Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto

Solo la trama de esta historia pertenece a mi autoría

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Este fic únicamente se publica en este sitio, prohibido tomarlo y subirlo en otro lado.

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Number 13—


XIV


«Seek»

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El lago congelado era una vista asombrosa y triste a la vez. Se suponía que esa sería una distracción bienvenida. Una sorpresa que ella había estado ansiosa de disfrutar tiempo atrás.

El día gritaba desolación. Los árboles secos, desnudos gracias al invierno. Las nubes espesas y blancas, impidiendo el más mínimo toque de calor. La temperatura era castigadora, el viento, aunque ligero, calaba en los huesos. La pálida piel de sus rostros ardía.

Habían sido largos minutos, posiblemente horas desde que llevaban contemplando el panorama, iniciando al amanecer. Ella no había dicho mucho desde ayer. No la forzó. Cuando regresaron a la casa de seguridad, se quedaron quietos en la sala. Sentados a oscuras, en silencio. Sakura peleando contra los demonios en su cabeza, nuevamente destrozada. Él a su lado, observándola sumamente preocupado, apoyándola con su muda compañía. No hubo cena, no hubo más besos. De no ser porque ella dejó caer la cabeza en su hombro cuando el cansancio tuvo piedad de ella y la reclamó, ni siquiera habría habido contacto.

— ¿Por qué lo hace? —lanzó todavía entretenida en el espeso hielo desplegado frente a ellos.

— ¿Huh? —la miró de reojo.

Tenía el trasero y las piernas entumidas, sentados en el suelo terroso, a la orilla, ya no era capaz de sentir la mitad inferior de su cuerpo. No pensaba moverse de ahí sin ella, sin embargo.

— ¿Por qué es tan… despiadado?, ¿Qué le hicimos para que nos haga esto?, ¿Qué obtiene, qué gana él?

Sasuke no respondió, esas respuestas solo podían ser aclaradas por una persona —un monstruo—. Ellos no entenderían jamás su razonamiento. Lo que el coleccionista hacía, no tenía justificación.

—Estuve pensando mucho anoche, preguntándome lo mismo. Por qué ensañarse así con los miserables —Sasuke arqueó la ceja confundido—. Los oí a ti y a Namikaze cuando volvíamos, hablando de que advertirían a las familias de las otras chicas de tener cuidado, Naruto dijo algo del sufrimiento por el que ya han pasado y que no dejan de pasarla mal. Se supone que el malo hace sufrir al bueno, le quita su felicidad porque está envidioso de lo que el otro tiene, lo que él jamás podrá tener. Nosotras, cada una de nosotras, no éramos felices, nadie envidiaba nuestra vida…

Ella guardó silencio por un momento, como buscando una mejor manera de explicar lo que sentía. Sasuke escuchó atento la conversación, bien sabía él que Sakura era capaz de pensamientos muy profundos y certeros. Su sensibilidad la dotaba de una gran perspicacia.

—A veces me preguntaba… si valía la pena eso. Si merecía el esfuerzo seguir respirando, continuar luchando. El mundo es un lugar tan horrible la mayoría del tiempo. Cuando era muy niña, no podía ver la fealdad que existía. Pero conforme crecí, todo fue tan evidente. Jiraiya fue una buena persona, no obstante, como todo hombre, como cualquier simple mortal, cometió errores. Nunca fue violento, por el contrario, antepuso mi bienestar al suyo siempre…

— ¿Pero? —estiró su mano, cogiendo la suya apretándola con cuidado, invitándola a continuar.

Sakura permitió el acercamiento. Sus pupilas se humedecieron, perdiéndose en el pasado, en los recuerdos que de repente eran tan frescos, que la sorprendieron con su intensidad, llenándola de emociones conflictivas y punzantes.

—Era cuestión de tiempo para que lo perdiera. A veces uno solo puede sentarse a ver, esperando el choque de trenes. Ingenuamente intenté intervenir en su caída. Necesitaba curarlo, salvarnos. Bebía a diario.

La imagen de su padrino, tropezando por las escaleras, maldiciendo a sus pies por no responderle, quedándose tirado a medio camino. Ella tenía once años cuando entendió que el comportamiento de Jiraiya no era gracioso. Que estaba enfermo, más allá de la reparación. No por el alcohol, sino por su espíritu roto.

