Agape to Eros

By Tsuki No Hana

15

"Heartache"

Viktor.

Estaba desesperado.

Sabía que dije que esperaría a Yuuri y le daría tiempo y espacio para que despejara un poco su mente, pero no podía soportar estar lejos de él.

Había llegado a casa hace menos de una hora y no me había movido del sofá. Mi equipaje seguía en la entrada y no pensaba moverlo de ahí. Apoyé el codo sobre una rodilla y recargué mi frente sobre la palma de la mano, mi cabeza palpitaba con fuerza, sólo quería quedarme ahí, inmóvil y a la espera de que el tiempo transcurriera lo más rápido posible.

Luego de pensarlo por mucho tiempo, alcé la mirada hacia la mesita frente a mí y observé detenidamente ese libro de pastas gruesas y gastadas. El diario de Yuuri. ¿Debería leerlo? Sentía que al hacerlo estaría traicionándolo, dañándolo de nuevo.

A la mierda todo.

Necesitaba algo de él para sobrevivir ese tiempo ¿Cuánto será? Aún no lo sabía. Esperaba que no mucho, pues sentía que moría sin él. El vacío en mi pecho al saber que dijo esas palabras tan hirientes se hacía más grande a cada segundo. Sabía que estaba enojado y que cuando estaba furioso podía decir cosas de las que luego se arrepentía, pero... lo dijo de una manera tan firme y segura que no podía evitar preocuparme de sólo imaginar que lo decía en serio.

—Makkachin... —sonreí al ver cómo apoyaba su cabeza sobre mi regazo, parecía entender mi sentir, me miraba con ojos tristes—. Lo sé amigo, sé que tú también estás sufriendo por esto —suspiré y terminé extendiendo mi mano hacia el diario. Lo iba a leer, pero quizás antes debería avisarle a Irina, Yurio o a Yakov que estaba aquí. Debería decirles lo que pasó.

No, no podía decirles sin que terminara llorando, no quería que me vieran llorar.

Una sensación pesada se apoderó de todo mi cuerpo. No, no quería llorar. ¡Leería el diario! Eso me daría fuerzas para aguanta el tiempo que fuera necesario antes de ir tras mi katsudon.

Abrí el libro en la primera página y literalmente me golpeé el rostro con la palma de la mano. Todo estaba en japonés, obvio, Yuuri no iba a escribir su diario en inglés ¿Por qué lo haría? Demonios.

Frustrado y enojado me incorporé, dejando el diario tumbado sobre el sofá. Traje mi laptop y comencé a idear formas rápidas y confiables de traducción. Después de un par de horas no me quedó otra opción más que escanear cada página de ese diario, guardarlas en un archivo y mandárselas a un traductor, tuve que pagar y usar un nombre falso, pero nada me importó, leería ese diario a toda costa. El traductor quedó en contactarse conmigo cuando tuviera la traducción hecha.

Cerré mi laptop y fui directo a desempacar. No podía negar que fue doloroso ver mi equipaje amontonado en la entrada. Todas mis cosas que antes estaban en casa de los Katsuki, ahora estaban aquí, de vuelta. No pude desempacar, sentía que al hacerlo mi situación sería más real y tangible. No...

Decidí tomar un baño caliente, ni siquiera me molesté en ir y buscar ropa, simplemente abrí el grifo de la bañera, esperé a que ésta se llenara de agua y a que todo el lugar se llenara de vaho; mientras eso ocurría me desvestí, viéndome al espejo unos momentos hasta que el sonido de mi celular resonó en todo el departamento. Ni siquiera me molesté en vestirme, salí del baño como alma que lleva el diablo y contesté con ansias al ver quién era.

—¡Mari-chan! ¿Qué pasó? ¿Saben ya dónde está él?

No... no nos quiso decir dónde está. Sólo nos avisó que se encuentra bien y que estará una temporada alejado de todo.

—Maldición... —apreté los dientes—. ¿Cómo está tu madre?

No muy bien...

Sentí que mi corazón se hacía chiquito. Dios, Yuuri ¿Por qué nos haces esto a todos?

Yuuri no es así, es decir... sí, es impulsivo, pero jamás sería capaz de hacer algo que nos dañe a toda la familia, incluyéndote.

Se me hizo un nudo en la garganta. No pude responder.

Está dolido, ya se le pasará, estoy segura.

—En ese caso... ¿Podrías...? —fui interrumpido.

¡Por supuesto que te llamaré a penas sepa algo de él! ¿Por quién me tomas, cuñadito?

Sonreí con lágrimas queriendo salir. Había adivinado lo que quería.

—Gracias... —no pude decir más.

De todas formas... Viktor, fuiste muy cruel al guardarle un secreto así a mi hermano —su voz era seria, pude sentir que hablaba muy en serio.

—Lo sé, y lo siento. Justo ahora estoy pagando las consecuencias. ¿Crees que esté enojado por mucho tiempo? —escuché cómo chasqueó la lengua.

No. Lo conozco —rio—. En unos días nos dirá dónde está y te lo diré enseguida, así irás por él, si no es que él viene a buscarte antes. Ya te lo dije, se le pasará muy pronto.

—Eso espero —mis ánimos se renovaron un poco.

Narradora.

Luego de despedirse de Mari, se fue directo al baño y se metió en la tina. Perdió la noción del tiempo luego de cerrar sus ojos y hundirse hasta que el agua caliente le llegara por debajo de la barbilla. No había querido desplomarse, en su mente se repetía una y otra vez que esa situación sólo sería pasajera, que todo volvería a la normalidad, pero ese pensamiento se iba deteriorando al igual que su fortaleza.

No supo el momento exacto en el que se quedó dormido dentro de la tina, con todo su cuerpo bajo el agua a excepción de su nariz, ojos y frente.

Tuvo un sueño hermoso: Yuuri y él habían llegado a San Petersburgo, directo al departamento, donde apenas cerraron la puerta, comenzaron a besarse salvajemente. Dejaron el equipaje esperando en la puerta, mientras caminaban a trompicones directo a la habitación principal, donde se rindieron al amor una y otra vez. Luego se quedaban dormidos, desnudos entre las blancas sábanas de satín, al despertar se quedaban tumbados ahí por más tiempo, haciéndose arrumacos y muchos cariñitos hasta que eso culminaba en algo mucho más candente por enésima vez. "Te amo, Vitya" le había dicho Yuuri en su sueño mientras lo besaba en los labios.

Viktor abrió los ojos de pronto, sólo para darse cuenta de que no era Yuuri quien lo "besaba" sino Makkachin, quien lloraba un poquito, tratando de despertarlo. Entonces el ruso se limpió el rostro lleno de babas de perro y notó que el agua de la bañera ya estaba helada. Descubrió que se había quedado muchas horas en la bañera cuando salió de ésta y vio su cuerpo arrugado como pasita. Salió del baño y se asombró más al ver que ya era de noche ¿Tanto tiempo había transcurrido?

Desganado y con un extraño sentimiento en el pecho, fue directo a su cuarto y se vistió con lo primero que encontró: Un pantalón simple de pijama y una playera vieja, de manga larga y muy cómoda. Se tumbó sobre el colchón, recordando una vez más el sueño al sentir las sábanas de satín bajo su piel.

De mal humor, se giró en el colchón hasta quedar bocabajo.

—Yuuri... —murmuró contra la almohada.

Quería estallar, gritar y enfurecerse; pero sabía que eso no le traería nada bueno. De pronto sintió un peso extra sobre su espalda. Sonrió un poco al sentir cómo Makkachin se acurrucaba sobre él, dio varios giros antes de acostarse cómodamente sobre su espalda. De inmediato comenzó a sentir el calorcito reconfortante que le brindaba el can.

Sin moverse de esa posición, estiró su mano hacia el buró hasta alcanzar su móvil, quería ver si ya le habría respondido el traductor. Aunque lo dudaba, pues recién se lo había mandado hace unas horas.

Sin embargo, soltó un grito emocionado cuando encontró una respuesta en su e-mail. ¡Ya le habían traducido el diario! Ni siquiera lo pensó cuando se incorporó como resorte de la cama, dejando a un pobre caniche asustado por esa forma tan efusiva de actuar.

Viktor salió corriendo en busca de su laptop, la conectó a su impresora y las hojas comenzaron a salir una por una. El documento era extenso. Estaba tan impaciente por comenzar a leer que no esperó a que salieran todas las hojas, oh no, tomó con prisa la primera y comenzó a leer. La fecha de la primera hoja era del año 2000, cuando Yuuri tenía apenas entre siete y ocho años. No esperó más y leyó:

"No sé por qué hago esto... en la escuela nos dijeron que era una buena idea plasmar nuestros sentimientos y emociones en papel, pero... Yo no sé qué es plasmar y tampoco sé cómo se ponen los sentimientos en papel. Sólo quiero cumplir con la tarea, así que... voy a decir lo que hice hoy en la primaria: las clases fueron aburridas, odio matemáticas, historia me aburre, inglés... ¡no sé para qué me servirá ese idioma! Es aburrido. Geografía también lo es. Lo único que me gusta es la clase extracurricular de música, a todos nos obligaban a tocar la flauta dulce, y es bonito, pero es muy fácil y un poco aburrido, hoy le dije a la maestra que me dejara tocar el piano grandote que estaba al frente del salón, pero me dijo que eso era para mayores, no me dejó hacerlo y me sentí triste... pero se me pasó cuando llegó la hora de educación física, me gusta mucho, aunque mis compañeros me molestan, dicen que estoy gordito. Hay un niño llamado Takeshi, todo el tiempo me molesta y me llama cerdo. Eso me pone muy triste..."

Viktor se conmovió un poco. Estaba leyendo los pensamientos de un pequeño Yuuri que apenas iba a la primaria.

"...hace un rato llegué a casa y le pregunté a mamá por qué soy tan gordito. Ella me respondió que lo heredé de ella. No entendí muy bien, pero sí logré comprender que es mi naturaleza ser así, aunque no quisiera. Quizás debería dejar de comer dulces"

—Mi pequeño katsudon —tuvo que limpiarse una lágrima al leer todo eso, estaba enternecido y al mismo tiempo sentía un hueco profundo en el pecho al recordarlo.

Avanzó a la siguiente página. La fecha era del mismo año, pero unos meses después.

"Cumplí con mi tarea, así que ya no tengo que escribir en este diario, pero... ¡Estoy muy feliz! Y no sé con quién compartirlo, no tengo muchos amigos, y aunque los tuviera... se burlarían por lo que estoy a punto de escribir. Hoy en la tarde al salir de clases, mi mamá y yo fuimos a la academia de ballet de Minako-sensei. Mari-neechan está tomando clases con ella, pero se dio cuenta de que no le gusta mucho el ballet, por eso hoy fue su último día. Mamá aprovechó para ir y darle las gracias por todo lo que le enseñó a mi hermana. Creo que Minako-sensei y mamá son amigas desde que eran pequeñas, por eso se llevan tan bien. Bueno, volviendo al punto... cuando entré a su estudio ¡me sorprendí mucho! Nunca había visto a alguien practicar ballet, pero me gustó bastante al ver a unas niñas practicándolo, entonces quise intentarlo, sólo un poco. Se lo dije a mamá y se sorprendió un montón, pero se emocionó y se lo dijo a Minako-sensei, y ella me prometió enseñarme todo lo que sabía, así que... comenzaré a tomar clases de ballet, todos los días, al salir de la escuela."

—Oh Yuuri —soltó una risilla.

No supo en qué momento tomó un puñado de hojas ya impresas y se tumbó en el sofá más amplio, leyéndolas mientras el resto seguía saliendo de la impresora. Makkachin se había echado sobre él en el sofá, feliz al ver que su amo recuperaba un poco de su ánimo al leer todas las ocurrencias del japonés. Yuuri era muy chistoso de pequeño y sin duda muy inteligente, pues tenía un vocabulario muy amplio y maduro pese a su edad.

"Las clases con Minako sensei son increíbles. Me ha gustado mucho el ballet y creo que soy bueno en eso. Ella suele decirme 'Haces música con tu cuerpo, Yuuri' no entiendo muy bien a qué se refiere, pero creo que es bueno. Lo único difícil es que no hay niños en su clase, sólo niñas, y eso es algo incómodo. Ah... y otra cosa, Takeshi ya se enteró que hago ballet, y bueno... hoy me empujó en el recreo y dijo que eso era para niñas, se burló de mí frente a todos. Eso... eso me hizo sentir muy mal. Llegué a casa y mamá se dio cuenta de que algo me pasaba, estuvo insistiendo mucho para que le dijera, pero no puedo hacerlo. No quiero que ella se ponga triste, así que vine directo a mi cuarto y bueno... ahora lo estoy escribiendo aquí"

El corazón de Viktor se contrajo en tristeza al comparar las impresiones con el diario original y ver pequeñas irregularidades en el papel, como si hubieran caído lágrimas sobre la hoja. Yuuri había llorado mientras lo escribía.

—Maldito Takeshi —gruñó, recordando al ahora esposo de Yuko. No entendía cómo a final de cuentas terminaron siendo muy buenos amigos, después de todo eso.

Y es que ese era al punto importante en todo: Yuuri tenía un enorme corazón, y a pesar de lo mucho que lo hizo sufrir de niño, logró entablar una buena amistad con Takeshi. Sólo esperaba que su amado tuviera la misma consideración con él, y lo perdonara pronto.

"Estoy algo nervioso. Hace unos días Minako-sensei me dijo que no sería mala idea que intentara practicar patinaje artístico, pero me da miedo ¿Y si me caigo? No sé, siento que no seré bueno en ese deporte, además, estoy gordito, no hay patinadores gorditos..."

—Si tan sólo hubieras sabido en ese momento que te convertirías en el subcampeón mundial del patinaje, mi pequeño katsudon... —suspiró, nostálgico.

A partir de ese día, Yuuri no volvió a escribir, sino hasta dentro de varios años.

Fue leyendo hoja tras hoja, de pronto ya se hallaba en el año 2002, Katsuki tenía casi doce años en esas fechas. Su manera de escribir fue evolucionando, el diario ya no lo usaba sólo para describir una lista de cosas que hacía en el día, ahora lo usaba para descargar sentimientos y emociones. En esas hojas estaban plasmados sus sueños, metas, inseguridades y sus más profundos miedos. Pero nadie lo preparó para leer lo siguiente.

"Creo que estoy enamorado, y de la persona menos indicada. Quiero decirle que la quiero, pero tengo miedo... ella es un poco mayor que yo, es mi mejor amiga y es quien me ayudó tanto para que aprendiera a patinar, si no fuera por Yuko... yo sería un asco en el patinaje artístico."

El rostro del ruso palideció un poco. Yuuri no sólo había sentido "Atracción" por esa chica, esto iba más allá. Ella había sido su primer amor.

"Abandoné este diario por varios años, no pensé que volvería a escribir en él, pues tenía a Yuko como confidente, pero esto no se lo puedo decir. Tampoco es como si estuviera enamorado de ella, después de todo no sé ni siquiera qué es estar 'enamorado' sólo sé que ella me hace sentir... diferente. Me siento feliz a su lado, las horas pasan muy rápido cuando estamos juntos y ella ha creado un amor muy especial en mí: el amor al patinaje artístico. ¡Nunca creí que este deporte me gustaría tanto! Pero he descubierto que esto es lo que más me gusta hacer, no se compara con el ballet, estar sobre el hielo es tan... no puedo describirlo con palabras, es sublime. Y el tiempo que paso con Yuko en la pista es único y especial. El patinaje es algo que nos une.

El maestro de patinaje de Yuko nos dijo que si seguíamos practicando así, podríamos llegar lejos en este deporte, también se ofreció a entrenarnos para que pudiéramos competir muy pronto, pero ella se negó, dijo que no se veía como patinadora profesional, sólo era una gran aficionada. Después de todo, su sueño más grande era casarse y tener hijos, lo que me hace pensar en algo muy tonto y vergonzoso... ¿Y si yo le gusto? ¿Y si ella y yo nos casamos algún día? ¿Y si tenemos hijos? Sería lindo... yo tampoco quiero profundizar mucho en el patinaje, al menos no más allá de la diversión que experimentamos al practicarlo, tenemos eso en común y... creo que es lindo, una vida tranquila, en este tranquilo pueblo, con nuestras tranquilas familias"

—No, esto no puede ser —farfulló, molesto.

No podía creer que estaba leyendo las palabras de Yuuri. ¿Un Yuuri conformista? ¡Bah! Eso de verdad era increíble. Primero describió el patinaje como algo sublime, algo que lo hacía sentir indescriptiblemente feliz, después dijo que no quería ser profesional porque su amor platónico tampoco quería hacerlo ¡Y luego tiene la desfachatez de decir que quiere una vida con ella! Lo peor del caso es que se veía teniendo hijos con ella... ¡Hijos! Y cuando él le propuso esa posibilidad se negó de inmediato.

—Tranquilo, respira —se decía a sí mismo, recordándose que se trataba de un pequeño Yuuri pre-adolescente, no debía reaccionar así. Mejor debía ponerse a leer el resto y ver cómo es que su amado terminó en donde estaba ahora—. ¿Qué te habrá motivado a llegar tan lejos, Yuuri? —murmuró, pensativo.

Se distrajo un poco cuando Makkachin se removió en su regazo al escuchar el nombre del japonés. No pudo evitar sonreír tristemente antes de abrazarlo y continuar con la lectura. La siguiente hoja era de una fecha muy cercana a la anterior, quizás sólo un par de días después.

"¡No puedo creerlo! Acabo de ver al patinador más increíble y genial del mundo. Hoy fueron las competencias de patinaje sobre hielo junior, el Grand Prix para jóvenes, y él apareció en la competencia. Es la primera vez que le pongo tanta atención a este deporte, y me lamento de no haberlo hecho antes.

Uno de los Juniors, el que se llevó el oro, fue el más increíble. Sus movimientos fueron suaves e hipnotizantes, su cuerpo entero se movía al compás de la música, seguro, preciso y fuerte a la vez. Su complexión era delgada y frágil, pero los saltos titánicos que realizó demostraron todo lo contrario, absolutamente. Además, era muy guapo... en un principio pensé que se trataba de una chica, pues llevaba el cabello muy largo, atado en una coleta alta; pero no, no era una chica.

Viktor Nikiforov. Ése era su nombre"

—¡Oh Yuuri! —se llevó una mano a la boca, sorprendido y conmovido por sus palabras. A penas era un adolescente y ya sentía eso por él. El corazón del ruso se aceleró con alegría y regocijo ante esas palabras.

"No puedo sacarme de la cabeza a Viktor Nikiforov. Despertó algo en mí que no puedo describir con palabras. Me hizo sentir lo mismo que suelo experimentar al patinar, algo sublime, sólo así puedo describir su presentación.

Un sentimiento en el pecho me impulsó a profundizarme más en este bello deporte, una gran motivación me atacó y muy pronto me vi practicando cuatro horas diarias. El patinaje artístico había tomado otro significado para mí, si antes ya era importante, ahora lo era mucho más ¿Por qué? Fácil, ése patinador ruso me inyectó una enorme dosis de inspiración, me hizo creer que el patinaje es mucho más que simples ratos de diversión sobre el hielo. Pero si quiero llegar a ser profesional debo tomármelo más en serio y practicar arduamente, lo necesito si algún día quiero competir contra él. Quizás me estoy adelantando mucho, pero ese es mi sueño y mi propósito de ahora en adelante: Alcanzar a Viktor Nikiforov"

Tuvo que contener un grito de emoción al leer todas esas palabras. Gracias a ese diario pudo olvidarse de su amarga situación. Se había emocionado tanto que Makkachin saltó asustado de su regazo, más cuando se le ocurrió abrazar las hojas contra su pecho, arrugándolas demasiado en el acto. Todo era hermoso, o al menos eso creía. La siguiente hoja mostraba ahora a un Yuuri de trece años.

"A Yuko también le gusta mucho Viktor. Los dos somos grandes fans de él y esperamos poder conocerlo algún día. Intenté que a ella le gustara el patinaje tanto como a mí, que deseara practicarlo profesionalmente junto conmigo ¿Y por qué no? hacer una rutina en parejas. Pero no logré convencerla, no quiere llevar esa vida de patinadora profesional, tampoco piensa viajar. Su sueño sigue siendo casarse y tener hijos, y nunca salir de la ciudad. Eso ya no es suficiente para mí. Mis ojos están fijos en otra meta, y me duele... me duele porque al fin me he dado cuenta de que realmente quiero a Yuko, la quiero demasiado, pero no puedo renunciar a mi sueño por ella, por más que me parta el corazón."

—Muy bien Yuuri, así se habla. Primero debes conocerme, ella no importa —murmuró, engentado y sin despegar la vista de las hojas.

Pronto llegó al año 2007, Yuuri estaba por cumplir los quince años.

"Creo que he abandonado este hábito de escribir por un par de años, aunque no ha ocurrido nada de importancia en este tiempo. En resumidas cuentas: Practiqué arduamente el patinaje, cuidé más mi peso, he hecho mucho ejercicio, Yuko y yo seguimos siendo muy buenos amigos y compartimos el mismo amor hacia Viktor, soñamos con conocerlo algún día. Ella dice que yo se lo presentaré cuando me haga famoso en el ámbito del patinaje ¡ja! Ni siquiera soy famoso en Japón, mucho menos en el extranjero, a este paso jamás llegaré a conocer a Viktor, tendré que conformarme con los posters que Yuko y yo compramos en línea. ¡Oh! Casi lo olvido, supimos -gracias a una revista- que Viktor adoptó a un caniche, así que no pude evitarlo y adopté a un cachorro de la misma raza, incluso lo llamé como él.

A veces me siento un poco tonto al tener este fanatismo hacia una persona, pero es que cada vez me sorprendo más con su forma de patinar. Es... es alguien increíble, todo un ejemplo a seguir con su determinación, su fuerza y su delicadeza al patinar. Combinar esas tres características es muy difícil. A mí me falta la fuerza y a veces la determinación. En ocasiones me frustro tanto que sufro de bloqueos de inspiración, es cuando Yuko me reta a imitar alguna de las coreografías de Viktor. Lo hacemos juntos y eso despeja mi mente, me hace sentir mejor y soy feliz."

Año 2009, Yuuri recién cumplió los 17 años.

"Había dejado de escribir, sí, de nuevo. Y es que todo iba bien en mi vida, no había momentos muy emocionantes, por eso no escribí, y tampoco había momentos muy tristes, al menos hasta hace unas semanas...

Hace dos semanas, cuando salí de la preparatoria Yuko me esperaba afuera de mi escuela. Dijo que tenía algo importante qué decirme y me sentí feliz, por un momento pensé que me diría algo como 'me gustas' y entonces yo le confesaría el gran amor que le guardo desde niños, pero no fue así. Me dijo que había comenzado una relación con Takeshi, sí, el que me molestaba todo el tiempo y me tumbaba al piso, el que me hizo sentir tan mal conmigo mismo, diciéndome gordo o cerdo, odio que me diga cerdo (Sí, aún lo hace a pesar de que él está más gordo que yo) se hizo novia de él y todas mis esperanzas terminaron por derrumbarse.

Yo quería darle la buena noticia de que había pasado la prueba para concursar en una categoría más avanzada de patinaje, la competencia iba a ser en un par de días, al otro lado del país. Quise decirle que estaba muy feliz y que esperaba que me acompañara junto con Minako-sensei, pero con esa noticia que me dio... derrumbó todas mis esperanzas y una pesada depresión me inundó.

Me quedé callado, sólo sonreí y le deseé lo mejor, después me fui a la competencia, la cual fue un asco. Me caí cientos de veces, quedé en último lugar y terminé haciendo el ridículo frente a muchas personas.

Hoy regresé de ese concurso, humillado y desesperado. Y he tomado una decisión... recién mandé mi solicitud a la universidad, pero no en la que ella estudia, no... mandé mi solicitud a la universidad de Detroit, en Norteamérica. De todas formas dudo que me acepten en la facultad de música, pero quise hacer el intento. En caso de que me acepten... bueno, no sé cómo se lo diré a mi familia. Tienen que tomarlo bien, después de todo ellos fueron los que me insistieron en que estudiara una carrera para dedicarme a ella cuando no patinara más. Había elegido música y todos parecieron muy conformes con ello, Mari-neechan dijo que era una pérdida de tiempo, pero no hay nada más que me guste así que... Ahora sólo me queda esperar los resultados.

