"El rompecabezas de tu personalidad"

"Alguien me ha dicho que la soledad se esconde tras tus ojos"

.

.

.

.

Había pasado una miserable semana desde que vio a Yukina en el parque. Una miserable semana para Onodera de soportar.

La espalda le dolía, las bolsas negras que colgaban de sus ojos, las manos entumecidas y su garganta seca.

Si caminaba, podía jurar que se le encajaban los pies en restos fósiles, porque de ser verdad, sus piernas no le reaccionaban a las órdenes de moverlas de la silla del trabajo.

Estaban ancladas como un barco en reposo.

Lamentó su hostil estado, puesto a que por culpa de Takano y sus constantes demandas laborales, llevaba tres días sin dormir absolutamente nada. Y cuando se refería a nada, era ¡Nada!

Por qué Takano se la agarró con él para desquitarse? Si tenía a Yokozawa.

En pocas palabras, Takano lo había engañado con Yokozawa, asimismo rompiéndole el corazón en mil pedazos.

Esa era la razón por la cual se animó a cortar su noviazgo con Takano y comenzar una nueva vida.

De no haber tomado semejante decisión, aún seguiría sufriendo por él como un completo tonto.

Y Onodera Ritsu no era ningún tonto.


Salió esa noche de la editorial, arrastrando sus pies empleando la poca energía que le restaba el cuerpo para soportar su peso.

A veces él sentía vastos deseos de renunciar a su trabajo y tomar su puesto como el líder de la editorial Onodera, pero había un inconveniente si lo hacía: Cómo liderar una editorial si en su vida había liderado algún grupo de renombre?

Patético, se dijo, no debería de sentirme patético en este momento, pero qué se le puede hacer? Se lamentó el susodicho.

Pasaba inconscientemente por la calle donde rondaba la librería Marimo, puesto que la tenía memorizada en alguna parte de su memoria, para nunca olvidarse del camino.

Al alzar la vista, miró la enorme librería y el corazón se le contrajo; se llevó una mano al pecho, sintiendo que la respiración se le cortaba, y ansiosamente, sus anhelos inconscientes brotaban cuan lluvia torrencial.

Brotaban esos deseos sin parar.

Creciendo.

Creciendo.

Eran sensaciones que se atoraban en su ropa, si fueran visibles, pero no, eran sensaciones que lo hacían vibrar y lo sacudían el cuerpo completo en la turbulencia de emociones positivas que conllevaban al nombrado Yukina Kou.

Creciendo.

Creciendo.

No paraban de crecer.

Sintiéndose ruborizado, se metió a la librería, cabeceando del cansancio, pero sin inmutarse en disfrazarlo en arrogancia; no, Onodera Ritsu no era así, quizá su antigua forma de ser sí, pero su nueva forma de ser, comenzaba a tomar su propio rumbo.

Dio pequeños pasos, sintiendo que las manos le vibraban, y la mente le punzaba en vestigios combinados entre dolor y alegría.

En eso, vio al origen de sus sensaciones alocadas: Yukina Kou.

Creciendo.

Creciendo.

El corazón se le volvió a contraer, y el aire le faltaba.

—Onodera—Yukina lo saludó gustoso de verlo, encontrándolo al instante en la enorme librería. —En qué te puedo ayudar?— Se posicionó frente a él, juntado ambos pies. —Por cierto, cómo estás? Cómo te ha ido en el trabajo?—

Onodera lo miró, ruborizado por dentro hasta las entrañas.

—Bien— Articuló dificultoso.

Esto pareció preocupar a Yukina, quien no dudó en acercar su rostro al suyo, inspeccionándolo detenidamente; él, por su parte, trastabilló por dentro, soltando un jadeo de su boca.

—Estás bien?— Interrogó Yukina, gravemente preocupado. —Te vez muy cansado, Onodera—

—E-estoy bien— Pudo decirle.

Acaso tartamudeó?

¡Qué vergüenza!

—Lo siento— Musitó Onodera, apretando los dientes. —Este, bueno, yo— No encontraba las palabras para decirle cuántas ganas tenía de verle, aunque sólo fueran por unos minutos de su día.

—Hm— Yukina, alejó su rostro, no luciendo convencido con su forma de actuar, por lo que se llevó un dedo a la barbilla en gesto pensativo. —Mi turno está por terminar— Mencionó serio. —Si no te molesta, espérame aquí para que no te enfríes afuera, yo me ofrezco a llevarte a tu casa— Dijo dispuesto.

—No es necesario— Replicó Onodera, alarmado.

—No es una molestia para mi— Repuso él, confiado. —No me da tranquilidad saber que te vayas a tu casa en ese estado—

—Yukina, no— Dijo, pero su voz salió distinta; su voz expresaba anhelo de estar con él.

Yukina no pareció escucharlo, porque en ese momento, le habló uno de sus compañeros de trabajo para que lo ayudara a cargar unas cajas con nuevo contenido.

—Espérame aquí— Le aseguró. —No me tardaré, Onodera, lo prometo—

Onodera no tuvo más opción, que asentir.


El tiempo de espera fue relativamente poco, y para Onodera esperar a Yukina no fue un error. Lo supo, en cuanto vio la sonrisa luminosa que irradiaba él, y supo que no podía escapar de sus encantos.