—Al principio escondía sus botellas. Cuando halló mi escondite, empecé a vaciarlas en el inodoro. No importaba que fuésemos pobres, él encontraba el dinero para comprarlas de nuevo. Me miraba con remordimiento, pidiéndome perdón por ser débil. "Mi niña, lo siento", diría con arrepentimiento. Yo le sonreía, aminorando su culpa y haciéndola mía. Si no fuera tan pequeña, si no fuera una carga, si pudiera cambiar la situación.

—No era tu culpa —intervino de inmediato al escuchar su dolor.

—Por supuesto que no, pero era una niña entrando en la adolescencia, así que creía que todo lo malo era por mí. Lo amaba, por supuesto que lo hacía. Creo que así fue como empezó. A veces… solo a veces, cuando todo era tan pesado, tan duro y desesperante, deseaba irme, desaparecer. Escapar. Imaginaba mi cuerpo flotando, elevándose por sobre mi ventana. Era tan liviana, libre de vagar. Hice de evadirme una especialidad. Jiraiya tenía su alcohol, yo mi imaginación.

—Fue lo que te salvó.

—Es a lo que me refería. ¿Realmente fue mejor sobrevivir? Extender mi existencia solo para seguir experimentando dolor. Como te darás cuenta, el coleccionista no ha sido lo único malo en mi vida. Ni siquiera fue el comienzo. Desde que nací parezco estar condenada a sufrir. Perdí a mis padres —comenzó a enumerar sus desgracias—, cuando aprendí a valerme sola, perdí a Jiraiya. Al encontrarme con el coleccionista, me perdí a mí misma… en el psiquiátrico encontré el amor, solo para perderlo también. Ahora te encuentro a ti, y no puedo evitar preguntarme… ¿Cuánto tiempo nos queda, Sasuke?

—El coleccionista no logrará-

—No. Por supuesto que no le permitiré arrancarte de mí. Pero no es únicamente contra él, contra quien debo pelear... como acabas de comprender, nunca he sido buena para mirar más allá del ahora. Quiero creer que podemos tener esperanzas, expectativas… sueños. Ni siquiera es miedo, es… es un vacío. No sé qué sigue cuando por fin obtienes lo que anhelas, porque jamás he estado ahí, jamás lo he tenido.

—Yo tampoco —su cara de sorpresa fue reemplazada rápidamente por una expresión de incredulidad.

Sasuke comprendió que ella no le creyera. Era un hombre que provenía de los mejores barrios, de una familia "normal" y completa. Creció sin privaciones, sin preocupaciones. ¿Cómo podría alguien como él, entender lo que ella sentía?. Iba a mostrarle. Porque no soportaba escuchar su derrota, su fracaso. Antes de comenzar y disfrutar de su frágil relación, ella ya se daba por vencida. Suponiendo que lo decepcionaría y él la abandonaría, porque no conocía otra sensación que la perdida.

—Crecí siendo la pálida sombra del mejor hombre que jamás existirá sobre la faz de la tierra. El lugar de mi nacimiento, marcó el lugar en el que siempre me encontraría respecto a mi hermano. Fui el segundo hijo. El segundo más inteligente, el segundo en los deportes, el segundo en las habilidades musicales… el segundo en ser querido —desvió el rostro, avergonzado—. Después. Siempre atrás. Sus pasos iban demasiado avanzados como para siquiera verle la espalda, ni pensar de alcanzarlo. Yo era el tolerado, Itachi el venerado. Optimistamente pensé que eso únicamente pasaría con nuestros padres.

Tal vez la opinión de ella bajaría mucho. Lo vería como lo que realmente era. Un patético hombre acomplejado, celoso y egoísta. Se enfrentó a ella de nuevo, preparado para verla hacer una mueca de repulsión. Sakura asintió, comprendiendo a lo que se refería. Sus ojos verdes lo contemplaron con total entendimiento. Sin condena, sin lástima.

—Cuando las mujeres se daban cuenta que él era más galante, más divertido, más sensible y cariñoso…

—Sasuke…

—Si él no hubiera muerto…

—Crees que no estaría contigo.

—Sé que no lo harías —constató, culpable de que las cosas fuesen como eran.