Quiero ir a Detroit por tres razones: Estudiar música, encontrar un buen entrenador y poner tierra de por medio con Yuko. No soporto verla con Takeshi, es doloroso."

El ruso apretó las hojas entre sus manos. Los sentimientos de Yuuri eran tan palpables y profundos, él en verdad sufría por Yuko. También se había dado cuenta de algo muy curioso, Yuuri estaba haciendo lo mismo que en ese entonces: "Poner tierra de por medio".

Se estaba dando cuenta de que a su amado le faltaba madurar un poco, y no era el único, pues él mismo estaba muy celoso de Yuko a pesar de que actualmente era casada y tenía a tres lindas niñas. Sí, se dio cuenta de que a ambos les hacía falta un buen golpe de madurez.

En enero del 2010 Yuuri volvió a escribir en su diario.

"¡Estoy feliz! Aunque no debería estarlo en realidad, pues Yuko me acaba de decir que ella y Takeshi terminaron, fue una ruptura definitiva y siento que es mi oportunidad. Ella vino a mí en busca de consuelo, platicamos por horas y nos despedimos con una sonrisa, al parecer logré animarla un poco. ¿Será muy pronto para decirle lo que siento? Sí, definitivamente lo es. Esperaré un par de semanas, la invitaré a salir y me confesaré.

¡Estoy tan nervioso y emocionado!

Mis ánimos están renovados. No me molestaría estudiar una carrera cualquiera en la universidad de la ciudad, tampoco me importa no viajar o no cumplir mis sueños, yo sólo quiero estar a su lado para siempre"

Tomó esa sola hoja entre sus manos, la hizo bolita con coraje y la lanzó lejos. Makkachin se emocionó, moviendo la colita y yendo hacia la bola de papel. De inmediato la tomó entre sus fauces y se la llevó a su amo.

—No Makkachin, eso es basura —hizo un lindo puchero y volvió lanzar la bola lejos. Esta vez el perrito no fue en su búsqueda—. Buen perro —acarició su esponjoso pelaje—. Yuuri era un tonto, mira que renunciar a todos sus sueños sólo por ese "amor" —resopló—. Eso ni era amor. Lo nuestro SÍ que lo es —soltó un largo suspiro y continuó con la siguiente página.

"No sé qué hacer. Recibí mi carta de aceptación a la universidad de Detroit, aún no se lo he dicho a nadie, y... creo que la voy a rechazar. Mi relación con Yuko va mejor que nunca, nos vemos a diario, salimos a pasear y creo que puedo llegar a gustarle muy pronto"

—¡Yuuri no seas tonto! —se exasperó, soltó un bufido lleno de desesperación y miró a Makkachin—. Tengo ganas de viajar al pasado y hacerlo entrar en razón —le dijo al can, quien sólo levantó ambas orejas sin entender.

Volvió al diario, notando que más abajo siguió escribiendo, pero la tinta era diferente, y la manera de escribir también.

"Todo se acaba de ir a la mierda. Cité a Yuko en el Ice Castle, para decirle mis sentimientos, pero se me adelantó y terminó confesándome que Takeshi acababa de buscarla para pedirle perdón, y que ahora ambos estaban felizmente juntos. Incluso me dijo que la cosa iba más en serio que nunca. Estaba muy feliz, dijo que él era el amor de su vida y que esperaba casarse con él.

Fue un golpe bajo para mí. Quise decirle de todas formas lo que sentía, pero no pude. Se formó un nudo muy fuerte en mi garganta y sólo fui capaz de abrazarla y felicitarla por ello, luego le dije que me iría lejos y que no volvería en varios años.

Ahora más que nunca estoy seguro de mi viaje, no retrocederé nunca más. Retomaré mis sueños, seré el mejor patinador de Japón y conoceré a Viktor en un GP, competiré contra él y algún día compartiremos el podio, yo lo sé. Mi motivación va a ser distinta, mis pensamientos ya no estarán ocupados por ella, el patinaje ocupará el 80% de mi vida y el otro 20% será llenado por la universidad.

Aún faltan varios meses antes de que me vaya, pero debo prepararme, y preparar a mi madre, quien no sabe aún sobre mi decisión, quizás entristezca un poco."

Viktor frunció un poco el ceño. Estaba descubriendo facetas de Yuuri que desconocía. Se estaba dando cuenta de que en verdad era muy fuerte emocionalmente, sus emociones las vivía al máximo y era por ello que tendía a reaccionar de esa forma ante una decepción. Vivía sus emociones con mucha intensidad, y por eso sufría tanto cuando algo no salía como lo esperaba.

Entonces podía decir que lo entendía un poco mejor. Entendía, mas no justificaba su comportamiento actual. Sabía sin dudas que Yuuri lo seguía amando tanto como él lo hacía, sólo se sintió muy inseguro al saber esos secretos que le ocultaba, se sintió defraudado y poca cosa.

—Dios... tengo que ir tras él cuanto antes —comenzó a morderse las uñas, sintiéndose cada vez más culpable. Estuvo a punto de tomar el teléfono de su apartamento y llamarlo, pero no, decidió que debía darle espacio, no debía asfixiarlo.

Se dejó caer en el sillón y luego miró su impresora a lo lejos. Ya había salido el diario completo. Sus ojos brillaron de emoción y corrió hacia esas hojas antes de volverse a tumbar sobre el cómodo sofá.

Tomó la hoja que seguía a la última que leyó y se emocionó al ver que era a finales del 2010, para esas fechas Yuuri recién había cumplido los dieciocho años y ya estaba en Norteamérica, al parecer se llevó el diario consigo.

"Hoy fue un buen día. Llegué a Detroit y me instalé en los dormitorios de la universidad. Me tocó compartir habitación con un chico muy agradable, su nombre es Phichit y según entendí viene de Tailandia, es muy agradable y al parecer ama tomarse selfies. Cuando puse un solo pie en la habitación, se emocionó y luego de presentarse pidió tomarse una foto conmigo, la cual subió de inmediato a las redes sociales. Tengo el presentimiento de que seremos buenos amigos, no soy bueno en esto de socializar, pero con él es sencillo. Es tres años menor que yo, pero eso no parece incomodarle, por cierto... él no está aquí por la universidad, es decir... vive aquí porque está siendo entrenado por Celestino, mi nuevo entrenador"

Avanzó a la siguiente hoja, meses después de su primer día en la universidad.

"Me gusta mucho este país, tardé un poco en aprender el idioma al cien por ciento, pero valió la pena. He logrado hacer amigos y me siento muy a gusto en los entrenamientos junto a Phichit-kun, la pasamos muy bien y Celestino es muy buen entrenador, se toma las cosas muy en serio y nos da muy buenos consejos, quiere que los dos logremos participar en un GP muy pronto. Y a decir verdad es lo que más quiero, porque Viktor estará ahí. Hablando sobre él... fue muy vergonzoso cuando Phichit-kun descubrió los posters que tengo de Viktor. Llegué a imaginar que tendría el mismo amor que yo hacia él, pero me sorprendí cuando no fue así. Entonces fue más vergonzoso sacar y poner en las paredes todos mis posters, pero tenía que hacerlo, es Viktor después de todo, amo mis posters de él."

El ruso contuvo un gritillo de emoción.

Las siguientes hojas que Viktor leyó trataron absolutamente sobre el entrenamiento de Yuuri junto con Phichit. Leyó cómo la amistad de éstos fue creciendo poco a poco. De pronto Yuuri había dejado de hablar de sus sueños y metas, sólo se limitaba a hablar sobre su rutina, tal como hacia cuando era apenas un niño. Esto lo hacía pensar en que quizás se sentía algo solo.

Había días buenos y había días malos también. Pero en cada escrito Yuuri se veía seguro y decidido a perfeccionarse en el patinaje. Todo iba de maravilla hasta que escribió algo con mucho desánimo, al parecer se había caído al dar un mal salto, se lastimó un tobillo y no pasó a más, pero Viktor pudo palpar la decepción en cada palabra escrita en esas hojas. Yuuri era muy cruel y severo cuando de juzgarse a sí mismo se trataba, era exigente y firme. Lo estaba confirmando justo ahora al leer ese pequeño párrafo en medio de toda la página.

"No sirvo para nada. No soy capaz de mejorar mi rutina, tampoco de perfeccionar los saltos. Muero de hambre, pero si como, engordaré demasiado y no puedo darme el lujo, no ahora que tengo posibilidades de ir a mi primer GP. Ansío conocer a Viktor, sólo por él hago estos sacrificios, pero a veces siento que no puedo más... no logro hacer las cosas bien. Soy un total fiasco"

Al día siguiente...

"Yuko me envió una invitación para su boda con Takeshi"

Y no había más letras en toda la página, miró el diario original y vio que sólo lo acompañaban las marcas de unas cuantas lágrimas.

Días después:

"No pasé al GP, cada vez estoy más lejos de mi sueño"

Viktor sintió un hueco en el pecho. Su pobre Yuuri había pasado por muchas dificultades antes de conocerlo. Y se había dado cuenta de algo muy importante y sorprendente: Yuuri había estado solo en casi todas las etapas de su vida. Sí, su familia siempre lo apoyó incondicionalmente, pero él nunca se abrió con nadie, sólo con ese diario, su confidente.

—No estoy haciendo bien al leerlo —murmuró de pronto, dejando las hojas a un lado.

Pero no pudo contenerse y continuó. La siguiente página le sacó una sonrisa triste. Estaba leyendo en fechas del 2012, su Yuuri tenía ya veinte años y la fecha era justamente el 24 de diciembre, un día antes de su cumpleaños.

"Son vacaciones de navidad. Phichit se fue a casa con su familia, y yo... bueno, pude hacerlo también, pero no quiero regresar a casa aún, así que me he quedado solo en mi habitación. Compre comida rápida y un par de galones de helado de fresa que terminé mientras veía todos los programas de Viktor desde su primera presentación junior, hasta la de éste último GPF. Tengo todas y cada una de sus rutinas guardadas en mi laptop, y suelo verlas cuando siento que necesito motivación, justo como ahora..."

"Ya es 2013 y Yuko no dejó de buscarme hasta que le respondí, estaba preocupada porque no fui a su boda y también quería informarme una noticia muy importante: Estaba embarazada, de trillizas. Sólo pude responderle un e-mail, felicitándola por su matrimonio y su nueva familia, pero nada más. Me era muy difícil imaginar a mi gran amor platónico casada y con hijos. Lo más lejos que llegué con ella fue aquel baile de secundaria al que la invité, y sólo como amigos, pues ella estaba enamorada de Takeshi y éste estaba fuera del país. Debo admitirlo, nunca tuve oportunidad con ella.

Tengo que olvidarla."

Viktor sonrió suavemente, hizo los celos a un lado y comprendió los sentimientos de su amado. Él también en algún momento de su vida pasó por ello, por ese sentimiento de creer estar enamorado de una chica. La única diferencia entre él y Yuuri era que él jamás sintió algo fuerte por alguna de esas mujeres. Irina era un caso distinto, ella siempre fue su mejor amiga, y seguía siéndolo, jamás pudo verla como "el amor de su vida" a pesar de haberse casado con ella. Era extraño.

La siguiente página del diario era del año 2015, el primer GPF de Yuuri, su gran fracaso.

"Oh por Dios, estoy tan nervioso que me he atragantado con toda la comida que se me puso en frente. Hoy fue el programa corto... ¡De mi primer Grand Prix! Es la primera vez que llego tan lejos, no puedo creer que mi sueño se está cumpliendo. Hoy vi a Viktor patinar en vivo, frente a mí, estuvo a unos metros de mí ¡Dios mío! Quise acercarme y saludarlo, pero no puedo, la vergüenza me gana por mucho, además que soy muy poca cosa para que me ponga atención, debo mejorar y que me conozca por mi trabajo en la pista de hielo. Hoy estuve muy nervioso en mi programa corto, pero me fue bien de todas formas. Espero superar mi puntaje el día de mañana, en la gran final. Estoy ansioso, tengo posibilidades de compartir el podio con Viktor.

Quiero dormir, ya son las tres de la mañana y estoy escribiendo esto mientras me como unos twinkies, estas cosas son asquerosamente deliciosas, engordan el trasero demasiado, pero los adoro y creo que me las merezco después de un año completo de dieta rigurosa.

Estoy muy nervioso y puedo comerme lo que sea que me pongan en frente.

Quizás debería salir a caminar un rato por el hotel, despejarme un poco..."

Ahí terminó la hoja, pero al darle la vuelta notó que seguía el escrito del mismo día, un poco más tarde.

"Estoy regresando de caminar por los pasillos del hotel, mis manos aún tiemblan, y es que me lo topé de frente ¡A Viktor! Yo regresaba a mi cuarto cuando de pronto escuché a alguien hablando ruso. Nunca antes había escuchado su voz, pero por el simple hecho de tratarse de ese idioma enfoqué la mirada y lo reconocí. Venía caminando por el mismo pasillo, de frente a mí. Iba platicando con su compañero ruso, pequeño y rubio. No recuerdo su nombre, pero nunca voy a olvidar la mirada tan intimidante que me dirigió hace unos momentos. No sé qué hacían a las tres de la mañana por los pasillos del hotel, pero me hizo muy feliz verlo. Lo mejor fue que... ¡Me sonrió! ¡Viktor Nikiforov me sonrió! Lo hizo cuando cruzamos miradas ¿Me habrá reconocido? ¿Le habrá gustado mi presentación de hoy?

Ahora menos que nunca podré dormir"

—¿Qué? ¿Eso cuándo fue? —se asombró, no lo recordaba en lo absoluto. Recordaba que en la madrugada de la final no había dormido mucho porque el abuelo de Yurio había sido internado de emergencia en el hospital, por eso se desvelaron mucho charlando, bueno, en realidad Viktor sabía que su amigo no dormiría en toda la noche, así que fue a buscarlo y charlaron un rato.

Pero no recordaba haberse topado con Yuuri, y de ser así obviamente no lo olvidaría ¡Se trataba de Yuuri, por Dios! Además... no se lo había dicho por vergüenza, pero él había logrado llamar su atención desde el momento en que presentó su programa corto. Le había fascinado su estilo, su manera tan original de mover su cuerpo al ritmo de la música, compenetrándose tanto en ésta que sus extremidades parecían hacer melodías con esos movimientos sutiles y atrapantes. Algo tenía Yuuri Katsuki que no supo describir, era algo que lo obligaba a no despegar la vista de él.

Conforme avanzaba en el diario iba conociendo más a su katsudon. Hasta ahora pudo ver lo mucho que siempre lo admiró y cómo se ponía nervioso y emocionado al estar cerca suyo. Esto definitivamente inflaba su orgullo y lo hacía sentirse muy halagado, pero le entristecía no recordar ese encuentro en el pasillo, quizás se debía a la situación que había estado atravesando con Yurio.

La siguiente hoja tenía un escrito muy largo.

"Perdí, quedé en último lugar. Mi presentación fue un asco, ha sido la vergüenza más grande de mi vida. Tuve la oportunidad de sorprender a Viktor con todo mi esfuerzo, pero hice todo lo contrario, destaqué por ser el último en la tabla de resultados; quería que él me conociera por el talento que creía tener ¡Ja! Soy un imbécil. No debí haber comido twinkies, mi estómago ya no estaba acostumbrado a tanta comida chatarra y ese día pagué las consecuencias, no pude hacer ni un salto simple sin caer al hielo. Estoy tan avergonzado que no quiero volver a competir.

Lo que más me entristeció fue el momento antes de salir del centro deportivo. Miré a Viktor a lo lejos, estaba con el chico rubio de mirada severa. No pude evitar mirarlo fijamente, después de todo era probable que esa fuera la última vez que lo viera tan cerca y en vivo. Creo que lo miré demasiado, pues alzó la mirada hacia mí y el corazón se me paralizó al ver que sonreía '¿Me habrá reconocido?' fue lo que pensé, pero vaya error. Sólo creyó que se trataba de uno más de sus fans, me miró con su amplia sonrisa y ofreció tomarse una foto conmigo. Me sentí humillado. Fui un idiota al creer que podría conocer a mi ídolo en la pista de patinaje. Cuando sus ojos descubrieron mi mirada pensé que me diría cualquier cosa menos esa pregunta: '¿Quieres una foto?' sí, soy su fan, pero es increíble que pensara que sólo era eso y ¡No! yo competí contra él en Sochi. Fuimos rivales aunque él haya quedado en primer lugar y yo en último.

No pude reaccionar, ni responderle nada. Los ojos se me llenaron involuntariamente de lágrimas y sólo pude irme de ahí sin decir nada. Él no me había reconocido en ningún momento, sólo estaba siendo amable, tal como lo es con todos sus fans.

Eso sólo me hizo desear volver a Detroit y encerrarme en mi cuarto, lejos de todo y de todos. Luego Celestino me recordó que debía asistir a la fiesta del banquete, lo cual me incomodó bastante, pues ahí estaba él, rodeado de todos sus seguidores y yo perdiendo mi oportunidad de conocerlo en persona, hablarle, entablar una conversación con mi más grande ídolo.

No recuerdo bien qué hice esa noche. Sólo sé que comencé a beber, después de todo no conocía a nadie más que a Celestino, quien se la pasó charlando con sus colegas y yo me quedé solo junto a la mesa de aperitivos y bebidas. Después de mi quinta copa perdí la cuenta, seguí tomando y hoy amanecí en mi habitación de hotel, medio desnudo en mi cama, y con una resaca de los mil demonios. No recuerdo cómo fue que llegué a mi cuarto, sólo ruego a Dios haberme desnudado aquí, antes de meterme a la cama, y no allá en frente de todos.

Lo más extraño de todo fue que una deliciosa fragancia estaba impregnada en mi cuerpo. No la reconocí como mía y tampoco logré recordar algún conocido que la tuviera. Quizás era de alguien que me ayudó a llegar a la habitación y se me pegó el olor de su loción. Aunque me gustaría saber cuál es... olía demasiado bien, era un aroma seductor, profundo e inolvidable.

En fin... hoy mismo regresaré a Detroit, terminaré los meses que me faltan en la universidad y volveré a casa después de graduarme."

No había más escritos hasta después de un par de meses. Viktor no sabía qué pensar ni decir, estaba muy concentrado en su lectura. Se estaba adentrando en los pensamientos de Yuuri, estaba conociendo todo lo que vivió y lo que jamás se atrevió a decirle a nadie más. En cierta forma le emocionaba pensar que ninguna otra persona había leído esto antes. Se sintió feliz al poder conocer este lado de Yuuri tan íntimo, aunque fueran momentos tristes. Se sentía mal por él, su pequeño había pasado por muchas dificultades antes de llegar tan lejos, pero admiraba que nunca se dio por vencido.

"Creo que he aumentado mucho de peso en tan sólo dos meses. Abandoné todo tipo de dieta y he comido cualquier cosa que se me atraviesa en frente, en especial los twinkies.

Aún no me recupero de aquel comentario de Viktor. Tengo pesadillas con él ofreciéndome una foto, como si sólo fuera uno más de sus fans. Bueno, lo soy, pero no sólo su fan, soy su rival... o al menos eso creía.

Aun así, no pude perderme su más reciente presentación, la última que vería antes de regresar a casa y enfrentar el campeonato mundial al cual obviamente no pude llegar con mi nulo talento.

En esta última presentación me sentí tan... extraño al verlo de nuevo en pantalla luego de presenciar su rutina en persona. Verlo en la tv me transportó a cuando lo vi por primera vez en vivo, hace un par de meses. Aquella vez fue maravilloso verlo patinar así, parecía que brillaba, como un ángel o un ente inmortal, todo un dios griego...

¿Qué demonios estoy diciendo? ¡Él es un hombre! Y yo también.

Lamento tanto haberme puesto nervioso frente a él. No me atrevía a hablarle y es posible que jamás lo vuelva a ver. Eso me deprime a grados inimaginables. Me siento poca cosa, incapaz y pequeño. Voy a regresar a casa con las manos vacías después de cinco años de arduo entrenamiento"

Días después:

"Me cansé de estar deprimido y comencé a pasar más tiempo en el hielo. Tuve tiempo de sobra y decidí tomármelo para reflexionar y encontrarle de nuevo el sentido al patinaje. Regresé a mis raíces, a aquello que me motivaba a ser un mejor patinador: Viktor Nikiforov. Observé atentamente su última coreografía y recordé los tiempos en que Yuko y yo solíamos imitarlo, eran tiempos muy buenos, yo era realmente feliz. No pude evitarlo, usé mi tiempo libre para observar, aprender, practicar e interpretar a la perfección la rutina de "Stammi Vicino". Esto me devolvió un poco los ánimos; aun así, en la universidad mis amigos lo notaron e intentaron animarme, pero me incomodó que quisieran acercarse tanto a mí. Por alguna razón prefiero pasar el tiempo en mi habitación (Afortunadamente Phichit ya regresó a su casa y tengo el cuarto para mí solo) tocando el teclado y componiendo música. Esto es lo único que me ha mantenido con ánimos. Además de este diario, tengo a la música para expresarme libremente, con ella me puedo desahogar de una manera increíble, puedo componer melodías que expresen mi sentir. Desde que regresé a Detroit he escrito tres melodías en piano, mi profesor de composición me felicitó y dijo que podría graduarme sin problemas este semestre, también me sugirió que las pusiera en venta, que quizás habría directores de cine a quienes les gustaría comprarlas, pero no, simplemente no puedo mostrárselas a nadie. Estas melodías tienen tanto de mí que sería como mostrarles este diario.

Curiosamente no me he podido sacar a Viktor de la cabeza, y es cuando compongo que está más en mi mente. Pienso mucho en él, diferente a como lo hacía antes.

Anoche tuve un sueño muy extraño, sobre la fiesta del banquete. Soñé que le pedía a Viktor que fuera mi entrenador ¡Vaya que fue gracioso! Aunque ahora que lo pienso... sería todo un sueño hecho realidad. Tenerlo tan cerca de mí sería increíble. Creo que me desmayaría si eso ocurriera algún día."

Dos meses después:

"Regresé a casa y fue muy vergonzoso ver cómo me recibió Minako-sensei, yo sólo quería llegar a casa y ocultarme del mundo, tampoco quería que vieran lo mucho que engordé, pero fue un intento en vano. Minako-sensei se percató de inmediato de mi gordura, me sentí muy incómodo, pero lo único que realmente quería era engullirme varios tazones de cerdo, lo cual logré gracias a mi consentidora madre.

Entré a las aguas termales luego de cenar y en verdad me sentí incómodo con mi cuerpo, nunca había estado tan gordo.

Luego de despedirme de Vi-chan, fui directo a practicar un poco al Ice Castle, preparándome mentalmente para ver de nuevo a Yuko, pero nadie me preparó para lo hermosa que se veía, mucho más que antes. Ella se puso muy contenta de verme, al principio no me reconoció y me sentí un poco cohibido, pero al final terminamos sonriéndonos como siempre, como si no hubieran pasado cinco años sin vernos.

Estaba por cerrar el lugar, pero lo dejó abierto un rato más para que pudiera practicar solo, recordó que prefería hacerlo a solas, sin espectadores o más patinadores en la pista. Entonces patiné "Stammi vicino" para ella y parece que le encantó.

Mientras patinaba pude sentir el anhelo y la añoranza que transmitía Viktor al interpretar esa canción, lo sentí y esperaba poder transmitirlo de igual forma, quería que Yuko sintiera lo mismo que yo al verlo a él. Al hacer la rutina sentí algo muy extraño. En un principio lo hacía por ella, pero de pronto las cosas cambiaron, mi mente fue ocupada completamente por él, sólo por él y... y todo cambió. Esa fue la última vez que patiné para ella, ahora había alguien más en mi mente y en mi corazón mientras patinaba.

Cuando terminé la rutina me sentí extrañamente libre. La miré y fue como si un interruptor hubiese sido apagado en mi corazón. Ese sentir no estaba más en mí. Lo noté cuando corrió a felicitarme y no sentí mi corazón acelerándose como antes.

No sé qué fue lo que pasó exactamente, pero yo dejé de amarla en ese momento, en el momento exacto en que sentí "Stammi vicino" como nunca antes.