—Te hice esperar mucho?— Le preguntó Yukina, en tono solemne.

—No— Respondió seco, porque estaba intimidado por su presencia.

—Al parecer ha estado haciendo frío— Comento él, extendiendo su mano al aire. —A pesar de que ya pronto será marzo—

Onodera asintió inquieto, apretando los dientes.

—Onodera— Lo nombró, captando su atención. —Qué clima te gusta más? El invierno o el verano? A mí, en lo personal, me gusta el invierno—

—Ninguna estación del año me gusta— Se quejó petulante. Esto pareció no afectarle a Yukina, quien, mantuvo su calmada expresión fijada en su rostro.

—Por qué?— Preguntó interesado, algo que a Onodera lo tomó desprevenido.

—Bueno, se me hacen molestas— Dijo azaroso. —Y en ninguna me siento a gusto, porque tengo que cambiar mi guardarropas—

—Ya veo— Asintió, juntado los labios. —Eres muy interesante, Onodera—

—Qué?— Trastabilló con su voz al atorarse en su garganta. Interesante, él? Se ruborizó al instante.

—Yo nunca había conocido a alguien que odiara las estaciones del año— Repuso él, asombrado. —A todas las personas que he conocido les pregunto, y la mayoría me contesta que les sienta mejor el verano, otras la primavera, pero que a nadie le gusten las estaciones del año es una respuesta bastante interesante— Señaló condescendiente. —A fin de cuentas, todo mundo puede tener su propio juicio, de eso no me cabe la menor duda—

Onodera lo ojeó por el rabillo del ojo, apreciando las delicadas facciones que resaltaban en el rostro de Yukina, y cómo era que le interesaban tanto de contemplar, sabiendo que él se estaba mirando imprudente al hacerlo; además, Yukina le estaba contando algo de su vida diaria, aunque a él le disgustaban las estaciones del año con grandeza.

—La última vez que hablamos, me dijiste que no tenías ningún pasatiempo— Remembró Yukina. —Y recordé que yo no te dije todos los míos, te molesta si parto desde donde me quedé?— Sugirió sonriente.

—Adelante— Onodera le dio cabida, permaneciendo ruborizado ante su presencia.

Por qué el rubor de sus mejillas no se disipaba? Era tan molesto!

—Me gusta leer manga shoujo— Admitió abiertamente. —También las novelas clásicas, sobre todo las románticas. Puedes decir que soy un romántico, y no me ofende saber eso— Aseguró optimista. —Porque desde niño siempre me he visto ligado a las canciones románticas, a la música ochentera, las cartas, los poemas— Enumeró con expresión de estar recapitulando. —Y son cosas que a mi, en lo personal, me son suficientes para mantenerme contento con todo lo que hago y con la persona que he llegado a ser—

—Romántico?— Expresó Onodera con disgusto.

—Si, qué tiene de malo?— Dijo Yukina, obstinado. —No es un crimen mostrarse interesado en el romance, pues es una manera de expresar afecto—

—No me parece suficiente para expresar el afecto a una persona— Opinó Onodera, objetivo.

—Y que sugieres tu para promover el afecto?— Le pregunto Yukina, educadamente.

La pregunta le hizo reflexionar un poco los acontecimientos de su frugal vida, y llegó a la conclusión de que la única manera en la que el amor surgió en su vida fue a través del acoso.

Se avergonzó terrible, por haber vivido una de las experiencias sólo se viven una vez.

—Nada— Dijo derrotado.

Yukina frunció el entrecejo, tomado de sorpresa.

—Yo no creo que sea nada— Aseguró. —El afecto se promueve a través de muchas formas, no solamente del romanticismo clásico al que de seguro conoces; yo conozco una forma en la que puedo expresarte afecto sin necesidad de escribirte una carta—

—Qué?— Onodera lo miró sorprendido. —No-no— Intentó decir, pero Yukina se había remangado la bufanda alrededor del cuello, y su entero rostro se tornó en concentración pura.

—"Alguien me ha dicho que la soledad se esconde tras tus ojos…"— Empezó a cantar la canción de "Trátame suavemente" de Soda Stereo, cortejándolo con sus mejores intenciones, sin borrar la sonrisa de su rostro, haciéndolo estremecer por dentro.

Yukina se mostraba seguro, natural, indiscutiblemente asombroso, mientras cantaba a capella solamente para él.

A Yukina no le importaba si las personas lo miraban con cara de incredulidad o molestia, porque eso no lo frenaba para seguir cantándole, exclusivamente a Onodera.

De pronto, los ojos de Yukina lo miraron con afecto, y eso fue suficiente para que su corazón diera vuelcos, y se contrajera reaccionado así a la demostración echa por Yukina.

Las sensaciones crecían, se expandían, se remitían a una danza sin parar de moverse dentro suyo.

Creciendo.

Creciendo.

Y sin parar de crecer.

Yukina canta hermoso, pensó él, y lo está haciendo para mí… su pecho se apretujó y sus orejas se tornaron rojas del sonrojo que arrastraban consigo sus mejillas desde hacía rato.

Poco a poco unía el rompecabezas que formaba la personalidad de Yukina.

Y eso, a él lo hacía muy feliz.

.

.

.

.

P.D. (Mención de la canción "Trátame suavemente" de Soda Stereo)