Ambos se miraron fijamente. Ella fue la primera en apartar el rostro. No quería reclamarle nada, hacerla sentir mal porque hubiese canalizado el amor que sentía por Itachi sobre él. Es algo que estaba superando rápidamente, su hermano no hubiera querido ser un obstáculo entre ellos. Itachi le diría que merecían ser por fin felices, no importando las circunstancias que los llevaron a ello. Él estaba de acuerdo.

—Me dabas miedo —suspiró ella con una pequeña sonrisa.

—Es un efecto que suelo causar en todos, no es de extrañar.

—Me dabas miedo porque me hacías sentir demasiado —giró encontrándose otra vez con él. Estiró la palma de su mano enguantada, acariciando con cariño su mejilla—. Itachi era calma, paz para mi mente revuelta. Me llenaba de tanta tranquilidad, su presencia me consolaba como nada más podía. Sabía que con él estaba a salvo de todo.

—Sí, ese era su don especial —disfrutó de su toque, no importando que su declaración lo llenara de inseguridad.

—Tú, ¡uff! —suspiró exageradamente—. Eras como un huracán. Despertabas cada terminación nerviosa en mí. Mi piel cosquilleaba, mi corazón palpitaba como un caballo desbocado, aun lo hace cada vez que mis ojos se encuentran con los tuyos… —hizo precisamente eso y la vio estremecerse con un potente escalofrío— Me sacudiste tan fuerte. Me dejaste temblando cada vez. Explotabas con tanta facilidad, que sacarte de tus casillas se convirtió en mi meta principal. Eres tan diferente a él Sasuke, el amor que te tengo es todo tuyo, todo para ti. Sin importar en qué lugar llegaste aquí —atrajo su mano, posándola sobre su pecho—, debes saber que acudiste en el momento indicado. Eres el número uno en mi corazón, vas antes que todo lo demás, incluso que yo misma —lo vio abrir la boca, seguramente para discutir aquella dependiente y enfermiza declaración—. No. No discutas conmigo, recuerda que estoy loca, y debes de darme la razón siempre.

Rio divertida. Relajada al verlo asentir, liberado de la oscuridad que se había apropiado de él al comenzar a hablar de su fallecido hermano. Alcanzando el cuello de Sasuke, lo acercó a sus labios, tentativamente probó su boca, depositando un beso inocente, rozándolo apenas con su toque. No fue su intención que la conversación terminara en un asunto tan complejo, pero fue bueno. Conocer a ese Sasuke débil, despreciado, resentido… al Sasuke real y no al héroe perfecto e invencible, es lo que la hacía creer que lo que existía entre ellos podía realmente funcionar.

Separándose un poco, recordó su intención inicial, por lo que retomó la seriedad.

—Rebobinando al principio de nuestra discusión, ¿por qué?. Por qué escoger chicas que nadie quiere, mujeres que no tienen amor, atención, cuidados, ¿por qué seguir torturándolas?... acabar con sus vidas de manera tan violenta y dolorosa…

—Bueno, probablemente porque son más vulnerables. Puede llevárselas sin… —se detuvo, sabiendo que lo que diría sonaba insensible.

—Continúa. Necesitamos descubrirlo. Creo que es un punto importante en esto. Cualquier idea es buena. No te preocupes por mí. Sé mejor que nadie lo horrible que ha sido mi existencia.

—Puede llevárselas sin tanto esfuerzo. Incluso pensamos que todas ustedes se han ido por su voluntad. Creo que él les promete lo que tanto ansían —terminó con apabullante sinceridad. Alegrándose de que ella no se observara perturbada por su confesión.

—Creo que tienes razón. Sin embargo, hay algo más. Él es muy inteligente, seguro tiene dinero, porte, carisma… Podría convencer a cualquier mujer. Nosotras no fuimos un reto, y él, siendo el arrogante que es, creo que su motivación fue otra…

—Pero cuál…

Su cabeza empezaba a retumbar. En parte por la falta de sueño, de comida y el frío. Pero Sakura tenía razón. Estaban pasando algo por alto.

—Él es miserable.