Entonces conocí a sus hijas, tres lindas niñas que al parecer eran fans mías y de Viktor también. Luego llegó su padre y se portó extrañamente amable conmigo. Creo que nos hicimos amigos..."

—Oh por Dios... Yuuri —se llevó una temblorosa mano a la boca—. Te llegaron, mis sentimientos te llegaron —esbozó una sonrisa incrédula y llena de felicidad, un par de lágrimas se asomaron a sus ojos ¿Y por qué no? después de todo se había esforzado bastante en interpretar bien esa rutina. Luego de haber conocido a Yuuri en el GP y de ver cómo su cuerpo hacía música, una inspiración arrebatadora lo invadió, haciéndolo mejorar su programa libre. También estaba el hecho de que había tenido un acercamiento a ese hermoso patinador japonés, justo en la noche del banquete, fue un acercamiento que no lo dejó dormir por días, emocionado como pocas veces en su vida. Yuuri había sido como un terremoto tanto para su vida personal como profesional.

El sentido de "Stammi Vicino" había sido completamente cambiado después de que tuvo contacto con Katsuki.

Y ahora, unos años después, podía confirmar que los sentimientos que tanto anhelaba transmitir, habían sido interpretados de manera correcta por la persona indicada. Había cumplido su misión. El mensaje le había llegado a su amado.

Miró la fecha en que escribió esa página y sonrió con sorpresa al notar que se trataba del mismo día en que él presentaba esa rutina en el campeonato mundial. Yuuri y él posiblemente habían interpretado la misma rutina al mismo tiempo.

Llevó las hojas contra su pecho y cerró los ojos, conteniendo sus lágrimas de emoción. Entonces posó un mano sobre su cabeza, sintiendo que ésta aún le dolía bastante. Recargó la nuca sobre el descansabrazos del sofá y cerró los ojos un momento, éstos le ardían demasiado y la cabeza le iba a explotar. Entonces tuvo la gran idea de ver la pantalla de su nuevo celular.

Ya era la una de la tarde.

Cuando empezó a leer el diario era aún de madrugada ¿Tanto tiempo había pasado ya? Miró a Makkachin y el pobre hizo un gruñido muy chistoso, tenía hambre y seguro era por eso que su cabeza quería estallar, le hacía falta alimento, a ambos en realidad.

Muy a regañadientes dejó las hojas sobre la mesita de la sala y fue directo a la cocina a prepararse algo rápido y para alimentar a su querida mascota también. Optó por comer sopa instantánea, no tenía ganas de cocinar, además de que no sabía hacer mucho.

Muy pronto volvió a su lectura, ansioso por ver qué más había escrito su amado Yuuri, quería descubrir más facetas de su gran amor, y bueno... tampoco iba a negar que le encantaba enterarse por el mismo Yuuri cómo era que se ponía tan nervioso al tenerlo cerca. Era casi como si estuviera leyendo las memorias de él en esos días.

La siguiente hoja era una de las que más ansiaba leer. Era del día en que apareció en las aguas termales de Hasetsu.

"No puedo creerlo..."

Eso decía la hoja. No contuvo sus ganas y lo leyó en el diario original, notando con regocijo que la caligrafía era temblorosa y poco legible. Lo había escrito mientras temblaba de emoción, era un hecho.

La siguiente hoja decía más cosas.

"Anoche no pude escribir nada más, estaba demasiado sorprendido y emocionado. Y es que... ¡VIKTOR NIKIFOROV ESTÁ EN MI CASA! Dijo que quería ser mi entrenador, que me haría ganar el siguiente GPF y que viviría conmigo mientras tanto. Lo vi desnudo, casi me desmayo, lo vi dormir con Makkachin (se veía tan adorable), lo vi comer tres tazones de cerdo sin remordimiento y lo vi de cerca, muy de cerca..."

Viktor soltó una risita. Todo estaba escrito con demasiada prisa, sus palabras no tenían mucha coherencia, sí que se había emocionado.

"...él es simplemente muy... ¡Es increíble! Hace que me ponga muy nervioso. No entiendo por qué se me acerca demasiado, toca mi cuerpo con mucha confianza, como si nos hubiéramos llevado así desde siempre, pero... nos acabamos de conocer, no entiendo por qué se comporta así"

De nuevo soltó una risilla. Su Yuuri no recordaba la noche del banquete, por eso se asombró tanto ante su cercanía. De verdad que él no se imaginaba que en ese entonces su pequeño no recordara nada. Ahora le parecía tan divertido, aunque en ese momento le entristeció mucho que él no correspondiera como en la noche del banquete.

El diario continuó días después.

"Viktor me prohibió poner un pie dentro de la pista a menos que volviera a mi peso del GP del año pasado. Lo que me hace pensar... ¿Cómo sabía cuál era mi peso en ese entonces?

En fin... Yuri Plisetsky viajó desde Rusia hasta mi hogar sólo para llevarse consigo a Viktor. Por un momento temí que ambos regresaran a su país, pero Viktor decidió quedarse, eso me hizo muy feliz. Yuri también se quedó y tuve el tiempo suficiente para ir conociéndolo cada vez más. A primera instancia cualquiera se sentiría intimidado por él, o incluso no se sentiría a gusto con una persona tan huraña, pero una vez que lo conoces te puedes dar cuenta de que es un buen chico, apenas tiene quince años, sigue siendo un niño y es divertido ver sus sobrerreacciones ante cada circunstancia.

Debo admitir que odio que me llame "katsudon" o "gordo" pero logré entender que así es su forma de tratar a los que estima, pues a Viktor lo llama "viejo" la mayoría de las veces.

También hay otro asunto... ayer tomamos un baño en el onsen, los tres juntos. Fue chistoso ver cómo Yuri se apresuró en lavarse el cuerpo para ser el primero en entrar a las aguas termales, sólo para que nadie lo viera desnudo. Aunque para mí fue algo vergonzoso entrar cuando él ya estaba dentro de las aguas. Afortunadamente se giró al ver que entraba y se alejó mucho de donde me encontraba. Fue divertido, pero la diversión se terminó cuando Viktor entró, listo para meterse al agua, pero antes pidió que le tomáramos fotos, desnudo... no le importó que ambos estuviéramos frente a él. ¡Ni siquiera se cubrió un poco! Parecía que era su intención que lo viéramos totalmente expuesto. Yo definitivamente desvié mi mirada, no sé por qué, pero no podía poner mis ojos ahí... en cambio Yuri lo miró, hizo una mueca de desagrado y le gritó que tuviera al menos un poco de pudor."

Días después.

"Competiré contra Yurio (Sí, Yurio, mi hermana lo bautizó con ese nombre) para ver quién se queda con Viktor. No puedo evitar verlo de esa manera, pues, si gano... me entrenará, pero si Yurio gana, se irá con él a Rusia. Tengo mucho qué perder si no gano esa competencia.

Me asignó 'Eros' y no tengo ni la menor idea sobre cómo desarrollar mi eros, es decir... ¡Nunca había pensado en eso!

Hoy en la noche Yurio y yo estábamos tan exhaustos que ni siquiera teníamos energías para cenar, a diferencia de Viktor, quien comió como si no hubiera un mañana. Sentí envidia, él puede comer lo que sea y nunca engorda, incluso cada vez se ve mejor. Y yo sólo he comido verduras y pescado al vapor durante semanas. Afortunadamente recuperé mi peso normal, pero estoy hambriento... tenía tanta hambre que babeé sobre la mesa al ver el katsudon que Viktor se comía, fue en ese momento en el que me di cuenta de algo: El katsudon era mi 'eros'. Lo dije en voz alta e hice el ridículo más grande de mi vida. Viktor pareció enternecido, pero eso sólo me avergonzó más."

Pasaron muchos días antes de que volviera a escribir en su diario. Notó que la fecha de la siguiente página era después de que ganó la competencia de "aguas termales sobre hielo" y de verdad que quedó asombrado. Sintió que sus mejillas se sonrojaron y una sonrisa boba adornó sus labios al leer lo que estaba escrito en esa página.

"Hoy ocurrió algo muy vergonzoso. En la mañana Viktor vino a despertarme, pero tuve que correrlo de mi cuarto y no precisamente para evitar que notara mi colección de posters de él... la realidad es que tuve un sueño un poco subido de tono. En mi sueño él entraba a mi cuarto en la madrugada y ambos hacíamos cosas que jamás he hecho con nadie más.

Me siento confundido. Es decir, él es un hombre al igual que yo. No debería estar sintiendo esto por él.

Si lo pienso y me pongo a comparar este sentimiento con lo que sentía por Yuko... no, no hay comparación. No puedo comparar dos cosas completamente distintas. Yuko fue mi primer amor, una ilusión de amor que jamás se hará realidad. En cambio, Viktor es mi más grande ídolo desde que era un niño, siempre lo he admirado y ahora que lo conozco más de cerca puedo darme cuenta que este sentir por él no sólo es admiración. Mi corazón se acelera cada vez que se me acerca, cada vez que me abraza o tiene acercamientos confianzudos conmigo, es como si una onda de electricidad atravesara todo mi cuerpo, es... es... maravilloso.

Pero lo que ocurrió hoy en la mañana fue épicamente vergonzoso. Él quería entrar y despertarme. Y lo único que yo quería era ocultarme y evitar que viera la gran erección que me causó ese sueño tan poco apto para niños. Él es mi verdadero eros, pero nunca lo admitiré. Seguiré diciendo que se trata del katsudon, aunque en mi mente sólo esté él.

Demonios, este hombre hace que dude de mi sexualidad. Y creo... creo que me estoy enamorando."

—¡Dios mío! —lanzó las hojas lejos y se llevó ambas manos al rostro, muy emocionado y sorprendido por lo que acababa de leer—. ¡Él me quería! Ya me quería desde entonces.

Makkachin brincó sobre su amo, emocionado al verlo tan feliz.

—Y él... —soltó una risa coqueta—... él soñaba conmigo —se llevó el dedo índice a los labios, recordando los sueños eróticos que él mismo tenía con Yuuri.

Esa página había sido una de las más hermosas, pues descubrió que Yuuri lo deseaba de esa forma desde un principio. Se alegró por ello y hasta cierto punto aumentó un poco más su ego. Desafortunadamente la siguiente página no era muy alentadora. Katsuki había dejado de escribir a partir de ese momento y no volvió hacerlo sino hasta luego del GPF, en el año 2017, cuando despertó del coma.

"Hola, sé que no he escrito en un largo tiempo. Ocurrieron cosas y... bueno, no han sido cosas muy buenas. Estuve en coma seis meses y Viktor estuvo cuidando de mí. Me siento mal por él, seguro fue mucho más difícil para él, después de todo seis meses no es poca cosa. Esto sólo me hace pensar que de verdad soy muy importante para él, tanto como lo es él para mí.

Desde que desperté me he sentido algo desorientado. Aún recuerdo la expresión que puso Viktor cuando no logré recordar su nombre. Imagino que debió ser duro, no me hubiera gustado estar en su lugar. En ese momento no pensaba con claridad, no recordaba muchas cosas y me encontraba por completo confundido. Poco a poco las memorias fueron llegando a mí. Lo curioso es que pude recordar cierta noche que no había logrado traer de vuelta a mis memorias incluso antes del accidente, recordé la noche del banquete, cuando Viktor y yo casi... lo hacemos. Y creo que el desencadenante fue el delicioso aroma que desprendía su cuerpo. Esa loción, ese olor suyo tan característico fue como una bofetada mental y me transportó de inmediato a esa noche, recordando el agradable y atrapante aroma que se quedó impregnado en mi cuerpo.

Además de esa noche y del nombre de Viktor, había olvidado por completo que él y yo somos novios desde noviembre. De nuevo me sentí muy mal por él, le hice pasar momentos muy difíciles y aun así permaneció a mi lado. Su expresión dolida cuando le dije que sólo era mi entrenador... Dios, no la puedo sacar de mi cabeza. Afortunadamente ya recuerdo todo y me encuentro mejor que antes.

La vida es tranquila por el momento. Mi familia me cuida, Viktor me tiene muy consentido y también se ha tomado muchas confianzas conmigo, como por ejemplo: dormir todas las noches en mi cama. No hacemos nada más que abrazarnos y enredar nuestras piernas alrededor del otro. Él acaricia mi rostro y cabello hasta que caigo completamente rendido al sueño, y no sé cuánto tiempo más se queda observándome y acariciándome, pues a veces cuando despierto él ya tiene los ojos abiertos y me recibe con una sonrisa y un beso. Definitivamente la vida es buena con él a mi lado. Las circunstancias pierden su valor cuando está en mi mundo, todo problema deja de tener importancia.

No puedo negar que me siento extraño, sé que me he perdido de muchas cosas y me siento algo aturdido. El médico dice que es normal y que volveré a mi rutina en poco tiempo, quizás necesite un poco de rehabilitación física, pues todo el cuerpo me pesa y duele. Afortunadamente ya estoy en casa, el único inconveniente es que no he logrado dar ni dos pasos sin caerme al piso, sigo muy débil y debo moverme en silla de ruedas por toda la casa... aunque... hay algo que no le he dicho a nadie y creo que jamás lo haré, pues me avergüenza mucho, pero... me encanta que Viktor me cargue para evitar que use la silla.

Él siempre es muy cuidadoso cuando me carga, a veces lo hace en su espalda y es muy cómodo, aunque en ocasiones es un poco aprovechado y me manosea el trasero, aún no me acostumbro a eso, pero no me quejo. También hay ocasiones en las que me carga entre sus brazos, y esa es mi parte favorita del día. Uno de sus brazos se pasa por debajo de mis piernas y el otro por mi espalda, en un confortable abrazo. Yo aprovecho la oportunidad y escondo el rostro justo en el espacio entre su cuello y hombro. Descubrí que es un área muy sensible ya que su piel se eriza ante mi respiración chocando contra ella. También descubrí que su aroma es más intenso en el cuello, así que no puedo evitar acariciar disimuladamente su piel con la punta de mi nariz. Quizás soy algo atrevido, pero no puedo evitarlo, su calidez me envuelve y yo soy débil cuando se trata de él.

No puedo negar que me siento frustrado y un poco decepcionado por lo que he tenido que vivir en estos últimos meses, pero los cuidados de mi familia y de Viktor me levantan el ánimo de manera considerable.

Puedo ver que mi vida dio un giro completo desde la última vez que escribí en este diario. Ahora Viktor es mi novio, vivo en casa con él y mi familia, no puedo caminar bien ni moverme tanto, y quizás no vuelva a patinar en mucho tiempo. Sí, son cambios muy drásticos, pero llevaderos gracias a mi novio. Que extraño se siente escribirlo así 'Mi novio' lo que me hace pensar... ¿Él querrá que lleguemos a algo más? Es decir... últimamente cuando dormimos juntos puedo sentir que me abraza muy fuerte, y es agradable, pero me pongo muy nervioso cuando disimuladamente escabulle su mano bajo mi ropa. Suelo hacerme el dormido porque no sé cómo reaccionar. Nunca he sido acariciado de esa forma por alguien y tengo miedo de no saber corresponder bien a esos lindos gestos. No quiero decepcionarlo"

—Es verdad... recordabas la noche del banquete, pero no recordabas la noche en Barcelona, cuando estuvimos a punto de hacerlo y Yurio nos interrumpió —suspiró y se llevó una mano al corazón, sintiendo lo acelerado que estaba al leer todo esto. Era increíble cómo los sentimientos de Yuuri estaban tan perfectamente plasmados en esas hojas. Y podía ver con gusto que su amado en verdad lo deseaba.

"¡Estoy asustado! Desde que decidí dejar de hacerme el dormido y corresponder a sus caricias, hemos ido aumentando la intensidad cada noche. Y ha sido magnífico, pero... Estoy muy nervioso por lo que se avecina. Soy consciente de que no todo son besos y caricias, sé que se puede hacer algo más, pero tengo miedo. Justo anoche llegamos a un punto en el que la presión en nuestras entrepiernas era tanta que tuvimos que ducharnos con agua fría.

Quiero dar ese paso importante con él, quiero que sea mi primera vez, pero tengo miedo de no hacerlo bien ¿Y si duele? ¿Y si lo decepciono? No soy la gran cosa. De seguro él estuvo con muchas mujeres hermosas antes, quizás... quizás estuvo con hombres mucho mejores que yo..."

—¡No, Yuuri! —se exaltó—. Tú eres el mejor, el mejor de todos y de eso no hay duda alguna.

Cualquiera que lo viera se reiría, pues era casi como ver a un hombre gritándole al televisor porque su equipo deportivo iba perdiendo.

"No puedo creer lo que ocurrió. Me hubiera gustado escribirlo desde antes, pero el fin de semana entero estuvo muy... intenso. Puedo decir con certeza que jamás en la vida me había sentido tan feliz, tan amado y tan deseado. Viktor y yo al fin dimos ese gran paso y no pudo ser más perfecto. Él fue todo un caballero, fue cuidadoso conmigo y me amó con intensidad a cada segundo. Y yo no pude estar más feliz al entregarme en cuerpo y alma a la persona que más amo en este mundo.

Me conmoví tanto cuando descubrí todo lo que había tenido que hacer para tener un fin de semana a solas conmigo. Fue demasiado detallista, incluso buscó que fuera en casa, sólo para que me sintiera cómodo y con más confianza. Definitivamente no puedo describir con palabras lo que sentí y lo que sigo sintiendo. Me hizo descubrir facetas en mí que no sabía que tenía, y me enseñó que el sexo puede ser muy placentero...

En cuanto a eso... bueno, sí me puse muy nervioso, pero él tomó el control de la situación y logró que todo fuera perfecto. No voy a negar que me avergonzó demasiado cuando lo vi completamente desnudo. Esta vez sí me atreví a mirarlo bien, y vaya que casi me ahogo con mi propio oxígeno al ver la magnitud de sus atributos..."

Viktor soltó una carcajada muy nerviosa. Estaba sonrojado y emocionado al leer todo esto.

"... ese fin de semana fue el mejor de mi vida, hasta ahora. Pasamos tiempo juntos, a solas. Hicimos lo que se nos vino en gana, nos acurrucamos todo el día, comimos pizza, hicimos el amor muchas veces y de muchas maneras. Aún no puedo creer que logró quitarme la virginidad de maneras distintas ¡Dios! Lo escribo y me siento más abochornado al respecto.

Otra cosa que no me he atrevido a mencionar, es que... me dolió demasiado. Mi primera vez fue endemoniadamente dolorosa, pero entiendo que así debía de ser, al menos sólo al principio, porque después fue sublimemente satisfactorio. Nunca le voy a decir que me dolió mucho, no quiero hacerlo sentir mal..."

—Uhm... cuando tú me lo hiciste también fue doloroso —se quejó, inflando sus mejillas en un gesto casi infantil.

"...Jamás me había sentido más feliz. Me siento muy afortunado de tenerlo a mi lado. Viktor es sin duda alguna el amor de mi vida."

—Oh, Yuuri —se le inundaron los ojos en lágrimas, y con una sonrisa le dio vuelta a la página. Sintió como si un balde de agua helada le cayera encima cuando comenzó a entender de lo que se trataba esa página.

"No sé... no sé qué está pasando. Quizás estoy exagerando las cosas y sólo sea imaginación mía, o al menos eso espero.

Viktor se fue a Rusia a la boda de Yakov, dijo que regresaría en un par de días, pero hace rato llamó, diciéndome que tardaría dos semanas ¡Dos!

También vi algo que me causó mucho conflicto. Era una foto de la boda de Yakov y Lilia, pero junto a Viktor, colgada de su brazo, estaba una hermosa mujer. Nunca había visto que alguna amiga o fan lo tomara de esa manera, y menos que él lo permitiera tan deliberadamente. Debía tratarse de alguien importante. En fin, no quiero darle vueltas al asunto e imaginar cosas que no son, pero no puedo evitar enojarme al leer los comentarios de esa foto, donde toda la gente les decía que hacían bonita pareja, algunas otras personas preguntaban por mí y decían que quizás él se aburrió de lo nuestro y fue en búsqueda de algo nuevo. Todo eso me enojaba, y no podía evitarlo.

Decidí hacer algo durante estas dos semanas, hoy comencé a entrenar con Yurio y Otabek. Ambos me estaban ayudando a recuperar mi condición física. Era difícil, pero creo que lo estoy logrando. Quiero sorprender a Viktor cuando vuelva"

Días después.

"No debería sentirme así, pero tengo una gran inseguridad. Viktor está actuando muy extraño. No se da cuenta de que lo sé, pero me ha tocado ver en nuestras videollamadas que hay dos platos en la mesa y he escuchado de repente la voz de una mujer. Tengo miedo de que esté con alguien más... sí, soy un idiota al mostrarme tan inseguro, pero no puedo evitarlo. Siento que la distancia nos está afectando y siento también que hay algo que él no me ha dicho, y no puedo sacármelo de la cabeza"

—Dios mío... —se asombró y se sintió muy culpable. Su amado era más astuto de lo que creía, había notado ciertos detalles que lo orillaron a formar esas conclusiones. No lo culpaba, después de todo debió haberle dicho que tenía una ex esposa y que ésta seguía siendo su mejor amiga.

"Tuve que ir con el médico, no me sentía muy bien y además mi vista estaba fallando demasiado. Luego de unos exámenes me dijeron que era una secuela tardía de mi accidente. Al parecer seguiré perdiendo la vista gradualmente hasta que no pueda ver nada. Me ofrecieron un tratamiento, pero se trataba de una cirugía un tanto peligrosa. También me dijeron que podía no progresar la ceguera, y si se daba el caso podría mantenerme con mis anteojos, en cambio, si esto progresa necesitaré la cirugía. El doctor me dijo que la retina se me estaba desprendiendo poco a poco debido al traumatismo que sufrí. Esto me asustaba, nadie lo sabe y no quiero que lo sepan"

—¿Qué...? No ¡¿Por qué demonios no me lo dijiste?! —se enfadó tanto que Makkachin se le alejó un poco—. No puedes estar perdiendo la vista, eso no... —casi hiperventiló, tomó su teléfono y llamó por milésima vez a su amado, obteniendo el mimo resultado de siempre.

Lanzó las hojas lejos de su alcance, hastiado y muy frustrado. Estuvo cruzado de brazos por un buen rato, pensando y dándole vueltas al asunto, hasta que su estómago reclamó por alimento urgentemente.

Llevaba ya dos días leyendo el diario de Yuuri, dos días en los que sólo había dado una comida y un sólo baño. No se había levantado del sofá en horas y eso le estaba causando molestias musculares. Terminó optando por dejar de lado el diario, al menos unas horas. Así se fue a tomar un baño, se cambió de ropa, comió algo, alimentó a Makkachin (lo único que no había dejado de hacer en estos dos días además de leer) y se volvió a tumbar, sólo que en esta ocasión se recostó bocarriba en el afelpado tapete de la sala.

Tomó las impresiones y buscó justo en la que se había quedado. Cuando encontró la página notó que la fecha coincidía con el día en que regresó a Japón después de que Yuuri aceptara su propuesta de matrimonio. El día en que descubrió que no volvería a patinar.

"Descubrí que no puedo patinar. Intenté hacerlo y sólo caí una y otra vez al hielo. ¡Me siento desesperado! Viktor supo desde un principio que no volvería a patinar, al menos no profesionalmente y me enoja mucho que me lo haya ocultado de esta forma. Él mejor que nadie debería de entenderme, él como patinador profesional debe imaginarse lo fatídico que es recibir una noticia de esta magnitud, en especial de la forma en que yo me enteré.

Quise gritarle y decirle muchas cosas, pero me abstuve, nada ganaba con hacerlo. Ahora no logro animarme ni un poco. El patinaje era mi vida entera, era algo en lo que era bueno, podía llegar a ser el mejor del mundo, pero ahora no me queda nada.

No imaginé que así mi vida terminaría ¿Qué haré ahora? Sin el patinaje no sé quién soy. No tengo motivación, sólo me queda seguir viviendo, insatisfecho. Pienso en cómo será mi vida de ahora en adelante... esto no terminará, será como una guerra, sólo me queda seguir caminando de frente, esperando a que todo acabe..."

