos, se dirigieron al estacionamiento. Candy quedó impresionada por la cantidad de autos que había de todos los modelos; desde clásicos descapotables Ford Mustang hasta los más actuales Mercedes-Benz Clase S Cabrio, el BMW Serie 4 y por si fuera poco los todoterreno.
─¿En cuál auto deseas viajar?
─¿En dónde guardas las llaves de todos estos autos?
─En ningún lado, ellos tienen la llave a un lado del volante, siempre están a disposición…
─De algún delincuente.
─No, ja, ja, ja, para nada. La casa cuenta con altas medidas de seguridad, además se necesita de la lectura de mi iris para poder salir, de caso contrario la alarma se activa y en menos de dos segundos la casa está rodeada del equipo de seguridad de los Ardlay.
─En ese caso me llamó la atención ese, el descapotable negro con asientos de cuero beige claro.
─¡Perfecto! Hoy contamos con un día soleado y, gracias a su elección ya sé adónde la llevaré.
─¡Qué emoción! ─Candy saltaba de alegría.
Albert primero la llevó a un pequeño restaurante de comida rápida, ubicado al frente de un río. Ordenaron dos combos de hamburguesas doble carne con queso cheddar, lechuga, rodajas de tomate, mayonesa, patatas fritas y dos vasos de té frío de durazno. De postre pidieron brownie de cacao con helado de mantecado. Una vez satisfechos. Él la invitó a caminar para ayudar al proceso de la digestión.
─Háblame de tu vida.
─Me crié en un convento. Mis padres murieron cuando chica, así que me llevaron a un orfelinato, un hacendado patrocinó mis estudios y ahora trabajo para The Financial Time. Le puedo hacer una pregunta, fuera de orden quizá, creo que se la puedo hacer…
Albert se paró frente a ella con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta cerrada, el área en el que se encontraban era fría debido a la alta vegetación de la que gozaba el ambiente.
─Puedes hacerme las que gustes.
"Mejor no lo pregunto, todavía".
─¿Cuál es su pasatiempo favorito?
─Sí, te digo saldrás huyendo.
─Dígalo, prometo quedarme a su lado, sea lo que sea.
─Mejor te llevaré, vamos al auto.
En el estacionamiento.
─Ven, te lo mostraré, siempre cargo uno en el maletero.
─¿Qué cosa?
─Míralo con tus propios ojos. ¿Qué es esto?
─Un parapente, me gusta el deporte extremo, casualmente este es dual lo iba a cambiar. Práctico sin acompañanta, pero mira que cosas de la vida que el destino me puso una compañera.
─¿Una compañera?
─¿Tienes miedo?
─¿Quién dijo? No inventes, ja, ja, ja. Sí, es mi sueño hecho realidad, desde pequeña trepaba los árboles más altos, cercanos al Hogar de Pony, ja, ja, ja, la hermana María se halaba de los cabellos, pobre... Siempre quise ser una especie de ave para volar por el cielo y disfrutar de la vida, la naturaleza.
─Pues estás a punto de convertirte en una especie de ave, nueva… exótica.
─¿Qué tipo de ave sería?
─¿Te parece una dulce voladora con pecas?
─Tú también serías un tipo de ave.
─Hm, y, ¿qué tipo de ave sería yo?
─Más bien, un enorme pájaro. Serías el pájaro celestial.
─¿Celestial?
─Sí, primero tienes los ojos azules como el cielo, eres rubio y alto y tus besos saben a… paraíso.
─¿Solo mis besos? ─preguntó con una voz seductora.
─Admito que otras partes de su anatomía, señor Albert, me llevan al… paraíso. Pero hemos tenido mucho de aquello, ¿no le parece?
Resignado, dijo─: supongo que sí. Bien señorita, le puedo decir que este deporte extremo es una forma de disfrutar la adrenalina al máximo que nuestro organismo segrega. Hm, ¿vamos?
─¿Vamos?
Albert llevó a Candy a la cima más elevada que existiese en aquel lugar. Se colocaron los cascos y anteojos de protección solar, así como el resto del equipamiento necesario para descender, felices se lanzaron a la aventura. Albert piloteaba el parapente, controlaba la palanca al igual que el variómetro para medir la presión atmosférica. Candy no dejaba de gritar─: ¡Esto es increíble!
─¡Sí, lo bueno del parapente es que puedes bajar lentamente contemplando la belleza del cielo, las montañas, inclusive podes tocar las nubes! ¡Distinto a cuando te lanzas de un avión con paracaídas, es tan rápido!
─¡También quiero! ¡Quiero saltar de un avión con paracaídas!
─¡¿Seguro, princesa?!
─¡Seguro! ¡Nunca había estado más segura de hacer algo!
─¡Entonces, será nuestra próxima aventura, te lo prometo! ¡También nos podemos lanzar en parapente en la noche, son magníficas las luces de los edificios!
─Y, ¿no es un peligro?
─¿Miedo, señorita Candy?
─Pensé que la oscuridad enturbiaría el aterrizaje.
─Ya lo he hecho antes con ayuda de un GPS y una radio. El aterrizaje, se hace sin problemas.
─¡Está bien, lo tenemos pendiente!
Una vez se estabilizaron en el aire Albert sacó y descorchó una botella de champaña, vertió el contenido etílico en dos copas.
─¡Candy, esta es para ti!
─¡Oh, por Dios!
─Y esta para mí, espera un momento y pongo esta botella en un lado para evitar desequilibrios en el aire.
─¿Desequilibrio?
─¡Sí, pero todo está controlado! ¡Candy… quiero que brindemos por el inicio de una hermosa amistad que vaya más allá del sexo! ¡Deseo conocer más de ti no solo a nivel académico, social; sino también espiritual, emocional, compartir momentos de alegrías y por qué no; si un día te sientes mal poder conversar al respecto!
─Oh, Albert…
─¡Podemos conversar de lo que gustes, no dudes en hacerlo!
─¡Entonces brindemos por el inicio de una hermosa amistad!
En la noche Albert llevó a Candy a su departamento. Se despidieron con un sutil beso en los labios.
─Nos vemos.
─Nos vemos… ─dijo Candy risueña abriendo la puerta para entrar al departamento.
A penas Albert la vio entrar sana y salva se metió a su auto y se fue.
─¡Qué maravilla! Sí muero en este instante seré la mujer más feliz del universo, hice el amor, comí y volé con el hombre que siempre quise. ¡Sí! ¡El hombre ideal!
Candy al saltar de la alegría tropezó con el teléfono que tenía varias llamadas de voz.
─¿Candy, dónde te has metido? Llevamos días sin saber de ti. Por favor comunícate con nosotros, Michael está molesto, no quiere ni oír tu nombre.
Continuará. Este es la primera parte del final. Las amo.