—Lo es. Es un miserable hijo de puta desalmado que ataca inocentes sin razón y…

—No —lo interrumpió ella, su rostro pacífico… iluminado—. Me refería a que él ha sufrido… mucho. Estas ansias asesinas que tengo de encontrarlo y darle un tiro en el corazón, no son figurativas Sasuke. La idea de apuñalarlo sin piedad, de golpear su cabeza con un martillo, liberando mi furia hasta que no quede nada dentro de mí, no son fantasías. Es una necesidad, una convicción de que voy a hacerlo y no me arrepentiré. Lo que él me hizo me cambió hasta el grado de desaparecer mi compasión, mi bondad, mi inocencia... Ahora solo tengo rencor, una sed de venganza que no puede ser contenida.

—Sakura…

Comenzó con tiento. No quería volver a pelear con ella, pero su deber era ayudarla a sanar, a redirigir esos catastróficos planes y mostrarle que había un mejor futuro. La tranquilidad en su faz lo dejó callado. Sakura no estaba en uno de sus momentos de quiebre, despotricando gracias a su ira y dolor.

— ¿Y si él se siente igual?

— ¿Cómo dices…?

—Alguien le hizo lo mismo, lo destrozó… tanto que la única manera de purgar esos sentimientos, es a través de la violencia. Es lo que siento yo, que si lo mato, todo acabará y podré empezar a sentirme bien otra vez…

—Hmp, muchos de los asesinos que se vuelven seriales han tenido infancias de mierda. Pero la pregunta sigue siendo la misma, ¿Por qué ustedes?, por qué hacer sufrir a quien ya sufre como él…

Sakura lanzó un gran suspiro. Su vista nuevamente dirigida en el paisaje. El lago era muy atrayente, hermoso como todo lo que la naturaleza poseía. Pero podía ser engañoso, como sus pensamientos y su realidad. La capa de hielo parecía firme. Si intentaba caminar sobre ella, ¿la sostendría, o se quebraría enseguida, atrapándola en sus profundidades?

Sabiendo que no había mejor momento que el presente, forzó a su cerebro a trabajar. Queriendo obtener aunque fuese un pobre chispazo de sus bloqueados recuerdos. Cerró los párpados. Separando una a una cada espeluznante orden, pregunta, amenaza y promesa que se había dedicado a ella. Proferidas todas por una profunda y burlona voz. Una a una llegaron a ella, primero a cuenta gotas, luego se convirtieron en una avalancha que se le vino encima.

Princesa… ¿cantarás para mí?

Grita...

No estás muerta todavía Sakura...

¿Quieres que te abrace? Estás tan fría

—Sakura —no dejó que Sasuke la interrumpiera. Negando con una fuerte sacudida lo alejó, enfocándose en su labor.

¿Qué serías sin mí?

Estabas esperándome…

Era muy difícil. Su mente era como una antena, recogiendo señales difusas. Llenas de interferencia. Gimió angustiada. Comenzó a mecerse, frotándose los brazos. Sasuke volvió a llamarla, pero no se distrajo. Quizás esto ayudaría en algo. Le debía al mundo intentarlo siquiera.

Oírlo, dolía.

Pensarlo dolía.

Sus sienes punzaban, advirtiéndole que no fuera más allá del límite impuesto, que su cabeza parecía a punto de estallar. Estaba casi ahí. Podía vislumbrar un trozo de verdad revelándosele. De pronto sus mejillas se hallaban húmedas.

El único que realmente te ha visto.

No debía detenerse. La respuesta descansaba en su inconsciente. Si tan solo pudiera rascar un poco más… Se mordió el labio con dureza. Su boca al igual que su nariz, goteaban algo caliente y espeso.

Sé lo que necesitas…

La voz se volvía más oscura, más terrorífica y peligrosa. De repente, cada cicatriz en su cuerpo ardió, como si se abriera violentamente. Las navajas destrozaron su piel. Sus huesos crujían, al ser golpeados por un puño de hierro y fuego. La agonía la cubrió, impidiéndole pensar, cortándole la voz por lo que no podía gritar, sus lamentos rasgaban su garganta, ahogándola. Paralizada y sola. Ciega por las lágrimas, su fantasmagórico rostro permaneciendo oculto. Era el infierno, y su alma se consumía en las incesantes llamas de la tortura.

te haré sentir amada.

— ¡Sakura para ya, estás sangrando!