Viktor se sintió morir con estos párrafos. Lo entendía perfectamente, él como patinador profesional podía entenderlo a la perfección. Si eso le hubiera ocurrido a él... no habría reaccionado nada bien. Es más, si Yuuri no estuviera en su vida y de pronto le ocurriera un accidente de ese tipo y quedara incapacitado para patinar, no había de otra, estaba seguro que habría sido capaz de muchas cosas. Era una decisión muy drástica, pero, sin Yuuri a su lado sería capaz de muchas locuras, pues nada más lo ataría a este mundo. Para él sólo existía el patinaje, su hermano, Yurio y Yuuri. Sin ninguno de éstos no tendría sentido seguir viviendo. Yuuri era fuerte, resistió y decidió seguir adelante, aunque eso significara alejarse de él.

Esta era una gran diferencia entre ambos: Viktor, a pesar de tener una seguridad inquebrantable en sí mismo, no podía evitar fragmentarse al estar lejos de su amado, se había hecho demasiado dependiente de él, había encontrado en Yuuri todo aquello que le había faltado desde que era un niño. Y en cuanto al japonés... él había encontrado al amor de su vida en Viktor, se había enamorado perdidamente, le había entregado todo de sí, absolutamente todo, por lo cual se sintió enormemente traicionado y no supo cómo reaccionar ante una decepción de tal magnitud. Su principal reacción fue huir, ese fue su mecanismo de protección: terminar con todo y salir huyendo para acabar con ese amor tan fuerte que lo hacía sufrir.

Al día siguiente:

"Aún me siento algo avergonzado por cómo me comporté anoche con Viktor. Hicimos el amor de una manera un tanto salvaje y creo que se debió a mi mal humor. Al parecer a él le gustó y a decir verdad a mí me encantó, pero siento que fui algo rudo y lo lastimé, aunque no lo admitió en ningún momento. Me sentí más culpable cuando volví de asearme y lo encontré en el suelo de mi habitación, incapaz de ponerse en pie. Creo que me pasé un poco.

Hace poco desperté, sólo para descubrir que se fue de nuevo a Rusia ¿Por qué? No me lo dijo, sólo dejó una nota diciendo que no tardaría en volver. Me hizo sentir un gran vacío despertar y no encontrarlo a mi lado después de hacer el amor. Se la cobraré caro cuando lo vea de nuevo"

Las mejillas del ruso se incendiaron al recordar esa noche. Ahora entendía que Yuuri sí estaba molesto y por eso se había comportado así. Hizo nota mental: "molestarlo más seguido para tener sexo salvaje"

Estaba sonriente y divertido hasta que leyó lo siguiente:

"No le dije nada y decidí seguirlo a Rusia, sólo para darle una sorpresa, además de que lo extrañaba mucho, pero ahora me arrepiento enormemente. Descubrí que tiene a una mujer, los vi caminando del brazo, muy sonrientes y felices. ¡No pude soportarlo! No pude acercarme a ellos y encararlos, simplemente fui débil y salí corriendo.

Lo que nunca me esperé fue encontrarme a J.J. en medio de San Petersburgo. Me llevó a su casa con su esposa y me hizo una oferta muy difícil de rechazar. Dijo que en Canadá tenía a muy buenos conocidos que podrían ayudarme a recuperar mi estado físico y así volver a patinar. En verdad era tentador, pero no podía aceptar algo así, antes que nada debo regresar a casa y esperar a que Viktor volviera y me diera una buena explicación.

Y así fue, terminé regresando a Japón a pesar de toparme a Yurio, luego de que éste insistiera tanto en llevarme al departamento de Viktor para que aclaráramos las cosas. Y es que no podía encararlo en ese momento, debía esperar un poco y tomar las fuerzas necesarias para enfrentarlo sin soltarme a llorar. Por eso regresé a casa y ahora mismo estoy esperando su regreso.

Quiero que vuelva para poder hablar frente a frente, no quiero más secretos ni mentiras, lo obligaré a que me hable con la verdad."

Le dio vuelta a la hoja, con sus manos temblorosas y sus ojos vidriosos. No se había esperado todo ese contenido. Estaba ya por terminar el diario y cada vez le dolían más las palabras escritas en esas páginas.

"Suficiente. Ya tuve suficiente de Viktor Nikiforov, suficiente del 'amor'. Hoy me habló con la verdad y confesó que antes era casado, que la mujer con la que estaba en Rusia era nadie más y nadie menos que su querida ex esposa. Dijo que no debía preocuparme, después de todo eran mejores amigos, nada más ¡Vaya idiota!

Estoy realmente decepcionado. Me siento morir. Me enamoré profundamente de Viktor, le entregué todo de mí, mi cuerpo, alma, amor, mis caricias, mi primera vez. Le di todo y él me correspondió con secretos de esta magnitud.

Logró ser la persona más importante de mi vida para luego sorprenderme con esta desagradable noticia. No lo soporto.

He pasado del amor infinito y más grande, a la profunda decepción. Necesito huir lejos de aquí, lejos de él. Aceptaré la propuesta de J.J. y terminaré con esto de una vez por todas.

Mi sentir ya no tiene reversa. Estoy harto de todo, nunca me había sentido más humillado. Viktor me llevó hasta el cielo sólo para dejarme caer sin remordimiento"

—No Yuuri, no digas eso —ya estaba hecho un mar de lágrimas, sus manos temblaban más todavía y aun así tomó el diario, descubriendo que era la última hoja de éste. Comparó las impresiones con el diario y se asombró al ver que el original tenía algo escrito en inglés, al final.

"I hate you, I really hate you and I hope you'll never find me"

La hoja original estaba rayada, maltratada y con marcas de lágrimas secas. Casi podía palpar el sentir de Yuuri en ese momento.

Bajó lentamente las hojas y el diario hasta dejarlos sobre su regazo. Yuuri jamás había sido grosero con él, jamás le había dicho nada parecido a lo que decía esa última oración. Sintió una fuerte opresión en el pecho y enseguida se permitió llorar todo lo que su alma le pidiera. En verdad su amado lo odiaba, lo odiaba con todo su ser ¿Tanto daño le había hecho? ¿Tan poco contaban los buenos momentos juntos? Al parecer sí.

Viktor.

Sentía que el aire me faltaba. Quise levantarme del suelo, pero no pude, me dolía el pecho, mi cabeza daba vueltas y mi garganta estaba casi por completo cerrada debido a mis ganas de llorar. Quería llorar, lo intentaba, pero era tanta la conmoción que ni eso podía hacer bien. Así que sólo permanecí en esa posición, tratando de recuperar el aire que me faltaba. Luego de unos minutos logré recuperarme un poco y pude ponerme en pie, pero sentí cómo todo mi mundo se derrumbaba ante mí con sólo recordar esa última maldita oración en el diario.

Me había divertido hasta cierto punto al leer todo el libro, descubriendo nuevas facetas de Yuuri que desconocía, pero esa última página me hizo poner los pies dolorosamente sobre la Tierra.

¡Un momento!

Yuuri dijo que aceptaría la propuesta de J.J. ¡Eso quería decir que se había ido a Canadá! ¿Lo habría escrito con la intención de que lo encontrara? ¿Querrá que vaya tras él?

No soporté la incertidumbre y leí las últimas hojas por segunda vez. Logrando deprimirme más. Dándome cuenta de que no quería que fuera tras él, lo dejó muy claro en la última oración: él me odiaba.

No sabía qué hacer, sentía un vacío en mi pecho que no lograba calmar con nada. Me dolía demasiado. Y finalmente no pude soportarlo, comencé a llamar a Yuuri. Una y otra y otra vez. Pero nunca respondió. Le dejé infinidad de mensajes de voz, esperando que los escuchara y recapacitara.

—Yuuri, soy yo. Sólo quiero decirte que te amo y que te necesito a mi lado. Sé que prometí darte un tiempo y respetar eso, pero no puedo, sólo van unos cuantos días sin ti y siento que muero. Demonios, ¡te necesito! Sé que ahora quizás me odies, pero por favor... recuerda los buenos momentos juntos, nuestro amor, recuerda nuestras promesas. Nosotros nos amamos, Yuuri, no puedes negarlo así —se me cortó la voz—. Por favor... vuelve.

Colgué el teléfono y me quedé tumbado sobre el tapete. No tenía energías para nada, ni siquiera para ponerme en pie. Sentía un peso excesivo sobre mi cuerpo, no logré moverme, sólo quería permanecer así, mirando al techo, respirando, pensando en nada. Y lo hice, me quedé ahí hasta el día siguiente.

Narradora.

Tocó la puerta, pero nadie respondió. Siguió tocando, pero ahora con menos delicadeza al utilizar la punta de su característico calzado de animal print, pero no obtuvo respuesta. Entonces llamó al teléfono del departamento de su compatriota, pero tampoco respondió. Fue entonces que tuvo la idea de llamar a su nuevo teléfono móvil. Sorprendentemente una insistente y aguda cancioncita comenzó a sonar en el interior del departamento, seguido de una maldición soltada en ruso por alguien dentro del lugar.

—¡Viktor! Sé que estás ahí —colgó la llamada—. Puedo escucharte ¿Por qué no contestas mis llamadas? Todos estamos preocupados por ti desde que llamamos a los Katsuki y nos dijeron que habías regresado ¿Por qué no nos dijiste nada de lo que pasó? —esperó en silencio a que le respondiera algo, pero nada había ocurrido, había un gran silencio al otro lado de la puerta—. Viktor... —insistió, preocupándose un poco, pues su amigo no solía comportarse así—. Maldición, sé que estás ahí. Los Katsuki ya me explicaron parte de lo que ocurrió y también están preocupados por ti. No sé qué habrá pasado con exactitud entre tú y el cerdo, pero tiene que solucionarse, no seas dramático y abre la puerta. ¿O acaso quieres que llame a Irina? Ella no sabe que estás aquí, pero está muy preocupada —ni siquiera eso lo hizo salir. Yurio estuvo recargado en la puerta por un buen rato, en silencio, hasta que se cansó—. Volveré mañana, más te vale abrirme la puerta si no quieres que vaya por Irina, Yakov, o incluso por tu padre si es necesario.

Obtuvo el mismo silencio de hace un par de horas.

Al día siguiente regresó y fue exactamente lo mismo. Estuvo haciéndolo un par de días más hasta que colmó su paciencia. Tuvo que llamar a Yuuri, era el único que podía hacerlo entrar en razón, además, ya había sido demasiado drama. Mari-neechan le había platicado ya cómo estuvieron las cosas, así que no había otra opción: ese par de imbéciles debía arreglar sus diferencias y mal entendidos antes de que llegaran al borde del suicidio, pues sí que eran unos dramáticos, los dos.

—Al fin me respondes el teléfono, cerdo ¡¿Dónde demonios estás?!

Yurio... —suspiró— No te enfades, verás...

—Me dijiste que arreglarían sus diferencias, que hablarías con él y que lo escucharías ¿Qué pasó? —trataba de contener su enfado, pero era casi imposible.

¿Estás con él? ¿Qué te ha dicho?

—El idiota regresó a casa desde hace unos días, pero no se dignó a avisarle a nadie. Ha estado encerrado en su departamento desde que volvió y no ha salido para nada, no me abre la puerta y tampoco contesta mis llamadas. Sé que está ahí porque escucho su celular sonando y porque hace ruido a veces al caminar. ¡Pero no sale! ¿Dónde estás? Necesito que vengas a ayudarme cuanto antes.

Lo siento, Yurio. No puedo regresar

—No seas idiota, dime ya ¿Dónde estás? —preguntó seriamente, con lentitud, casi masticando las palabras.

No puedo decírtelo.

—¡Maldición, cerdo! No me digas que estás con el imbécil de J.J. ¡Demonios! Yuuri Katsuki, me estás obligando a ir a Canadá sólo para...

No estoy en Canadá —suspiró, fastidiado—. Y no puedo ir con Viktor porque él y yo hemos terminado. Tengo que irme. Adiós —cortó la llamada.

Yuri soltó un grito lleno de exasperación, tuvo ganas de romper su teléfono a pisotones, pero respiró profundamente y se tranquilizó un poco. Ahora sí estaba seguro de que el cerdo estaba en Canadá. Lo sospechó desde que J.J. se le acercó tanto hace unos días, en especial con esa "propuesta" que le hizo, no había de otra, le había ofrecido irse a Canadá ¿Y por qué no? si ahí tienen muy buenos centros de rehabilitación.

—Demonios —masculló entre dientes. No sabía qué hacer. Podía decirle a Viktor dónde se encontraba Yuuri y hacer que fuera tras él, o podía callar lo que sabía y dejar que las cosas tomaran su propio rumbo.

Optó por la segunda opción.

Era obvio que Yuuri no quería ver a Viktor, y si éste se dirigía a buscarlo en estos momentos, no obtendría nada bueno. Necesitaban espacio, ambos, ya después arreglarían sus cosas.

Viktor.

Simplemente no tenía ganas de nada. El día de ayer Yurio descubrió que ya había llegado a mi casa, sabía que me encontraba en Rusia y que no me había dignado a avisarle a nadie. Estuvo tocando la puerta, pero no pude abrirle, no quise hacerlo, ya que lo que menos deseaba era lidiar con cualquier humano.

Sólo quería recostarme en el sofá, leer el diario una y otra vez, dormir, beber... sí, ayer me encontré mi vieja colección de vodka en el fondo de la alacena. Con ella comprobé que mi resistencia al alcohol aumentó pude tomarme media botella sin sentir mucho. Cuando llegué a los tres cuartos todo me dio vueltas y terminé en el suelo, inconsciente antes de terminarla.

No me estaba molestando en bañarme, mucho menos en comer sanamente. No tenía cabeza para nada en esos momentos. Lo único que no dejaba de hacer era alimentar a Makkachin, mi fiel amigo y mi único acompañante en esos difíciles momentos. Desafortunadamente no pasó mucho antes de que tuviera que salir a buscar provisiones, la comida escaseaba y el vodka también.

Por lo pronto me tumbé bocarriba sobre el sofá más amplio y miré mi teléfono. Le había dejado más de doscientos mensajes de voz a Yuuri, y él no me contestó ni uno ¿Tanto me odiaba? ¿Tan grande fue mi error como para que no respondiera a esas llamadas tan necesitadas? Me dolía saber que podía llegar a ser tan frío conmigo ¿Acaso ya no le importaba en lo absoluto? Pues le dejé un mensaje muy lastimoso la noche pasada. Estuve borracho y como consecuencia obtuve un mensaje de voz muy doloroso, lleno de llanto y de desesperados "perdóname".

Era tan patético en estos momentos, pero nada me importa.

Se terminaron mis reservas, debía salir a comprar más sin ser visto por mis vecinos o algún conocido. Sólo esperaba que Yurio no estuviera cerca, mucho menos Irina. Iba a salir así como andaba, hasta que me vi en el espejo de cuerpo completo de mi habitación. Estaba hecho un desastre, bueno, al menos así no me reconocería. En completas fachas, sin afeitar, ojeroso. Vaya... meses atrás no me habría atrevido a poner un pie fuera con esa apariencia.

Sólo tomé un abrigo y salí, dejando a Makkachin dentro.

Tomé el ascensor y al poner un pie en el vestíbulo fui capaz de reconocer un par de voces, fue muy tarde cuando intenté regresar sobre mis pasos, ya me habían visto a lo lejos.

—¡Hasta que te dignaste a salir! —caminó hacia mí con pasos furiosos y rápidos, su rostro era de verdadero enfado. Detrás de él venía Irina, quien no me quitaba la vista de encima, su ceño estaba fruncido en una mueca de preocupación el verme de arriba abajo; y detrás de ella venía Yakov, quien jamás había mostrado una expresión más asombrada al mirarme.

Los tres caminaron hacia mí con urgencia, me sentí acorralado.

—¿Qué hacen aquí...? —no alcancé a preguntar nada más, el puño de Yurio ya estaba impactándose contra mi rostro. No logró tumbarme, pero sí me hizo trastabillar un poco. Me incliné sobre mí mismo y llevé una mano al lado izquierdo de mi rostro. Me había roto el labio.

—¡Eso es por el cerdo! Por no decirle la verdad desde un principio —casi escupió las palabras. Me incorporé lo suficiente para encararlo—. Y esto es por... —iba a golpearme de nuevo y yo lo dejaría, me lo merecía, pero Yakov fue más rápido y detuvo su puño en el aire.

—Suficiente, creo que con el primer golpe le quedó claro ¿No es así? —inquirió con su voz seca y una mirada intimidante, tanto para él como para mí.

—¿Qué rayos les ocurre? —espetó Irina, muy molesta—. Oh... ¿estás bien? —inquirió al verme, de inmediato intentó limpiar la sangre de mi labio, pero no se lo permití.

—¿Qué hacen aquí? —espeté de mala gana.

—Vinimos a asegurarnos de que sigues vivo —respondió Yakov—. ¿Por qué no avisaste de tu llegada?

—Ya me voy —suspiré y pasé de largo entre ellos.

—¡Hey! —exclamó Yurio, alcanzándome—. ¿A dónde vas?

—No te incumbe —lo ignoré y logré escabullirme rápido. Por un momento me sentí mal por ellos, sólo querían saber de mí, pero yo no quería hablar con nadie ni recibir sus miradas con lástima, tampoco quería hablar de Yuuri ni mucho menos sobre lo que debí o no hacer.

Luego de ese encuentro me fui a comprar provisiones para permanecer en casa al menos una semana más sin tener que salir. Temí que al regresar a mi edificio estuvieran ahí esperándome, afortunadamente no fue así y pude llegar en paz a mi departamento. Estuve encerrado el resto del día, bebiendo y escuchando la radio, a veces leyendo el diario, a veces simplemente viendo mi galería de fotos, esa galería especial con más de quinientas fotos de Yuuri, la mayoría de ellas tomadas sin que él se diera cuenta.

El teléfono de mi departamento comenzó a sonar una y otra vez. Muchas personas me estaban llamando, entre ellas estaban Chris, Yakov, Irina, Mila, Yurio... a éste último no le iba a contestar, estaba resentido con él. Vaya que se había vuelto bueno para los golpes, toda la mitad de mi cara estaba hinchada y adolorida, sin mencionar mi labio inflamado y roto.

La única llamada que contesté, fue una proveniente de Japón, el número no estaba agregado a los contactos de mi identificador, pero por el simple hecho de tratarse de Japón, respondí. Era Mari-neechan, llamando para decirme que Yuuri se había comunicado para decir que ya tenía dónde vivir en donde sea que estuvieran en estos momentos, pero no les dijo dónde se encontraba y mucho menos cuándo iba a regresar. Pensé en comentarle sobre mis sospechas de que se encontraba en Canadá, pero me abstuve, después de todo sólo eran suposiciones mías, no quería alarmarlos.

Entonces miré mi reloj, eran pasadas de las ocho, ya estaba oscureciendo afuera y sinceramente me nacieron unas enormes ganas de salir a la calle unos momentos. Mi apartamento comenzaba a asfixiarme un poco. No me molesté en arreglarme, simplemente tomé mi abrigo, me aseguré de dejarle suficiente comida y agua a mi mascota y salí.

Caminé por las calles de San Petersburgo hasta toparme con un bar que solía frecuentar cuando era más joven. No lo pensé dos veces y entré en él, pidiendo alguna bebida que no tuviera Vodka, me había cansado ya un poco de su sabor.

Y como si fuera acto de magia, los recuerdos de Yuuri asaltaron mi mente. Sus ojos castaños... ¡Cómo los extrañaba! Su piel pálida y extremadamente suave, su sonrisa tímida, sus caricias, su amor. Todo él, lo extrañaba y lo necesitaba tanto. Extrañaba su dulce voz despertándome en las mañanas, o la agradable sensación de sus pies desnudos acariciando los míos en las frescas mañanas de Japón. Sonará extraño, pero incluso extrañaba su mal humor cuando tenía sueño o sus tiernos ronquiditos. Extrañaba la manera en que arañaba mi espalda al hacerlo mío, o cómo enredaba sus dedos en mis cabellos, halándolos inconscientemente mientras hacíamos el amor. Extrañaba todo de él.

—Yuuri... —suspiré, mirando la copa entre mis manos. Me había sentado en la barra del bar, y junto a mí había un lugar vacío, o al menos así lo fue hasta que una mujer lo ocupó, pidiendo un trago al instante. Yo la ignoré, pero fue imposible seguir haciéndolo cuando se dirigió hacia mí, saludándome. Fue entonces que la miré bien y noté que era una joven mujer, demasiado hermosa—. ¿Disculpa? —pregunté al no haberle puesto atención a lo que me decía desde un principio.

—Sólo pregunté si este lugar está ocupado —sonrió con algo de diversión.

—No, no lo está —respondí con media sonrisa antes de volver a enfocar mi atención en la copa frente a mí.

—¿Vino tinto? —inquirió al ver lo que bebía.

—Me cansé del vodka —respondí simplemente, sonriéndole más por educación que por otra cosa.

—Te invito un tequila.

Ahora sí la miré y suspiré pesadamente.

—No, gracias.

—Vamos, te va a gustar más que el vino tinto, te lo aseguro.

—No soy fan del tequila, menos si ya bebí vino, gracias.

—Pero...

—Tengo novio.

—¿Eh?

—Sí ¿Quieres ver su foto? —sonreí ampliamente al ver su expresión llena de decepción cuando saqué mi celular y le mostré el fondo de pantalla.

—No, está bien... yo creí que... eras soltero.

—Lo siento —sonreí y la despedí con un gesto en mi mano, pero ella no se fue.

—Aun así... —miró a su alrededor—. Disculpe —llamó al bartender—. Dos tequilas dobles, por favor.

Sólo esperaba que ese par de tequilas fueran para ella sola.

—Toma —me extendió un caballito con la bebida dentro.

—Te dije que tengo novio, no pierdas el tiempo conmigo, no me interesas —espeté de mala gana. Ella sólo rio.

—No seas idiota, que seas gay no impide que aceptes un trago de una desconocida ¿O sí? Es más... brindemos por los hombres hermosos. Tu novio es muy apuesto, ambos son afortunados —me guiñó un ojo.

"Que seas gay" vaya... nadie me había llamado de esa forma. Era un tanto extraño escucharlo por primera vez. Y a decir verdad, no me consideraba uno del todo.

—¿Si lo tomo me dejarás en paz?

—Prometido.

Tomé la bebida y brindamos por los "hombres hermosos".

—¡Eres bueno para el tequila! —me felicitó después de que tosió un poco debido a la bebida tan irritante.

Yo sólo guardé silencio. Sentí cómo el tequila bajaba por mi garganta como ácido, quemando todo a su paso, incluso sentí cuando cayó a mi estómago. Seguido de eso mi cuerpo se llenó de un agradable calor, mis extremidades se sintieron más ligeras y mi mente...

Mi mente no podía pensar con claridad.

Terminé pidiendo un par de rondas más, y cuando sentí que ya estaba muy ebrio opté por pedir un taxi. Me di cuenta de que estaba más ebrio de lo normal cuando el taxista preguntó por la dirección de mi casa y yo di la de mi padre, mi antiguo hogar. Me di cuenta de ello antes de bajarme, así que le pedí que me llevara a mi departamento, pagué la cuenta exorbitante del taxi y me bajé del auto.

Todo mi mundo dio vueltas cuando sentí que una fresca brisa me dio de lleno en el rostro. Fue muy mala idea combinar vino tinto y tequila. Nunca me había sentido tan borracho, ni siquiera pude entrar a mi edificio sin tropezarme más de diez veces con los muebles de la recepción. El guardia se ofreció a acompañarme, pero me negué rotundamente, sólo permití que me acompañara al elevador, ya estando ahí sólo debía atravesar el pasillo y abrir mi puerta.

—Al fin en casa... —murmuré al ver la puerta. Entonces busqué las llaves dentro de mi abrigo.

No estaban.

¡Demonios!

—Makkachin —llamé a mi mascota, de inmediato escuché que rasguñaba la puerta y ladraba desde el otro lado—. Ábreme, amigo, por favor. Anda, abre la puerta —me quejé—. Makkachin... abre la puerta —suspiré.

Estaba tan mareado que sólo pude optar por deslizarme contra la puerta hasta quedar sentado en el suelo.

—Makkachin... ábreme... —murmuré antes de caer rendido al sueño.

Desperté luego al escuchar que alguien me llamaba con insistencia. Quería abrir mis ojos y ver de quién se trataba, pero no podía, el peso en mis párpados era muy grande, sólo atiné a balbucear alguna tontería que ni siquiera yo entendí.

—Idiota, eres un completo idiota.

—Lo siento —balbuceé y volví a caer rendido.

Me giré sobre el mullido y cómodo colchón hasta quedar bocarriba. Abrí los ojos y gruñí al sentir el doloroso palpitar en mi cabeza. La luz que entraba por la ventana me estaba quemando la retina. Intenté incorporarme un poco pero todo me dio vueltas, obligándome a recostarme de nuevo. Sentí calor, las sábanas eran demasiado cálidas, así que terminé destapándome por completo, fastidiado por el calor que me brindaban. Fue en ese momento en que me percaté de un par de pequeños detalles:

-No estaba en mi casa.

-La resaca me estaba matando.

-Me encontraba completamente desnudo en una cama desconocida.

Alcé la mirada, en busca de alguna pista sobre el lugar en donde me encontraba, pero no hallé nada conocido, o al menos así fue hasta que giré lentamente mi cabeza hacia la izquierda, donde Irina descansaba, cubierta casi hasta la cabeza con las sábanas. Sólo su cabello pelirrojo y rebelde se asomaba por entre las mantas.

¡¿Qué demonios estaba haciendo en la cama de Irina, desnudo, con ella, DESNUDO?!

¿Estaría ella desnuda también? ¿Lo habríamos hecho?

No, yo no pude haber engañado a Yuuri, no pude haberlo hecho. Aunque técnicamente no lo estaría engañando, pues habíamos terminado ¡Pero de todas formas! No pude haberlo engañado, Dios mío, no.

Estuve tentado a levantar las sábanas y verificar si ella también estaba completamente desnuda, pero no me atreví, de todas formas los hechos eran más que convincentes. Los dos desnudos en la cama, yo con una resaca de los mil demonios. No había otra opción, nos acostamos.

Salté de la cama casi como si en ésta hubiera un millón de hormigas. Pronto me arrepentí por la brusquedad con la que lo hice, pues una jaqueca horrible me asaltaba en estos momentos, pero sin darle importancia tomé mi ropa que yacía desparramada por todo el piso de la habitación y salí cuanto antes de allí. Me vestí en la sala del departamento y literalmente corrí hasta llegar al mío. Luego recordé que no traía llaves... afortunadamente siempre guardaba una debajo del tapete de la entrada.

A penas puse un pie dentro de mi casa, Makkachin me recibió con ansias, al parecer se había preocupado mucho por mí, además de que lo había dejado solo desde la tarde de ayer.

—Oh... amigo —me agaché un poco y lo abracé con fuerza—. Lo siento tanto mi pequeño, te dejé solo por mucho tiempo, discúlpame —besé su cabeza y me puse de pie, mareándome en el acto y haciéndome jurar que nunca más combinaría tequila con vino tinto.

Me dirigí con pasos torpes al baño, abrí la llave de la regadera y me metí bajo el chorro sin siquiera desvestirme.

El hecho de haberme acostado con Irina seguía taladrándome la cabeza. Había engañado a Yuuri con mi ex esposa y ahora no había vuelta atrás, me sentía tan poco hombre... no sabía cómo lo vería de nuevo a la cara sin avergonzarme por esa desfachatez.

Ya era medio día y aún no podía sacarme de la cabeza el terrible hecho de que me había acostado con alguien más. La culpa me carcomía por dentro, no podía soportarlo. Tenía mucho sueño, la resaca me estaba matando y no podía descansar debido a mi creciente culpa.

Termine optando por ir a la cocina, abrí mi reserva de vino y tomé un poco. Era vino después de todo, nada tan fuerte como el tequila o el vodka. Sólo quería que esa resaca disminuyera un poco para poder dormir bien.

Ya iba por la mitad de la botella cuando una extraña ira se apoderó de mí. Y es que... ¿Por qué tenía que pasarme todo esto a mí? ¿No era suficiente ya con lo que había vivido desde pequeño? ¿Cuánto más tenía que sufrir para poder alcanzar la felicidad?

Al fin había encontrado un oasis en medio del desierto de mi vida, Yuuri me había dado todo aquello que nunca busqué y que siempre necesité. Y el destino jugaba conmigo al poner su vida en peligro, salvándolo, y luego arrebatándomelo de esa forma. ¿¡Por qué?!

De niño perdí a mi madre luego de que cayera en coma por varios años, mi padre no quería verme de nuevo, todo debido al gran parecido que tenía yo a ella. No soportaba verme sin enfurecerse, así que terminé huyendo de casa desde muy pequeño, viví situaciones extremas, pasé por momentos tan difíciles que no se los deseaba ni a mi peor enemigo. Todo mejoró un poco cuando crecí y el patinaje se volvió mi carrera, me adentré a un mundo en el que mi padre no tenía voz ni voto, cumplí la mayoría de edad y pude valerme por mí mismo.

Llegar a donde estaba ahora no había sido sencillo, y a pesar de todo el sufrimiento... aún tenía que soportar perder al ser que más amaba en el mundo, y de la manera más patética.

Una ira profunda me invadió de pronto. La única manera de apaciguarla fue comenzar a patear el mueble más cercano. Y es que estaba hastiado de esta situación. Si no fuera por mi idiotez, ahora mismo estaría con Yuuri entre mis brazos, sentados los dos en el mismo sofá que ahora mismo estaba rompiendo a patadas. Luego de desquitarme con él, seguí con los adornos y jarrones que tanto tiempo le habían costado a Irina elegir, éstos terminaron hechos añicos contra la pared y el piso; los portarretratos vacíos que había comprado para llenar con Yuuri, ahora yacían en el suelo, despedazados.

Muy pronto el departamento terminó siendo un desastre.

Narradora.

No se dio cuenta, pero mientras destrozaba todo a su alcance, Makkachin ladraba desesperado hacia la puerta, había reconocido el aroma y los gritos de Yurio, éste se encontraba en el pasillo fuera del departamento, desesperado y asustado ante tanto escándalo; le gritaba a Viktor para que lo dejara pasar, casi le suplicó que recuperara la cordura y abriera la puerta. Estaba muy angustiado por su amigo.

—¡Con un demonio! ¡Viktor, voy a derrumbar la puerta! —pero el joven no sabía que su compatriota ni siquiera era consciente de su presencia, estaba muy ebrio y había enloquecido. Y a pesar de sus intentos, Yurio no pudo romper la puerta. Tuvo que recurrir a medidas extremas: Llamó a Irina.

La pelirroja corrió desesperada en búsqueda de su exesposo al saber lo ocurrido, pero fue inútil, nunca abrió la puerta ni dio señales de querer comunicarse con ellos.

—Viktor... por favor, ábrenos ya —insistió la pelirroja—. Estamos angustiados por ti —escuchó unos pasos acercándose a la puerta, pero ésta no se abrió.

—Váyanse. Estoy bien.

Yurio e Irina compartieron una mirada llena de asombro. ¡Al fin les había respondido! Intentaron sacarle más palabras, quisieron obligarlo a abrir la puerta, pero fue imposible, él no soltó ni una sola palabra más.

—¿No tienes la llave de su departamento? —inquirió el rubio con hastío.

—No... no la tengo —apretó sus puños con impotencia—. ¡Viktor Nikiforov! Abre la puerta en este mismo instante o traeré a un cerrajero para que la tumbe.

Sólo hubo silencio. Ya ni Makkachin se escuchaba.

Lo que ninguno de los dos sabía era que del otro lado de la puerta se encontraba Viktor, recargado contra ésta mientras abrazaba a un tierno Makkachin que le secaba las lágrimas con su lengua. No supo cómo ni cuándo, pero se quedó dormido en esa incómoda posición, recargado contra la puerta principal, sentado en el suelo con su mascota sobre su regazo y con una botella de vino en la mano.

—¿Qué haces? —inquirió Irina al ver que el joven caminaba hacia el fondo del pasillo.

—Llamaré al cerdo de nuevo, es el único que puede hacerlo salir, ya fue suficiente de esto. Ha pasado una semana entera —buscó el número entre sus contactos y marcó. Tuvo la precaución de alejarse un poco para que, en dado caso de que Viktor estuviera cerca de su puerta, no se diera cuenta de que hablaba con el japonés.

Irina observaba atentamente cómo el joven caminaba de un lado a otro como león enjaulado mientras sostenía le celular contra su oreja. Al parecer dieron muchos tonos antes que los ojos verdes brillaran de emoción al escuchar que respondían la llamada. Ni siquiera se molestó en saludar al japonés, simplemente fue directo al grano.

—Cerdo. Estoy preocupado por Viktor —fue lo primero que le dijo cuando el otro le contestó la llamada.

¿Qué le pasa? —se escuchó alarmado.

—No lo sé. Al fin salió de su departamento, pero ha estado embriagándose últimamente. Eso no es común en él, al menos no de esta forma. Me imagino que fue un idiota contigo y quizás no quieras saber nada de él, pero me preocupa.

Hubo un largo silencio antes de que Yuuri se animara a responder.

Quisiera poder hacer algo por él, pero no soy el indicado. Además... no puedo regresar, no aún. Así que te pido por favor que cuides muy bien de él, por favor —colgó la llamada.

—Cerdo, no ¡No cuelgues! —ahora sí lanzó su teléfono contra el piso. Le había quedado claro: Yuuri no iba a hacer nada por Viktor, absolutamente nada—. ¡Demonios! —se exaltó mucho, sus hombros subían y bajaban en una clara muestra de furia. Se calmó un poco cuando la pelirroja le puso una mano en el hombro, mirándolo con suavidad.

—Dijo que no ¿Cierto? —suspiró con decepción.

—Él no va a hacer nada por Viktor. No contamos con su apoyo, así que busquemos una manera de sacar al viejo de esta depresión.

—Lo haremos —aguantó las lágrimas que ya querían salir y le mostró una leve sonrisa que no fue correspondida—. ¿A dónde vas? —inquirió al ver que se agachaba y tomaba su celular del piso antes de dirigirse al elevador.

—Es tarde, y si no nos abre de día, mucho menos de madrugada —no dijo nada más antes de desaparecerse por las puertas del elevador.

Irina se quedó parada en medio del pasillo, con el corazón hecho un nudo. No podía irse y dejarlo así como así. Debía hacer un último intento, así que regresó a esa puerta, se sentó en el piso y recargó su cabeza contra ella.

—Viktor —murmuró muy bajito—. Sé que estás ahí —esas palabras fueron suficientes para que el ruso despertara, pero éste no respondió—. Sé que estás pasando por un momento muy difícil y entiendo que quieras estar solo, pero... ¿Sabes? Aquí estamos muchas personas que te aman y se preocupan por ti. Déjanos apoyarte, permítenos acompañarte en ese dolor.

—No puedo —respondió con la voz ronca después de un rato. Irina dio un respingo emocionado al escuchar su voz—. Yo nunca había sentido algo así, este dolor en mi pecho es tan grande ¿Acaso así se siente un corazón roto?

—Viktor... —murmuró, sorprendida y algo triste—... te comprendo perfectamente —apoyó su mano contra la puerta, deseosa de verlo.

No obtuvo ni una sola palabra más.

Los meses transcurrieron muy rápido, en un abrir y cerrar de ojos ya era octubre. Las circunstancias de Viktor no variaron mucho. Estuvo encerrado en su departamento por meses. Desde el día en que amaneció desnudo en la cama de Irina no se atrevió a poner un pie fuera de su casa a menos que fuera de madrugada. No quería volver a toparse a ninguno de sus conocidos, o al menos no por ahora. Su mente era muy inestable y su debilidad por el alcohol lo estaba consumiendo poco a poco. Cualquiera que lo viera a estas alturas no se creería que se trataba del mismo Viktor Nikiforov, pentacampeón mundial de patinaje artístico sobre hielo.

Se había dejado crecer mucho el cabello, alguien desconocido creería que se debía a su falta de interés en el aseo personal, pero no, eso en especial lo había decidido porque Yuuri le dijo alguna vez que quería verlo con su cabello largo.

Pero sí, nadie se creería que el vanidoso y siempre apuesto Viktor Nikiforov parecía ahora un individuo más del montón, siempre con ropa muy holgada, con gorro y ojeras peligrosamente enormes, con una barba incipiente de un par de días de no ser retirada. Este era el nuevo Viktor, al que no le interesaba nada más que quedarse en casa y beber hasta el amanecer.

Todos sus días eran iguales, no variaban mucho en la rutina. O al menos así fue hasta que vio una noticia en la televisión. El encabezado decía: "Yuuri Katsuki, el patinador rezagado que desapareció de la faz de la Tierra" en ese reportaje hablaban sobre cómo Yuuri de pronto desapareció, nadie conocía su paradero y eso se lo debían a muchas idioteces, una de ellas era que Katsuki había engañado a Viktor con alguien más y por esa razón no se volvió a ver a la pareja junta. También existía el rumor de que el japonés había decidió dejar de patinar porque en realidad no podía hacerlo, debido a su anterior accidente y su tiempo en coma. Eso tenía parte de verdad, pero Viktor sabía mejor que nadie que Yuuri no se daría por vencido, al menos no tan fácilmente. Estaba seguro de que se trataba sólo de un rumor más.

Pero nadie lo preparó para el último "rumor".

En el reportaje decían que Yuuri había sufrido una secuela tardía y que había vuelto a caer en coma. Existía el rumor de que estaba internado en un hospital en nada más y nada menos que en Canadá.

Ese último "rumor" lo volvió loco, pues temía que fuese verdad. No tardó en tomar su teléfono para hacer una llamada.

—¡Mari-neechan! ¿¡Es cierto que Yuuri recayó?! Dime por favor que él está bien y que sólo es un rumor.

Viktor, tranquilízate ¿De qué estás hablando?

—¡De las noticias! Dicen que Yuuri cayó de nuevo en coma y que...

¡No, claro que no! tranquilo, eso es mentira. Él se encuentra bien, hablamos hace un par de horas. Te prometo que se encuentra bien.

El ruso se dejó caer en el sillón más cercano, sintió como si su alma le regresara al cuerpo. Tardó unos segundos en recuperar el aliento y fue entonces que volvió a poner atención en la llamada. Mari-chan tenía ya rato llamándolo.

Viktor ¿Qué te pasa?

—Lo siento... es sólo que... me asusté tanto al ver esa noticia. Temí que fuera verdad, oh Mari-chan, gracias, muchas gracias.

¡Espera! No me cuelgues —pidió apresurada—. Tenemos mucho de no hablar, cuñadito —lo dijo en un tono algo triste, aunque a pesar de ello trató de sonar como siempre. El aludido sintió un hoyo en su pecho.

—No somos cuñados, no más.

Para mí lo sigues siendo —era muy sincera.

Los ojos azules se inundaron en lágrimas.

—¿Cómo está la familia?

Bien, todo está tranquilo por acá, aunque mi madre está muy preocupada por Yuuri, ya sabes, el idiota se fue sin decirnos a dónde. Por lo menos nos llama de vez en cuando para decirnos cómo está.

—¿Y cómo está?

No lo dice, pero está sufriendo. ¡Son unos idiotas, ambos!

—Lo sé —sonrió un poco—. Mari-chan...

¿Si?

—Tengo que irme...

Oh... lo siento, imagino que debes estar ocupado con el entrenamiento, después de todo está por comenzar el Grand Prix ¿No es así?

—Así es —sonrió forzadamente a pesar de que ella no podía verlo.

Me dio gusto hablar contigo, llámame más seguido, es más ¿por qué no vienes a visitarnos?

—Yo... yo no podría.

Oh, lo siento, es verdad... sería muy duro.

—Lo siento.

No, está bien —suspiró—. En fin... cuídate mucho, cuñadito. Si sé algo importante de mi hermano te lo haré saber cuanto antes.

—Gracias... salúdame a la familia —y colgó la llamada.

No iba a negar que se sintió aliviado al saber que todo era nada más que una farsa, pero esa llamada con Mari-chan fue como abrir viejas heridas. No podía evitarlo, se sentía hundido en un pozo del cual no podía salir por más que lo intentara.

En el lapso de esos meses sus amigos habían hecho hasta lo imposible por animarlo, por sacarlo de esa depresión, pero él se cerró ante todo el mundo, no dejó que nadie se le acercara. Yurio, Yakov e Irina habían estado a punto de llamar a la familia de Viktor, estaban desesperados al ver que nadie lograba levantarlo, al parecer sólo Yuuri podría traer de vuelta al Viktor de siempre.

Especialmente ese día se sintió más deprimido de lo común. Estaba seguro de que destruiría su hígado si seguía con la costumbre de beber y beber. Ya no lo hacía a diario, pero sí varias veces a la semana. No se permitía embriagarse tanto porque tenía bajo su cuidado a Makkachin y no podía olvidar alimentarlo, bañarlo y cuidarlo.

Pero hoy sería un día diferente, hoy tomaría tequila, sí señor.

Antes de ver el noticiero había comido algo sencillo, y ahora quería algo de tequila, fue por él y se sirvió el primer trago. No se molestó en ir por limones o sal, se lo tomó en seco. De inmediato comenzó a sentir el efecto del alcohol en su sangre. Tomó la botella e hizo a un lado el caballito, no tenía caso estarse sirviendo cuando podría beber directo de la botella. Se fue a sentar en la sala, frente a la ventana, con vista a su hermosa ciudad. Era la época del año en que oscurecía muy temprano, así que no tardaría en comenzar a ennegrecerse el día.

Se puso de pie sólo para apagar la televisión y encender la radio. Encontró una estación internacional donde pasaban música en muchos idiomas y subió un poco el volumen. Así se tumbó cómodamente sobre el sofá que había volteado para ver por el ventanal y Makkachin no tardó en unírsele.

Daba pequeños traguitos a la botella, sólo quería empezar a sentir el efecto para irse a dormir temprano. Últimamente tenía severos problemas de insomnio, había decidido consultar a un médico, pero lo único que éste hizo fue recetarle unos somníferos muy potentes, a lo cual el ruso se negó de inmediato. No le gustaba la idea de medicarse, así que se inclinó por la inteligente opción de beber alcohol cada vez que no pudiera dormir, lo cual era muy seguido. Desafortunadamente había desarrollado no sólo el mal hábito de beber mucho alcohol, sino también el de fumar tabaco. Lo había hecho un par de veces en su adolescencia, pero lo abandonó por su condición de deportista profesional. Ahora todo le daba lo mismo.

—Lo siento amigo —bajó a su mascota del sillón, para que no respirara el humo del cigarrillo que recién encendió. Fue entonces que en la radio comenzó una canción muy tranquila, era acústica, sólo la guitarra y la voz hacían acto de aparición.

Viktor le puso atención mientras fumaba su cigarrillo.

So they say that timetakes away the pain,but I'm still the they say that Iwill find another youthat can't be true

(Dicen que el tiempo

se lleva el dolor,pero yo sigo igualy ellos dicen que yoencontraré a otro como túpero eso no puede ser cierto)

—¡Ja! —rió con ironía al entender la letra. Qué precisa.

Dio una calada más a su cigarrillo y siguió atento a la canción.

Why didn't I realize?

Why did I tell lies?Yeah I wish that I could do it againTurnin' back the time, back when you were mine, all mine.

(¿Por qué no me di cuenta?

¿Por qué dije mentiras?Sí, desearía poder hacerlo de nuevoRegresar en el tiempo, regresar a cuando eras mío, todo mío)

Estos últimos versos removieron algo en el corazón de Viktor. De nuevo la culpa lo invadió y a su mente volvió el mismo reproche: "¿Por qué dije mentiras?" y sí, deseaba fervientemente regresar el tiempo para hacer las cosas de manera correcta, volver a esos días en los que se pertenecían el uno al otro.

So this is heartache?

So this is heartache?The regrets I've accumulated are turning into tears oh babySo this is heartache?So this is heartache?Your smile from that day is turning into a memoryI miss you

(¿Así que esto es un corazón roto?

¿Así que esto es un corazón roto?Los remordimientos que acumulé se están tornando en lágrimas oh cariño

¿Así que esto es un corazón roto?
¿Así que esto es un corazón roto?
Tu sonrisa de aquel día se está tornando en una memoria
Te extraño)

Iba tan de acuerdo a su sentir que asustaba. Él jamás había experimentado eso, jamás le habían roto el corazón. Regularmente era él quien rompía el corazón de las chicas al rechazarlas, incluso de algunos chicos. Nunca le habían roto el corazón, hasta que llegó Yuuri.

You are the only one that fills my heart

You were the only one that touched my heartOh baby, you are not here anymore, I've got nothing nowYeah wish that I could do it againTurnin' the time back when you were mine, all mine.

(Eres el único que llena mi alma

Fuiste el único en tocar mi corazónOh cariño, ya no estás aquí, ya no tengo nadaSí, desearía poder hacerlo de nuevoRegresar en el tiempo, regresar a cuando eras mío, todo mío)

Se puso de pie con furia.

—¡Demonios! —masculló entre dientes, dispuesto a apagar la radio. Era como echarle sal a la herida. No soportaba más esas letras, mucho menos al ver cómo encajaba a la perfección con su situación actual. Y es que en efecto, Yuuri había sido el único que tocó verdaderamente su corazón.

Había tenido muchas novias y mujeres en su vida, incluso una esposa, pero ninguna logró provocarle lo que Yuuri le hacía sentir. Ninguna despertó en él el deseo de proteger a ese ser amado a costa de todo, incluso de la vida propia. Ninguna de ellas le había llenado el alma y el corazón. Con Yuuri aprendió tantas cosas, descubrió el valor de la vida y del amor, él era su vida y su amor.

Espetó una maldición en ruso antes de apagar la radio, pero se detuvo al escuchar la siguiente estrofa.

It's so hard to forget that tightly tied knot.

Yeah so hard to more I try to pull away from you and all the regret,the more I become unable to move on, it can't be undone moment is painful, it's bitter. I want to quickly forget about you.

(Es tan difícil olvidar aquel nudo fuertemente atado.

Sí, tan difícil de más trato de alejarme de ti y todos mis remordimientos,más me vuelvo incapaz de seguir adelante, ya no se puede deshacer. Este momento es doloroso, es amargo. Quiero olvidarme de una buena vez de ti)

No pudo soportarlo. Soltó un grito desgarrador y tumbó la radio al piso, haciéndola añicos con su pie. Había sido demasiado para su maltrecho corazón.

—¡Ya basta! ¡Basta de esto, por favor! —suplicó, cayendo de rodillas al piso—. Necesito olvidarte, Yuuri, no puedo seguir amándote, me haces tanto daño... —se llevó una mano al pecho. El corazón literalmente le dolía, sentía una presión muy fuerte.

No supo en qué momento estaba ya con la frente pegada al frío suelo, llorando amargas y gruesas lágrimas llenas de dolor. Sus manos estaban hechas puños contra el piso. Lloró por un buen tiempo, lo hizo hasta que se quedó vacío, cuando eso ocurrió, se incorporó un poco y miró su muñeca izquierda, esa donde tenía aquel brazalete que compró para Yuuri, no supo en realidad por qué terminó usándolo él, quizás así se sentía más cerca de él.

Estúpido. Se sentía estúpido.

Con coraje tomó el brazalete negro con letras rojas y lo estiró, tratando de arrancárselo, pero fue imposible, necesitaría de unas buenas tijeras con filo para lograrlo. Fue en busca de ellas, pero no las encontró en todo su departamento. Quizás encontraría un par si se animaba a desempacar ese montón de cajas que seguían en la entrada de su casa, esas que venían de Japón y que nunca se animó a abrir. Había muchos recuerdos dolorosos ahí dentro, así que optó por dejar en paz a ese maldito brazalete. Se arrepentía tanto de haberlo comprado, se arrepentía de amar a Yuuri, de haber permanecido fiel a su lado.

Justo en esos momentos sentía un gran odio hacia Yuuri Katsuki, odiaba amarlo tanto, pues ese amor lo estaba consumiendo lentamente por dentro.