Simplemente perfecta. Te he dado un regalo…

Abrió los párpados y cogió una gran cantidad de aire. Su pecho subía y bajaba, agitado. Tosió, escupiendo sangre, saliva y sollozos. Parpadeó aclarando sus pupilas. Ya no estaba ahí. Estaba a salvo, lejos del dolor. Con Sasuke. Tomó el pañuelo que él le extendió, conteniendo el sangrado de su nariz que parecía más severo que su labio roto. Sasuke la atrajo hacia su pecho, abrazándola con fuerza. Dejó que la apretara, intuyendo que necesitaba el consuelo tanto como ella.

—Creo que sé por qué… —jadeó alterada, aun con escalofríos.

— ¿Por qué? —graznó Sasuke, concentrándose en lo que ella diría en lugar de reprenderla por detenerle el corazón de esa manera.

—Porque después de sacar su dolor, por fin nos da lo que merecemos —tragó con fuerza, retomando las mismas palabras usadas antes por ella—, el amor eterno de nuestra familia, descubierto después de la pérdida. Atención, tanto de la prensa como de la policía. Cuidados, nuestro cuerpo es tratado con el máximo respeto, colocado en una tumba hermosa que será como un monumento a nuestra memoria… pero sobretodo nos da lo que él también quiere —volvió a mirarlo— paz. Nos libera Sasuke. Él no se considera una bestia… él se cree nuestro salvador.

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—No soporto la espalda, ¿crees que el capitán nos dé un premio por nuestro trabajo?

Shikamaru bebió lo que era su décima taza de café. Miró con ojos vidriosos a su compañero que se quejaba en el otro lado de la mesa, sus cuencas extremadamente irritadas por estar leyendo toda la noche y parte de la mañana. Chouji le devolvió la mirada, su expresión cansada seguramente una copia de la suya.

Aquella había sido, en palabras simples, la investigación más exhaustiva, minuciosa y fastidiosa de su carrera. Revisar cientos de nombres, husmeando todo lo posible en los ámbitos conocidos de sus vidas, intentando relacionar pequeños guiños que los hicieran sospechosos como cómplices, incluso determinar si uno de ellos podía ser el coleccionista. Sí. Un arduo trabajo que nadie querría. Si pasaban por alto algo y el asesino se escurría gracias a eso, jamás se lo perdonarían. Tenían sobre sus hombros una gran responsabilidad.

—Ni se te ocurra sugerírselo a Hatake —advirtió separando la lista que tenían preparada para entregarle al jefe.

—Lo sé. No quiero más regaños. Los únicos que se salvan del temperamento del capitán son sus consentidos, Uchiha y Namikaze.

Shikamaru resopló. Sí, sus compañeros eran de cierta forma más allegados a Hatake, pero eso gracias a sus aptitudes y capacidades. A Shikamaru no le avergonzaba reconocer que Sasuke y Naruto eran los más habilidosos del departamento ANBU.

La puerta se abrió, interrumpiendo más de la arenga de Chouji. Hatake tenía una cara que decía que no estaba dispuesto a perder el tiempo.

— ¿La tienen? —exigió dirigiéndose directamente a Shikamaru, el cobarde de su compañero estaba sirviéndose otra taza de café, dándoles la espalda.

—Aquí está —se puso de pie y tomó las hojas que él y Akimichi realizaron después de su depuración—. Descartamos a casi todo el personal, a excepción de dos enfermeros, Kiba Inuzuka y Maito Gai, así como un guardia, Ibiki Morino.

— ¿Qué tienen de especial ellos? —arqueó la ceja izquierda, expectante.

—Los enfermeros son los que se encargan regularmente de la atención de Sakura. En el caso de Kiba, no hay mucho que pueda ocultar, parece un hombre simple, pero, ingresó al trabajo dos meses después de que Sakura fue internada ahí. Así que no quisimos descartarlo. Gai por su parte, hace poco recibió una suma importante de dinero. Algo fuera de lo común para un trabajador como él.

— ¿Creen que sea un pago por informarle al coleccionista sobre Sakura?