Miró una vez más ese brazalete que decía: "Life and..." con letras rusas y rojas. Era muy seguro que el brazalete gemelo diría algo como "...love" por eso fue que pensó de inmediato en comprárselo a Yuuri, pues gracias a él había descubierto el valor de la vida y del amor. Sin importar que no tuviera el brazalete gemelo, había querido regalárselo, ya él se encargaría de decirle que además de su vida, era su amor. Eso había significado Yuuri para él, pero ahora era su mayor perdición, su mayor dolor.

Ya era de noche y Viktor no podía sacarse la maldita canción de la mente.

Se encontraba en su cama, ya se había acostado bocabajo, bocarriba, de un lado, del otro; ya había buscado lo frío, lo tibio o lo cálido, pero nada le ayudaba a conciliar el sueño, ni siquiera los tragos de tequila que dio hace unas horas. Al no poder dormir, comenzó a darle vueltas a sus problemas, inevitablemente los ojos le empezaron a llorar. Las lágrimas salían una tras otra sin detenerse. Miraba al techo perdidamente mientras Makkachin intentaba limpiar sus lágrimas.

Viktor soltó un quejido lastimoso y atrapó al can entre sus manos. No podía con el peso en su pecho. Quería gritar, llorar más, desahogarse; pero no importaba cuánto lo hiciera, nunca era suficiente.

Miró a su derecha, justo sobre su mesita de noche estaba la cajita negra con el par de anillos y a un lado la muñeca matrioska que había mandado a hacer personalizada, con las caras de Yuuri, Yurio, de Makkachin y de él. Se suponía que dentro de ella pondría el brazalete y sería el regalo de bienvenida de su amado.

—Esto es basura —se incorporó, tomó la muñeca de cerámica y la lanzó lo más lejos posible, ésta terminó aterrizando contra el suelo, haciéndose añicos en el acto—. Mierda... —se paró de la cama al ver que no podría lograr dormir ni un poco. Decidió ir a la cocina por un poco más de tequila, quizás así dormiría más pronto.

Se calzó sus pantuflas y arrastrando los pies llegó a su objetivo. Tuvo que limpiarse el rostro con la manga de su suéter verde de lana para poder ver mejor. Sus ojos estaban completamente acuosos, ya era involuntario, sus lágrimas fluían sin pensarlo.

Tomó más tequila para tratar de dormir, pero no sirvió de nada. Ya estaba lo suficientemente borracho como para tambalearse al caminar, también veía doble y era muy probable que terminara inconsciente en el suelo del pasillo. Afortunadamente llegó ileso a su cama, pero se desesperó tanto al ver que ni así podía dormir, que de nuevo se incorporó y fue directo al baño. No estaba pensando con claridad, el alcohol le había nublado la cordura, pues abrió su botiquín y tomó entre sus manos el frasco con los somníferos que el médico le había recetado.

Fue un estúpido.

Abrió el frasco y vació unas cuantas píldoras en la palma de su mano, eran suficientes para que no despertara en una semana entera, pues la combinación de alcohol con ese fármaco era nociva para la salud. Ni siquiera se molestó en leer la suscripción médica que indicaba una dosis de diez miligramos antes de dormir. Sólo necesitaba eso para irse a dormir tranquilamente, pero no, se tragó todas las pastillas que le cupieron en la mano.

Luego de ingerir el medicamento que por tanto tiempo estuvo negándose a tomar, sintió cómo le hizo efecto demasiado pronto. Sus párpados le pesaban mucho, ni siquiera fue capaz de cerrar el frasco y dejarlo en su lugar, éste se le cayó al piso, esparciendo los comprimidos por doquier, pero eso poco le importó al sentir que todo le daba vueltas. Si iba a quedar inconsciente por las pastillas, quería que al menos fuese en su cama, así que salió al pasillo y...

...no llegó más lejos.

Cayó inconsciente al suelo.

Makkachin se alteró al ver cómo su amo perdía la consciencia. El perrito creyó en un principio que sólo estaba jugando, pero no era así. Entonces comenzó a ladrar y a aullar hasta el cansancio. Sabía que algo no andaba bien con su amo.

Era de madrugada y los vecinos de pisos más abajo no podían creer que el perro no se callara. Viktor era el único en el edificio que tenía mascota, y la mayoría de los inquilinos lo desaprobaban, en especial por situaciones como ésas.

Muy pronto los dichosos vecinos ya estaban frente a la puerta de Viktor, y al ver que no abría y que tampoco respondía el teléfono, decidieron llamar a la policía. No era normal que la mascota ladrara tanto, así que la preocupación comenzó a sustituir su enojo inicial.

Una patrulla no tardó ni cinco minutos en llegar, subieron al último piso del edificio y tuvieron que buscar al casero, quien les brindó una copia de la llave y así fue como entraron tranquilamente al departamento. Habían subestimado la situación. Después de todo se trataba de uno de los edificios en medio de la zona más lujosa de la ciudad. Ese tipo de personas solía llamar a la policía por cada insignificancia que los policías cada vez le daban menos prioridad a las llamadas de esos ricachones sin nada qué hacer. Justo como ahora, los habían llamado porque el perro de un vecino no dejaba de ladrar.

—Esto es una pérdida de tiempo —murmuró uno de los tres oficiales que recién ingresaron al departamento del ruso.

—Tienes razón, pero es el trabajo que elegiste, ahora te aguantas —murmuró otro.

—No hay nada aquí —se quejó el tercer oficial mientras buscaba con la mirada algún indicio de crimen o algo fuera de lo normal.

—Busquemos al perro, veamos qué le pasa y nos vamos ¿De acuerdo? Odio este tipo de barrios, la gente es muy...

—¡Hay un hombre tirado en el pasillo! —se alarmó el primer oficial. Corrió hacia él, pero se detuvo al ver que el perro de inmediato le mostró los dientes cuando quiso acercarse—. Tranquilo perrito, queremos ayudar a tu amo.

Y como si hubiera entendido, Makkachin se hizo a un lado y dejó de ladrar.

—¡Llamen a una ambulancia, el hombre apenas tiene pulso!

Mientras uno hacia la llamada, los otros dos trataban de girar bocarriba al susodicho, descubriendo de esta manera su identidad.

—¡Vladimir! —llamó a su compañero—. ¡¿Ya viste quién es?!

—Oh por Dios... —miró a Viktor y luego alzó la mirada un poco más allá, por la puerta del baño. Notó que había muchas pastillas esparcidas en el suelo. Luego relacionó eso con el fuerte aroma a alcohol que desprendía el cuerpo del ruso y llegó a una desalentadora conclusión—. ¿Crees que... intentó suicidarse?

—No lo sé... —murmuró en voz baja—. Por lo pronto llamemos a su contacto de emergencia —buscó entre sus ropas y encontró el teléfono móvil, apenas tenía carga, pero fue suficiente para que hicieran la llamada—. Vaya... su antiguo entrenador es el contacto de emergencia. Qué vida tan solitaria ha de llevar —suspiró con lástima.

Cuando Yakov recibió la llamada se asustó tanto que ni siquiera se molestó en cambiarse el pijama, salió así de casa a pesar de que su esposa lo regañara por su falta de cordura. De camino al hospital al que habían dicho los policías que llevarían a Viktor, Yakov llamó a Irina para pedirle que lo acompañara en la ambulancia, después de todo ella vivía un piso más abajo que Nikiforov. La pobre se dio un enorme espanto al recibir la llamada y enterarse de esa noticia. No había mucha información, sólo sabía que llevarían a su exesposo al hospital, en ambulancia, y que debía acompañarlo. No tardó ni cinco minutos en subir al piso de él. Vio que los vecinos indiscretos de pisos más abajo estaban abarrotando la entrada, los empujó sin consideración hasta que pudo entrar a la casa de su ex, notando que tres policías trataban de reanimarlo.

—¡¿Qué pasó?!

—Haga el favor de esperar afuera —un policía iba a detener a Irina, hasta que está se puso frenética.

—¡Soy su ex esposa! ¡Díganme ahora mismo qué es lo que pasó! —exigió con mucha seriedad.

—Creemos que fue un intento de suicido.

—No... —rio con ironía—. Claro que no, él no...

—Su pulso está muy bajo —interrumpió el oficial que se estaba encargando de monitorear su respiración.

La ambulancia llegó en muy poco tiempo y Viktor fue sacado en camilla de su departamento, ante las curiosas y metiches miradas de los vecinos quienes sólo se quedaron ahí para ver el espectáculo. Irina lo acompañó en todo momento, no soltaba su mano por nada del mundo.

Viktor.

No escuchaba ni sentía nada, tampoco podía moverme, pero había mucha paz. Ya no tenía esa presión en el pecho. Mis ganas de llorar se esfumaron y al fin me sentía libre, ligero. Mis párpados eran tan pesados que no los pude abrir para ver a mi alrededor, pero no me importó en realidad.

Una paz indescriptible me inundó por completo. Eso era lo que quería sentir. No supe cómo lo logré, pero al fin estaba en paz.

De pronto una punzada aguda atacó mi pecho, justo a la altura de mi corazón. Por un momento sentí que mi cuerpo entero se paralizaba y enseguida se sacudía con brusquedad. Sentí una corriente eléctrica caminando por todo mi cuerpo, la sentí una, dos, tres veces. Fue hasta la tercera vez que logré abrir mis ojos. Me arrepentí tanto de hacerlo, pues volví a sentir mi cuerpo pesado, el nudo en la garganta, el dolor en el pecho.

Parpadeé confundido al no reconocer mi entorno. Sólo descubrí que me encontraba sobre una camilla y ésta se movía mucho, parecía que me encontraba en un auto y éste se movía a gran velocidad. El sonido de una sirena inundó mis sentidos, haciendo que me sintiera más abrumado y confundido que antes ¿Acaso estaba en una ambulancia? Traté de moverme, pero mi cuerpo era tan pesado, ni siquiera pude soltar una palabra coherente.

—¿Qué... qué...? —no pude decir más.

—¡Despertó! —exclamó alguien y yo sólo cerré los ojos al sentir un agudo dolor en mi pecho y estómago.

—¡Oh por dios, Viktor! —abrió los ojos y mi campo de visión fue invadido por completo por ella. Mi vista era borrosa, así que sólo pude distinguir un manchón naranja, pero fue más que suficiente para saber que se trataba de la alocada cabellera de Irina. ¿Qué hacía aquí conmigo? ¿Por qué estaba en una ambulancia? ¿Qué me pasó? —. Viktor, cariño —sentí sus manos alrededor de mis mejillas, luego me percaté de que tenía una incómoda mascarilla de oxígeno cubriendo gran parte de mi rostro.

—Tengo sueño... —logré articular débilmente.

—¡No! no te duermas, por favor.

—Yo no... no puedo... —mis párpados pesaban más que nunca. Enfoqué mi mirada y casi sentí cómo se me partía el corazón al ver su expresión llena de angustia, nunca la había visto así.

—¡No Viktor! ¡No te duermas!

Narradora.

Al llegar al hospital entraron por las puertas de urgencias, pero no se quedaron allí mucho tiempo, luego de diagnosticar una sobredosis de diazepam, fue llevado directo a un lavado de estómago para tratar de extraer todo el medicamento que aún no era absorbido por su sistema.

Irina fue obligada a sentarse en la sala de espera, donde se encontró a un angustiado Yakov, quien intentaba comunicarse con ella por teléfono.

—¡Te he estado llamando! —se exaltó al verla, no tardó ni un segundo en estar a su lado. La tomó de los hombros al ver su expresión deshecha—. ¿Qué pasó? ¿Dónde está Viktor? —se espantó aún más cuando de pronto se echó a llorar desconsoladamente en sus brazos. Sólo se separó de él para poder darle la noticia.

—Tuvo una sobredosis, ahora mismo le están haciendo un lavado de estómago. Al parecer combinó valium con alcohol, mucho alcohol.

—No puede ser... — en verdad estaba sorprendido—... ¿Él intentó...?

—No lo sé —su llanto se intensificó con sólo imaginárselo—. Nunca lo creí capaz de algo así, él es idiota pero no haría algo así.

De pronto ella pareció recordar algo, lo cual hizo que no parara de llorar por un buen rato. Yakov la abrazó y trató de consolarla.

—Él va a estar bien ¿No es así? — su intento de consolarla terminó siendo un fiasco, pues él también estaba muy angustiado.

—No lo sé... el médico dijo que saldría a darnos información cuando terminaran de hacer el lavado gástrico. Dijo que todo dependía de cuánto absorbió su estómago y de cuánto alcohol tomó.

—Demonios —masculló, recordando que últimamente su pupilo solía tomar demasiado. Sí, siempre fue un idiota irresponsable, pero nunca creyó que fuera capaz de intentar algo como eso, es más... ni siquiera sabía desde cuándo había comenzado a consumir medicamentos para dormir—. Tranquila, estás temblando —se asombró un poco.

—E-es que... —se aferró con más fuerza al abrigo del mayor—. Viktor sufrió un paro en la ambulancia. Su corazón se detuvo unos momentos y yo... yo tuve tanto miedo de perderlo. Es mi mejor amigo, fue mi esposo; hemos compartido tanto y hemos desperdiciado tanto tiempo después de nuestro divorcio que me lamento de haber tomado la decisión errónea de casarme con él. Lo he extrañado mucho y ahora me estoy dando cuenta de que he desperdiciado el tiempo.

—Oh... Irina... —se sintió mal por ella. En algún momento la pelirroja también fue su alumna, junto con Viktor. Los conocía desde niños y conocía a la perfección esa extraña amistad que comenzaron desde el jardín de niños. Debía admitir que en sus ya muchos años de vida jamás logró ver a un par de amigos más fieles y unidos que esos dos. Cuando decidieron casarse, él fue el primero en negarse, habló con los dos y trató de hacerlos entrar en razón, pero ninguno le hizo caso. Luego se dio cuenta de que hacían un lindo matrimonio, perfecto ante los ojos de cualquiera, pero había un ligero problema: no había amor de pareja. Se amaban como amigos, no había nadie en el mundo que los entendiera mejor que ellos mismos. No se sorprendió cuando decidieron divorciarse, pero sí le entristeció el hecho de que su amistad se deterioró mucho a partir de ese momento. Luego, con la aparición de Katsuki todo cambió, Yakov pudo ver algo diferente en su pupilo, lo notó más feliz que nunca, sus ojos brillaban radiantemente y nunca borraba su sonrisa tonta. En un principio pensó que sólo se había encaprichado con el japonés, pero poco después pudo comprobar que sólo se trataba del más puro y verdadero amor, uno que no pudo expresarle a Irina simplemente porque ella no era el amor de su vida.

Ahora lo entendía todo.

Y comprendía que Irina se sintiera culpable, Viktor se estaría comportando igual si se encontrara en el lugar de ella.

Transcurrió una hora y media en la que ambos no podían estar más nerviosos, Irina se había mordido ya todas sus uñas para cuando el médico apareció frente a ellos en la sala.

—¡¿Cómo se encuentra Viktor?! —se incorporó como resorte de su asiento.

—Está fuera de peligro.

Fue suficiente para que ambos se tranquilizaran, ella incluso se volvió a sentar en la silla, aliviada.

—Pero...

La rusa odiaba los "pero" que siempre daban los médicos.

—...será sometido a unos estudios extra para averiguar si ha estado ingiriendo algún otro tipo de narcótico. Lo que sucedió no fue sino un claro ejemplo de intento de suicidio. De ahora en adelante el paciente no podrá estar solo, sería peligroso para su salud.

—Entiendo... —se le hizo un nudo en la garganta.

—Llegaron muy a tiempo, un poco más y la mucosa de su estómago habría absorbido todo el medicamento, calculamos que se tomó al menos la mitad del bote ¿Sabe usted lo peligroso que es eso? —no esperó a que le respondiera y continuó—. Además de que llegó al hospital con 2.9 gramos de alcohol por litro de sangre, un poco más y hubiera sido un candidato perfecto para el coma etílico.

—Oh por Dios —se llevó ambas manos a la boca.

—Pero va a estar bien ¿No es así? —intervino Yakov con la mera intención de que el médico dejara de asustar tanto a Irina.

—Ahora mismo lo están trasladando a una habitación, estará internado por lo menos hasta el día de mañana. Queremos monitorear su corazón por el paro que sufrió hace unas horas, sólo para asegurarnos de que todo esté en orden.

—Claro... —se talló el rostro con la manga de su suéter.

El médico se retiró e Irina se echó a llorar nuevamente.

—Tranquila, dijo que estará bien —su voz era suave y pausada, algo muy extraño en él.

—Sí, pero... ¡Argh! —exclamó, fastidiada—. Hace unos meses me lo encontré tan ebrio que estaba inconsciente afuera de su casa, en el suelo. Desde ese momento supe que algo no andaba bien, y traté de ayudarlo pero por alguna extraña razón desde ese día no ha dejado de sacarme la vuelta. Siempre me evade, ya no pude ayudarlo y llegó a esto... ¡Es increíble que haya llegado a este extremo por culpa de Yuuri Katsuki! ¡Increíble! —pasó de la tristeza al enfado en muy poco tiempo.

—No es culpa de ninguno de los dos. Aunque Viktor me va a escuchar cuando despierte —gruñó, aún no podía creer lo que intentó.

Viktor.

Escuché ruidos a mi alrededor, fue cuando intenté abrir los ojos pero fue imposible. Mi último recuerdo era el rostro lloroso de Irina pidiendo que no me durmiera, de ahí en adelante no sé qué pasó ni cómo terminé aquí.

De pronto sentí que unas manos frías tocaban mi brazo, luego mi frente. Esa persona dijo algo y luego escuché sus pasos alejándose.

Volví a caer en una profunda y negra oscuridad, ya no había ruido a mi alrededor, me sentía flotando cómodamente y deseé nunca salir de ese letargo, claro, nunca conté con que despertaría súbitamente al escuchar que alguien me llamaba despectivamente, su voz se oía enojada, no, se oía furiosa.

—Viktor Nikiforov, despierta en este mismo instante —escuché, pero el peso en mis párpados era mayor que mis ganas de saber quién me hablaba de esa forma—. Maldito frentón, despierta de una vez —a sus palabras furiosas le siguió un pellizco en mi brazo. De esta forma terminé abriendo los ojos.

Se trataba de Irina. Le vi su rostro preocupado, hinchado. Parecía que había llorado mucho, sus ojos estaban rojos y su ceño muy fruncido, pero se suavizó un poco cuando le sonreí.

—¿Qué haces aquí? ¿Qué pasó? —murmuré, carraspeé al sentir que mi voz salía muy áspera.

—Eres un idiota, un estúpido egoísta y un maldito hijo de... —apretó sus puños y bajó el rostro. Noté cómo sus lágrimas resbalaban copiosamente por sus mejillas.

Entonces recordé. Recordé que bebí mucho más de lo que en realidad podía aguantar mi cuerpo, pero ni siquiera así logré conciliar el sueño y fue entonces que tomé el frasco de Valium que me había negado a abrir y tomé una pastilla.

¿O no? ¿De qué me había perdido?

—Maldito bastardo, intentaste matarte ¿O qué? —su mirada estaba cargada de furia, tanto que me intimidó.

Un momento. ¿Matarme? Yo sólo tomé una pastilla para dormir.

—¡No te quedes callado! —espetó.

—L-lo siento —levanté ambas manos en señal de paz, o eso intenté, porque uno de mis brazos se quedó a medio camino, pues estaba canalizado con una horrible aguja y un tubo conectado a una fea máquina—. ¡Yo no quise matarme! —carraspeé, mi voz aún salía áspera—. Sólo quería dormir.

—Dormir para siempre, supongo ¡Idiota! —me volvió a pellizcar, entonces sí me enojé.

—Ya basta, deja de hacer eso.

—¿Qué? ¿Esto? —lo volvió a hacer.

—¡Argh! ¡Irina, ya!

—¡Oh! ¿Esto? —volvió a pellizcarme—. Pero si tú aguantas mucho más ¿No es así? Después de todo eres capaz incluso de matarte —espetó con hastío.

—Espera... ¿De qué hablas? —suspiré realmente fastidiado. La cabeza comenzó a dolerme. Ella era mi dolor de cabeza.

—Te voy a refrescar la memoria —sonrió macabramente—. Intentaste beber todo el alcohol del mundo, después te tomaste medio frasco de somníferos y tuvieron que lavarte el estómago para evitar que murieras. Ah, y también sufriste un paro cardiaco.

¿Un paro? ¿Yo?

—Yo... —no sabía qué decir, fruncí el ceño—. En verdad no lo recuerdo.

Fue hasta entonces que se calmó un poco y procedió a explicarme todo lo sucedido. Al parecer sí creyó que en verdad no recordaba haberme tomado medio frasco de pastillas.

—Vaya... lo siento mucho.

—¿"Lo siento mucho"? ¿Esa es tu respuesta? —se le llenaron los ojos de lágrimas.

—La verdad es que sólo quería dormir —reí—. Nunca fue mi intención... suicidarme —me rasqué la nuca con incomodidad.

—¡Idiota!

Por alguna extraña razón no dejaba de estar furiosa conmigo. Suspiré pesadamente y recurrí a medidas extremas.

—Irina, ven.

—¿Qué quieres?

—Sólo acércate.

Fue obediente y cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí, la abracé con cuidado de no arrancarme la intravenosa de la mano. La apreté contra mi cuerpo y sonreí al notar que se calmaba un poco.

—Estoy bien ¿De acuerdo?

—Estuviste al borde de la muerte.

Sí, desde que me dijo lo que pasó pude sentir el peso de mis actos, fui un idiota, lo reconocía.

—¿En verdad no intentaste acabar con tu vida? —se le quebró la voz. No pude ver su expresión, pues estaba aferrada a mi pecho con fuerza, demasiada fuerza. Su rostro estaba oculto bajo la maraña naranja que eran sus suaves cabellos.

—Últimamente no he pasado por momentos muy gratos, pero jamás atentaría contra mi vida de esa forma —aseguré con voz grave, y era verdad lo que decía, nunca atentaría contra mi vida de esa forma, buscaría algo más rápido y menos doloroso.

—Oh Viktor... me asustaste tanto —dejó salir todo su llanto contra mi pecho, mi bata de hospital quedó humedecida.

—Shh... shh... todo está bien, estoy bien, no pasa nada ahora —acaricié su espalda con cariño.

—Viktor —sacó el rostro de su escondite y me miró toda llorosa—. ¿Por qué me evadiste todos estos meses? ¿Qué te hice? Me lo estuve preguntando toda la noche, tampoco pude sacarme de la mente que quizás influí en tu decisión de alguna manera y...

La atrapé de nuevo entre mis brazos, usando toda la fuerza que me era posible en esos momentos, y le dije:

—Zanahoria, yo no quise suicidarme —reí bajito—. Y no hiciste nada malo. Fui yo quien cometió una locura hace un par de meses.

—¿De qué hablas? —se me separó de inmediato, mirándome con sus enormes ojos azules.

—Hablo... —dudé en decirlo—... de aquella vez que dormimos juntos.

—¡Oh! Cuando te encontré borracho e inconsciente en el piso fuera de tu casa —frunció el entrecejo—. Sí, recuerdo eso, fuiste un irresponsable ¡Hubieras pasado la noche ahí si no se me ocurre ir a visitarte!

—Ya veo... así fue como terminé en tu casa —me llevé una mano a la barbilla, lo medité unos momentos—. Espera ¿Cómo me cargaste?

—Uhmm... digamos que tuve que arrastrarte.

La miré feo.

—¡Eres muy pesado! Y creo que golpeé tu cabeza un poco.

¡Ahora entendía el chichón que tenía al día siguiente!

—Sí, bueno... es sobre esa noche.

—¿Y qué tiene eso?

—Pues que dormimos juntos.

—Sí, lo sé.

—¡¿Y lo aceptas tan naturalmente?! Sabes que yo amo a Yuuri, y aun así aceptaste tener sexo conmigo ¡Eso no se hace! No es que intente justificarme, pero yo era el borracho, no tú.

Entonces soltó una risilla entre dientes.

—¿Crees que tú y yo tuvimos sexo?

—¿No fue así?

—¡Claro que no! —se sonrojó un poco—. Esa noche te preparé el sofá con sábanas y cobijas para que durmieras ahí, pero durante la madrugada apareciste en mi cuarto, te desvestiste y te metiste a mi cama.