—No lo sabremos hasta que investiguemos más, pero es posible. Por otro lado, el guardia, Ibiki, él constantemente está fuera por permisos, pero además, en su turno, han ocurrido varios percances. Tiene llamadas de atención por constantemente quedarse dormido —comenzó a enumerar—, hay quejas de que ha usado fuerza excesiva con algunos enfermos, también que da ciertos privilegios a pacientes que pueden costearlos, y por último, el principal foco rojo de atención. Él estaba asignado a la planta de Sakura cuando fue internada en el psiquiátrico. Llevaba ya dos años allí, pero al mes, se le removió y nunca fue puesto a supervisar esa zona de nuevo.

— ¿A qué se debió? —Kakashi lucía desconcertado.

—No se sabe, no hay un reporte que explique algún altercado. Pero hay una nota realizada por la doctora, de que fue una sugerencia de Itachi.

— ¿Qué, Itachi ordenó ese cambio?, nunca me dijo nada. Desde un principio estuvo con ella, y se le dio vía libre para decidir sobre su custodia. Supongo que no creyó que este guardia fuera de confianza…

—Hn. Yo pienso lo mismo. Por supuesto no tenemos nada concluyente sobre él, pero así como Itachi, prefiero señalarlo y equivocarme, a dejarlo fuera de la investigación y llevarnos una sorpresa.

—Haces bien —asintió Kakashi leyendo los otros nombres que aparecían en la lista—. ¿Los demás?

Shikamaru tomó aliento. Akimichi había regresado a su lugar, desviando la vista hacia su portátil como si lo que había detrás de la pantalla fuese lo más interesante del planeta. No se le veían ganas de participar en la conversación.

—Bien. Los otros sospechosos, son personas que asisten con regularidad al psiquiátrico. Uno es paciente externo de… —revisó su pequeña libreta de notas leyendo el nombre de la doctora— Mei Terumi. Los demás acuden a visitar a sus familiares. Seis de ellos, hicieron una visita el día que Sakura fue dada de alta. Así que estamos trabajando sobre dos teorías. Una, que vayan regularmente a ver a sus enfermos como excusa para recabar información y hacérsela llegar al coleccionista. La otra… —guardó silencio, nervioso ante la posibilidad.

Akimichi dejó su vaso de poliestireno como en cámara lenta, cerrando a la vez su laptop, expectante y temeroso. Habían discutido largo rato la teoría, lo escabroso del asunto, le hacía rogar que aquella no fuese más que una absurda idea.

—Nara —apuró Kakashi sin paciencia.

—Que alguno de ellos sea el coleccionista.

El capitán asintió despacio, mirando por la ventana, encontrando en el nublado y frío paisaje, un poco de calma, restableciendo su valor.

—Joder. Sabíamos que eso era una posibilidad. Pero que su nombre pueda estar entre uno de estos nueve hombres —negó con incredulidad—. Saber que todo el tiempo estuvo tocándonos las narices… ¿Qué criterios utilizaste?

—Son hombres entre 25 y 45, la mayoría tienen poder adquisitivo. También casi todos son solteros, sé que no es un requisito indispensable, pero sin duda el hecho de que no exista una pareja ayuda a que pueda ir y venir a su gusto. Sus empleos les facilitan ausentarse por periodos largos sin que otros lo noten.

—Y lo más importante, todos aparecieron después de que Sakura fue internada ahí —aportó Chouji alzando por fin la voz.

—Hmp. Buena observación. ¿Por qué no tenemos ninguna mujer?, ¿no creen que sean capaces de pasar información? —les señaló suspicaz.

—No hay alguna que coincida con los períodos. Había unas pocas, pero sus edades, sus ocupaciones, cuentas corrientes, las hicieron descartables.

—Está bien. Entonces empezaremos con esto. ¿Cómo sugieren que lo hagamos?

—Creo que es buena idea disfrazar las preguntas como una investigación que gire en relación al psiquiátrico y sus familiares, si saben que esto tiene que ver con los asesinatos seriales del coleccionista, saldrán corriendo.

—Otra opción es interrogarlos en el hospital para que no sospechen que algo raro ocurre. A la vez, también podemos sondear a los internos que visitan, ver qué opinión tienen de sus familiares y darnos cuenta si ellos son también una fuente de información, claro, solo aquellos que sean capaces de rendir alguna declaración, ya que varios sufren de trastornos severos —el café cargado parecía haberle dado a Chouji un nuevo paquete de agallas.

Hatake aceptó la idea, complacido de ver que sus dos detectives estaban verdaderamente comprometidos con la investigación.

—Perfecto. Hablen con Kurenai. Que cite a los aquí mencionados —levantó el listado—. Ustedes caben a fondo, quiero que todos los secretos sucios de: Kabuto Yakushi, Hidan Akebo, Yahiko Banzai, Gaara y Sasori Akasuna, Orochimaru Senin, Deidara Seyriu, Zabuza Momochi y, Suigetsu Hozuki —leyó despacio cada nombre, conociéndolos, memorizándolos—, salgan a la luz.

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— ¿Cómo te encuentras? —preguntó después de verla terminarse la sopa de tomate que le había preparado.

No era buen cocinero, pero podía ingeniárselas para preparar sencillos platillos que eran sus favoritos. El plato vacío era buen augurio, aunque intuía que el apetito no le había regresado, sino que comió únicamente para darle gusto a él, no importaban los motivos, lo que le interesaba es que se mantuviera sana.

Después de la sufrida conclusión, y del trauma que el esfuerzo de recordar le hizo a su cuerpo, se movilizó para llevarla a la casa y ponerla a salvo. Estaba muy enojado porque Sakura se sobre exigiera de ese modo, poniendo en riesgo su bienestar solo para ayudar con la investigación. Pero la conocía bien, sabía lo terca que era. Esa obstinación aunada a su valentía, eran dos de los atractivos que más lo enorgullecían de ella.

Su rostro ya estaba limpio, libre de las manchas rojas que su sangrado nasal y su rotura de labio le provocaron. Pero él todavía podía recordar vivamente la desgarradora imagen. Verla así, herida, resistiendo desesperada, retorciéndose para aguantar el martilleo de su cabeza, lo hizo apretar la mandíbula.

—Bien. Ya no duele —se señaló completa, empezando por su cabeza y siguiendo hasta sus pies, dibujando una tentativa sonrisa.

Sasuke asintió. No encontró palabras para responder. Quería reprenderla, prohibirle que volviera a intentar algo similar, envolverla en algodones y encerrarla en una habitación de la cual solo él tuviera llave. No podía, no sin hacerla sentir mal. Y después de su lucha, de su esfuerzo, de su batalla ganada. No merecía otra cosa que su respeto y apoyo. Estiró la mano, atrapando la suya más pequeña, oprimiéndola con significado. Sintiendo su calor, su fortaleza… su amor.

—Cuando me tocas y me miras así, me haces sentir rara.

—Lo siento —sabía que la estaba agobiando con su intensidad, pero no podía controlarse.

—No lo hagas. Me gusta —acercó su silla a la suya, abrazándose a su pecho, escondiendo la cara sonrojada.

Besó la cima de su cabello, acariciando su espalda con toques reconfortantes.

—No tenía idea de lo difícil que sería intentar recordar. Me molesta, ¿sabes?. Porque eso significa que sigo aterrorizada de él. Mi cerebro está tan en contra de que lo enfrente, que hace que mi propio cuerpo entre en modo de autodestrucción —rio sin humor, su burla amortiguada por sus pectorales.

—Tengo algo que puede ayudarte a sentirte más segura —la hizo levantar el rostro, besando después su frente, borrando su ceñuda expresión—. Ven, te lo mostraré, Naruto lo trajo ayer que vino a recogernos.

La llevó a la pequeña sala de estar, dejándola en el sofá mientras él corría a la recamara por la caja que su compañero dejó a su cuidado.

Sakura se relajó al verlo regresar de inmediato. En sus manos llevaba una pequeña caja negra, más como un estuche elegante que tenía una cerradura que Sasuke abrió con facilidad. Sus párpados se entornaron con curiosidad. Él se sentó frente a ella en la mesa de centro, levantó la tapa con lentitud, permitiéndole descubrir el contenido.

—Oh Dios, eso es… es —murmuró aturdida.

—Esta es tu defensa contra el coleccionista Sakura, espero estar a tu lado siempre para cuidarte. Pero si fallo… —lo vio tragar con fuerza— y si no queda otra opción, esto te protegerá. Úsala sin titubear —tomó la ligera pistola y se la ofreció.

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Bajó del taxi y se despidió con un agradecimiento del conductor. Vislumbró a su rubia vecina sentada frente al pórtico de su casa, blandió su mano derecha en un inocente saludo, manteniendo sus compras sujetas con la izquierda. Ino tomó su seña como un permiso tácito para correr hacia él y coquetearle como siempre.