—¿¡Y por qué no me sacaste?!

—Porque al día siguiente iba a trabajar, no quería dormir en el sillón.

—Vaya anfitriona...

—Además, no hay nada en tu cuerpo que no haya visto —se encogió de hombros con simpleza—. Y es tu culpa por querer dormir siempre sin ropa, es un muy mal hábito.

—Entonces no hubo sexo.

—Nada de nada.

Dejé de ponerle atención, pues por mi mente sólo podía repetirme una y otra vez que no engañé a Yuuri, y eso me daba un gran alivio.

—¿Por eso me evitaste todo este tiempo?

—Sí.

—Eres más nena de lo que imaginé.

Irina

Lo escuché reír nuevamente después de tantos meses. Fue reconfortante verlo sonreír otra vez, era increíble que tuviera que llegar a esos extremos para recapacitar.

Estaba muy callado a pesar de todo, pero pude notar cómo su expresión cambió al saber que no hubo sexo entre los dos, se veía aliviado. Me sentí algo herida, pero a fin de cuentas lo comprendí.

Lo miré fijamente por un rato, creo que se dio cuenta, pues me devolvía la mirada, sólo que me dedicaba una expresión muy extraña y graciosa de desagrado e incomodidad.

—¿Qué tanto miras? —preguntó.

—Miro a un idiota.

—Ya fue suficiente de eso —farfulló.

—Eres un idiota —apoyé el codo sobre la mesita de noche y el mentón sobre mi mano.

—¿Lo vas a superar algún día?

—¿Qué? ¿El hecho de que seas el idiota más grande del mundo?

Creo que me pasé un poco, ya lo había fastidiado lo suficiente y aun así no me detenía.

—Ya, está bien. Lo siento —suspiré—. ¿Tienes hambre? Ya es medio día y no has comido nada.

—No tengo hambre ¿Cuándo voy a salir de aquí?

Había olvidado el repelús que le daban los hospitales. Se hizo así desde que visitaba continuamente el hospital donde su madre estuvo en coma por varios años, hasta su muerte; después tuvo que pasar muchos meses en uno, como paciente; años después le tocó vivir algo similar con Yuuri; y ahora esto.

—¿Te has dado cuenta de que estás tan flaco que ahora sí podría cargarte? Pediré que te traigan algo de comer —quise moverme, pero él me detuvo con una mano en mi brazo.

—Irina —usó su voz seria y grave. Su mirada me lo decía todo—. ¿Cuándo voy a salir de aquí? —casi deletreó las palabras.

Suspiré.

—El doctor dijo que hasta mañana. Quieren tenerte monitoreado, por lo de tu corazón.

—Entiendo.

Extrañamente no se negó y soltó mi brazo.

—¿Algo en especial que quieras comer?

—Lo que tú quieras —respondió sin mirarme.

Salí de la habitación y me llevé una grata sorpresa al encontrarme a Yuri en el pasillo.

—¡Hola! ¿Cuánto tiempo tienes ahí? —pregunté con curiosidad al verlo recargado contra el muro.

—Acabo de llegar ¿Cómo está él?

—Está mejor ¿Hablaste con Yakov?

—Sí, me explicó todo lo que pasó.

—Ya veo... —entristecí un poco—... te sonará extraño, pero creo que lo veo más animado que antes.

Vi que se asombró un poco ante mi comentario, no tardó en entrar para comprobarlo por sí mismo. Entonces retomé mi camino a la cafetería. Me alegré al encontrar un poco de su comida favorita. La compré y regresé cuanto antes a la habitación. Pude haber pedido que subieran la comida hasta el cuarto, pero sentí que necesitaba salir a tomar un poco de aire. Hubo un momento ahí dentro con él que me hizo sentir incómoda, no sabía cómo explicarlo. Ya no era tan inmune a su mirada azul como antes, la profundidad de sus ojos me hizo estremecer un poco.

Entonces recordé los momentos vividos en la ambulancia, ese fatídico momento en el que su corazón se detuvo.

Flash back

Una vez dentro de la ambulancia, los paramédicos revisaron sus signos vitales y llenaron a Irina de preguntas. La pobre no sabía qué responder, pues ella no estuvo a su lado cuando ocurrió el "incidente".

—Su pulso es muy débil, al igual que su respiración.

—Tomen —de inmediato Irina les extendió el bote del medicamento que aparentemente ingirió—. Los policías me pidieron que se los mostrara.

—¿Fue esto lo que tomó?

—N-no lo sé, yo... —se le cortó la voz, quería llorar, pero no se lo permitiría.

—Es Valium, eso explicaría sus síntomas. El problema es saber qué tanto ingirió. Eso sin contar su enorme índice de alcohol en la sangre.

—¡No está respirando! —exclamó otro paramédico, quien verificó también los latidos de su corazón—. Sufrió un paro. Rápido, el desfibrilador —otro paramédico comenzó a prepararlo mientras que otro se encargaba de cargar las paletas.

No pasaron ni diez segundos cuando el pecho de Viktor ya estaba recibiendo las descargas eléctricas que lo traerían de vuelta a la vida. Irina miraba la escena totalmente horrorizada.

Fin flash back

Regresé al cuarto y estuve por entrar cuando alcancé a escuchar la conversación entre Yuri y Viktor. Era la primera vez que hablaban tranquilamente, frente a frente desde que volvió de Japón. Todos esos meses se la había pasado encerrado en su departamento escondiéndose del mundo.

No pude evitarlo y me recargué contra la puerta, escuchando claramente todo lo que hablaban.

—¡¿Robaste su diario?!

—Sí.

—¿Pero cómo lo leíste? ¿Sabes japonés?

—Claro que no sé japonés. Lo mandé traducir.

—Si se entera de eso...

—No lo hará. Ya se lo diré yo a su tiempo. Lo importante es que descubrí dónde está, o eso creo.

—¿Dónde?

—En Canadá.

—Yo también pienso eso.

—Really?!

—Sólo son suposiciones.

—¿Crees que debería ir a buscarlo?

—No.

Escuché silencio por unos momentos. Hasta que Yuri prosiguió.

—¿Sabes? Llamé incontables veces al cerdo, le pedí, casi le supliqué que viniera a verte. Le dije que te encontrabas mal, pero siempre me colgaba la llamada.

¡No le digas eso! Demonios, ve que casi muere por su propia mano y todavía le dice esas cosas.

—Lo que debes hacer... —continuó Yuri—... es recuperarte. Deja ya de beber, no vuelvas a intentar matarte, viejo, y ponte en forma. Estás demasiado delgaducho.

—Yo no intenté...

—Y vuelve al patinaje. Haz que el cerdo te vea competir y extrañe estar a tu lado. ¿Quieres volver con él? Fácil, sólo compite en este GP y demuéstrale que estás mejor que nunca, aunque no sea cierto.

—Yurio... yo no quiero patinar de nuevo.

No pude evitarlo, sentí que la sangre se me iba hasta los pies ¿Viktor no volverá a patinar? ¡¿Por qué?! Era algo que los dos compartimos desde niños. Siempre amamos el patinaje, ese fue su sustento cuando su familia se destrozó, cuando todo su mundo se vino abajo lo único que lo mantuvo en pie fue el patinaje. No podía abandonarlo así de fácil.

—¿¡Qué demonios estás diciendo?!

—No tiene caso. No tengo inspiración, tampoco ánimos y mucho menos la condición física.

—No es por eso.

De nuevo sólo escuché silencio. Me animé a mirar un poco por la rendija que dejaba la puerta entreabierta y noté que Viktor apretaba las sábanas entre sus manos, su postura era rígida.

—No lo es —admitió, pero yo no entiendo por qué dejaría el patinaje.

—Es por el gordo.

—No le digas así. Y sí, es por él —suspiró—. Entiéndeme, no puedo patinar sin terminar recordándolo.

—Ese no es pretexto para no volver a patinar. No seas cobarde y enfrenta esos sentimientos y...

—¡¿Crees que no lo hago?! —estalló—. He pasado todos estos malditos meses enfrentando la cruel realidad. Ahora más que nunca me siento derrotado. La persona que alguna vez fue mi prometido probablemente se encuentre al otro lado del mundo, feliz, ajeno a que estuve a punto de morir hace unas horas. ¡Y estoy enfrentándolo! Estoy encarando la posibilidad de que no vuelva a verlo, o de que realmente se haya olvidado de mí ¿Sabes qué dijo en su diario? Dijo que me odiaba y esperaba nunca encontrarse de nuevo conmigo. Yurio, vivo con este sentimiento todos los días de mi maldita vida ¿Crees que no lo estoy enfrentando? —se mofó—. Si vuelvo al patinaje todos se darán cuenta de la realidad, de lo que siento y de lo que me falta. No puedo hacer una mentira de tal magnitud. Me falta la parte más importante de mi vida, estoy roto sin él... ¿Es tan difícil de entender? Por eso permanecí todos estos meses en casa, porque todos ustedes sólo me dirían que lo olvide, que siga con mi vida, sin entender que él es mi vida.

Se me fue el aire de los pulmones al ver su expresión tan llena de sentimientos, su mandíbula apretada y los ojos vidriosos. Le estaba doliendo de verdad.

Miré a Yuri y pensé que se enojaría y saldría de la habitación.

—Viktor, es por eso que tú... intentaste...

—¡No! Con un demonio ¿Cuántas veces tengo que decir que no quise suicidarme? ¡Yo sólo quería dormir! No había dormido en días, incluso visité a un médico, fue quien me dio esas pastillas.

—Y te tomaste medio frasco y una botella de licor.

Vi cómo mi ex esposo resopló con fastidio. Increíblemente Yuri estaba muy tranquilo, pero no dejaba de verlo con seriedad, casi como si quisiera estudiar cada una de sus reacciones.

—Viejo —dijo de pronto—. No la has pasado nada bien.

—No... —sus lágrimas brillaron más.

—¿Por qué no me buscaste? O a Irina, a Yakov, incluso a Chris, sé que es buen amigo tuyo. No debiste guardarte todo eso para ti solo —abandonó su lugar al pie de la cama y caminó hasta el costado de ésta, donde se atrevió a sentarse en la orilla para luego extender su mano y posarla sobre la de Viktor.

—Yurio... —murmuró con las lágrimas desbordándose por sus ojos.

—No llores, viejo —refunfuñó, sin soltar su mano. Creo que no se esperó que Viktor terminara abrazándolo, fue chistoso ver la expresión que puso.

—Gracias, Yurio.

—¿Volverás a encerrarte al salir de aquí?

—No lo haré.

—¿Volverás a beber así? Casi entras en un coma etílico.

—No lo haré.

—¿Lo prometes?

Viktor rio un poco.

—Lo prometo.

No pude evitar sonreír al ver esa escena, parecían hermanos, de esos que se demuestran cariño una vez cada dos años bisiestos. Quise entrar y sorprenderlos en ese abrazo, pero sería muy incómodo y vergonzoso para ellos si lo hacía.

—¡Hola chicos! Traje la comida —entré, riendo internamente al ver cómo Yuri intentó separarse inmediatamente del abrazo.

—No te vayas. Nunca me dejas abrazarte. Un poco más —dijo Viktor mientras lo retenía con fuerza a pesar de que el otro se resistía y hacía todo lo posible por salir de ese abrazo.

—¡Ya suéltame! —logró zafarse, sólo para mostrarnos su gran sonrojo.

Narradora

El tiempo transcurrió algo rápido a partir de ese día. Viktor salió del hospital con estrictas indicaciones de no beber ni una gota de alcohol. Necesitaba desintoxicar su cuerpo de tanta bebida. Yurio, Irina y Yakov lo acompañaron a su departamento y descubrieron que el ruso ni siquiera se había molestado en desempacar. Luego de un gran regaño por parte de Irina, entre todos se pusieron a desempacar y organizar las cosas.

No había día en que no fuera visitado por alguno de ellos, con Irina pasaba el mayor tiempo del día. Iba a visitarlo y charlaban mientras tomaban café o té. Ella se preocupó un poco al pensar en que recaería muy fácilmente en el alcohol, pero al parecer ese gran susto en el hospital fue más que suficiente para que se diera cuenta de que ya había sido suficiente de borracheras, era momento de darle vuelta a la página y seguir con su vida.

—¿Qué vas a hacer ahora? —inquirió con curiosidad mientras ambos bebían café en la sala del departamento. La luz del día entraba por los amplios ventanales, alumbrando todo a su paso.

—No lo sé —bebió de su taza mientras acariciaba a su fiel mascota—. Quizás debería unirme al negocio familiar.

—¿¡Qué?! ¿Eres capaz de volver a hablarle a tu padre con tal de no patinar de nuevo?

—No estoy tan necesitado —rio—. La herencia que me dejó mi madre es lo suficientemente copiosa como para que no trabaje el resto de mi vida, pero necesito hacer algo, me volveré loco si permanezco en este departamento encerrado. Y sobre lo del negocio familiar, era sólo una broma.

—Muy mala broma. Por cierto, había olvidado la herencia de tu madre... ¿Tan grande es?

—Lo sabrías si nos hubiéramos casado por bienes mancomunados. Ahora mismo serías la dueña de la mitad de esa fortuna.

—Lo sé, pero ese nunca fue mi objetivo al casarme contigo. Además, las herencias no entran en el reparto que se hace en un divorcio, tonto.

—¿Entonces por qué te casaste conmigo?

De pronto la conversación se tornó más profunda.

—Eras muy guapo.

—¿Era? —casi se ahogó con su café, riendo mientras limpiaba lo poco que derramó en su barbilla.

—Es broma, sigues siendo muy guapo —lo miró con una sonrisilla traviesa—. La realidad es que no lo pensé. Dijiste "casémonos" respondí "sí" y en media hora ya estábamos en la notaria frente a un juez.

—Nos precipitamos.

—Así es... y me arrepiento de ello porque a partir de nuestro divorcio nos distanciamos mucho. Arruinamos nuestra amistad.

—No la arruinamos, aquí estamos —sonrió con calidez.

Irina lo miró fijo por unos segundos y terminó sonriendo de igual manera. Estuvo a punto de decirle algo que se juró nunca decir, pues si lo hacía era probable que nunca más le dirigiera la palabra.

—Viktor... yo...

Entonces el timbre sonó. Un ajetreado Yurio apareció en la puerta.

—Georgi quedó en los finalistas de Grand Prix y Yakov quiere que alguno de nosotros lo acompañe a la final en Moscú. Quiere que yo vaya, pero no puedo, ¡tengo exámenes! Debo concentrarme.

—¿Concentrarte? Si te la has pasado con Otabek todo este tiempo, si no mal recuerdo apenas hoy salió de San Petersburgo rumbo a Moscú.

—Eso no importa —gruñó, sonrojado al verse descubierto, y es que el kazajo lo había visitado y se quedó en su casa un par de días antes de ir a la gran final. Yurio en verdad quería ir a verlo, pero tenía exámenes finales. Se había metido en cursos avanzados y adelantó muchas clases para poder terminar la preparatoria antes de los diecisiete años, por esa razón no podía descuidarse en esas últimas pruebas.

—No seas tan gruñón, Viktor —apareció Irina tras él. Ni siquiera había hecho uso de sus modales, pues Yurio seguía parado bajo la puerta principal.

—¿Entonces vas a ir o no? Es mañana —le dedicó la mejor mirada intimidante de su repertorio.

—No voy a ir. ¿Sabes lo que sería para mí poner un pie en ese lugar? Hay muchos reporteros, hay patinadores.

—Puede que el cerdo esté ahí.

—No estará ahí. Él no participó en el GP. Yurio, no soy tonto.

Mierda —pensó el rubio, luego tuvo otra gran idea, sacó su móvil y marcó un número—. ¿Yakov? Sí, acabo de hablar con Viktor, dice que irá contigo. Habla con él para que se pongan de acuerdo. Sí, sí, adiós —colgó y miró con una sonrisa desafiante a su compatriota.

—¿Qué demonios acabas de hacer? —masticó cada palabra.

—Irás con Yakov —sonrió—. ¡Nos vemos! —salió corriendo antes de que Viktor lograra atraparlo por la capucha de su chamarra.

Viktor terminó aceptando acompañar a su ex-entrenador, pues éste casi lo amenazó al verlo renuente a ir. Tuvo que vestirse diferente para pasar desapercibido, incuso usó lentes de sol y gorro.

No quería y le enojaba mucho el hecho de tener que poner un pie cerca de cualquier pista de patinaje. Esto lo devolvió a su estado de ánimo anterior: amargado, gruñón, frío.

El día de la gran final Viktor la pasó muy mal. Creyó haber visto a Yuuri y se sintió todo un imbécil. Ni siquiera se quedó a la premiación, salió corriendo de ahí mucho antes. Hasta después supo que su querido amigo Chris al fin ganó el oro, aunque no estaba muy conforme ya que él no participó. Otabek quedó en segundo, lo que puso feliz a Yurio y Phichit quedó en tercero, lo que seguramente haría muy feliz a Yuuri.

El cumpleaños del katsudon llegó muy pocos días después del GPF y Viktor se hundió en una profunda depresión. Ese día no quiso ver a nadie, se encerró en su departamento después de pedirle a Irina que cuidara de Makkachin por unos días. No tenía cabeza para cuidar a nadie, ni a él mismo.

Ese día tuvo la gran necesidad de un trago. Lo buscó desesperadamente por todo su departamento pero no encontró ni una gota. Irina lo había hecho tirar cualquier botella, incluso ese licor de durazno que muy a penas y tenía alcohol. Quiso salir a buscar, pero se abstuvo, fue fuerte y resistió. Lo que no aguantó fue la necesidad de un poco de Diazepam.

Fue a su baño, abrió el botiquín y sacó una pastilla que había estado oculta en un frasco vacío de acondicionador para el cabello.

"Sólo una" pensó.

Esa noche en especial no quería pensar, no quería padecer de insomnio, así que la tomó y se fue a dormir.

El veinticinco de diciembre no fue muy diferente en cuanto a su sentir. Una profunda depresión lo invadió, pero en esa ocasión no pudo ir y encerrarse en su habitación a dormir ¿Por qué? Fácil: no tenía más diazepam, pero sí tenía a todos sus amigos en el departamento celebrando su cumpleaños y navidad. Le habían organizado una fiesta sorpresa en su propia casa. Tuvo que aceptarlos y pasar el tiempo con ellos a pesar de que lo único que quería era irse a meter en la cama, pero no lo hizo, pues hasta Chris se había tomado la molestia de viajar sólo para verlo.

—¿Te estás dejando crecer el cabello para venderlo de nuevo por internet? —inquirió el suizo, sin soltar su copa de vino tinto.

—Muy gracioso —frunció el ceño—. No, simplemente no he ido a cortarlo —miró su cabello y lo largo que ya estaba, le llegaba por debajo del hombro, casi a media espalda.

Mentira, lo haces por Yuuri —pensó Irina, recordando lo que alguna vez le dijo sin pensar.

—¿Y cuándo volverás al patinaje? Ganar no se siente igual si no compito contra ti.

—No volveré.

Todos los invitados guardaron silencio ante tal afirmación.

—¿Qué? —Chris palideció.

—¡Es hora de partir el pastel! —Irina se puso de pie y fue en busca del postre, aliviando un poco el silencio que se había formado.

El resto de la noche fue algo incómoda para todos. Se sentía como si Viktor no deseara que estuvieran ahí, así que finalmente se retiraron uno a uno, hasta que sólo se encontraban Yurio, Otabek e Irina.

—Gracias por todo —mostró una media sonrisa cansina—. Fue una linda sorpresa.

—No seas mentiroso, no te gustó —Irina fue demasiado franca.

El silencio incomodo volvió a hacer acto de aparición.

—No es eso... —suspiró y se rascó la nuca—... en verdad agradezco el detalle, pero... lo siento, quisiera ir a dormir —se dio media vuelta hasta desaparecer por el pasillo que conducía a la habitación principal.

Irina iba a ir detrás de él, pero Yurio la detuvo.

—Déjalo, quiere estar solo.

Estaban preocupados por él, ya había pasado tiempo desde el incidente con el alcohol y las pastillas, y a pesar de que ya se alimentaba mejor y de que le daba un poco más el sol, seguía viéndose paliducho, flaco y muy ojeroso, aunque eso sí... su cabello no dejaba de crecer, fuerte y sano.

El año 2018 llegó demasiado pronto, pero las cosas para Viktor no habían cambiado mucho. Se encontraba en un bache profundo. Su vida se resumía en las cuatro paredes de su habitación, ya ni siquiera se encargaba de Makkachin.

Todo era monotonía hasta que cierto día de enero encontró algo muy interesante en internet.

Era una mañana común y corriente, él se encontraba tumbado entre sus sábanas eternamente revueltas mientras navegaba en sus redes sociales en medio de la penumbra de su cuarto, siempre oscuro debido a las cortinas cerradas.

Estaba revisando su twitter, aburrido, hasta que de pronto un salvaje video apareció ante sus ojos.

¡No podía creerlo!

—¡Oh mi Dios! —dio un brinco sorprendente de su cama y así, en bóxer, salió corriendo de su departamento, rumbo al de su ex esposa.

Cuando llegó a la casa de Irina tocó la puerta con intensidad.

—¡Irina! ¡Irina, ábreme! —golpeaba con un puño, insistentemente mientras que en su otra mano detenía su teléfono.

—¿¡Qué pasa?! —abrió, espantada—. ¡Estás en ropa interior! ¿Pero qué te ocurre? ¿Tomaste alcohol?

Viktor hizo caso omiso de sus preguntas y de su expresión entre preocupada y asombrada. Sólo la tomó del brazo y entró con ella al departamento, la llevó hasta la sala y estando ya ambos sentados le extendió su celular mientras recibía a un emocionado Makkachin que se le echaba encima, casi reclamándole por abandonarlo tanto tiempo.

—Mira esto —le dio el teléfono y dejó que su mascota se le subiera al regazo, sí, un perro enorme sobre el regazo de Viktor. Lo dejó hacerlo como compensación por dejarlo con Irina todos esos días.

La pelirroja aceptó el teléfono entre sus manos y luego alzó la mirada, contemplando esa expresión en Viktor que tenía tantos meses de no ver. Sus ojos brillaban resplandecientes, su sonrisa amplia mostraba toda su dentadura anterior, opacando por completo su rostro pálido y las obscuras ojeras.

—¡Mira el video! —rio melodiosamente.

Con una ceja alzada y una sonrisa incrédula, ella miró el video desde el principio.

—¡Oh por Dios! ¡Es Yuuri!

—¡Sí! —asintió repetidas veces con su cabeza, como un niño chiquito, muy emocionado.

En el video se podía ver a un Yuuri muy cambiado. Estaba patinando una rutina en pareja con una chica. Pero lo que más llamó su atención obviamente fue el japonés. Miró su cuerpo ¡Estaba muy diferente! Demasiado hermoso, demasiado perfecto y hermoso. Jamás lo había visto tan atractivo y tan seguro en sus pasos.

Viktor no podía creer que su Yuuri había logrado volver a patinar ¡Y mejor que nunca! Sus movimientos eran fluidos, precisos, fuertes en cada salto. Sus extremidades, más fuertes y tonificadas que nunca eran capaces de alzar a esa chica sin ninguna dificultad para luego seguir una coreografía que hacía honor a lo que Viktor siempre le dijo a su katsudon: Hacía música con sus movimientos.

¡Y su cabello! ¡Su cabello era un poco más largo! Lo suficiente para que se lo amarrara en una media coleta. Esto casi le causó un corto circuito al ruso, quien nunca se imaginó que se vería tan sexy con el pelo así.

Los pasos iban en perfecta sincronía con la canción de fondo, la pudieron identificar como "Total ecplipse of the heart" lo más extraño era que había gente patinando en la pista y ninguno pareció reconocer a Yuuri, bueno, a excepción de quien tomó y subió el video, poniendo en la etiqueta: "Yuuri Katsuki ha regresado, y más preparado que nunca con esta rutina improvisada en el centro de patinaje de Toronto".

El video terminó y la pelirroja no pudo evitar soltar un gritillo muy al estilo "fangirl" luego alzó la mirada y vio cómo su ex estaba caminando por la sala de un lado a otro, con las manos en su espalda y con una expresión indescifrable. Estaba feliz, sí, pero algo pasaba por esa loca cabecita.