Su sonrisa resplandeciente, era un gesto que solo él recibía. El largo cabello rubio brillaba mucho esa noche. Tentándolo a alcanzarlo y pasar sus dedos entre las hebras doradas. ¿Cómo sería cepillarlo, olerlo?, no era tan llamativo como el de Sakura, pero serviría. Salió de sus pensamientos cuando ella le dio un ligero codazo.

— ¡Hola!, ¿necesita ayuda? —señaló la bolsa de víveres que cargaba.

—No te preocupes, tengo todo bajo control —caminó despacio hasta su entrada, ella lo acompañó de cerca. Rozándolo a cada paso.

—Ahm, no quisiera ser molesta, ni mucho menos imponerme, pero me preguntaba si… ¿Ha pensado en mi propuesta? —se mordió el labio nerviosamente, evadiendo su mirada y desviando la cara a las plantas marchitas, cuando llegaron a los tres escalones que conducían a su puerta.

La observó cuidadoso, aprovechando su distracción, viendo a través del exquisito y fino abrigo que vestía para protegerse de la helada temperatura. Vaya que su vecina no aprendía. Abrió la boca, con la intención de responderle y prolongar su miseria. El sonido de su móvil vibrando en el bolsillo de su chaqueta le impidió darle trabas a su petición, tenerla tan cerca sería una fatal tentación. Sacó el aparato, leyendo de inmediato el número en la pantalla.

— ¿Sucede algo? —preguntó la joven con preocupación al verlo apretar los labios.

—Permíteme —aceptó la llamada—. ¿Diga? —contestó cortésmente.

Escuchó pacientemente a la persona del otro lado de la línea. Su tono de voz no cambió mientras se concentraba en mirar a Ino y en atender a la petición que se le hacía. Sin embargo sus músculos se enfriaron, tensándose como una liga que se estiraba más allá de su capacidad.

—No hay problema, en este momento estoy disponible, por lo que un día de estos puedo pasarme por ahí. Está bien, gracias. Que tenga una hermosa tarde, doctora —finalizó la comunicación.

Estiró el cuello, destensando los nervios agarrotados de la zona. La rubia continuaba atenta, su mirada azul, insegura al verlo ponerse serio. Sabía que su repentino mal humor estaba asustando a su linda vecina, por lo que recompuso su cara.

— ¿Malas noticias? —le tocó el brazo, preocupada.

Lo eran. Parecía que el juego por fin iba a ponerse interesante.

—Tal vez, pronto lo sabré. Por otro lado… regresando a lo que nos atañe. Para ti, tengo buenas nuevas —colocó su palma por sobre la de ella—. Acaba de surgir algo que me obliga a suspender mi siguiente viaje de trabajo, así que… ¿Qué te parece si discutimos los términos de tu nuevo trabajo conmigo? —ofreció sonriente, con un plan emergente ya formándose en su cabeza.

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Cada paso nos acerca más, ambos estamos cansados de estar perdidos… Colisionando, por fin nos encontraremos. ¿Será ese nuestro final, o será el comienzo?

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¡Hey!, milagrazo regresar =D

Esta actualización la tengo desde hace rato, pero no estaba completamente cerrada, y mi trabajo no me dejaba oportunidad de concentrarme. Tengo un nuevo empleo que consume mucho de mi tiempo, aunque debo confesar que estoy muy a gusto, y por eso de cierta manera compensa el hecho de que no me queden tantas horas para regresar con mis escritos.

En fin, ya figuran varios nombres, ¿quién es su sospechoso número uno?, en el siguiente empezaremos a conocer un poco más a cada hombre y sus historias. Espero que les haya gustado el capítulo, Sasuke y Sakura cada vez más cercanos.

Gracias si leen, si comentan, si dejan alertas. Ha pasado mucho tiempo, y sé que la mayoría se desmotivan y se cansan de esperar, por eso los que lo hacen, toda mi gratitud y mis sinceras disculpas.

Les mando un fuerte abrazo, mis mejores deseos. Aquí seguiré, leyéndonos cada vez que se pueda. Cuídense, estamos en contacto.

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¡SasuSaku CANON!