—Es Yuuri, Irina, es él. ¡Se recuperó! Puede patinar de nuevo y lo hace tan... ¡Por Dios! Si nos enfrentáramos en este mismo instante no habría duda sobre quién sería el ganador —rio, refiriéndose obviamente a su amado—. ¡Y está en Canadá! Mis sospechas y las de Yurio eran ciertas, dios mío, dios mío... —se llevó ambas manos a la cabeza, sin dejar de caminar como león enjaulado. Era una escena digna de grabar.

Y es que estaba eufórico.

—La pulcritud en sus saltos es increíble, sus pasos son mejores que antes, cosa que no creía posible. Lo hace tan bien que podría enamorarme de él una y mil veces más.

—Viktor... ¿Estás llorando?

—No —la voz se le cortó mientras gruesas lágrimas se resbalaban por sus mejillas y escurridizas llegaban hasta la comisura de sus labios alzadas en una hermosa y pura sonrisa—. Bueno, sí... —rio—. ¡Pero es que estoy tan feliz! Yuuri se recuperó... —soltó un suspiro lleno de nostalgia y terminó sentándose en el sofá a un lado de Irina—. ¿Concursará en el Grand Prix de este año? ¡Pero claro que sí! Está en muy buenas condiciones, es un hecho que lo hará.

—Viktor —lo llamó con una sonrisa, temía que éste no le respondiera debido a su emoción. Estaba segura de que si se presentara un terremoto en ese instante, él no se percataría de ello, más bien seguiría hablando como bobo de su Yuuri.

—¿Qué? —detuvo su parloteo sobre lo hermoso que se veía Katsuki.

—¿No te has preguntado quién es esa mujer? —señaló a la castaña que patinaba en pareja con el japonés—. No alcanzo a distinguir quién es, pero... ¿Por qué patina con Yuuri? —entrecerró los ojos tratando de reconocer a la susodicha.

—No sé y no me importa —frunció el ceño y muy pronto volvió a sonreír—. Volveré a patinar —sentenció.

—¿Qué? —se quedó sin palabras.

—¡Sí! Competiré contra él en el GPF de este año, le demostraré mi sentir y volveremos a estar juntos. Me voy, iré a planear mis coreografías —le quitó el celular de las manos, le hizo una seña a Makkachin para que lo siguiera y se fue en calzoncillos directo a su departamento.

Irina se quedó en su departamento, sonriente y emocionada.

El Viktor de siempre había vuelto.

Ese mismo día Viktor fue al centro de patinaje y sorprendió a Yakov y a Yurio, quienes ya se estaban preparando para el GP, sí, Yurio al fin iba a participar de nuevo. Los aludidos creyeron que veían a un fantasma, pero no, era Viktor quien había "renacido de las cenizas". Poco después vieron el video y entendieron por qué esa chispa de inspiración tan repentina.

Yakov volvió a entrenar a su amado pupilo, sorprendiéndose por cómo armó dos coreografías distintas en tan sólo unos días. Incluso ya había elegido el tema para esta temporada: Amor.

—¿Amor? ¿Igual que el cerdo hace dos años?

—Sí, pero este amor será el verdadero, puro; ese que resiste cualquier adversidad. Amor real.

—Antes de que empieces a practicar tus coreografías sobre hielo, necesitas recuperar tu peso anterior.

—Pero no estoy gordo —miró a su entrenador sin entender.

—¿No te has visto? ¡Eres un fideo! Recupera tu condición física de antes y luego vienes a buscarme.

Yurio se burló a lo grande, Viktor quiso reprocharle que no tenía derecho a burlarse siendo que él también era muy delgado, pero no pudo, pues para su edad ya estaba más corpulento que antes. Poco a poco dejaba de ser ese adolescente delgadito al que confundían con una chica, estaba próximo a sus diecisiete años.

—¿Qué pasa? —inquirió el ojiazul sintió la pesada mirada de su entrenador.

—Parece que estoy viendo al Viktor junior —sonrió con algo de nostalgia. Y tenía razón. Estaba muy delgado y su cabello estaba igual de largo que en ese entonces.

—Es cierto... Viejo ¿vas a poder patinar con todo ese cabello?

—No te atrevas a decir nada —lo apuntó con un dedo—. Ya que estás copiando mi estilo.

—¡Claro que no!

Y es que también se había dejado crecer el cabello, pero él si iba a cortárselo de repente, para evitar tenerlo tan largo, apenas le llegaba por debajo de los hombros, no se sentía a gusto con el cabello más largo, además que siempre lo traía en una coleta. Sólo se lo soltaba cuando estaba con Beka, a solas.

Todos alrededor de Viktor se sorprendieron al ver que no fue impulsivo y decidió quedarse en Rusia a pesar de saber la ubicación exacta de su amado. Lo que no sabían era que sí, tuvo el impulso de ir y enfrentarlo de una vez. Ya le había dado más tiempo del necesario, pero se abstuvo, fue más maduro, se detuvo y prefirió sorprenderlo con sus rutinas en el GP.

Tenía muchos sentimientos encontrados, estaba furioso porque Yuuri estaba en Canadá (lo más seguro era que con J.J.) pero al mismo tiempo estaba irradiando felicidad.

Viktor comenzó con una dieta rigurosa basada en proteínas y altas calorías, combinada con un arduo ejercicio en el gimnasio para tonificar de nuevo sus músculos. Le costó trabajo recuperar su peso, y en realidad no pudo hacerlo del todo, pero logró lo suficiente para poder comenzar a practicar sobre el hielo.

Sus entrenamientos eran extenuantes y muy largos. Solía apartar la pista antes de que abrieran y después de que cerraran. Yurio entrenaba junto con él, el adolescente tenía muy buen aguante, casi tan bueno como el de Yuuri.

—No, Viktor, así no —refunfuñó Yakov—. ¡Concéntrate y hazlo bien!

El aludido asintió y le hizo caso a su entrenador. Volvió a intentar el loop cuádruple, pero no le salió y terminó cayendo al hielo, golpeándose la cadera derecha con fuerza, incluso soltó un leve quejido, le había dolido. Por un momento se sintió decepcionado. Nunca antes le había costado tanto trabajo hacer ese salto ¡Era su especialidad! Aunque era obvio que no patinaría igual que antes, al menos no después de tomarse casi tres años fuera del hielo. Ahora estaba pagando la factura, además que nunca antes había sentido tanto su edad. Veintinueve años ya eran muchos para un patinador aspirante a la final de otro GP.

Entonces se incorporó del hielo y notó cierto dolor en su espalda. Ya había entrenado de más.

—Ve a casa, ya fue suficiente entrenamiento por hoy —al parecer Yakov lo notó.

—Aún no. tengo que lograr ese salto.

—Viktor, estás practicando ocho horas diarias. Eso es demasiado, incluso para ti.

Once horas —lo corrigió en su mente. Lo que Yakov no sabía era que los dueños de la pista lo dejaban usarla en las madrugadas, incluso le habían dado una copia de las llaves para que entrara cuando le viniera en gana. Así que había días en que no dormía, se la pasaba practicando y ni así lograba dominar las rutinas que él mismo se impuso. Era frustrante—. Está bien, me iré a casa —salió de la pista, haciendo como que obedecía a su entrenador, pero cuando puso un pie fuera del hielo sintió un pulsátil dolor en su cadera derecha y en su espalda baja. No había caído bien en su último fallo, pero le restó importancia, no era nada que no se quitara con un buen baño caliente al llegar a casa.

—Vete a casa, toma un baño caliente y tómate el día para descansar. No debes forzar tus articulaciones.

—Me lo dices como si fuera un viejo.

—Sabes a lo que me refiero. No te esfuerces de más ¿Entendido? —lo miró amenazante.

—Sí, sí —se fue a los vestidores y se quedó ahí hasta que apagaron todas las luces y cerraron el lugar. Entonces se volvió a poner los patines, puso la música que había especialmente elegido para su programa libre, ese que aún no lograba dominar y probablemente el más difícil que había hecho en toda su carrera.

Comenzó la coreografía y todo iba perfecto hasta que llegó a la parte de los saltos. Había decidido agruparlos todos hasta la segunda parte, así obtendría más puntos y sorprendería más a Yuuri.

La música llegó a su clímax y fue el momento preciso en el que debía hacer dos saltos cuádruples seguidos. Logró hacer el primero, el segundo... no.

Cayó brutalmente contra el hielo. Su espalda baja recibió todo el impacto. Había sido una mala caída, aún peor que la que tuvo hace unas horas. No pudo levantarse, se quedó en el hielo, tratando de contener su respiración agitada y ese grito que quería dejar salir de su garganta. El dolor era agudo e intenso, un dolor que jamás había experimentado antes, al menos no físicamente. Cuando su espalda y cadera dieron contra el hielo casi juró haber visto estrellas bajo sus párpados. Pasaron los minutos y el dolor no disminuía, su cuerpo comenzaba a entumirse por el contacto directo con el hielo, sus ropas estaban ya empapadas y el dolor incluso se intensificaba más. Tuvo que llevar una mano temblorosa hacia su espalda baja y su cadera, sólo para comprobar que éstas no estuvieran fracturadas o algo por el estilo. Suspiró aliviado al encontrar todo en su lugar, también al comprobar que la movilidad en sus piernas era normal, pero no pudo levantarse. Al más mínimo intento de moverse el dolor aumentaba más (Si es que era posible).

Miró a su alrededor, buscando ayuda, pero no había nadie. Sólo estaba él en el lugar. Nadie llegaría sino hasta las ocho de la mañana, cuando el encargado abriera, para eso faltaban muchas horas.

—Demonios —murmuró entre dientes al recordar que dejó su teléfono en el vestidor. Lo peor del caso es que se encontraba justo en medio de la pista.

No hubo otra opción, se arrastró sobre el hielo hasta llegar a la orilla. Le tomó mucho tiempo, sudor, lágrimas y gritos amortiguados por el guante que se llevó a la boca para morder y soportar así un poco el dolor.

Agitado y muy adolorido intentó ponerse en pie, pero su espalda no se lo permitió, no soportaba estar de pie y su cadera le reclamaba con agudo dolor, quizás sí se había roto algo. Tuvo que arrastrarse poco a poco hacia los vestidores, pero en el piso era más difícil que en el hielo, y más doloroso.

Quedó inconsciente a medio camino, no logró llegar, no pudo llamar a nadie. Se quedó toda la noche tumbado en el suelo. El encargado de la pista se lo encontró ahí hasta las nueve de la mañana porque sí, se dio el lujo de llegar tarde al trabajo, nunca se imaginó que al llegar se encontraría al gran Viktor Nikiforov inconsciente y al parecer lesionado.

Yakov fue notificado de inmediato y para cuando llegó al lugar, Viktor ya había despertado y aguantaba el dolor con mucho esfuerzo. Se asustó al ver que temblaba y sudaba frío. Estaba sufriendo mucho.

—¡No se te ocurra moverlo! —le gritó al encargado, quien intentaba ayudarlo a acomodarse mejor o a levantarse del suelo—. Vitya ¿Qué pasó?

—Me-duele... —masculló entre dientes, se veía algo desorientado, cercano a quedar inconsciente de nuevo.

—¿Dónde duele? —se agachó a su lado, temiendo tocarlo y dañarlo más.

El ojiazul llevó su mano a la espalda.

—Mi espalda baja, de nuevo...

—¡Con un demonio! ¡Ya sabías que esto podía ocurrir! Desde aquella lesión quedaste muy sensible a este tipo de golpes. Por cierto... ¡¿Qué rayos hacías en la pista?! ¡Te dije muy claramente que te fueras a casa! ¿Acaso no entiendes?

—Yakov... me duele mucho. Creo que... me rompí la cadera.

El entrenador palideció y dejó de regañarlo. Ya suficiente tenía con el dolor que sufría y con haber pasado toda la noche en esa agonía.

—¡La ambulancia llegó! —exclamó el encargado—. Se estacionó en la puerta trasera, la gente no tardará en comenzar a llegar.

—Viktor... —soltó en un suspiro asombrado, muy asombrado. Pues llegó temprano para entrenar y nunca pensó toparse con eso—. ¡¿Qué te pasó?! —corrió a su lado y quiso hacerle más preguntas, pero los paramédicos llegaron en ese momento con una camilla.

—Yurio, ayúdanos —le pidió que se acercara un poco más.

Entre los dos paramédicos, Yakov y Yurio, sujetaron a Viktor para subirlo a la camilla.

—Esto va a doler mucho —le anticipó un paramédico.

—L-lo imaginé —susurró el ruso, casi en la inconsciencia, pero no lo suficientemente inconsciente como para no soltar un gran grito al sentir cómo lo alzaban entre todos. La intensidad del dolor fue suficiente para que se desmayara de nuevo.

Corría por los pasillos del hospital, buscando frenéticamente a alguna enfermera que le pudiera dar información sobre Viktor. Le fue muy difícil comunicarse con ellas, pues ninguna hablaba japonés y el inglés a penas lo dominaban.

Cuando le dieron el número del cuarto de Viktor, corrió como loco, el aire le faltaba pues no se molestó en esperar al elevador, no, se fue por las escaleras hasta llegar al octavo piso del hospital.

Mientras corría, iba pensando en la nota periodística que vio en un video. La vio durante el vuelo. Yakov había dado un informe a la prensa sobre lo sucedido. Explicó que Viktor había sido desobediente y se sobre esforzó en el entrenamiento. Dijo también que había sido muy grave debido a que tenía una vieja lesión en la espalda baja. Cuando era apenas un adolescente sufrió un accidente ajeno al patinaje que lo condujo a una larga y extensa cirugía de columna, justo en las vértebras lumbares. Su recuperación de esa cirugía fue muy larga y tediosa. Nadie sabía sobre ello, ya que sucedió antes de que se hiciera tan famoso.

Un reportero le había preguntado cómo hizo Viktor para lidiar con una lesión de tal magnitud. Y Yakov respondió que su pupilo era un maldito con mucha suerte, pues esa lesión le traía consecuencias sólo cuando se extenuaba en el entrenamiento, y afortunadamente él nunca necesitó entrenar mucho para dominar sus rutinas, había llegado al mundo con un talento innato para el patinaje, pero ahora se hizo presente debido a sus años de ausencia en el hielo.

Yuuri no podía creerlo, es decir, conocía el cuerpo de Viktor de pies a cabeza y nunca notó una cicatriz de alguna cirugía de columna, nunca notó nada.

También estaba sorprendido, pues a pesar de ello siguió patinando hasta convertirse en pentacampeón mundial. Era increíble, vaya que sí, y eso lo motivó a seguir recuperándose, si Viktor lo había logrado con una lesión así, era un hecho que él podría hacerlo de sus espasmos.

Las enfermeras le habían dicho que no ocupó cirugía para reparar los daños que tenía en su espalda y cadera, pero decidieron sedarlo debido al fuerte dolor que sufría estando consciente. Cuando llegó al cuarto se sintió morir. Ahí, justo en medio de la habitación estaba Viktor inconsciente, postrado sobre esa cama de hospital. Y entonces se preguntó ¿Así se habrá sentido él cuando lo vio en coma aquella vez? Era horrible, ese sentimiento de angustia no se lo deseaba a nadie.

Pensó que quizás se toparía con Yakov, con Yurio, incluso con su ex esposa, pero no había nadie en la habitación. Se sintió muy triste al verlo solo. No esperó ni un segundo para acercarse a la cama y mirarlo más de cerca. Tenía miedo de tocarlo, se veía tan vulnerable. Había marcas de lágrimas en sus mejillas, su ceño estaba ligeramente fruncido y él en general se veía más delgado que antes.

—Viktor... —susurró mientras acariciaba su rostro. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que lo vio, que lo tuvo frente a sí—. Oh Viktor... ¿Qué te ha pasado?

Miró su rostro demacrado, sus ojos hundidos y adornados con profundas ojeras. Su cabello plateado estaba suelto y desparramado por toda la almohada, adornándola con sus finas hebras. Su cuerpo se veía delgado también. ¿Habría enfermado? ¿Por qué se veía tan mal?

—Perdóname, Viktor, perdóname por no haber venido antes a buscarte. Perdóname por haber reaccionado de esa manera. No debí alejarme nunca de tu lado, perdóname —tomó su mano y la besó con un infinito cariño lleno de culpabilidad.

Todos los sentimientos de amor que estuvo conteniendo durante meses, quisieron desbordarse en ese momento. Quería acostarse a su lado, abrazarlo como si su vida dependiese de ello y arrepentirse de todos los errores que había cometido. Ahora más que nunca se sentía una mierda y era consciente de su exageración al huir al otro lado del mundo.

—¿Podrás perdonarme? —se atrevió a besar su frente, sin soltar su mano en ningún momento. Ésta se encontraba muy fría, demasiado raro en alguien como él.

No podía despegar sus ojos de ese rostro que alguna vez estuvo lleno de alegría. Ahora gran parte de su cara estaba cubierta por una mascarilla que le brindaba el oxígeno necesario. Extendió su mano hasta alcanzar su mejilla. Miles de lágrimas se acumularon en sus ojos, cayendo una tras otra. Miró de nuevo su cabello larguísimo y se preguntó si se lo había dejado crecer por él.

—Lo siento tanto —seguía lamentándose. Nunca se esperó que sus hermosos ojos azules se abrieran un poquito, muy a penas se veían sus irises color cielo, pero al comprobar que era Yuuri quien estaba a su lado no pudo evitar abrirlos aún más.

—Y-Yuuri ¿Eres... tú? —su voz fue a penas un murmullo débil, como el sonido del viento colándose por la ventana.

—¡Viktor! ¡Oh Viktor! —puso ambas manos sobre las mejillas de su ex novio—. Mi amor, soy yo, aquí estoy, contigo —tomó su mano y la apretó con fuerza.

—Yuuri... —sonrió con debilidad, no podían despegar sus ojos del otro. Ambos lloraban—. Te extrañé... —intentó corresponder el apretón de manos, pero no pudo, no tenía fuerza.

—Tonto... ¿Qué te hiciste?

El aludido rio un poco, pero fue suficiente para que el dolor lo atacara de nuevo, éste era muy intenso.

—No te rías, no te muevas —no sabía qué hacer para calmar su dolor.

—Quédate... —murmuró, casi inconsciente, los sedantes estaban haciendo de las suyas—. Quédate... mi am... —no pudo completar la palabra.

—Viktor —susurró, sin dejar de llorar en ningún segundo.

—¿Qué estás haciendo?

El japonés se sobresaltó al escuchar esa voz hablando en inglés, pero con un marcado acento ruso. El aire se le atoró en la garganta al levantar la mirada y ver a un hombre demasiado apuesto frente a él: alto, buen cuerpo, cabello negro, liso y corto. Se veía un poco cansado, se notaba en su expresión. Yuuri no supo qué responder, se halló intimidado ante esos ojos de color azul oscuro, tan potentes, y esa expresión severa que de pronto se suavizó, convirtiéndose en una de completo asombro con algo de desprecio.

—Eres Yuuri Katsuki —pronunció el nombre del japonés con el mismo acento que Viktor, chistoso para alguien que se veía tan serio.

—Sí, soy yo —al fin logró articular palabra.

—Retírate, no tienes nada qué hacer aquí —frunció el ceño, se veía realmente molesto. Luego miró la mano del japonés sosteniendo la del ruso—. Suéltalo, no lo toques, él ya no es nada tuyo.

—¿Quién eres? —se molestó.

—Eso tampoco te importa, sólo suéltalo y vete de una vez, no le hagas más daño ¿Sabes? Él está así por tu culpa. Deberías alejarte de una vez por todas, no lo busques, no lo llames, no vuelvas a pensar en él. Terminaste con la relación que ambos tenían, así que no tienes ningún derecho ya. Él va a lograr olvidarte, yo lo ayudaré.

—Oh... —la sangre se le fue a los pies—. Creo... creo que ya entiendo... Tú y él...

—Sólo vete —chasqueó la lengua, moviendo la cabeza en dirección a la puerta.

Yuuri no pudo decir nada más, un nudo inmenso se formó en su garganta y su pecho dolió con fuerza. Miró a Viktor y se sintió muy culpable. Él tenía ya a otra pareja y no podía reclamarle nada, después de todo fue él mismo quien le dijo adiós, prácticamente abandonándolo. Ese hombre tenía todo el derecho del mundo para correrlo de ahí, después de todo, si ellos eran pareja Yuuri no tenía nada qué hacer ahí.

Había perdido a Viktor para siempre.

—Lo siento —acarició una vez más el rostro de su amado y aguantando el llanto se fue casi corriendo de ahí.

Al salir del cuarto chocó con alguien de frente.

—Perdón —estaba por irse sin ver de quien se trataba, hasta que la víctima de su distracción lo llamó por su nombre.

—¡Yuuri!

Pero el japonés no reaccionó al llamado de su amigo rubio.

—¡Cerdo! —intentó perseguirlo, pero Yuuri fue muy rápido, no logró encontrarlo.

Continuará...

¡Hola chicas!

¡Disculpen mucho la tardanza! Casi un mes de que actualicé ¿O sí fue un mes? ¡Ay! Ya no sé en qué mundo vivo.

Nunca en la vida había escrito un capítulo más largo que este ¡JAMÁS! Espero de verdad que les haya gustado y que no les haya parecido largo y tedioso. El cap fue largo porque tenía que agregar el diario de Yuuri más las experiencias de Viktor en Rusia y su accidente. (y faltó más por agregar, pero lo dejé para el prox cap).

En verdad espero que valga la pena la espera para ustedes.

Seguro han notado que no he entrado mucho a las redes sociales. Y esto es porque la universidad está con madre (sarcasmo) hay demasiado trabajo, muchos pacientes por atender, muchas tareas, exámenes, es de los semestres más pesados de la carrera y me es complicado combinar mis estudios con el trabajo y con la escritura, por eso tardé tanto en subir un cap nuevo.

Hay muchas cosas que quiero responder y comentar en fb, pero simplemente no me he dado el tiempo. A veces entro cuando estoy en el camión o en el metro rumbo a la escuela, pero no logro ver todo. Soy de las personas a las que les gusta ver todas sus notificaciones de un solo tirón, así que si entro a fb y veo muchas notificaciones digo: "Lo leo en la noche" y ese momento nunca llega :'(

¡AVISO!

Chicas, hay muchas solicitudes pendientes para el grupo de "Agape to Eros" en fb, si no mal recuerdo son como 208 quiero decirles que deben responder las preguntas, así las administradoras podrán agregarlas. Hacemos esto con el fin de llevar cierto control en el grupo, con las personas que entran y salen, y para asegurarnos de que todas las que estamos ahí realmente sean fans de YOI.

En fin... Si se me ocurre otra cosa lo agrego después a estas notas...

¡Ah! Las preguntas no pueden faltarme!

PREGUNTAS!

1) Valió la pena la espera?

2) Se cumplió alguna de tus teorías? Cuál?

3) Por qué sigues leyendo ATE?

4) (la más importante) ¿Quién era el hombre guapo y hermoso que acompañaba a Viktor?

5) ¿Se les hizo muy sad el capítulo?

6) ¿Siguen odiando a Irina?

Ahora... yo siempre hago preguntas, pero en esta ocasión me gustaría saber cuáles son tus preguntas para mí. ¡Andando! Suéltalas todas!

Pd: únete al grupo de facebook! "Agape To Eros By Tsuki No Hana" la pasamos muy bien, sólo responde las preguntas al unirte y te aceptaremos.

Saludos y gracias infinitas por su paciencia, su amor, por la inspiración que me brindan día a día. Este fic es por y para ustedes, para nosotras el fandom de YOI. Gracias por todo lo que me dan. Las quiero infinitamente, son como mi segunda familia. Las amo!

Y gracias también a las chicas hermosas que hacen fanarts del fic. Prometo que comenzaré a editar el fic desde el cap 1 para eliminar errores y aprovecharé para agregar sus lindos fanarts en cada cap.

Por cierto, estoy tratando de mejorar la redacción. Tuve un problemilla con los tiempos y los pronombres, espero se note poco a poco como va cambiando esto jeje

En fin...

¡LAS AMO!

8/03/2017

11:30 p.m.

Ya quiero verlos así...